Capítulo 31: La oruga que salió antes del capullo
Después de la caótica y agridulce sabor que les dejó la boda los recién casados se fueron de luna de miel por un mes por París, Londres, las costas de Alemania en donde se la pasaron derramando miel y demostrándose su amor de todas las maneras en las que podían imaginar. Al regresar a Varbergk Lavine se sentía con algunos malestares y después de que le médico real la revisó les confirmó la buena nueva de que la princesa se encontraba encinta de su primer hijo. El reino entero festejó por la espera del nuevo miembro de la familia real.
—Muchas felicidades, no puedo creer que mi hermanita vaya a ser madre. —decía Verk el mayor de los hermanos de la princesa. —Te me adelantaste jejeje.
—Oh hermano un día de estos nos sorprenderás. —decía feliz la princesa.
—Que emoción seré tío, ya quería tener sobrinos para jugar con ellos y a enseñarles a usar una espada. —decía Rick el segundo hermano de Lavine.
—Tendrá una familia amorosa este bebé. —decían los reyes Vivark y Singrid abrazando a su hija y cuñado.
Por su parte las Islas del Sur estaban distanciadas del 13er príncipe, los reyes estaban tan decepcionados de su hijo que por el momento no querían saber de él.
Fue pasando el tiempo y la familia real de Varbergk se la pasaba cuidando a la princesa y preparando la llegada del nuevo bebé, los hermanos de Lavine creerían que tendrían un sobrino varón, pero Lavine pasaba buena parte de su tiempo tejiendo ropita de color rosa ya que ella sentía que el ser que se desarrollaba en su interior se trataba de una niña. A Hans no le importaba si era niño o niña lo que le importaba más era que su esposa tuviera buena salud y se cuidara para que no tuviera complicaciones, así que se la pasaba consintiéndola, apapachándola y dándole toda su atención.
Por desgracia la alegría no les duró mucho y los cuidados de Hans no impidieron que la salud de Lavine decayera, algunas dolencias del corazón. Faltaba todavía un mes para que terminara el verano, Lavine apenas iba en el segundo trimestre del embarazo cuando sufrió de preeclampsia, su presión arterial comenzó a subir. Y la única forma para salvar a ella y a la criatura era adelantar el parto.
—Pero todavía le faltaba un trimestre para que nazca.
—Es de vida o muerte, me temo que tendremos que practicarle una cesárea.
¿No es peligroso? —pregunta Hans dudoso.
—Por ahora es la única forma viable. Tendremos que hospitalizar a la princesa.
Internaron a Lavine en el mejor hospital de la capital, los padres y los hermanos de Lavine estaban haciendo oración por ella para que todo saliera bien. Hans estaba nervioso y muerto de miedo temía lo peor, por lo que sabía de las cesáreas con los equipos y métodos de la época las madres corrían el peligro de morir en el alumbramiento, trató de calmarse y se unió a la cadena de oración junto con sus suegros y cuñados.
Pasaban las horas y no sabían nada de Lavine ni de su hijo, eran los peores momentos de la vida de Hans, se sentía culpable porque quizás el karma trataba de devolverle todo aquel daño que le había ocasionado a la reina Elsa y se sentía fatal ya que estaba arrastrando a dos inocentes que cuyo único delito fue amarlo y aceptarlo a pesar de sus errores en el pasado.
De repente Hans siente que alguien le toma la mano y se sobresalta cuando escucha una voz hablándole.
—Esta línea muestra que has tenido una vida gloriosa, prospera y llena de valentía, muchos te admiran por tus acciones heroicas, pero también hay un solitario y oscuro pasado, tu corazón acomplejado estaba lleno de avaricia cambió ya que tendrás una nueva vida. Pero también hay una persona a quien lastimaste tanto en el pasado y para que puedas vivir en paz debes de pedirle perdón—. La voz le pertenecía a una anciana quien sin permiso comienza a leerle la mano a Hans.
Luego unos instantes después unas enfermeras se la llevan.
—Disculpe si la señora lo estaba molestando Su Alteza. —dice una de las enfermeras.
—Descuide.
La anciana en si no lo molestaba pero se quedó pensando en los que dijo aquella menuda señora.
Después esas largas horas que parecían una eternidad por fin salió un médico de la sala de partos para darles noticias de la princesa.
