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Aoko parpadeó confundida al sentir un poco extraño su cuerpo. Se sentía desorientada y con los músculos adoloridos. Dando un profundo suspiro, trató de levantarse, pero un desconocido peso en su cintura se lo impidió.
-¿Kaito? – pensó confundida al ver el rostro del mago junto al de ella – Dormimos juntos…- de pronto todos los recuerdos de la noche anterior la sorprendieron haciendo que se sonrojara brutalmente. El mago, aún sumergido en el mundo de los sueños no se percató de los ojos azules que analizaban su figura sin perderse ningún detalle.
-Se ve muy tranquilo dormido- pensó con profundo cariño delineando suavemente el rostro del mago. Como una tonta, sonrió por largos minutos antes de por fin decidirse a levantarse y comenzar el día.
Con suavidad se deslizó fuera de la cama sintiéndose aún levemente cansada. No se arrepentía de nada. Su primera vez fue con el hombre que más amaba en el mundo y por suerte para ella, ese mismo hombre, también la amaba a ella – No muchas pueden decir eso – concluyó feliz mientras se cambiaba la ropa y se alistaba para regresar a su hogar.
Kaito despertó al igual que lo hacen los gatos y con una sonrisa llena de satisfacción. Rápidamente sus manos buscaron el suave cuerpo de Aoko, pero fallaron estrepitosamente.
-¿Aoko? – la llamó penosamente con voz ronca. Al no escuchar respuesta, frunció la boca solo por un segundo antes de volver a sonreír – Aoko, niña traviesa. Nadie escapa del gran ladrón Kaitou Kid sin recibir un castigo- con energías renovadas, se alzó con entusiasmo.
Una vez vestido con su uniforme, se encaminó a la casa de su…- Novia, Aoko es mi novia- dio un pequeño salto en el aire de felicidad.
Olvidado por completo su intención original de hacerle una broma a la castaña, entró a la casa de la chica y la comenzó a buscar.
-Estoy aquí Kaito- la voz risueña de la chica lo llamó. Sin hacerse de rogar, el joven se dirigió a la cocina donde lo esperaba con una sonrisa suave mientras preparaba el desayuno- ¿Tienes hambre? - le preguntó como si nada haciendo que el joven la observara extrañado.
-Mucha- confesó admirando la deliciosa comida. De pronto unos delicados brazos lo envolvieron.
-Que bueno, porque hice todo esto para ti- las mejillas del mago se sonrojaron notoriamente haciendo que Aoko sonriera de medio lado.
-Gra…gracias- tartamudeó mientras se rascaba la cabeza tímidamente – ¿Siempre fue tan dulce? ¿Estará actuando así …por lo de anoche? – se volvió a sonrojar.
-Siéntate- le pidió con dulzura mientras le acercaba un plato y se sentaba junto a él mirándolo fijamente- Oye Kaito…- lo llamó melosamente.
-¿Por qué me esta mirando así?- le devolvió el gesto confundido con las inesperadas atenciones de la castaña.
- El robo de Kid es en unos días ¿No es verdad? – el mago asintió sin entender a donde quería llegar- Ya veo – ladeó su cabeza con inocencia – Tu crees que si le pido un favor a Kaitou Kid …él podría ayudarme- de pronto Kaito entendió todo el proceder de su novia.
-¡Aoko!- dejó caer el tenedor sobre el plato – Preparaste todo esto – indicó la mesa haciendo gestos exagerados con sus manos – ¿Solo para engatusar a Kid?
-No sé de qué me hablas – fingió demencia mientras le servia otro plato – Vamos debes comer para estar fuerte y sano- sonrió con entusiasmo.
-Realmente me engañaste – hizo un puchero infantil- Pensé por un minuto que hacías todo esto después de…- cerró su boca abruptamente de la vergüenza.
- ¿Después de qué? – preguntó risueña su compañera. Después de unos segundos de silencio, la mente de Aoko hizo las conexiones necesarias - ¿Después…de anoche? – sonrió gatunamente haciendo que el mago se sonrojara notoriamente.
