6.
Llegué a Tokio muy tarde. Había logrado cambiar mi vuelo y viajar antes de lo previsto. Por una vez en la vida, Takato Akiyama organizó todo lo respectivo a mi vuelta a Japón, de pronto el hombre se había vuelto sumamente comprensivo cuando me vio alterado por la salud de Sora y cancelamos unos shows para ser reprogramados para algunos meses después.
La última comunicación que tuve con ella fue aquella noche fatídica en la que luego de hablar con ella y pedirle que llamara a Hikari, que estaba en la planta baja de la casa, llamé a Mimi y a Toshiko para que las fueran a buscar y las llevaran a un hospital.
Pero sin dudas lo peor fue la noticia que recibí en mi escala en el aeropueto de Los Ángeles, que terminó por hacerme estallar y viajar en un verdadero estado de histeria.
Sora había perdido el embarazo.
Al principio me costó verbalizarlo para contárselo a Akira, mientras veía en el chat la manera insistente en la que quería conocer la situación real de Sora, la sensación era surrealista.
En mi mente se agolpaban las numerosas imágenes de mis últimas vacaciones. Nuestro compromiso, la boda de Taichi y cuando recibí la confirmación de Sora de su embarazo. Los planes que habíamos hecho, mi pesar por tener que viajar a una nueva gira y dejarla. Ella jamás había protestado por eso, pero quien había estado contrariado por partir había sido yo. Por primera vez en mi vida me lo había cuestionado.
Y Sora, siempre incondicional. Me animó para hacer esa gira, que ella me esperaría para crear y adaptar el espacio para el bebé que venía en camino.
Cuando hablé con Kido, que fue quien me dio la noticia, me comentó que ella no se lo había tomado muy bien y que necesitaría mucho apoyo y comprensión, que era bastante normal que sucedieran abortos espontáneos durante los primeros meses de gestación.
Pero yo sabía que tanto para Sora como para mí aquello simplemente era una verdadera tragedia.
Una pesadilla volviéndose realidad.
Muchas cosas iban cambiar con la llegada de ese niño, y ahora… se suponía que yo debía ser fuerte, debía sostenerla, pero no sabía como hacerlo, ni qué pasaría.
No le avisé a nadie que llegaría antes, mi primer aviso había sido para un día después, pero logré cambiar el vuelo. Ante todo quería verla a ella sin molestas preguntas de por medio o expresiones de lástima y tristeza. Sora me necesitaba como nunca.
Llegué muy tarde al hospital, luego de vuelos demorados y escalas eternas por fin ingresé a los pasillos del lugar. La mayor parte de las luces estaban apagadas. Ingresé al ala de emergencias obstréticas y sentí unos pasos apresurados que se me acercaban por la espalda. Era Hikari. Su semblante era triste pero se las ingenió para transmitirme su apoyo con una leve sonrisa de alivio, no solía tener un intercambio demasiado fluido con ella a pesar de ser la novia de mi hermano. Sin mediar palabras me recibió con un abrazo sincero y fue la primera vez que sentí mi debilidad. Creí que me desplomaría por los nervios que estaba pasando.
-Yamato -estaba sorprendida por mis temblores -¿has comido algo? -negué enérgicamente, aguantando las lágrimas que comenzaban a querer salir de mis ojos.
-¿Dónde está Sora? – ella leyó la angustia en mi rostro y se apresuró a indicarme el pasillo.
-Logré que se durmiera hace una hora, se sentía bien pensando que llegarías mañana a primera hora. Los demás no pudieron pasar a verla antes, Toshiko está durmiendo en una de las salas de espera y no he querido molestarla, ha sido un día difícil para todos. Taichi fue a buscar al señor Takenouchi que estará llegando en estos momentos desde Kioto. Y tus padres están con Takeru en la cafetería del hospital.
Asentí y agradecí la información corta y concisa, de inmediato me puse en marcha para llegar al pequeño cubículo que Hikari había señalado.