—La cesárea fue todo un éxito y Su Alteza ya se encuentra fuera de peligro.
—Gracias a Dios. —suspira aliviada la reina Singrid.
— ¿Y cómo está el bebé? —pregunta Hans preocupado por la otra vida que albergaba su esposa.
—A eso voy, fue una niña.
—Al parecer nuestra hermana tenía razón. —dicen los dos hermanos mayores de Lavine.
—El problema es que al nacer prematura no están muy desarrollados sus órganos. Su aparato respiratorio está inmaduro, su vista y oído tampoco están completamente formados. Si hubiera nacido al menos con 7 meses de gestación tendría más posibilidades de sobrevivir, pero en su caso si llegará a sobrevivir tendría serias secuelas.
— ¿Cómo cuáles doctor? —dice Hans con el corazón casi destrozado.
—Algunas podrían ser sordera, ceguera, problemas respiratorios, quizás parezca del corazón y hasta su sistema nervioso podría verse afectado. Haremos todo lo posible para salvarla.
La reina Singrid se soltó a llorar amargamente y Hans ya no soportó más y liberó las lágrimas que estaba conteniendo.
Unas cuantas horas después Lavine estaba despertando de los efectos del cloroformo* Hans ahí estaba a su lado.
—Hans... Siento tanto dolor tengo la sensación de que me cortaron en dos. —dice la rubia con una cansada voz.
—Ya pasó, ya estás fuera de peligro.
— ¿Y el bebé ? ¿Cómo está el bebé? —preguntaba la rubia preocupada.
—Fue niña. Los médicos la están cuidando.
—Necesito verla Hans, quiero ver a mi hija.
— ¿Segura? Deberías descansar más.
—Ya he descansado suficiente. Quiero verla y tenerla entre mis brazos.
Una instantes después la princesa era transportada en silla de ruedas apoyada por su esposo y unas enfermeras la llevaron hacía los cuneros en donde se encontraba su hija. Los médicos les permitieron cargar a la bebé por unos momentos.
—Se ve tan pequeña y delicada. —decía la joven Lavine mientras una lágrima rodaba por su mejilla.
—Sé que será una niña fuerte y saldrá de esta.
— ¿Cuál será su nombre?
—Helena, como la primera reina de las Islas del Sur, ella también fue una mujer fuerte que enfrentó adversidades con fortaleza.
La pareja siempre estaba al pendiente por su hija, Hans trataba de darle fuerza a su esposa. Pero a pesar de parecer fuerte nada destrozaba más a Hans que ver a su pequeña hija en el cunero respirando con dificultad. Se sentía fatal y la peor miseria del mundo por ver a Lavine llorar por ver a su frágil vida y a Helena batallando por vivir. Se sentía culpable ya que pensaba que el cielo lo estaba castigando por sus pecados que había cometido en el pasado y le estaban cobrando factura con la vida de su hija.
Pasaron varias semanas y Lavine ya había sido dada de alta pero aun así casi no salía del hospital para estar al tanto de su hija.
—Esa reina del hielo tiene la culpa, por su culpa mi hija está sufriendo
— ¿Cómo podría tener la reina Elsa que ver que nuestra Helena haya nacido prematura?
— ¿No lo ves? Si la bruja de las nieves le llegó a congelar el corazón a su hermana, como ella no pudo dañar el mío y por lo tanto poner en peligro mi vida y la de Helenita.
—Tendrá esos poderes, pero no creo que sea capaz de esa clase de magia, son cosas que pasan que no son causadas por causas sobrenaturales. Pero no pienses en eso amor.
La sigue abrazando y siguen orando por su hija.
Pasaban las semanas y la bebé aún seguía luchando por su vida, más pequeña que una muñeca, por las predicciones de los médicos Hans temía que quizás no podría enseñarle a empuñar una espada, al menos esperaba que su hija fuera capaz de reconocerlo, ver el mar y escuchar los cuentos que le leería de noche.
Había buenos y malos días para la princesita. Pero parecía que los malos serían sus últimos días. Los médicos le dijeron a la pareja que ya habían hecho todo lo que pudieron por la pequeña. Lavine lloró desconsolada sobre el pecho de Hans. Lo único que podían hacer ahora era llevarla a casa para despedirse de ella.
