Capítulo 29: Una rosa en apuros
–Ahora quiero probar como has progresado… con un combate, Jenna.
¿Un combate? En las semanas que llevaba entrenando con Soul a solas desde su regreso a la mansión, era lo único que no habían practicado. Jenna había mejorado mucho en el control de su instinto, y tenía que admitir, había algo intoxicante y atractivo de usar esa energía oscura a su favor. El humano había sido claro en que probablemente ella sentiría algo así con ese poder, y siempre la había guiado para ayudarla a no dejarse llevar demasiado.
–Oh, okey… e-estoy lista, pero ¿contra quién? –Respondió Jenna. Soul había pedido específicamente que le permitieran entrenarla a solas. El único otro que iba aproximadamente cada día de por medio era Rhino, y él no estaba ahí…
–Contra mí –Carraspeó el humano mientras se quitaba la túnica de ermitaño que siempre llevaba encima.
–Ah, ¿en… en serio? –Bueno, eso era algo que no se esperaba. ¿Cómo iba a pelear contra el humano? Sin problemas había vencido a sus tres propios hijos…
'Y con esa clase de mentalidad, menos lo vas a vencer,' se recordó. Respiró profundo y comenzó a concentrarse; luego se puso en posición de combate.
–Estoy lista.
Soul adoptó su propia postura de combate y exhaló profundo.
–Ya sabes cómo moldear ese instinto sin reprimirlo. Hazlo.
Jenna esperaba que su mentor la atacara justo después de esa frase, pero el humano no se movió. Ni justo después, ni aunque siguieran pasando los segundos. Eso terminó con su paciencia, así que una vez que hubo recolectado suficiente energía corrió rápidamente hacia él. Soul no hizo más que alzar una mano con la palma hacia Jenna. Aunque eso no produjo ningún sonido ni emitió ningún destello, Jenna sabía que el humano no se dejaría expuesto, así que frenó a pocos metros de él y disparó una gran bola de fuego. A eso, Soul sí reaccionó, para contraatacar con un chorro de agua.
–Vamos, Jenna. Tú y yo sabemos que los entrenamientos están siendo más agresivos que eso. –Dijo Soul mientras le lanzaba una bola de fuego rápidamente.
Jenna la esquivó sin problemas y se lanzó contra Soul, extendiendo las garras y lista para iniciar combate cuerpo a cuerpo. El humano bloqueó sus rasguños haciendo uso de su bastón y le dio un rodillazo en el costado. Jenna chilló adolorida antes de morderle el hombro. Aunque la media-loba estaba segura de haberlo mordido con suficiente fuerza, al grado de provocarle sangrado, Soul no dio muestras de dolor y la empujó para tratar de alejarla, pero Jenna ya estaba lista, se aferró con sus garras al bastón y abrió la boca para lanzarle una enorme llamarada en la cara. Soul zafó su bastón de entre sus patas y golpeó el piso con este. Al instante en el que Jenna exhaló fuego, terminó golpeando una roca que había crecido del piso justo entre ellos dos.
–¡Vamos, suelta ese instinto! –Gruñó Soul. Jenna casi no logró escucharlo. El humano entonces sopló sobre uno de los cristales del bastón justo cuando Jenna comenzaba a rodear la roca que la apartaba de él, y se topó con una enorme columna de humo saliendo del cristal. En unos pocos segundos, Jenna perdió de vista al humano.
–Bien, aquí voy –Murmuró Jenna para sí antes de comenzar a concentrarse cerrando los ojos. Dentro de su pecho, sentía esa energía. Esa loba. Y ya no la forzaría a esconderse. Sin miedo, sin demasiada ira, Jenna respiró profundo.
Y la dejó salir.
Cuando abrió los ojos de nuevo, un aura roja estaba cubriendo su pelaje. Se sentía más fuerte, más salvaje. Sus sentidos estaban más agudos. Y se sentía poderosa. Con un fuerte aullido le comunicó a Soul que su instinto estaba libre. Cuando miró al humano, vio con toda claridad como creaba un aura protectora alrededor de su cuerpo.
–Tu escudo no me detendrá, humano –Gruñó Jenna con una voz ligeramente más grave, antes de salir corriendo hacia él a velocidades que solamente alcanzaba cuando activaba su instinto. Estando a menos de un metro le disparó un potente rayo de su boca, rodeándolo rápidamente.
