Disclaimer: No me pertenece ningún elemento de FFVII. Esta historia es escrita por placer y sin ánimo de lucro.
El porqué de las cosas
Capítulo 31
"La crisis de meteorito"
Por Lady Yomi
Zack se encontró inmerso dentro de la misma oscuridad que acompañó los años que precedieron a su despertar en la base submarina. Todo había salido mal, y ahora estaba condenado a flotar en el fondo de esa prisión lúgubre y opresiva.
—¿Cloud? —susurró para sí mismo mientras se esforzaba por no volver a caer en el sueño del que escapó—. Cloud... ¿estás aquí también?
No recibió ninguna respuesta de parte de las tinieblas.
—Vamos... ¡háblame! ¡Necesito saber qué fue lo que pasó! —Meneó la cabeza en un intento por no echarse a maldecir. ¿Qué ocurrió con Jenova? ¿Logró apoderarse de su cuerpo al final?
La criatura insistió mucho en que matara a Cloud y se hiciera con su alma bajo el pretexto de usarlo a su antojo. Pero nada de eso tenía sentido, ¿o sí? Zack estaba seguro de ser un clon; lo había comprobado por completo cuando contempló la herida de su mano en el jardín de Aerith. ¿Por qué Jenova se empeñaba en controlar a Cloud en lugar de a la copia que dominó por completo?
Algo le olía a extraterreste encerrado, y no estaba dispuesto a dar el brazo a torcer en lo que respectaba a la humanidad de Cloud.
—Clon, mi trasero... —murmuró para sus adentros a la vez que cruzaba los brazos y las piernas de forma caprichosa. Él había cuidado de su compañero durante un año entero; alimentándolo, vistiéndolo, e incluso curando una herida de bala perdida que impactó en una de sus piernas durante la fuga. Zack vio la sangre; roja como las llamas de Nibelheim, derramándose por encima de su pantorrilla izquierda.
Esa no era la sangre de una copia. Era la sangre de un humano.
—¿Por qué quieres que crea que es un clon? —dijo en voz alta con la esperanza de que la Todopoderosa estuviera escuchando sus dudas—. No puedes confundirlo si está seguro de su naturaleza. Debe haber algo más... algún incidente que se me escapa, y en el que confías lo suficiente como para estar segura de que caerá en la trampa. Pero, ¿cuál es?
Apenas terminó de hablar y un espíritu se materializó frente a él. Zack se echó hacia atrás de un salto al descubrir que el recién llegado era una copia perfecta de sí mismo. La presencia de su otro yo le puso los pelos de punta, ya que recordaba con terrible exactitud la pesadilla que lo acosó en Gongaga:
—¡¿Quién diablos eres?! —le gritó—. ¡¿Qué quieres conmigo?!
—No hace falta ser un genio para descubrirlo —le dijo sin entusiasmo, más fastidiado que preocupado por el temor que le causaba a su acompañante—. Soy tú; el tú que te precedió antes de tu creación.
—¿Qué? —Lo miró de pies a cabeza, retrocediendo un par de pasos como precaución—. Tienes que estar bromeando. ¿Eres... el Zack verdadero?
—El mismo. —Hizo una mueca, rascándose la parte trasera de la nuca con la yema de los dedos—. Aunque preferiría decir "el primero", en lugar del "verdadero". Es más justo para ti, a fin de cuentas.
—No entiendo que haces aquí. —El clon chasqueó la lengua, repentinamente molesto—. Si lo que dijo Jenova es cierto... y eras lo único que mantenía la estabilidad mental de Cloud. ¿No deberías estar ayudándolo en lugar de charlando conmigo en medio de la nada?
—No es mi culpa que la criatura le haya devuelto sus recuerdos. Los suyos ocuparon el lugar de los míos, y mi alma fue expulsada del interior de su mente.
—¿Qué quiere decir eso?
El Zack original frunció las cejas, llevándose ambas manos a la cintura:
—Significa que ya no puedo volver allí.
—Pero... ¿Cloud ya recordó todo lo que pasó en Nibelheim? ¿Sabe que nunca fue parte de Soldado?
—Ni recordó todo ni lo hizo con la claridad que merecía. —Le dirigió una mirada ensombrecida por la ira que sentía contra el parásito que había dañado a su mejor amigo—. La calamidad lo enredó todo... le hizo creer que no es más que una copia del original.
La expresión del clon no pudo ser más diferente de la de su otro yo; pues sonrió de oreja a oreja nada más escuchar la declaración:
—¡Ah! ¡Sabía que no era como yo! ¡Siempre se trató del mismísimo Cloud y de nadie más que él!
