La Varita
Prince y Albus miraron el entrenamiento desde la ventana. Prince se vio a sí mismo organizando junto a Lorenz a los chavales de cuarto, mientras pensaba en la información que acababa de recibir.
("Vaya tela, Albus lleva cuarenta años siguiéndole la pista a Riddle. Si hubiera sabido mucho antes lo de los horrocruxes, probablemente ya los hubiera destruido hace mucho. Debe estar hecho polvo. A su edad, que tenga que enfrentarse a un problema así y no poder confiárselo a nadie más que a mí.
Debo colaborar con él en todo lo que requiera, pero a cambio le voy a pedir algo esencial, que el máximo posible de guerreros sean instruidos adecuadamente en las Magias Ancestrales, para tener una ventaja determinante ante el ejército que está creando Voldemort y sólo mueran una mínima parte de ellos.
Y por supuesto, también deben aprender maldiciones, aunque no sean las imperdonables, para poder eliminar a los mortífagos y que su número se vea mermado y el nuestro no.
Albus me ha pedido en dos ocasiones en el pensadero que me fijara bien en los objetos. Ya sé por qué, sospecha que Voldemort los ha convertido en horrocruxes. Muy típico de él, orgulloso de las reliquias de su familia, símbolos de poder.
Pero vaya… Anda por medio también la Piedra de la Resurrección. Albus lo sabe, y tiene la Varita y Potter la Capa, en el mismo colegio, demasiado a mano las tres. Qué peligro. Está claro que debo acompañarlo a buscar, no sería de extrañar que quisiera quedársela, debo disuadirlo a toda costa y hacerla desaparecer, incluso encontrarla yo mismo, por mi cuenta.
Y si los objetos son significativos, los lugares donde están también deben serlo, lugares importantes en la vida de Voldemort. Quizá la propia casa de los Gaunt, por eso me ha indicado también el nombre del pueblo. Puede también que el orfanato donde se crio.
Y el propio Hogwarts, si intentó ser profesor de Defensa aquí, es porque le tiene apego al colegio. ¿Y dónde esconder algo en Hogwarts? Obviamente, en la Sala de Menesteres en su aspecto de almacén.
¿Más lugares posibles? Los dos horrocruxes que hemos visto eran joyas y se rodea de sangre-puras adinerados, con cámaras de seguridad en Gringotts. La propia Bellatrix o Lucius pueden estar en posesión de alguno de ellos, sin saberlo. Habrá que pedir a los padres de Lauren que lean a Bellatrix en ese aspecto, y a Lucius, ahora que también lee, que investigue entre el alto mando.
Mira, ahí estoy con los de quinto. Hoy apenas le he hecho caso a Deborah, pero tampoco le hacía falta, tenía el grupo menos numeroso. Ahora voy por Jack. Qué majo es el Gryff, presiento que nos haremos buenos amigos. Ya se me ha vuelto a olvidar cómo se llama, soy un desastre para los nombres.
Bueno, conclusiones. Enseñar Magias Ancestrales y maldiciones a los guerreros, y sobre los horrocruxes, dos objetos a buscar, el anillo y el guardapelo, y probablemente Albus sepa de más. Y cuatro lugares, la casa de los Gaunt, el orfanato, Hogwarts y las cámaras de seguridad de los mortífagos, pero esto último debo plantearlo como una sugerencia, pues no puedo descubrir ante Albus que tenemos espías en el otro bando, pondría en peligro a Lauren.
Ahí voy con los de séptimo. Qué bien me cae Genevre, y me gusta además. Disfruto de estar con ella, es inteligente, amable, entregada, muy guapa y buena guerrera también. Pero hace pareja perfecta con Lorenz y a mí ya me llega con dos, aunque no pueda estar con ninguna de ellas por el momento.")
-Las diez y cinco – le dijo Albus - ¿Continuamos charlando un rato?
-Claro, Albus.
-Volvamos al despacho entonces.
Bajaron y volvieron a sentarse a ambos lados del amplio escritorio.
-Calculo que necesitaremos una hora para darte las enseñanzas para tu protección. Hablaremos hasta las once y volveremos a mirar el descanso, te has perdido el momento más emocionante del entrenamiento.
-Ya sé, cuando me he puesto a llorar delante de casi treinta personas.
