"El escondite de la Impresión"
Sábado 15/05/1999
Hermione cuelga las llaves y el tintineo parece sacar a Ron de su transe. Ve el refractario con las fresas sobre la mesa y le parece que fue hace años cuando las estaba comiendo.
Se deja caer en el sillón, parece un globo que se está desinflando. Hermione se sienta en sus piernas y lo abraza sin decir nada.
—Debí agradecerle —murmuró, Hermione besó su frente y esperó en silencio, dudosa si Ron diría algo más—. Me salvó la vida después de todo.
Hermione asiente y estrecha con mayor firmeza a Ron entre sus brazos. Y se quedan ahí, con palabras innecesarias flotando en el aire y el sentimiento de pérdida en sus pechos.
Es tarde cuando Hermione encuentra a Harry en el Ministerio, ambos buscando en la misma oficina, supone que la misma cosa.
—¿Por qué estás aquí? ¿Ahora? —preguntó la castaña, soltando su bolso en la silla de Kingsley.
—Estuve con Ginevra en la tarde —se encogió de hombros y abrió el grueso libro que aparentemente contenía las leyes mágicas.
—¿Hasta ahora? —Harry asintió y paseó su dedo por el índice en busca de algún título.
—Si, la acompañé hasta el Cabeza de Puerco para que pudiera ver a Dahir —masculló, con el entrecejo fruncido en concentración y una pequeña sonrisa en sus labios. Hermione observa su rostro, impenetrable a lo que sea que sienta por Ginevra—. ¿Qué haces aquí?
—Busco respuestas —dijo con simpleza, Harry asintió y hojeó el libro hasta dar con la página 128—. Ron me contó lo de Percy —susurró.
Harry asintió y se apoyó en el escritorio, nuevamente pasando su dedo por la hoja, entre todas las palabras agrupadas en orden.
—Inesperado —concedió en un bufido—. Necesito saber qué carajo lo motivó a intentar matarme.
Hermione se acerca a su lado y lee superficialmente las palabras de la página, habla de leyes patrimoniales, siguen las nupciales.
—Entonces de verdad crees que Dahir fue un casual peón —se atrevió a afirmar Hermione, Harry asintió convencido, ignorante de la desconfianza que Dahir tenia a la misma afirmación que le dió Ginevra.
—Es imposible que sea una coincidencia —gruñó Dahir, caminando por la habitación. Ginevra rueda los ojos y comprueba nuevamente que el muffliato está funcionando, tal como le aconsejó Harry.
—Pues es una coincidencia —bufó Ginevra, irritada de todas las réplicas que Dahir lanzaba a lo que ya estaba comprobado—. Percy no tenía ni idea de quién eras en ese momento.
Ginevra está fastidiada, le ha dicho tres veces lo que pasó y él tiene muchísimas razones estúpidas para creer que son mentiras. Se arrepiente de haber usado el tema para evadir la situación principal por la que Dahir está ahí. Pero tenía que hacerlo, mejor ahora que después o nunca. Ella no podrá vivir de aquella manera, debía buscar arreglarlo. Tenía que decirle a Dahir para liberarse y poder quererlo como debía ser, sin importarle su padre y lo que haya hecho.
—No podía ser yo, Ginevra —dijo frustrado, deteniéndose finalmente frente a la cama—. Había otro hombre más en ese traslador —exclamó indignado.
—¡Sí, por supuesto! ¡El que te hechizó! —gritó molesta— Dahir, lo que te digo es verídico, el hijo del capitán investigó todo esto y es verdad, sino lo dejaría pasar.
Dahir la observa unos segundos en silencio antes de dejarse caer en la cama, con el rostro muy serio y algo sorprendido, como si se hubiera acordado de algo importante.
—¿Esto te lo dijo Potter? —preguntó entre dientes. Ginevra rueda los ojos sin disimulo.
—Eso es lo de menos, Dahir —bufó y se sentó en la silla del tocador.
—¿Que si él te lo dijo, Ginevra? —repitió con voz derrotada y hombros caídos, Ginevra asintió, desentendida a su comportamiento—. O sea que lo estás viendo —murmuró herido. Ginevra lo observó incrédula.
