Aunque el reloj de fuego estuviese apagado, por alguna razón dentro de mí, sentía que el cronómetro se quedaba sin tiempo.

_ ¿Por qué he llegado a este punto?

No sé si la armadura de Atenea sea capaz de protegerme, no sé si mis habilidades sean suficientes para rendir combate, no sé si sea el fin de la vida humana que comparto en esta era. Pero aun así, debo intentarlo, debo luchar.

_ ¿Señorita Saori? – aquella voz me sorprendió.

_ ¿Tú qué haces aquí?


_ ¡OTRA DIMENSIÓN!

Talon se lanzó hacia el vórtice de Kanon, pero al estar suficientemente cerca clavó el Tekko en en suelo, para después dar un giro horizontal pateando al caballero de géminis.

_ ¡Ah!

Cerción corrió directamente hacia el joven de cabellera negra (Kanon).

_ ¡KANABOJUTSU!

En ese momento fue capaz de ver el corte que éste tenía en el cuello.

_ ¡EXPLOSIÓN GALÁCTICA!

Entonces la armadura del joven de piel oscura se hizo pedazos, y este resultó herido.

_ ¡Así que ésta es la fuerza del poder de géminis!

Aquella defensa hecha por Hefesto volvió a regenerarse.

_ Veo que son bien eficientes sus habilidades de reparación. Pero no pienso seguir luchando contigo, Cerción.

_ ¡¿Me estás discriminando?! – gritó frenético.

_ ¡Cerción, cálmate, no te dejes llevar por sus palabras!

_ El Dios Hefesto habrá sido muy agradable contigo, pero sigues siendo un acomplejado.

_ ¿¡Qué dijiste!?

_ Aun así… - respiró Kanon calmado. – No te queda mucho tiempo de vida, compañero, la herida hecha por Judá te causará una hemorragia interna y finalmente morirás.

_ ¿Herida? – rio. - ¿Hablas de esta raspadita?

_ Subestimaste a la armada de plata. La herida es pequeña, es verdad, pero es terriblemente profunda. Por tu historia, me imagino que debes hacer algo antes de caer en lo profundo del hades.

_ ¡Tonterías! ¡PÚAS!

_ ¡Espera Cerción!

_ ¡OTRA DIMENSIÓN!

Direccionó las púas lanzadas por el herrero del fuego hacia ellos mismos. Con mucha velocidad Talon logró empujar todas gracias a sus tekko, pero Cerción fue herido por su propio ataque.

_ No funciona dos veces la misma técnica contra un caballero, deberías saberlo…

_ ¡Cerción…! – lo cargó Talon.

_ ¡Ugh, maldito Kanon! – dijo lastimado.

_ "¿Qué es esto que veo en ellos?, ¿qué los hace diferentes a mis otros enemigos?"

_ ¡Debes despedirte de tu familia, Cerción, no mueras!

_ "Es verdad, ellos son mucho más humanos; sienten, se equivocan, pero aun así están luchando con todo el poder de sus corazones. Son admirables…"

_ Por favor… dile al Dios Hefesto que lo lamento… no pude cumplir la promesa que le hice mucho tiempo atrás.

_ ¡No digas eso, vamos a verlo ahora!

_ Adiós, amigo.

_ ¡Idiota no te mueras! – algunas lágrimas cayeron del herrero faltante. - No sabía que las guerras eran tan dolorosas… yo… prefería trabajar solo y no encariñarme con todas estas personas.

_ Yo trabajé solo mucho tiempo y mis deseos egoístas y mi envidioso corazón me llevaron a ser una persona malvada. Fui castigado para aprender la lección, pero terminé repudiando más y queriendo vengarme. Muchas personas murieron por mi culpa, pero aun así, estar al lado de esta gente…

Se volteó y cerró los ojos, se sentía la determinación en sus palabras.

_ Ver la fortaleza de sus corazones, su voluntad y la fe que sentían, realmente entibiaron mi cruel corazón y me hicieron ver la piedad y la lealtad. Por eso, así fallezcamos, nunca podría arrepentirme de luchar a su lado.

_ Me sentí solo tanto tiempo…

*flashback*

Aunque hubo alguna vez una mujer que pudo llegar a mí. La amaba muchísimo, era una luz en este despreciable mundo. Pero un día…

-Un grito femenino desgarrador-

Fue asesinada por un violador, no pudo defenderse, no pude defenderla…

_ No pude hacer nada por ti…

Me convertí en un resentido social con un pensamiento radical. Gracias a mis grandes habilidades en la batalla y agilidad, decidí que haría algo por el mundo, ya que la justicia nunca se dio para ella. Investigué por todos los medios, como un loco, hasta hallar el culpable.