-¿Cuántos amigos de verdad tienes ya?
-Buf… He perdido la cuenta, ni siquiera sé los nombres de todos. Por cierto, ¿existe algún hechizo para memorizar? Tú sabes los apellidos de todos los alumnos del colegio.
-Por supuesto que existe, y no sólo para los nombres de personas, sino todo aquello que te ocurre en la vida, incluso lo que te parece que ya has olvidado, rescatarlo de la profundidad de la mente.
-Vaya… - asombrado.
-Pertenece a uno de los libros de Magias Ancestrales desaparecidos de la S.P., el de Magia Druida. El poder se adquiere mediante un ritual en una cueva.
("Vaya… No miramos los significados de las cuevas.")
-Por desgracia, no hay cuevas en Hogwarts, pero podemos escaparnos algún día apareciéndonos – continuó Albus.
-Sería genial, porque me va a tocar tratar con más de cien personas. Todos los de casa más los guerreros, y me sabe mal que todos me conozcan, me traten familiarmente y no conocer siquiera sus nombres.
-Muy bien, pues lo haremos sin falta la próxima semana.
-Muchas gracias, Albus.
("No me dice nada sobre los libros que hemos sustraído. No va a apretarme las tuercas en absoluto.")
-¿Sabes volar en escoba?
-No, desde primero que no lo hago. Nunca he tenido la oportunidad de comprar una.
-Vaya, qué pena. Pues te conviene aprender también, no sólo para desplazarte, sino para enseñar a combatir montando en ella. Los mortífagos las emplean en las escaramuzas.
-Sí, lo sé.
-Probablemente es en lo que te hubieran entrenado este verano, teniendo en cuenta que no puedes usar todavía la varita.
-Claro… No había caído.
-De buena nos hemos librado teniéndote de nuestro bando.
-Gracias, Albus.
-Gracias a ti, por elegir bien. No pasa nada, saldremos por un pasadizo del castillo hasta Hogsmeade. Bueno, ¿has llegado a alguna conclusión sobre lo que hemos visto?
-Sí, a varias.
-Dime entonces.
-La primera, que si has pasado cuarenta años siguiéndole la pista a Voldemort y en un solo recuerdo ya aparecen dos objetos significativos, debes saber de más de ellos.
-Aciertas, pero eso lo iremos viendo poco a poco. Por hoy ya nos vale de malas noticias, sobre todo a ti.
("Vale, dejo para otro día lo del basilisco.")
-Te lo agradezco, Albus. En relación con eso, contando con que la guerra va a ser larga y cruenta, pienso que es fundamental enseñar Magias Ancestrales a los guerreros, para tener una clara ventaja sobre el enemigo y que se pierda el menor número de vidas posible. Por descontado, a todos quienes las conozcan deberíamos enseñarles también a ocluir. A cambio de eso te ofrezco hacer todo lo que esté en mi mano por ayudarte con los horrocruxes.
-Tienes toda la razón. No entiendo por qué el Ministerio no permite emplear las imperdonables ni siquiera a los aurores. No se puede luchar contra Avadas con Incarceres y Reflexos.
-Vaya, pues me estás dando pie para la siguiente conclusión. Debemos también aprender maldiciones, aunque no sean las imperdonables, que no se trate sólo de defendernos, sino también de mermar las filas del enemigo.
-Totalmente de acuerdo contigo. A los que se gradúen este año ya no les da tiempo de aprender todo lo que me estás proponiendo, les tocará pasar por la Academia de Aurores, pero a partir de la siguiente promoción deberíamos pensar en formar un pequeño ejército a base de comandos, grupos afines. Una de las Magias Ancestrales, la Magia Roja, se basa en eso.
("La Magia del Amor. El arma más poderosa contra las Artes Oscuras.")
-Parte de las enseñanzas que he dado a tus amigos Gryff han sido sobre ella, nunca la había probado y ha resultado perfecta – continuó Albus.
("Lo que Lily me ha contado del Vínculo.")
-Antes de fin de curso, Lily y tú también la practicaréis como Pareja, para que podáis protegeros en verano. Y en cuanto quieras, si tienes la suficiente confianza, podemos hacerlo también con tu escolta o parte de ella, para que corráis menos peligro en el colegio. No es necesario que sea con todos, en teoría protegeréis también a todo aquel que améis y se encuentre cerca.
