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Veni..!

Clary y Jace salieron del portal y se encontraron de frente con la impresionante Ciudadela Infracta, en las que las Hermanas de Hierro protegían el arsenal de los Nefilim. La planicie volcánica medio cubierta de nieve se extendía a su alrededor, dándoles una clara vista de todo lo que sucedía en la batalla que se llevaba a cabo a unos cuantos metros de ellos. No era una batalla en sí, la mayoría de los Nefilim que habían cruzado el portal se concentraban en retroceder y defenderse mientras suplicaban a los Oscuros que se detuvieran. Eran familiares y amigos que intentaban hacer entrar en razón a sus seres queridos.

-Pero que están haciendo?- preguntó Clary en voz alta al ver a una mujer rubia guardar su cuchillo serafín y acercarse a un Oscuro poniendo las manos hacia el frente, a modo de rendición- no... no te acerques a él!

Clary quiso correr hacia ellos, cuyo parecido físico le indicó que eran hermanos, pero antes de que pudiera dar un paso, el Oscuro desenfundó una espada de su cinturón y, con un movimiento circular, cortó la cabeza de la Cazadora de Sombras frente a él. Clary se cubrió la boca con ambas manos. Jace miró al rededor, todos los Nefilim que habían sido enviados por el portal evitaban lastimar de gravedad a los oscuros. Eso no pintaba nada bien. Entonces un Cazador de Sombras soltó un grito mientras gesticulaba hacia la retaguardia. Varios Nefilim se giraron hacia donde señalaba y todos sintieron que se les helaba la sangre al ver una fila de Oscurecidos acercándose a ellos a paso rápido, con las armas listas para atacar.

-Esto es...- Jace se acercó a Clary rápidamente y la tomó por el brazo- es una trampa!- le dijo claramente- ve hacia una pared y haz un portal! Sácanos de aqui!

-Yo...- Clary miró al rededor, era una explanada totalmente libre de obstáculos, lo único que se le ocurría era llegar a una de las paredes que rodeaban la Ciudadela Infracta para poder hacer una runa. Estaba algo lejos, pero tenía que hacerlo. Volvió su mirada a Jace y asintió firmemente, pero antes de poder soltar la carrera, sintió una mano en su hombro girarla bruscamente. Estuvo por sacar su nueva espada, Heosphoros, para defenderse, pero al levantar la mirada se encontró con los preocupados ojos azules de John.

-Pero qué demonios están haciendo aquí?!- gritó John, mirando a los dos menores. Jace y Clary miraron la espada de John manchada de sangre, al igual que su ropa.

-La tienda de armas a la que fuimos en nuestra cita resultó ser la Ciudadela Infracta... qué diablos crees que hacemos aquí?!- respondió Jace.

-Son menores de edad! No debieron de...

-No hay tiempo para esto!- saltó Clary, señalando la horda de Oscuros que se acercaban rápidamente a ellos.

-Ve y haz un portal, de prisa- pidió Jace, mirando los ojos verdes de Clary. La chica volvió a asentir antes de escabullirse entre la multitud rumbo a la Ciudadela.

-Es una trampa, no es así?- preguntó el chico Wayland mientras se ponía en posición de ataque y esperaba la llegada de los Oscuros.

-No sé como lo hizo Jonathan, pero si- respondió Jace, tomando posición de ataque también y dándose cuenta de algo importante- erm... John, tienes un arma de sobra?- pidió estirando ambas manos hacia el otro rubio. John quiso golpearlo.

-Empacaste armas para venir a Idris y tuviste una cita en la tienda de armas, y no trajiste ni un cuchillo para mantequilla a una batalla?!- gritó John con frustración mientras sacaba otra espada de su cinturón y se la lanzaba a Jace. El Herondale simplemente rodó los ojos mientras tomaba la espada, incómodamente, en su mano izquierda. Las espadas de John tenían empuñadura para diestros.

-Son el doble que nosotros- dijo Jace al ver que algunos Nefilim retrocedían ante la situación.

-Vas a retroceder, Herondale?- preguntó John, sin dejar de mirar a los Oscuros.

-Ya quisieras, Wayland- ambos rubios se lanzaron hacia la batalla con sus espadas listas. Los Oscuros los estaban rodeando, y el hecho de que la mayoria eran padres, hijos, amantes o Parabatai, no ayudaba en nada. Los ataques de los Cazadores de Sombras no eran tan fuertes como los de los Oscuros, los estaban masacrando. John y Jace se concentraron en sus oponentes, no podían proteger a esos a su alrededor cuando apenas si podían cuidarse ellos.

John se giró, buscando a Jace con la mirada, pero lo que encontró a su espalda lo sorprendió. Todo era un mar rojo, de sangre y ropas de los oscuros. Jace se movía tan rápido que era difícil seguirlo con la mirada. Miró al menor dar un gran salto en el aire y caer sobre un oscuro antes de acabar con él, cortándole la cabeza, haciendo un corte de tijera. Se preguntó en qué momento Jace se había hecho con una segunda espada. Sabiendo que Jace estaba bien, volvió a su propia lucha contra los Oscuros.

Jace no pensaba. Su mente era pura sangre y fuego. Cada movimiento que hacía era preciso, casi automático. Se movía rápidamente dejando cadáver tras cadáver a su paso. Los oscuros ni siquiera lo veían venir. Después de cortar la cabeza a uno de ellos, pateó el cuerpo sin vida para ponerlo en el camino de otro Oscuro que corría hacia él, haciéndolo perder el equilibrio antes de saltar hacia adelante y cortarlo en dos. La sangre lo bañó, pero no le importó. Todo su traje de combate estaba empapado en sangre. Se dirigió hacia otro Oscuro, el cual dejó caer su arma con una mirada de pánico. Jace se extrañó, los Oscuros no sentían miedo, morían sin siquiera gritar. Pero este incluso había retrocedido, asustado.

