Epílogo
"No importa cuánto tiempo pase, porfavor esperame. " esas palabras resonaban fuertemente en su cabeza una vez más.
KiBum llevaba casi quince años repitiendose la misma frase, intentando convencerse que aún existía esperanza.
Las mismas letras, los mismos sentimientos y las mismas ganas de volver a verlo. Él quería autoayudarse para no caer en el delirio. Por más que JongHyun siguiera congelado sin posibilidad de volver a la vida, KiBum quería mantener su amor firme.
No importaba si tuviera que esperar diez años más, su corazón seguiría latiendo por una sola persona; su amado y valioso esposo.
-Omma... -
El pelinegro limpió sus lágrimas rápidamente. Odiaba que su hija lo viera llorar, él era fuerte y no quería que ella pensara lo contrario.
Se apartó de la ventana, sonriendo para su ahora adolescente Soyou. Quién ese mismo día cumplía los 15 años.
-¿Qué sucede cariño? - preguntó tomando la mano ajena.
-Quiero pedirte algo. - respondió ella sonriendo débilmente.
-Te escucho. -
-Quiero ver a mi appa... -
La piel de KiBum se erizo. El deseo de Soyou era algo difícil de procesar. Él no estaba preparado para volver a ver esa figura de hielo frente a sus ojos.
La última vez que lo había hecho era cinco años atrás, esperanzado en encontrar a su esposo dispuesto a abrazarlo. Pero como eso no sucedió, se prometió a sí mismo no volver a torturarse.
Entonces vino su hija a cambiar sus planes. A poner de cabeza su mundo nuevamente.
Ella era una chiquilla, sin siquiera un recuerdo de su padre, era lógico que le pediría algo así. Después de todo Soyou solo quería conocer el rostro de JongHyun.
-Aunque sea una vez... por favor. - suplicó casi arrodillandose - Prometiste qué cuando cumpliera los 15 conocería a mi appa... -
-Lo sé. Y... sé que estuviste esperando durante todos éstos años. -
-Y...¿Eso es un...? -
KiBum suspiró, rindiendose ante la familiar mirada de cachorro que le dedicaba Soyou. Tal vez era el momento de enfrentar la realidad, por más dura que fuera.
-Es un sí. - sonrió al notar los delgados brazos de hija rodeando su cintura. Acaricio su cabellera larga, y dejando un suave beso sobre su frente.
Los nervios se apoderaban de su cuerpo, sintiendo una corriente electrica subir por su columna.
Después de mucho tiempo se hallaba frente a la gran puerta de madera.
Cogió fuertemente la manó de Soyou, y avanzó unos pasos entrando a ese enorme salón dónde se encontraba el cuerpo congelado de su esposo.
Miró hacia en frente, sintiendo como su cuerpo se tensaba al observar como su hija estaba de pie frente al gran trozo de hielo. Era la primera vez que veía a su padre y la felicidad que reflejaban sus ojos era infinita.
-¿Por qué lo hizo? - preguntó ella tocando la barrera que le impedía sentir a su padre. -¿Por qué nos dejó? -
-Soyou por favor... -
-Dijiste que volvería. Dijiste que mi appa estaría cuando cumpliera los 15. ¡LO PROMETISTE! -
Los ojos de KiBum se llenaron de lágrimas. Reflejando su dolor y decepción al notar que la expresión de JongHyun era la misma.
Ahora él estaba sintiendose culpable por no poder darle a su hija lo que tanto quería.
Todos esos años había sufrido en silencio para poder criarla correctamente, sin que tuviera una infancia triste y falta de amor. Sin embargo, por mucho que lo intentara, a Soyou le faltaba el afecto de su otro padre.
Ese mismo que odiaba la idea de que algún extraño la abrazara. El que moría porque su hija creciera y le dijera que lo amaba y que estaba orgulloso de él. Todas esas cosas que lo habían vuelto un celoso psicópata.
JongHyun no estaba para verla crecer. Y las fuerzas de KiBum se agotaban cada vez más.
-Hija yo... - miró al suelo. - perdoname...-
Y sin decir más salió corriendo del gran salón. El estar allí no le hacía nada bien.
La bella joven de quince años se mantuvo frente al cuerpo de su padre. Observando con curiosidad cada fracción en su rostro y cuerpo.
Él no era muy alto, pero definitivamente era tan guapo como lo había descrito su omma.
Ahora entendía por qué cada vez que hablaban de él, los ojos de KiBum se iluminaban.
-¿Volveras verdad? - susurró contra el cristal. - Dime cuánto tiempo más tengo que esperar para poder abrazarte...
Sin querer, sus saladas lágrimas caían sobre el gran hielo que envolvía a aunque progenitor. Esas mismas lágrimas que poco a poco acababan con la barrera que le impedía sentirlo.
No supo cómo, pero sin haberse dado cuenta ya no abrazaba un cuerpo congelado, ahora abrazaba un cuerpo caliente, vivo y con muchas ganas de levantarse.