-Genial, podríamos hacerlo todos quienes ocluimos, que somos cinco.
-¿Quién más, aparte de Steed y Beamy?
-Stevens y Fairbank.
-Muy bien. Ampliaremos la cadena de tu giratiempo para que podáis usarla juntos y lo hacemos el lunes. Preferiría mañana mismo, pero no sé cómo tendré el día debido a El Profeta.
-No importa, Albus, y muchas gracias.
-¿Alguna otra conclusión?
-Sí. Ahora intentaré corresponder a lo que me estás concediendo, contándote las ideas que he tenido acerca de los horrocruxes.
-Claro, dime.
-Imagino que tanto el anillo como el guardapelo lo son.
-Sí, estoy seguro de ello. En recuerdos sucesivos verás cómo Riddle se hizo con ellos y con alguno más.
("Buf… Sólo tiene tres identificados.")
-También he estado pensando en qué lugares pueden encontrarse, lugares significativos para Voldemort. Se me han ocurrido cuatro posibilidades.
-Vaya… - admirado.
-La propia vivienda de los Gaunt.
-Yo también lo pienso.
("Por los recuerdos sucesivos.")
-El orfanato donde se crio.
-Podría ser. O algún lugar relacionado con su infancia.
("Él ya sabe dónde, lo conoció de niño.")
-Hogwarts, la Sala de Menesteres en su aspecto de almacén.
-Vaya, eso no se me había ocurrido, y sí, tienes razón. Podría ser.
("Porque vino a solicitar el puesto de profesor de Defensa.")
-Y alguna cámara acorazada de Gringotts, de las familias pudientes que le apoyan, quizá la de la familia Black, por Lestrange.
-Muy buena idea – admirado – Pero será muy difícil llegar a ella, Gringotts goza de la máxima seguridad. Tienen incluso un dragón para proteger esas cámaras.
-Buf…
-Habrá que colarse de alguna manera, cuando tengamos la seguridad de en cuál está.
("Para lo cual nos hacen falta espías, me he ido de la lengua. Me lo propondrá a mí cuando me gradúe.")
-¿Quieres seguir con la lista de información? – le preguntó Albus.
("Lo del basilisco me lo voy a saltar, y lo siguiente es la Varita de Saúco y sí, deberíamos hablar del tema, porque él ya debe saber de sobra que la otra es la Piedra de la Resurrección, no le vaya a dar por ir a buscar el anillo solo. Pero no le puedo contar cómo lo dedujimos mi madre y yo, porque fue a través de la capa de Potter, a ver cómo lo hago sutilmente, porque con Lauren no hablé de esto.")
-Me voy a saltar el siguiente punto, porque es muy espinoso también y no es tan urgente, lo dejamos para la próxima sesión de charla.
-Me parece bien, Prince, lo que tú consideres adecuado. A mí tampoco me ha parecido conveniente contarte de golpe todo lo que sé.
-¿Serías tan amable de enseñarme tu varita?
-Por supuesto.
("Está muy orgulloso de ella, como que se la arrebató al mago más oscuro de su época.")
Albus la sacó y la dejó sobre el escritorio entre los dos. Prince la tomó observándola atentamente y tocándola, apreciando la textura de su madera y sus nudos.
-Es muy rara, nunca vi otra igual. ¿La compraste? ¿O la obtuviste en un duelo? – lo miró fijamente.
("Ha quedado sin habla de nuevo, pero ya no intenta leerme, sabe que no puede.")
-Si la compraste sabrás de qué madera es y su núcleo – continuó Prince - La mía también es bastante especial, de pino negro y nervio de corazón de dragón. No he visto ninguna otra varita negra en todo el colegio.
Le sonrió abiertamente, con la Varita de Saúco en la derecha y el brazo izquierdo apoyado en el respaldo de la butaca. ("Tengo en mi mano la Varita Letal, probablemente por primera y última vez en mi vida, porque después de esto no me la va a volver a dejar. Sigue sin hablar, no se lo esperaba. Es Gryff, no sabe mentir improvisando, sólo si lo planifica previamente.")
-Venga, Albus… - le dijo animosamente – Cuéntame, si lo estás deseando.
-No creas que estoy tan orgulloso de aquello – le dijo triste.
