BAILANDO BAJO LAS ESTRELLAS
(To Dance Beneath the Diamond Sky)
Por Kristen Elizabeth
Traducido por Inuhanya
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27.- Quiero tomar tu mano
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"Cuánto tiempo hasta que pueda retirarme?"
Sally Po rió mientras llegaba por detrás de su amante y envolvía sus largos y delgados brazos alrededor de su pecho. "Qué… y dejar todo esto?" Recostó su mejilla en su espalda, pero no antes de señalar las sillas vacías que se extendían alrededor.
Wufei cubrió sus manos con las suyas, deleitándose del aroma de su perfume. "Hawaii suena bien. Podrías bailar hula."
"Has estado trabajando en eso de tu sentido del humor, verdad?" Lo rodeó, se detuvo en frente de él y miró sus oscuros irises. "Continúa."
Levantando una ceja tan alto como pudo, inclinó su cabeza por un beso. Pero sus labios nunca llegaron a los de la bailarina. Fueron interrumpidos por un repentino grito desde la oscuridad de las alas.
"Oye! Alto, maldito!" Los sonidos de fuertes pasos en la madera hacían eco por la acústica del teatro. "Dije alto!"
Wufei se detuvo en frente de Sally. "Maldición. Odio jugar a la niñera de esos niños." Después de recibir un compasivo apretón en su brazo, avanzó hacia las alas para calmar lo que sea que los jóvenes bailarines estuvieran haciendo en su escenario.
Apenas logró llegar a medio camino hacia las cortinas cuando un hombre, quien parecía vagamente conocido al segundo vistazo, emergió en el escenario a gran velocidad. Pero lo que realmente atrapó la atención de Wufei no fue el rostro del hombre, o incluso su cinturón desabrochado y desaliñada camisa. Fue el cuchillo de siete pulgadas en su mano que estaba cubierto con una fina capa de sangre.
Otra figura salió de las cortinas medio segundo después. A esta persona la reconoció Wufei inmediatamente. El bailarín de trenza y adolescente supremo, Duo Maxwell. Sólo que este Duo Maxwell no era un chico feliz corriendo tras uno de sus tontos amigos; este era un joven en una seria misión.
Una que ya lo había herido.
Duo apretaba su bicep izquierdo con una mano mientras corría; sangre bajaba por sus nudillos. El corte no era profundo, pero dolía como un diablo, un recordatorio de que la próxima vez que lograra arrinconar a un loco con cuchillo, debía ser mucho más rápido de pies.
"Agárralo!" le gritó al director técnico. Duo se detuvo, el dolor de repente lo alcanzó. Apretando sus dientes, cayó de rodillas en el duro piso de madera en el que había bailado horas antes.
Empujando a Sally fuera del peligro, Wufei se lanzó hacia el desaliñado hombre. "Wufei!" gritó ella mientras su amante y el psicópata golpeaban el suelo. "Oh dios mío! Ten cuidado!"
Él no respondió; estaba muy ocupado tratando de alejar un arma de siete pulgadas de su rostro. Afortunadamente para él, el hombre forcejeando estaba perdiendo mucha de su energía, aunque sus ojos aún ardían con pánico, desesperación y… locura general.
"Suéltalo," ordenó Wufei, su voz baja y mortal. Cuando su orden fue desobedecida, rápidamente rodó al hombre sobre su espalda, sujetándolo con relativa facilidad. Desde que ambas de sus manos estaban ocupadas, giró su cabeza hacia Sally. "El cuchillo, mujer."
Ella corrió y arrebató el cuchillo del hombre. Cayó en el piso fuera de alcance.
Respirando fuerte, Duo liberó su herida. El sangrado había disminuido considerablemente. "Atrapamos al maldito huyendo del vestidor de chicas. Hirió a alguien." Tragó. "Creo que podría ser…"
"Duo!" Hilde irrumpió en el escenario, corriendo tan rápido como pudo y sujetando un celular en su mano. Se detuvo para asimilar la vista ante ella. "Es él?" Sus ojos azules se abrieron. "Estás herido!"