Mi cuñada tuvo el suficiente tacto para no seguirme, además interceptó a los médicos que habían comenzado a llamarme y les explicó sobre mi vínculo con Sora. Pasara lo que pasara, ella siempre sabría como hacer respetar nuestros espacios, lo agradecí internamente e ingresé silenciosamente en la oscuridad. Encendí una luz cercana y rodee la cama para sentarme al lado de Sora.
Dormía, pero vi que sus ojos estaban muy hinchados a causa del llanto. El cabello pelirrojo estaba revuelto sobre la almohada y se abrazaba con fuerza al pequeño peluche con el que me había dado la noticia del embarazo. Parecía una niña.
Se lo quité con suavidad de entre los brazos para dejarlo lejos de mi vista, imaginaba que ella misma lo habría llevado. Estiré mi mano para colocar algunos mechones detrás de su oreja y acariciar finalmente su cabeza.
No dije nada, solo me limité a recorrer su rostro marcado por el llanto hasta que comenzó a despertar.
Lentamente se ubicó en espacio y tiempo y finalmente me miró.
-Yamato, ya estás aquí.
-Acabo de llegar.
Hizo un intento por levantarse y no pudo, así que la ayudé a incorporarse con lentitud y una vez que quedó a mi altura pudimos besarnos. Sentí sus delgados brazos alrededor de mi cintura y la rodée con cuidado, ella escondió su rostro y apoyó la frente en mi hombro. La escuché llorar. La estreché con más fuerza, quería que sacara toda la angustia que llevaba guardando.
-Aquí estoy, amor.
Ella solo se dejó estrechar y consolar. Estuvimos varios minutos así, hasta que finalmente fue capaz de hablar.
-¿Qué voy a hacer ahora?
-¿Ahora? Te dejarás cuidar y todo pasará. Lo superaremos.
-Quería que fuera perfecto.
-Tranquila. Siempre hay riesgo al principio, no llegaba a los tres meses, pronto mejorarás, nos recuperaremos de esto.
-Yo quería… Yamato. Todo ha sido tan desastroso. Creí que esto me salvaría. Creí que… quería a mi bebé, quería ser madre – se angustió más y cambié mi postura para colocarme de modo que se apoyara en mí. La abracé cuidadosamente desde la espalda y la estreché con fuerza, besando su cabellera.
-Y lo serás. Volveremos a intentarlo. Te lo prometo.
Lloró un poco más.
A la mente me vinieron las palabras de Jyou durante nuestra conversación durante mi escala en L.A.
"Ella está cursando una depresión perfectamente esperable por el trauma que acaba de sufrir, no la presiones, dedícale tiempo, para ella no ha sido fácil y le costará sobreponerse a esa pérdida."
Ciertamente Sora estaba destrozada. Nunca la había visto tan deshecha. Siempre había sido ella la encargada de ver lo positivo de la vida, su ánimo no se podía pisotear y no se rendía, siempre había sabido motivarme y contenerme con una maravillosa comprensión.
Aquello excedía todo. Era algo irreparable. No es que no me sintiera triste con la noticia, estaba muy ilusionado al respecto, pero el dolor de ella era mucho más profundo, algo dentro suyo había cambiado, y no imaginé hasta qué punto las cosas alterarían su rumbo.
XxxxxxxxxxxxX
La depresión de Sora parecía absorverla por completo. Era normal verla vagar por la casa como si se tratara de un ente, con la mirada triste y perdida. Era como conocer a alguien nuevo para mí, una grieta se extendía a mis pies y cada vez se hacía más profunda y crecía, alejándonos.
Era el resultado de la suma de los fracasos que ella encontraba en su vida. Los últimos tiempos se le habían tornado muy difíciles.
Lograr que prestara atención al mundo que la rodeaba era una tarea bastante ardua.
Me dediqué de lleno a cuidarla, dejando de lado el estudio y la banda. Por supuesto nadie me lo cuestionó. Imagino que hasta yo mismo debía generar algo incómodo en mi entorno.
Mientras me esforzaba por lograr que se bañara, que se alimentara debidamente y que asistiera a todas las citas con su psiquiatra, yo me iba desmoronando. Fue muy difícil darme cuenta, pero siempre fui afortunado de contar con un amigo como Taichi.