—Claro que sí, pero a esta altura podría ser demasiado tarde como para festejar.
—¿A qué te refieres?
—Su mente... está demasiado enredada; incapaz de funcionar con normalidad. Temo que su cuerpo no le sirva para nada una vez que lo saquen de la isla.
—Espera un momento. —Se deslizó rápidamente a través del vacío, flotando hasta estar frente a su interlocutor—. ¿Qué isla? Tienes que tratar de ser más honesto conmigo. Quiero ayudar a Cloud tanto como tú, así que por favor dime toda la verdad.
—Ya... —El Zack original dio un largo suspiro, meneando la cabeza para sí mismo antes de musitar—: Está bien. No es como si no quisiera decírtelo, sólo estaba buscando la forma de que te lo tomes con calma. Escucha; Cloud te quitó la materia negra cuando te desmayaste, encontró a Sephiroth... y se la entregó.
—Oh no... ¡No, no, no! —Se llevó ambas manos a la cabeza para sujetarse las desordenadas mechas oscuras de su cabellera de forma demencial—: ¡Es imposible! ¡¿Esa basura logró apoderarse de él?!
—No... —susurró—. Ha sido él mismo. Cloud lo hizo porque se lo pidieron, sí... pero esa fue su decisión.
—¡¿Qué demonios?! ¡Me extraña que tú puedas desconfiar de él! ¡Cloud jamás-
—Ya te dije que sus recuerdos están desordenados —lo interrumpió—. Él no puede acceder a casi ninguno de los momentos claves de su vida; esos que lo convirtieron en la persona que atesoramos los dos. Cloud cree que es un mero instrumento de Hojo; una herramienta que ya cumplió la función para la que fue diseñada.
—¿En dónde está él ahora? ¡¿Cómo podemos ayudarlo?! ¡Nosotros sabemos todo sobre Cloud; lograremos que vuelva a ser el mismo de siempre!
—No lo conocemos tan bien como crees... —El Zack original se encogió de hombros, estableciendo contacto visual con ese par de ojos que eran un reflejo exacto de los suyos—. Él siempre fue muy reservado. ¿Cuántos años tenía cuando lo conocimos? ¿Quince? ¿Dieciséis? No tengo dudas de que vivió muchas cosas que jamás nos compartió durante los días previos a nuestro primer encuentro.
—Sí... —Se mordió el labio al entender la verdad—. Cloud era más un escucha que un conversador. Ahora que lo pienso... creo que yo hablaba por los dos en la gran mayoría de las ocasiones.
—Lo hacíamos, sí. —Esbozó una breve sonrisa al rememorar los ratos que había compartido con Cloud, pero el gesto se desvaneció detrás de la amargura que lo invadió al continuar—: Él necesita una conexión más cercana. La de su madre sería perfecta... pero me temo que ya no está disponible.
—¿Qué ocurrió con Cloud después de que le entregó la materia negra a Sephiroth?
—Se arrojó al cráter de Mako... y la corriente vital lo arrastró a través del interior del planeta. —Elevó una palma frente a sí mismo en un intento por tranquilizar a su homólogo—. Pero no está muerto todavía, y si haces las cosas bien podrás recuperar su cuerpo. El resto... es un poco más complicado.
—Ya me ocuparé de eso después. ¿En dónde está?
—Ve a la isla principal del archipiélago de Mideel. Lo encontrarás en una clínica de la capital.
—De acuerdo... —Se llevó las manos a los bolsillos para dirigirle una mirada compasiva al hombre en el que lo habían basado—. ¿Eso significa que te quedarás en este lugar? Que me dejes ir a mí es un gesto tremendo, no esperé que te sacrificaras por una copia cualquiera.
—Nunca dije que me quedaría aquí. —Se sonrió con una súbita picardía que le hizo chispear las pupilas—. ¿Crees que un héroe incompleto daría la talla para una misión de semejante importancia? Iremos juntos, los dos. ¡Después de todo se necesita a la mejor versión de Zack Fair para resolver este lío!
—¡Qué estupidez! ¡No podemos ir juntos! ¡Tú estás muerto y yo... todavía ni sé si no lo estoy también!
—¡Claro que no estás muerto, cabeza de alcornoque! ¡Estamos en el interior de tu mente, es por eso que puedo hablar contigo!
—¿En mi mente? —Se quedó parpadeando como tonto hasta que lo invadió la profunda revelación que le había sido compartida—. ¡E, espera! ¡¿Dices que... finalmente recuperé mi alma?! ¡¿Soy... yo otra vez?! ¡¿Soy yo de verdad?!
