Nota inicial y necesaria: este capítulo contendrá detalles de los dos fics que les han mencionado en los "cortitos" del inicio: Mensajes recibidos (Incoming Messages de hunnyfresh) y La princesa y la prisionera (The Princess and the Prisoner de Chrmdpoet). Ambas traducciones al español están publicadas en FF y recomiendo googlear los nombres para encontrarlos. Las traducciones son de mydearnotsoevilqueen y SoloUnaLocaMás respectivamente. Alerta: spoilers en alguna medida y todo el mérito de las historias originales a sus creadoras y traductoras.

Fanfics II

Lana Parrilla en Ghent, Bélgica, a las 23 horas en esa zona europea acababa de conversar con Jennifer sobre leer aquellos fanfics. ¿Por qué no intentarlo ya mismo?, se preguntó. Después de todo, estaba sola en esa ciudad y no le interesaba salir a ningún sitio con un puñado de desconocidos. Jennifer Morrison en Los Ángeles a las 14 horas ya tenía preparado su café para estar más atenta a la historia que le había propuesto a Lana. Poco sabían que se quedarían pegadas frente a sus ordenadores durante todo el sábado o la madrugada del domingo. Experimentaban a ciegas, sin saber si les iba a gustar o no esto de leer historias escritas por fans. Pero el hecho de entender que la otra mujer fuera a hacer lo mismo que ellas en algún momento era suficiente aliciente.

Jennifer llevaba ya unas cuantas líneas y aquella historia se dibujaba en su cabeza a la perfección. Henry convenciendo a Regina de tener un perfil online para una cita. O sea, era tan poco de Regina esa actitud y por lo mismo tenía sentido. Sin que lo supiera se lo habían encasquetado y la morena había flaqueado solo porque Henry le había sonreído con esos ojazos que Jared tenía para su personaje.

Lana sonrió de medio lado – que débiles somos a Henry, Regina – dijo, mientras lo leía. "MadameRegia" es algo bastante obvio, pensó repitiendo entre dientes el nombre de usuario que le habían escogido.

Y cómo era lógico a Emma también le hacían un perfil, sino no habría historia aquí. Ruby justamente, tenía sentido. Lana sonrió al ver la exageración de Emma como respuesta a la revelación de su ayudante a tiempo parcial. ¿Un hombre? Lana abrió la boca completamente divertida. En Los Ángeles, Jenn casi escupe el café.

-¡¿Cómo que me han hecho un perfil de un tío!? ¡Ruby! ¿En qué estabas pensando? – se quejó.

Y las chiquillas habían caído a los pies de "CaballeroDeOxidadaArmadura". Vaya nombre. Jenn meneó la cabeza. Se partió de risa como su personaje cuando leyó el perfil. "Rubio de treinta y pocos años", pero si tenía 28 cuando Ruby era su ayudante, "...sentido del humor que, según dicen, rivaliza con el de un niño". Vale, en verdad se estaba divirtiendo con este creativo perfil. Puede que ella también le hubiera escrito a Caballero si fuera una transeúnte en la web, mínimo se habría divertido.

Fue leyendo los mensajes que le dejaban a su personaje en la web y todos le parecían para morirse de risa o de sordidez. "No me importaría dar brillo a tu armadura". La carcajada de Jenn llenó la habitación y se lo anotó mentalmente, tenía que usarlo con Lana en algún momento idiota de los suyos. Llegó a la parte donde Emma encontraba el perfil de Regina.

"Soy una morena atractiva de treinta y tantos años. Soy madre soltera de un niño y mi hijo es una parte extremadamente importante de mi vida". Había que reconocer que era bastante preciso y fiel con la realidad, no como su desparpajo de perfil. Morena atractiva, definitivamente si, se dijo, Regina era hermosísima y se sorprendió al ver que Emma estaba consciente, al parecer muy consciente, de lo atractiva que era la alcaldesa.

-¿Así que Emma ya notó que soy muy atractiva? – se dijo sonriendo Lana – bien hecho, Emma Swan. Y le dio al siguiente conforme de que Emma fuera la valiente porque, conociendo a su personaje, Regina nunca daría el primer paso en una web de citas.