Por la noche Hans tenía una pesadilla, su pequeña Helena había perecido, Lavine estaba devastada y destrozada por la muerte de la princesita y los Reyes culpaban a Hans por el sufrimiento de las princesas y lo mandan a la horca no sin antes ver a Elsa congelarlo y arrojarlo al fiordo. Luego debajo del agua vio a aquella anciana morena del hospital en forma de burbujas que parecían espejos.
—¿Quieres una renovada vida y salvar la nueva que será parte de ella? 314 es la clave.
La aparición se disolvió en un montón de burbujas y espuma. Se escuchaba una voz como un eco que resonó en la cabeza del pelirrojo:
Salemal
Hans se despertó agitado con taquicardia y sudoroso por su horrible pesadilla. Recordando el número que le dijo la anciana en sus sueños y analizándolo creyó que podría ser un número de cuarto en donde estaría internada aquella mujer. Tomó una vela para alumbrarse y sin pensarlo se salió en pijama, monto a Citron y fue rumbo al hospital de la capital.
—Me permite ver a Salemal.
— No suele tener visitas. — dice la enfermera de la recepción.
Le sorprendió la facilidad con la que le permitieron ver a la anciana la enfermera lo guió a la habitación y en efecto en la puerta estaba ese dichoso 314. Unos segundos después la joven enfermera se había retirado.
Ahí estaba la anciana morena de ese día acostada en su cama enredando e hilando un estambre entre sus huesudas manos.
—Hans Westergaard, decimotercer príncipe de las Islas del Sur. Tienes 28 años, signo escorpio*, eres un héroe para muchas personas sin embargo tienes un oscuro pasado, lastimaste tanto a una persona y eso en el fondo te inquieta.
— ¿Cómo sabe todo eso? —pregunta el sorprendido colorado.
—Lo leí su mano aquél día además de que tu lenguaje corporal revela mucho hemhem. Y además sé que la salud de tu hija corre peligro, nació prematura por la preeclampsia que sufrió tu esposa. Sin embargo puedo ayudarte sólo necesito que me hagas un par de favores a cambio.
— ¿Y qué es lo que quiere? —Pregunta con desconfianza —No me diga que quiere a mi hija a cambio.
—No, para nada. Además sé que como producto de ese acto injustificable le engendraste un niño y una niña a aquella muchacha y que ella no te permite verlos. Comprensible claro. Sólo le pido a cambio pague la cuenta del hospital para que salga de aquí de una vez y me traigas unos ingredientes.
—¿Cuáles ingredientes?
—Pasadme una hoja y un lápiz hijo.
El pelirrojo de la pasa y la anciana escribe unas cuantas cosas como hierbas medicinales que se pueden conseguir fácilmente en una hierberia, ramas y plátano.
— ¿Plátano?
—Has notado que cuando colocas frutas inmaduras al lado de los plátanos y estos maduran más rápido. Sabiendo aprovechar sus cualidades de la forma adecuada puede aplicarse a niños humanos que nacen antes de tiempo y sus órganos no están muy desarrollados.
—Entendido.
A estas horas ya había amanecido, Hans salió muy apurado a juntar los ingredientes necesarios. A Lavine le extrañó no ver a su marido en el palacio preguntó por él y los guardias sólo le decían que había salido con su caballo.
El príncipe batallo un poco para conseguir los plátanos tratándose de una fruta tropical del otro lado del océano, tuvo que pagar una considerable cantidad de dinero por la exótica fruta a unos comerciantes que provenían de Avalor.
Ya con los ingredientes reunidos fue con la anciana en el hospital y pagó la cuenta del hospital.
—Veo que volvió joven Westergaard.
—Ya puede abandonar el hospital. Traje los ingredientes y algo de ropa para que se cambie.
La anciana ya vestida apropiadamente salió del hospital escoltada por el príncipe sureño volvió a respirar el aire fresco que tanto ya extrañaba.
—Es hermoso sentir la libertad de nuevo y el aire fresco.
— ¿Cómo fue que terminó en el hospital? Disculpe si soy inoportuno.
—Yo era de tierras lejanas durante mi niñez aprendí a aprovechar los dones de la naturaleza, leer las estrellas y los que puede ocultar el ser humano en su corazón, era parte de una pobre familia gitana numerosa de Dartania y un día me vendieron a una familia noble siendo una jovencita. Les serví durante décadas pero los años pesaron en mí, me vieron como una carga y me dejaron abandonada en ese hospital. —termina de relatar la mujer.
