Cronopios del autor: Gracias por leerme.
ADVERTENCIA: Yaoi.
Descarga de responsabilidad: Ya lo saben, esto no es mío, ojalá lo fuera.
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Hyakkoryōran
Por St. Yukiona.
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Primavera: Sakura
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—Sakura
Su significado está relacionado con la maternidad, la delicadeza, fertilidad, primavera, juventud e inocencia como también la esperanza, el poder, la dulzura, belleza y el amor. Si existen flores de Sakura, entonces existe esperanza.
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Cuando abre sus ojos siente su rostro húmedo. De hecho todo él se siente demasiado húmedo para su gusto. Intenta removerse pero es imposible, el cuerpo le duele de forma atroz y siente cosas adheridas a su cuerpo, empieza a hiperventilar pero una mano le acaricia el rostro, escucha la voz de alguien distorsionada, cierra nuevamente los ojos, los vuelve a abrir y ya no se siente húmedo pero la pesadez del cuerpo no desaparece en lo absoluto y eso le causa más conflicto que antes. Los oídos le zumba, los tiene inflamados puede saberlo, ahora es capaz de alzar su mano de forma torpe y pesada pero la deja caer en el acto.
—¿Yuuri? ¿Yuuri me escuchas? —pregunta alguien a lo lejos y éste lucha por abrir los ojos pero es imposible. Él se siente frustrado porque ha pasado casi una década durmiendo y ahora, al parecer, debe de dormir un poco más. Suspira dejándose ir por completo, al menos ya no siente esa irrisoria necesidad de arrancarse la piel como sintió cuando recién fue invocado.
No está muy seguro de lo que ocurrió después de haber caído desmayado en la espalda de quien lo llevaba hacia la aldea, después de ver a Viktor y al resto y por fin desenmascarar a Cao Bin, pero tiene vagos recuerdos de haber visto a Umi y a Ren, los recuerda pequeños y sucios, pero tranquilos, felices por verlos, y él se siente tranquilo de que al menos esos dos pequeños no lo vean con los mismos ojos con los que todos lo vieron antes de ser sellado. La culpa le carcome aún estando inconsciente.
Viktor ve como Yuuri vuelve a dormir, y suspira, deberá esperar un poco más, ya lo hizo durante todos esos años, tener que aguardar un día más no lo matará. De reojo observa a los gemelos espiar desde el borde de la puerta de la casa. De pronto toda su familia regreso a esa casa que se mantuvo tanto tiempo silenciosa. Umi ha dejado de vivir con su abuela por petición de su padre pues por lo visto la anciana mujer es incapaz de cuidar de un niño, Viktor siente culpa porque sabe que de haber estado más al pendiente eso jamás hubiese ocurrido, Umi no hubiese sufrido lo que sufrió pero fue gracias a ese atroz episodio que Yuuri despertó, Ren regresó y descubrieron al verdadero traidor, aunque ahora la aldea estaba sumergida en un caos dentro de sus instituciones de gobierno.
Exhausto, el albino se incorpora arropando a Yuuri que parece temblar en la cama. Besa su frente y peina su cabello hacia un costado, susurra un mantra, no es una técnica ni mucho menos, es una especie de "hechizo" que los padres solían recitarle a sus hijos para ahuyentar las pesadillas y atraer a los Baku que se comen los malos sueños. Posterior a ello salió para encontrarse con sus dos hijos.
—Deberían estar estudiando... —cerró la puerta donde Yuuri descansa una vez sale de la pieza.
—No queremos estudiar, queremos que Yuuri despierte —dice Umi y Ren afirmando lo dicho por su hermano.
—Yuuri sigue durmiendo —explica Viktor mientras que acaricia la cabeza de ambos pasando hacia la cocina.
—Pero ya durmió un montón... ¿Va a dormir para toda la eternidad? —los dos corren detrás de su padre bajando las escaleras de cerca con él.
—No, no va a dormir toda la eternidad, sólo lo necesario —responde Viktor levantando algunas prendas de vestir que han dejado tiradas los niños. Había olvidado que sus dos hijos han heredado lo descuidado y desordenado de él, o quizás lo aprendieron mediante la observación.