Prince se puso serio también y volvió a dejar la varita sobre la mesa. ("Me está confesando que la ganó a Grindelwald y se ha puesto nostálgico, algo ocurrió entre ellos.")
-Perdona por entrometerme pero no lo he hecho por divertirme, sino por advertirte, Albus. Sé que es la Varita de Saúco y en el recuerdo que me has mostrado aparece la Piedra de la Resurrección. Yo también conozco la historia de los Peverell, lo estuvimos comentando en Semana Santa con mi madre, me contó que en su época se rumoreaba que Grindelwald la poseía y dedujimos que si las Reliquias eran reales, tú eras el propietario de la Varita. Al ver la Piedra de la Resurrección en el recuerdo que me has mostrado he deducido que, en efecto, existen, sin más.
-Eres Sly hasta la médula, chico. Me superas infinitamente en astucia.
-No, simplemente te pillo por sorpresa. Tú llevas muchos años acostumbrado a meterte en la mente de la gente para averiguar lo que están pensando y adelantarte a ello, no estás habituado a tratar con seriedad a alguien que no se somete y a quien no puedes leer. Yo, en cambio, llevo toda la vida lidiando con enemigos, el primero, desde mi más tierna infancia, mi padre. Después los niños del colegio muggle, en Hogwarts el cuarteto y desde hace algo más de un año, los víboras, y llevo menos de seis meses leyendo, he debido desarrollar otras habilidades para protegerme.
("Que se entere de lo dura que ha sido mi vida, como me dijo Lauren, y de paso lo animo para que él también confiese, lo necesita.") Albus asintió, gravemente.
-Por algo eres excepcional a tan corta edad, mucho mejor que yo a mis noventa años.
-No pienses eso, Albus, has hecho muchas cosas bien. Nos libraste de un grave peligro hace treinta años y llevas cuarenta intentando controlar a otro. El mundo mágico no sería lo que es sin ti.
-Lo que hice hace treinta años no fue más que pagar una deuda que tenía pendiente desde que tenía veinte.
("Allá por 1905, pasó cuarenta debiendo la deuda.")
-Te contaré. Mi familia es procedente del Valle de Godric y allí vivíamos mis padres y tres hermanos. Yo soy el mayor, después viene Aberforth, el propietario de Cabeza de Puerco.
-¿Es tu hermano? – sorprendido.
-Sí.
-Ahora que lo dices, es cierto, os parecéis.
-Me hace de espía, así tengo controlados los movimientos de los mortífagos cuando se acercan al colegio.
-Vaya…
-Y teníamos una hermana menor, Ariana. Un día, cuando todavía era pequeña y hacía magia involuntaria, tres chicos muggles la vieron y la atacaron. Quedó muy afectada, ya no volvió a ser la misma, discapacitada.
-Vaya, Albus. Lo siento mucho.
-Pero ésa fue sólo la primera de una larga serie de desgracias. Mi padre atacó a su vez a los chicos que le habían hecho daño y acabó en Azkabán. Murió allí.
-Buf…
-Como nosotros estábamos en el colegio, mi madre se quedó sola cuidando de ella, tuvo una vida muy difícil, enfermó y Ariana la mató accidentalmente poco después de que yo me graduara.
-Buaaah…
-Así que los tres hermanos habíamos quedado solos. Yo era el mayor, quien debía hacerme cargo de ellos, pero no me resigné. Era un mago muy brillante y con delirios de grandeza, quería viajar, seguir instruyéndome y no quedarme encerrado en casa cuidando de mi hermana insana. Mi hermano, mucho más responsable que yo, me lo reprochaba y no terminó sus estudios por cuidar de ella. Yo vivía en la casa igualmente, pero no me hacía cargo de nada. Un año después de graduarme, en verano, vino al pueblo el sobrino de una amiga de la familia, Bathilda Bagsot.
-¿La escritora del Tratado de Historia de la Magia?
-La misma. El caso es que ese chico y yo descubrimos que éramos tal para cual, los mejores amigos, ambos compartíamos ese deseo de fama y grandeza y desarrollamos toda una teoría según la cual los magos estábamos por encima de los muggles y debíamos gobernar el mundo. La llamamos "El Bien Mayor" y uno de nuestros objetivos era hacernos con las Reliquias de la Muerte, para ser infinitamente poderosos y poner en práctica nuestras ideas. Ese chico del que te hablo era Gellert Grindelwald.