-No estaba pensando en eso- se cruzó de brazos con torpeza. La terquedad de Kaito fue evidente y de una u otra forma, solo logró atraer la curiosidad de la castaña.
- Vamos Kaito – lo llamó acariciando su mano. Pero al ver que el joven se resistía, se acercó tanto como pudo a él y con tortuosa lentitud, comenzó a repartir besos en el cuello del joven- ¿Me vas a decir lo que estabas pensando Kaito Kuroba? – le susurró en su oído haciendo que temblase de pies a cabeza.
- Nunca en la vida, princesa- susurró centímetros de su boca.
-Lástima- sonrió contra la boca del mago- Habría pagado gustosa el precio por escuchar la respuesta- Kaito al ver que la chica comenzaba a alejarse, la tomó con rapidez entre sus brazos y la sentó en su regazo. Aoko un poco sorprendida, solo atinó a aferrarse de la chaqueta del mago.
-Esto me recuerda – le robó un beso sin culpas- Que hoy has sido una chica muy mala- Aoko alzó una ceja curiosa.
- ¿Mala? – preguntó incrédula – Curioso, pensé que había sido excepcionalmente buena…en especial anoche – se le insinuó haciendo que el mago alzara las cejas sorprendido por su inusual desinhibición.
-La mayoría sentiría un poco más de vergüenza al hablar de …estos temas- medio tartamudeó con una sonrisa.
-¿Así como tú? – se burló mirándolo con ojos brillantes.
- Así parece – admitió rendido.
- No es que no me de vergüenza – finalmente confesó – Es que contigo tengo más confianza. – le sonrió con dulzura haciendo que el corazón alocado de Kaito vibrara.
- Eso está bien – le besó la nariz con suavidad – Mientras sea solo conmigo- los inesperados celos del mago hicieron reír a la joven con suavidad.
- Lo prometo – suspiró feliz contra el hombro del joven
- ¿Y bien? – el mago preguntó con una sonrisa amorosa.
- ¿Y bien qué? – le miró confundida.
- ¿Qué favor querías pedirle a Kid? – la miró expectante. Los ojos de Aoko brillaron de emoción.
- ¿Recuerdas que en la bóveda donde se guardaban las joyas también se encondían libros? - el joven asintió – Hay un libro dentro de todos esos que necesito…mucho.
-¿Me estas pidiendo que robe para ti?- ahora sí lo he escuchado todo – pensó anonadado.
-Es una forma de decirlo – sonrió avergonzada – Si no puedes, lo entenderé- ladeó su cabeza con ojos tristes, gesto que rompió el corazón del mago.
-Claro que puedo – le besó la mejilla – Solo debes responderme una cosa ¿Por qué es tan importante para ti ese libro?
-Bueno…no puedo estar segura hasta tenerlo en mis manos- se levantó de la mesa con parsimonia- Pero si no me equivoco, ese libro podría tener pistas sobre pandora- Los ojos de Kaito se abrieron emocionados.
- ¡Eso es increíble! – cantó dichoso – No te preocupes princesa ¡No fallaré! – la castaña miró gratamente el entusiasmo de su compañero.
A unas calles de la escuela "acordaron" llegar por separado para evitar sospechas innecesarias en sus compañeros.
-Maldición ¿Cómo Aoko logró convencerme de esto? – pensó frustrado mientras la buscaba con la mirada por todas partes – Pudimos haber aprovechado este tiempo para estar juntos- sonrió lobunamente al recordar como el tono de advertencia de Aoko se vio interrumpido por el beso que le había dado el mago – Creo que comenzaré a hacer eso más seguido- silbó feliz mientras se cambiaba los zapatos.
-Te ves muy feliz esta mañana, Kuroba – la despampanante pelirroja comentó a su lado.
- Buenos días, Akako – la saludó sin perder su sonrisa - ¿Has visto a Aoko? – Akako negó divertida con la reacción del mago.