Era su jefe quien la acosaba, ella nunca correspondió sus pervertidos pensamientos, por eso fue víctima de sus deseos impuros.

_ Aunque él tuviese una familia, hizo lo que hizo… - se veía a un Talon desquiciado.

Lo asesiné, sin piedad, dejé a su familia vivir. Pero aun así no pudo llenar el vacío que ella había dejado. Entonces, seguí matando a personas malas, solo. Trepaba edificios y era un gran peleador, por lo que nadie podía vencerme. No me hacía mejor que ese hombre, yo era un asesino a sangre fría.

Una noche caminando, escuché el grito de una mujer. Pensé en ella inmediatamente y corrí al socorro. Era un callejón oscuro y la extraña estaba un poco tomada, seres despreciables trataban de forzarla. Saqué las tekkos (las armas que usaba en eso entonces porque pasaban desapercibidas) y maté uno a golpes.

_ ¡Atácame y le vuelo el cerebro! – dijo uno que apuntaba la cabeza de ella con una pistola.

_ Necesitas armas de fuego porque realmente eres incapaz de servir sin ellas.

_ ¡Ahora vas a ver! – tiró una bala hacia mí.

Probablemente estaba perdido y esa era mi hora, es lo que pensé. Pero después de un segundo abrí los ojos. Un hombre de cabellera castaño oscura y tez morena estaba delante con su escudo.

_ "¿Un escudo?" – pensé.

Era muy extraño ver una defensa así.

_ ¡Llegué justo a tiempo, ¿no es así?! – sonrió.

_ "¿Cómo puede sonreír en esta situación?"

_ ¡¿Quién eres tú?!

_ Tu peor pesadilla, aunque creo que un inculto como tú no sabe de historia mitológica…

_ "¿Mitología?"

_ Veo que usas las tekko, me sorprende ver a alguien con ellas. – me dijo el hombre.

Una energía se formó en sus manos, creando la misma arma que yo llevaba. De la impresión caí al suelo. ¿Ese era un alienígena? ¿Cómo podía hacer eso?

_ ¡Trata de matarme con tu asquerosa arma de fuego! – gritó el extraño.

_ ¡Vas a ver!

Muchas balas fueron soltadas, pero la velocidad del hombre era indetectable. A cada disparo, un golpe le daba.

La joven corrió asustada, escapando de aquel peligro. Pero yo no era capaz de moverme, estaba cautivado por ese ser que me había defendido.

_ ¡Listo! No vas a volver a amenazar mujeres, ¿verdad?

_ ¡No lo haré, se lo juro!

Pero ahí decidí pararme, caminé enfrente al hombre y lo maté con la Tekko en el cuello.

_ Estas personas no cambian, nunca cambian.

_ No te juzgo por matarlo, pero realmente quería ver si lo hacías. ¿No me tienes temor?

_ Sin duda no eres humano y te agradezco por lo que has hecho, no me importa lo que me pase.

_ Un solitario. ¿No estás interesado en venir con nosotros?

Detrás de él había varias personas, concentradas mirándome. Parecían muy unidos, como una familia. Entonces sentí envidia, deseos de volver a reencontrarme con el mundo.

_ Trabajo solo.

_ ¿No quieres hacer justicia de verdad? ¿Qué es matar a unos seres inmundos con lo que puedes llegar a cambiar?

_ ¿Cambiar?

_ Aunque quisiera acabar con todo el mal, es imposible. Pero por eso, quiero dejar algo de mí en personas como tú. Quiero que usen poder para el bien siempre.

Los miré, pareciese que habían sido adoptados, pero… aquella devoción que se notaba. Aquella pureza en su palabra, me hizo pensar que quizá no estaba bien estar solo, que quizá podría sentirme…

En casa nuevamente.

*fin flashback*


La larga corrida de los herreros restantes llegaba a la onceava casa, la de Acuario. Donde el cuidador era Hyoga. La impaciencia y desesperación se notaba en sus rostros.

_ ¡Debemos llegar rápido, Atenea corre peligro!

_ ¡No puede pasarle nada!

_ ¡Alto ahí! – se oyó una voz. – Han llegado hasta aquí, debo admitir que estoy impresionado.

