Aclaración:
Los personajes de Naruto son propiedad de Masashi Kishimoto, yo solo los tomo prestados para la adaptación.
La historia es una adaptación, al final estará el nombre original y autor
«25»
Hinata esperó a escuchar el chillido de alegría de Kushina desde la primera planta antes de dirigirse a la ventana delantera de la salita de estar y agitar la mano hacia el carruaje: la señal que habían acordado con Ino para indicarle que podía entrar. Unos momentos después, llamaron a la puerta principal y Hinata se dirigió al vestíbulo con Kitsune pisándole los talones; su mascota no tenía intención de perder de vista a Hinata cuando acababa de encontrarla. Hinata llegó a tiempo para presenciar la conmoción de Willis cuando este abrió la puerta; a lo mejor deberían haberle advertido también a él, pero Willis, que aún no había recuperado su correcta conducta habitual, abrazaba a Ino... bueno, con cierta dificultad porque Anna estaba apoyada en las caderas de Ino.
Ino reía al tiempo que remontaba la escalera para encontrarse con Kushina y Naruto, pero se quedó boquiabierta al ver a Hinata y lo que estaba sentado a su lado.
Anna saludaba al «chucho» y quería tocarlo, pero su madre se acercó a Kitsune con mucha cautela.
—Esa es el zorro rojo que nos salvó a Naruto y a mí cuando éramos niños.
—También me salvó a mí, pero es un perro, no un zorro.
—Es un zorro —insistió Ino —, y ¿en Londres? ¿Cómo es posible?
—Es mi mascota. ¡De verdad! —dijo Hinata sonriendo.
Ino la miró y meneó la cabeza.
—¿Eres maga? Lograste encontrarme cuando nadie debía hacerlo y has domesticado a un zorro. ¿Qué otros trucos guardas en la manga?
Hinata puso los ojos en blanco, pero después rio.
—Admito que tal vez logré domesticar al menos a un zorro.
El zorro que acababa de mencionar bajó la escalera a toda prisa seguido de su madre, que inmediatamente abrazaron a Ino y a su hija. Ino y Kushina lloraban, algo nada sorprendente; Hinata trató de ver si Naruto también derramaba lágrimas pero él mantenía la cabeza inclinada por encima de las otras tres, al menos hasta coger a Hinata del brazo e incluirla en ese gran abrazo familiar.
En cuanto Kushina sostuvo a Anna en brazos y le murmuró palabras cariñosas a su nueva nieta, Naruto las condujo a la salita. Ino había comenzado a explicar por qué tomó medidas tan extremas después de que Kiba la despreciara; durante la larga explicación Kushina se limitó a hacer algunos comentarios mordaces a Naruto sobre su ex amigo y a decir unas cuantas cosas maravillosas sobre el papel que había desempeñado Hinata para volver a reunir a su familia, junto con una sincera disculpa.
Una vez que Ino acabó su relato le preguntó a su hermano:
—Bien, ¿recibiré más abrazos o una reprimenda?
—No creas que no habrá una... más adelante.
Ino le dirigió una sonrisa con los ojos empañados en lágrimas, hasta que su hermano la sentó en su regazo y la abrazó. Ella lo apartó entre risas.
—Espero que no la aplastes a ella de esa manera. ¿Cuándo será la boda?
—¿Significa que habrá boda? —preguntó Naruto con una sonrisa pícara.
—Ella me contó muchas cosas sobre el tiempo que pasaron juntos. Te conozco, hermano.
—Hoy sería un buen día —afirmó Kushina.
Naruto rio.
—Estoy absolutamente de acuerdo. Podremos encontrar un sacerdote de camino a la casa de los Uchiha.
Hinata, sorprendida y sentada al otro lado de él, se inclinó y le susurró al oído:
—No es necesario que me case en la casa de mis tíos.
—¿Por qué no? Uniremos a dos familias y al parecer todo el mundo está en Londres para celebrar la boda.
—Pero puede que Sasuke se encuentre en casa —le advirtió Hinata.
