Los personajes de Kingdom Hearts y Fire Emblem: Three Houses no me pertenecen, sus dueños son Disney, Square Enix y Nintendo.
CAPITULO 26 – LAGRIMAS
ADVERTENCIA: MUERTE DE PERSONAJE
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AULA DE LAS ÀGUILAS NEGRAS – SUEÑO DE SORA
Sora asistía como todos los días a su aula para tomar clases junto a sus compañeros, pero notó que ellos aún no llegaban y que los escritorios estaban vacíos, solo había una persona ocupando el suyo.
— Hola, Sora. —lo saludó Edelgard usando el tono coqueto.
— Ho-Hola Edelgard. —respondió el portador de la llave espada extrañado por su actitud. — ¿Dónde están todos?
— No te preocupes por eso, Sora. —comentó Beres seduciéndolo con su mirada. — Aprenderemos muy bien juntos.
Se escucharon unos pasos a sus espaldas y al darse la vuelta, Sora se sorprendió por la presencia de Dorothea, Ingrid, Annette, Mercedes, Lysithea y Flayn, pero eso no fue todo, también notó otras chicas más que no esperaba volver a ver.
— ¡Elsa! ¡Anna! ¡Aqua! ¡Kairi! — expresó el pelicafé sorprendido. — ¿Qué están haciendo aquí?
— Pues estas amigas tuyas nos invitaron a formar parte de tu clase, ¿formando tu propio ejército, eh? —respondió una chica de cabellos rojos.
— Sora. Se nota que has aprendido mucho. — dijo la mujer de cabellos rubios plateados recogidos en forma de una cola al igual que Mercedes.
— Ba-bastante… —tartamudeaba el chico empezando a ponerse nervioso e incómodo.
— Vamos Sora, no seas tímido, cuando conociste a las princesas en distintos mundos, no te ponías así, ¿verdad? —dijo Aqua abrazando a Sora como forma de coqueteo.
Esto se volvía muy extraño, era como si él hubiera entrado a un colegio para mujeres siendo el único hombre de la clase, aunque no era malo como parecía.
Sora se sentó en el escritorio estando en medio de las chicas que la miraban con amor si es que se le podría llamar.
— Anna, ¿Qué tú y Kristoff no estaban juntos? —preguntó.
— ¡Bah! Él se juntó con otra mujer y se fue a hacer sus 'cosas'. —respondió la chica reflejando molestia hacia ese chico. — Pero el punto es, que te has vuelto casi todo un hombre.
— Ya veo… no puedo creer que ese tipo te haya dejado. —opinaba Sora indignado por la acción de ese hombre.
En ese momento, Beres se les acercó caminando con las piernas juntas mostrando semblante seductor hacia el chico.
— Chicas… —Sora intentaba protestar cuando Aqua lo besó en los labios.
Sora abrió los ojos de sorpresa al sentir los labios de la peliazul, ese era su tercer beso contando las ocasiones en las que él y Beres se besaban.
— Aqua, ¿Por qué…? —le intentaba preguntar el chico cuando la mujer le puso un dedo en los labios.
— Este bien, Sora. Desde que me rescataste de la oscuridad, no había encontrado la forma de agradecerte por lo que has hecho por nosotros. —le explicó la peliazul sonriendo.
— Y te mereces una gran recompensa. —secundó Kairi besándolo en la mejilla.
Las demás se apuntaban para darle la 'gran' recompensa, Sora no se movía ni un solo milímetro mientras esperaban a que se lo 'comieran' y…
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DE VUELTA A LA REALIDAD – CUARTO DE SORA
Sora dormía plácidamente dejando caer algunas babas hasta que la alarma de su gumífono lo despertó de golpe y se cayó de la cama.
— ¡Ouch! — masculló Sora quejándose del golpe que se dio por la caída.
En eso agarró su celular y miró la hora que era con ojos super abiertos.
— ¡Oh no! ¡Se me está haciendo tarde! —farfulló Sora alterado al ver la hora que era, tenía que darse prisa para alistarse e ir a la academia.