-Debí suponer que tu buen humor se debía a Nakamori – Aunque Kaito se sonrojó levemente, prefirió ignorar los comentarios – De todas formas… la chica por la que preguntas está justo detrás de ti – hizo un gesto con su cabeza para señalizar a la risueña chica junto al detective inglés y su amiga de coletas. Los tres caminaban en dirección a ellos cuchicheando y riéndose por algo que decía Keiko.
- Hola chicos- saludó con cortesía Aoko al ver a la bruja tan cerca del mago.
- Nakamori – le devolvió el gesto la pelirroja.
-¿De qué estaban hablando? – preguntó con evidente curiosidad el mago.
- Keiko nos contaba una historia muy graciosa – se burló Aoko de su amiga, haciendo reír al detective.
-Nos contaba sobre la historia de la supuesta casa embrujada que está en un pequeño pueblo a una hora de la ciudad- las mejillas de la chica se inflaron de indignación.
-¡Juro por dios que es verdad!- se defendió
- Vamos Keiko- la llamó su amiga- Son solo cuentos para niños.
-De todas las personas en el mundo- Koizumi miró con profundidad a Aoko- Nunca creí que tu precisamente diría algo así- todos enfocaron su atención en la castaña que estaba igual de confundida que los demás.
-¿No me vas a decir que crees en eso? – le contestó risueña.
- No estoy diciendo que este embrujada – le sonrió con astucia- pero tampoco estoy diciendo que no lo esté- los ojos de Aoko brillaron con inteligencia al comprender las indirectas de la bruja. Si en este mundo podían existir seres como las sacerdotisas, las brujas y los espíritus ¿Por qué no podría estar embrujada una casa?
-Tienes razón- le concedió la ojiazul- Mis conclusiones fueron muy apresuradas- todos miraron sorprendidos el intercambio entre sus compañeras- Aún así, debes confesar que es poco probable.
-¿Y si lo comprobamos? Incluso podría llegar a ser muy divertido – Aoko la miró curiosa por unos segundos antes de suspirar.
-¿Qué es lo que buscas yendo a esa casa, Akako-san?- el detective inglés la miró con ojos incautos.
- Comprobar los rumores, obviamente- se rio de lo más divertida- ¿Qué dices Nakamori? ¿Aceptas? – Kaito observó sin entender del todo el gran interés que mostraba la bruja, pero de cualquier forma, no pudo evitar preocuparse.
- ¿Por qué no? – respondió con simpleza la ojiazul - ¿Cuándo quieres ir? Akako-chan – el mago abrió la boca para protestar, pero una fugaz mirada de advertencia de la castaña lo detuvo.
-¿Me acaba de insinuar con la mirada que no me entrometa? – se preguntó confundido.
- Mañana- le sonrió de medio lado la joven.
-Mañana hay clases- el detective la miró confundido.
-Entonces mañana en la estación de trenes a las 8 – concluyó la castaña. Akako, por su parte, asintió confirmando su participación.
- ¿Planean que faltemos a clases solo por una tonta historia? – Kaito las miró aburrido.
- Nadie te obliga a venir, Kuroba- La pelirroja lo retó con la mirada- Esto es entre Nakamori y yo.
-En ese caso, nos vemos mañana, Akako-chan- le respondió con simpatía la castaña antes de retirarse seguida por el mago y Keiko.
-Aoko, ¿De verdad vas a ir mañana? – le preguntó con miedo su amiga.
-Por supuesto – cantó con alegría- relájate, seguramente es solo un tonto rumor.
-Pero tu misma dijiste que podrías estar equivocada- le recordó nerviosamente haciendo bufar a la joven.
-Lo dudo- mintió- Si Akako cree que esta embrujada…la posibilidad es alta- pensó con amargura- No tienes que ir Keiko- le sonrió con gentileza- Volveremos antes del medio día, ya verás- trató de tranquilizarla poniendo una mano sobre su hombro con cariño.
-En ese caso, espero que me llames para contarme los detalles- le devolvió la sonrisa.
-Obviamente- sonrió con diversión antes de ingresar a su salón.
