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Aclaraciones: La furia luminosa de esta historia no es tan indomable como en la película 3, debido a que en esta es menos agresiva, si bien nadie logra montarla, sí es domesticada de cierta forma.
Ella no tiene una participación relevante en este capítulo pero sí más adelante, para que lo tengamos en cuenta.
HAY CONTENIDO HOTCAKE, o ligero LIME jijii… para quienes lo pidieron.
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Capítulo 25: La consumación
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Después de que Hiccup y Astrid regresaron a Berk, las cosas no fueron las mismas.
La Furia Luminosa se integró a la vida de la isla de manera abrupta y salvaje. Al principio le tenía mucho recelo los humanos, pero Toothless poco a poco fue mostrándole el mundo desconocido hasta entonces para ella.
En cuanto al compromiso, una fiesta de celebración ya tenía días preparándose desde antes que ellos se fueran, durante la cual, miembros del consejo les hicieron saber a los respectivos jefes del arreglo nupcial que había entre ellos. Fue un momento de conmoción para ambos ver las firmas de sus padres solicitando la unión de ambos con su bendición.
Por respeto a ellos, acordaron seguir con el compromiso, aunque agregando y quitando algunas cláusulas, beneficiando a ambas partes de la alianza.
-Berk ni Bog Burglar están preparados para una boda inmensa, lo ideal sería hacer algo sencillo. –alegó Astrid, no deseando verse abrumada por tanta pompa y fiesta durante una breve junta que se llevaba a cabo en el salón al día siguiente del regreso de ellos.
-¡Tonterías! No todos los días se casan dos reyes. –alegó Gylda, con media boda planeada.
Sin embargo, la austeridad debía estar presente, por lo que hicieron arreglos y en lugar de festejar en el Gran Salón decidieron hacerlo en la misma naturaleza.
-Es una fiesta que el pueblo se merece. –opinó Hiccup, deseando que toda su gente estuviera cómoda, invitada y feliz por sus monarcas.
-Sólo falta definir la fecha, ¿qué les gustaría más? –preguntó Gobber, quien llevaba el registro de todo lo acordado. -¿Primavera o Verano?
Los jefes se miraron, tomándose de las manos asintieron para ellos.
-Este invierno.
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Con la nieve cubriendo cada parte de Berk el día tan esperado llegó.
Las fuertes nevadas de la temporada no fueron impedimento para los planes que tenía el reino vikingo.
La falta de cosechas afectó.
El poco sostenimiento de la poca agricultura milagrosamente ayudó a solventar la necesidad del invierno y para la gran fiesta, aunque uno de los principales problemas de la isla era la falta de suministros y sustentabilidad (aunque ese sería un problema que los jefes resolverían a la brevedad).
Los modestos preparativos se empezaron con prontitud. Valka y Gylda organizaron todo cuanto fue posible.
Cada detalle fue planeado y elaborado.
Las invitaciones fueron enviadas a las diferentes islas y la confirmación llegó en regalos para la pareja.
Al cabo de unas cortas y atareadas semanas el gran día llegó.
Karena, Heather y Ruffnut fueron las acompañantes de la bella novia, Sotma fue su asistente, quienes la auxiliaron, ayudaron e incluso burlaron cuando se deshizo su pequeña corona de flores.
-Chicas, por favor, ya basta. –pidió sujetando la corona para acomodarla.
-Te ves preciosa, Astrid. –reconoció Valka, acomodando la capa blanca que Hiccup le mandó como regalo. La chica pasó saliva en su garganta al notarse en el espejo que ya estaba lista.
Sonrió con nerviosismo.
-¿Hiccup ya está listo?
Las chicas se rieron con complicidad.
-Uy sí, el último aviso que mandó mi hermano me dijo que hasta pulió su prótesis.
-¿A qué hora te lo dijo? No has salido de la habitación. –comentó Heather, observando a la rubia, extrañada mientras acomodaba el cabello de Astrid para que éste cayera grácilmente sobre sus hombros.