El escudo de Soul resistió apenas por unos segundos antes de debilitarse lo suficiente para que el humano tuviera que intervenir, y lo hizo apuntándole con su mano a Jenna para absorber toda la energía del rayo, pero Jenna no dejó de dispararle mientras se seguía acercando al humano. Cuando estuvo a distancia, Jenna se abalanzó sobre Soul y le mordió el brazo. Se sintió realizada cuando hundió sus colmillos en la piel, pero la sensación no duró mucho antes de que dicha piel se endureciera, tornándose en roca. Antes de que Jenna pudiera reaccionar, Soul le dio un codazo en la mejilla, forzándola a soltarlo.
'Tiene muchos trucos. ¿Cuánto tiempo lleva haciendo esto?'
Tratando de no perder el ritmo de la batalla, Jenna le dio una patada en el pecho de un salto. El humano retrocedió un poco por el impulso, pero sonrió al mirarla y de un movimiento fugaz volvió a acercársele a la loba y le dio una serie de golpes rápidos. Por la velocidad del movimiento Jenna no pudo reaccionar y recibió varios ataques antes de encender su pelaje en llamas para repeler a Soul. En un intento desesperado por alejar al humano, le lanzó una llamarada.
–Casi, pero no aún –Le dijo el humano mientras apagaba la llamarada con un chorro de agua, antes de reanudar sus ataques rápidos y precisos. Con un golpe en el mentón, Jenna finalmente cayó al piso.
–Grr, ¡ya basta! –Aulló Jenna furiosa antes de levantarse exhalando fuego oscuro.
Soul sonrió de forma desafiante.
–A esto quería llegar.
Jenna no le estaba escuchando. Estaba formando una enorme esfera de fuego muy concentrada. Y esta vez estaba consciente de lo que estaba haciendo; la concentración nunca alcanzó el poder con el que ella había herido a Mega en aquella ocasión.
Lo tenía controlado esta vez.
Una vez que la cargó lo suficiente, Jenna le apuntó al humano y lanzó su mega esfera de fuego. Soul apuntó sus manos hacia la esfera. Nada pasó. Jenna rápidamente cambió su modo de vista a ultravioleta. Si algo había aprendido era que el humano disfrutaba de hacer escudos y barreras que no necesariamente eran visibles. Y sí, viéndolo en ultravioleta, justo por debajo del espectro visible, Soul estaba manteniendo una barrera entre sus manos y el proyectil que se le acercaba a buena velocidad. Pensando rápido, Jenna tomó aire y aulló de forma estridente. Y exactamente como había esperado, el humano tuvo que bajar su barrera para cubrirse los oídos. Y justo después de eso, tuvo que lanzarse al piso para evadir la esfera llameante.
'¡Ahora!'
Jenna corrió hacia el humano y lo sometió con su peso, poniéndole sus patas en el pecho. Este entonces comenzó a gruñir, algo que sorprendió un poco a Jenna. También se dio cuenta de que su cuerpo se estaba tensando. Sin estar segura de que trataba de hacer Soul, Jenna le mordió el hombro varias veces, asegurándose de mantener sus brazos fuera del camino, y sometiendo sus piernas también. Lo estaba inmovilizando bastante bien O eso creyó hasta que un fuerte golpe la lanzó por encima de la cabeza del humano.
–No eres la única con un lado salvaje –Gruñó Soul. Su voz sonaba… diferente.
–Ah… ¿qué?
Soul se estaba poniendo de pie, erguido e imponente, pero… sus… sus brazos, estaban cubiertos de escamas hasta la altura de los codos. Sus uñas habían sido reemplazadas por garras alargadas. Y… le había crecido lo que parecía una… cola, gruesa y escamosa.
–¿S-Soul?
El humano le gruñó en respuesta y se abalanzó sobre ella con gran velocidad. Jenna apenas tuvo tiempo de reaccionar y rodó para esquivarlo, quedando detrás de su espalda; una vez ahí le lanzó un rayo bastante fuerte. Pero para su sorpresa, Soul se bajó a una posición de cuatro patas ágilmente, reduciendo el ataque de Jenna a inútil, y la embistió antes de que cargara otro ataque. Rápidamente el humano se separó de ella, solo para darle un coletazo que la tirara de nuevo y someterla con su peso. Jenna gruñía con el poco aire que Soul le dejaba inhalar y cerró los ojos buscando fuerza para levantarse. Luego el peso que la inmovilizaba desapareció.
