Disclaimer: nada de esto me pertenece, los personajes le pertenecen a Stephenie Meyer y la historia a Rochelle Allison, yo solo la traduzco.
BRIGHTER
Capítulo veintisiete – Adelante a toda máquina
Edward me acompañó a recoger a Jessica del aeropuerto. Su vuelo llegó tarde y la cinta de equipaje parecía un zoo cuando finalmente nos encontramos con ella. Sus ojos miraron apreciativamente a Edward antes de lanzarse a mis brazos.
―¡Me alegro tanto de haber venido por fin! ―exclamó.
La abracé con fuerza, inhalando su apetecible acondicionador -el viento me echaba sus rizos en la cara, haciéndome cosquillas en la nariz.
―Hola, Jessie...
Una vez que me la quité de encima, le presenté a Edward. Ella sacudió su mano, mirando con falsa modestia entre él y yo.
―Lo he oído todo sobre ti, hombre barman.
Edward se ahogó con una risa.
―Yo también lo he oído todo sobre ti.
―¿Has bebido en el vuelo? ―pregunté con sospecha.
―Claro que sí. También me he tomado un par de esos chupitos de ron que te ofrecen en la puerta.
―Oh, cielos. ―Resoplé al tiempo que reía―. No has perdido el tiempo, ¿eh?
―¡Demonios, no! ¡Estoy de vacaciones! Adelante a toda máquina, amigos*.
Todavía riendo, Edward señaló con la cabeza hacia la cinta transportadora.
―¿Cuántas maletas has traído, Jessica?
―Solo dos ―respondió Jessica―. Además de esta, claro.
Sus "solo dos" eran gigantescas. Seguro que había tenido que pagar un recargo por subirlas al avión, pero así era Jess. Podía apostar que tenía un conjunto para cada cosa que hiciéramos.
―Maldición... qué calor, tío ―suspiró mientras caminábamos hasta la camioneta de Edward.
―Casi es verano ―dijo él.
―Casi siempre hace calor ―dije―. Deberías haberlo visto cuando vine en septiembre. ¡La humedad era una locura!
―No es bueno para mi pelo ―se quejó, recogiéndose los brillantes rizos castaños en una coleta baja.
Cuando estuvimos de camino, Edward y yo nos turnamos para señalar cosas, de la misma forma que lo había hecho Tyler cuando Pete y yo llegamos. Me maravillé con lo mucho que me había acostumbrado a las peculiaridades y vistas de la isla. Las cosas que tenían a Jessica soltando gritos ahogados, ooohs y aaaahs, eran muy normales ya para mí, casi algo común.
―¡Oh Dios mío, mira las vacas! ¿Eso son cabras? ¡Ah! ¡Conducís por la izquierda! ¿Esos son rastafaris? Dios, quiero un sexy chico rasta para mí.
Con un estremecimiento, me mordí el labio y miré hacia Edward, que me devolvió la mirada y vocalizó "Jacob", lo que me hizo reír. Jake estaría sobre Jess como el blanco sobre el arroz en cuanto viera sus curvas y su mona cara.
―¿Tienes hambre, Jess? Sé que no te dan de comer en el avión.
―Sí, me muero de hambre. Pero puedo esperar hasta llegar a tu casa. No quiero que tengáis que dar un rodeo...
―Psss, no te preocupes. Son tus vacaciones ―dije, dándole un codazo en las costillas.
―Podría aparcar detrás del Pub... sus maletas estarán seguras en el maletero ―ofreció Edward―. Emmett estará más que feliz de darnos de cenar temprano.
―O de comer tarde ―dijo Jess, mirando su teléfono―. Voy con un par de horas de retraso...
Para cuando llegamos al Brew Pub, yo también tenía hambre. Entramos por la parte de atrás, persentándole a Jess a Emmett y al otro cocinero, Alistair, antes de llevarla al bar.
Irina saludó con un gesto de la mano, sonriendo ampliamente.
―Hola.
―Hola ―dijo Jess, sonriendo.
―¿Qué puedo ponerte?
―Creo que es una chica de Hammerhead* ―dijo Edward, dando una palmadita en la barra.
Rodé los ojos, pensando en cómo una vez había adivinado mi "tipo" de cerveza.
―¿Qué eres, el susurrador de cervezas? ―bromeé.
Él se agachó, besándome la mejilla.
―Ya lo sabes.
Jessica gimió detrás de nosotros, bebiendo su cerveza.