_ ¿Impresionado?, ¿no pasó alguien antes que nosotros?

_ ¿Creen que yo dejaría a alguien pasar?

_ Como es posible… - susurró Helén. - ¡Caballero de Acuario, ¿no viste algo extraño?!

_ ¿Algo extraño? – pensó Hyoga.

*flashback*

El caballero dorado estaba apoyado contra la columna de su casa. A lo que escuchó un ruido.

_ ¿Un pájaro?

El ave voló adentro de su lugar de protección. El rubio acumuló un poco de poder en su mano y apuntó hacia ella…

_ ¿Qué pretendo hacer? Matar a un ave… siendo mi constelación un ave… Solo voló por el lado equivocado.

*fin flashback*

_ Un buitre pasó por aquí, se supone que es una mala señal, pero por haber nacido en ese cuerpo no debo lastimarlo.

_ ¡Idiota, eso no era buitre! – contestó amargo Paris.

_ ¡Déjanos pasar, vayamos a ayudar a Atenea!

_ ¿¡Cómo sé que no intentan engañarme!? – desafió Hyoga.

_ ¡Tu Diosa corre peligro!

_ ¡No puedo creerles, han de pelear conmigo!

_ ¡Maldita sea…! – dijo Promet. - ¡Vayan, Helén, Paris, yo lucharé!

_ ¡Sí!

_ ¡Esperen un segundo!

_ ¡Congelado! – tiró una flecha Paris, mientras saltaba.

_ ¿¡Crees que me vas a congelar a mí!? – el frío que agarró la pierna de Hyoga se desvaneció inmediatamente. – No me hagas reír.

_ ¡Mira para acá, cisne! – apuntó el joven de cabellera castaña cobrizo y de cejas negras. - ¡Mi hacha es tu enemiga ahora!


_ ¡Toda la vida me levantaré, por más dura que sea la batalla, Dios Hefesto! ¡No importa que el mismo Zeus me amenace, moriré mirando al frente!

_ "¿Qué es esta sensación?"

El Herrero se movió a la velocidad de la luz para darle un martillazo al castaño pero éste bloqueó el golpe con el arco de sagitario. El dorado lo empujó y trató de cortarlo con la misma arma; sin embargo, en su antebrazo Hefesto creó un escudo para defenderse. En sus manos nació fuego, causando que Seiya retrocediera.

_ "Mi corazón duele... duele demasiado..." – pensaba el Dios. – "¿Por qué siento que no me queda nada?"

Agarró su rostro apenado mientras toda la casa de sagitario empezó a rodearse de fuego. Incluso no se distinguió al castaño por el calor.

El sonido de un caballo, Pegaso, y las alas de la armadura divina podían observarse entre las sombras; se movieron como un ave normal y esparcieron el humo.

_ Seiya...

_ De todas mis batallas, nunca había sentido tanta tristeza en luchar. Somos víctimas de los Dioses, de sus lujurias y discordias.

_ ¡No puedo perdonarte la vida!

Ambos, en el fondo de su corazón estaban destruidos. El Dios derramó lágrimas mientras que el joven castaño se conmovió de igual manera.

_ ¡AHHHHH! – se lanzó Hefesto a combatir, formando una espada en su mano.

Seiya le disparó una flecha pero fácilmente el Dios la empujó. Entonces agarró la espada de la armadura de libra que le había sido dejada.

Con mucha agilidad ambos guerreros se desenvolvían, sólo oyéndose en el ambiente el fuego quemarlo todo y el roce del oro en el que ambas armas estaban formadas.


_ ¡Hugo, baja a las otras casas, necesitaremos que cures a nuestros refuerzos!

_ ¡Pero yo... si los dejo ahora...!

_ ¡Que te vayas! – impuso Héctor.

El caballero de plata miró a sus compañeros, sabiendo que quizá sea la última vez que los viese con vida. Derramó unas lágrimas de frustración mientras corría rumbo abajo.

_ El tiempo se te acaba, Aquiles. – apuntó Zephyr al herrero.

_ Héctor de la armadura de Hércules, tus bellos ojos verdes y tu cabello castaño me hacen acordar terriblemente a mi compañero.

_ No sé de qué hablas.

_ No hay duda de que eres tú quien lo hizo sufrir tanto, quien lo abandonó, a su propio hermano...

Helén y Paris corrían apresurados a la casa de Piscis, para poder detener aquel perjuicio que su compañero causaría.