-Tranquilo, Andrew, no hace falta que te pongas así. No voy a hacerte nada- escuchó Jace una voz a su espalda, ni siquiera tuvo que girarse para saber quién era- a menos que no te quites de ahí- el Oscuro corrió en dirección contraria inmediatamente. Jace se giró y se encontró de frente con Jonathan- mi Jace, me extrañaste?

Ambas espadas en las manos de Jace estuvieron listas y justo en el pecho de Jonathan casi de inmediato. Escuchó como la batalla a su alrededor perdía fuerza, todos distraídos mirándolos. John acabó con un Oscuro frente a él y se giró al escuchar el silencio formarse a su alrededor. Su corazón se detuvo al ver a Jace frente a Jonathan.

-De veras piensas que te extrañé?- preguntó Jace, la voz tensa por el odio que sentía.

-No veo otra razón por la cual hayas venido hasta acá- respondió Jonathan, burlonamente- y sabes perfectamente que una espada no puede matarme.

-Tal vez no si te la entierro en el pecho, pero que tal si te corto en pedacitos?- preguntó Jace. Su voz sonaba clara en el silencio a su alrededor. John se movió lenta y cuidadosamente hacia ellos, esperando poder ayudar a Jace de ser necesario- tal vez te corte la cabeza. Puede que no te mate, pero sería divertido verte intentando encontrarla.

Jonathan dejó escapar una risa seca, causando un escalofrió en todos, Oscuros y Nefilim por igual. La risa fría de Jonathan era bastante atemorizante.

-Yo no lo intentaría- dijo, haciendo que la sangre de Jace hirviera aun mas con odio- como se te ocurre enviar a mi hermana a abrir un portal? Separarte de ella no fue un movimiento inteligente.

-Clary- murmuró Jace, mirando por encima del hombro de Jonathan. John también había escuchado y su corazón se había acelerado al pensar en la pelirroja.

-Una de mis tenientes la tiene retenida, hazme algo y le cortará el cuello- dijo Jonathan con una sonrisa de auto suficiencia.

Jace miró a Jonathan a los ojos y supo que no mentía. Lentamente bajó las espadas, haciendo que la multitud a su alrededor levantara la voz en protestas y burlas. John sentía que su corazón se le saldría del pecho al ver a Jace bajar la guardia, empuñó su espada con más fuerza y se preparó para atacar. Pero antes de poder hacer cualquier movimiento, Jonathan se lanzó contra Jace, quitándole una de las espadas de una patada y lanzando una estocada hacia su pecho. Jonathan jadeó asustado al ver que Jace no había podido esquivar la espada por completo y esta le hacia un feo corte en las costillas.

Jace se dobló de dolor, pero se enderezó a tiempo para esquivar otra estocada por parte de Jonathan, dirigida a su cabeza. Se agachó y la espada de Jonathan alcanzó a cortarle algunos cabellos. No había terminado de esquivar el primer golpe, cuando el chico Morgenstern ya atacaba de nuevo. Se lanzó hacia atrás esperando poder alejarse de la hoja de la espada, la cual no logró alcanzarlo. Escuchó el chirriante sonido de dos espadas chocando la una con la otra.

John se había acercado lo mas rápido que había podido para ayudar a Jace, deteniendo el vicioso ataque de Jonathan. Había interceptado el golpe de la espada del Morgenstern, pero la fuerza del impacto había hecho que todo su brazo vibrara. Jace recuperó el equilibrio y se adelantó, poniéndose del otro lado de Jonathan. Entre los dos atacaron con cuidado, estaban a la defensiva por miedo a que los Oscuros de Jonathan cumplieran la amenaza de lastimar a Clary.

-Pero que ataques mas débiles- se burló Jonathan de los otros dos rubios- les preocupa que lastime a Clary? O acaso saben que no pueden ganar?

-No estés tan seguro de ti mismo- saltó Jace, esquivando otra estocada al tiempo que John se lanzaba hacia adelante para atacar.

-No puedes hacerme daño, por Clary- dijo Jonathan, sacando una segunda espada de su cinturón y deteniendo el ataque de John- y ella no pudo hacerme daño, por ti- siguió hablando con tranquilidad mientras empujaba y lanzaba a John varios pasos hacia atrás antes de volverse contra Jace- siempre lo mismo, ninguno de los dos está dispuesto a hacer el sacrificio.

-No nos conoces, a ninguno- dijo Jace defendiéndose de los ataques lo mejor que podía.

-Oh, claro que los conozco, a ambos- se burló Jonathan, sintiendo el movimiento de John detrás de él, iba directo a atacarlo nuevamente- los conozco lo suficiente como para saber que te arrepentirás de no atacarme en serio.

Moviéndose tan rápido que ni John ni Jace pudieron verlo, se agachó y giró sobre su propio eje para quedar frente a John y dar una fuerte estocada hacia adelante, atravesando al chico Wayland en el costado derecho. John sintió que el dolor se apoderaba de él unos segundos, solo unos segundos antes de que todo comenzara a volverse negro. Soltó su espada cuando toda su fuerza lo abandonó.

-John!- gritó Jace aterrado. La sangre brotaba a montones por la herida, y su hermano había comenzado a escupir una gran cantidad de sangre. Jonathan levantó la pierna y pateó a John en el pecho, haciéndolo caer de espaldas y liberando su espada.

