No poseo los derechos de autor. Los personajes pertenecen a la asombrosa S. M. y la historia es de Sarah J. Maas. Yo solo me divierto un poco.

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Las minas en Calaculla eran sofocantes, y la esclava sólo podía imaginar cuán peor se volvería cuando el sol de verano estuviera sobre su cabeza.

Había estado en las minas por seis meses, más tiempo del que cualquiera hubiera sobrevivido, le habían dicho. Su madre, su abuela y su pequeño hermano no habían durado un mes. Su padre ni siquiera había llegado a las minas antes de que los carniceros de Adarlan le hubieran matado, junto a otros rebeldes conocidos de su pueblo. Todos los demás habían sido detenidos y enviados aquí.

Ella había estado sola durante cinco meses y medio, ahora estaba sola, sin embargo, rodeada de miles de personas. No podía recordar la última vez que había visto el cielo, o los pastizales de Eyllwe ondeando por la brisa fresca.

Iba a verlo de nuevo, el cielo y las praderas. Sabía que lo haría, porque ella se había quedado despierta en las noches en que tenía que haber estado durmiendo, escuchando a través de las rendijas de las tablas del suelo como su padre y sus compañeros rebeldes hablaban de maneras de hacer caer Adarlan, hablaban de la princesa Rosalie, que estaba en la capital en ese mismo momento, trabajando por su libertad.

Si tan sólo pudiera aguantar, si pudiera seguir empujando su respiración, ella podría lograrlo, hasta que Rosalie lograra su objetivo. Ella lo haría, y luego enterraría a sus muertos, y cuando los meses de luto hubieran terminado, encontraría el grupo rebelde más cercano y se uniría a ellos. Con cada vida de Adarlanianos que tomara, ella diría los nombres de sus muertos, para que pudieran oírla en el más allá y saber que no han sido olvidados.

Dirigió su pico a la pared de piedra implacable, su respiración entrecortada en su garganta reseca. El capataz se apoyó contra una pared cercana, salpicando el agua de su cantimplora, esperando el momento en el que uno de ellos se derrumbara, sólo para poder usar su látigo en ellos. Ella mantuvo la cabeza baja, siguió trabajando, mantuvo la respiración. Ella lo lograría.

No supo cuánto tiempo pasó, pero ella sintió la onda pasando por las minas como un estremecimiento de la tierra. Una oleada de silencio, seguido de lamentos.

Ella lo sentía venir, una congestión que se acercaba a ella, más y más con cada cabeza volteada y palabras murmuradas.

Y entonces escuchó, las palabras que lo cambiarían todo.

La princesa Rosalie ha muerto. Asesinada por Adarlan.

Las palabras fueron más allá de ella antes de que ella tuviera tiempo de asimilarlo. Hubo un roce de piel contra la roca. El capataz toleraría la pausa de unos segundos más antes de empezar a balancear el látigo.

Rosalie ha muerto.

Se quedó mirando el pico en sus manos.

Se volvió lentamente para mirar a la cara de su supervisor, el rostro de Adarlan. Él inclinó la muñeca, con el látigo listo.

Sintió las lágrimas antes de que ella se diera cuenta de que estaban cayendo, deslizándose a través de la pena de seis meses de suciedad.

Suficiente. La palabra gritaba a través de ella, con tanta fuerza que ella comenzó a temblar.

En silencio, comenzó a recitar los nombres de sus muertos. Y mientras el capataz levantaba su látigo, ella añadió su nombre al final de la lista y se giró el hacha hacia sus entrañas.

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La muerte de Rosalie tuvo mucho impacto… ¿se desatará una revolución ahora que ha muerto?

¡Nos leemos pronto!