Mayo, 2006. Seis años atrás.
—No tenía idea de que podría ser así —susurró Bella, solamente alejando su carnosa boca de la suya lo suficiente para mirarlo con asombro—. No tenía idea de que podría compartir tanto con una persona y sentirme tan... completa. Es como si ya no supiera cómo ser yo sola, no sé si me explico —se rio entre dientes, mordisqueándole la barbilla—. Solo quiero decir que te has convertido en una parte de lo que soy.
—Conozco el sentimiento —convino Edward, besándola con suavidad—. De hecho, te has convertido en mi todo. Me haces querer trabajar mi culo al máximo para darte todo lo que te mereces, señora Cullen.
—Cursi.
—Tú empezaste con las declaraciones —dijo, frotando la nariz con la suya.
—Mmm —ronroneó, antes de posicionarse sobre él—. Suficiente de charla emocional, estoy como que muy mojada ahora… —Edward contuvo un jadeo, seguramente al sentir sus pliegues húmedos frotándose descaradamente contra su excitada verga.
—Ya estoy en ello.
Era su segunda semana de luna miel en Los Ángeles. Durante los primeros días, Edward había querido recorrer Hollywood y Las Vegas, como un turista embelesado, pero su cara ya era famosa, y hordas de adolescentes promiscuas se habían lanzado sobre él sin ningún respeto frente a ella. Al principio a Bella no le molestó, ¿pero ahora?, bueno, quería a su esposo solo para ella.
Meciendo sus caderas hacia arriba y entre sus piernas, Edward le dejó sentir lo duro y desesperado que estaba. Bella sonrió con malicia, acomodándose solo un poco a la izquierda y dejándose caer despacio sobre su erección.
—Maldita sea, nunca podré tener suficiente de ti, Bella —confesó en un siseo.
—Me encanta mirarte a los ojos y a la cara mientras te tomo.
—Tan sucia y controladora —dijo con un bajo resoplido mientras comenzaba a moverse junto con ella.
Bella comenzó a moverse con decisión, disfrutando de verlo rechinando los dientes y dejando escapar suaves jadeos, empezando a perderse en su placer, con los ojos turbios, los tendones del cuello marcados, sus torneados brazos estrechándola… ¿Cómo no estar frenética por él?
—Vas muy en serio, eres una chica con un propósito —gruñó, sujetando sus caderas.
—Solo quiero demostrarte lo mucho que te amo. —Edward contuvo el aliento, irguiéndose para sujetarle el rostro.
—Yo también te amo. Tanto... oh, mierda... tanto, Bella, justo así.
Bella lo besó, ahogando sus propios gemidos de placer, incrementando sus movimientos pero en cuanto él frotó con el pulgar su clítoris, su sexo se contrajo alrededor de su verga, como si supiera justo lo que necesitaba para alcanzar la cúspide, como si la conociera mejor que ella misma, una y otra vez su sexo se contrajo mientras se consumía en su marido, en su aroma, en sus brazos. Y cuando Edward maldijo, apretando la mandíbula hasta hacerla crujir, supo que lo había llevado directo al abismo. Él nunca duraba después de que ella se viniera, decía que era su muerte, y ella no tenía problema con arrastrarlo al paraíso. Venirse casi al mismo tiempo era una especie de droga, abrazados fuertemente, respirando de forma pesada en el cuello del otro…
Una vez que sus espasmos se detuvieron, se desplomó sin fuerza sobre él.
—Maldita sea —jadeó estrechándola—, somos increíbles juntos.
Bella se rio, extendiendo la mano para jugar con su alborotado cabello humedecido.
—Sí, lo somos, ¿no?
Edward asintió, cambiando de posiciones, colocándose parcialmente sobre ella, le apoyó la palma de la mano sobre el vientre y le besó justo ahí. Era hermoso verlo tan concentrado.
—¿Sabes?, quiero tener un bebé contigo, Bella.
Mientras las palabras de Edward resonaban en la habitación, Bella se estremeció.
—La sutileza no es lo tuyo, ¿verdad? —Él se rio entre dientes, acariciando con su nariz su vientre, todavía sin encontrar su mirada.
—Siempre he querido ser un papá joven. —Bella suspiró, calmándose mientras jugueteaba con su cabello cobrizo.
—Yo… no lo sé, no he tenido una madre en años, no sabría cómo… solo serlo.
—Eres increíble en todo lo que haces, ¿tu papel de mamá?, sería sin duda el mejor. Soy yo quien debería estar preocupado. Mis padres biológicos me lanzaron a un orfanato, y mis padres adoptivos fueron la viva imagen de una familia disfuncional. Ni siquiera asistieron a la boda —negó, acostándose a su lado—. ¿Qué te puedo decir sobre mí que no sepas?, no soy precisamente un modelo a seguir, ni siquiera debí mencionarlo.
—Cállate, tonto, no digas esas cosas. —Edward se enderezó, atrayéndola contra su pecho.
—Lo siento, no quería arruinarlo, ¿la jodí, no?, presionando con un bebé en plena luna de miel, ¿en qué rayos estaba pensando?