-Eso es mi estimada Berserker porque una servidora tiene gementuición con su hermano. –dijo mientras se llevaba sus dedos a la sien para establecer comunicación con su consanguíneo. -Quien en este momento le están poniendo su capa de jefe.
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-Con esa capa te ves como todo un regente. –expresó Gobber, emocionado mientras le ayudaba a acomodarla. –Me recuerda cuando Stoick se casó con tu mamá.
El castaño respiró profundamente. –Gracias. –se abrochó los medallones a su capa y enlazó las mangas de su traje blanco. -¿Astrid estará lista? –preguntó con curiosidad.
-Si quieres voy a preguntar. –se ofreció Fishlegs.
-Lo que en realidad quieres es ir a ver Heather. –Snotlout le picó las costillas, incomodando al burglar. –Picarón.
-Ya déjame. –se removió el rubio. –Sólo sé que es importante para Hiccup.
-No es necesario, mi hermana me dijo que a Astrid le están dando los últimos retoques, aunque una reina como ella no ocupaba mucho retoque a decir verdad. –explicó el rubio, estrenando una larga "barba" formada gracias a su cabello.
-¿Y eso? –preguntó Gobber. -¿A qué hora fuiste?
-Gementuición, mis estimados, gementuición.
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En un par de minutos más todos pasaron a la explanada para presenciar la ceremonia.
-¿Puedo sentarme aquí? –preguntó el joven Eret mientras señalaba el asiento desocupado al lado de Karena.
-Por supuesto. –la castaña removió su capa mientras dejaba libre el lugar.
Fishlegs hizo lo mismo al lado de Heather y Snotlout se hizo espacio en medio de los gemelos.
-Llego su acompañante, valquiria. –expresó cerca de la gemela.
La rubia lo miró con escepticismo, nada convencida, el joven lo notó, así que usaría una de sus cartas.
-Si Hiccup muere soy el siguiente en la línea de sucesión. –Jorgenson habló con rapidez para convencerla.
-Siéntate a mi lado. –lo dejó Ruffnut, sonriendo interesada.
-Ya veremos de quién es la próxima boda, Eret, hijo de Eret. –murmuró complacido mientras se sentaba en primera fila.
Un par de asientos más al lado, el área de invitados especiales (o sea los jefes o representantes de otras islas) estaba siendo ocupada.
-Buenas tardes. –saludó la monarca invitada.
-Buenas tardes. –se levantó Fass, jefe de Escalofrío, junto a su prometida Janis, y sus hermanas.
-Un gusto, saludarlos. Gala Kulden, Annek Kulden, Fass Kulden. –congratuló con la reina, al lado de su acompañante.
-Reina Mala. –complació el jefe. –Es un gusto saludarla. Llevaba años sin saber de usted o de tener contacto.
-Pues no iba a mantener contacto con una isla que mataba a los dragones. A penas y escapamos algunos, de hecho mi isla sigue sitiada.
-¿Con rencores aún? –se escuchó una rasposa voz.
Los hablantes se voltearon a ver con asombro, dado por la simpleza y confianza de las palabras.
-¿Qué clase de rencores? –cuestionó la reina de los defensores del Ala, volteándose al hablante.
-Los rencores a Berk. –expresó Dagur, iniciando una pelea verbal entre los dos jefes de las islas.
-No es a Berk, era al jarl que usurpó el trono durante años. –expresó con obviedad. –Y no es propio andar escuchando conversaciones de otras personas.
-Tal vez nadie escucharía si no hablaras tan fuerte, dioses tu tono de voz es desesperante. –expresó con desaire, tomando asiento.
-¡Ese es mi lugar! –declaró con molestia. –Lo dice la invitación.
Dagur sacó el pergamino donde decía su invitación.
-No dice un lugar.
Mala se exasperó y se sentó como quiera.
-Uno de los dos se va a mover, y no seré yo.
Dagur se acomodó, restregándose el trasero en la banca.
-Tampoco seré yo.