Su novio asintió mientras se arrodillaba junto a él para examinar su herida. "A quien…" sus palabras se desvanecieron.
"Heero," dijo Hilde tranquilamente. Levantó de nuevo el celular a su oído. "Creo que vamos a necesitar otra ambulancia."
"Estoy bien." Duo pasó una ensangrentada mano por sus mechones. "Heero… está bien? Qué hay de Relena?"
"Disculpen," dijo Wufei, llamando su atención al hecho de que aún estaba ahorcajando y sujetando a un lunático. En su nuevo y multimillonario piso. "Qué demonios está…"
"…la entrada más fácil es por aquí. Pero me gustaría saber qué demonios está pasando. Quién los llamó…" Las repentinas voces del extremo de la casa interrumpieron la pregunta de Wufei. Todos en el escenario, con excepción del loco del cuchillo, se giraron para ver a Milliardo Peacecraft, guiando un equipo de paramédicos hacia ellos. Se paralizó a medio camino por la isla, aunque los profesionales médicos continuaron, rodando su camilla y las provisiones por el camino de terciopelo. "Qué es…"
Él no terminó su pregunta. Un grupo de oficiales de policía lo siguió. Rápidamente cubrieron todas las áreas de la casa, varios de ellos corrieron hacia el escenario. La mujer que parecía estar a cargo se dirigió a todos en una voz fuerte y clara. "Nadie se mueva hasta que sepa lo que está pasando."
Ignorándola, Hilde llamó a los paramédicos. "Aquí! Heero se está desangrando!"
"Heero?" Milliardo se acercó más al escenario. "Qué pasó? Quién…" Se detuvo. "Chevalier?"
El hombre sometido bajo Wufei habló por primera vez. Infortunadamente, las palabras fueron en francés. La mujer policía puso una mano en su cabeza mientras él continuaba gritando en su propio idioma. "Está bien, vamos a llevar esto un paso a la vez. Traigan al herido; todos los demás, no se muevan y no hablen a menos que sea una explicación!"
Con un poco de ayuda de algunos de los policías, el grupo de paramédicos subió al escenario. Hilde rápidamente los condujo de regreso por las alas. Mientras Duo comenzaba a hablar, Milliardo tranquilamente subía al escenario.
"Alto!" el policía lo señaló. "A dónde demonios cree que va?"
"A encontrar a mi hermana," respondió él, frunciendo sus ojos.
"Qué lo hace pensar que está allá?"
Él sacudió su cabeza; preocupación inundó su pecho. "Si Heero Yuy está allá…" Titubeó. "Ella también está ahí." Continuó caminando, sin prestarle más atención a quien tratara de detenerlo.
Si Heero estaba herido… en qué estado iba a encontrar a su hermana?
Milliardo no logró llegar a las cortinas antes de que sonara su celular.
"Qué?" respondió él.
"Milliardo Peacecraft?"
"Sí. Qué?"
"Sr. Peacecraft, estoy con el departamento de policía. Recibimos una llamada de su ama de llaves hace una hora."
Él suspiró impaciente. "Sí? Y?"
"Bueno… me temo que tengo malas noticias. Es sobre su madre."
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"Lucy." Discretamente, Anne Une se escabulló por la multitud y se acercó a la coreógrafa de la compañía. "Todos están un poco perturbados."
La otra mujer suspiró mientras vigilaba las multitudes de los más adinerados de Nueva York. "Puedes culparlos? No muchos eventos sociales son irrumpidos por el DPNY." Inconscientemente masajeó su bajo vientre. "Dios… qué podría estar pasando?"
"Tal vez debas dar una declaración," sugirió Treize, llegando tras Une.
"Y decir qué?"
Él levantó sus hombros. "Te gustaría que lo hiciera?" Lucrezia asintió vagamente. Antes de que pudiera cambiar de opinión, Treize se dirigió hacia la banda de jazz que había sido contratada para tocar en la gala. Tomando su micrófono, se dirigió hacia la audiencia.