—Dahir, todo el maldito mundo sabe que somos novios, sería raro que no lo vieran conmigo —bufó y recargó su espalda en el mueble mientras cruzaba los brazos sobre su pecho—. Lo sabes. No sé qué te molesta.
—El que sí lo recibas a él, Ginevra, eso me molesta —la aludida ríe en un bufido y lo observa con ojos entrecerrados.
—¡Vino a decirme esto, Dahir! —exclamó molesta. El joven asintió y lamió sus labios sin desvíar la mirada de Ginevra.
—Bien —balbuceó—. Entonces, dime ¿Para qué me llamaste?
La pelirroja lo observa con repentina seriedad, su corazón late deprisa y sus tripas de estrujan unas con otras, ve a Dahir lejos de un pasillo muy oscuro, un aliento recorre su cuello y una mano está por llegar a su entrepierna. Su garganta está cerrada y le es imposible gritar, no tiene nada con qué defenderse, ni siquiera voz. El corazón le late con fuerza y escucha cada uno de los latidos en sus oídos mientras la mano sube y sube por su pierna.
—¿Ginevra? —Dahir tiene una mano en su hombro cuando Ginevra vuelve a enfocarlo, casi al instante aparta la mano ajena de su cuerpo. Descubre las marcas de media luna que sus uñas dejaron en la palma de su mano y las rasca, evitando mirar a Dahir—. ¿Estás bien?
—No —murmuró. No sabe cómo carajo iniciar con aquella conversación, solo sabe que todos sus pensamientos se atascan, empalman y gritan. Parece que su corazón está igual de acelerado, y si no se controla saldrá por su garganta.
—Oye, puedes decirme lo que sea —Dahir se arrodilla frente a Ginevra y toma sus manos, ella de verdad lucha contra el impulso de apartarlas—. Cualquier cosa —insistió. Ginevra asiente y suspira.
Ella no llora, ella no va a llorar. Ella no es así, ella no dará un espectáculo.
Respira con lentitud y lame sus labios.
—En la noche de Navidad, en casa de mi tía —comenzó, su voz baja y la mirada fija en sus piernas cubiertas—, después de hablar contigo, tu padre me siguió —apretó los dientes con fuerza y se encogió de hombros—. Creo que quería hacerme daño —susurró—, creo que iba a violarme, Dahir —asintió lentamente y volvió a encogerse de hombros—. Harry no lo permitió —balbuceó.
Dahir suelta sus manos y Ginevra no se atreve a alzar la mirada. Jamás se preocupó por esto, por no saber si él le iba a creer, por el verdadero terror de que la creyera una mentirosa, con algo de esa magnitud.
Da un brinco de sorpresa cuando Dahir toma su rostro entre sus manos, con el entrecejo fruncido y la mirada indignada, pasea sus ojos por toda su cara.
—¿Estás avergonzada? —sabe que es una pregunta, pero Ginevra escucha la afirmación, y de inmediato siente calor en sus mejillas. Dahir acaricia sus mejillas con los pulgares y frunce los labios, Ginevra ve las lágrimas brillar en sus ojos—. Tu no deberías estar avergonzada por lo que quería hacerte.
Frunce el entrecejo y solloza, en un instante tiene a Ginevra entre sus brazos, él solloza y pide perdón, insiste en que su padre pagará por lo que hizo entre balbuceos, se disculpa de nuevo y llora. Ginevra lo abraza los ligereza, sin sentir ningún alivio especial más que el de contar la verdad.
El cielo está oscuro cuando Ginevra se atreve a romper el silencio.
—Lo siento mucho, Dahir —susurró, con la mirada y la vida medio rota—, pero no puedo verte sin pensar en tu padre.
Y el muchacho asiente, dispuesto a tomar todo lo que Ginevra diga como el hombre que es, como si él lo mereciera.
—Creí que lo mejor era decírtelo para poder deshacerme de la carga y verte como tú eres, como mereces —reveló con tristeza en un encogimiento de hombros.
Dahir la aprieta entre sus brazos y asiente.
—Yo me encargaré de todo —susurró, besando su cabeza y cerrando los ojos con tristeza. Consciente de lo jodido que estaba—. Ginevra —llamó con Incertidumbre.
La pelirroja alzó la mirada para encontrarse con los ojos ajenos cubiertos por nuevas lágrimas.