–Creo que es suficiente por hoy.
Jenna se levantó jadeando.
–¿En… en serio? Pero no logré vencerlo…
–Tu objetivo no es vencerme. Es vencerte a ti misma.
Soul apretó los dientes y tensó el cuerpo. Y tal como de pronto habían aparecido, las garras, escamas y cola comenzaron a guardarse progresivamente hasta desaparecer.
–Oh, claro, entiendo –Musitó Jenna antes de alzar la voz de nuevo–. Gracias por entrenarme, Soul.
–Has mejorado mucho con tu lado salvaje –Comentó su mentor, recogiendo su bastón–. Te voy a pedir un favor, Jenna: no le digas a nadie lo que me viste hacer.
'Ah… ¿qué?'
–¿Soy la única que te ha visto así? –Preguntó curiosa. Soul asintió una vez– Oh, entiendo. No le diré a nadie… ah, pero creo que me rasguñó al embestirme…
Soul, en lugar de responder, se acercó a Jenna y le apuntó con su bastón. El cristal más cercano a ella comenzó a brillar y una leve brisa le llegó a su pelaje, junto con una sensación agradable. Cuando la brisa se detuvo, las heridas y dolores en su cuerpo habían desaparecido. Jenna volteó a ver al humano y le sonrió.
–Gracias.
–Por nada. Y gracias por guardar mi secreto.
Jenna asintió y ambos fueron al comedor con los demás.
(-)
–¿Mega?
Al escuchar su nombre, el lobo alzó las orejas y abrió los ojos, algo soñoliento todavía. En frente de él estaba nada menos que Starly, y el verla le provocó una sonrisa.
–Hola, princesa.
–Hola, Mega, ¿cómo estás?
–Mejor, ahora que te estoy viendo.
La gatita se sonrojó y rio algo apenada, meneando su cola de un lado a otro. –Qué lindo lobito.
Mega no dijo más. Su nariz comenzó a moverse con el aroma de su gata hasta que no pudo contenerse y comenzó a olfatearla cuanto podía. Starly no se apartó de él, así que Mega la tomó entre sus patas y comenzó a lamerle la cabeza y el lomo rítmicamente. A los pocos segundos Starly comenzó a ronronear.
'Wow,' pensó el lobo. 'Unas semanas atrás no me hubiera imaginado que ella puede ser tan linda y cariñosa. No me imaginaba haciéndole cariños y oírla responder ronroneando. Es perfecta.'
El lobo perdió la noción del tiempo. Estaba bañando profunda y lentamente a Starly mientras ella ronroneaba con los ojos cerrados, casi dormida. Ya estaba por terminar cuando de pronto sintió una fuerte punzada en su corazón, como si alguien se lo hubiera pisado, y chilló de dolor.
Starly abrió los ojos alerta de inmediato.
–¿Qué pasó, Mega? ¿Te duele algo? –Sin esperar respuesta, comenzó a revisarlo.
–Ah… mi pecho –Le dijo débilmente. La punzada se había traducido en un ardor que se extendía por todo su pecho, provocándole gemidos de dolor.
–¿Quieres que te traiga algo? –Preguntó ella al momento.
–Ah –Mega no tenía idea de dónde provenía el dolor, ni de cómo tratarlo. Él no era médico, y no quería estorbarle a su hermana o a Helang–… ¿agua?
–Claro que sí. No me tardo.
Y tal como dijo, no le tomó más de dos minutos a Starly salir del cuarto y volver con un plato y llenarlo de agua para que él bebiera. Aunque se terminó toda el agua, y le resultó refrescante, el dolor seguía aferrándose a su pecho, y eso se notaba en la expresión de angustia que tenía el lobo.
–¿No mejora? –Volvió a preguntarle Starly. Cuando el lobo negó con la cabeza, ella se acercó y comenzó a lamerle el pecho.
–Ah, Starly… ¿qué haces, princesa?
–Quiero aliviar tu dolor –Maulló ella entre una lamida y otra.
Mega respiró profundo y cerró los ojos con esa sensación tan agradable. Sintió su corazón calmarse y el dolor disminuir conforme la gata gris le seguía lamiendo el pecho. Luego le lamió el cuello y terminó lamiéndole la nariz. Mega solo pudo sonreír y recostarse. Arrullado por el cariño de la gata, Mega bostezó para dormirse de nuevo, pero al hacerlo la sintió tensarse de nuevo.