—No te emociones tanto —sonrió con malicia—. Un alma no es más que un pase al paraíso en caso de morir, y por lo que veo sobreviviste sin problemas hasta ahora así que no vayas a confiarte de más y estropearlo para los dos. He esperado mucho tiempo por una segunda oportunidad.
—No lo haré. —Le devolvió una sonrisa brillante—. ¡Yo también la necesitaba!
El original le extendió la mano a modo de saludo:
—Resolvamos todo este embrollo y disfrutemos de unas merecidas vacaciones después.
—¡Ni yo mismo pude haberlo dicho mejor! —El clon le devolvió el apretón con todo el entusiasmo que le fue posible y el súbito contacto de las dos mitades de Zack Fair iluminó todo el espacio a su alrededor, desterrando de una vez por todas a la eterna oscuridad que los envolvía.
Abrió los ojos para descubrir que la tan ansiada luz parecía esquivarlo de todas las formas posibles. La sorpresa de encontrarse rodeado de sombras hizo que extendiera los brazos frente a su rostro en un intento por apartarlas, pero el movimiento se vio truncado por las heladas paredes de acero que limitaban toda posibilidad de escapar del aislamiento al que había sido sometido.
¿Qué estaba pasando? ¿Cómo terminó dentro de ese dichoso cajón de metal? Se sacudió en el lugar y comprobó que podía tocar el techo del recinto con la frente, lo que dejaba por sentado la estrechez de su prisión.
Enseguida lo invadió el temor de quedarse sin aire y tomó una ansiosa bocanada por instinto, pero notó que estaba sellado en el interior de una bolsa de nailon transparente cuando el material húmedo se pegó a sus labios temblorosos.
—Ah, diablos. ¡Ah, diablos! —repitió enajenado por el horror que lo consumía. ¿Qué podía hacer? ¡Las cosas no podían terminarse así! ¡No cuando había recuperado su identidad! Todavía tenía que rescatar a Cloud, y la pista de su paradero se perdería con él si moría en ese lugar.
—¡Oigan! ¡Ayuda! ¡Sáquenme de aquí! —gritó lo más fuerte que pudo mientras pateaba las paredes con la punta de sus gruesas botas de comando. Quedarse quieto en ese sitio no le haría ningún bien, ya que en algún momento se agotaría el oxígeno disponible.
Si el escándalo no llamaba la atención de sus salvadores, quizá lo haría con la de los captores; quienes por lo menos le darían una posibilidad de escapar al intentar silenciar su pedido de auxilio. Lo peor que podía pasar era que nadie estuviera cerca... pero Zack no quería creer en la existencia de esa posibilidad.
Alguien vendría... tal y como lo hizo Sadie cuando lo rescató de la base submarina; liberándolo del interior de una de las bolsas de preservación en las que Hojo había almacenado su cuerpo de mentira.
Su corazón se detuvo por un instante cuando contempló la idea de volver a ver el rostro de su compañera en el exterior de esa celda impenetrable. Se prometió a sí mismo que aún si se veía, hablaba... e incluso olía como Ciretan Hojo; ni aún así le daría un puñetazo. Sólo por si acaso.
—¡Tranquilo, camarada artificial! —chilló una voz con un marcado acento irlandés—. ¡Te vamos a sacar de esa curiosa despensa en la que te metieron, sí que sí!
—¿Qué? —Zack parpadeó por un instante, demasiado sorprendido como para distinguir si el sonido provenía de una persona real o de su deseo de salir vivo del meollo—. ¡¿Hay alguien ahí?! ¡Responde, por favor!
—¡Claro que sí! ¡Deja de gritar o harás que el aire se agote más rápido! —respondió la voz aguda y aniñada de una chica—. ¡Vamos, apresúrate! —le dijo al de acento irlandés—: ¡¿No tenías las llaves del casillero contigo?!
—¡Las tengo aquí, las tengo aquí! ¡No seas tan impaciente!
Zack iba a pedirles que se dieran prisa, pero lo interrumpió la apertura de una compuerta que se abrió bajo sus pies. No tuvo tiempo de reaccionar antes de experimentar un movimiento horizontal tan brusco como para provocarle ganas de vomitar. El fulgor del tubo de luz que pendía sobre su cabeza lo cegó, y se obligó a cerrar los ojos para disminuir la jaqueca que lo asaltó en respuesta al súbito cambio de ambiente.
—¡Raja la bolsa o se asfixiará! —gritó la joven—: ¡Rápido!
—¡Estoy haciendo lo mejor que puedo! ¡Mis garras fueron diseñadas para que los niños pequeños no se cortaran con ellas!
—¡¿A quién le importa eso?! ¡Ah... déjame hacerlo a mí! —La chica usó el borde de una shuriken para liberarlo del interior de la bolsa.