¿Cómo explicar lo que se siente pasar por todas las emociones posibles? Es decir, esa historia tenía sus puntos débiles y sus puntos fuertes como cualquier historia, pero había que reconocer que la escritora había cuidado detalles y había mimado muchos otros también. A Lana le fascinaban los intercambios de mails del inicio, los encontraba estimulantes y frescos, mucho más que las conversaciones casi atragantadas que tenía que interpretar durante la primera temporada. Toda esa carga de tensión continua le quitaba la sencillez de lo cotidiano que tenía este fic. Emma y Regina siempre estaban en tensión y es verdad que muchas veces sus intercambios eran divinos para quienes leen más allá de lo que se ve a simple vista. Pero estas Regina y Emma (o su versión hombre virtual) intercambiando información y coqueteos era algo delicioso para los sentidos.

Jenn, por su parte, había entrado en un absoluto cortocircuito en el mismo momento que Emma Swan se había imaginado a Regina desnuda en la ducha. Sintió calor en las orejas y luego en las mejillas.

-Aquí vamos – le dijo a la nada acomodándose mejor en el sofá y sintió que sus hombros se estremecían involuntariamente – venga ya, no es para tanto - le quitó peso a sus sentidos.

Regina desnuda, Regina desnuda en la ducha. Todo lo que dentro suyo todavía era de Emma se conmovió como respuesta a su imaginación. Y ella reprimió repetir el nombre que se formó en su mente y que quería ocupar el lugar del de Regina, casi como si estuviera haciendo algo malo. Pero ¿era lógico no? Al fin y al cabo, eran prácticamente las mismas personas. ¿Le pasaría a Lana lo mismo en algún momento?

-No la cagues, Emma, no la cagues – le pidió a su personaje casi como si pudiera ser una consejera a la distancia – díselo de una vez, díselo.

Bufó cuando su personaje no le confesó a tiempo a Regina que era ella la de los mensajes y no aquel supuesto caballero. La morena se enfadó muchísimo, creyó que solo se burlaba de ella. Hasta le pegó y por lo visto bien fuerte. Al principio, Jenn pensó que siendo como Emma era aquello era una muerte súbita asegurada, de ahí no salía, pero está Emma Swan estaba lista para dar batalla y se encontró en poco de regreso a la emoción total de ver a su yo ficcional ir ganándose poco a poco a su chica de nuevo.

Desde luego no estaba tan emocionada como Lana que al cabo de un capítulo siendo especialmente dulce e insistente, se notó completamente atrapada por esa preciosa y rubia sheriff que no se dejaba amedrentar. Hasta que se dejó. Emma llevaba unos días sin enviarle nada a la alcaldesa y Lana lo sufría tanto como ella. Tenía mono. Quería notitas y detalles, y que confabulará con todo Storybrooke para hacerle saber que lo sentía mucho. Para recordarle que en algún momento, antes de saber que era Emma, ella le gustaba. Que Emma le enviará mensajitos en medio de una reunión y que acabarán por pillarla sin prestar atención. Quería a Emma tratando de conquistarla, quería que la rubia le hablará y le sonriera con esa sonrisa única que tenía. Que Jenn le siguiera contando esas cosas que no le contaba a nadie, era feliz con esa atención. Quería que Jenn le enviará flores y que le dijera que coqueteará con ella.

Su mente se detuvo en seco. En algún punto, había cambiado de nombre propio, había cambiado de dirección. De esa Emma completamente diferente a lo que ella recordaba, había pasado a Jennifer sin darse cuenta como, de la misma manera, confundía a Regina con ella misma. Hacía tiempo que en su mente las imágenes del fic ya no eran Regina y Emma, como en una película, sino ella misma viendo a Emma acercarse y sonreír. Invadir su espacio. Y, ahora mismo, por 4 medios segundos, había cambiado a Emma por Jenn. Se había evadido de Storybrooke y tenía que reconocer que se había entusiasmado más de lo que era apropiado para tratarse de dos amigas. Sacudió la cabeza.

-Qué tontería, Lana, dejarte engañar por una historia bonita.

Quizás la culpa la tuviera Jenn. La pausa de Emma le recordaba al abandono de Jennifer en el pasado, al día que decidió que ya no quería tenerla cerca. Quizás por eso se había identificado tanto con la situación. Para despejarse un poco se levantó de la cama y observó la noche de Bélgica. Era demasiado tarde y debería dormir, pero aquella historia le tenía comida la cabeza y se veía incapaz sin terminarla. Llamó al servicio de habitación y pidió café.