-¿Estas segura de querer ir?- le susurró el mago con una ceja alzada.
- ¿Por qué no lo estaría? – le devolvió el gesto cruzándose de brazos- ¿quién no querría ir a una polvorienta casa en medio de la nada? – preguntó con sarcasmo haciendo reír al mago.
- Te ves entusiasmada – se burló. Aoko miró al vacío pensativamente por largo rato preocupando al mago- No tienes que ir. Nadie te obliga.
-No es que tenga miedo, mago tonto – bufó un poco molesta sentándose abruptamente.
-¿Entonces que sucede?- la buscó con la mirada pero la joven le rehuía - Aoko, háblame por favor- frunció la boca frustrado. La castaña que hasta el momento no se había percatado de la profunda mirada del mago, no pudo evitar sonreír al cruzar miradas.
-Te ves preocupado Kaito- apoyó su mejilla en su mano.
-Tu me preocupas- la castaña no pudo evitar sonrojarse al sentir como la mano del mano rozaba la suya.
-Kaito- susurró apartando su mano- Lo prometiste- lo miró con un tono de advertencia.
- ¿A qué le tienes tanto miedo? – siseó herido.
-Tu mejor que nadie debería saberlo- se defendió frunciendo el ceño- Sé que no es fácil, pero es necesario…- Antes que la joven terminara de hablar, el mago cruzó las puertas del salón abandonando a la ojiazul que lo seguía con ojos heridos- Kaito…
Aoko entró a la estación usando un simple vestido, zapatillas y su chaqueta larga. Bajo los ojos llevaba unas ojeras mal camufladas que evidenciaban la larga noche por la que había pasado y sobre su cabeza un jockey para camuflar su rostro.
-Nakamori- escuchó como la llamaban. Con lentitud se giró sobre su cuerpo para encontrarse con tres pares de ojos que la observaban. Uno de ellos era particularmente azul y la seguían en cada movimiento haciéndola sentir profundamente incomoda.
-¿Pero qué están haciendo ellos aquí?- pensó con amargura mientras caminaba hacia sus amigos.
-Buenos días, Aoko-chan- saludó con amabilidad el detective.
-Buenos días…a todos- fingió una sonrisa amable. Akako al ver la tensión entre el mago y la castaña no pudo evitar sonreír divertida.
-Bueno, iré a comprar los pasajes- ofreció la pelirroja – Hakuba-kun ¿Me acompañas? – le sonrió de medio lado haciendo sonrojar al joven que la siguió sin chistar.
-Kaito ¿Qué estas haciendo aquí? – preguntó con cansancio.
-¿Tu qué crees?- le respondió a la defensiva.
-¿Podrías dejar de ser tan esquivo?- gruñó cruzándose de brazos.
-¿No soy yo el que debería decir eso?- se defendió dejándola sola en medio del andén antes que Aoko pudiese cuestionarle algo. Con rapidez, pero notoriamente molesto se encaminó a la entrada del tren donde los esperaban sus amigos.
-Este va a ser un día largo- susurró para sí misma mirando al cielo con frustración. Prácticamente arrastrando los pies, siguió a sus compañeros de viaje hasta una cabina donde la bruja se sentó junto al mago y el detective junto a la hija del inspector.
- ¿Estas bien Aoko-chan? – preguntó con educación el joven inglés, haciendo que el mago mirara de reojo a la castaña- Te ves un poco cansada.
- Anoche no dormí muy bien, eso es todo – le sonrió agradecida por su preocupación.
- ¿Tuviste pesadillas Nakamori? - le preguntó con sorna la pelirroja mientras se aferraba del brazo del mago. Aoko miró la escena con incipiente preocupación. Por un lado, una pequeña parte de ella le susurraba que Kaito se sentía incómodo con esas atenciones, pero por otro, su mente le gritaba que el mago se dejaba consentir a propósito, haciendo que se enojara cada vez más con cada minuto que pasaba.