—Por favor, no me abandones —pidió con tristeza. Ginevra frunce los labios en una sonrisa y acaricia sus manos.
—No —susurró.
Pero en el fondo sabe que si no logra abandonar el recuerdo de Miles jamás podrá ver a Dahir de la misma manera, y entonces no le puede prometer seguir a su lado.
Lunes 17/05/1999
Harry muerde con molestia un trozo de carne mientras Ron se sienta frente a él, medio dormido y desorientado todavía.
—¿Fuiste al Ministerio ayer? —preguntó Ron. Llevándose un gajo de naranja a la boca.
—Sí, tenía que buscar las leyes que cambiaron —asintió y se encogió de hombros—. Encontré a Hermione, me dijo que estuvieron juntos. Yo creí que iría con Marianne.
Ron asiente y suspira, le hace un ademán a Harry para que se alejen lo más posible del grupo que forman los reclutas en un extremo de la mesa, y, cuando están en el rincón, Ron se inclina sobre la mesa: —Fuimos a ver a un medimago, Harry —susurró—. El que estuvo presente en mi nacimiento.
Harry eleva las cejas con asombro, y no tiene muy claro si está sorprendido porque Hermione siguió indagando sin decirle o porque lo hizo con Ron. No le molesta en absoluto, le da cierta tranquilidad saber que ambos estaban de acuerdo en saber, pero le preocupa lo que tuvieron que hacer para llegar al dichoso medimago.
—¿Y? ¿Te dijo quien es tu madre? —susurró con intriga. Ron suspiró y asintió, tragando otro gajo de naranja.
—Molly Weasley ——respondió, como si en realidad le hubieran preguntado por la naranja que comía. Harry se atraganta con la comida que tenía en la boca y toma agua con demasiada prisa. Ron asiente durante y se rato.
—¿Estás…? ¿El de…? —Harry lame sus labios y dura un par de segundos en silencio mientras ordena sus ideas—. ¿Estás seguro? Puede ser que el medimago mienta —ofreció con una mueca desconcertada.
Harry es consciente de que ayudó a Hermione por un tiempo a investigar a la familia de Ron, pero era prácticamente imposible que de todas las personas posibles tuviera que ser Molly Weasley. La mujer más horrible del planeta. Jamás la había considerado o ganado en cuenta como una posibilidad, ni siquiera como un familiar lejano de la mujer.
—Él nos mostró el recuerdo —murmuró, sacándole semillas a un gajo—. Varios, a decir verdad.
Ron suspira y sabe que tiene que decirle a Harry porque Hermione está carcomida por la culpa, empeñada en hacerle saber que él no tiene nada que ver con esa familia que no sea la sangre, que lo quiere igual y que Marianne no lo va a querer menos por sabe de dónde viene. Y Ron reconoce, con cierta culpa, que no necesita escuchar eso ahora. Se lo agradece infinitamente, y no se atreve a decirle que se detenga porque eso le rompería el corazón, pero preferiría no escucharla.
Tampoco la culpa, él sabe que toda su vida quiso saber de dónde venía, tan solo ignoraba el sentimiento de vacío. Su madre le ayudó a no sentirse perdido, le ayudó a conocerse y saber quién era para que, cuando tuviera la oportunidad de conocer su origen, no dudará de sí mismo. No lo hace. Sabe quién es, está segurísimo de ello.
Pero si alguien le hubiera dicho la cantidad de dudas y vacío que sentiría al saber la verdad, habría preferido no saber nunca.
¿Debería dejar de lado todas sus preguntas y simplemente seguir con su vida? Sabe que no puede, se conoce y sabe que no será capaz de ver a Molly Weasley de nuevo sin querer lanzarse a preguntar o exigir. También sabe que tiene que ir a verla, tiene que decirle que ya sabe quién es él y más importante, ya sabe quién es ella. De lo contrario su todas sus emociones y su cabeza explotarán de tantas vueltas que le da a los recuerdos y a la charla con Phill.
Se la cuenta a Harry, quien escucha atento y de vez en cuando pregunta por lo que no entendió, Ron incluso le cuenta lo que Hermione le dijo antes de ir con Phill, y Harry parece realmente sorprendido e incrédulo, pero no comenta nada a pesar de ello. Ron le dice que habló con Phill sobre Molly cuando terminaron los recuerdos y que él no pudo resolver todas las dudas que tuvo.