―Está buena. Muy buena.
―Frena un poco, nena ―susurré, abrazándola por detrás―. Tienes dos semanas por delante.
Ella inclinó su cara hacia la mía y, por un momento, vi la tristeza que trataba de esconder.
―Solo quiero olvidarme de él ―contestó en un susurro, con ojos suplicantes.
―Lo harás ―dije, esperando poder ayudar a que eso pasara.
* . *
Jessica cayó como una pluma a las diez de la noche.
Habíamos pasado un par de horas en el Pub y, para cuando nos fuimos a mi casa, estaba completamente borracha. La alimenté de nuevo, la metí en la ducha y la ayudé a acostarse.
Edward estaba bostezando cuando salí del dormitorio.
―Voy a irme a casa ―dijo, pasándose los dedos por el pelo―. Sé que vosotras tenéis que poneros al día.
―Sí, a lo mejor si estuviera despierta ―dije con una risita.
―¿Va a estar bien?
―Eso creo. A Jess le gusta la fiesta, pero creo que... solo está estresada. Se está relajando.
―Lo entiendo ―dijo, asintiendo.
―Pero... sí, entiendo que quieras irte a casa.
Sonrió, acercándome a él.
―Parece raro, ¿no?
―¿No pasar la noche juntos?
―Sí...
―Un poco, sí ―dije de acuerdo―. ¿Cuándo ha pasado?
Él rio bajo.
―No lo sé.
Poniéndome de puntillas, le besé profundamente, extrañándole antes de que se marchara. Nos quedamos así un rato, besándonos en el pasillo oscuro, entre mi habitación y la sala de estar.
―Gracias por... todo hoy ―dije, besándole la barbilla. Ah, la barba. Me encantaba la barba.
―No tienes que agradecerme nada ―dijo, mirándome.
Deslicé las manos bajo su camiseta para poder sentir la calidez de su piel. La forma en que tomó aire me dejó saber que él estaba tan afectado por mí como yo lo estaba por él.
―Te quiero mucho, ¿sabes? ―dije, presionándome contra él.
―¿Intentas seducirme para que me quede? ―gimió. Pobre chico, ahora tenía una erección.
―Lo siento... me comportaré ―dije, besándole la nariz y apartándome.
Su cara estaba un poco roja en las mejillas. Que mono era.
―Te veré mañana... llámame si necesitas algo, ¿vale?
―Vale.
Fuimos a la puerta principal.
―Te quiero ―susurró, besándome antes de marcharse.
El latido de mi corazón siguió sus pasos, deseando que estuviera caminando hacia mí en lugar de alejarse.
* . *
Lo primero que vi al despertarme fue la cara arrepentida de Jessica -sus ojos de mapache y los restos de su pintalabios eran vestigios de la locura que la había poseído el día anterior. Había sido bastante difícil ayudarla en la ducha la noche anterior, ni siquiera me había molestado en desmaquillarla.
―Oh Dios mío. Me odias ―gimió.
Cogí mi almohada de debajo de mi cabeza y me la puse sobre la cara, resoplando entre risas por su melodrama.
―No lo hago, chica loca. Te quiero.
―¿Incluso aunque me emborrachara tanto anoche? Ugh. No puedo creerlo. Odio volar, por cierto. Me pone tan nerviosa... esta vez...
La dejé quejarse un rato, volviendo a familiarizarme con su dulce cara de niña. Nariz chata, labios con forma marcada, pelo castaño claro... era una muñeca. Incluso cuando bebía y maldecía como un marinero.
―Y, ¿qué pasa contigo y con Edward? ¿No ha pasado aquí la noche?
―No, quería darnos tiempo juntas para ponernos al día.
―Oh, que dulce ―dijo―. Está muy bueno, chica. ¿Tiene hermanos?
―No, pero tiene unos amigos muy monos...
―¿De verdad? Presenta. Me. Los.
―Conocerás a todo el mundo, lo prometo.
―Y, ¿qué tal el sexo? ¿Es bueno? Apuesto a que es increíble. Apuesto a que él...
Esa vez le eché a ella la almohada encima.
―¡Calla!
―No vayas de mojigata ―dijo con voz ahogada―. ¡Quiero los detalles!
―Es un semental entre las sábanas, ¿vale? ―cedí, volviendo a coger la almohada.
―¿Y?
Me bajé de la cama.
