CAPÍTULO 33

Abro los ojos lentamente y lo primero que veo es él. Duerme feliz y pienso que, mirándolo así, parece la inocencia en persona, pero él de inocente no tiene nada. La oscuridad lo rodea y esto me aterroriza. Parce calculador, frío y dispuesto a todo con tal de alcanzar sus objetivos. Miro mi mano, todavía atrapada en la suya, e intento sacarla lentamente.

Bajo de la cama esperando que no se despierte. Cuando llego a la puerta de puntillas, me vuelvo para comprobar si duerme todavía y me escabullo. Necesito hablar con Vladan, por mucho que no me guste la idea de que por mis venas corre su sangre, necesito respuestas. Me acerco al sillón donde está sentado y respiro profundamente. ¡Dios mío!, ¡mi padre es un mafioso!

—¡Hola! —Digo sentándome ante él. Levanta la mirada del periódico y me sonríe a duras penas.

—Podemos comenzar cuando quieras. —Dice con voz decidida. Comenzamos bien. Lo que es seguro es que no saben cómo hacer sentir cómodas a las personas. Luego pienso que yo no soy muy diferente. Soy directa como él.

—¿Cómo conociste a mi madre? —En Italia. Estábamos en el mismo resort. Yo como cliente y ella como camarera. —Explica llevándose las manos a la barriga y entrelazándolas.

—¿Qué sucedió después? —La cortejé. Su belleza era extraordinaria, típica de las españolas. Después de vernos durante dos semanas, le propuse que viniera a Rusia de vacaciones. No creo que mi madre supiera quién era y me parece demasiado bonito y poco realista lo que está contando.

—¿Ella sabía quién eras? Sus ojos me miraron con tristeza. —Lo descubrió una semana después de su llegada a Rusia. Lógico. De lo contrario, no me explico. Ninguna persona en su sano juicio entraría en ese mundo podrido.

—Déjame adivinar. No quería quedarse pero tú intentaste convencerla de todos los modos posibles. —Digo con tristeza.

—No quería entrar en razones. Dos meses después dejé que se marchara, pero si hubiera sabido lo de…

—¡La habrías obligado a quedarse si llegas a saber que esperaba un hijo tuyo! —Acabo la frase por él. Miro sus ojos color avellana que me miran apenados. Observándolo mejor, me doy cuenta de que mis ojos, si bien de un color diferente, tienen una forma similar a los suyos.

—Mi madre me abandonó cuando tenía poco más de tres años. No sé nada de ella ni de mi padre. El hombre que me ha dado todo nunca mencionó su pasado. Frunce el ceño sorprendido, no dice nada. No entiendo por qué desapareció sin dejar rastro. Nunca me ha buscado y a menudo me pregunto el porqué. A menos que… ¡claro, por supuesto!, ¡es obvio!

—¿La buscaste, verdad? —Pregunto. Suspira. Mala señal. —No conseguía olvidarla, no podía dejar de pensar en ella, quería solo que razonara y la busqué. Ella tenía que escapar. No quería que él supiera de mi existencia. Quería un futuro mejor para mí, este es el motivo por el que desapareció y dejó que me cuidara Carlos.

—Cuando la encontré era diferente. Parecía asustada de mí y ahora entiendo muchas cosas. No quería que tú acabaras en su mundo… —Admite más a sí mismo que a mí. Comprendo que quisiera protegerme, pero no entiendo cómo consiguió dejarme con una persona que ni siquiera era mi padre, si bien Carlos ha hecho muy bien sus funciones. Le debo todo.

—Sakura, no te estoy pidiendo que renuncies a tu vida, querría solo pasar tiempo contigo y conocerte, conocernos. Increíble, pero yo también quiero conocerlo. Siempre será mi padre, aunque hace unas horas pensaba que quería matarme.

—Me quedaré en Rusia algunas semanas. —Digo. Más no puedo. Tengo que alejarme de Vladan y Sasuke antes de que descubran lo del niño. No quiero este futuro para mi hijo. —Había pensado cambiar por ella. Tenía pensado dejar todo, pero no me dio tiempo y la perdí. Parece pensativo. Mira por la ventana apenado.

—Si la querías, no debiste arrastrarla a tu mundo. No consigo entenderlos, ni a él ni a Sasuke. Una persona que te quiere intenta protegerte, darte lo mejor, no implicarte en situaciones que puedan ponerte en peligro.

—Pertenecemos a un mundo asqueroso, lo sé perfectamente, Sakura. Pero verás, cuando no aprecias nada ni te das cuenta. Aceptas lo que eres y la vida que llevas. Solo cuando conocí a tu madre, me di cuenta que no era vida la mía. Ella me mostró que el amor existe y no es solo una ilusión. La quería porque me hacía sentir un hombre mejor, una persona completa.

—Era tu rincón de Paraíso dentro del Infierno… —Digo. Se vuelve hacia mí sorprendido.

—Exacto. —Admite. La historia se repite. Sasuke y yo somos la prueba. Estoy haciendo exactamente lo que hizo mi madre, pero a diferencia suya, yo nunca abandonaré a mi hijo. Lo protegeré y estaré a su lado.

—¿Lo quieres? —Pregunta cogiéndome de sorpresa. Me restriego las manos y agacho la cabeza incapaz de sostener su mirada.

—¡Es complicado! —Respondo apartando la mirada. Suspira profundamente.

—La vida siempre es complicada, pero a veces es necesario emprender el buen camino y no el que nos indica el corazón. Claro, la decisión correcta. ¿Quién puede darme la certeza de que mi decisión es la correcta? Nadie. Puedo elegir, y por mucho que mi corazón se niegue a alejarse de Alexander, mi cabeza me aconseja que escape antes de que sea demasiado tarde.

—Cuéntame algo de ti. —Parece una petición. Levanto la mirada y me topo con dos ojos avellana con aspecto muy familiar. No estoy preparada, pero creo que tiene derecho, al fin y al cabo es mi padre.

Qué extraño verlo desde esta perspectiva. Me esperaba un hombre cruel y frío, pero cuanto más hablo con él, más me percato de que una parte de él es buena. Soy consciente de lo que ha hecho e imagino que su vida estará repleta de ilegalidad, pero permitirle conocerme no creo que me haga daño. Lo importante es que al final de mi estancia pueda marcharme y no mirar atrás.