—Lamento lo sucedido. Pero verá que en donde estará será tratada dignamente.
Llegaron al Palacio de Varbergk los hermanos recibieron a sus cuñado con una sarta de reclamos de porque se fue como si nada, que era un abandona hogares un desobligado. Hans decide no hacerles caso y enfocarse en sus asuntos.
La anciana le pregunta dónde está la cocina y el cobrizo la guía al lugar ya ahí la anciana acomoda los ingredientes, machaca las hojas de las hierbas y le ordena al príncipe que ponga a hervir agua.
— ¿Usted es Salemal? —le pregunta Hans a la mujer.
—Así es, fue el nombre que se me dio al venir al mundo. —contesta mientas corta unos agujeros a una tela de lino. —Me extraña que apenas en este punto me pregunte mi nombre jeje.
Salemal sigue moliendo y machacando hierbas, las coloca en un cuenco.
— ¿No será muy tarde? ¿Seguirá con vida mi hija?
—Aún está a tiempo de salvarla joven.
Después de un no muy largo rato Salemal termina de construir una rústica incubadora con una pequeña bañera y un cristal con agujeros. Hans guía a la anciana hacia donde se encontraba la niña, ahí estaba la pequeña Helena respirando con dificultad junto con madre quien tenía unas oscuras ojeras por las noches en vela y de tanto llorar, la reina Singrid y el rey Vivark trataban de confortar a su hija pero esta les dice a sus padres que la dejen a solas con su hija y esposo, Cumpliendo con la petición de su hija la pareja de monarcas sale de la habitación. Cuando ve a la anciana la mira con desconfianza a la anciana morena que estaba al lado de su marido Hans le explica que aquella señora podría salvar a su hija así que Lavine deja que la anciana siga con su trabajo. Salemal coloca a la niña como vino al mundo en la bañerita coloca un poco de agua tibia y hecha un poco de las hierbas medicinales que había estado machacando. Alrededor de la bañera coloca unos cuencos que desprendían un vapor, encima coloca el cristal con agujeros. Después de terminar de tratar a la niña le ofreció un té a Lavine para calmar sus nervios. La mujer le explica a la pareja que en menos de 24 horas notarán mejoría en la niña. Y en efecto así fue.
En lo que transcurrían los minutos y las horas la bebé se veía más fortalecida, como recobraba un color rosadito y como a medida que iba pasando el día la nena seguía creciendo y se veía cada vez más vigorosa.
Cuando Salemal notó que la cascara de plátano que había puesto a la orilla de la rustica incubadora se había tornado totalmente negra sacó a la niña y se la mostró a sus padres. Ahora era una bebita grande, gordita, fuerte y vigorosa. Lavine lloró de alegría a ver su hijita sana y llorando a todo pulmón.
—Mi bebé gracias, muchas gracias a Dios por haber puesto es nuestras vidas a esta sabia mujer. —agradece la princesa Lavine con lágrimas de alegría en los ojos.
—De nada Alteza, debería alimentar a la niña seguro ha de estar hambrienta.
La joven princesa va a un rincón de la habitación se descubre el pecho acerca a su hija a su pecho y esta se prende saciando su hambre, Hans ve a sus dos mujercitas enternecido. Después de unos minutos las dos se quedan dormidas.
—Déjalas descansar joven príncipe, después de todo lo que han pasado han de estar agotadas.
—Sí han sido muy difíciles estos últimos meses.
Entonces la anciana se pone seria y le toma la mano diciéndole:
—Hay una persona a quien le has hecho un gran daño y debes pedirle perdón. Ya que para tener una nueva vida primero debes restaurar la anterior.
—Sí, he estado muy arrepentido por todo eso, si voy a pedirle disculpas, pero ahora lo más importante es cuidar a mi familia.
—No lo olvides príncipe, el amor puede restaurar lo que el odio daño y es tan poderoso que puede cambiar las vidas de todos.
—Pero yo no amo a esa persona a la que dañe, solo quiero su perdón no su amor, después de todo yo ya estoy casado.
