_ ¿Qué dices… cómo, cómo sabes? – preguntó nervioso Héctor.
_ Por supuesto, aquel niño que dejaste abandonado en el bosque hace muchos años atrás sobrevivió, y se convirtió en un gran hombre.
_ ¿De qué está hablando, Héctor? – cuestionó Zephyr.
_ Yo… yo…
_ ¿Y así luchas por Atenea, por la Justicia? ¡Eres un miserable!
_ Es verdad…
*flashback*
Vivía junto a mis padres, mi hermano Paris y mi hermana Cassandra. Éramos muy felices compartiendo una gran fortuna, lo teníamos todo. Amaba mucho a mi familia, pero con el paso del tiempo, mi percepción del mundo fue cambiando, y aquellos puros sentimientos se desvanecían.
Yo tenía trece años solamente y mi pequeño hermano diez. Sin embargo, sus dotes eran superiores a los míos. Desde el piano, el esgrima, la puntería, la cabalgata e incluso amicalmente. Nunca podía vencerle…
_ Paris es terriblemente bueno, ¿no es así, cariño? – dijo la madre.
_Sí, sus habilidades son especiales. – se quedó pensando el padre. – Probablemente él maneje mejor la fortuna de los Rospigliosi.
_ Pero qué dices… - se rio la mujer.
Aquellas palabras… me sentí traicionado, humillado, abatido. Yo era el mayor, yo merecía la fortuna, merecía ser el sucesor, el heredero.
Así que un día…
_ ¡Hermanito, ¿a dónde vamos?! Nos estamos alejando demasiado de la mansión… - se preocupó Paris.
_ ¡No te preocupes…! ¿Te parece algo, qué tal si cubres tus ojos y jugamos a las escondidas?
_ ¿Y si me pierdo?
Miré sus ojos fijamente, sus pequeños ojos verdes.
_ No dejaría que te pierdas, hermanito.
_ ¡Sí!
Emocionado empezó a hacer cuenta regresiva.
Iba a conocer por primera vez el sabor de la traición, de aquel que nunca pensó que sería capaz. Lo abandoné a su suerte aquel día, a mi propia sangre.
*fin flashback*
_ Yo era un solo niño confundido, me arrepentí a las horas y cuando regresé él ya no estaba. La vida castiga tarde o temprano, mi familia perdió toda su fortuna y después se suicidó. Por casualidad del destino, me crucé con Aldebarán, quien entrenó a Algethi, el anterior poseedor de esta armadura, y a mí para luchar por Atenea. Pero dime, Aquiles, por favor, ¿conoces a mi hermano?, ¿qué ha sido de él todos estos años?
_ ¿¡Ahora te interesa!? ¡Es imperdonable lo que hiciste! Dejarlo solo, como si fuera un animal. – Lo miró con mucha furia. – ¡Es un herrero a servicio de Hefesto, pero no vivirás para verlo!
_ ¿Por qué me desafías, caballero de Acuario? Si la sangre de Diosa corre por el santuario, ha de ser tu culpa.
_ Fui timado varias veces, en Asgard, en la Atlántida, pero no me dejaré llevar por las palabras de un intruso.
_ Bien, veo que deberé batallar contigo, el mismísimo alumno que asesinó a su maestro por devoción a su ideal y Diosa. ¡En guardia!
_ ¡POLVO DE DIAMANTE!
La ventisca de aire frío fue cortada por el hacha de Promet fácilmente.
_ ¿¡Cómo!?
_ ¡Ahora me toca a mí! ¡CASTIGO DIVINO! – el joven corrió y tiró el hacha hacia el suelo, creando una ráfaga que destruyó el suelo en forma de línea.
Aquel ataque impactó a Hyoga, partiendo la tiara de su armadura.
_ La armadura… de mi maestro. – se vio fastidiado. – Quien me cuidó cuando niño y veló tanto por mí.
_ Sabemos el fin de esa historia, pero, ¿y tus padres, Hyoga?
_ Nunca supe de mi padre, mi madre falleció en el hundimiento de un crucero.
_ ¿Titanic?
_ ¡No estoy para bromas!
_ Déjame contarte algo… Yo también tuve una familia.
*flashback*
Pero no tuve padres como todos los demás. Vivía en un orfanato junto a mis hermanos y algunos niños en un pueblo alejado. Muchos habían perdido la esperanza de conseguir un hogar, yo por mi parte había decidido mantenerlos y cuidarlos toda la vida. Di mi cien por ciento, aun así…
Todos fallecieron por una terrible epidemia
Y fui el único sobreviviente por algún infortunio de los Dioses.
Enterré uno por uno a todos mis hermanos entre lágrimas y me dispuse a acabar con mi vida. Del árbol del orfanato, até una soga pero en ese momento él llegó…
_ ¿Este es el orfanato del pueblo?