-Vaya… - asombrado y con profunda comprensión.
-Pasamos dos meses conspirando y haciendo planes para viajar juntos a la búsqueda de nuestros objetivos. Yo descuidaba a mis hermanos y Aberforth siempre me lo reprochaba, hasta que un día, estando los cuatro en mi casa, Grindelwald, mis dos hermanos y yo, se originó una grave discusión, en la que los tres sacamos las varitas y Ariana resultó muerta.
Prince bufó, apoyando el codo sobre la mesa y dejando caer la frente sobre la mano.
-Cuánto lo siento, Albus.
Albus lloraba.
-Nunca sabré si fue mi propio hechizo el que la alcanzó.
Prince también.
-Fue un accidente.
-No, no lo fue porque yo por entonces lo que deseaba era librarme de la carga que suponía, sentía que me estaba cortando las alas y al final conseguí lo que buscaba, librarme de ella.
-Albus, no puedes seguir sintiéndote culpable después de setenta años. No fue un crimen, fue un accidente.
-Y todavía contribuí a crear el monstruo en que se convirtió mi mejor amigo.
-Pero luego lo combatiste, tú mismo lo has dicho, pagaste tu deuda, y has dedicado toda tu vida a hacer el bien. Deben pesar más estos setenta años que aquellos dos meses de locura juvenil.
-Mi hermano todavía no me lo ha perdonado.
-Pues hace mal, no tengas en cuenta lo que piense él. Hay que saber perdonar.
("Quizá soy la primera persona a quien se lo cuenta.")
-Yo te perdono – le dijo Prince.
-Llevo resistiéndome desde que obtuve el recuerdo que te he mostrado hoy, a correr a Little Hungleton a casa de los Gaunt a buscar el anillo con la Piedra, ya que por recuerdos posteriores sé casi con total seguridad que se encuentra allí, porque quiero volver a ver a mi familia aunque sea una última vez. Lo ha evitado que no he querido ausentarme del colegio por si había una urgencia contigo.
-Pues por suerte no lo has hecho, Albus, porque manipular un horrocrux es muy peligroso. No se te ocurra ir solo ni sin haber estudiado a fondo el libro, lo tengo a buen recaudo, lo estudiaremos juntos e iremos a buscarlo. Lo destruiremos, y si la Piedra se sigue pudiendo utilizar, lo haces, pero sólo para pedir perdón y despedirte, no puedes quedártela, te volverías loco y te necesitamos en el presente. Ahora nosotros somos tu familia y contamos contigo, no nos abandones, sin ti no vamos a lograr hacer nada.
-Por supuesto, Prince, no os fallaré.
-Valiente Gyff. Siento mucho haberte dado otro disgusto, no me esperaba para nada que hubiera una historia tan dura detrás de la maldita Varita de Saúco, sólo quería advertirte de que no te veas tentado por la Piedra, porque ya te digo que es muy peligroso manipular un horrocrux. Se puede incluir una maldición en el mismo para protegerlo, y en todo caso, te posee si pasas demasiado tiempo con él puesto o cerca de él, viene todo explicado en el libro. Así que cuando lo encontremos no se te ocurra ponerte el anillo, podrías morir.
-Gracias Prince, porque era lo que pensaba hacer. Te debo la vida.
("Vamos a aligerar un poco cambiando de tema y a darle una pequeña alegría.")
-¿Sabes que fue una suerte que los Gryff me atacaran la otra noche?
-¿Y eso?
-¿Recuerdas que antes te he ofrecido una poción con la que duermes al instante y cada hora de sueño vale por tres?
-Sí, claro, y ya te he dicho que nunca lo oí, es muy interesante. Conozco "Sueño reparador" y a veces la uso, pero esa sólo vale por dos.
-Nunca la oíste porque es invención mía.
-¿Qué me estás diciendo? – asombrado y admirado.
-Lo que oyes. Lo conseguí también en Navidad, combinando "Sueño reparador" y "Sueño inmediato" y mejorando el efecto reparador mediante Aritmancia.
-Pero eso es un trabajo de posgrado o incluso más avanzado.
-Eso dice Pomfrey. El caso es que Remus, de nuevo Remus, cuando me vio en la cama frente a él se lo contó, porque él lleva usándola desde enero para recuperarse más rápidamente de sus crisis y así pierde sólo medio día y no el día entero.