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A unos lugares de ellos estaban riendo los jinetes.
-¿Ambos son tan tercos? –se rio Eret, extrañado de verlos pelear como unos niños por un lugar o bien, por saber quién tiene la razón.
-Tenemos unas técnicas de armoniocidad para reconciliar a los enojados, siempre nos funcionan. –agregó Tuff.
Todos iban a seguir observando a los jefes, hasta que Gothi dio tres bastonazos en la explanada, anunciando que la ceremonia iba a dar comienzo.
Hiccup, acompañado de Gobber y su madre subió por la pequeña escalinata para esperar la entrada de la novia.
Los dragones perfectamente coordinados lanzando llamaradas a las fogatas para dar luz y calor oportunos, la reina de Bog Burglar caminó por el pasillo, acompañada de su tío, con Stormfly detrás de ella, abriéndose paso entre la multitud que atestiguaba el enlace.
Hiccup nunca la había visto tan bella como en ese momento.
Para él, ella era una mismísima valquiria que lo rescató de la mediocridad en la que vivía, y siempre estaría agradecido por eso.
En cuanto llegó a su lugar él extendió sus manos para recibir las suyas.
El pueblo en silencio.
Cruzaron espaldas.
Intercambiaron anillos.
Sus amigos y familiares a sus lados mostrando apoyo y sobretodo, la gran estatua de Stoick como testigo fue el escenario en el que ellos se dieron el "sí", se tomaron de las manos y la chaman unió su ardid eterno a través del lazo con acabados de oro que colocó sobre sus manos.
Y tras un leve toque con su bastón, sus vidas quedaron unidas eternamente por los dioses mismos.
El jubileo que se desató después del dulce y hermoso beso que se dieron fue comparado sólo con el día en que se coronó como jefe.
"Vivan el rey y la reina"
La alianza de dos islas poderosas se declaró.
El compromiso que fue pactado por dos grandes jefes se llevó a cabo por fin.
Pero la verdadera celebración era la unión de dos personas que se amaban.
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La inmensa fiesta del Gran Salón fue espectacular.
Como bien había dicho Hiccup, el pueblo merecía festejar y no es que todos los días el jefe se casara, sino que también lo hacía una mujer que era muy querida por todos debido al soporte que fue durante el asedio de Drago en la isla.
En cuanto al resto de la fiesta, todo fue un deleite.
Música, banquete, dragones dando espectáculo, y mucha alegría fue lo que se vivió.
Lágrimas se desataron cuando los recién casados bailaron "En las danzas y en los sueños"
Risas cuando el ramo le cayó al inocente Eret.
Burlas cuando la princesa Annek se tropezó y cayó en el ponche.
Vergüenzas cuando Gobber se pasó de copas y sacó a bailar a los muchachos.
Pero sobretodo, había amor. Mucho amor que se respiraba y transmitían los jefes.
La fiesta iba para largo, pero aún faltaba un detalle importante en el cumplimiento de las tradiciones cuando la fiesta llegó a altar horas de la noche: la consumación.
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En la habitación del jefe, la reina se encontraba preparándose para la noche que cambiaría muchas cosas en su vida.
-En Bog Burglar no se lleva a cabo esto. –farfulló incómoda Astrid, mientras Gylda le acomodaba el cabello después de quitarle la capa.
-Lo sé hija, ustedes sólo traten de enfocarse en sí mismos. Imaginen que no estamos aquí.
-¿También pasaron por lo mismo? –preguntó a Valka mientras encendía un par velas en la habitación.
-Sí, hija. –recordó con cierto bochorno. –No mentiré, sí es incómodo, pero sólo es esta noche. En cuanto ustedes muestren la sangre en las sábanas nos iremos.
Astrid bufó.
-Tú sólo haz lo que Hiccup te pida. Seguramente se quedarán con sus ropas, y se taparán con las mantas. –agregó la reina madre.
-No olvides decirle que dolerá un poco. –agregó Gylda, poniéndole algo de perfume.