Fue él quien me ofreció las vacaciones en la casa de campo que tenía. Se lo agradecí profundamente, creo que él era el más observador. Cada vez que llegaba a la casa, Sora se dejaba consolar por él y sus atenciones.
El problema de ella era la culpa.Yo ya notaba como se esforzaba por esquivarme la mirada, por evitarme.
No había nadie para mí. De vez en cuando accedía a ver a Takeru, a mi padre o Akira. No quería molestar a nadie con mis dramas porque entendía que quien peor lo estaba pasando era Sora, y me sentía incapaz de apoyarla.
Así que ella recibió bien la idea de irnos al campo durante algunas semanas para estar más tranquilos, incluso su terapeuta accedió, asegurándole que podían hacer las sesiones por videollamada u otros medios electrónicos.
Allí se le hizo más fácil eludirme, pero también yo comencé a salir a caminar solo por el bosque. No quería resultarle como una molestia si ni siquiera quería tenerme cerca. Comencé a hacer de las caminatas una rutina, me resultaba reconfortante tener unos instantes para mí solo. De pronto notaba que hacía mucho tiempo que no contaba con mi propio espacio.
Mi esencia comenzó a devorarme, pero aquello era lo único que me sentía capaz de hacer ante el rechazo silencioso de Sora.
Me dolía demasiado que de pronto nuestra relación se hubiera enfriado, aquello no era propio de ella, pero yo comenzaba a despertar al antiguo Yamato Ishida, aquel que prefería la soledad y el silencio. Aquel que ya no se sentía capaz de acompañar al amor de su vida en algo tan difícil.
Fue Taichi quien me lo hizo notar, en una de sus visitas.
-Estás demasiado callado. -dijo estando al volante del coche, observando a lo lejos a Etsuko y Sora caminar por el jardín mientras ponían la mesa. Nosotros habíamos ido al pueblo más cercano a hacer compras. Nuestra conversación previa se había centrado en Sora y en cómo iba llevando la situación. Mis monosílabos le habían llamado la atención.
-Escucha Yamato -dijo luego de estacionar a un lado de la casa. Se tomó unos instantes antes de volver a hablar, supuse que estaba seleccionando las palabras que usaría – tú también nos preocupas a todos. No sé hasta qué punto haya sido buena idea traerlos aquí. Me consta que no estás bien y me consta que estás dando más de lo que puedes a Sora. Pero también sé que ella no se encuentra bien y que sus actitudes quizás te estén destruyendo.
Me tomó unos minutos recuperarme de tantas verdades dichas por mi mejor amigo. Sentí la angustia luchando por salir y manifestarse pero la reprimí como pude.
-No sé como ayudarla -dije con una frialdad que no sentía – y ya no sé qué hacer para acercarme a ella, cuando me esquiva todas las noches, ni siquiera me mira ni me habla, cuando me echo en la cama ni siquiera se me acerca, sé que finge dormir.
Taichi lanzó un bufido.
-Mierda, es peor de lo que pensé.
Sentí el nudo en la garganta. Quería morirme, pero acababa de admitir que nuestra relación se estaba yendo por la borda. Ya estaba cansado.
-No puedo culparla, Taichi. Ella está muy mal, ha perdido peso, está pálida y no se deja ayudar por mí. Imagino que en su cabecita estará convencida de que lo arruinó todo, y ya no sé cómo hacerle saber que quiero estar con ella, y que puede confiar en mí, apoyarse en mí como siempre lo hacía yo con ella.
-Si, ella tiene esa forma particular de pensar -suspiró Yagami, sacudiendo su cabello corto del modo que lo habría hecho cuando era más joven y lo usaba más largo y alborotado.
-No te preocupes, en algún momento ella cederá, como siempre lo ha hecho - dije no muy convencido - ella saldrá adelante.
-Yamato, quien me preocupa eres tú.
XxxxxxxxxxxxxxX
Capítulo corto pero no quería dejar de subirlo hoy, por lo menos una vez al mes quiero actualizar. Ya casi tengo el final pronto, me está llevando tiempo escribir estas etapas complejas.
Feliz 2020!