Por haber soñado con las chicas haciéndole 'eso' se habría despertado muy tarde de no haber sido por el sonido de la alarma, Sora se vistió con el alma que lo llevaba el diablo, y por si fuera poco, no tuvo tiempo para tomarse una ducha, pero si ir bien perfumado y ponerse desodorante en las axilas.
Cuando se arregló, se dirigió a su salón de clases corriendo para evitar llegar tarde y tener faltas, aunque no evitaba pensar en ese sueño que tuvo con las chicas, eso lo sonrojaba pero se sacudió la cabeza para evitar que eso lo distrajera.
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AULA DE LAS AGUILAS NEGRAS
Sora entró corriendo como podía al aula, pero para su sorpresa Beres aún no estaba en su escritorio.
— Hola, ¿he llegado tarde? —preguntó Sora jadeando de tanto correr.
— Por los pelos, Sora, ¿Dónde estabas? —respondió Caspar reclamándole por su tardanza.
— Lo siento, me quedé dormido. — argumentó Sora el motivo. — ¿Dónde está Beres? No está por ningún lado.
— Fue a la sala de audiencia para atender un asunto urgente. —respondió Ingrid al respecto.
— Bueno, eso quiere que no llegué tan tarde, ¿eh? —asumió Sora medio aliviado por el comentario.
— Aunque no cambia el hecho de que te puso una falta. —remató Edelgard haciendo que el pelicafé bajara la cabeza disgustado.
— Pero Linhardt siempre llega bien tarde asi que no te sientas mal. —dijo Ferdinand dándole ánimos.
— Gracias por hacerme sentir mejor, Ferdie… —habló Sora de forma sarcástica.
— ¡Chicos! ¡Debemos irnos! —los llamó Beres tras abrir las puertas de aula urgente.
— ¿Qué pasa, Beres? —preguntó Sora atento al ver el semblante de su maestra.
— Tenemos que ir a investigar una capilla abandonada del monasterio, unas bestias demoniacas aparecieron. —les explicó la peliazul marino. — ¡Prepárense!
Todos asintieron y se dirigieron hacia la dicha capilla.
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AFUERAS DE LA CAPILLA – DE DIA
Las águilas negras se dirigieron a las afueras de la capilla abandonada encontrándose con las dichas bestias demoniacas con el emblema de los Heartless, y no solo eso, también estaban algunos nobodies repartidos por toda la zona.
Fue en ese momento cuando Sora llegó a identificar un tercer emblema en algunas criaturas monstruosas de piel morada.
— Los unversed… ¿Qué hacen esos tipos aquí? —dijo Sora conmocionado por la presencia de las dichas criaturas.
— Eso no importa ahora, yo me dirigiré allí, ustedes protejan a los estudiantes que no pudieron salir. —los comandó Jeralt tomando su iniciativa.
— Si señor. —accedieron los demás en unisono.
— Muchachos, hay que defender a los estudiantes de esas bestias, Sora, Edelgard, Dorothea e Ingrid irán por el lado oeste, el resto iremos por el otro lado. — les indicó Beres la estrategia a seguir para completar la misión. — Recuerden que la prioridad son estos chicos a los que debemos mantener con vida.
— Entendido y anotado, Beres. —dijo Sora listo para la acción.
Fue así como todas las unidades se desplegaron por toda la zona para combatir a las bestias demoniacas y a los demás monstruos que intentaban hacerles daño a los alumnos.
Sora se transformó en su forma Límite para darle varios espadazos a algunos unversed por medio de la técnica Ars Arcanum mientras las chicas se encargaban los demás monstruos.
Al momento de enfrentarse a la bestia demoniaca, Edelgard ideó un plan.
— Tenemos que aplicarle un ataque rápido a ese monstruo, Sora, ¿Recuerdas la forma que embestiste al ladrón en las montañas? —comentó la emperatriz además de preguntarle su se acordaba de la técnica.
— Si. —Afirmó el mencionado.