—Tu primo ha sido perdonado... por mí. ¿Y por ti?
—No, algunas cosas son imperdonables, pero tras todo lo que he descubierto en los últimos dos días, quizá deba reconocer que el hombre no es el mismo que aquel niño.
Desde luego que podría estar tan dichosa que perdonaría a cualquiera, incluso a él, tal vez incluso a mi tío y a su gélido corazón.
Entonces deseó no haber dicho eso. Hablando del rey de Roma, cuando llegaron a la residencia de los Uchiha unos momentos después y les abrieron la puerta, Fugaku estaba bajando la escalera asistido por Mikoto.
—Hemos traído un sacerdote con nosotros, tía —dijo Hinata y, riendo al notar la expresión sorprendida de Mikoto, añadió—: Tenías razón: él me ama y no quiere postergar nuestra boda ni un día más. ¿Crees que la sala de estar servirá?. Pero Kushina, al percatarse de la mirada furibunda que le lanzaban, indicó:
—No seas rencorosa, Mikoto. Ya sabes lo que yo creía. Si hubiésemos dispuesto de todos los datos con anterioridad... en realidad, puede que ellos ni siquiera se habrían conocido. Tanto tú como Hinata jugaron un papel importante en la recuperación de mi hija. Nunca podré agradecerles lo bastante por ello, pero sé que querré a tu sobrina como si fuera hija mía, te lo prometo.
Al oír esas palabras Mikoto se sonrojó un poco, pero Fugaku preguntó:
—¿Una boda? ¿Hoy? —Y después, bizqueando hacia Naruto, añadió—: ¿Es el muchacho de los Inuzuka?
—Es un matrimonio por amor, Fugaku, y uno bueno. —Mikoto lo ayudó a descender los últimos peldaños y lo condujo hacia la sala de estar. Pero en voz mucho más baja murmuró—: Ya era hora de que alguien se case por amor, maldita sea.
—¿Eh? Alza la voz, sabes que no oigo bien.
—El edicto del regente, recuerdas que no teníamos opción en este asunto, ¿verdad?
—le recordó Mikoto.
A lo mejor la memoria de Fugaku se estaba deteriorando, pero no siempre era defectuosa.
—Creí que sobornaron a ese réprobo —dijo con toda claridad.
—Cambió de parecer —mintió Mikoto—. ¿O acaso querías aumentar el dinero del soborno para que vuelva a cambiar de parecer una vez más?
—Un matrimonio por amor está bien, no es necesario gastar más dinero en la chiquilla si ella ama al zorro. Supongo que quiere que la acompañe al altar, ¿no?
—Eso no será necesario —le aseguró Mikoto.
Hinata se dio cuenta de lo que su tía estaba haciendo, y notó que Naruto se ponía tenso cuando también se le ocurrió a él que Fugaku Uchiha podía no dar su permiso para esa boda y que el sacerdote no podía celebrarla sin el consentimiento del tutor. No es que no pudieran encontrar el modo de casarse de alguna otra manera, pero Hinata prefería regresar a Konoha Park sin la preocupación de que su tío podría presentarse allí y aporrear la puerta, exigiendo que le devolvieran a su sobrina. Así que cogió a Naruto del brazo y le lanzó una sonrisa tranquilizadora antes de decir en voz muy alta, para que Fugaku lo oyera:
—En realidad sí. Así que hagamos esto de manera oficial. Y tú me acompañarás al altar, tío.
En cuanto Fugaku entró en la sala de estar, Naruto la miró y, en tono apagado, preguntó:
—¿Kiba también quería hacer de las suyas aquí también te ha estado cortejándote sin que yo me enterara?.
Su mirada había recuperado la ferocidad y ella puso los ojos en blanco.
—Vuelves a parecer un zorro —dijo—. Por cierto, resulta bastante cómico el modo en que su nombre se mencionó en esta casa. Recuérdame que te lo explique más adelante.
Ino se dispuso a seguir a su madre a la sala de estar, pero se detuvo para
preguntar:
—¿Sai todavía está disponible? Ahora que seré una viuda que ha recuperado la memoria...