—¡Listo! —exclamó el sujeto irlandés—: ¡Nuestro amigo está a salvo!
Zack intentó sonreír al establecer contacto visual con su salvador, pero su gesto de agradecimiento se convirtió en una mueca de terror cuando descubrió que tenía frente a sí a un hombre robusto envuelto en una gabardina que le quedaba demasiado pequeña y culminaba en una inesperada cabeza de gato negro.
—¡AH, POR LA SANTA BARBA DE RAMÚH! —gritó con el rostro pálido de la impresión—: ¡T, Tú eres... ¿CAIT SITH?!
—¡El mismo! ¡Listo para muchas travesuras más!
—¡¿ESTOY MUERTO?! ¡¿TERMINÉ EN EL LIMBO DE LOS CLONES?!
—Ay, por favor... ¡No ha pasado nada como eso! —La chica que estaba de pie a su lado trató de tranquilizarlo, pero Zack se puso todavía más paranoico al notar que tenía un bigote falso pegado bajo la nariz y acabó por arrojarse de la plataforma en la que estaba sentado.
—¡Sabía que... que ese condenado tipejo fantasma me había mentido! —exclamó mientras retrocedía hasta el otro extremo de la habitación—. ¡Se... se robó mi cuerpo y me dejó atrapado en... en este lugar para poder irse con-
—¡O TE CALMAS O TE METO DE NUEVO A LA BOLSA! —La voz de Yuffie retumbó como un trueno, y la rudeza con la que se dirigió a él logró hacer que la reconociera al instante. La joven princesa de Wutai podía ser muchas cosas, pero jamás un clon. Eso seguro.
El grito logró que se tranquilizara un poco, y su mirada se posó temerosamente sobre el rostro afelpado de Cait Sith:
—Pensé... que habías muerto en el templo.
—¡Esa sólo fue la versión anterior! Recuerda que soy un felino controlado por el jefe de planeamiento urbano, Reeve Tuesti. ¡Aunque eso no significa que no tenga sentimientos y emociones propias! ¡No que no!
Zack se quedó estupefacto al observar que Cait Sith era el mismo gato hiperactivo de siempre. La emoción se le hizo de lo más curiosa, ya que se asemejaba mucho a la que experimentaba desde que lograra fusionarse con su otro yo. No se sintió diferente ni siquiera después de que sus mutuas identidades se unieron; era como si jamás hubiera dejado de ser la misma persona en primer lugar.
—Yuffie... —Soltó un suspiro de alivio mientras se fijaba en su rostro contrariado por el fastidio—. ¿Cómo...? ¿Cómo llegaron aquí?
—Lo preguntas como si supieras en donde estás.
—Ah, sí. Es cierto. —Se rascó la nuca mientras se fijaba en como Cait Sith le quitaba la chaqueta al moguri de felpa que cabalgaba—. ¿Te molesta ponerme al tanto de los acontecimientos?
—Te encontramos inconsciente en el cráter del norte hace una semana. Cloud estaba contigo, pero actuó de una forma muy extraña cuando le pedimos explicaciones. Fue entonces que decidió darle la materia negra a unos trozos flotantes de Sephiroth que pendían del techo de la cueva. Todo se fue al demonio después de eso... el sitio se derrumbó y unos monstruos gigantes llamados "Armas" escaparon del interior de la tierra para causar destrozos por doquier.
—Las Armas han sido estudiadas por los científicos de Shinra desde hace décadas, pero nadie conocía su sitio exacto de reposo —explicó Cait Sith—. Parece que su único propósito es proteger el planeta que las creó, y que ahora culpan a la humanidad entera por los actos de Sephiroth. Nos castigarán a todos como represalia si no conseguimos detenerlas pronto.
—¿Y qué clase de actos cometió Sephiroth para enfurecerlas?
—Velo por ti mismo. —Yuffie se acercó a una de las ventanas del laboratorio y abrió la persiana de un jalón, dejando ver el enorme asteroide que flotaba en el cielo de la tarde. Parecía estar suspendido en el tiempo a causa de la distancia que todavía lo separaba de la tierra, pero el color rojizo de la atmósfera delataba su futura llegada—. Sephiroth logró invocar a meteorito, y con eso selló el destino del planeta.
—Qué me lleve el diablo... —Zack caminó hasta la ventana sin atreverse a respirar, sujetando el marco de la misma con la fuerza suficiente como para quebrarlo en dos. Sus ojos no se apartaron del cuerpo celeste cuando volvió a hablar—: ¿No podemos hacer nada para pararlo? ¿Qué han hecho los de Shinra para explicarle el desmadre a los ciudadanos?