— Entonces tú e Ingrid correrán hacia el tipo y lo embisten a tal grado de dejarlo paralizado por un tiempo mientras Dorothea y yo nos encargamos el resto. —le indicó Edelgard las acciones a tomar.
— De acuerdo, vamos Sora. —accedió la rubia entendiendo las instrucciones.
Ya con la táctica coordinada, Ingrid se dirigió en caballo hacia la criatura junto con el pelicafé para realizar la dicha acción.
— A mi señal embistes a ese monstruo, ¿estas listo? —le indicaba la futura mujer caballero.
— ¡Si!
— ¡Bien, cuando lo ataque con la lanza y diga ahora!
Sora asintió y esperó el momento adecuado en lo que Ingrid se dirigía hacia esa bestia, justo en ese momento, la chica lo atacó con todas sus fuerzas enterrándole la lanza y sacándola con brutalidad.
— ¡Ahora! —exclamó la rubia dándole luz verde.
— ¡Aquí voy! — secundó el pelicafé llegando a sacar la jugada.
Sora golpeó varias veces a la bestia de manera veloz con el Sonic Blade y con un golpe final lo mandó por los aires y la bestia cayó al suelo.
Dorothea y Edelgard hicieron lo propio usando sus respectivas técnicas que llegaron a acabar con ese monstruo.
— ¡Gracias, chicos! ¡Se los agradezco mucho! —expresó una estudiante aliviada.
— No es nada, ve a un lugar seguro. —dijo Sora devolviéndole el gesto, pidiéndole que dejara el lugar.
— Bien, ahora nos encargaremos del otro. —indicó Edelgard mirando a la otra bestia demoniaca, algunos heartless, nobodies y unversed.
Por el otro lado, Beres y su grupo combatían contra una bestia oscura acompañado de algunos heartless y nobodies.
— ¡Rayos! ¡Son muchos! — espetó Caspar sorprendido por la suma cantidad de monstruos rodeándolos.
— No se preocupen, los abatiremos enseguida. —sentenció Beres llegando a usar la espada suprema.
Con una tremenda técnica, la profesora vapuleó a todos los monstruos a su paso para el asombro de sus alumnos.
Y asi en ambos francos, todos llegaron a abatir a todos los monstruos del campo protegiendo a los demás estudiantes.
— Bien, hemos derrotado a todos los monstruos. —dijo Beres jadeando junto a los demás.
— Parece que es sí. — afirmó Sora mirando los alrededores.
Por su parte, Jeralt fue a inspeccionar la capilla solo para encontrarse con que no había nada adentro, pero si tenía la sospecha de que esto guardaría relación con lo ocurrido en Remire, o eso es lo que él pensaba.
— ¡Esperen! —se escuchaba la voz de Monica aproximándosele.
— ¿Qué? ¿Otra estudiante? ¿Qué estás haciendo aquí? —preguntó Jeralt extrañado.
Sin embargo, la pelirroja no parecía de todo sincera en lo que caminaba de forma intencionada hacia detrás del rubio.
Fue en ese momento cuando la chica mostró sus verdaderas intenciones, de forma literal y por medio de una daga, apuñaló a Jeralt por la espalda dejándolos shockeados a todos los presentes.
— Viejo estúpido… — articuló Monica sonriendo de manera sadica y malvada. —Asi aprenderás a no meterte en mi camino, pedazo de idiota.
— ¡Padre! —gritó Beres en ese estado.
— ¿Cómo te atreves…?—secundó Sora de igual manera y mostrándose enojado. — ¡¿Cómo te atreves a lastimar al capitán Jeralt?!
Lo que Monica hizo no tenía nombre, nadie se habia dado cuenta de lo que se le pasaba por la cabeza, Edelgard, al ver esto, sentía la impotencia mirando como el capitán comenzaba a morir delante del duo, ya le habia advertido a esa chica que no lastimara no solo a Sora ni a Beres, sino a las personas más cercanas y esta no hizo caso.