-Vaya, cada Jonathan es aun mas idiota que el anterior. Debería cambiarme el nombre- dijo Jonathan golpeando su barbilla pensativamente con la punta de su espada, manchándose de sangre- que te parece, Sebastian?

-Decídete rápido, para poder poner el nombre en tu tumba- siseó Jace, lleno de furia, atacando a Jonathan. Pero su furia y miedo por perder a John lo cegaban. Olvidó toda regla del uso de la espada, el agarre firme y movimiento fluido. Atacó con fuerza bruta, logrando que Jonathan lo derribara con facilidad. Cayó de espaldas quedándose sin aliento. La espada del otro rubio se precipitó hacia él rápidamente. Jace rodó fuera del camino, pero no fue lo suficientemente rápido y sintió la hoja de la espada enterrarse en su carne.

El dolor fue instantáneo en su hombro. No solo dolor, sino calor. Un intenso calor le recorrió el cuerpo, quemándole de adentro hacia afuera. La hoja de la espada salió de su hombro y giró el rostro para mirar a Jonathan. Tenía el pálido rostro desfigurado en una mueca, fue entonces que se dio cuenta lo que tenía sorprendido a Jonathan. De la herida en su hombro salían llamaradas doradas, como si fuese sangre. Una de las llamaradas había logrado quemar la mano del Morgenstern, haciéndolo soltar su espada.

Jace intentó enderezarse, apoyándose en sus codos, pero el dolor era tan intenso que estaba por desmayarse. Comenzaba a perder el conocimiento, giró el rostro hacia el otro lado y vio a John, tendido boca arriba e inmóvil, completamente pálido, el charco de sangre debajo de él se hacía cada vez mas grande. Sintió una punzada en el pecho al verlo, deseó con todas sus fuerzas poder levantarse e ir junto a él. En ese instante, una túnica blanca se interpuso entre él y el cuerpo de John. Fue consiente entonces de la presencia de las Hermanas de Hierro y un Hermano Silencioso arrodillándose junto a él. Lo último que registró antes de desmayarse, fue el grito de dolor del Hermano Zachariah y una cabellera pelirroja inclinándose sobre él.

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Jia había vuelto a abrir el portal casi inmediatamente después de que el dolor atacara a Alec. Robert y Michael dejaron al chico con Maryse e Izzy y corrieron a socorrer a los guerreros en las planicies de la Ciudadela. La escena era horrible, cuerpos de Nefilim y Oscuros por igual, la poca nieve que cubría el suelo resplandecía, roja por la sangre. El corazón de ambos hombres se aceleró mientras miraban al rededor, buscando a las tres personas que más les importaban en ese momento. Se dieron cuenta que la conmoción seguía en mitad de lo que había sido el campo de batalla. Las Hermanas de Hierro iban de aquí para allá, intentando ayudar a los heridos. Robert y Michael corrieron hacia ese lugar.

Al llegar al lugar estudiaron la situación rápidamente, había muchos heridos y muchos más muertos, pero ni rastro de los Oscuros. La sorpresa de ver a las Hermanas de Hierro fuera de la Ciudadela fue lo que los hizo dirigirse hacia ellas en primer lugar, pero no pudieron llegar hasta donde estaban. Robert jadeó al ver, un poco más allá, a John tendido en el suelo boca arriba, pálido como el papel y sangre escapando de sus labios. Michael siguió la mirada de su Parabatai y sintió que el corazón le caía hasta los pies. Vieron a uno de los Nefilim recién llegados revisar el pulso de John y palidecer al instante.

-No... no...- murmuró Michael, corriendo hacia su hijo y dejándose caer de rodillas junto a él. Robert estuvo por seguirlo, pero en ese momento las Hermanas de Hierro se apartaron un poco y pudo ver a Jace en el suelo con un par de llamas doradas aun saliendo de una herida en su hombro.

-Jace- murmuró Robert, acercándose rápidamente. Junto a su hijo adoptivo se encontraban Clary y el Hermano Zachariah- que sucedió?

-Necesitan atención, todos- fue la respuesta que obtuvo por parte de una de las Hermanas de Hierro. El hombre levantó la mirada y vio a Michael caminar rápidamente hacia el portal con su hijo en brazos. Tenía lagrimas bajando por sus mejillas y solo la adrenalina que sentía en ese momento le permitía casi correr cargando a John a peso muerto, el chico era casi de su tamaño.

-Tenemos que llevarlos a Alicante, de prisa!- gritó Robert, tomando el control de la situación al ver que Michael no podría pensar en otra cosa que no fuera John en ese momento- los heridos que puedan moverse, pasen por el portal. Los que aun tengan fuerza ayúdenlos. Recién llegados revisen los cuerpos, si hay alguien aun vivo llévenlo a la Basilias lo mas rápido que puedan!

Los Nefilim comenzaron a movilizarse, incluso las Hermanas de Hierro ayudaban con el Hermano Zachariah. Robert tomó a Jace por el torso e indicó a un hombre que acababa de llegar a su lado que lo ayudara a llevarlo. Entre los dos pasaron por el Portal directo al caos que ahora se había trasladado a Alicante. Robert miró a su alrededor, ya habían puesto a John en una camilla y una Bruja de piel azul tenía sus manos sobre el pecho del chico, lanzando una luz blanca hacia la herida que aun sangraba. Dos Nefilim llevaban la camilla de John hacia la Basilias rápidamente, Catarina los seguía sin perder la concentración en su hechizo.

-Por favor, por favor, Magnus- rogaba Michael sin dejar de soltar lagrimas.