—¿Acaso no lo sabes tú? —murmuró Yuffie con desdén—. Eres un clon como el traidor de Cloud. Apuesto a que pueden intercambiar cotilleos en algún café que frecuenten los títeres de Sephiroth.
—Ya. No te desquites conmigo por las acciones de Cloud.
—¿Por qué no? Pareces estar extrañamente tranquilo después de oír lo de su traición.
—¡Ah! B, bueno... —Quiso patearse mentalmente al caer en la cuenta de que olvidó disimular que su otro yo le había revelado la verdad de antemano. Ahora mismo no se sentía motivado a contarles que había accedido a compartir su cuerpo con una versión muerta de sí mismo—. Oh. Es que... ¡la sorpresa me tiene paralizado! ¡Jamás imaginé que Cloud nos traicionaría... otra vez!
Yuffie frunció el ceño al oírlo:
—Yo creo que estás de su lado. Ustedes los clones no son de fiar.
Zack dio un respingo, siseando entre dientes al responder:
—Habla la ladrona de materia.
—¡Dejen ya de pelear! —Cait Sith los separó al interponerse entre ambos de un salto—. Escucha, Zack. Después de que Cloud traicionara a tus compañeros... por segunda vez, la gente de Shinra se apareció en el lugar y les ofreció escapar del cráter en la nave "Viento Fuerte". Rufus dijo que todos estaban del mismo lado y que no tenía sentido ponerse a pelear allí cuando meteorito acababa de ser invocado.
—No lo entiendo... —El ex Soldado meneó la cabeza a los lados, sobrepasado por la confusión—. Ellos crearon a Sephiroth. Shinra tiene la culpa de todo y ningún rescate improvisado puede cambiar esa verdad.
—Lo sé... —Cait Sith se encogió de hombros—. Pero jamás lo aceptarán en público. Aún cuando todos somos víctimas de las ansias de venganza del monstruo que trajeron a la vida.
—Tampoco tiene sentido que estuvieran al tanto de su localización. ¿Cómo sabían que los chicos estaban en el cráter?
—Kunsel Reiss —soltó Yuffie con el rostro contraído por el rencor—. ¡Otro Soldado de pacotilla en el que no se podía confiar!
—¿Qué? ¿Qué dices? Kunsel jamás-
—Kunsel les dijo que tenían a sagrado con ustedes... —murmuró Cait Sith, visiblemente apesadumbrado—. Shinra le ofreció devolverle a su maestra sana y salva a cambio de que les revelara la posición de los rebeldes, y por eso se aparecieron en el cráter para rescatarlos.
Zack chasqueó la lengua y se contuvo para evitar darle un puñetazo a la pared:
—¡Demonios, Kunsel! ¡¿Por qué lo hiciste?! —Se giró para contemplar al gato y a la chica que tenía a sus espaldas—: Esa mujer era... como yo. Y todos los de mi tipo se arrojaron al cráter del norte durante el éxodo masivo de las copias. Shinra lo engañó; Rita Cadence llevaba rato muerta cuando ellos apenas divisaban la cima en el horizonte.
—Estás en lo cierto —asintió Cait Sith—. Pero el muchacho no lo sabía y sacrificó su lealtad en pos de una respuesta que necesitaba oír. Shinra le reveló que la señora Cadence era un clon, pero no llegó a tiempo para evitar que se perdiera a sí misma.
—Ni se te ocurra defenderlo. Se merece cada gota de remordimiento que le quepa. —Zack se pasó una mano por la frente, sin apartar la mirada del meteorito que pendía en lo alto del cielo—. Sabía que esos bastardos codiciosos no tenían ni un ápice de humanidad encima, pero prefiero morir mil veces antes de ver la materia de Aerith en las manos inmundas de Ciretan Hojo.
—Ninguna de esas muertes será necesaria —respondió el felino robot—. Los miembros de Avalancha no tenían a sagrado consigo, y por lo tanto Shinra no logró hacerse con ella. Se enfadaron mucho al descubrir que tendrían que quedarse con las manos vacías, y apresaron a los chicos en el interior de esta fortaleza como represalia.
—¿Fortaleza? —Hizo memoria por un instante—. Ah, entonces estamos de vuelta en Junon.
—Eso es correcto.
Zack se llevó una mano al interior de la chaqueta para comprobar que la preciosa esfera siguiera en su poder. Una sonrisa de alivio bailó en sus labios curtidos cuando consiguió deslizar la yema de los dedos por encima de su superficie cristalina. Quien quiera que lo hubiera metido en el estrecho casillero de esa morgue helada, no había sido lo suficientemente listo como para examinarlo en profundidad.