Naruto le lanzó una mirada de advertencia a su hermana.
—Deja en paz a mis amigos, picaruela. No tengo ganas de tener que matar a Sai también cuando haya acabado con Kiba.
—Juraste que...
—No voy a matarlo, pero él no saldrá ileso de esto, créeme. No obtendrá aquello por lo cual te rompió el corazón. La boda entre él y la heredera no ocurrirá una vez que hable con los padres de ella y los de él.
—Bueno, eso es diferente. Adelante...
Tras oír el alboroto en el vestíbulo y el grito de Hinata diciéndole a su tío que la acompañara al altar, Kurenai bajó la escalera sonriendo. No era necesario decirle que todo había salido tal como Hinata esperaba. Chõji también llego y acompañado, no tenía intención de perderse la boda de Naruto, y lo habían enviado en busca del sacerdote en el carruaje de los Uzumaki.
Chõji dirigió la mirada directamente a su acompañante de nombre Karui y, con una sonrisa descarada, exclamó:
—¿Una doble boda, Karui?
Karui se ruborizó, pero murmuró:
—Ni lo sueñes.
—Supongo que eso es mejor que tu último sonoro «no» —comentó él, suspirando.
Kurenai sonrió, pensó que tal vez deba hacer otras hierbas para que el muchacho por fin consiguiera lo que desea.
Naruto llamó la atención de Hinata, diciendo:
—Date prisa si es que te cambiarás y te pondrás ese maravilloso traje de novia.
—No, no lo llevaré: sería mala suerte volver a llevarlo y tú y yo hemos terminado con la mala suerte. Estoy preparada para convertirte en mi marido ahora mismo.
Ese día el tío de Hinata la acompañó hasta el improvisado altar. Cuando el sacerdote se lo preguntó, Fugaku manifestó con mucha claridad que sí, que le entregaba a su sobrina en matrimonio, y eso fue lo único bonito que Fugaku Uchiha jamás hizo por ella.
Así fue cómo se convirtió en lady Hinata Uzumaki. El hombre que la estrechó entre sus brazos para sellar el vínculo era mejor que un sueño hecho realidad, y la dicha que embargaba su corazón era abrumadora. Hinata lloró y, al ver sus lágrimas, Naruto rio. Su primo hizo acto de presencia al final de la ceremonia; permaneció en el umbral, evitando acercarse a Naruto, aunque la causa de su discordia mutua se encontraba en la sala. Ino incluso se acercó y dijo:
—Supongo que al final me hiciste un favor al conducir a Kiba hacia la proverbial gallina de los huevos de oro. He tenido el tiempo suficiente para darme cuenta de que no hubiera sido un buen marido para mí. ¿Por qué lo hiciste?
—Necesitaba ayuda. Tú hubieras conseguido que lo desheredaran.
—Sí, pero ¿por qué optaste por arreglar ese asunto para él? ¿Era un viejo amigo, un gran amigo? Lo que hiciste no solo cambió mi familia sino también la tuya, por no hablar de que podrías haber muerto por ello.
—Nunca tuve muchos amigos, solo acompañantes que en realidad no me aprecian, ni yo a ellos. Solamente conocí a Kiba aquel verano, pero él me demostró que la amistad suponía otras cosas: escuchar, compartir, querer ayudar si era necesario. Quizá fuese el único verdadero amigo que jamás he tenido... y tu hermano no tiene puntería. El riesgo no fue muy grande.
Naruto y Hinata se acercaron a tiempo para oír sus palabras.
—¿Quieres que volvamos a intentarlo con aquello que se me da bien? —le preguntó Naruto a Sasuke.
—¡Maldita sea! —si es lo que quieres no te tengo miedo sabes, exclamó Sasuke, y se apresuró a abandonar la sala.
—Creí que habías acabado con él.
—Así es —contestó Naruto—. Y él incluso lo sabe. No sé qué es lo que teme ahora.
