En verdad no saben cuánto me alegra leer a más personas al otro lado de la computadora, pensé que el fandom ya estaba algo muerto. Sí, escribir es una buena terapia para mí en este momento que estoy cerrando algunos ciclos, pero también lo estoy ocupando para compartir con ustedes un trocito de mi alma.

Les mando un fuerte abrazo virtual y galletitas de limón.


PELÍCULA

Algo de lo que le encantaba respecto a Hikaru es que podía ser la persona más irreverente posible, así como aquella que pasaba del dicho a la acción. Y por eso mismo, sin nada de antelación de su parte, terminaban haciendo actividades que ninguno de los dos había planeado.

¿Quieres ir a tomar un café y me cuentas? –releyó en su mente el mensaje enviado por celular.

Deja me baño y te veo allí –había escrito el Hitachiin.

Un mensaje enviado sin pensar, la aceptación del pelinaranja y 30 minutos después habían logrado que ambos terminasen en una cafetería cercana contándose los problemas de sus carreras. No necesitaban planear las cosas detenidamente ni gastar mucho en las salidas: un simple café y un croissant eran suficientes. Después de platicar de todo y nada por 30 minutos Haruhi se sintió incómoda con el camarero por no ordenar nada así que solicitó la cuenta.

No quería despedirse de él, así que sus labios se movieron sin pensarlo:

–¿Quieres ir al cine?

Sólo un par de metros los separaban del cine en la misma plaza comercial, así que no tardaron nada en acudir al mismo y consultar la cartelera. Lo más torpe y tierno de ello es que ninguno de los dos sabía qué películas se estaban exhibiendo en las salas o los horarios de las mismas, por lo que era una cita a ciegas.

Optaron por una película rusa de terror que iniciaría en unos minutos, pagaron y se dirigieron a la sala 7. Ésta se encontraba casi vacía, en silencio se acomodaron hasta el fondo como sus boletos indicaban.

Haruhi intentó poner de su parte para que la cinta le agradase, pero en realidad la historia era muy floja y el argumento bobo, ni siquiera el título se relacionaba directamente con las imágenes en pantalla. Se acomodó mejor en su butaca mientras se reñía por haber invitado a Hikaru a la película más tonta de la taquilla.

–Lo siento –hubo de disculparse cuando el fantasma la decepcionó más de lo esperado.

–¿Por? –preguntó el otro suavemente.

–Por hacerte ver una película tonta…

–No hay problema, yo también decidí verla… –se acomodó mejor en su asiento– pero sí, es muy aburrida.

–Perdón… –repitió nuevamente.

El pelinaranja se estiró un poco pero con su altura sus pies chocaban contra los asientos delanteros, afortunadamente no había nadie en los mismos. Ella colocó su mano sobre la pierna del chico, sin saber por qué, él se recargó en su hombro pese a ser varios centímetros más alto, acomodándose para ver mejor el resto del film. Y era tonto, pero allí, con la película rusa más estúpida a elegir, Haruhi sabía que no había otro lugar donde quisiera estar.