Todo parecía perdido cuando el chico se acordó de una cosa.
— El pulso divino… ¡Beres! ¡Usemos el pulso divino! —le pidió Sora que usaran ese poder para revertir el problema lo más rápido posible.
— Es verdad, ¡Qué bueno que me lo dices! —respondió la maestra dispuesta. — ¡Agárrate de mi mano, salvaremos a mi padre!
Ambos utilizaron el poder para volver unos segundos antes de que Monica apuñalara a Jeralt, tenían que se rápidos o sino ocurriría aquello lo que temían.
— ¡Déjalo! — exclamó Sora intentando acercarse a la chica por medio del Sonic Blade, solo para chocar y ser detenido por un chico que era igualito a él pero alto y de pelos oscuros.
Al momento de chocar, el tipo mandó a volar unos metros a Sora y este se estampó contra un árbol.
— ¡Quítate! —rugió Beres intentando golpear al pelinegro con su espada suprema, cosa que este pudo detenerla con suma facilidad.
— No eres la oponente indicada para mí, mujer ridícula. —dijo el pelinegro a secas, intentando provocarla. — Nunca pensé que este chico fuera alguien importante para ti, ¿pero qué vas a hacer? Ese viejo estúpido ya está en sus últimas horas.
— ¡¿Qué haces aquí, Vanitas?! — le reclamó Monica fastidiada por su súbdita aparición.
— La seudo arzobispa me dijo que te trajera de regreso, sí que eres toda una traviesa. —le respondió el pelinegro usando el mismo tono.
— ¡Vanitas! — lo encaró Sora reincorporándose, mirándolo enfadado. — ¿Qué rayos haces aquí?
— Oh, pero si eres ese chico que tenía a Ventus en su corazón. —sonrió el mencionado de forma malvada. — Es increíble que no hayas sacrificado tu existencia a pesar de las advertencias de ese joven Xehanort.
— ¡Mira lo que hiciste! ¡El capitán Jeralt morirá por tu culpa! —le gritó Sora furioso mirando el cuerpo moribundo del hombre.
— No me importa la vida de ese viejo, imbécil… Lo que me importa es hacerte pedazos y quitarte esa luz que habita en tu corazón. —respondió Vanitas mostrando apatía. — Pero hoy no, no por ahora…
— ¡Espera! ¡Vuelve aquí! —exclamaba el pelicafé intentando exigirles que no desparecieran por medio del portal oscuro.
— ¡Papá! —Beres corría para intentar socorrer a su padre. — Resiste.
Entre ambos lo pusieron bocarriba con muchisimo cuidado para no lastimarlo, Jeralt respiraba con suma dificultad y se miraba muy grave como para llevarlo con Manuela, dado a que la herida era demasiado profunda y sufrió una hemorragia interna.
— Perdónenme… —habló Jeralt en tono muy débil. —parece que tengo que abandonarlos…
— ¡Te vas a poner bien! ¡Sora, intenta curarlo, por favor! —le suplicó Beres sintiendo las lágrimas y con la voz temblorosa.
Sora no lo pensó dos veces y utilizó la magia de curación, pero debido a su estado deteriorado, Jeralt no pudo curarse con el hechizo, eso los frustró y les hizo sentir mucha impotencia al no poder hacer nada para salvar a Jeralt.
Fue en ese entonces cuando Sora miró a su maestra, llorando frente a su padre y a su alumno.
— Pensar que la primera vez que te veo llorar. —articuló Jeralt esbozando una sonrisa triste. —Fue por mi culpa. Es triste, pero… también me hace feliz.
— ¡Padre… ya no hables mas por favor! —Beres le imploraba que ya no dijera ni una palabra más, su muerte estaba cerca.
— Sora… acércate… —le pidió el rubio. —Escúchame… Beres es una buena chica… tú y ella poseen una excelente química en combate pero… no solo eso… Tu presencia le cambió la vida… Prométeme… Prométeme que pase lo que pase… la protegerás.