Nunca antes se sintió tan feliz de haber sido dado por muerto.
Sus ojos azules se movieron por instinto de Yuffie a Cait Sith al entender que no estaban al tanto del paradero de la valiosa reliquia que traía consigo. Cissnei y Sadie eran las únicas personas que sabían que él se la había llevado, y supuso que su silencio podía deberse a lo precario de la situación en la que estaban metidos. Decidió sumarse al secreto hasta tener la oportunidad de hablar en privado con alguna de ellas dos.
—¿Y qué pasó con sagrado? —preguntó, haciéndose el desentendido.
—Nadie sabe. —Yuffie apoyó la espalda en la pared—. Probablemente Cloud se la llevó junto con la materia negra, condenándonos a todos en el proceso.
—Apuesto a que el mundo está sumido en el caos... —Zack frunció el ceño mientras se fijaba en la calma que reinaba en el pueblo a través de la ventana—. Shinra no admitirá que esto es culpa suya después de lo que pasó con la placa del sector siete. ¿Cómo se las arreglaron para que no haya una turba afuera tratando de linchar al presidente?
—B, bueno... —Cait Sith se estrujó las manos—: ¡Es por esa razón que vinimos a buscarte, Zack! ¡Ha ocurrido algo terrible y eres el único que puede ayudarnos!
—Habla por ti —escupió Yuffie—. ¡Ya te dije que yo puedo vencer a todos estos esbirros de Shinra con una mano atada tras la espalda! ¡No necesitamos a ningún clon de Soldado para rescatar a los demás!
—Calla un momento, niña —la interrumpió Zack, ansioso por terminar de entender el asunto—: ¿Qué pasó? ¿Cuál es la urgencia? Pensé que sólo estaban presos para guardar las apariencias.
—Los miembros de Avalancha se han convertido en el chivo expiatorio de toda esta penosa situación. ¡Rufus los culpó de detonar la placa del sector siete, pero también de haber invocado a meteorito! —Cait Sith se sujetó la cabeza entre las manos, murmurando un par de lamentos incoherentes por lo bajo antes de continuar—: ¡Jamás creí que las cosas llegarían a este extremo... pero Shinra ha ido demasiado, demasiado lejos!
—¿Qué pasó? ¡Habla ya!
—¡Los ejecutarán en una hora! ¡A todos ellos! ¡Lo transmitirán... por cadena mundial a la totalidad de la población! —El gato se dejó caer al suelo, sin dejar de golpearse el rostro con una de sus manos enguantadas—: ¡Tuve que esforzarme más para convencerlos de que se detuvieran... pero nunca he sido más que un patético arquitecto de segunda!
—¡No puede ser! —Zack empalideció—. ¡¿En dónde están?! ¡¿Por qué no lo dijeron antes?!
—¡No lo sabemos! —Yuffie chasqueó la lengua—: ¡Ninguno de nosotros estuvo antes en este lugar y no tenemos idea de donde ejecutan a la gente! ¡Nos tomó mucho tiempo averiguar lo que habían hecho esos cerdos contigo; así que no nos mires como si estuviéramos perdiendo el tiempo!
—¡Pues lo están haciendo! ¡Pude enterarme de todo el rollo del fin del mundo después!
—¡Tú pediste que te pusieran al tanto de lo que pasó, Soldado bueno para nada!
—¡Les dije que dejen de pelear! —Cait Sith volvió a interponerse en medio de sus compañeros—. Por favor no te enfades con Yuffie, Zack. Esto es enteramente mi culpa. Demoré mucho en construir un nuevo Cait Sith después de lo que le sucedió al anterior. Yo, Reeve Tuesti, traté de olvidar la feliz aventura que nos unió para seguir con mi vida de siempre como empleado de Shinra. Pero entonces la señorita Aerith murió... y me sentí terriblemente culpable. ¡De estar ahí como Cait Sith ella seguiría con vida! Este modelo que les habla pudo repetir el sacrificio del templo de los ancianos. Una acción dramática, sí... pero jamás irreversible.
—Tuesti... —Zack frunció los labios al sentir una súbita punzada de lástima por quien supo ser uno de sus enemigos—. No hubieras cambiado nada, Aerith se mantuvo firme en sus creencias hasta el final. —Lo que dijo se sintió equivocado y doloroso, pero tenía la misteriosa certeza de que su ex novia hubiera estado orgullosa de saber que confiaba en sus decisiones.