La nueva jefa de Berk estaba a la expectativa, no se sentía nada cómoda con esas charlas y menos al corroborar que "violarían" su privacidad.
-Debimos hacerlo en la orilla del dragón. –murmuró sin que nadie alcanzara a escuchar, no deseaba que su primera noche de amor fuera un simple requerimiento, eso era algo importante y que a su punto de vista sólo debía consternarle a ella e Hiccup.
-Recuerdo la noche de consumación. –suspiró Valka. –Stoick quería evitarlo, pero cuando nos casamos él aún era el príncipe, por lo que no tenía mucha voz ni voto para abrogar por ambos.
-Pero Hiccup sí es el jefe y yo la jefa de BB. –dedujo, desarrollando cierta lógica.
Valka sonrió con complicidad. –Entonces algo pueden hacer. –le guiñó un ojo, nuevamente; ¿qué se traía entre manos?
Un par de momentos después Hiccup llegó a la habitación, aún con su traje ceremonial. Seguidos de Gothi, Gobber y Finn, además de Valka y Gylda que ya se encontraban con Astrid. Unos segundos después llegó Spileout y sus amigos, quienes se quedaron en la parte de atrás, ya que en realidad estaban en plan de chismosos.
La anciana dio dos bastonazos para acaparar la atención.
-Buenas noches, parte el consejo de Berk, jefe y jefa de la isla berkiana. –Gobber empezó a leer el pergamino, observando a los mencionados. –Y metiches.
-Esos somos nosotros. –Ruffnut levantó la mano, orgullosa de presentar al grupo conformado por Heather, Karena, los gemelos, Snotlout y Fishlegs; aunque no contaron a Sotma, quien se encontraba en rol de asistencia para los reyes.
El bochorno en Astrid incrementó, hasta que Hiccup le tomó de la mano, compartiendo un "No te preocupes".
El mayordomo siguió leyendo documento. -El protocolo de Berk dice que es deber de los recién casados consumar el matrimonio, bajo la atestiguación de familiares, consignados o el consejo, quienes estamos presentes. –señaló a los testigos.
El jefe asintió, aunque no muy convencido.
-Hiccup. –lo llamó quedamente. –Valka dijo que podemos cambiar las ordenanzas, somos los reyes.
El castaño le besó la frente. –Confía en mí, ¿sí?
La rubia se mordió el labio, claramente nerviosa, pero asintió.
-Cuando quieran empezar, jefes. –indicó Spitelout, pudoroso.
Astrid se quitó el calzado, removió las colchas justo como Valka lo aconsejó y se colocó debajo de estás.
Hiccup hizo lo mismo, posicionándose encima de la rubia.
Le dio un beso a Astrid en los labios, colocó sus manos a los lados de su rostro, apoyándose en ellos. Removió algo de sus ropas, aunque no fue visible para nadie.
Los adultos trataban de mirar a otro lado para no poner mucha atención, pero los jóvenes curiosos, (aunque con más pudor Heather y Fishlegs) miraban interesados, tomando notas mentales de qué y no hacer.
-Espero que siga mis consejos. –opinó Tuff, orgulloso de su hijo.
El castaño besó a la rubia, murmurando un par de cosas a las que ella asintió. Besó su cuello, ella lo abrazó por la espalda. Se vieron un par de movimientos sobre la cama y de la nada, Hiccup se levantó. Acomodó sus ropajes y ayudó a Astrid a hacer lo mismo.
-¿Eso fue todo? –preguntó Snotlout, extrañado.
-Pero si no duraron nada. –se quejó Ruffnut, decepcionada.
Los demás no quisieron mencionar más, pero sí les parecía curioso, tal vez iban a pedir que salieran.
Astrid estaba bastante ruborizada, y respiraba con dificultad, aunque se calmó mientras Hiccup la abrazaba de por los hombros.
-Pronto acabará todo. –le susurró con un tono calmante.
La anciana indicó que era hora de la verificación.
