Esa noche durante la cena, Adrien y Mar hablaron respecto a lo que hizo Nathaniel. Adrien estaba gratamente sorprendido, lo que causó sonrisas provenientes de la más joven.
—Jamás pensé ver a Nathaniel increpando a su tío, te aseguro que fue una completa sorpresa para mí. Nathaniel siempre fue tímido, callado, era como un cachorro asustadizo —Adrien comparaba a Nathaniel cuando era su compañero, con el Nathaniel de ahora y realmente, ese cambio había sido algo positivo. Parecía ser que finalmente había madurado.
Mar sonrió. Le gustaba escuchar que Nathaniel estaba cambiando para bien, que ya no era miedoso.
—Yo mismo lo traté mal en más de una ocasión. Claro que era un niño y me sentía extrañamente bien. Pero... se siente lindo ver cuando las personas se superan —comentó Adrien. Mantenía una extraña sonrisa en su rostro, algo que aún no comprendía. Era raro, porque él y Nathaniel ni siquiera habían sido amigos. Seguramente el pelirrojo lo veía como a un bully.
—Pienso que Nathaniel es capaz de muchas cosas, solo debe creer en el talento que tiene —dijo Mar.
Adrien asintió.
—Y confiar en los amigos que tiene. Ya sé que tú también pintaste —Mar se quedó callada, no servía de nada negar que pintó, porque eso era cierto —. Y Nino también. ¿Cómo es posible que no haya matado a Nathaniel? —preguntó con sorpresa y algo de burla. Ellos se detestaban, no era ningún secreto.
Mar empezó a reír. Recordó todo lo que había sucedido en el transcurso de ese día, como al principio se llevaban mal y poco a poco se fueron entendiendo bien, después se acordó de esa pesada broma que le hicieron y se enojó un poco, otra vez.
Le contó todo a Adrien, que escuchaba de modo atento. Reía en ocasiones.
—Nunca pensé que ellos podrían ser amigos.
—¿Y ustedes no? Tú mismo dices que estás sorprendido por los cambios que está teniendo.
Adrien lo pensó... ahora era un joven adulto, aún seguía siendo amigo de Nino (los mejores amigos idiotas del mundo) y... si Nathaniel estaba cerca, ¿por qué no ser amigos? Después de todo... parecía que los roles se habían invertido.
—Me parece que ahora el idiota soy yo y Nathaniel no —pensó en voz alta —. Qué irónico.
—No deberías decir que eres un idiota —le dijo Mar —. No me parece que lo seas. Tienes amigos, un trabajo y... sabes quién eres —eso último lo dijo bajando un poco su mirada.
Adrien no supo qué fue lo que lo llevó a hacer esto, pero sin darse cuenta tomó a la niña de la manó. Acarició sus nudillos de forma cariñosa, cuidadosa. Le dio tristeza verla deprimida por no tener recuerdos.
Pensó que debía ser difícil no tener recuerdos, no tener una pista sobre quién eres o quién fuiste. Adrien no imaginaba estar en una situación parecida, debía ser algo horrible y al mismo tiempo desesperante. Era una gran cosa que Mar siguiera adelante, sin sus recuerdos.
—¿Aún no recuerdas nada? —preguntó preocupado.
Ella se sentía bien con el suave toque de Adrien, la tranquilizaba un poco. Pero la pregunta la hizo separarse abruptamente.
—Aún nada —respondió de modo rápido.
No era que no confiara en Adrien, pero... no confiaba en sí misma, era difícil poder hacerlo. Sus breves recuerdos la estaban llevando a pensar que era una persona terrible, una chica rebelde y complicada. Quizás por eso alguien la quería matar, por su forma de ser.
Su actitud llamó un poco la atención del chico, eso había sido algo extraño y muy repentino.
—¿Recuerdas lo que te dije cuándo me encontraste? —le preguntó ella. De verdad necesitaba escuchar eso de nuevo, sentía que tenía algo que ver con su recuerdo más reciente.
—Dijiste: "por favor no me entregues".
"No me entregues".
Eso solo la hizo pensar en que tal vez estaba escapando de la policía. Sintió fuertes deseos de desplomarse y comenzar a llorar. ¿Por qué había tenido que huir de la policía? ¿qué cosa tan terrible había hecho? ¿quién era ella realmente? ¿quién era Mar?
—¿Qué te pasa? Te veo muy abatida —Adrien estaba preocupado, sinceramente preocupado.
Mar negó con la cabeza.
—Tranquila, ya recordarás todo. Solo ten paciencia, no te fuerces. Eso podría ser dañino.
Adrien no estaba seguro de lo que le decía, simplemente era lo que él pensaba. Nunca antes había estado con una persona en una situación similar.
Era difícil no forzarse, lo único que quería era descubrir la verdad. ¿Por qué era tan difícil recordar?
—¿Y si mi verdadera yo es diferente a Mar? —soltó de repente.
Adrien la miró con confusión.
—¿Diferente a Mar? —repitió confundido.
Mar asintió. Sus ojos demostraban la más pura confusión.
—Puede que la verdadera yo, sea terrible.
—Eres solo una niña, es imposible que hayas hecho algo malo —dijo Adrien para calmarla —. No deberías pensar en ese tipo de cosas, tranquila —y separando toda la distancia que había entre ellos, Adrien se permitió abrazarla.
El pecho de Adrien era cálido, reconfortante. Un lugar muy cómodo y agradable para estar, a Mar le gustó. El cuerpo de Mar era pequeño, era tierno. Abrazarla se sentía bonito, tierno.
Ambos estaban sonrojados. Muy sonrojados.
Ninguno de ellos se quería separar.
Adrien conseguía que Mar se sintiera bien, cómoda y... feliz. Mar conseguía confundir a Adrien.