—Gracias por tratar de darme ánimos. —El gato robot suspiró—. Ojalá yo pudiera ser tan valiente como ella, ¿sabes? Hay nuevos inocentes en peligro y yo sigo escondiéndome detrás de este curioso animal de felpa que tienen frente a ustedes. Lo único en lo que ayudé fue en hacer la vista gorda cuando descubrí a la señorita Yuffie escabulléndose de su celda a través de los monitores del cuarto de seguridad.
—Sí, sí —soltó Yuffie con los ojos en blanco—. ¡No hay tiempo para otro de tus segmentos autobiográficos! ¡Ya tenemos al tipo rudo, ahora hay que rescatar a la gente de Avalancha!
—Eso sólo si Zack cuenta con las fuerzas necesarias como para ayudarnos —replicó Cait Sith al sentir un nuevo nivel de respeto por la única persona (después de la dulce Aerith) que se había compadecido de su miserable situación—. No olvides que estuvo en coma durante una semana.
—No te preocupes. —El ex Soldado sonrió con la seguridad de poseer la energía de su alma original en su interior—: ¡Estoy listo para lo que sea!
—Tenemos que ponernos en contacto con Elmyra cuanto antes —murmuró Sadie desde el rincón que ocupaba en el calabozo donde los mantenían prisioneros. Sus ojos no se despegaban de la fotografía de Aerith que sostenía entre sus manos. La delgada lámina humedecida por el frío fue lo único que logró extraer de la chaqueta de Zack antes de que se lo llevaran los Turcos.
No dejaba de maldecirse por no haber conseguido apoderarse de sagrado también. ¿Qué había sido de su viejo amigo? ¿Estaría todavía con vida? ¿O lo habrían arrojado a la basura después de arrebatarle la poderosa materia salvadora que llevaba consigo? No. La idea de perderlo sólo unos pocos días después que a su mejor amiga hacía que le dieran ganas de gritar.
—¿Estás loca? —Barret la miró de reojo—. ¿Quieres que la pobre mujer se muera de tristeza?
—¿Qué pasará si Elmyra ve la ejecución por televisión y nota que Aerith no está con nosotros? Eso le dará falsas esperanzas, y hará que la noticia de su sacrificio sea todavía más difícil de asimilar.
Barret respondió con una risa grave teñida de dolor:
—¿Y tú crees que vamos a poder escaparnos de esta, Darcy? No... ya no hay forma de salvar el pellejo. Aún si sobrevivimos a esta tarde, ese meteorito del demonio borrará a toda nuestra estúpida especie del mapa. El destino final de este tren es la muerte, y no hay forma de bajarnos hasta llegar a la última estación.
—¡Todavía hay que encontrar a Zack! Él no nos dejaría morir así. Nos ayudará, ¡ya verás!
—¿Olvidas cómo ese jodido optimismo tuyo te llevó a creer que un apestoso clon de Shinra era el hombre al que buscabas? Apuesto a que Shinra los puso a Cloud y a él en nuestro camino sólo para arruinar la misión.
—Zack no es un traidor. Y los dos sabemos que Cloud jamás se pondría del lado de los que provocaron que Aerith se quitara la vida.
Barret meneó la cabeza, apoyando una mano en la pared para recargar el peso de su cuerpo sobre ella:
—Shinra no tuvo la culpa de lo que pasó con Aerith. Ellos están igual de condenados que nosotros. Ninguno de los ejecutivos buscaba la destrucción mundial a corto plazo; sino una de la que no se tendrían que preocupar durante sus vidas.
—Es cierto... —declaró Tifa al sentarse en el suelo junto a Sadie—. El único responsable de su muerte fue Sephiroth. Y por eso es imposible que Cloud lo asistiera de forma voluntaria. Yo lo conozco, está confundido. Sephiroth le quitó a su madre, su pueblo, Aerith... y parece que también la mayoría de sus recuerdos. Él podrá haber cumplido algunas misiones turbias como mercenario, pero nunca fue un doble agente.
Sadie suspiró al oírla, volviendo a fijar su atención en la fotografía que sostenía:
—Quizá Cloud ya esté con ella para disculparse por lo que ocurrió.
—No. —Tifa negó sin un ápice de incertidumbre en la voz—. Cloud no está muerto. Él... tiene que estar vivo en algún lugar.
—¿Cómo lo sabes?
—Dijo que no se rendiría hasta vengarse de Sephiroth, y nada le impedirá cumplir esa promesa.
La puerta del calabozo se abrió de par en par, interrumpiendo con ello la conversación. Rufus Shinra (seguido de cerca por el director del fallido programa espacial de Shinra) ingresó al recinto con las manos sujetas cómodamente tras la cintura:
—Espósalos, Palmer. No quiero que lleguen tarde a la función.