_ Sí, pero pierdes tu tiempo.
_ ¿Por qué lo dices? Deseaba adoptar algunos niños.
_ Están todos muertos – dijo Prometeo con una voz de tristeza absoluta. – Se los llevó súbitamente una enfermedad. ¡No pude protegerlos!
_ ¿Y tú estás enfermo?
_ Lamentablemente, mi cuerpo es inmune a ese mal.
_ Ya veo, pero la decisión que deseas tomar por ningún motivo es la correcta.
_ Vete ya, no querrás ver esto.
Hefesto agarró mi rostro y me miró fijamente a los ojos. Sí, era completamente inhumano, extraño y cautivador; brillaban como el fuego y con la intensidad del sol.
Esa mirada decía más que mil palabras.
_ ¿Sabes por qué sobreviviste? Porque tu cuerpo es superior al de los otros, tienes más capacidades. Tú naciste para hacer algo más extraordinario, para luchar no sólo para proteger unos cuantos, sino millones de vidas alrededor del universo.
_ ¿Por… por qué dices eso? – pregunté nervioso.
_ Debido a que estás al lado de un Dios guerrero, lleno de poder y que ha sido capaz de ver el potencial en ti. No te rindas, nunca mires hacia atrás.
Se volteó mientras atardecía, estaba confundido y a la vez excitado por sus palabras.
_ Tus hermanos… no quisieran que fallecieses de esa manera. Estoy seguro que velarán por ti. – se giró hacia mí. – Si has perdido tu camino, puedes seguirnos.
Subiendo la colina donde nos encontrábamos, vi a unas personas dirigiéndose hacia nosotros.
_ Somos una familia, guerreros y soñadores. ¿Vienes a soñar con nosotros?
*fin flashback*
_ Sin él, no estuviese aquí y no sería capaz de proteger a muchas personas. Nosotros, creemos unos en otros y no somos malas personas. Al contrario, tenemos tan buenas intenciones como nuestro Dios de puro corazón.
_ Eres igual que yo. – cerró los ojos Hyoga y sonrió. – Será un honor si debo desfallecer aquí, combatiendo contigo. Veamos, qué nos deparará el destino a partir de este momento, Promet.
_ ¡CASTIGO DIVINO!
_ ¡TRUENO DE AURORA! – Hyoga se deslizó hacia su enemigo dando un gancho congelante hacia arriba.
Aquel ataque impactó al herrero haciéndolo caer. De pronto todo el ambiente empezó a congelarse.
_ Vaya, me parece que Asgard está al norte. – dijo levantándose. – Un herrero del fuego como yo, no va a sentir frío con tu ataque.
_ ¡GOLPE ANCESTRAL! – tiró Zephyr con rapidez hacia Aquiles con la intención de cogerlo desprevenido.
Su ataque se basaba en juntar las manos formando una mariposa que lanzaba un reloj que paralizaba a todos los que sean tocados por él.
El herrero giró sus ojos hacia la dirección de la ofensiva y simplemente desapareció de la vista de los plateados.
_ No te burles de mi velocidad. – apareció en la espalda del caballero del reloj y le metió un codazo que lo lanzó al piso. – Aquí con el único que quiero bañar el piso de sangre es Héctor.
_ ¡OVACIÓN EXPLOSIVA! – el caballero de Hércules apretó su pierna contra el piso formando una energía en forma de trueno que saltaba como los rayos del sol.
_ ¡ESTATUA DE HIERRO! – Lanzó su ataque Nereida de Casiopedia.
Aquella técnica consistía en lanzar energía rocosa de sus manos, envolviendo la piel en hierro, esto inmovilizaba a la víctima.
_ ¡Agh! – la herida le cayó al pie a Aquiles.
Con mucha fuerza saltó por los aires y atravesó la sarisa en todo el pecho de la joven.
_ ¡Me tocaste, ser inmundo!
_ ¡ESTAMPIDA DE METEOROS! – Isaura alzó sus brazos envolviendo su cosmos en diferentes caballos que a velocidad atravesaban todo el ambiente.
Aquiles movió su arma en forma de la hélice de un helicóptero, haciendo que el ataque de sus alrededores rebotara y no le hiciera efecto.
Con las energías lanzadas al herrero, su armadura sufrió un leve daño, lamió la sangre de su brazo y con su cosmos reparó éste.
Suspiró.
Nuevamente con la artillería griega le clavó al estómago al caballero de plata, haciendo que se desangre, después ser acercó a Héctor.
El caballero de la constelación de Hércules esquivó los ataques de Aquiles cuidadosamente, pero le era imposible responder.
En una de esas ofensivas, le iba a dar al corazón, pero Zephyr se metió haciendo que se le clavara en el hombro. La pequeña pero profunda herida causó su desmayo.