—No es eso. —Se enderezó también, besándole los labios, calmando la creciente angustia ahora visible en su hermoso rostro—. La vida de casada debe ser maravillosa, solo dame tiempo para acostumbrarme.
Él la miró fijamente, buscando algo en sus ojos, sonriendo al parecer al encontrar lo que buscaba. Su sonrisa era hermosa, como él.
—Por supuesto, Bella.
Octubre, 2006. Seis años atrás.
Aquella era la segunda noche que Bella pasaba trabajando, redactando la que sería su tercera invitación para un nuevo integrante que lo supliera.
Edward sabía que necesitaban buscar su reemplazo cuanto antes, pero no estaba dispuesto a compartir a Bella en estos momentos. Mirando el tapete que trajo de su viejo departamento, recordó cómo tres días atrás hicieron el amor sobre él, rodeados de todo el equipaje y cajas de ambos, antes de que les trajeran el amueblado para la recámara a su nuevo hogar en Seattle, y sin poder evitarlo se estremeció.
Con el recuerdo de su último contacto físico, y aprovechando que la música suave de uno de sus discos, el que más amaba, para ser honesto, estaba sonando en su alcoba, Edward fue a buscarla. Su paciencia tenía un límite. Aún eran recién casados y no tenía intención de permitir que Bella siguiera ignorándolo cada noche para entregarse a la búsqueda de su reemplazo... era exagerado, ella no lo ignoraba nunca, pero esto era lo que Bella hacía de él.
Un melodramático errante.
Se acercó a ella con paso firme pero sigiloso, y le sujetó el largo cabello rizado con una mano, moviéndoselo a un lado, dejando su cremoso cuello al descubierto. La incipiente barba rascó la suave piel de su esposa, y cuando la escuchó suspirar, supo que tenía ganada esta batalla.
—Ven —susurró Edward. Ella se estremeció, sin mirarlo mientras él continuaba acariciándole el cuello con los labios.
—No he acabado con los correos —dijo, alzando su preciosa cara hacia él.
—Te recuerdo que ya no trabajas para Swan, ahora todo está a cargo de Aro. —Sus ojos se apagaron un poco ante su comentario, incluso desvió la mirada.
—Lo sé, pero no quiero que Emmett arruine esto y encuentre un vocalista horrible y bueno para nada, ya van varios que sugiere, incluido James, ¿puedes creer eso? —Edward se rio entre dientes.
—Sí, puedo esperar todo de tu hermano, lo que no puedo esperar, es un segundo más para tenerte entre mis brazos.
—También tengo que arreglar la casa, hacer solicitudes, y tengo muchísimo equipaje guardado, pronto te irás de gira y…
—No estás sola en esto, Torpe, yo te ayudaré —la corrigió él con una mirada—. Ahora somos una sola entidad, pero de igual forma no te preocupes, te contrataré a alguien que se encargue de hacerlo. Ven, trae la manta.
—¿Qué?, ¿a dónde vamos?
—No has conocido el techo del edificio, y justo ahí, se encuentra la vista más asombrosa que te puedas imaginar de Seattle, pero seguro tendrás frío.
Bella sonrió, y mirando a su alrededor, vio una vieja manta que él se había traído de Londres, y que resultó volverse la favorita de su esposa. Así que naturalmente, esa se trajo.
—Tenías razón, está muy frío —susurró mientras caminaban por las escaleras, envolviéndose en la manta.
—Lo sé. —Edward le rodeó la cintura con las manos y la acercó a él. Bella se estremeció al sentir seguramente el calor de sus palmas a través del fino vestido que llevaba, no podía esperar para quitárselo.
—¿Por qué quieres ir al techo justo ahora?
Él le dirigió una mirada que podría haber calentado la mismísima Antártida.
—¿Por qué más va a ser, Bella? Quiero ver tu piel desnuda brillando bajo la luz de todos esos rascacielos mientras estoy dentro de ti.
Ella se sacudió como si hubiera sujetado de pronto un cable de alta tensión, sus ojos oscuros brillantes de excitación, y sí, esta chica, pervertida y dulce, ahora era su esposa. Mierda, era tan afortunado, que difícilmente podía conciliar el sueño en las noches.
Y cuando ella sujetó su mano, urgiéndolo hacia los escalones que daban hacia el último piso, pensó que nunca se cansaría de sus reacciones inesperadas.
Espero que les haya gustado!, ¿me cuentan?
Gracias por comentar: Pichilina beibi, Liliana Macias, paupau1, somas, Lizdayanna, Gloria, Yoliki, nydiac10, Tata XOXO, Karla, rjnavajas, Vale Potter, LuAnKa, jajajaja le sobaba la espalda, siempre toqueteandolo!, Esal, Lidia withlock, Leah De Call, Tecupi, saraipineda44, Jupy, tulgarita, torrespera172, Bitah, gracias!, indii93, Injoa, amas a Edward, no lo niegues, jaja, Sully YM
Y tambien gracias a todas mis lectoras guest, saludos!