— Tiene mi palabra, capitán. — accedió Sora a su suplica, a partir de ahora, protegería a su profesora sin importar como.
— Gracias, hijos mios… —esas fueron las últimas palabras antes de cerrar los ojos para siempre, había fallecido.
Fue en ese entonces cuando Beres empezó a sollozar golpeando el suelo con sus puños, eso se le vino a la mente a Sora recordando exactamente la misma reacción cuando él perdía a sus amigos en el cementerio de los keyblades, le recordaba mucho sentir la gran impotencia y tristeza al no tener a nadie quien lo ayudara a salir adelante.
— ¡Beres! —Sora intentaba tranquilizarla. — ¡Tranquilízate, por favor!
— ¡Como voy a calmarme si esos desgraciados le arrebataron la vida a mi padre! —replicó la profesora llorando. — Sin él… ¡No valgo nada! ¡SOY UNA TONTA!
— ¡No eres estúpida, Beres! —Sora le levantó la voz haciéndole ver que no era una idiota, también llorando al verla así. — No eres una tonta… a tu padre no le agradaría oírte hablar así… Tu nos has ayudado a aprender varias cosas y avanzar como guerreros que somos, la Beres que conozco jamás se victimizaría de esa forma… Me recordaste a mi cuando yo igual estaba en las mismas cuando todos mis amigos me eran arrebatados de las manos.
— ¿Por qué me dices esto? —preguntó Beres entre sollozos.
— Porque yo también he experimentado perdidas dolorosas, Beres… —declaró Sora haciéndole ver que él también pasó por el mismo problema…
En eso Beres abrazó a Sora conmovida por las profundas palabras que le dictaba.
— ¡Sora…! Lo siento. —dijo la mujer recargándose en el pecho de su alumno.
— Está bien… — lo consoló el chico tranquilizándola. — Encontraremos a esos responsables… pagaran por lo que hicieron. Es una promesa. Ya no llores, ¿sí?
La mirada de Beres se dilataba transformando su rostro en tranquilidad, no sabían cuando enfrentar a Vanitas y a Monica, ni que dia, ni que mes, ni que año, pero una cosa segura, tarde o temprano pagarían por lo que le hicieron a Jeralt. De una manera u otra.
— Vamos… hay que regresar al monasterio e ir los aposentos de tu padre para descubrir a que se refería. —le sugirió Beres reponiéndose.
Sora accedió y así juntos se dirigieron al lugar.
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APOSENTOS DEL CAPITÁN – DE DIA
Sora y Beres se dirigieron al lugar, no sin antes de recibir las condolencias de sus amigos por la pérdida del capitán Jeralt, ambos estaban de luto pero aun así tenían la iniciativa para descubrir a que se refería.
— Asi que vivía tu padre, Beres. —dijo Sothis descubriendo el lugar del difunto capitán.
— Si, aquí trabajaba, solía venir aquí a diario. —dijo Beres melancólica.
— Los aposentos del capitán Jeralt… —murmuró Sora de igual manera.
— ¿Aún siguen llorando? — cuestionó la peliverde, pero al no recibir respuesta de ambos, les dijo lo siguiente. —Si ni volver atrás en el tiempo ha servido para salvar su vida, deben aceptar que ese era su destino.
— Esos bastardos pagarán por esto. —declaró Beres seria, se miraba determinada a acabar con aquellos que le mataron a su padre.
— Si, no podemos permitir que esos malhechores se salgan con la suya. —afirmó Sothis satisfecha con su respuesta. —Por cierto, tu padre quería que buscaras algo aquí, Beres. Debía de referirse a lo que haya tras esa estantería…
— ¿Tras esa estantería? —comentó Sora curioso. — Haber que encontramos.
Tras investigar la estantería encontraron algo que les llamó la atención.
— Es el diario de mi padre… —articuló Beres intrigada mientras abría el dicho objeto para indagar lo que había en algunas hojas.
— Caray, su caligrafía es mucho más agradable que su cara… —recalcó Sothis al ver el tipo de letra que el difunto capitán solía escribir. —Vaya, vaya… lo llevaba escribiendo desde hace mucho tiempo, incluso desde antes de que nacieras.