-Catarina es enfermera a tiempo completo de los Mundanos, Michael- respondía Magnus mientras dirigía al deshecho padre detrás de la camilla- John está en las mejores manos, te lo aseguro.

Robert sintió que alguien le quitaba a Jace de los brazos. Los Hermanos Silenciosos comenzaban a encararse de los heridos y en ese momento podían a Jace sobre una de las camillas. Se giró buscando a su familia, tenía que asegurarse que ellos estuvieran bien antes de volver a ayudar. Vio a Maryse correr hasta él con Alec e Izzy pisándole los talones.

-Robert- dijo la mujer, con voz cargada de angustia, al llegar a su lado.

-Los Hermanos Silenciosos acaban de llevarse a Jace, el Fuego Celestial... no sé qué fue lo que pasó- explicó Robert a su familia.

-Magnus!- los Lightwood se giraron hacia el grito y vieron a Jocelyn, inclinada sobre Clary. Un joven Cazador de Sombras la había dejado sobre una manta junto a su madre antes de regresar por el portal para seguir ayudando. Vieron al Brujo dejar al Inquisidor en la entrada de la Basilias y correr escaleras abajo hacia las pelirrojas. Isabelle miró al Parabatai de su padre entrar a prisa al edificio.

-Michael está llorando... que...- Robert miró a los chicos con dolor. No sabía el estado de salud de John, pero por lo que había visto no era nada bueno- John... papá, que le pasó a John?!

-No lo sé, Isabelle- respondió el hombre tristemente. El pánico se apoderó de la chica y no pudo contener unas silenciosas lagrimas- Michael está ocupándose de eso ahora, necesito ir a ayudar a Jia.

-Nosotros iremos con Jace y Michael- dijo Alec rápidamente, entendiendo la situación. Él mismo quería estar en muchos lugares a la vez, con Magnus por si necesitaba energía, con John para estar junto a su hermano, pero su runa Parabatai seguía ardiendo un poco, necesitaba estar con Jace. Robert miró significativamente a su esposa antes de correr de vuelta al portal. Maryse se giró a sus hijos rápidamente.

-Isabelle, ve con Michael. Alec y yo iremos a ver como esta Jace- dijo antes de que los tres corrieran hacia la Basilias. Maryse y Alec lograron ver a lo lejos a los Hermanos Silenciosos metiendo la camilla de Jace en una sala. Izzy se había separado de ellos casi al entrar. Alec caminó a paso rápido entre la gente, su madre casi trotaba para seguirle el paso. Al llegar a la habitación en donde habían llevado a Jace, un Hermano Silencioso les impidió el paso.

-No es seguro estar cerca de Jonathan Herondale hasta que nos aseguremos que el Fuego Celestial está controlado- les explicó rápidamente.

-Pero está bien? Que le pasó? Está herido?- preguntó Alec, desesperado.

-Sufrió una herida en el hombro por la cual el Fuego Celestial comenzó a salir- respondió el Hermano Silencioso rápidamente- ya lo atendemos. Les haremos saber en cuanto tengamos noticias.

El Hermano Silencioso se giró e ingresó a la habitación donde estaba Jace. Alec, aun sintiendo algo de dolor en su hombro, se recargó en la pared y se resbaló hasta quedar sentado en el suelo, su mamá se apresuró a arrodillarse a su lado.

-Estas bien?- le preguntó alarmada.

-Estoy bien, mamá, no te preocupes- respondió Alec con voz cansada. Maryse acarició la cabeza de su hijo y miró la puerta cerrada de la habitación de Jace. Dos de sus hijos adolecentes estaban hospitalizados, los otros dos estaban desesperados, y su pequeño...

-Cielo, tengo que ir por tu hermano- dijo Maryse. Si bien no habían atacado Idris, el sabor de la última batalla en la que había estado involucrado Max no la dejaba tranquila.

-Yo me quedaré, esperaré noticias- dijo Alec asintiendo con la cabeza. Maryse asintió nuevamente, acariciando su mejilla antes de ponerse de pie y salir corriendo en dirección a la casa de los Penhallow. El chico ojiazul soltó un suspiro y pegó sus rodillas al pecho, abrazándolas con fuerza, las personas iban caminando rápidamente de un lado al otro sin prestarle atención, así que simplemente se quedó ahí, sentado en el suelo y mirando la puerta cerrada mientras esperaba saber que sucedía con su Parabatai.

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Izzy ya había destrozado su perfecta manicura. Estaba sentada tomando firmemente la mano de Michael mientras ambos esperaban fuera de la habitación donde los Hermanos Silenciosos y Catarina atendían a John. La chica estaba por morder sus ya diminutas uñas por milésima vez cuando la puerta al fin se abrió. Michael y ella se pusieron de pie como resorte. Dos Hermanos Silenciosos pasaron a su lado sin decir nada, Catarina fue la que se acercó a ellos, luciendo pálida y agotada.

-Qu... que sucedió?- preguntó Michael con voz entrecortada y llena de miedo. La Bruja lo miró y soltó un suspiro.

-Está estable- dijo cansadamente. Los dos Nefilim frente a ella suspiraron aliviados- por ahora.

-Por ahora?- preguntó el Inquisidor rápidamente.

-La espada que hirió a John dañó su hígado y un pulmón, fue una estocada demasiado bien planeada o fue demasiada mala suerte- dijo Catarina cruzándose de brazos- detuve el sangrado y los Hermanos Silenciosos ayudaron a que recuperara sangre. Sané las heridas internas lo mejor que pude. El hígado no es mucho problema, me quita magia el evitar el sangrado, pero se recuperará solo. El pulmón es otra historia, aunque logre recuperarlo en un 70%, mi magia es lo que lo mantiene respirando.