'¿Hice algo malo?'
–Mega… t-tú boca… tiene sangre –Se escuchaba el temor en su voz.
Mega, extrañado, movió su lengua dentro de su hocico y ciertamente alcanzó a sentir el sabor metálico de la sangre. Tratando de no preocuparla más, el lobo intentó sonreír. –Tal vez me mordí o algo.
Pero los ojos de Starly no cambiaron de tono.
–Iré por Helang para que te revise.
–Ah, pero…
–Sin peros, lobito. Quiero que estés bien.
Mirándola a los ojos, Mega supo que no tenía opción y asintió. Starly salió corriendo del cuarto de nuevo, dejando a Mega con sus pensamientos.
'¿Qué voy a hacer? No entiendo. Me duele, me siento triste. Ella está ahí siempre para mí, y no puedo evitar pensar lo mucho que me va a doler cuándo me deje… cuando encuentre algo mejor y vea que… que en realidad no lo valgo.'
Ni siquiera sabía de dónde llegaban esos pensamientos. Siempre que la estaba pasando bien o se sentía alegre, de un momento para otro esa clase de ideas comenzarían a surcar su mente, haciéndole recordar que no valía nada, y que Starly en realidad no lo amaba. Sonaban como una voz, una voz lejana y algo familiar. No era su propia mente, o al menos eso quería creer él. Y no podía decírselo a nadie, mucho menos a Starly. Creería que está loco.
'Tengo que hacer algo… algo que… le demuestre que sí quiero estar con ella. Antes de que me abandone.'
No eran los pensamientos más agradables, pero fueron con los que Mega terminó por quedarse dormido.
(-)
–¡Sunshine, Helang! –Llamó Starly conforme corría de por la mansión– ¿Dónde están?
La pareja poco común venía saliendo de un cuarto cercano a ella. Starly casi chocó con ellos.
–Starly, ¿sucede algo? –Le preguntó Helang, encima del lomo de Sunshine.
–Le… le estaba doliendo el pecho y-y tenía sangre en la boca –Jadeó la gata.
Sunshine y Helang intercambiaron miradas. Al parecer la leona también esperaba que el ave supiera algo al respecto. Sin embargo, la mirada de este fue igual de confundida que la de Sunshine.
–A ver, vamos a verlo, Starly.
Ella asintió y los guio de regreso a su cuarto. Mega tenía los ojos cerrados y respiraba más tranquilamente, pero no estaba sonriendo como solía hacer al dormir.
–Mega… ya debería estar curado, ¿verdad? –Preguntó Starly preocupada.
–Tranquila, Starly, tal vez solo se mordió la lengua –Le respondió el halcón de forma neutral antes de saltar del lomo de su pareja hacia la cama de Starly. Se acercó al hocico del lobo y lo abrió con cuidado, antes de meter una pata y sacarla. Aún tenía un poco de sangre que el ave logró sacar. Se limpió la pata y revisó su respiración y su pulso mientras Starly se mordía la lengua ansiosa–. Su pulso está normal… también su respiración…
–Gracias, Helang, es que tengo miedo de que algo le pase.
–Descuida, Starly, estuvo bien que nos llamaras –La tranquilizó el halcón–, pero no puedo decirte nada aún. Solamente que sigas pendiente de él, por favor, y me avises si sigue pasando.
–Okey, gracias, Helang.
Sin nada más en lo que pudieran ayudarla en ese momento, Sunshine y Helang salieron de su habitación, dejando a la gatita ligeramente menos preocupada, pero alerta por igual a cualquier movimiento de su querido lobo.
'Yo te cuidaré.'
(-)
–Jenna ha comentado que le está yendo bien en su entrenamiento especial con Soul –Le comentó Sunshine a su amado mientras andaba de camino hacia el bosque.
'Aunque no sé porque insistió tanto en no dejar entrar a nadie más…'
–Solamente necesitamos que Mega termine de recuperarse entonces. Mientras eso que Starly mencionó no sea nada grave…
La voz del halcón se apagó luego de eso.
–Bueno, si lo fuera… tal vez Mega podría quedarse en la base mientras nosotros atacamos.
Helang se tensó al escuchar eso.