Jennifer estaba tratando de no sentirse tan agitada con la forma en que Emma y Regina comenzaban a hablar abiertamente como si pretendieran tener una relación. Al menos Emma, quién estaba claro que babeaba públicamente por la alcaldesa. Normal, pensó. Regina era tan bella y atrayente. Tan sexy. Se mordió el labio cuando su deseo se verbalizó de forma de pensamiento. "Quisiera ser por un segundo Emma Swan". Sonrió haciéndose casi daño con los dientes. Cuando el primer beso llegó por fin se encontró a si misma proyectando algo inesperado en su cabeza. ¿Qué habría pasado si esto hubiera estado en los guiones de OAUT? Este o cualquier otro beso entre ellas dos.

Se imaginó muriendo de nervios cuando el día llegará. No como cuando debía interpretar besos con Colín o con Michael antes. Ella dominaba lo de besar en cámara a un hombre. Antes de ellos hubo otros. Josh Radnor, Jesse Spencer. Bueno, sin contar con que el último fue su pareja. Podía ser incomodo, pero era algo que debían hacer por su profesión.

Pero al imaginarse teniendo que ponerse a las órdenes de un director con Lana Parrilla como su pareja de ficción se sentía bullir de sentimientos encontrados. Se las imaginaba conversando unos minutos antes de la escena, quizás rozándose los dedos sutilmente para sentirse más cercanas, para ponerse en personaje. Se imaginaba a Lana acomodándole el cabello o el cuello de la chaqueta y sonriéndole picara, pero tiernamente.

El director se acerca a las dos, pregunta si están preparadas y da las indicaciones necesarias. Ambas se preparan para la escena y ella traga saliva respirando con profundidad para que la voz no le falle. Hace lo que debe hacer aunque todo pase en cámara muy, pero muy lenta y cuando por fin el roce ocurre todo se detiene a su alrededor. En su mente, los labios de Regina besan a Emma y los de Lana la besan a ella. No sabe qué hacer, excepto besar, besar, besar. No hay nada más que esos labios. No escucha el corte y de repente se encuentra en su sofá soltando todo el aire que contuvo cuando se dejó llevar por su imaginación.

¿Qué ha sido eso? Jenn se removió de su lugar diligentemente, mirando a Ava que la miraba a ella tratando de entender ese movimiento repentino. Es culpa del fic, se repitió. Lo más gracioso es que no se sentía mal, sólo abrumada por todas esas vibraciones que la atacaron.

Lana bebió café como si fuera agua. El hotel tenía un servicio fenomenal dispuesto para ella a todas horas. Ok, hoy no dormirá. Lo tiene claro, nada que un poco de maquillaje no arreglé. Al cabo de una hora está literalmente bufando. Las conversaciones que habían tenido Regina y Emma sobre fantasías por teléfono la han hecho sonrojarse. Puede que otras cosas, es el comienzo de la primavera y un fin de semana algo ventoso, pero ya no hace frío dónde está. Lo que menos hace es frío. Cuando los personajes se enemistan momentáneamente vuelve a sufrir, pero de repente todo cambia y ella consigue lo que quiere, verlas por fin juntas.

El capítulo sin ser explicito dice lo suficiente, no disgusta para nada. Es cuidadoso con el detalle. Un beso por una verdad, una proposición sencilla que las llevó a la alcaldesa y a la sheriff hasta la cama. Hasta el placer. Pero Lana encontró la cúspide con el primer te quiero. Lo encontró con lágrimas de emoción. ¿Por qué? ¿Por qué no habían dejado que alguien amará así a su Regina?

Esto de leer historias alternativas es una droga, una vez que comienzas a leer no lo puedes dejar. Siente tanto cansancio que dormir no sería suficiente. Tiene que ver cómo termina, espera que terminen bien. Que tengan el final que Regina no tuvo explícitamente. El teléfono sonó justo cuando Jenn estaba llegando a ese final que tanto deseaba. Una vez que Emma y Regina consiguieron hacer el amor todo le pareció tan perfecto que no conseguía destronar la sonrisa de su rostro. Esta nerviosa y, al mismo tiempo, encantada. Como si fuera ella la que está a punto de formar una familia con la mujer que ama. ¿Todas las lectoras y lectores se sentirán así al leer un fanfic? ¿Es eso lo que tanto les gusta?

Desde luego, ella lo tiene claro. No hay nada mejor que Swan Queen y ella quiere leer como Emma hace feliz a Regina, y viceversa, todas las veces que pueda. De la forma que quiera y en las posiciones que quiera. Pestañea al darse cuanto lo mucho que le fascina esa parte de la cuestión. Pensar en Emma y Regina de esa manera. A ver cómo se lo va a explicar a Lana cuando se vean. Seguro le sacará el tema.