—¿Cuánto es necesario? —ahora es Ren el que pregunta.
—Lo necesario.
—¿Pero cuando despierte jugará con nosotros? —Umi va donde Viktor, el albino está en el refrigerador buscando algo para hacer de comer. Phichit estuvo ahí el día anterior y amablemente, como siempre era el moreno, llevó comida, insumos y ropa nueva para Ren que solo tenía ese par de ropas que había llevado del Yermo de los cuervos y que no era para nada práctica para una vida entre humanos.
—¿Entrenará con nosotros? —Pregunta Ren sacando un trozo de pescado crudo para llevarlo a la mesa con intenciones de comerlo así tal cual.
—Trae eso acá —ordena Viktor caminando detrás de Ren, Umi ha sacado un par de huevos y busca ahora un sartén—. No prendas tú sólo la estufa —ordena a Umi yendo a apagar la parrilla para guisar.
—¿Volverá a las misiones?
—¿Crees que se le haya olvidado como pelear?
—¿Crees que nos quiera mostrar esa cosa con las flores?
—¿Ustedes se van a casar?
—Iuu... ¿Dos hombres se pueden casar?
—Obvio, Umi estúpido.
—No me digas estúpido, Ren idiota.
—Es-tú-pi-do.
Umi se lanza contra su hermano y Viktor jadea salvando por poco un jarrón donde había flores que Phichit había llevado para Yuuri, sin embargo Viktor decidió dejarlas en la cocina porque de ese modo lucía más colorido el lugar. Vio a sus hijos rodar y jadeo asustado cuando Ren quedó sobre Umi aplicándole una llave de sometimiento.
—¡Ren! Suelta a tu hermano —exige mientras lo carga, teniendo que usar su fuerza para evitar una tragedia, sorprendido, porque su hijo era fuerte y un poco preocupado porque Umi lloraba desconsolado. Sin embargo enseguida alza la mirada hacia el pasillo.
—Eres un desastre —susurra Sara que ha entrado a la casa con la llave que Viktor le ha dado tiempo atrás, en sus manos hay bolsas de cartón con cosas y una bolsa de la tienda de katsudon.
—¡Sara-san! —celebra Umi y Ren se mantiene al margen torciendo los labios aún entre las manos de su padre, ha odiado que llame "desastre" a Viktor.
—Hola, Sara, bienvenida —saluda con una sonrisa suave, amable. Deja a Ren en el piso, empujándolo para que la salude pero el niño solo recoge el pedazo de pescado crudo que su padre ha dejado caer, y sale por la puerta de la cocina al patio interno de la casa. Umi ve a su hermano, hace una reverencia a Sara y corre detrás de él.
La castaña los observa huir y sonríe a Viktor.
—Disculpa... aún está un poco desorientado, yo estoy un poco desorientado aún —masculla el albino caminando hacia la cocina, dándose cuenta que Ren se llevó el pedazo de carne, suspira. Odia que alguna de las mañas de los cuervos se le pegaran a su hijo, pero lo tiene ahí con él y eso le basta.
—No te preocupes —sonríe ella acomodándose un mechón detrás de su oreja—. ¿Cómo está Yuuri?
—Yuuri está bien, sigue descansando —señala Viktor con su barbilla hacia las escaleras.
Jamás tuvieron una relación como tal, aunque ella siempre fue muy puntual en querer asistirlo con cosas simples como mantener surtida su despensa y estar presente en los momentos en que Viktor acababa en el hospital por alguna misión. Ella sabía que él era homosexual y que su corazón siempre iba a pertenecer a Yuuri Katsuki, así como él entendía el prestigio que le brindaría a Sara Crispino el casarse con él. Ambos saldrían beneficiado en un trato sobre el que jamás habían hablado de forma directa y al que solo redondeaban de vez en vez cuando salían a beber algún trago y a platicar. Jamás tuvieron una relación como tal, pero existían implicaciones que a Yakov no le molestaban y de las cuales Viktor también se vería beneficiado porque llevar una mujer al hogar, en sus reflexiones, significaría que quizás estaría más calificado para cuidar de Umi y hacer volver a Ren.