Hinata puso los ojos en blanco, siguió a Sasuke y lo detuvo ante la puerta principal. No quería que urdiera un plan para tomar represalias si de verdad creía que Naruto aún quería vengarse. Creía que la noche anterior le había dejado claro a su primo hermano que no era así, pero a lo mejor merecía la pena repetírselo.
—Él bromeaba, ¿sabes? Ya no habrá más duelos de ninguna clase.
—¿Excepto contra Kiba?
—Piensas advertirle de ello, ¿verdad?
—¿Acaso no habría de hacerlo? ¿No es eso lo que haría un amigo?
Casi parecía angustiado al hacerle esa pregunta, así que ella fue cuidadosa al contestarle.
—Sí, por supuesto, si realmente es un amigo. Pero ¿lo has vuelto a ver desde que le hiciste ese favor y él se largó para asegurarse de conquistar a la heredera, hace dos años? Te abandonó y dejó que tú cargaras con las consecuencias. ¿Sabía que estabas aceptando librar duelos en su nombre?
—Sí, sí a ambas cosas.
Ella no esperaba que sus sospechas se vieran confirmadas.
—¿E incluso entonces él no dio un paso adelante para arreglar ese asunto?
—Ya era demasiado tarde, y él se casará esta semana. Tú obtuviste tu matrimonio feliz, Hinata, él debe obtener el suyo. Eres feliz con el zorro, ¿no?
—Sí, por primera vez en mi vida soy realmente feliz. Pero tu amigo si es que realmente es tu amigo, no merece serlo después de todo lo que ha hecho. Y tampoco se casa con esa pobre muchacha por los motivos correctos, ¿verdad? Lo hace solo para obtener más dinero para seguir con su adicción al juego.
—No: para evitar que lo deshereden. Puedo imaginarme cuánto lo aterra la idea. Y yo mismo experimenté dicho terror el año pasado.
—Entonces adviértelo, si no queda más remedio; pero Naruto ha jurado que no intentará matarlo. Ino no quiere eso. Sin embargo, estoy bastante segura de que lo desheredarán de todos modos una vez que Naruto visite al padre de Kiba, y también a los padres de la muchacha, y que lo hará antes de la boda. Así que en cualquier caso Kiba Inuzuka no se hará con la heredera. Es hora de retirarse, Sasuke, antes de que te veas envuelto en la ira de un duque.
—No hacer nada me parece una traición.
Ella se sorprendió lo bastante como para comentar:
—Nunca creí que diría esto, pero estás demostrando ser un amigo valioso, Sasuke. —Hubiese añadido «de un modo cruel e insensible», pues las personas sufrían debido a su definición de la amistad, pero ese era el día de su boda, así que no era necesario ser tan franca—. Encontrarás nuevos amigos merecedores de serlo. Podríamos haber sido amigos como lo son ellos, ¿sabes? —dijo, indicando a Naruto y a su hermana con la cabeza—. Lamento que eso nunca ocurriera entre nosotros.
Cuando vio que él pegaba un respingo se dio cuenta de que quizá no debería haber dicho eso, pero entonces Sasuke comentó:
—Los celos son una cosa monstruosa cuando eres demasiado joven para saber qué son.
Hinata vio que su tía se reunía con Naruto e Ino. Todos estaban tan dichosos ese día... excepto Sasuke, y quizá Fugaku. Mientras que Hinata por fin tenía la relación que siempre había deseado con su tía y por fin tenía la familia que siempre quiso tener gracias a los Uzumaki. Las palabras de Sasuke no dejaron de recordarle que durante demasiados años ella no había tenido ninguna de ambas cosas. Debido a los celos infantiles de este, a su egoísmo, a su arrogancia... Hinata se obligó a detener esos pensamientos.
Sabía que él estaba a punto de pedirle disculpas por ello, pero como todavía no estaba preparada para escucharlas, tan solo asintió con la cabeza y se alejó antes de que él pronunciara las palabras que la harían llorar o gruñir, o... Hinata no sabía qué sucedería. Tal vez algún día permitiría que ambos lo averiguaran.
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-Fin-