— Oh… Lean esto… —señaló Sora un texto que le llamó la atención. — "Luna del arco, año 1159"…
Jeralt POV – Luna del arco, año 1159
Dia 20 de la luna del arco. Cielo Nublado.
No puedo creer que esté muerta.
Lady Rhea dice que murió al dar a luz. Pero ¿esa es la verdad?
Además, el bebé por el que sacrificó su vida no emite el más mínimo sonido. Ni lloró al nacer.
Dia 25 de la luna del arco. Llueve.
El bebé no llora ni ríe. Nunca.
Lady Rhea dice que no hay de qué preocuparse, pero un bebe que nunca llora… No es normal.
Hice que un médico examinase al bebe en secreto. Dice que su pulso es normal, pero que no se oye latir su corazón. ¡Su corazón no late!
Dia 2 de la luna del dragón. Soleado
Creo que debo de escapar de aquí con el bebé.
Pero la iglesia nos vigila continuamente…
No sé qué planes tiene Lady Rhea.
Antes la tenía en gran estima, pero ahora me infunde pavor.
Dia 8 de la luna del dragón. Sigue lloviendo.
Aproveché el incendio que se declaró anoche para fingir la muerte del bebé.
Lady Rhea está devastada por la noticia, pero ya no puedo echarme para atrás.
Debo salir de aquí con la criatura…
Sora y las chicas se quedaron conmocionados por lo que veían por los escritos que Jeralt habia puesto en su diario.
— ¡Claro! ¡El bebé del que habla tienes que se tú, Beres! —afirmó Sothis intuyendo lo que implicaba ese relato.
— Asi que es esto de lo que mi padre quería hablarme… —dedujo la mencionada descubriendo su pasado.
— Creo que con esto nos confirma las sospechas que teníamos hacia la iglesia… —asumió Sora viendo que todo lo que estaba escrito apuntaba a esa institución.
— Todavia no es seguro, pero por lo que vimos en el diario, todo eso apunta de que Rhea no es una buena persona. —comentó Beres pensativa. — Un momento… Sora, ¿Recuerdas cuando ella mandó a matar a esos tipos que decían ser inocentes de la masacre en la Magdred?
— Si. —afirmó Sora serio.
— ¿No le has visto algo raro en el rostro? ¿Específicamente sus ojos? —le preguntó su maestra de igual manera.
Fue entonces cuando recordó ese momento, además de sentir la oscuridad pura corriendo por las venas de la arzobispa, llegó a mirar algo más que lo inquietó.
— Sus ojos… Sus ojos se tornaban amarillos… —articuló Sora recordando ese momento.
— ¿Ojos amarillos? Dios… claro… hace unos días mire a escondidas lo que esa mujer hacia esa noche, parecía realizar una clase de culto pero… era macabro… —le informó Beres lo que miraba en esos momentos.
— ¿Macabro? —preguntó Sora intrigado.
— Efectivamente, Rhea realizaba una clase de artes oscuras para sacrificar personas y rendirle culto y cosas asi. Creo que eran esas personas inocentes a los que les hacían eso. —comentó la maestra. —Tuve suerte de no ser atrapada en el acto.
— No puede ser… Primero Rhea quiere algo contigo… ¿Y ahora se pone a matar personas? —dijo Sora indignado por la noticia.
— No hables en voz alta, Sora. —Beres le pedía que guardara discreción. — El monasterio no sabe de ese asunto y no podemos provocar un alboroto.
En cierta manera era prudente no esparcir el rumor y provocar un escándalo en todo el monasterio, y si de lo que Beres dijo era verdad, pues entonces esa acusación que le hacían a Rhea era realmente grave.
— Beres, Sora, aquí están… —apareció Edelgard tras la puerta. — ¿Estaba llorando?
— Si, lo que le hicieron a mi padre es imperdonable. —respondió la maestra afirmándole con la cabeza.
