Mimi

Está sentada en la banca de un parque. Va a oscurecer. El aire se siente un poco frío contra su piel. No lleva nada que le pueda servir de abrigo. Se cruza de brazos y trata de darse un poco de calor con la fricción de sus manos. Lleva apenas unos minutos esperando cuando él llega. Se sienta a su lado, pero no dice nada. Ella tampoco. Es que no sabe qué decir. Se quedan en silencio por varios minutos. Ella le mira insistente por el rabillo del ojo. El costado de su rostro es sumamente atractivo. El perfil de su nariz, de sus labios, su cabello rubio un tanto alborotado. Él la mira entonces, voltea todo el rostro en su dirección y ella se queda sin aliento porque siente que esos maravillosos ojos azules le atraviesan.

-Lo lamento -dice él. Y ella por un momento teme que se vaya. Y no dice nada. -Anoche estaba un poco ebrio -él sigue hablando, y ella casi suspira de alivio.

Ella asiente, mirando hacia sus rodillas. Ella no lamenta lo de anoche. De hecho, espera que se repita pronto.

Es que anoche él le había besado. Ella había ido a verle tocar con su banda, y luego él le la había invitado a una fiesta en un sitio de moda. El recuerdo es reciente, por lo que traerlo a su mente le resulta una experiencia fascinante. Recuerda todos los detalles. Él se acercó a ella, le rodeó la cintura con las manos y la apretó contra sí, y ella, temblorosa como una hoja sacudida por el viento, le vio inclinarse hacia su rostro y aceptó con demasiadas ansias, con demasiado gusto, ese beso. Ahora mismo, perdida en ese recuerdo, se le encienden las mejillas y siente un placentero cosquilleo en la parte baja de su vientre. No se da ni cuenta que está temblando hasta que siente que algo le cubre desde los hombros hasta la espalda. Yamato se quitó la chaqueta de denim que llevaba y se la puso.

Ella se estremece toda al sentir ese olor a sándalo que despide la prenda de él.

-Estás temblando -dice él con preocupación. -¿Te sientes mal?

Ella niega con la cabeza.

-Estoy bien -la verdad es que se siente de maravilla.

-¿Quieres que te acompañe a tu casa?

Ella asiente. Él se levanta primero y extiende su mano para ayudarla, y ella acepta, conteniéndose para no estallar en sonrisas.

Mientras caminan, ella se apoya en él, sosteniéndose de su brazo. Caminan en silencio, y ella se embriaga con la sensación de estar cerca de él y con el aroma que desprende su chaqueta. Llegan al edificio donde se está quedando, y se pregunta si acaso él sabe que aquí no es donde ella vive realmente. Se miran. Él la mira y es tan intenso que ella siente que se derrite. Él no está ebrio esta vez, y la besa de todas formas. Es un contacto corto, pero arrebatador. Cuando él se separa de ella, ella definitivamente quiere continuar. Pero él la suelta y se aleja, sin mirarla, porque está avergonzado, y ella lo sabe.

Se despiden sin decirse nada, con un gesto. Y ella sabe que volverán a verse. Se mete dentro del edificio, ignorando al conserje, y dentro del elevador, ya comienza a soñar con los besos que ha recibido.

Al cerrar la puerta de la habitación, se deja caer sobre la cama con una sonrisa plasmada en el rostro, y se envuelve más en la chaqueta, aspirando el embriagador aroma de Takeru.