"Disculpen, damas y caballeros. Como saben, hay una pequeña situación en bastidores. Sin embargo, no hay peligro en el momento, así que esperamos que se queden y disfruten la comida y el vino." Él sonrió, mostrando sus blancos dientes. "El Conservatorio de Ballet les agradece por su apoyo y paciencia."
Al otro lado del salón, Quatre le entrecerró sus ojos al hombre con rizos castaños. "No puedo entenderle," le dijo a Trowa un momento después. "Está hablando muy rápido."
"Estoy seguro que todo es mierda, lo que sea que fuera," respondió Trowa, alcanzando en su chaqueta por un cigarrillo. "Ves esa mirada en su rostro?"
Quatre miró y se disolvió en silenciosas risitas un momento después. "Sí."
Trowa lo encendió, ignorando el hecho de que no estaba permitido en el lobby. "Pura mierda."
"Tal vez es mierda lo que sea que está pasando?"
"Esa sería mi suposición." Su novio exhaló. "Muy probablemente es, como dicen, el rostro amable."
"Entonces, si es el rostro amable…" Quatre mordió su labio. "Tal vez algo verdaderamente malo ha pasado."
Trowa bajó su cigarrillo, estudiando el hermoso y preocupado rostro de su novio. "Pequeño…"
"No vi a Jean-Paul esta noche. Y ni Relena o Heero han salido todavía." Pausó. "Ni sus otros bailarines. Tal vez…"
"Tal vez Chevalier ha decidido dejar en paz a nuestra Relena. Y tal vez ella y su Heero están pasando tiempo juntos…" Con su mano libre, Trowa acarició la suave mejilla de Quatre.
Quatre cerró sus ojos. "No puedo pensar cuando me tocas, mon cher…"
"Entonces…" Trowa se acercó más y le dio un largo y lento beso. "No planees pensar por el resto de la noche."
Pero incluso el sexy aroma del tabaco en la lengua de su novio no pudo borrar el dolor en el pecho de Quatre. Algo estaba muy, muy mal.
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"Srta. Srta!"
Relena levantó su cabeza de la curva del hombro de Heero. "Oh!" Se sentó, parpadeando sus lágrimas. "Heero…" Gentilmente lo sacudió. "Ellos están aquí, Heero."
Sus ojos temblaron, la máxima respuesta que había sido capaz de dar desde que Hilde había dejado el vestidor, unos cinco minutos atrás. Relena miró a los paramédicos, frescas lágrimas se deslizaban por sus mejillas. "Por favor, ayúdenlo."
Un hombre movió a Relena del camino, retirando sus ensangrentados dedos de su herida. "Nos ocuparemos de él, Srta. Quédese atrás y denos espacio." Otro médico se le unió al lado de Heero. "Hay órganos expuestos? Traigan el kit intravenoso… mierda… al parecer el chico ha perdido alrededor de dos medios litros…
"Srta." El tercer paramédico se detuvo en frente de Relena, bloqueando su vista de Heero. "Está bien?" Señaló su rasgado vestido.
"Estoy bien," susurró ella. "Por favor… no puedo perder a Heero…"
El hombre asintió. "Vamos a hacer todo lo posible para ayudar a su amigo. Pero primero necesitamos saber qué pasó exactamente."
"Él… fue apuñalado. Desde atrás." Relena cubrió su boca con una mano. "Traté de detener la hemorragia…"
"Ha perdido la consciencia?"
Sus hombros se levantaron. "Hubo momentos… no abría sus ojos."
"Tiene alguna condición médica de la que debamos saber?"
Ella parpadeó mientras pensaba. "Heero… está en perfecta salud. Es bailarín… el mejor bailarín."
El paramédico depositó una consoladora mano en su hombro. "Está bien. Has hecho un buen trabajo…"
"Relena," suplió ella.
"Relena, por qué no te sientas y me dejas examinarte. Sólo para asegurar que estás bien."
Ella lo dejó guiarla hacia la banca, su espalda aún hacia Heero y los paramédicos. Desafortunadamente, el hombre no pudo cerrar sus oídos.