—¿Entonces quieres ir a verla? —preguntó Harry, con su plato ahora vacío y verdadera curiosidad en la mirada.
—Si, tengo que hacerlo —se encogió de hombros y recargó sus codos en la mesa, lanzando la charola de comida vacía unos centímetros más lejos de su cuerpo—. Necesito respuestas o mi cabeza va a explotar.
Harry asiente y observa las charolas en silencio antes de carraspear y volver a hablar bajito: —¿Estás bien con ello?
Es una pregunta simple que Ron entiende, pero sabe que tiene un sin fin de preguntas dentro de ella «¿Te sientes bien? ¿Es lo que esperabas? ¿Estás decepcionado? ¿Te alivia saber tu origen? ¿Te atormenta tu procedencia?» y Ron tiene que sonreír, porque sabe que si le dice a Harry que quiere olvidarse de todo ese drama, Harry se meterá en su mente y se deshará de todos los recuerdos, sin importarle nada, con tal de que él se sienta bien.
—Supongo —toma su casi de agua y juega con el contenido antes de elevar la mirada a su amigo—. Es reconfortante de alguna manera porque no son tan extraños, los conozco de vista y algunas palabras, pero al mismo tiempo es desconcertante porque los conozco —rió, sabiendo que lo que dice parece no tener sentido—, sé de lo que son capaces y no es algo que se pueda o quiera presumir de una familia.
Harry asiente y le sonríe pequeño.
—De cualquier manera tienes a Marianne, Ron, y nos tienes a nosotros, siempre vamos a ser tu familia —Ron asiente y sonríe ampliamente.
—Lo sé y se los agradezco, no tienes idea cuánto —admitió en un suspiro. Harry recarga su codo en la mesa y observa en silencio las otras mesas donde sus compañeros hablan animadamente.
—Deberías tomarte unos días —propuso con facilidad—, para procesar todo esto y, no lo sé, prepararte para los que quieres decirle a Molly.
—No —respondió de inmediato, con decisión y casi molestia—. Ahora más que nunca no puedo tomarme tiempo libre, tengo que salir de aquí exitosamente y trabajar como nadie —dijo con entusiasmo eufórico—. Esa mujer se quería deshacer de mi como si fuera basura, Harry, como si no fuera una persona —frunció el entrecejo y enderezó la espalda—. Y yo no merecía eso.
Harry sonríe, completamente orgulloso de su amigo y la cara con la que está enfrentando el torbellino de su vida.
—Nadie lo merece —concedió Harry. Sonriente y feliz. Sabe que no será la última conversación que tendrán respecto a esto, pero, por ahora, Ron estaba siendo una persona madura de la cual está muy orgulloso.
—Y se lo voy a demostrar.
Sábado 22/05/1999
—Lo siento mucho, Carlota —murmuró Hermione. La mujer asintió y se recargó sus espalda en el respaldo de la silla.
—Esperaré —dijo después de unos minutos de silencio. Hermione frunce el entrecejo y la observa confundida.
—¿A qué?
—Pues, si dices que su desaparición está ligada con un asunto personal de tu novio, esperaré hasta que se arregle el asunto —dijo con decisión. Hermione estaba tan confundida.
—Carlota, puede ser que no lo encontremos nunca y…
—Lo sé, pero si está mue… muerto —carrasoeó y negó, como para espantar las ideas que cruzaban su mente— me encargaré de refundir en Azkaban a Weasley, y si está desaparecido la obligaré a que me lleve con él, o la refundiré en Azkaban.
Hermione no estaba segura de que el asunto personal se arreglara, desconocía si Ron quería decirle a la señora Weasley que él era su hijo, y si no lo hacía jamás podrían saber dónde está Milián, no sin explicar cómo llegaron a la conclusión de que ella sabe cuál es su paradero. De cualquier manera, Hermione no la contradijo.
Apoyó su idea, escuchó sus planes y argumentos, con los cuales aseguraba podría meter a Molly a Azkaban.
Y Hermione tuvo una idea grandiosa en ese mismo instante.