-No... no respira por si solo? Tu magia... que... Catarina, que quieres decir?- preguntó Michael sintiendo la picazón de las lagrimas nuevamente en sus ojos.

-Mi magia esta constante, haciendo que John respire y ayudándole a sanar sus heridas internas, pero no puedo hacer mas- explicó Catarina, mirando al padre desconsolado- todo depende de John ahora.

-Pe... pero...- Michael miraba a la Bruja sin poder procesar lo que le acababa de decir. Izzy se abrazó fuertemente al brazo del adulto mientras se mordía el labio para no llorar.

-Estaré aquí, cerca, por si me necesita- le explicó Catarina pensando en pedir una de las habitaciones para descansar. Atender a John la había dejado agotada- debo descansar antes de quedarme sin energías. Tengo que seguir concentrándome para ayudarlo.

-Claro, necesitas... necesitas descansar- dijo Michael, asintiendo distraídamente. Catarina se acercó al hombre y puso su azulada mano en su mejilla, limpiando el rastro de lagrimas en ella.

-Haré todo lo que esté en mi poder para ayudar a tu hijo- le dijo firmemente, mirándolo a los ojos. Su principio de enfermera le decía que no se involucrara mucho con la familia del paciente, pero Michael y John Wayland eran unos de los Nefilim mas buenos y centrados que había conocido, a pesar de vivir con los Lightwood- pueden pasar a verlo, solo no lo alteren.

-Gracias, Catarina. Puedes quedarte en cualquier habitación vacía, no habrá problema- le dijo Michael. La Bruja asintió y se giró para alejarse por el pasillo. Izzy levantó la mirada hacia el adulto y Michael la miró también. Soltando un suspiro, el rubio abrazó a la chica con fuerza, parpadeando raídamente para evitar que mas lagrimas salieran de sus ojos- se va a recuperar, ya verás.

-Lo sé- murmuró Izzy con el rostro enterrado en el pecho de Michael.

-Isabelle, Michael- ambos se giraron lentamente hacia la persona que los había llamado. Maryse y Alec caminaban por el pasillo hacia ellos, mientras Max corría en su dirección.

-Y John? Donde esta John? Está bien? Se está recuperando?- preguntó Max llegando al lado de su hermana y su tío. Michael tomó al pequeño en brazos e intentó sonreírle.

-Catarina acaba de salir, dice que John esta descansando y solo tiene que recuperarse ahora- le explicó tranquilamente. Max no se veía menos preocupado que al principio, mucho menos al ver que ahora Izzy estaba abrazada a Alec y escondía el rostro en el pecho de su hermano para que no la vieran llorar- como esta Jace?

-Estará bien- explicó Maryse rápidamente- la herida sanó pero el Fuego Celestial sigue dentro de él.

-Jace estaba dormido- dijo Max.

-Eso está bien- dijo Michael asintiendo levemente.

-Podemos pasar a ver a John también?- preguntó el niño. Michael pasó saliva pesadamente. Aun no entraba a ver a su hijo y no sabía en que condición lo encontraría.

-Creo que no, pequeño, lo siento- mintió rápidamente.

-Por qué no? Jace también se está recuperando y lo pudimos ver, por qué a John no?- preguntó Max haciendo un puchero.

-Porque a John lo atendió una enfermera- explicó Maryse rápidamente, entendiendo lo que pensaba el otro adulto- las enfermeras nunca dejan que veas a sus pacientes.

-Pero...

-Maryse! Michael!- Robert detuvo la réplica de su hijo, trotando por el pasillo hacia su familia- que pasó? Como están todos?

-Jace está descansando, se pondrá bien- explicó Alec.

-John... también se recupera- dijo Michael, poniendo a Max nuevamente en el suelo. El corazón de Robert se detuvo, la expresión de Michael decía todo lo contrario a sus palabras. El rubio miró significativamente a su Parabatai y señaló con la cabeza a Max, Robert entendió.

-Todo está bajo control afuera. Las Hermanas de Hierro volvieron a la Ciudadela Infracta. Trasladamos los cuerpos de los Oscuros a la Ciudad Silenciosa y todos los heridos ya están siendo atendidos. Jia está organizando una reunión ahora, no te preocupes, está todo arreglado- dijo Robert rápidamente. Michael asintió agradecido.

-Será mejor que descansemos un poco- dijo Maryse mirando a sus hijos. Los tres lucían agotados. Jace ya se estaba recuperando y de verdad no quería que siguieran ahí preocupándose por John. Sabía que sus dos bebes rubios estarían bien, tenían que estarlo. Por ahora dejaría a los padres encargarse de ellos y ella se concentraría en los que no estaban internados.

-Pero...

-Aquí solo estorbamos, Izzy- interrumpió a su hija- tu padre y Michael se quedaran aquí, si hay algún cambio en John o Jace ellos nos lo harán saber con un mensaje de fuego, no es así?

-Por supuesto que si- respondió Robert, mirando a su hija y a su pequeño niño. Alec pasó saliva pesadamente, sabía lo que querían hacer sus padres. Sabía que Jace estaría bien, pero le punzó el pecho al pensar en John.

-Isabelle, cielo, por qué no llevas a Max afuera? Lleva mucho tiempo aquí, en cualquier momento los Hermanos Silenciosos vendrán a echar a los niños- dijo Maryse. En si no era verdad, claro que Max y cualquier otro pequeño Nefilim tenía permitido ingresar a la Basilias, pero tenían que sacarlo de ahí.