"… muy profunda. Llama y déjales saber…" Una pausa. "… no se ve bien…"
Relena miró su regazo mientra el médico la examinaba. Hizo una mueca de dolor cuando tocó su rodilla, el lugar en donde había aterrizado cuando Jean-Paul había hecho su ataque. "Duele?" preguntó él. Ella no dijo nada. "Cuando lleguemos al hospital, tomaremos unos rayos X…"
"Está bien." Los médicos trabajando con Heero le indicaron a su compañero. "Vamos a subirlo a la camilla." Trabajando juntos, los hombres levantaron el pálido cuerpo de Heero en el aparato. Uno sostenía una bolsa de fluido intravenoso sobre la cabeza de su novio cuando los otros dos revisaban su pulso y presión sanguínea y vigilaban de cerca su sangrante herida.
"Puedo… quiero quedarme con Heero," susurró Relena.
Los hombres intercambiaron una mirada. "Vamos entonces," dijo uno de ellos, sonriendo tristemente. "Necesitará ver un rostro amigable cuando despierte."
Lo que el hombre no dijo, pero lo que él y sus colegas estaban pensando no era "cuando", sino "si."
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Hilde regresó al escenario después de indicarle a los paramédicos entrar a los vestidores con una expresión grave. A lo que entró no era nada corto al caos. Todos estaban hablando a la vez. Una mujer paramédica estaba revisando el brazo de Duo. La policía estaba colocándole esposas a un hombre gritando maldiciones en francés y lo que sonaba como el nombre de Relena. Otro policía estaba depositando con cuidado el ensangrentado cuchillo en una bolsa para evidencia.
Y Milliardo Peacecraft estaba sentado en el borde de su escenario, sus pies colgaban en el lugar de la orquesta. Su celular yacía junto a él, pero estaba mirando hacia las filas de sillas vacías.
Ella se le acercó tan tranquilamente como la dejaba su yeso, como para no asustarlo. "Sr. Peacecraft…"
Parpadeando, levantó su cabeza para mirarla. "Hilde. Sí. Qué bueno… verte aquí."
"Gracias." Hilde tragó. "Sr. Peacecraft… sólo quería decirle… Heero ha sido herido. Relena está con él, pero está bien."
Milliardo bajó la mirada. "Eso es…" Se detuvo. "Lo llevarán al St. Luke. Es… más cerca." Con un repentino arranque de energía, tomó su celular y se levantó. "Puedes ir allá? Dile a Relena… que tuve que ocuparme de algo."
Hilde parpadeó. "Um… por supuesto. Pero…" Él ya se había ido, saliendo del escenario. Suspiró. Un segundo después, una mano tocó su hombro, haciéndola saltar. "Oh, dios!"
"Hola… nena! Lo siento." Duo la giró para encararlo. "No quise asustarte."
"Duo…" Ella lanzó sus brazos alrededor de su cuello, abrazándolo con cada porción de fuerza que tenía. "Estás bien?"
"Sólo fue un rasguño. La amable dama me dio una bandita." Hilde se separó, cansada de su actitud casual. "De acuerdo… dijo que probablemente necesito unos puntos." Duo señaló la gasa temporal alrededor de su brazo. "Pero… suficiente de mi. Qué está pasando allá…"
Los ojos de Hilde brillaron con lágrimas. "Mira tras de ti," susurró ella.
Así lo hizo, una ola de nauseas se formó en la boca de su estómago. Su puño se cerró mientras el grupo de paramédicos los pasaban, dirigiéndose hacia la salida de emergencia más cercana. Ver a Heero acostado en una camilla… Relena caminando a su lado, sosteniendo su mano y cubierta en su sangre…
"Ese hombre lo hizo," dijo Duo un momento después de que desaparecieron por las puertas dobles. Regresó su mirada hacia el extremo del escenario donde la policía se llevaba al sospechoso. "Quién demonios es? Un psicópata de las calles?"
"Su nombre es Jean-Paul Chevalier." Sally se le acercó a la pareja, su brazo entrelazado con el de Wufei. "Es un muy respetado instructor de ballet y reclutador para el Teatro de Ballet de París."