Había un anillo que había comprado para ella, pero ese anillo se había esfumado de la cabeza de Viktor en el instante en que Yuuri volvió a respirar en ese mundo.
Se miran brevemente a los ojos y Sara suelta una risa bastante bajita, bastante suave.
—No tienes que decir nada, Viktor-san —No importa lo que pasó o no llegó a pasar, Viktor sabe que Sara es una mujer preciosa, creció para convertirse en una auténtica belleza y esa sonrisa ilumina el lugar donde está pero no es lo suficiente para llegar a iluminar su corazón, ese que estuvo menguando y agonizante y que ahora se siente tibio, en espera y feliz.
—Gracias, Sara... —se acerca para abrazarla, besa sin ningún interés en particular la cabeza de la chica que sonríe. Se siente un poco estúpida porque siempre estuvo consciente de la situación y más allá por el deseo de una mejor posición, esa distinción, tuvo la infantil esperanza de llegar al corazón de ese hombre. Fue estúpida.
Viktor la despide en la puerta, ella le ha regresado la llave y el albino observa la misma ya que ha cerrado la puerta, tiene intención de dejar la llave sobre la mesita que hay cercano a la puerta pero nota que aún sigue la fotografía de Yuuri, las flores y el incienso, el altar al que le rezó tantas veces y que ahora ya no tiene ningún significado porque no hace falta encomendarse a un retrato. Quita con cuidado la fotografía para colgarla en la pared junto a los demás retratos familiares, guarda el incienso y limpia la superficie dejando solo las flores en el medio del mueble. Retira las flores que se han marchitado.
—¿Las vas a tirar? —pregunta Ren que está a su lado.
—Sí, ya se están echando a perder —explica con una sonrisa.
El niño coge la mano de su padre para observar las flores, hace un par de sellos con sus manos antes de tomar las flores entre sus manos, apretar su tallo y concentrarse, un chakra violeta rodea los pétalos marchitos que rejuvenecen y Ren parece muy concentrado en su labor conteniendo la respiración. Viktor contiene la respiración con el pulso de la ejecución de aquel jutsu. Su hijo es tan sorprendente como Yuuri.
Ren abre lentamente sus ojos mirando que la flor ya no está marchita y sonríe con las mejillas sonrojadas volviendo a colocar la flor en el florero.
—Ellas se ponen tristes cuando las tiramos... y sufren porque las cortamos aunque están felices de poder llenar de vida una casa —comenta mirando los cosmos rosados.
—Eres increíble, Ren —acaricia la cabeza y el niño afirma.
—Igual que Yuuri... —responde confiado sin dejar de observar su logro con aquellas flores y a Viktor le viene a la cabeza el momento en que regresaron a la aldea con todo el caos tragando la aldea, la confusión de lo ocurrido y la desesperación del futuro incierto.
...
Umi y Ren están bien, están sentados contra la pared sin dejar de ver al hombre que Mila atiende, una ninja médico se encarga de curar las heridas de Yuri y de Viktor, un ANBU vigila afuera de la puerta donde se recibieron a los heridos resultado del altercado con el traidor. Umi y Ren no deberían estar ahí pero Viktor se ha negado a que desaparezcan de su vista hasta que el impostor que queda infiltrado en la aldea haya sido descubierto. Los niños no pueden dejar de ver a Yuuri, y lo mismo ocurre con Viktor. Los tres en silencio admiran la imagen viva del retrato que han visto durante tantos años en aquel mueble, al que suelen rezar como si se tratara de alguna clase de dios, y Ren tiene ganas de tocarlo pero no quiere separarse de Umi y con Umi pasa lo mismo. Ellos también se han separado y todos se han extrañado. La ninja médico termina con Viktor y éste camina hacia sus hijos les sonríe, y después vuelve su mirada a Yuuri.