-Si... de acuerdo- murmuró Izzy, componiéndose lo mejor que pudo rápidamente. Le dedicó una última mirada a Michael y después tomó la mano de su hermanito para llevarlo afuera y esperar a su madre. Una vez solos, Michael se dejó caer en una de las sillas y ocultó el rostro entre sus manos. Robert se apresuró a sentarse junto a su Parabatai y sobarle la espalda.

-Catarina tiene a John respirando solo gracias a su magia- explicó Michael con voz entrecortada- dice que ya hizo todo lo que estaba en sus manos, es solo... cuestión de esperar.

-Se va aponer bien, John es un chico fuerte- dijo Maryse poniendo una mano sobre el hombro de Michael, el rubio simplemente asintió.

-Será mejor que vayan a descansar- dijo Robert mirando a su esposa e hijo- Jia citó a los miembros del consejo esta noche para una reunión. Uno de ustedes tendrá que venir a acompañar a Michael.

-Claro- dijo Alec, asintiendo firmemente.

-Volveremos más tarde- Maryse dio un apretón en el hombro a Michael y Alec se inclinó para abrazarlo. Ambos hombres miraron la mujer y al chico caminar hacia la salida antes de ponerse de pie y dirigirse a la habitación de John. Michael se paralizó en la puerta, no sabía que encontraría del otro lado, y eso lo aterraba. Robert se paró junto a él y pasó un brazo por sus hombros para darle apoyo. El rubio suspiró y abrió la puerta lentamente.

John estaba tendido en la cama, vistiendo una bata gris como de hospital. Lucía sumamente pálido, pero nada más. No tenía ni una herida visible en su cuerpo, pero Michael sabía que todo era interno. Había un resplandor blanco en su pecho, del lado izquierdo. Michael supo que eso era lo que lo mantenía respirando y sintió como su propio pecho se contraía y las lagrimas inundaban sus ojos nuevamente. Le temblaron las piernas y Robert lo ayudó a adelantarse para sostenerse de la cama.

-No puedo perderlo- murmuró Michael, casi suplicante.

-No lo perderás- aseguró Robert, tratando de convencerse a si mismo también.

-No puedo perderlo- repitió el rubio- no puedo... primero Eliza... y... no puedo perder a mi hijo, Robert- murmuró Michael mirando a su Parabatai. Robert abrazó al hombre desecho frente a él con fuerza, sabiendo que él era lo único que lo mantenía de pie en ese momento y lo dejó llorar en su hombro.

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Esa noche, la reunión del Consejo se había llevado a cabo y Alec había ido a la Basilias a acompañar a Michael para que Robert pudiera atender a la reunión. Jace seguía durmiendo y Catarina iba cada dos horas a revisar a John. Eran casi las cinco de la mañana cuando Alec había caído dormido en uno de los sillones de la habitación de John. Su padre lo había despertado la mañana siguiente, cerca de las ocho de la mañana.

-Papá?- Alec se levantó, algo desconcertado, quitando la manta que Michael había puesto sobre él esa noche. Miró el reloj de la pared, sorprendiéndose al ver que había dormido, en su opinion, tanto. Michael estaba en otro sillón, junto a John, leyendo un libro- Michael, lo siento, te quité el sillón para dormir!

-No te preocupes, Alec, está bien- sonrió el rubio suavemente.

-Lo siento- volvió a disculparse Alec poniéndose de pie.

-Tuvimos una reunión hace una hora, nos dieron el día libre hoy- dijo Robert, explicándoles la situación. El hombre Wayland asintió, agradecido de que su Parabatai lo cubriera en el trabajo. Alec y Michael sabían que el día libre seria para poder velar a los caídos, pero no mencionaron nada- y aparentemente los representantes Subterráneos tienen una cena hoy, la organizaron las hadas.

-Una cena?- preguntó Michael.

-Para hablar entre ellos, ya sabes que no confían 100 por cierto en los Nefilim, tal vez quieren asegurarse de que todos estén en la misma página con lo que respecta a Jonathan Morgenstern- respondió Robert cruzándose de brazos.

-Supongo que tienes razón- dijo Michael mirando a su hijo- Catarina querrá tomarse un descanso.

-Hablé con Magnus después de la reunión- le dijo Robert, causando que el corazón de Alec pegara un brinco- él asistirá a la cena, Catarina seguirá aquí. Magnus ha vuelto a su puesto en el Consejo.

-No sé como agradecérselo- murmuró Michael, pensando en la Bruja de piel azul.

-Escucha- dijo Robert, hincándose junto a su Parabatai, poniendo una mano sobre su hombro- no importa cuanto tengamos que pagar, o si le debemos un favor, lo que sea, ella seguirá ayudando a John.

-Catarina es amiga de Magnus, no está haciendo esto por una compensación- dijo Alec firmemente. Ambos adultos lo miraron.

-Alec tiene razón. A ella le agrada John, en realidad a todo el mundo le agrada John- sonrió Robert, mirando al pálido chico en la cama- todos quieren que mejore, y lo hará.

Michael medio sonrió y le dio un apretón a la mano de Robert en su hombro. El Lightwood se puso de pie y miró a su hijo.

-Vengo de ver a Jace, ya despertó- los ojos de Alec se iluminaron.

-De verdad?- preguntó emocionado.

-Sí, estaba por cambiarse de ropa cuando llegue a verlo- explicó Robert. Alec sintió como si le quitaran la mitad del peso del mundo de sus hombros. Su Parabatai estaba bien, con todo y Fuego Celestial, Jace ya se había recuperado.

-Tienes que ir a ver a tu Parabatai, Alec- dijo Michael con una pequeña sonrisa.