Hilde frunció. "París…"
"Relena tomó clases allá antes de venir aquí," suplió Duo. "No entiendo…"
"No creo que nadie lo haga." La bailarina suspiró y recostó su mejilla en el hombro de su amante. "Excepto tal vez…" Hizo un vago gesto hacia las puertas por las cuales Heero había sido llevado.
Duo de repente miró hacia la parte trasera del teatro. Dos hombres entraron a la Mezzanine. Un joven alto y su delicado compañero rubio; miraban incrédulos el escenario. "Puedo pensar en otra pareja que podría."
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El corazón de Heero dejó de latir a medio camino entre el Centro Lincoln y el Hospital St. Luke. Para cuando las puertas se abrieron en la bahía de ambulancias del centro médico, los paramédicos habían logrado que latiera de nuevo y declararon que todo iba a estar bien.
Pero Relena ya estaba en un estado de shock tal que ninguna palabra de consuelo parecía aliviarla. No podía sostener su mano mientras revivían con choques su corazón; todo lo que podía hacer era observar saltar su amado cuerpo y esperar a que las líneas en el monitor cambiaran de la línea recta.
Ellos lo llevaron a la sala de emergencia, los paramédicos les gritaban los signos vitales a los doctores, los doctores les gritaban órdenes a las enfermeras y las enfermeras gentilmente, pero con firme resolución, empujaban a Relena hacia el área de espera.
"Te diremos al momento que sepamos algo de seguro," repitieron, completamente inseguras. Pero Relena se hundió en una dura silla de plástico sin protestar ante su salida. Fue en este mismo lugar, en esta misma posición que Hilde, Duo, Trowa y Quatre la encontraron media hora después.
"Princesa!" Duo la ubicó primero y corrió. Se desplomó en la silla a su lado derecho. "Princesa…"
Relena parpadeó del estado de trance. "Duo." Lo miró. "Hola." Su voz era más baja que un susurro.
"Estás bien, princesa?"
Sus ojos se cerraron, derramando cálidas lágrimas por sus pálidas mejillas. "Heero…" Abrió sus ojos. "Está tan mal, Duo…"
"Pero va a estar bien," habló Hilde. Tentativamente, tomó el vacío asiento a su izquierda. "Heero es real, realmente fuerte. Va a superarlo, sin duda."
La rubia bajó su mentón para mirar sus manos manchadas. "Había tanta sangre," declaró. Después de un momento, se dio cuenta que la rasgadura en su vestido casi exponía de nuevo sus senos. Con descorazonados movimientos, tiró de la prenda.
"Ven…" Instintivamente, Hilde alcanzó para ayudarla.
Relena encontró sus ojos por un breve segundo. "Gracias."
De pie a unos pies, recostado contra el pecho de Trowa por solidaridad, una lágrima escapó del ojo de Quatre. Aquí era a donde los había llevado los secretos. Si sólo hubiese reportado a Jean-Paul meses atrás, no estarían aquí en este momento. Cerró sus ojos con disgusto.
"No hagas eso," murmuró Trowa en su oído. "No te culpes, Pequeño."
"Pude haber hecho algo para detener todo esto," respondió Quatre. "Debí haber cuidado de nuestra Relena."
"Siempre has cuidado de mi, amigo." El repentino cambio a francés de Relena captó a Duo y a Hilde fuera de base. "Nadie es culpable sino yo." Repitió la frase en inglés.
Duo frunció. "No lo creo. No eres la psicópata con el cuchillo."
Relena sacudió su cabeza. "No entiendes, Duo."
"Creo que está comenzando a juntarse, princesa." Él miró a la pareja francesa. "Partes y piezas de ellos… cosas que has dicho… formas en que has reaccionado a ciertas cosas…"
"Podrías saberlo, pero aún no entiendes." Ella metió sus manos bajo sus brazos buscando calor. "Si hubiese sido más fuerte… si hubiese peleado…" Su mentón se giró en dirección a donde los médicos se habían llevado a Heero. "No estaría herido." Relena miró a Duo. "Yo le hice esto, es como si yo lo hubiese apuñalado. Y no pueden borrar eso al decir que no es cierto."