–Nunca hemos hecho nada sin él… no pienso comenzar ahora. Hablaré con el maestro, él ayudará a Mega a recuperarse más rápido.
–Entiendo –Respondió la leona, esperando no tener otra discusión con su ave querida.
–Te prometo que estará listo a tiempo –Le aseguró este–; no retrasaremos más el ataque.
Sunshine asintió comprensivamente, consciente de que el halcón estaba al tanto de la urgencia que tenían por realizar ese ataque. Tendría que decirle a su tío antes de atacar, pero fuera de eso solamente estaban esperando a Mega.
Sunshine siguió paseando con Helang sobre su lomo durante un rato, en un silencio cómodo y agradable. El sol se estaba poniendo y el cielo se tornaba anaranjado mientras la felina caminaba entre los árboles.
–Sunshine –Habló el halcón de pronto—, ¿puedo preguntarte algo?
–Adelante, amor –Le respondió ella, esperando que no fuera algo relacionado con sus desacuerdos previos–, pregunta.
–Qué… ¿qué le pasó a tu padre?
Sunshine abrió los ojos y se detuvo a medio paso. De todas las cosas que había podido preguntar, esa era la que menos se esperaba. Sunshine sabía que estaba en toda libertad de negarse a responderle, y que Helang lo comprendería si ella le decía que no. Pero, con todo el tiempo que había pasado desde entonces, tal vez podía platicárselo a su pareja.
–Fue… hace varios años. Mi padre estaba liderando una organización al norte de aquí. Llevaban un rato batallando con unas Sombras que no dejaban en paz a nadie en la zona, así que planearon un ataque sorpresa y se ocultaron. Estaban a un día de ejecutar el plan cuando las Sombras sin previo aviso emboscaron el campamento.
Hubo otro minuto de silencio, en el que Sunshine se vio de nuevo una cachorra, jugando en la mansión. Un día cualquiera, a unos pocos días más de que papá volviera a casa. Tío Belenus estaba cuidándola, y se acercó a ella para jugar.
'–¡Tío!, ¿jugamos a las escondidas?
Belenus apretó los ojos y derramó una lágrima.
–Sunshine… nos acaban de comunicar algo terrible…
La alegría de la cachorra se apagó en el momento en el que su tío completó su siguiente oración, y comenzó a llorar desconsoladamente, repitiendo una y otra vez que no era cierto, como si al decirlo lo suficiente se fuera a volver mentira.'
–Lo lamento –Murmuró Helang, despertándola de su recuerdo.
Sunshine respiró profundo, un poco más tranquila, y se limpió una lágrima.
–Los sobrevivientes… dijeron que se puso como objetivo. Atrajo a las Sombras para que los demás pudieran escapar y permitió que sobrevivieran más de la mitad del equipo.
–Dio su vida por las de los demás. No hay…
–Manera más noble de morir –Sunshine completó lo que Helang había querido decir.
–Sunshine, de verdad lo lamento…
–Gracias, amor. Lo extraño mucho, y más ahora que soy la encargada de esta organización. A veces quisiera poder preguntarle qué haría él… o pedirle que termine de ayudarme con mi entrenamiento. Solo me mantiene pensando… cómo encontraron las Sombras el campamento.
–Espera, ¿qué? –El halcón se pronto se puso alerta, sorprendiendo a Sunshine un poco—, si estaba oculto ¿cómo lo encontraron?
–Ah… eso es lo que nadie sabe. Atacaron como si conocieran el campamento a la perfección. Creemos que tenían espías, que los encontraron y mapearon el lugar antes de atacarlos.
Sunshine se había vuelto buena para leer a su pareja en el tiempo que llevaban juntos. Y no era necesario que lo estuviera viendo para saber que algo tenía inquieto al halcón. Sus patas seguían tensas, ella podía sentirlo sobre su lomo, y su respiración era algo rápida, como si estuviera peleando contra alguien. La leona no era muy adepta a leer mentes ajenas, pero se imaginaba que la de Helang ahora estaba trabajando a mil por hora, con un objetivo que ella no tenía claro. Pero sí tenía claro que el ave no se rendiría hasta haber terminado su nuevo objetivo.
(-)
Mega abrió los ojos y bostezó después de un rato de haber estado descansando. Starly interrumpió las lamidas que le estaba dando en la cabeza al lobito y se bajó de su lomo.