-Eso haré- dijo Alec, acercándose rápidamente a Michael para despedirse de él con un abrazo, le dio un apretón a la mano de John y después se dirigió a la puerta. Su padre lo siguió afuera.

-Tal vez Jace ya se fue- le dijo una vez que cerró la puerta.

-No lo creo, querrá ver a John antes de ir a casa- dijo Alec, girándose hacia su padre.

-Sí, tienes razón- Robert estudió a su ojeroso hijo, había dormido poco y en un pequeño sillón- por qué no vas a casa y descansas un poco?

-Acabo de despertar- dijo Alec.

-Y dormiste cómodo?- preguntó Robert, alzando una ceja.

-Dormí bien- respondió inmediatamente el chico.

-Alec, apenas si te cabía la mitad del cuerpo en ese sillón- dijo Robert con una sonrisa.

-Estoy bien, papá, iré a ver a Jace y después iré a casa- le dijo a su padre. Robert soltó un suspiro y asintió.

-De acuerdo, dile a tu madre y hermanos como sigue todo aquí, no tuve oportunidad de ir a casa después de la reunión- dijo Robert girándose para entrar a la habitación nuevamente. Alec simplemente asintió y comenzó a caminar rápidamente hacia la habitación de Jace. Pero al llegar, su Parabatai no se encontraba por ningún lado. Detuvo a uno de los Hermanos Silenciosos que en ese momento pasaba por ahí, quien le informó que Jace estaba en ese momento hablando con el Hermano Zachariah.

Después de un par de vueltas erróneas, al fin dio con la habitación en la que se encontraba el Hermano Zachariah, podía escuchar la voz de su hermano ahí dentro, así que decidió esperar. Tomó asiento en una de las bancas del pasillo y esperó, dejando que su mente diera vuelvas y vueltas al asunto que había intentado evitar desde la mañana anterior. Magnus.

Ahora que John estaba enfermo, Michael estaba indispuesto y Robert lo suplía como Inquisidor, él era el único mayor de edad que podía informar al resto de la familia rápidamente lo que pasaba. Ahora tenía que asistir a las reuniones. Y Magnus había vuelto a su puesto en el Consejo. No quería que su primera interacción con Magnus en casi una semana fuera por algo oficial, tal vez si hablaba con él. Magnus tenía la tarde libre ese día, al menos hasta la hora de la cena. Debería ir a hablar con él? Podía usar su preocupación por Clary como excusa para verlo. No. Tal vez se había agotado demasiado ayudando a Clary, igual que Catarina con John. Probablemente se tomaría su tarde libre para descansar. Soltó un suspiro y pasó una mano por su cabello, despeinándolo. En ese momento, la puerta frente a él se abrió y su Parabatai salió lentamente.

-Alec?- dijo Jace cerrando la puerta detrás de él.

-Vine a ver como estabas- dijo Alec, poniéndose de pie y acercándose al rubio.

-Me siento bien, genial a decir verdad, no hay ni rastro de herida- le dijo Jace haciendo movimientos circulares con su brazo.

-Me alegro- sonrió Alec. Ambos comenzaron a caminar rumbo a la salida del edificio- que hacías con el Hermano Zachariah?

-Los Hermanos Silenciosos me dijeron que quería hablar conmigo- respondió Jace, bajando la mirada.

-Está bien?- preguntó el ojiazul, según había escuchado, el Fuego Celestial dentro de Jace había herido al Hermano Zachariah mientras intentaba ayudarlo.

-Sí, esta mas que bien- sonrió Jace. Alec lo miró, confundido, pero Jace no explicó mas. Llegaron a la entrada y se detuvieron antes de salir- y John?

-Aun no despierta, Catarina lo mantiene vigilado todo el tiempo, papá y Michael están con él ahora- le explicó señalando por un pasillo a su derecha.

-Bien, iré a verlo- dijo Jace girándose hacia donde Alec señalaba.

-Te acompaño- Alec estuvo por seguirlo, pero el rubio lo detuvo poniendo una mano sobre su pecho.

-Creo que tienes que descansar, parece que tu eres el que acaba de salir del hospital- rió Jace al mirar las enormes ojeras debajo de los ojos de su Parabatai.

-Estoy bien- dijo Alec, encogiéndose de hombros. Jace lo miró con una ceja alzada, sin creerle ninguna letra de cada palabra.

-Escucha, veré como está John y después iré a ver a Clary. Según me dijeron ya estaba bien, pero necesito verla- explicó Jace, Alec asintió- ve yendo a casa, iré mas tarde.

-Pero...

-Además, mañana tienes que asistir a cualquier posible reunión que haya, no es así? Eres el espía responsable hasta que John se recupere- dijo Jace con una sonrisa traviesa. Alec suspiró.

-Supongo que tienes razón- dijo el ojiazul, echando una mirada a la salida.

-Claro que la tengo- se jactó Jace dándole un golpecito en el hombro- toma una siesta. Dile a los demás que iré en cuanto me desocupe.

-De acuerdo- asintió Alec, soltando un suspiro. Jace puso una mano sobre su hombro y le dio un apretón.

Alec miró a su Parabatai alejarse por el pasillo antes de salir del Basilias. Caminó lentamente por las calles de Alicante, estaban casi desiertas, la mayoría de los habitantes se preparaban para asistir a los funerales. Sus pies se movían por inercia, su cabeza seguía siendo un caos. Por supuesto que se preocupaba por John, pero en ese momento no podía dejar de pensar en Magnus.