No hubo nada más que decir; de todas formas no hubiese escuchado nada. Duo simplemente tiró de su brazo hasta que pudo tomar su mano. Hilde tomó la otra. Quatre y Trowa los observaban. Veinte minutos después, Relena se dio cuenta de cuánto necesitaba a las cuatro personas rodeándola cuando un doctor, usando ropa verde con varias manchas oscuras en ellas, se acercó al área de espera.
"Relena Darlian." Llamó el nombre que le había dado a los paramédicos en la ambulancia. Una vez que se levantó con rodillas débiles, el doctor continuó. "Hemos llevado a su amigo, Heero, a cirugía. No tengo que decirle que ha perdido una tremenda cantidad de sangre y es debido mayormente al hecho de que el cuchillo probablemente ha perforado su bazo. Esperanzadamente, la cirugía reparará el daño, aunque hay la posibilidad de que la cirugía tenga que remover completamente el órgano para salvarlo. Por supuesto, la posibilidad de daño a otros órganos también es muy alta; no lo sabemos de seguro en este momento." El doctor pausó. "Los paramédicos me dijeron que dijo no tener familia en la ciudad."
"Su padre…" Tragó ella. "… está en Hong Kong. Su madre murió." Relena miró al doctor. "Heero va a morir?"
"Los mejores cirujanos están con él en este momento y harán todo en su poder para…"
"Por favor, sólo responda mi pregunta."
El hombre miró la tabla en su mano. "No le mentiré, Srta. Darlian. Podría no sobrevivir a la cirugía." Levantó la mirada. "Lo siento."
Porque Relena no pudo hablar, Duo le preguntó al doctor, "Podemos ir a cirugía y esperar por él?"
"Una enfermera les mostrará el camino." El doctor les dio una compasiva mirada. "De nuevo… lo siento."
Mientras el hombre se alejaba, Duo haló a una temblorosa Relena contra su pecho. "Princesa… Heero va a vencer esto. Lo sabes, verdad?"
Hilde mordió su labio. "Lo hará. Yo lo sé."
Sus palabras, mientras bien intencionadas y apreciadas, fallaron en impactar la culpa de Relena. Se separó de Duo un momento después para buscar el consuelo de Quatre y Trowa. "No puedo vivir sin él," gritó en francés. Sus palabras se amortiguaron por la chaqueta de Quatre. "No puedo… sólo no puedo…" Ella se aferró a sus solapas; ellas, así como los brazos de la pareja francesa, eran las únicas cosas deteniéndola de caer en el piso.
*Todo es mi culpa* una voz dentro de su cabeza le gritaba a los poderes más altos de quien dictara tales cosas. *Todo es mi culpa, pero por favor! Por favor, no me lo quites!*
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Al otro lado de la ciudad, Milliardo Peacecraft permanecía en la puerta abierta de la sala de su penthouse en Park Avenue, observando a un examinador médico del DPNY metiendo a su madre en una bolsa negra.
Los sucesos de la noche se tornaron demasiado de soportar en esos momentos. Mientras sacaban a Helen del apartamento, dejando sólo la silueta de ella en cinta plástica en su alfombra oriental, Milliardo escapó al baño del corredor.
Cuando su estómago estuvo vacío, se sentó contra la fría pared y sacó su celular de su chaqueta. Marcó de memoria y esperó con entumecida paciencia hasta que la persona del otro lado respondiera.
"Lu," comenzó en un tono bajo. "No… estoy bien. Sí. Sé lo de Heero." Hubo una larga pausa. "Mi madre está muerta." Otra pausa siguió, interrumpida sólo por los suaves y conmocionados sollozos del otro lado. "Lu… adelántate y dile a la clase. La compañía para el próximo año incluirá a Susanna Holmes, Patrick Keating, Rika Yoshikawa, Duo Maxwell…" Tomó un respiro. "Relena Darlian y Heero Yuy." Sonrió a medias. "Qué… esperabas algo diferente?"
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Continuará…