— Asi que eres capaz de llorar. Oh… Disculpa mi falta de tacto. —se disculpaba la emperatriz por esas palabras
— No pasa nada. —Beres respondió haciéndole ver que no se sentía ofendida.
— Seguro que la has tranquilizado, Sora, ¿no es así? —asumió Edelgard al ver a la maestra calmada.
— De alguna forma si… —afirmó el portador de la llave espada sonrojándose ante la pregunta. —Le he prometido al capitán Jeralt que, sin importar lo que pase, protegería a Beres, que la ayudaría a seguir adelante.
— Tienes corazón, Sora. —elogió Edelgard conmovida por sus palabras. —Lo único que puedo hacer es tenderles la mano.
— ¿Tendernos la mano? —preguntó Beres sorprendida por sus palabras.
— Si, la misteriosa organización que llevó a cabo los experimentos de Remire y la capilla… Traman algo cerca de Garreg Mach. —les informó la peliblanca sobre ese suceso. — La 'Arzobispa' les ha pedido a los caballeros que hagan averiguaciones.
— ¿Alguna pista? —Sora le preguntaba por la información.
— Aun no hay mucha información, pero no tardarán en dar con el enemigo. —respondió Edelgard admitiendo no tener pistas al respecto. — Y cuando lo hagan, ¿nos guiaras al campo de batalla, Beres?
— Claro que sí, así haremos pagar a esos tipos que le hicieron daño a mi padre. —declaró Beres determinada. — Cuento con ustedes para dar con esos desgraciados.
— Asi se habla, maestra, ¿vamos? —declaró Edelgard viendo la determinación de su maestra.
— Los abatiremos. — finalizó Sora en lo que se retiraban de los aposentos del difunto capitán.
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MURO EXTERIOR DE LA CIUDAD – Por la tarde.
En la parte más lejos del monasterio, en el muro exterior de la ciudad, Monica y Vanitas estaban reunidos para dios sabe qué.
— ¡Gracias por echarme una mano, Vanitas! —le agradecía la pelirroja.
— No lo hice tanto por salvarte, chiquilla, solo hice esto para enfrentarme a ese odioso que poseía el corazón de Ventus. —le aclaró el pelinegro usando su humor crudo y vil.
— Si murieras… —dijo un hombre palido de cabellos blancos de un mechón rojo oscuro y ojos de aspecto malvado y de armadura negra, haciendo su entrada por medio del portal del mismo color. — el misterio de nuestros cuerpos seria desvelado, tan solo pretendía evitar que eso sucediera. Me temo que Vanitas tendrá que vigilarte, necesito que ustedes dos hagan una cosa.
— ¿Cuál es su orden, Thales? —preguntó el pelinegro a secas.
— Quiero que ambos colaboren con Solon. En todo lo que él les pida. —les pidió Thales que hicieran los mandados de este.
— Que fastidio… — dijo el joven Xehanort mostrándose molesto.
— ¿Sucede algo, Xehanort? —preguntó Thales curioso por la faceta.
— Es ese maldito emperador del fuego… Me atacó por la espalda y tal como Kronya dijo, nos ha traicionado, pero no importa… ya se me ocurrirá algo para hacerla pagar por su traición. —les comentó el peliblanco tramando algo siniestro.
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FLASHBACK – 2 HORAS ANTES | MONTAÑAS DE FÓDLAN
El emperador del fuego estaba caminando por las montañas para contemplar el paisaje y panorama lejos del monasterio pensando en cosas personales cuando vio el portal negro del cual surgió el joven Xehanort.
— Xehanort… —dijo el tipo al verlo aparecer.
— Emperador del fuego… Tengo entendido que has dejado el grupo, ¿Qué es lo que tramas? —le cuestionó el peliblanco decepcionado.
— Lo que yo haga no es asunto de ustedes… — respondió el emperador del fuego a la defensiva.
— No me digas… Ese maldito gusano bueno para nada te ha ablandado, ¿verdad? —intuyó Xehanort el motivo por el cual el enmascarado le dijo esas palabras.