De verdad quería hablar con él. Y más con todo lo que estaba sucediendo últimamente. La amenaza de Jonathan los tenía a todos en peligro. Pensó en John y sintió una punzada en su pecho. Si algo llegaba a pasarle a él... no quería que las cosas con Magnus se quedaran como estaban ahora. Inconscientemente terminó frente a la casa designada para el representante de los Brujos. Pasó saliva pesadamente mirando el lugar. Tenía que hablar con él, debía hacerlo. Subió lentamente las escaleras que daban a la puerta y tocó suavemente. Sentía su corazón latir desbocado mientras esperaba. Después de unos cuantos segundos volvió a tocar, un poco mas fuerte esa vez, pero no se escuchaba movimiento dentro de la casa.

-No te molestes, hijo- le dijo un anciano que vivía en la casa de en frente y en ese momento cortaba un ramo de flores de la planta junto a su puerta- lo vi salir con una chica de piel azul hace rato.

-Oh, muchas gracias- dijo Alec forzando una sonrisa. Bajó los escalones, derrotado y caminó calle abajo, hacia su casa. Tal vez era lo mejor. Tal vez no estaba completamente preparado para hablar con Magnus. Tenía que pensar en lo que diría. Soltó un bufido, negando con la cabeza. Siempre que planeaba un libreto para alguna situación, terminaba arruinándolo todo. Tenía que hablar con Magnus sin excusas ni reproches. Hablar en serio y con la mente y el corazón abiertos.

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La mañana siguiente, los Lightwood tuvieron un desayuno silencioso muy temprano. Robert seguía como Inquisidor temporal, ayudando a Michael, y esa mañana tendrían una reunión. Alec había acordado con su madre que él quería ser el que asistiera a la reunión esa mañana, aunque no luciera muy convencido, Maryse aceptó. Isabelle había corrido a la Basilias con Michael y John en cuanto había terminado su desayuno, mientras que Alec y su padre iban en dirección contraria, hacia el Gard. Alec estaba sumamente nervioso, y se notaba.

-Estas bien, hijo?- preguntó Robert al ver que Alec caminaba tambaleándose un poco y cerrando fuertemente las manos en puño.

-Eh? Oh si, el desayuno estuvo rico- dijo Alec, sin apartar la mirada del suelo frente a él. Robert alzó una ceja, pensando en su había hecho lo correcto al dejarlo asistir, probablemente no prestaría nada de atención a lo que se iba a tratar.

-No traes tu cuaderno? Siempre tomabas notas, no?- preguntó Robert. Alec se detuvo en seco.

-Lo olvide!- saltó, mirando calle abajo, hacia donde quedaba la casa.

-Olvídalo, se te hará tarde si regresas por él- le dijo Robert, volviendo a caminar.

-Pero... pero... si no tomo notas no recordaré lo que dicen- dijo Alec negando con la cabeza rápidamente- y si... si no les cuento todo a Jace e Izzy se van a molestar. Necesito mi cuaderno.

-No lo necesitas, estarás bien- aseguró Robert girándose y poniendo una mano sobre el hombro de su hijo. Sabía que todo ese nerviosismo y miedo no era por la falta de cuaderno.

-Tengo que ir por el, necesito notas... si, necesito tomar notas, yo...

-Te prestaré un papel y una pluma en la oficina, si? Tranquilo- le dijo Robert, pasando un brazo por los hombros de su hijo y dirigiéndolo nuevamente al Gard.

Alec intentaba mantener la calma. Pensaba sentarse en una de las filas de en medio, algo alejado pero lo suficientemente cerca como para no perderse de nada. Solo tenía que escuchar, no participar. Si tenía suerte, tal vez podría hablar con Magnus a solas después de la reunión. Quería arreglar las cosas entre ellos. Por más que se hubiera enojado con el Brujo, por más que Magnus se hubiera enojado con él, lo extrañaba horrores. Estaba decidido a disculparse y a hablar las cosas con calma. Lástima que el destino tuviera otros planes para esa mañana.

Al llegar al Gard, ambos Lightwood se desconcertaron al ver una gran conmoción proveniente de la sala de reuniones. Alec y Robert se miraron antes de dirigirse hacia la multitud rápidamente. Todos hablaban entre ellos con voz elevada y preocupada. Podían ver a Jia pidiendo calma desde en frente de la habitación. Robert tomó a Alec por el brazo para que lo siguiera antes de comenzar a caminar entre la gente rumbo a Jia.

-Que está pasando? Que sucede?- preguntó Robert en voz alta, abriendose paso entre la multitud.

Alec siguió a su padre, buscando con la mirada a la persona que estaba decidido a ver esa mañana, pero no lo encontró. Usualmente, Magnus estaba junto a Raphael Santiago y Luke. Y siendo tan alto como lo era el Brujo, y con la poca purpurina que usaba, siempre resaltaba entre la multitud. Pero esa vez no había nada, ni un solo brillo en la sala. El corazón de Alec comenzó a latir de prisa. El chico estaba tan distraído buscando a Magnus que no se dio cuenta de que su padre había frenado en seco frente a él. Se dio contra la espalda de su padre sin poder evitarlo.

-Papá?- preguntó, mirándolo. Robert lo miró también, completamente pálido y sumamente preocupado. Alec juntó las cejas- qué...

Ni siquiera tuvo que terminar la pregunta. Giró la cabeza rápidamente hacia las sillas designadas para los representantes Subterráneos en el Consejo. La sangre abandonó su rostro inmediatamente. Las sillas estaban vacías y frente a ellas, en el suelo, una simple palabra que hizo que toda la sangre de su cuerpo se congelara. Escrito con un espeso liquido dorado estaba el anuncio del cumplimiento de la amenaza de Jonathan Morgenstern. Veni. Jonathan había secuestrado a los representantes Subterráneos. Había secuestrado a Magnus.

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