_ ¡Zephyr!
_ Ahora eres el único vivo. ¡VÓRTICES CAÚSTICOS!
Movió su sarisa por muchos lados, un ataque frontal que salía del mismo punto. Aquello dejó muchas heridas en el pecho del caballero.
_ No soy un… digno oponente para ti… - escupió sangre el ojiverde. – Por favor, dile a mi hermano que me perdone…
_ Nunca vas a volver a ver a tu hermano. – le pateó la cara.
Se colocó la lanza al hombro y después caminó, como si nada hubiese pasado, como si no fuera importante.
Hugo se encontró con los herreros del fuego de camino.
_ ¡No pueden pasar!
_ ¡Venimos a salvar a Atenea del traidor!
La mirada de ojos jade Hugo denotaba duda. Pero aun así, asintió y siguió su camino. Los herreros estaban completamente agotados de haber corrido tanto.
_ ¡Finalmente… hemos… llegado a Piscis! – dijo Helén mientras apoyaba sus brazos en sus rodillas.
_ ¡No podemos… perder tiempo!
Ambos se miraron determinadamente y avanzaron, al entrar encontraron un baño de sangre.
_ ¡No!, ¡no!, ¡no! ¡Aquiles! – gritó el herrero del martillo.
_ ¿Está tan decidido a matar a Atenea?
_ ¿Hay alguien con vida? – preguntó el rubio platinado.
_ ¿Quién… está ahí…? – dijo un agonizante Héctor.
Paris se acercó al hombre con la voz agotada, entonces lo reconoció.
_ Tú… tú eres…
_ ¿Eres mi pequeño hermano, Paris?
_ ¿Héctor?
_ Me siento tan agradecido, tenía tanto miedo que hayas muerto en ese bosque.
Helén miró la situación y entendió de inmediato.
_ Paris, iré a salvar a Saori, te esperaré más adelante.
El mencionado movió la cabeza en señal de aprobación, el otro se retiró corriendo.
_ ¿Por qué estás aquí? ¿Aquiles te hirió?
_ Se vengó de mí… por lo que te he hecho…
_ Esa era mi decisión, yo nunca te deseé la muerte a pesar de todo. Yo… - lloró el joven. – Quería verte nuevamente, abrazarte, entender por qué hiciste lo que hiciste.
_ Perdóname, hermano. – unas lágrimas danzaron en el rostro del caballero de plata. – Encontrarnos así. – rio cansado. – Peleando en diferentes bandos…
Héctor comenzó a toser sangre, cogió el rostro de su pequeño hermano para acariciarlo.
_ Yo ese día regresé por ti… Te juro que… regresé… - el hilo de su voz cayó.
Entonces Paris abrazó el ensangrentado cuerpo de aquel que compartía sus genes, mientras se lamentaba y lloraba desconsoladamente. Su memoria empezaba a recordar…
*flashback*
El pequeño contaba los números, hasta el treinta tranquilamente.
_ ¡Aquí voy, Héctor!, ¡te encontraré! – dijo.
Comenzó a buscar, cuando pasó una hora empezó a asustarse.
_ ¡Héctor, ya no es gracioso, sal!
El día se oscurecía y Paris temblaba de miedo, caminaba en círculos esperando llegar a su hogar.
_ ¡Héctor, mamá, papá! – gritó pero era en vano. - ¡Tengo miedo!
Solo se escuchaba el sonido de las hojas y el viento pasar.
_ Ayúdenme. – lloraba el pequeño.
_ ¿Te has perdido? – se escuchó la voz de una niña.
La vio, de hermosa cabellera rubia platinada y ojos verdes claros, parecía de la misma edad de él.
_ ¿Quién eres?
_ Me llamo Helena, soy discípula del Dios Hefesto.
_ ¿Dios? No existen los Dioses.
_ ¿De verdad piensas eso? – apareció un joven de poderosa mirada.
_"¿Qué son esos ojos?"- pensó el joven.
El desconocido se agachó y agarró la cabeza de Paris.
_ ¿Qué haces aquí solo?
_ Yo… creo que me perdí.
_ Te ayudaremos a buscar a tu familia. – le sonrió amenamente.
Pero el pequeño de ojos verdes agarró repentinamente la ropa del Dios.
_ No… Yo creo que me abandonaron.
_ Yo no te dejaré si es lo que deseas. - le sonrió. - ¿Quieres quedarte con nosotros?
_ ¿Ustedes van a quererme? - lagrimeó el pequeño niño.
_ Y vamos a hacerte más fuerte de lo que jamás podrás imaginar. - lo abrazó. - No tengas miedo de confiar otra vez.
*fin flashback*
El corazón de Paris se deshacía en pedazos.
Lágrimas de dolor y un grito apenado.