Valka y Gylda se acercaron, removieron las cobijas y en la tela que cubría el colchón de plumas señalaron las manchas de sangre que demostraban la consumación.
El resto de los testigos no sabían qué hacer.
-Hijo mío, no es posible. –lloró Tuff, alzando las manos, desesperado. –Esto fue como defecar. Tantos gases para terminar haciendo aguado.
-Espero que hayan sido veinte segundotes de placer. –defendió Ruff, compadeciéndose de su nueva amiga. –No merecías perder la virginidad de esa manera.
Los recién casados se quedaron sorprendidos por la falta de privacidad.
Heather los regañó con la mirada, aunque pediría explicaciones a su amiga reina en la mañana siguiente.
-Astrid pedirá el divorcio por insatisfacción sexual. –comentó Snotlout mientras salía de la habitación, seguido por los demás.
Gobber regañó interiormente a Stoick por no haber hablado con Hiccup cuando era joven.
-El matrimonio ha sido consumado. Majestades, los dejamos descansar. –dijo el mayordomo, sin más qué agregar al ritual, queriéndose burlar, pero respetando a sus jefes.
-Nos vemos mañana en la mañana para el regalo de la mañana. –Valka les sonrió, guiñando un ojo.
Los jefes suspiraron aliviados.
-Sotma, por favor cambia las sábanas. –pidió Hiccup, moviendo las cobijas para ayudar a la mucama, quien rápidamente acató la indicación.
-¿Algo más que necesiten? –preguntó al terminar.
Los jefes negaron con impaciencia.
-De momento no, sólo te encargo que en la mañana nos traigas el desayuno… no me gustaría lidiar con todos en el comedor antes del regalo de la mañana. –pidió el jefe, seguro de sí mismo.
La rubia asintió. –Por supuesto, que descansen.
Una leve reverencia y salió de la habitación cerrándola y dejando a los jefes en soledad, quienes tenían mucho de qué hablar.
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-Tal vez fue corto porque no querían que los viéramos. –trató de defender Gylda.
-Aún así, ellos pudieron decir que no querían que fuera atestiguado. Todos pensábamos que iban a decir eso, ambos son los reyes. Par de inmaduros. –recriminó Finn. –Y no fue una forma honorable de tratar a mi sobrina.
Valka sólo se rio por la discusión sobre la intimidad de su hijo y su nuera.
-Ya déjenlos. –pidió. –Ese es asunto suyo solamente. –quien era la única que sabía lo que verdaderamente había ocurrido.
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La puerta se cerró y los chicos se miraron sorprendidos.
-¿Por qué no me dijiste esto antes? Se supone que somos esposos, se supone que debes confiar en mí. –reprochó Astrid, sentándose en la orilla de la cama, mirando molestia las sabanas manchadas, cuidadosamente dobladas por Sotma.
-No tenía idea. Mi mamá me dijo esto antes de entrar aquí. –se defendió, sentándose al lado de ella. –Mis padres hicieron lo mismo en el momento de la consumación de su matrimonio. –rio al sacar de entre sus cinto una pequeña alforja con un poco de sangre de unos animales que cazaron para el banquete.
La rubia suspiró derrotada.
-Es el único plan que hago sin consultarte. –prometió. –Fue de último momento.
La chica asintió y comprendió lo que su esposo le quería decir.
-Pero al menos hubieras despistado. Los rumores en el pasillo no tardarán en decir que no duramos en la cama. –burló abochornada.
Hiccup se rio por darse cuenta.
-No es mi problema.
La jefa se acurrucó a su lado, abrazándolo. -¿Y si alguien se entera? –preguntó con preocupación.
-Mi mamá no dirá nada. No creo que tú digas algo… y yo tampoco. –le colocó un mechón de su cabello detrás de la oreja. –Y si alguien llega a descubrir que engañamos al consejo, espero que le digan al rey o a la reina para tomar cartas en el asunto. –dijo juguetón.
La rubia se tranquilizó. No pasaría nada. Le dio un ligero codazo.