―Nop. No voy a darte los detalles íntimos. Esto no es el instituto.
―Oh, vamos ―gritó.
―Nop. Ahora, ¿qué quieres, tortilla o tortitas?
―¿Puedo tomar las dos cosas?
Sonreí ampliamente, sacándola de la cama.
―Pues claro.
Tras un largo y tranquilo desayuno, llevé a Jessica a Shoy's igual que lo había hecho con Angela meses antes. Había muchas cosas que quería compartir con ella y me alegraba de tener mucho tiempo para hacerlo.
Como era habitual, Shoy's estaba un poco abarrotado, ya que era sábado. Esquivamos a grupos de madres y parejas que se bronceaban, y encontramos un sitio más abajo. Jess cogió su teléfono y empezó a sacar fotos en cuanto nos sentamos en las toallas.
―Voy a subir estas directamente a Facebook ―juró―. Cayo puede besarme el culo.
Sonreí, dándole una Heineken.
―Toma, asegúrate de incluir esto.
―¡Ja! ―rio, cogiéndola. Yo le saqué una foto, cerveza en mano y brillante mar azul detrás, y ella la subió sonriendo―. Envío instantáneo. Gracias a Dios por la tecnología.
―Y, ¿cómo está Angie? ―pregunté, incluso aunque hablaba con Angela a diario. La verdad es que lo único que quería era alejar la conversación del potencial tema de su drama con Cayo.
―Bien. Ben y ella están hechos el uno para el otro, de verdad.
―Oh, que bien. Es un buen chico.
―Sí, un poco aburrido, pero muy dulce.
―¡Jess! ―Reí incrédula, dándole un trago a mi cerveza.
―¿Qué? Es cierto. Pero me gusta. Seguramente a mí me iría bien con más chicos aburridos en mi vida...
―Mhmm. ―Choqué mi cerveza contra la suya, brindando.
―¿Quién. Es. Ese? ―preguntó, sentándose recta mientras miraba algo más allá de mí.
Seguí su mirada hasta la orilla, dónde había un grupo de chicos cerca del agua. Tras mirarlos un poco, me di cuenta de que peleaban juguetonamente. Parecía Capoeira. A un par de amigos nuestros les gustaba mucho, incluyendo a...
Jacob. Joder. Si aquello no era el destino, no sabía qué era. Sonreí satisfecha para mí.
―¿Quieres ir a mirar? ―pregunté a mi intrigada amiga.
―Demonios, sí ―murmuró, colocándose las tetas en la parte de arriba de su bikini.
Nos levantamos, sacudiéndonos la arena de las piernas, y bajamos hasta el círculo. Si hubieran sido extraños, no me habría sentido cómoda acercándome a un grupo de chicos así. Sin embargo, además de a Jacob, reconocí un par de caras del pueblo.
Jacob me vio al momento y sonrió ampliamente. Se acercó con grandes zancadas, con las gotas de agua brillando en su pecho bronceado y ridículamente trabajado. Casi pude ver el segundo exacto en que se dio cuenta de que llevaba a una amiga, los engranajes empezaron a trabajar en su cabeza eternamente calenturienta.
A mi lado, Jess prácticamente salivaba. Casi le di un golpecito, pero entonces nos encontramos a Jake justo delante de nosotras, con una expresión igual de tonta que la de ella.
―Hola, Bella ―dijo él, besándome en las mejillas. Olía a hierba, incienso y cerveza.
―Hola, Jake. Esta es mi amiga, Jessica. Ha venido de visita desde Seattle.
Jess extendió la mano, pero Jake pasó de eso y se inclinó para besarle las mejillas también. Ella enrojeció y sonrió.
El día anterior, ella había dicho que lo único que quería era olvidar.
Bueno, misión cumplida.
*En español en el original.
*Hammerhead es una bebida en la que dentro de una cerveza, se pone un vaso de chupito con ron al revés, de manera que al inclinar el vaso para beber la cerveza, el ron va saliendo del vaso de chupito.
¡Hola!
Sé que dije que actualizaría el martes, pero no me ha dado tiempo hasta ahora. En compensación, os dejo unas horas para leer este capítulo y esta noche (hora española) subiré otro más.
Bueno, en este capítulo dejamos un poco de lado el romance y tenemos un día de chicas. ¿Qué os ha parecido Jessica?
Como siempre, estoy deseando leer vuestras opiniones.
¡Hasta luego!
-Bells :)