Soyou se separó bruscamente, asustada y sorprendida a la vez. Era imposible tenía en frente.
JongHyun abrió los ojos de golpe, ladeando la cabeza para observar mejor a la hermosa chica que segundos antes lo había estado abrazando.
-Tú...tú... eres... ¡TÚ ERES MI APPA! -
El rubio sonrió ampliamente, sentandose sobre sus piernas y dejando escapar un helado aliento.
-Soyou... mi pequeña... he vuelto. -
No supo cómo llegó a ese lugar, ni para qué lo hizo. Tal vez era masoquista y quería seguir hundiendose en sus propios recuerdos.
KiBum se encontraba sentado en la misma roca negra testigo de su primer encuentro con JongHyun. La misma que había presenciado el incio de su amor y que ahora servía de soporte para sus lágrimas.
No era justo. Después de tantos años esa sucia cabaña seguía trayendole memorias. No solo era injusto, sino también era cruel.
-¿Debería olvidarte JongHyun? - sollozo. - ¿Debería perder las esperanzas? -
Cubrió su rostro con las manos, dejandose caer sobre el césped a medio crecer.
Ya no podía seguir, no quería hacerlo si cada detalle de lo que lo rodeaba le recordaba a JongHyun.
-Quisiera olvidar cada maldita palabra que susurraste ...pero soy débil y no puedo... - arrugo su propia capa entre sus manos. - Tu voz sigue retumbando en mi cabeza. Tu voz me sigue estremeciendo como esa noche. - golpeó la roca frente a él. - Si no hubieras preguntado... si de tu boca no hubieran salido esas palabras... si no hubieras dado vuelta preguntandome "¿Cuál... -
-...es tu nombre precioso? -
KiBum levantó la mirada, dejando que su corazón volviera a latir con fuerza cuando a pocos centímetros una inconfundible figura suavemente morena lo esperaba.
Parpadeo muchos veces, sin querer creer lo que parecía irreal. Caminó hacia él, tomó sus manos, sus brazos, su rostro...
Era él, era JongHyun. Su esposo y ahora su amor inmortal.
Lo abrazó fuertemente, temiendo que en cualquier momento pudiera desaparecer. Pero el destino no podía ser tan cruel, así que esa idea desapareció al sentir unos rey robustos brazos rodear su cintura.
-Lo cumpliste... - murmuró aferrandose al cuerpo contrario. - Prometiste que volverías y ahora estás aquí...
-He vuelto para jamás dejarte solo. He vuelto para asegurarme que esos latidos siguen siendo por mi causa. -
-Siempre serás el causante de mis palpitaciones. - se separó mirandolo fijamente - Te amo JongHyun, y lo haré hasta qué la sangre deje de correr por mis venas. -
-Ahora tú eres el cursi - JongHyun sonrió de lado - Pero ¿sabes algo? yo siempre seré el más empalagoso de todos los cursis. -
-Te extrañe demasiado. -
-Y yo a ti mi goyang -i...-
Luego de casi 15 años, esos labios se volvían a juntar para jamás separarse.
Por más que el tiempo haya sido largo, eran las mismas caricias mutuas, las mismas mariposas, y los mismos deseos de permanecer juntos.
Ya no sólo eran Kim JongHyun y So KeyBum, ahora eran LA VERDADERA FAMILIA REAL.
-Soyou está muy hermosa. - habló JongHyun mientras acariciaba la cintura de su esposo.
-Te lo dije. -
-Nuestra bebé es perfecta. -
-Ya no es una bebé Jjong... - KiBum tomó la barbilla del moreno - Ahora es una señorita enamorada. -
La expresión de JongHyun se endureció, tomando demasiado en serio las palabras del contrario.
-¿Cómo? -
-Mmm pues... Soyou ya tiene pretendiente. -
El contacto de ambos cuerpos se rompió. Debido a la clara molestia de JongHyun.
-¿A quién debo matar? - habló claro despertando la risa de KiBum. -No le veo la gracia. -
-Jamás dejarás de ser un celoso ¿verdad? -
-No, y ya te lo repito... Soyou entrará a un convento. -
-Sí claro. - rió KiBum tomando el cuello de la camiseta contraria.
-Ahora iremos a...- sus palabras fueron dulcemente silenciadas por los labios de su esposo. - ¿KiBum? -
-¿Sigues teniendo esos abdominales duritos que tanto me gustan? -
El moreno temblo al sentir las cálidas manos de su esposo por debajo de la camiseta. Distrayendolo completamente de sus pensamientos anteriores, y llenandolo de un calor ya conocido.
-¿Quieres averiguarlo KiBummie? -
Una vez más, se perdieron en un pequeño mundo lleno de amor y pasión.
Disfrutando de su compañía eterna, haciendo crecer su descencia, y siendo testigos de los secretos que se esconden detrás de la magia.