-No golpees a tu rey. –se quejó, complacido de que lo golpearan.
-Se lo di a mi esposo. –jugó un poco, susurrando sobre sus labios, para dar paso a un beso que ambos anhelaban, un beso que pudieran compartir en intimidad y sólo entre ellos.
Para Astrid fue extraño estar en esa habitación. No había estado allí desde el intento de violación de Drago, pero eso era otro tema. Todo era secundario.
Habían esperado tanto para ese momento, desde esa vez que se reencontraron en La Orilla, y está vez no había razones para las cuales detenerse.
-Espera. –Hiccup la detuvo, para ir a lo que parecía ser su capa.
Astrid bufó molesta, poniéndose de pie.
-¿Ahora qué?
El castaño también se puso de pie y se acercó a ella.
-Quiero darte un regalo. –confesó.
-Entonces déjame abrirlo. –se aproximó a él, con la intención de aflojar el cinturón del jefe, mostrando desesperación.
El castaño se rio por la actitud osada de su esposa, le tomó la mano y le colocó una pulsera.
-Mi padre se la dio a mi mamá cuando se casaron. Le pertenece a la reina de Berk, a partir de ahora es tuya. Son dos dragones unidos, así como los reyes deben estar unidos por ayudar a Berk.
Astrid se sintió conmovida por el obsequio.
-Gracias.
Hiccup besó su frente y la abrazó con todo el amor que le tenía.
-Nunca te agradecí por encontrarme ese día. –recordó mientras le daba besitos en el cuello.
La rubia se deleitó con esas suaves caricias.
-Ha sido la sorpresa más bonita de mi vida. –susurró sin interrumpir lo besos de él.
-Aunque… no me gustó mucho lo de la pelea.
Eso le dio una idea a Astrid.
-¿Porque estábamos así? –lo empujó para ponerlo sobre la cama, y ella encima de él. –Aunque creo que me falta el hacha.
-Ja, sí, el hacha es importante.
La rubia se colocó a horcajadas y puso sus manos a los lados del rostro de él.
-Te vencí. –susurró justo como cuando eran niños jugueteando por los rincones del castillo, pero esta vez, Hiccup no la iba a contraatacar.
-Entonces no me vuelvas a soltar. –rememoró lo que se dijeron de niños.
Astrid sonrió encantada y se acercó a él para besarlo nuevamente.
Hiccup la giró de improviso.
-Factor sorpresa, mi lady. –ahora él sobre ella.
Ambos sentían el acelerado pulso de sus pechos, ambos estaban nerviosos, pero también impacientes.
-¿Estás segura? ¿Estás lista?
Astrid amó que le preguntara. Sólo asintió.
-Sí, muy segura; lo sabes.
Con el permiso autorizado, Hiccup comenzó a besar lentamente sus labios, se removió un poco hasta alcanzar la barbilla, el cuello y poco a poco remover las prendas más visibles.
El jefe se puso al lado de ella, acariciando su espalda para abrir el vestido por medio de las cintas que lo abrochaban. Con sumo cuidado removió dichas ataduras hasta se logró topar con la blanca espalda de su lady.
La acarició con un toque suave y delicado, haciéndola estremecer. Se atrevió a besar su cuello y descender poco a poco, topándose con un ligero vendaje que cubría su pecho, el cual delineó sobre su piel.
La burglar se enderezó un poco después de sentir algunos escalofríos, ayudándole a remover la parte superior del vestido. El castaño, al notar las intenciones de su lady, se puso de pie y le ayudó a quitárselo.
En seguida, Astrid quedó en paños menores, mientras Hiccup se dedicó a observarla.
-Eres preciosa.
La rubia estaba muy nerviosa y eso se podía apreciar en los movimientos torpes que ambos cometían.
La reina se sentó en la orilla de la cama y esta vez fue ella quien ayudó a Hiccup a quitarse la camisa, aflojando también el cinturón.