Mila inspecciona el cuerpo de Yuuri, trabaja en la profunda herida con la que ha cargado desde antes de ser sellado, trata de sanarla con el jutsu medicinal, mientras que cambia las fregosas frías sobre su estómago y su frente buscando refrescar pues arde en fiebre. Es normal, después de todo acaba de despertar de un sellado de siete casi ocho años y es obvio que el cuerpo reaccione de forma tan violenta. Es como si hubiera sido traído desde la muerte, y ella no puede creer que luce igual a como lo recuerda: El hermoso rostro con su piel tersa y suave, como la de un adolescente al que la pubertad le ha sentado bien. Incluso las estrías de su vientre por bajar y subir de peso han desaparecido, quizás culpa del sellado y del frío que le rodeo. Mueve los dedos pero solo es acto reflejo, se queja cada tanto pero Mila se concentra en hacer lo mejor que puede su trabajo. Ahora su maestro y ella tienen la misma edad, pero... le cuesta creer que el hokage ha pedido que se le atienda de forma inmediata a Yuuri, ella como todos los shinobis están confundidos por la repentina declaración del hokage: A Katsuki Yuuri se le retiran los cargos por traición al haber contribuido a capturar al verdadero traidor. Pero es mentira, Yuuri contribuyó pero no a eso, sino a lo de Chihoko pero decirlo podría causar más confusión y hasta se le podría culpar de la actual guerra que parece pendular entre paz y apocalipsis.
Viktor reflexiona brevemente antes de hincarse a la altura de sus hijos, acaricia a Ren quien se echa a los brazos de su pare hundiendo su rostro. Nikiforov aspira el aroma de su hijo, y lo aprieta contra sí, lo abraza con fuerza y no quiere dejarlo ir, porque ha sufrido mucho sin saber si estaba bien, si enfermaba, si dormía bien, si comía bien. Pero al verlo ahí, tan fuerte y decidido incluso de retar a un enemigo, lo hace sentir orgulloso, abre los ojos y extiende su mano a Umi que no duda en ir al abrazo familiar. Los aprieta fuerte y son su punto para no caer en locura porque ahora que sabe que Yuuri está ahí respirando y vivo, su mundo se ha convertido en un maravilloso caos.
—Los dos son muy valientes... —susurra acariciando sin soltarles.
Umi es el primero en alejarse para mirar a su padre.
—¿Por qué Cao Bin es malo? —pregunta Umi, y la cuestión le rompe el corazón a todos en la sala quienes escuchan claramente las palabras del niño. Viktor no sabe qué responder, porque es una realidad que no tienen la mínima idea qué provocó la ruptura de la fuerte lealtad y fidelidad del hombre hacia Konoha.
—Cao Bin-sensei no es malo, sólo quiere hacer mejor a Konoha —expresa casi de inmediato Ren, y eso alerta a todos, incluso Yuuri que se ha mantenido con los ojos cerrado los abre.
—Ren —Viktor se centra en el mayor de sus hijos—. Jamás... nunca, atacas a un compañero, por ningún motivo alguien "bueno" haría eso... ni mucho menos utilizarías a tus propios compañeros para intentar matar a otros compañeros...
—¿Ren? —masculla alguien, una voz profunda, y el niño se queda estático en su lugar—. ¿Umi... —susurra y el gemelo gira su rostro. Mila intenta acostar a Yuuri, solo bastaría un empujón para someterlo pero es su sensei, y está en tan malas condiciones que en un ataque poco ético lo ayuda a sentarse lentamente en la cama. Los niños siguen cercanos a Viktor, de hecho se han cogido las manos sin darse cuenta y las aprietan en un férreo agarre, ambos se quedan sin habla cuando ven a Yuuri serenar su gesto buscando sonreír sin mucho éxito porque todos sus músculos le duelen y los siente pesados—...son ustedes?