—¡Quiero verte intentarlo, viejo bastardo! —rugió Barret cuando el anciano extrajo tres pares de esposas electrónicas de sus bolsillos.
—Recuerda que el resto de tus camaradas sigue bajo nuestro cuidado —le advirtió Rufus con una sonrisa cordial en el rostro—. Highwind, Valentine... y ese felino interesante al que pronto convertiré en mi nueva mascota personal. ¿Estimo que te mostrarás cooperativo para evitar que los ejecute en tu lugar?
—¡NO ERES MÁS QUE UN NIÑITO MALCRIADO ASQUEROSO! ¡TE ARREPENTIRÁS DE HABERLOS SUBESTIMADO! —Barret dio un respingo cuando las esposas se cerraron en torno a sus muñecas, inmovilizándolo momentos antes de que Tifa sufriera el mismo destino que él.
—¿Subestimarlos? —Rufus soltó una carcajada tras asegurarse de que su enemigo no pudiera castigarlo por su engaño—. Vamos, señor Wallace, ¡piense! ¿Qué miedo puedo tener de dos ancianos deprimidos y un animalejo tuerto? Si no los ejecuto es porque nadie creería que un trío como ese es responsable de la destrucción que se cierne sobre nosotros, y no porque ustedes estén dispuestos a dar la vida por ellos.
—¡INFELIZ MENTIROSO! —Barret quiso arrojarse sobre el joven presidente, pero la avanzada tecnología de las esposas le impidió realizar cualquier movimiento que no estuviera autorizado por sus captores. El sistema de negación electrónica Shinra (abreviado como "SNES") sometía a sus prisioneros a una pérdida de voluntad motora capaz de obligarlos a entrar caminando cómodamente al cuarto de ejecuciones.
Su creadora, la bella e igualmente odiosa Scarlet, no dejaba de recibir elogios por el siniestro artilugio que había inventado durante sus inocentes vacaciones anuales en Costa del Sol. Rufus prefirió no cuestionar con que fines lo ideó en primer lugar.
—Señor. —La voz de Palmer interrumpió las cavilaciones de su jefe—. ¿C, cómo la esposo a ella? —Señaló el brazo desgarrado de Sadie, que todavía pendía de un sucio cabestrillo de tela vieja.
—Ah, por favor... —Rufus se llevó una mano al rostro, tremendamente avergonzado por la ineptitud de su subalterno. ¿Por qué todos sus empleados insistían en arruinar la imagen que tanto se esmeraba en conservar? Habían pasado sólo veinte minutos desde que Hojo se presentó frente a los periodistas para preguntarles si no habían visto a una criatura salvaje que escapó de su laboratorio.
—Señor. ¿Qué ha-
—¡Sólo espósala y ya! —Rufus sujetó el brazo de la prisionera para jalarlo hacia su espalda con más fuerza de la necesaria. Sadie profirió un grito ahogado que se quedó a mitad de su garganta a causa del orgullo que le impedía mostrarse débil frente a su atacante.
—No había necesidad de ser tan grosero con la muchacha cuando le espera algo tan triste como una ejecución —murmuró Palmer al cerrar las esposas SNES sobre las muñecas amoratadas de la rebelde.
—¿Qué dijiste, Palmer?
—Nada, señor. Nada.
—Eso me pareció.
—No creas que vas a librarte tan fácil de esto, Rufus —espetó Tifa mientras el sistema de negación la obligaba a salir al exterior del calabozo—. Vendrán otros como nosotros... ¡y tú desearás que el meteorito impacte con el planeta diez veces antes de cruzarte con uno de ellos!
—Que frase tan memorable, señorita Lockhart —se burló el presidente mientras los veía perderse pasillo abajo, orgulloso de sí mismo ante la posibilidad de lograr lo que su padre jamás consiguió en vida—. ¡Asegúrese de repetirla frente a las cámaras, seguro que elevará el rating de la ejecución!
Nota de autor:
¡Saludos! Sepan disculpar la demora del capítulo que acabo de compartirles, pero tuve que lidiar con un par de quebrantos de salud que impidieron que consiguiera escribir más de unas cien o doscientas palabras por día (¡y el episodio actual tiene cinco mil setecientas!).
Le extiendo un sincero y afectuoso agradecimiento a "Celine0292" y "Kratossoul" por tener la amabilidad de brindarle muestras de cariño y gentileza infinitas a esta historia. Después de tantos meses sin recibir comentarios, encontrarme con los suyos me dio fuerzas para seguir luchando contra cada nuevo obstáculo que se interponía entre "El porqué de las cosas" y yo. El apoyo de mis lectores es fundamental y lo aprecio con todo el corazón.