–Buenos días, dormilón –Le dijo mientras sonreía.
–Hola, princesa –Murmuró Mega mientras parpadeaba algunas veces, antes de bostezar–. Me quedé dormido…
–Y te veías muy tierno –Le sonrió la gatita.
Mega respondió la sonrisa por unos momentos, antes de fruncir un poco el ceño.
–Ah… princesa, no quiero molestarte, pero…
–Te sigue doliendo –Completó ella. Mega asintió algunas veces–. Mega, tú salud nunca será una molestia; Helang vino a revisarte mientras dormías, y quiere estar al pendiente de ti.
–Oh… no es nada importante entonces –Murmuró el lobo para sí.
–Bueno, eso esperamos. Si te duele mucho, avísame por favor –Le imploró ella. No le hubiera sorprendido enterarse de que el dolor ya lo tenía desde hace un tiempo, y que apenas le estaba dando por compartirle su incomodidad.
–¿Y tú estás bien? –Preguntó Mega de pronto.
–¿Yo? –Repitió Starly algo confundida–, sí, yo estoy bien, lobito… Quizás me haga falta algo de condición, pero nada más.
Mega alzó las orejas al escucharla decir eso.
–Deberías ir a entrenar.
–No quiero dejarte solo.
–Tienes casi un mes sin entrenar –Insistió Mega.
'¿Un mes?' pensó Starly, '¿De verdad ha pasado casi un mes desde que lo hirieron, un mes sin que vaya a entrenar?'
–¿C-Cómo sabes cuánto tiempo llevo sin entrenar, Mega? –El lobo agachó las orejas como perro regañado y bajó la cabeza también. Esto preocupó un poco a Starly–. ¿Mega?, ¿me estás ocultando algo?
–Solo quería… –Su voz se apagó después de eso.
–¿Qué querías, amor? –Insistió ella.
Mega se bajó de la cama de Starly y metió la cabeza debajo de esta. De a dos o tres por vez, comenzó a sacar rosas de debajo de la cama y las fue dejando junto a él, hasta que sumaron veintitrés.
–S-Son para ti…
Los ojos de Starly se abrieron mucho al darse cuenta de lo que eso significaba. Primero que nada, su corazón se derretía de amor; su lobito cariñoso le estaba ofreciendo una flor por cada día que ella lo había cuidado. Pero eso no era todo. Las flores también significaban, uno, que ciertamente, Starly tenía 23 días sin entrenar, y dos, que Mega había salido de la mansión varias veces, aun estando herido.
–Ah… que lindo, amor, las reuniste para mí… pero, ¿alguna vez te hiciste daño al salir a buscarlas?
Mega negó con la cabeza. –Solo quería darte una por cada día que me has cuidado.
–Eso es muy dulce, Mega, pero pudiste haber esperado a estar sano antes de ir por ellas.
–Pero quería ser útil…
–Pero ya eres útil, amor. No olvides que estás así por salvarle la vida a Bolt.
–Pero me siento inútil –Insistió Mega, dejándose caer sobre la cama una vez más.
Starly se preocupaba de ver a Mega así de decaído. La última vez que lo había visto muy deprimido fue cuando él le ofreció su flor, y ella, sin saber que se trataba de su amor, lo rechazó descaradamente. Siempre se esforzaba por evitar que su lobito cayera en depresión, especialmente desde que quedó herido. Toda esa energía y alegría, encerradas dentro de una habitación porque no estaba en condiciones de jugar, de saltar o correr como tanto le gustaba hacer. Se estaba quedando sin ideas para distraerlo, y estando tan cerca de que se recupere le era tentador decirle que fueran a jugar o a dar un largo paseo por el bosque solo los dos. Pero su lógica siempre le recordaba que no debía dejarlo salir a jugar hasta que estuviera totalmente recuperado.
'¿Qué puedo hacer para que se sienta mejor?', se preguntó una vez más.
Mega había reposado su cabeza entre sus patas y cerrado los ojos mientras Starly pensaba. La gatita sintió un impulso y lo siguió, acercándose a Mega y besando su frente. Aunque el lobo se tardó un poco en reaccionar, su cola comenzó a moverse fuertemente de un lado a otro.
–¿Princesa? –Preguntó el lobo mientras alzaba la vista.