Los niños se quedan silenciosos y Viktor se aleja para permitirles a sus hijos actuar, se miran entre ellos y enseguida el mayor de ellos tiene el gesto de quererse acercar a quien le ha llamado. Los dos llevan vendadas sus manos y no les duele tanto. Umi camina motivado por Ren. Se acercan con cuidado. Y Ren termina por sonrojarse hasta las orejas cuando al estar frente a Yuuri éste les sonríe de esa especial forma que solo Viktor conocía y ahora sus hijos sufren sus estragos. Sin importar que ese hermoso rostro se encuentre pálido, hecho de más hueso que de piel y carne, con unas ojeras que delatan una profunda agonía, es como si la muerte se hubiera asentado en él. Mila cubre discretamente con la sábana los hombros de Yuuri para cuidarlo del frío que hace, pero en realidad busca ocultar la horrible herida en su costado, esa que se le hizo hace tantos años y con la cual ha estado luchando durante largos minutos sin lograr que cerrara del todo.
Ren baja la mirada, y la alza con timidez, le devuelve la sonrisa. Umi en cambio está asustado, no olvida la forma en que ese hombre actuó, sus feroces ataques, y el modo en que pudo haber asesinado a todos.
—Soy... Soy Ren Nikiforov-...Katsuki —informa bajito—. Y él... es mi hermano... —traga saliva—. Papá dice... que tú eres nuestro padre...
Yuuri los observa un momento y ríe suavemente, todos están expectante pues a pesar de que Yuuri pudo haberles asesinado, no los asesinó, sólo los dejó inmovilizados para salvarlos, pero aún así no sabían si eso era también parte de la trampa. Pero el modo en que Yuuri intenta alcanzar el rostro de los niños no puede ser parte de un control mental. Viktor se acerca sólo para infundirle valor a Umi que parece más nervioso.
—Dios... han crecido tanto... —comenta Yuuri sorprendido, y sus ojos recorren a Viktor cuando llega a ellos. Yuuri contiene brevemente el aliento, los años han pasado por ese rostro, madurando el gesto, volviéndolo adulto, de hecho... mira a todos, Mila ha crecido tanto, Yuri ya no es el mismo hermoso niño al que confundían con niña, la chica enfermera la conoció también cuando era una niña, se queda ansioso. El corazón se le contrae, él mira sus manos que están temblando. Se talla los ojos, ha forzado mucho la vista y Viktor se acerca lentamente para sacar algo de su cangurera, Yuuri observa lo que le ofrecen y sonríe con un gesto trémulo que amenaza con romper a llorar en cualquier instante. Se coloca los lentes y la banda de Konoha que tiene tachada la insignia de la villa, que lo delata como un traidor. Aprieta esa placa, porque esa placa se la dio su maestro Yakov y hay tantas cosas que quiere preguntar, pero los niños le observan con más contención. Moja sus labios y se siente sumamente débil, pero sus ojos se centran en las manos heridas de los dos niños, y extiende su mano hacia ellos.
Ren y Umi miran esa mano que se les ofrece, y Umi retraído no quiere aceptarla, pero Ren, en cambio, seguro, deposita su mano lastimada que Mila recién trató. Viktor supervisa todo, no porque desconfíe de Yuuri, sino porque teme que desaparezca. El moreno cierra sus ojos, y siente su chakra tibio fluir por su cuerpo directo a las palmas de su mano, Ren gime abriendo mucho los ojos cuando el chakra verde medicinal le envuelve y es calientito, acogedor, el corazón se le infla en el pecho como un globo de papel, no sabía que podía sentir eso, muerde su labio emocionado por ver que su padre no sólo es poderoso en batalla porque lo ha visto actuar y fue increíble, sino porque también puede curar, es un ninja médico y Ren solo quiere chillar emocionado porque a pesar de lo que todos dicen Yuuri es increíble, además de que es tan hermoso, sus ojos color caramelo y el rostro redondo le recuerda a la de una estatua que hay en el templo. Cuando nota que Yuuri quiere apartar por completo su mano Ren no permite que se aleje ese amable toque, de hecho baja la mirada, la alza, la vuelve a bajar y repite la acción hasta que enfrenta al contrario y termina por aferrarse fuertemente al cuello de Yuuri, que sorprendido, se queda sin habla, pero sonríe suavemente para estrecharlo por el delgado tórax, recarga un momento su cabeza en la cabecita del niño, descansando, le parece increíble como los pequeños nacidos de una mujer tan repugnante sean unas criaturas tan bellas.