-Vaya…
-¿Y sabes qué hizo Pomfrey en cuanto lo supo?
-Ya lo imagino. Escribir a Victor Damocles. Fueron compañeros de ÉXTASIS.
-Eso mismo. Y él le respondió en cuanto le llegó la lechuza, adjuntando un mensaje para mí – sacó la carta del bolsillo y se la tendió – Léelo. Me va a arreglar la vida.
Albus leyó el mensaje.
-Vaya Prince, Damocles es el mejor investigador en Pociones que existe en Reino Unido, probablemente en toda Europa. No puedes tener mejor mentor.
-Qué bien. Voy a cursar el ÉXTASIS de Medimagia. Me basta con añadir Aritmancia a las asignaturas de Pociones, porque además también he creado hechizos, bastantes, y alguno sanador.
-Vaya – asombrado – ¿Hay algo que se te dé mal?
-Sí, Transformaciones – le dijo riendo – Tu asignatura favorita.
-Bueno, no bajar del Supera significa que no se te da tan mal.
-Ya, pero yo estoy acostumbrado a los Extraordinarios, entonces considero que se me da mal.
-Te entiendo, eres muy exigente contigo mismo.
-Eso. Pues te lo he contado porque quiero usar la Red Flu desde aquí y no desde el despacho del bocazas de Slughorn, pero también para que sepas que tengo otros intereses aparte de todo el follón en el que estamos metidos y no quiero morir joven, porque me parece que tengo mucho que ofrecer al mundo.
("Que se vaya haciendo a la idea de que no me pienso dejar marcar cuando acabe de estudiar.")
-Por supuesto, Prince, te facilitaré que vayas a San Mungo siempre que lo necesites. Usa el giratiempo si quieres también para eso, porque los días laborables coinciden con los lectivos.
("Y para tocar el piano, leer libros de Ciencia e Historia de Estudios Muggles, escaparme al Bosque solo o con Lauren cuando todos estén en clase… etcétera, etcétera.")
-Claro, Albus, ya pensaba hacerlo, por eso te he dicho antes que va a ser el mejor aprovechado de la historia.
-Tampoco abuses, te puede alterar el ritmo de sueño y vigilia.
("Bah… Si mis días son de veintisiete o veintiocho horas en lugar de veinticuatro, duermo diez en lugar de ocho y en paz. Ya me acostumbraré.")
-No más de lo que me han alterado las pociones de sueño, y si no, lo uso también para echar la siesta.
Albus puso los ojos en blanco.
-Tú verás lo que haces.
-Soy joven. Resistiré.
-Vaya que sí. Quién pillara otra vez los dieciséis.
-Mejor los diecisiete.
-Con el giratiempo vas a tardar más en llegar a cumplirlos.
-Pero va a ser tiempo bien aprovechado.
Charlaron informalmente otro rato hasta las once, en que volvieron a subir a la ventana a mirar el descanso del entrenamiento y Prince pudo ver lo que se había perdido por la mañana por estar llorando. Cómo sus veintiocho amigos se habían acercado a él para consolarlo, y volvió a llorar.
Después pasaron a la Sala de Duelo, que tenía una pared medio destrozada, de las maldiciones que habían lanzado Lily y Remus por la mañana y que a Albus no le había dado tiempo a reparar. Se lo explicó.
-Han lanzado maleficios a través del escudo.
-Wooow… Yo también quiero.
-Bueno, pues como los Sly vais a venir el lunes, ya no la reparo, si no la vais a volver a destrozar.
-Ya te digo, nosotros sobre todo – carcajeándose - Yo pienso lanzar hasta Avadas, para probar bien el escudo si alguna vez me toca usarlos.
-No me parece mal – Albus también reía.
A continuación le enseñó a realizar el Patronus parlante, que le salió en un cuarto de hora, la mitad de tiempo que les había costado a los Gryff. De nuevo se ausentó del despacho para que se lo mandara y también le salió. Aún no eran las doce.
-Nos queda hora y media todavía. ¿Qué más vamos a hacer?
-Voy a comenzar a enseñarte a proyectar.
-Ya sé proyectar, Albus – se carcajeó.
-¿Qué dices? – asombrado.