Al terminar Hiccup se recostó de nuevo sobre su esposa, besándola con ímpetu, con desesperación, con ansia. Introdujo su lengua dentro de su boca y ambos empezaron a pelear por ver quién tenía el control del beso.
Pero no duró mucho porque empezó a besar su mejilla, su oreja, su cuello… mientras ella lo acariciaba por la espalda y se divertía mientras pasaba sus dedos por el cuero cabelludo.
-Oh… Hiccup. –expresaba entre suspiros.
El jefe se excitó más cuando la escuchó. Fue la señal que necesitaba para descender más, hasta su pecho.
La rubia estaba impaciente, por lo que desabrochó el vendaje y sólo quedó sobrepuesto, cubriéndola.
La tenue luz de las velas alumbraba a la perfección, pero era ideal para visualizarse entre ellos.
El castaño, con permiso visual de ella, tocó la prenda y rápidamente la removió. La reina quiso taparse ante su pudor, pero descartó tal idea en cuanto vio el asombro en él.
Ella acarició su rostro y lo motivó a acercarse. Por su parte, Hiccup tomó una almohada y la colocó debajo de su lady, esto con el afán de que quedara recargada y fuera más fácil verla. La besó nuevamente mientras el mismo tiempo la acariciaba, poniendo especial atención a las cumbres de sus senos, lo cual hacia gemir levemente a la muchacha.
Ella también aprovechó para besar el cuello y mostrar énfasis en su hombro.
-Astrid… -gimió el rey mientras ella se deleitaba acariciándolo. Pero ella también estaba volviéndose loca.
La rubia estaba decidida. Bajó su mano y le ayudó a remover los pantalones. Él colaboró, y se los quitó, aprovechando también para quitarse la prótesis de la pierna.
Finalmente se recostó sobre ella nuevamente. Sus brazos apoyados a los lados. La besó con lentitud y baja por su cuerpo, por sus senos, su abdomen y se detuvo en la fina prenda que aún cubría su zona íntima. La delineó con cuidado y se dio el lujo de besarla sobre ella.
Astrid emitió un gemido estruendoso. Tomó la cabeza del muchacho y la jaló.
-No me tortures. –pidió suplicante.
El joven jefe estaba orgulloso, un extraño orgullo varonil que le infló el ego.
Dejó de besarla mientras sus dedos la acariciaron. Con mucha inexperiencia decidió traspasar esa barrera y acariciar su intimidad.
La burglar se retorció, teniendo algunos espasmos que trataba de liberar. Clavó sus pies en la cama, tratando de resistir esas placenteras cobas físicas.
Él siguió con su tarea, tratando de prolongar el placer en ella.
-¿Voy bien así? –preguntó preocupado.
La mujer a penas y puede asentir. –Sí… sigue… sigue, mi amor. –pidió entre suspiros, acercando su rostro para besarlo.
Nada tardo, el jefe siguió con su tarea. Ejerciendo presión en ciertos puntos mientras aprendía del cuerpo de su lady.
En un momento, la fémina tomó la mano de él y la removió.
-Ya no puedo. –sonó rendida.
El hooligan sonrió, había ganado esa batalla.
-Después me vengaré. –prometió mientras le ayudaba a quitarse la prenda, la cual ya estaba bastante húmeda.
El joven se colocó entre sus piernas, Astrid lo acarició con prontitud y por fin, sus intimidades se rozaron, provocando olas de placer en ellos.
Ambos gimieron ante la nueva e increíble sensación.
Hiccup, imprimiendo un poco más de fuerza se aproximó a ella.
Le tomó la mano, apretándola contra la cama.
-Si… te duele… o… no quieres continuar… sólo dímelo.
La reina asintió, ella deseaba sentirlo, aguantaría lo que fuera con tal de sentirse completa.
Y de repente, lo sintieron. Con un ligero empujón y dolorcito que no fue tan abrumador, no sólo consumaron su matrimonio ni la alianza, sino su amor.
-Perdona por esto. –murmuró angustiado.