Yuuri abre sus ojos para ver a Umi que muerde su labio y se acerca con lentitud también para sentir un poco de ese cariño. El mayor lo abraza y estrecha a esas dos pequeñas criaturas. Crecieron tanto, jamás las conoció, sólo por vagas memorias que probablemente él idealizó en su encierro. Sin embargo empieza a toser y Viktor los aleja porque Yuuri se dobla y escupe sangre. Los niños se aferran al pantalón de su padre un poco asustados.
—Es el hielo que no ha terminado de salir de su sistema, Viktor-sensei —murmura Mila que vuelve a revisar a su maestro, pasando sus manos por la espalda de éste. Yuuri se recarga de ella y vuelve a toser esta vez un coagulo más grande de sangre mancha a la chica pero no improta. Viktor carga a Umi y coge de la mano a Ren para salir de aquella habitación pues la otra ninja médico que hay presente ha ido por un doctor que pueda asistir.
Afuera de aquella habitación Viktor baja a Ren y a Umi para verlos mejor.
—Deben de permanecer juntos... —informa—. ¿De acuerdo? —acaricia la mejilla de Ren.
...
Viktor regresa al presente mientras niega. Ren ya comió su pescado crudo y Umi come del katsudon que Sara les llevó, él también lo hace y suspira, había pasado un tiempo desde que los tres compartieron mesa y le emociona, sinceramente mucho, que muy probablemente Yuuri también se una a ellos.
Pasa otro día entero y no hay señales de que Yuuri despierte, le moja los labios con una gasa empapada de leche con miel y en otras ocasiones con agua para mantenerlo alimentado e hidratado, aunque a si pasan más días terminará muriendo de inanición y es el temor de Mila que ha ido religiosamente a hacer los chequeos. No se puede hacer nada más, sólo esperar. La infección en la piel de Yuuri cedió y la herida en su costado se recuperaba de forma satisfactoria, pero la extenuación en su cuerpo y la conexión de sus chakras iban a necesitar tiempo, Viktor se impacientaba.
Como cada noche desde que llegaron con el cuerpo inconsciente de Yuuri para instalarlo en esa cama donde sería su lugar de reposo hasta que estuviera mejor, besó la frente de Yuuri, entrar a esa habitación era más fácil que ir hasta los límites del país para admirar en silencio un bloque de hielo. Hizo lo mismo con sus hijos que con ojos llenos de amor se despidieron de él para después partir a su propia habitación y poder descansar, o al menos cerrar los ojos y pretender que todo estaba bien aunque no tuviera idea de lo que iba a pasar de ahora en más.
Los ojos polares de Viktor se pierden en la visión que el techo de su alcoba le brinda. Suspira de forma pesada, en su cuerpo siempre es invierno, pero desde hace unos días la primavera de Yuuri lo está alcanzando aunque éste no dé signos de vida como tal. Pronto se sumerge en un sueño profundo, y por primera vez en un tiempo puede dormir, probablemente es por el cansancio acumulado y la tensión que lo ha hecho ceder sin más.
Pero hay un ruido, una rama romperse, o quizás el zumbido de la madera del piso crujir por las pisadas de un gato. Viktor abre los ojos de golpe, pues sintió entrar a alguien y tiene una kunai en su mano, el fleco cae sobre su rostro despeinado y jadea apuntando hacia delante, piensa en sus hijos pero solo siente el chakra de una persona, esa que tiene de pie frente a su futón. De hecho, no es cualquier persona, es Yuuri. Yuuri que está en sus 17 años intactos. Sonriéndole con destello que desconoce solo un instante porque pasó tanto tiempo desde que lo vio que temió haberlo imaginado, su cuerpo mostrándose delante de él. Viktor pudo ver como se transformaba delante de sus ojos, con su cabello oscuro ligeramente despeinado brindándole un aire más salvaje y sensual, la mirada caramelo chispeante, dejando que la bata se deslizara por sus brazos haciéndolo ver más delgado envuelto en la yukata azul de dormir sencilla que el propio Viktor le había puesto después del baño con esponja. La mano de Yuuri fue hasta el nudo de amarre y deshizo la cinta que se deslizó hasta el piso, produciendo que la avertura entre sus piernas se abriera un poco, exponiendo la palidez de sus piernas firmes y contorneadas, la entrepierna dormida pero pronunciada y joven en sus boxers y la textura seductora del firme pecho. Yuuri toca su propio cuerpo, deteniéndose en el pecho donde hay alguna cicatriz por alguna misión, y sube sus dedos hasta su cuello, sus labios, donde los entreabre y Viktor contiene la respiración.