Se despidió y salió despavorida, desapareció del registro y apareció en su estancia, dónde encontró a Harry con una taza de café humeante entre las manos y un montón de papeles delante de él.
—¿Qué haces aquí? —preguntó a modo de saludo. Harry sonrió apenado y resopló.
—Quería tu ayuda —Hermione asintió y se sentó a su lado.
—¿Con?
—Fui al Ministerio de nuevo, me dijeron que los responsables del cambio de leyes son mencionados en el libro que tú leíste en la oficina de Kingsley, el verde ancho —Hermione asiente y de inmediato visualiza el libro entre sus manos— ¿Recuerda el cambio que hubo en las leyes nupciales? ¿Las de reducción de plazo? —Hermione vuelve a asentir, moviendo las hojas con sus dedos hasta dar con la página y todo su contenido.
—Por supuesto, ahora el plazo límite de matrimonio antes de su anulación ahora es de doce meses —explicó Hermione, viendo las palabras en su mente—. Influyó la señora Weasley, aunque aparece primero el nombre de Tiberius Merry, er, logró cambiar unas condiciones que favorecen…
—Es lo de menos —interrumpió Harry—. Necesito que me ayudes a tener los papeles de divorcio lo antes posible, los entregaré en cuanto los doce meses acaben, pero debo tenerlos antes.
Hermione frunció el entrecejo y asintió con lentitud, incrédula a lo que escuchó.
—¿Te vas a separar de ella? —preguntó confundida, casi sorprendida.
—Obviamente —responde con simpleza. Hermione abre mucho los ojos antes de parpadear desorientada.
—Pero… pero ella te interesa, Harry, fuiste a verla, la estás ayudando, la ayudaste con sus pesadillas ¡Estoy segura de que la quieres! —exclamó escandalizada, Harry bufa y deja su taza en la mesa.
—No importa, Herms —masculló, tendiendole un papel con una lista de cosas a las que Hermione no prestó atención.
—¡Claro que importa! Si la quieres es porque eres feliz con ella, Harry, no puedes…
—Exacto, Mione, no puedo —interrumpió Harry, con el entrecejo fruncido y la mandíbula apretada, Hermione de verdad no sabe si está molesto o triste—. Ella tiene a Dahir y eso no va a cambiar, ella puede ser feliz con la persona que quiere ¿Comprendes? —sonrió pequeño y resopló, insistiendo con el papel entre su mano—. No puedo arrebatarle eso.
Hermione parpadea incrédula y triste. Está realmente impresionada.
—No puedes simplemente olvidarte de ella, Harry —dijo, como último intento a que cambiara su opinión, pero Harry solo se encogió de hombros.
—Ya lo he hecho antes —respondió con seriedad.
—No estás entendiendo —suspiró triste— ¿Cuántas veces pretendes olvidarte de ella hasta...?
—Las que sean necesarias, Hermione —respondió exasperado, su mirada fija en el humo del café y la respiración agitada—. Ella ya es feliz, y ya lo era antes de que yo llegara.
Hermione toma el papel en silencio, pero no sé molesta en leerlo.
—De acuerdo —murmuró. Carraspeó y subió las piernas al sillón—. Harry —llamó con suavidad, el aludido elevó una ceja, extendiendo su mano para tomar su taza de café—, tengo una idea para librarte de Molly Weasley para siempre.
.x.x.x.
¡Hola!
Estoy tan ansiosa por el desenlace de esta historia que incluso tengo escritos fragmentos del final :D.
Les recuerdo que, el que sea una historia HarryxGinny, no necesariamente terminan juntos porque también es un Universo Alterno.
¿Qué les pareció el capítulo?
Dudas.
Teorías.
Comentarios.
¡Ah! Hace muchísimo que no escribía de Dahir, creo que tienen alguna idea de cómo es el personaje, menos a la que tienen de Olivia, pero algo, así que, si tienen alguna duda sobre él pueden dejarla :), o sobre cualquier otro personaje.
Escribí este capítulo así porque aún falta un poco por concluir con Ron y Molly, Ginny y Miles, y obviamente de Ginny y Harry.
En fin, ¡Espero les haya gustado! ¡Nos leemos pronto, muy pronto!
(22/Dic/2019. 10:05)
-Danny :).