Como respuesta, el emperador del fuego lo atacó chocando ambas espadas de forma brutal, no se sabía a ciencia cierta el por qué pero por alguna razón se miraba furioso.
— No te metas con ese chiquillo, imbécil. —le daba una fuerte advertencia. —Mi tiempo con ustedes ha terminado… Lo derrotaré sin necesidad de pedirles ayuda, asi que no metas tu culo en esto.
— Te vas arrepentir de esto, tú y ese odioso morirán hecho pedazos, solo espera. —declaró el peliblanco amenazándolo de muerte, aunque como respuesta, el enmascarado hizo un swing horizontal logrando cortarle el abdomen.
— Te equivocas, no existirá salvación alguna para ti ni tus lacayos… —respondió el Emperador del Fuego dándole un serio y amenazante presagio. — Para quienes han cometido tales atrocidades en Duscur y Enbarr.
— Eso fue para que pudieras amasar el poder necesario… Habia un buen motivo… —se defendía el joven Xehanort reincorporándose. — Habriamos salvado Fódlan juntos…
— No, yo salvaré Fódlan a mi manera… Solo espera y verás… —se despidió el enmascarado retirándose del lugar dejando solo al peliblanco.
— Desgraciado… Vas a pagar por lo que hiciste… —siseó Xehanort vengativo. —
Fue asi como el Emperador del Fuego traicionó el grupo yéndose por el otro camino a salvar a todo Fódlan a su modo.
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— Ay claro… ese maldito tipo de esa espada misteriosa lo ha ablandado. —dijo Thales en el mismo tono. — Ya sabemos lo que pasa cuando traiciona a los que conspiramos tras la oscuridad. Lo cual es una lástima, porque él es nuestra mayor creación, hemos usado la sangre de los engendros de esa 'deidad' para alimentar sus llamas y permitirle abrazar incluso a los dioses. Ha llegado el momento de purificar Fódlan con nuestros propios poderes, asesinar a ese traidor y a aquellos que lo protegen, y traer nuestra salvación.
— No existirá salvación alguna para todos nosotros mientras esos tipos aun tengan rastro de luz en sus corazones, tendrían que caer en la oscuridad y ser nuestros recipientes. —argumentó el joven Xehanort la forma de hacerlos caer derrotados y hacerlos suyos.
— No me importa lo que hagamos siempre y cuando me dejen divertirme con ese tonto de la llave espada. —finalizó Vanitas dispuesto a todo, con tal de molestar a Sora.
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Más tarde en la noche en medio del bosque mientras todos dormían y los vientos soplaban los árboles y hojas por todo Fódlan, el cielo se cuarteó haciendo una pequeña apertura, entonces de ahí cayó un chico de cabellos blancos y chaqueta gris y se estampó contra el suelo pero no lo suficiente como para matarse.
— Con que esto es Fódlan… —articuló el muchacho poniéndose de pie mientras avistaba el monasterio. — Sora… Finalmente te he encontrado.
Y así el chico procedió a dirigirse apenas pudiendo caminar hacia el monasterio, cuando justo llegó a la entrada, se cansó y mejor optó por recargarse en la pared y dormir.
FIN DEL CAPITULO 26
NOTAS DEL AUTOR:
SI, ASI COMO LO OYEN, VA A HABER NUEVO MIEMBRO EN EL EQUIPO DE LAS AGUILAS NEGRAS, ASI ES, ES EL AMIGO DE SORA, A PARTIR DE AHORA VAN A HABER GIROS DE ARGUMENTO CON RESPECTO A LA TRAMA DEL JUEGO ORIGINAL Y ESTO LO QUE ACABAN DE VER ES UNA PROBADITA DE LO QUE SUCEDERA MAS ADELANTE.
YA PARA NO ARRUINARLES MAS LA SORPRESA, ESTE ES EL PRIMER CAPITULO DEL 2020 Y FELIZ AÑO.
CUIDENSE, Y BYE.