Yuuri no parece un hombre mientras avanza hacia él dándole la impresión que flota y el ambiente adquiere un aroma particular. Silvestre. Se sube a la cama, y gatea sobre el cuerpo de Viktor que ha apretado las sábanas con un trago en seco, raspa su garganta. Yuuri avanza y Viktor se deshace de ansiedad contenida. Acercándose, Katsuki, con el hálito tibio sobre su cuello, su barbilla y sus labios. Tan cerca que le saborea sin siquiera hacer hecho un contacto como tal. La cama cruje bajo el peso de ambos pero apenas hace un ruido. El albino lo abraza con la mirada y teme que al tocarlo desaparezca, por lo que se mantiene bajo ese hechizo y gime cuando la lengua tibia de Yuuri se introduce con calma a su boca, invitándolo a besarlo, a devorarlo, el mayor reacciona apenas y sus manos se apresuran a sostener a Yuuri de la cintura tirándolo contra la cama, haciéndolos rodar y dejándolo contra el colchón. Las sábanas se deslizan y caen al piso, al mismo tiempo que la boca de Viktor rodea el cuello ajeno arrancándole suaves quejidos.
—¿Papá? —Viktor jadea abriendo los ojos sobresaltado. Está sudando, Ren lo sostiene del brazo y el albino se relame los labios secos. Mira para todos lados buscando a Yuuri, buscando el listón o la bata de dormir que cayó al piso, pero no hay rastro alguno, y en cambio mira a su hijo que le regresa la mirada sobresaltado.
—¿Qué-é pasa?
—Padre despertó —dice el menor y le basta medio segundo a Viktor para incorporarse buscando ropa que ponerse
Bajo la luz dorada que fluía a través de las cortinas que se mecían con lentitud al tiempo que el aroma de las sakuras se colaban, sus dedos temblaron mientras los apretaba sobre sus labios, un hilo de agua escurría por su barbilla. Umi lo miraba con estupefacta atención, sostenía el vaso de agua que le había servido a petición del moreno. Los ojos del shinobi observan nuevamente sus dedos que tienen pequeñas heridas y después el alrededor, reconoce esa habitación, ese techo y el revestimiento de las paredes. Aunque su divagación se detiene en el niño que lo sigue viendo.
Una sonrisa se muestra en sus labios y Umi sonríe de regreso con timidez, el niño ha visto con algo de desagrado como Yuuri se atraganto de agua. Los pasos apresurados anunciaron a Viktor que se quedó de pie en la puerta mirando hacia Yuuri.
Sus ojos encontrándose, tienen el mismo tintineo que brillaba en su sueño, ese gesto pacifico de eterna juventud lo hacen cimbrarse en su lugar y siente muchas ganas de llorar el mayor, porque es Yuuri. Por brevemente olvida que sus hijos están presente, Umi se hace a un lado cuando Viktor se acerca, de hecho se desliza por la pared hasta la puerta donde Ren también observa la escena. Viktor se acerca con cuidado y no se aburre de observar a Yuuri, mucho menos ahora que le puede regresar la mirada y hay color en sus mejillas.