Celebra abiertamente cuando, por fin, Emma se propone a Regina y ella acepta. Cuando organizan su boda, cuando ya están allí para casarse. Y ¡BAM! Storybrooke y la magia. Han roto la maldición. Se había olvidado completamente de eso. Tan absorbida estaba con el romance que no recordó que se trataba de la salvadora y la reina malvada. Para males el final se queda abierto.

-¡VENGA! ¡NO ME JODAS! – por suerte hay continuación y suspira. Casi que creyó que le daría un ataque.

En Bélgica, Lana también estuvo a punto de tener un ataque emocional con ese final estrepitoso, pero encontró en el mismo perfil la continuación y suspiró aliviada. Las 8 de la mañana la encontraron suspirando de cansancio, pero con un montón de nuevas memorias creadas por una desconocida para Emma y Regina. No se iba a quejar de su suerte aunque bostezará todo el resto del día.

Jenn terminó por caer dormida en las últimas líneas de la continuación. El sofá fue su hábitat esta noche tranquila. Soñaba con barreras de energía mágica y besos que llegan cuando menos te lo espera. Y con los labios de Lana Parrilla o de Regina. En un sueño daban igual, no había control y siempre podría culpar al fanfic. Su ordenador se apagó cuando la batería encontró su final, con un ruidoso pitido. El cursor se movió por horas justo sobre lo último que había leído Jenn.

"Emma era una trotamundos, eso estaba claro, pero besar a Regina, sentirse envuelta en sus brazos, hizo a la rubia darse cuenta de que no importaba adónde fuera, allí mismo siempre tendría su hogar."

Ghent, Bélgica. Unas horas después.

Lana miró alrededor y vio a toda aquella gente caminando de un lado a otro. Si quisiera podría acercarse y conversar con los famosos que estaban, al igual que ella, esperando para firmar autógrafos y hacerse fotos, pero su móvil le quemaba en las manos. Quería leer el otro fic, ver de qué iba aunque sea. Le parecía más divertido que mezclarse entre publicistas y actores. Le habían tomado una foto con su café por la mañana frente al río Lys. Era parte de la publicidad de la convención y, además, así mantenía contento a los fans. Ella ocultó lo mejor que pudo sus ojos cansados y, bueno, que no era el mejor momento de su vida. Quizás por eso leer esas historias le parecía un paraíso, le ayudaban a evadirse de su caos emocional. Como siempre, Jenn hacía mella en ella aún sin saberlo.

-La princesa y la prisionera – susurró más para sí misma que para nadie.

Alrededor el mundo siguió girando como siempre. Ella se volvió a sentir atrapada al cabo de unas pocas líneas. Vaya cambio más excepcional que le habían dado a la serie en esta historia. Una Regina que no había podido lanzar una maldición, una Emma que desde pequeñita se obsesiona con ella. Unos encuentros clandestinos en una mazmorra, la ignorancia de la niña sobre la identidad de la prisionera. Lana palideció cuando Emma utilizó la palabra 'amante' para definir su relación onírica con Regina y se sintió igual de aliviada que su personaje al saber que la pequeña princesa desconocía el sentido habitual de la palabra. Cuando dijo amante se refería a amada, prometida. Lana sonrió cuando Emma le dijo a Regina que encontraría una princesa para ser su novia ideal. Esta Emma no era nada como la Emma de Storybrooke, pero le agradaba muchísimo también.

Enamorarse de esa Emma le fue tan sencillo como a Regina y, bajo la promesa de un amor como ese, ella también se dejaría arrasar por cualquier maldición. El salto en el tiempo le dio el espacio moral para no sentirse extraña por adorar a una niña como pasaba en el fic. Todo su cuerpo tembló cuando una joven princesa le pidió a Regina que le hiciera el amor. Cerró los ojos y pudo oír la voz de Jenn en una sintonía familiar. Tendría que buscar una manera de disimular todas las sensaciones que le provocó el momento en que la "reina malvada" tomaba la última barrera que separaba a la princesa de la vida adulta. La forma adorable en que se entregaron la una a la otra volvió a provocarle calor y cosquillas. ¿Qué pensaría Jenn cuando lo leyera? ¿Se sentiría como ella? Invadida por esa inquietud extraña, por esa emoción que parecía ser tan personal.

Si alguna consiguió sentirse un mínimo identificada o emocionada con su imaginación... yo ya FELIZ!