–No quiero que te sientas inútil nunca, ¿oíste, Mega? Tú llenaste mi corazón de alegría, me das todo tu amor, entrenaste a Jenna y protegiste a Bolt. Has hecho puras buenas acciones desde que te conocí, amor.
El lobo la contempló unos segundos, antes de que una pequeña sonrisa comenzara a tironear de sus labios y él le confirmara que comprendía asintiendo algunas veces.
–Si quieres sal un rato –Le dijo de pronto–. Te prometo que me quedaré aquí, princesa.
Starly parpadeó sorprendida y lo pensó un poco.
—Bueno, pero es una promesa, y te daré una linda sorpresa cuando vuelva.
–Tu compañía me basta, princesa. Diviértete –Le dijo Mega antes de acurrucarse para dormir.
Starly se quedó unos minutos más cerca de él, sospechando que Mega se hacía el dormido solo para que ella se fuera, y él poder ir a buscarle otra rosa o algo así en cuánto ella se fuera. Tenía que detenerlo. No era que no le gustaran esos regalos, claro que le encantaban. Pero Mega hacía oídos sordos cada que Starly intentaba decirle que con su cariño y atención le bastaba.
'¡Byte!'
Starly salió corriendo a buscarla. De seguro su hermana sabía mejor que nadie como funcionaba la mente del lobito cariñoso. Y ya que la loba casi no se quedaba dentro de la mansión terminados los entrenamientos, el primer lugar en el que Starly buscó fue en las afueras de la base. Ciertamente, ahí estaba Byte, recostada de espaldas a la entrada y mirando hacia el cielo.
–Hola, Byte.
–Hola, Starly –La loba volteó a verla–, ¿cómo estás?
–Bien, aunque me servirían algunos consejos –Le dijo mientras se sentaba frente a ella. Byte asintió una vez y Starly continuó–. Tu hermanito… es todo un amor, se ha estado saliendo de la mansión aún herido para traerme una flor por cada día que lo he cuidado. Yo… no resisto sus lindos detalles –Starly suspiró—, quiero hacer algo que le guste, pero no sé qué.
–Creo que ya habíamos tenido esta conversación antes –Murmuró Byte–, Starly, él te ama. Tu mera compañía lo hace feliz. Eso y que aguantes sus ataques de pánico.
–Lo sé, lo sé, y le he dicho lo mismo a Mega; estar entre sus patas me hace completamente feliz, pero aun así me da regalos…
–Y quieres devolverle el favor –Completó Byte. Starly asintió.
–Quiero amarlo con la misma intensidad con la que él me ama a mí.
Byte negó con la cabeza un par de veces.
–Yo creo que ya lo amas con la misma intensidad que él a ti –Le explicó–, no creo que tengas que hacer nada más por él, ni él por ti. Todos esos… regalos, sobran en mi opinión –Cuando Starly le iba a decir que Mega no se detendría, Byte continuó–. Muy bien, mucho de lo que Mega adora hacer es jugar y correr, cosas descartas hasta que se termine de recuperar. Mm, ¿ya probaste contarle un cuento? Es un lindo detalle, y a él le encantaría
–Claro, es verdad, ¿cómo no se me ocurrió? –Maulló Starly. Su mente fue directo a la biblioteca de la mansión. Quizás ahí, y si no, Sunshine les contaba historias antes, tal vez alguna estaba en un libro que ella pudiera leerle a Mega. Ya se iba a ir corriendo cuando recordó otra cosa–. Mm, Byte, ¿y qué sabes sobre la loba y la rosa de Mega? –Byte comenzó a gruñir levemente al escuchar nombrarla–, ¿n-no sabrás en dónde hallarla?
–No, no podría decirte. ¿Sabes quién sí podría?, el Maestro.
–Es verdad, ¿sabrás dónde encontrarlo? –Se apresuró ella a preguntar, tratando de desviar la conversación hacia algo que no hiciera enojar a Byte.
–Últimamente está en el salón que pidió para entrenar con Jenna, aunque ella no esté con él.
–Iré a verlo. Gracias, Byte.
Starly se dirigió de nuevo al interior de la mansión, esta vez buscando la habitación que Sunshine le había prestado al humano para entrenar a Jenna. Curiosamente, esta habitación estaba un poco apartada del resto de los lugares de entrenamiento; al parecer Soul había pedido eso justamente, que su lugar para trabajar con la loba. La gata pudo notar que se estaba acercando a dicho lugar cuando comenzó a sentir el ambiente cargado de energía, y no necesariamente de energía de luz. Sí, sin duda Soul había estado usando energía oscura dentro de ese cuarto para entrenar a Jenna.