Ambos se encontraron tan cerca y Viktor no se lamentaba que no era del mismo modo que en su sueño, de hecho no le importaba el sueño porque la mano que le tocaba el rostro y el aroma que se desprendía de ese cuerpo tibio, era real. Cierra los párpados y la caricia de los dedos de Yuuri se desliza desde su sien hasta su mejilla y baja a su cuello, sube a sus labios y el toque no es lascivo como el de hace un momento, es diferente, pero también es íntimo. Cuando sus ojos se encuentran ambos sonríen, Yuuri con la debilidad cobrándole cada inhalación de aire y Viktor con la alegría desbordándose en un llanto silencioso.
—Perdón... —masculla y Yuuri lo abraza contra sí, un poco exhausto, lo estrecha, y lo arropa contra su pecho, gime porque hasta la brisa mínima le causa daño, pero no le importa, acaricia ese cuerpo, y lo reconforta.
Umi y Ren se alejan cerrando la habitación, brindándole privacidad a sus padres.
Faltaban solo una o dos horas para que amanezca así que los niños deciden ya no dormirse, en su lugar empiezan a preparar el desayuno. No dicen nada sobre lo que ocurre solo se mueven por la cocina. Arriba, en el segundo piso Viktor se ha separado de Yuuri lentamente, se miran a los ojos y sus manos no dejan de tener contacto, entre ellas se acarician transmitiéndose energía, no es chakra ni ninguna clase de poder, sino energía que ambos requieren para vivir. Los preciosos ojos de Viktor parecen dos hermosos pozos que se han inundado más de la cuenta y los de Yuuri los rodean con un bosque seco que necesita de esa agua.
—¿Cómo te sientes? —cuestiona Viktor regresándole por fin la mirada.
—Mejor... —confiesa Yuuri agregando con una sonrisa—, cansado aún, y débil pero mejor... —aspira y mira hacia la ventana—. ¿Cuánto tiempo ha pasado?
—Doce... casi trece años, Yuuri.
—Eso explica porque luces casi como mi padre —bromea y ambos sonríen sin muchas ganas.
—No tengo problema con salir con personas más jóvenes —Viktor sonríe de medio lado. Y si en Yuuri había aún hielo, éste se ha terminado de derretir ante la sonrisa confiada del hombre que está sentado a su lado. Sonrojado baja la mirada.
—Supongo que está bien... —muerde su labios nervioso, no es capaz de ver a Viktor de frente—. ¿El Hokage te ha hablado sobre... Chihoko?
Viktor afirma.
—Me contó absolutamente todo, Yuuri... —su mano acaricia la del joven para transmitirle calma—. No tienes que temer, lo he comprendido y... te he estado esperando.
Yuuri alza la mirada hasta el contrario y ladea el rostro.
—¿De verdad? —la pregunta duele en Viktor, porque una parte de Yuuri al parecer desconfía de su lealtad pero recuerda a Sara y esas algunos tropiezos que tuvo porque el cuerpo tiene necesidades y a veces para un hombre es más difícil mantener tantos años la abstinencia. Yuuri puede ver en el rostro de Viktor esa expresión de tortura y suspira, alzando su mano para alcanzar el rostro maduro, para acercarlo y pegar sus frentes—. Te amo, Viktor...
—Yo también te amo, Yuuri...
—No sé qué va a pasar pero... —sus ojos se abrieron—, quiero permanecer a tu lado... el tiempo que me corresponda estar aquí, quiero estar a tu lado, Viktor... —desliza su mano hasta la mano del mayor, y Nikiforov siente que algo le hormiguea en ella, cuando Yuuri aparta la mano hay pequeñas florecitas diminutas que parecen haber florecido de la nada, son pequeñas y hermosas y Viktor sonríe encantado, se concentra y las congela en un cubo de hielo. Yuuri sonríe con amor ante la gracia que han hecho juntos y sus bocas se buscan, no con la desesperación del sueño, sino con calma, con letargo, algo de pereza en sus movimientos que se toman el tiempo de volver a conectar, y sus sentimientos florecen nuevamente como elocuentes adolescentes que no tienen idea de qué va a pasar con ellos.
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St. Yukiona.
Quien los ama de corazón, pulmón y páncreas.
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