-Estúpido mago ¿No se supone que eres mi novio? – pensó con rabia mirando a la bruja que evidentemente lo estaba disfrutando mucho- Una o dos – fingió una sonrisa desinteresada tratando de mantener la calma- Tal vez fue producto de lo que estaba leyendo antes de dormir- mintió esperando que la chica cayese en su trampa.
- Ohhh ¿Y se puede saber que fue lo que leíste? – Koizumi alzó una ceja curiosa al igual que sus compañeros.
- Era un texto bastante interesante – le castaña simuló un gestó de inocencia – Trataba de la quema de brujas de la edad media – la sonrisa de la pelirroja desapareció al mismo instante que su cuerpo se tensaba- Hablaba de cómo se inculpaba de hechicería a mujeres promiscuas o adulteras solo con el fin de castigarlas. Algo bastante medieval ¿No crees? – ladeó su cabeza mientras esperaba la reacción de su oponente.
Koizumi observó a su contrincante con ojos astutos. Había comprendido del todo la indirecta arrojada por la chica, pero no estaba dispuesta a rendirse tan fácil y dejarle el camino libre- ¿Y qué papel obtuviste en tu sueño? ¿Eras la bruja en la hoguera?
-Por supuesto que no- se rio como quien escucha una excelente broma – Obviamente yo era la espectadora que iniciaba el fuego- azul con rojo chocaron al mirarse iniciando una batalla de voluntades - ¿No te gustaría saber quien era la persona condenada? – la instó a que le preguntase.
Por su parte, tanto el mago como el detective observaron a las chicas sin comprender del todo su intercambio, pero seguros que debían detener la conversación.
-Oye Kuroba- Hakuba lo llamó- Estas inusualmente tranquilo el día de hoy ¿No estarás planeando algo?
-¿Tanto extrañas mis bromas? – medio sonrió divertido al ver como todos los ojos de todos se enfocaban en él con sospecha- Podría hacerte una o dos antes de llegar, si eso es lo que quieres- sonrió como un lobo dispuesto a continuar.
-No, muchas gracias, me gusta el color de mi cabello tal cual es hoy – sonrió nerviosamente haciendo sonreír ligeramente a Aoko. El mago al observar de reojo la primera sonrisa sincera de la chica el día de hoy, no pudo evitar también hacerlo.
-Saguru-kun – lo llamó Aoko- ¿Por qué decidiste venir a este viaje? – le preguntó con evidente curiosidad – No me mal entiendas, no me molesta que hayas venido, todo lo contrario, eres un excelente compañero de viaje- le sonrió con cariño haciendo que el mago tensara sus músculos con preocupación – Pero, no pareces el tipo de persona que cree en estas cosas- Aclaró con simpleza.
-Bueno, normalmente tendrías razón- se rascó la cabeza nervioso- Tan solo acordemos que últimamente estoy tratando de ser más abierto a otras posibilidades- los ojos del joven se deslizaron con discreción hacia la figura de la pelirroja que estaba enfrente. Aoko que observó con detenimiento cada uno de sus gestos, no pudo evitar sonreír divertida.
- ¿Qué te causa tanta gracia? – le preguntó inclinándose hacia ella.
- Tus obvias razones para provocar cambios tan profundos en tu persona- Se burló haciendo un sutil gesto en dirección a su compañera de viaje que solo el detective captó. Desde el frente, Kaito siguió observando el intercambio con la única idea en su cabeza de hacer sufrir a su odioso rival.
Nota de Autor: Antes que todo, lamento mucho la demora del capítulo, ahora que tengo más tiempo trataré de avanzar bastante y espero de todo corazón que les guste. Para todas las personas que siguen esta pequeña historia, no pueden imaginar cuanto me alegran sus comentarios. (Eli-chan, Angel-LauraR, Althea san, melgamonste, carlos29)
También me estoy poniendo al día con sus escritos, entre ustedes hay mucho talento y eso es digno de admirar ¡son una increíble fuente de inspiración!
Finalmente, tengo muchas ideas en la cabeza que quisiera agregar, pero obviamente siempre son bienvenidas sus opiniones y/o sugerencias.