—No hablo de romance príncipe, si no de amor fraternal, de hermanos, ¿o acaso ningunos de sus hermanos te ha demostrado una pizca de amor? ¿O el amor de una madre? ¿De un padre por sus hijos? El amor tiene muchas formas aunque a veces no las entendemos.
— ¿Se refiere a mis gemelos y a mí entonces?
—Sé un ejemplo siempre para aquel que es sangre de tu sangre. Cumple las exigencias de la persona que más dañaste y respeta sus decisiones sin dejar que el amor que sientes por tus hijos se extinga.
— ¿Aunque ella no me deje verlos?
—Amar es fácil, pero perdonar es un poco más difícil. Recuerda que el perdón es la clave. —responde Salemal.
—Va a ser un largo proceso el que me espera, ¿no es así?
—Reitero, perdonar no es sencillo pero en cambio amar si lo es.
—Gracias por el dato, voy a ser un hombre nuevo de ahora en adelante.
—No estarás solo en este camino, el vínculo de hermanos se encargará de remediar el pasado y cambiar las cosas por completo para llenar las vidas de todos con amor.
— ¿Se refiere a que mis hijos Anders, Aline y Helena llegaran a quererse? Eso es una grata sorpresa. Creí que jamás se verían y en caso de verse no se llevarían bien.
—No puedo decirle eso con certeza hijo, yo puedo ver lo que pasó en el pasado, percibo lo que está pasando en el presente más no puedo predecir el futuro quizás tus dos hijas se jalen de los cabellos, hermano y hermana se golpeen a palos yo que sé—bromea la anciana— Pero algo sí sé, que el lazo que une a Anders y a Aline es muy fuerte; podrá estirarse, doblarse, estrujarse, enredarse pero jamás se romperá. Recuerda el amor es la clave de todo príncipe y es lo que te hace falta aprender"
— Descuide, estoy dispuesto a aprenderlo, y así será como mi nueva vida empezará. Y hablando de nuevas vidas ¿qué hará usted de ahora en adelante?
—Me gustaría estar en contacto con la serenidad de la naturaleza en mis últimos años. Quiero conocerla mejor y comprender mejor sus bondades.
La mujer mira hacia la ventana y se le queda viendo al glorioso amanecer.
—Parece que ya es hora de que me retire. Muchas gracias por sacarme de ahí príncipe Hans.
—Gracias a usted Salemal. ¿Nos volveremos a ver?
—Algo me dice que no será la última vez que nos encontremos. Trataré de escribirle seguido—sonríe— Hasta pronto almirante.
—Le deseo suerte y lo mejor.
La mujer le da una última mirada al príncipe pelirrojo y se va sin hacerse notar como un fantasma.
La milagrosa mejoría de la princesa Helena fue todo un suceso en Varbergk que hizo todo el país se regocijara y estuvieran haciendo bailes por muchos días, llenos de fuegos artificiales y luces. Ya se estaba planeando la presentación de la niña junto con su bautizo ya se verían los puertos de Varbergk barcos de muchos reinos excepto el de Arendelle, para evitar un incidente similar al de la boda
Así fue como esa pequeña oruga sobrevivió al salir prematuramente del capullo pero aún faltaba restaurar las alas de una herida mariposa.
*En esa época se usaba como anestesia el cloroformo.
Algunos diálogos en este capítulo los saqué del capítulo 31y 32 de El amor de una Madre de Madame Purple, sus historias fueron las que me dieron la inspiración para hacer esta que se encuentran leyendo.
Un agradecimiento a Joan quien fue el que me dio la idea ya que sin sus sugerencias no habría escrito este capítulo ni la presencia oficial de Helena en esta historia. Aunque no he visto tus reviews sé que sigues al día e-e Ya me cuentas que te pareció n-n
Saludos a nuevas lectoras! :
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MaryValentineWong
*No tengo la menor idea de cuál sea el cumpleaños de Hans, se me ocurrió ponerle que era signo Escorpio ya que varios personajes de videojuegos, manga etc. Que tienen esa naturaleza de antihéroe, son vistos como los villanos o son un desmadre xD son Escorpio.
En estos días trataré de actualizar seguido y quiero tener listo el especial navideño para estas fechas dejen sus bellos reviews!
PD: que craizy este capítulo es el mismo número que el capitulo del Amor de una madre donde Hans rescata a la gitana que salva a Liv y a Helena. Que coincidencia °o°