Starly llegó a la puerta del famoso cuarto y tocó algunas veces. Del otro lado se escuchó como el humano dejaba su bastón en el suelo y se levantaba.
–Adelante, Starly –Vino su respuesta unos momentos después.
Starly abrió la puerta y entró al cuarto. A pesar de la fuerte carga de energía que se notaba dentro de este y a sus alrededores, en realidad seguía viéndose como una habitación de entrenamiento cualquiera.
–Hola, Soul, ¿cómo estás?
–Muy bien, ¿y tú, linda?
–También –Respondió ella–. Mega sigue recuperándose y ya está casi completamente bien.
–Me alegra escuchar eso –El humano suspiró complacido–. ¿Qué puedo hacer por ti?
–Bueno, quería preguntarle algunas cosas –Al escuchar eso, Soul asintió tranquilamente y le gesticuló con su mano a Starly–. ¿Usted sabe… qué pasó con Mega cuando estuvo con su pareja anterior?
–Desde luego, finalmente es mi cachorro. ¿Qué te gustaría saber?
Starly comenzó a respirar un poco agitada. Ahí estaban las respuestas que tanto había buscado. Tenía que pensar bien que exactamente quería saber sobre esa loba horrible. Luego de meditarlo unos segundos, la felina hizo su primera pregunta.
–¿Qué sabe de esa loba? No puedo creer que haya hecho algo como eso… quitarle un pétalo a su rosa…
–Oh, linda, eso no es lo peor del asunto… –Comenzó el humano.
–Espere, ¿hay algo peor a eso? –Interrumpió Starly preocupada.
–Bueno, dices que Mega se está sintiendo mejor ¿no?, entonces no hay motivos para suponer que haya comenzado.
El tono que Soul usaba obviamente tenía la intensión de tranquilizarla, pero cuando Starly recordó la sangre y el dolor que Mega había sostenido ese mismo día, se erizó sin darse cuenta.
–Ah… b-bueno, hoy Mega… comenzó a sentir dolor en su pecho, y tenía sangre en su hocico –El humano abrió los ojos y miró a Starly, quién, preocupada, comenzó a balbucear–… Y-Yo llamé a Helang… lo revisó y… y dice que n-no podía concluir nada, ah… que ¿no era nada grave?
–Helang no conoce el trasfondo de esa rosa, linda –Soul hizo una leve pausa, cómo pensando por dónde comenzar–. Tú ya conoces el concepto de esa rosa, ¿no es así?
–Sé que es su corazón –Maulló ella.
–Así es –Soul suspiró–. Solamente puedes hacer una, porque solamente tienes un corazón; y si le pusieras suficiente fuerza a la creación de la rosa, esta se vincula con tu corazón de forma física.
–Oh, claro. Mega seguramente hizo eso… esa loba literalmente dañó su corazón –Razonó Starly, comenzando a comprender más sobre el asunto.
–Pero contéstame, linda, ¿a qué grado?, si le arrancó un pétalo…
–Y… uno de los más grandes. Por eso Mega tiene tanta inseguridad y miedo a cometer errores conmigo –Concluyó la gata, antes de llegar a otra respuesta–. Pero no termina ahí, ¿verdad?, su… salud física también está en peligro.
El humano asintió levemente.
–Así es. El corazón de Mega está incompleto. Pero no termina ahí.
–Ah… ¿dónde termina?
–Saca la rosa, Starly. No creo que te guste, pero tienes que verlo.
Preocupada, Starly tocó su pecho y sacó la rosa negra de este, sosteniéndola con mucho cuidado entre sus patas. Soul se hincó cerca de ella y comenzó a rotar ligeramente la rosa, hasta que ambos pudieron ver los jirones dónde debería estar el pétalo. El dedo índice del humano le señaló la base del pétalo contiguo, y Starly pudo apreciar que había algunos puntos blancos.
–Soul, ¿qué… qué le está pasando?
El humano cerró los ojos, como si al hacerlo las manchas fueran a desaparecer, antes de decir tres palabras que entraron a lo más profundo de los nervios de la pobre gata.
–Se está pudriendo.