-Lo que oyes. Lily y yo practicábamos tanta lectura que un día nos salió sin más. Por eso a mediodía he hecho que mi escolta se cambiara de sitio en el Comedor, para alcanzaros a los dos.
-¿Me alcanzas desde donde estás? – asombrado.
-Supongo que sí. Alcanzo a Lily y ella a mí, y estoy a la misma distancia de ambos.
-Vaya…
-Trabajo que te quitamos. Además, así ya me ha contado todo lo que habíais hecho por la mañana – se carcajeó.
("La cara de Albus es un poema.")
-Y me lo dices ahora. Ya sabías que tenía un giratiempo para ti, lo de la Magia Roja, lo del Vínculo…
-Todo, todo. Que sepas que mi característica principal en el horóscopo celta es…
-¿Cuándo los cumples?
-El nueve de enero.
-El misterio.
-Eso – se moría de la risa, y consiguió que Albus también lo hiciera.
-Y hablando de eso también. Ya conoces la Magia Druida, eso sí me lo has contado. ¿Cómo realizaste los rituales en árboles?
-Correctamente, contacto con la tierra y el tronco. Lo descubrí de casualidad.
-Entonces ya tienes el poder.
-Por supuesto. Mira.
Se apartó y realizó el Protego esférico.
-¿Alguien más lo tiene?
-Sí. Los tres Gryff y cinco Sly que ocluimos. Precisamente aprendimos a hacerlo para que no nos pillaras – volvía a carcajearse.
("Albus está desesperado, voy a contenerme un poco.")
-Y que sepas que no es necesario acudir al árbol que toca en el calendario, la magia está presente siempre – continuó Prince - Con todos excepto Beamy lo hice en un abeto centenario, en fechas que no tocaba. Lo hicimos coincidir con el novilunio por si acaso, pero pienso que eso tampoco importa.
("Porque con Lauren lo hice en cuarto menguante, tampoco era su árbol y también le salió.")
-Y además, si realizas rituales conjuntos, entre varios brujos, con las manos en contacto, se transmiten los talentos naturales de uno a otro, así que en eso quizá sí nos podrías ayudar, transmitirnos tu talento para Transformaciones para convertirnos en animagos.
("Y de paso todos los demás.")
-Vale, entonces iremos igualmente, yo nunca he hecho uno conjunto.
-Genial, iremos a mi abeto cuando quieras, en dos horas y media vamos y volvemos y lo hacemos los tres, y también individuales, que no he realizado desde febrero y ya va siendo hora de renovar peticiones.
-¿Has probado a hacer en otros espacios naturales?
-Sí, en la costa, en Semana Santa, en una playa y en los acantilados de Dover.
-¿Y también te salió lo que demandaste?
-En la playa de dunas, que significa apertura de mente y predisposición a los cambios, y el contacto con el agua de mar, sanación de heridas del alma, nos salió todo al instante, y eso que no fue propiamente una meditación, sino una conversación entre Lily y yo. Y en los acantilados, que significan perspectivas amplias y elevadas estuve meditando mientras paseaba en todo lo que me gustaría hacer en la vida, así que eso llevará más tiempo que se vaya haciendo realidad. Me faltan los manantiales, arroyos y el Lago, que es lo que tenemos a mano aquí.
-Pues los poderes que se adquieren en esos espacios también son muy interesantes.
-Claro, ya lo sé. El libro de Magia Druida que había en la S.P. también lo encontramos en la misma librería de viejo, así fue como pudimos consultar los de las costas. Quiero realizar también esos rituales ahora que viene el mes de más calor, ya me escaparé con el giratiempo.
-Prince, no andes solo por ahí – le reconvino.
De nuevo le dio el ataque de risa.
-Bah… Si todos están en clase, ¿qué importa? Soy un ser solitario, me sobrepasa estar rodeado de gente todo el tiempo.
-Te entiendo, yo también lo soy – rio también – Además, si ya puedes hacer el escudo esférico ya puedes protegerte solo, y si tienes cuidado de que no te vea nadie no creo que te sigan hasta el Bosque. De cualquier modo, mejor espera a que tenga el Mapa listo para ti y así estás más seguro.
-De acuerdo, Albus – le dijo seriamente.