Astrid lo abrazó, clavó ligeramente sus uñas en la espalda de su esposo y se dedicó besarle el pecho y acariciarlo.
-No te preocupes, sigamos, por favor. –rogó como una niña pequeña que quería jugar.
Así que fue lo que hicieron, ambos se dedicaron a complacerse mutuamente, moviéndose rítmicamente, acariciándose a un nivel que no habían experimentado, besándose, diciéndose lo mucho que se amaban y necesitaban.
Los deberes, los reinos, el mundo entero desapareció de sus pensamientos.
Sólo eran ellos dos.
El frío de la helada habitación ni se sentía.
Ya no sentirían nada que no fuera exclusivo de ellos.
Sin embrago la inexperiencia y la espontaneidad de ambos fue un factor determinante para que no supieran cómo controlar sus emociones y cuerpos, por lo que el final de esa mágica experiencia llegó con rapidez.
Ambos abrazados se recostaron sobre la cama para controlar los jadeos y respiraciones aceleradas.
-¿Estás bien? –preguntó preocupado mientras tanteaba las pieles para cubrirse.
Astrid se acurrucó sobre su pecho, permitiendo que él la abrazara.
-Sí, muy bien, mi chico dragón.
Hiccup le besó la coronilla, limpiándole alunas gotas de sudor.
-Te amo, Astrid Hofferson. Con todo lo que tengo. Y así será por siempre. –le susurró sobre sus labios.
La rubia estaba tan feliz por ellos, complacida y emocionada por la nueva etapa que habían afrontado juntos.
-Yo también te amo, mi rey.
No pasó mucho para que la cera de las velas fuera consumida y fomentara la oscuridad y el frío en la habitación, lo cual fue favorable para que descansaran y tuvieran la mejor noche de sus vidas.
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A media mañana del siguiente día, Sotma cumplió con la ordenanza que le pidió el rey.
Les llevó bebidas calientes, huevo, algo de carne, un par de manzanas, miel, pan salado y dulce… un mini festín que los reyes disfrutaron en la privacidad de su habitación después de alistarse para el día.
-Cuando salgamos nos vamos a enfrentar a varias burlas y críticas por lo de anoche. –atribuyó Hiccup mientras se abrochaba su traje de vuelo.
-Son las consecuencias por "no durar en la cama" –bromeó Astrid, mientras le ayudaba con la capa de jefe que portaba, quien ya estaba vestida y había recogido su cabello en dos largas trenzas.
-Ey, ¿en serio tienes quejas? –preguntó con preocupación.
La reina rodeó su cuello con sus manos y le dio un lento y delicado beso.
-Ninguna. –susurró sobre los labios. -¿Qué hay de ti?
-Nunca había sido tan feliz. –correspondió, tomándola de la cintura, estrechándola.
Justo antes de besarse, escucharon que tocaban a la puerta.
-Buenos días… ¿están despiertos?
-¿Se puede pasar?
Las voces de Valka y Gobber se escucharon detrás de la puerta de la habitación, impacientes.
Los reyes se miraron, aun era algo temprano, por otra parte, sabían que esos momentos de privacidad se iban a mermar en cuanto abrieran la puerta.
-Tal vez quieran corroborar lo de la prueba de la consumación. –dedujo Astrid.
Hiccup le pidió permiso con la mirada, ella asintió con calma.
-Adelante. –permitió el rey.
-Buenos días, majestades. -La reina madre y el mayordomo ingresaron, haciendo una leve reverencia que fue más por diplomacia se dispusieron a hablar.
-Hijo, Astrid… hay problemas. –comentó Valka, claramente preocupada por la situación que se acababa de desatar.
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Notas de la autora:
Día 2 d maratón Amai do.
Espero que este capítulo haya sido de su agrado, va para todos los que pidieron escenas hiccstrid subidas de tono.
Nuevamente disculpas por la tardanza.
Gracias por leer!
**Amai do**
-Escribe con el corazón-
Publicado: 2 de enero de 2020