("Vamos a admitirlo, porque no me ha apretado las tuercas en cuanto a los libros, ya debe olerse que no soy el único que conoce dónde están. He de ir por el de Magia Oscura y llevármelo a casa, ahora que ya no están los maléficos, para tenerlo a mano cuando volvamos a quedar, porque deberíamos ir cuanto antes a Little Hungleton por el anillo, para que Albus no se vea tentado de ir solo.")
-¿Tenías preparado algo más para hoy?
-No.
-Vale, entonces vamos a ultimar detalles hasta que volvamos a vernos. ¿Dónde entrenamos mañana?
-He instalado la Sala en la planta baja, pasando la Biblioteca, en el pasillo a la izquierda, para que los Sly la tengáis más mano, pues sois los más numerosos. No la he puesto en las mazmorras porque os hubiera faltado luz natural.
-Genial.
-Para entrar tenéis que hacer como a la Sala de Menesteres, demandar el espacio, pero basta con pararse frente a la pared "Sala de Entrenamiento en Duelo."
-Perfecto, así nadie sospechará del cambio.
-Yo me encargaré de que si están aquí los de El Profeta no acudan a esa zona, con la excusa de la Biblioteca, un lugar de estudio que deben respetar.
-Astuto Gryff. ¿Y el lunes, para las enseñanzas?
-Sois cinco.
-Sí, incluido Beamy.
-¿Sabes si cursan o han cursado Runas Antiguas?
-Stevens, no, Beamy sí, Steed y Fairbank no sé.
-Vaya, entonces nos llevará más tiempo, pero calculo que nos llegará la mañana. ¿Preferís antes de clases o después?
-A mí me da igual. ¿Les pregunto y estamos comunicados proyectándonos mañana? Hoy ya no creo que aparezca a cenar.
-Claro, hablamos mañana. No creo que pueda pasarme por el entrenamiento, ya sabes, El Profeta, pero me cuentas qué tal ha ido y quedamos para el lunes. Según lo que decidáis, te doy instrucciones sobre cómo debéis hacer.
-Muy bien. Y también me gustaría quedar cuanto antes para estudiar juntos el libro de Magia Oscura y acudir a Little Hungleton, no quiero que vayas solo, Albus, te lo digo muy en serio.
-Por supuesto que no lo haré, Prince, no voy a jugarme la vida en un momento así. Por eso te pido también a ti que tengas mucho cuidado, la esperanza de mucha gente depende de ti. Si te pasara algo, todo el mundo de desmoralizaría, ahora eres responsable de todos. Entonces quizá el mismo martes podamos tener otra sesión, más corta, vamos a tomárnoslo con paciencia. Nos proyectamos y quedamos.
-Perfecto. Nos queda más de una hora todavía. ¿Estás cansado?
-No, tu poción funciona genial.
-¿Pues sabes lo que me encantaría hacer?
-Dime.
-Pelear un rato contra ti. Sería un honor para mí hacerlo contra el vencedor de Grindelwald, nada menos que contra la Varita Letal. Me vas a poder, hoy estoy al cincuenta por cien, por el brazo. ¿Te apetece?
-Por supuesto. ¿Cómo era? Sin desarmar, legales, no verbales y sin Protegos, ¿no?
-Leíste a los Gryff. Eres un cachondo.
Ahora fue Albus quien rio. Pelearon un buen rato, Albus contra Prince. Y a pesar de su avanzada edad y de no estar acostumbrado a hacerlo a menudo, en efecto, le pudo. Cuando se cansaron, Albus convocó unas butacas, realizó un hechizo para alargar la cadena del giratiempo y se sentaron un rato más a charlar, sobre las Magias Ancestrales y cómo comunicarlas al resto de guerreros, pues se trataba de un trabajo ingente. Quitando a los de séptimo, iban a tener que instruir en Oclumancia y todas las enseñanzas al menos a cincuenta personas más.
A la una y veinticinco salieron de la sala de Duelo al despacho. Prince convocó otro dosificador y le sirvió a Albus poción reparadora para dos horas que le valdrían por seis. El anciano ya llevaba dieciséis horas en pie y todavía tenía que lidiar con Slughorn para leerlo y convencerlo de que no pasara por su casa esa noche.
Esa mañana de mayo, Albus y Prince sellaron un pacto de colaboración y apoyo mutuos que se mantendría hasta la muerte del director.
