Ningún personaje me pertenece, son propiedad de Lucasfilm.


Los impacientes besos de Ben se abrían paso entre los labios de Rey.

Con fuerza aferraba el cuerpo de la chica, quien intentaba, desesperadamente, fundirse completamente en él.

Las respiraciones agitadas encendían el ambiente y lazaban sus sentidos al máximo.

No había mucho que reflexionar, nada en que pensar.

Las manos de Ben estudiaban la espalda, los brazos, los hombros. Cada parte disponible a su alcance.

Rey aferraba sus manos al rededor de la ropa del chico. Acercándolo cada vez más. Evitando que se alejara.

Con torpes pasos chocaron directo en la pared, justo al costado de la puerta del baño.

Un rápido vistazo le bastó a Ben para tomar a la chica por las piernas y sentarla en el pequeño mueble de madera donde Rey coloca sus cepillos y el poco maquillaje que Leia le permitía conservar.

Ella era rápida, se amoldaba perfecto a cada cambio, a cada ajuste. Su aferraba y soltaba de Ben en lo momentos indicados.

Las manos frías del chico llegaron hasta el dobladillo de la larga camiseta de Rey. El beso no disminuía su intensidad, pero las curiosas manos del chico eran más tímidas mientras se deslizaban por el abdomen de ella. Las yemas de sus dedos recorriendo el cuerpo de Rey, producían un efecto en cadena; las frías manos de Ben encendían su vientre, ansiando cada vez más.

—Rey...— El lejano sonido de la voz de su madre regresó a ambos chicos a la tierra.

El sonido de la perilla intentando ser abierta provocó que Rey se paralizara y colocara sus manos en los labios del chico.

—¿Qué?...— Preguntó agitada. Terminó por suspirar con calma cuando notó que la puerta aún conservaba el seguro de la noche anterior cuando escapó con Ben. —Me estoy cambiando, mamá...— Agregó apresurada al notar que su madre no desistía en abrir.

—Ya está el desayuno...— Habló del otro lado de la puerta.

—Ya bajo...— Rey intentaba controlar el sonido acelerado de su voz. Sus ojos se movieron directo a la sorprendida mirada de Ben. —...sólo estoy esperando que Ben desocupe el baño.— Agregó, dándole una cuartada al chico en caso de que su madre decidiera ir a buscarlo.

—¿Puedes decirle que baje también?

—Si mamá...

La mirada de ambos chicos estaba conectada, se observaban y luego movían sus ojos a la puerta. Prestando atención al sonido en las pisadas de las escaleras cada vez más ausentes. Hasta que mermaron por completo.

Ninguno se atrevía a hablar. Las manos de Ben continuaban sujetando a Rey y ella, aún sentada, conservaba su propia mano en los labios del chico.

El ritmo de sus corazones estaba aún acelerado, una combinación entre la emoción desbordante del momento y el miedo de ser atrapados.

Sus pensamientos estaban casi conectados, incapaces de hablar por el creciente temor de que todo acabe una vez que pongan los pies en la tierra.

Rey suspiró ligeramente mientra Ben comenzaba a relajar sus manos al costado de la chica, negándose aún a soltarla del todo. Esa fue la única pista que tenía Rey para sospechar que Ben deseaba, tan poco como ella, que esto terminara.

—Tenemos al menos cinco minutos más...— Murmuró ella, Dando su último disparo. La confirmación no textual de su deseo por no detenerse.

Los ojos de Ben brillaron con un deseo que ella jamás había visto antes en él.

Ben parecía entender a la perfección las palabras entre líneas de la chica. Pero esta vez fue menos intenso cuando tomó la quijada de Rey y de nuevo se fundía en ella en cálido beso. Que, aún en su delicadeza, era capaz de encender cada terminación nerviosa en el ambos cuerpos.

—Será mejor que bajes tu primero...— Dijo ella cuando Ben se alejó lentamente de su rostro.

—Hablemos después del desayuno.— Sugirió Ben con entusiasmo.

Rey no pudo contestar, no pudo dar una respuesta concreta, aún estaba aturdida así que sólo pudo asentir con su cabeza.

La puerta del baño se cerró detrás del chico y al mismo tiempo Rey dejó salir todo el aire que había estado conteniendo.

No podía bajar del mueble aún, sus piernas estaban estúpidamente débiles, sentía que podría caer si les daba el suficiente peso. Sus manos, por otro lado, se sentían fuertes, imponentes, con la yema de sus dedos remarcaba los trazos del mapa que Ben había dibujado en ella. Su cuerpo aún zumbaba cuando cerraba sus ojos e imaginaba que él continuaba ahí con ella.

Bajó lentamente cada escalón de la casa hasta la cocina, deteniéndose a meditar cada paso que realizaba. Su mente estaba fundida en el futuro. Ben estará ahí cuando llegue. ¿Cómo puede evitar ser evidente ante lo que acababa de ocurrir entre ellos? Temía que su madre se diera cuenta. Y ¿Entonces que pasaría?.

Miles de escenarios se dibujaban en su cabeza y en cada uno de esos ellos terminaban separados.

Tomó un fuerte respiro antes de ingresar a la cocina, más relajada al notar que Ben apenas se inmutó con su presencia, ella también podría hacer eso.

Han y Leia revisaban detalles sobre la futura boda mientras los dos chicos masticaban lentamente cada bocado.

—Voy a buscar a tu hermano en una hora, Ben... ¿Me acompañas?

Los ojos de Ben se movieron rápidamente de Han hacia Rey para regresar de nuevo a su padre.

—No... no creo poder, tengo tarea.

—Sólo nos tomará unos cuarenta minutos.

Rey fingía que no lo hacía, pero mantenía su atención en Ben, quien nervioso intentaba evitar salir con su padre. Ella conocía bien la razón. Y hasta algún punto se sentía responsable de la negativa de Ben hacía su padre.

—No te preocupes, Ben...— Agregó ella de repente. Dirigiendo toda la atención en la chica. —Yo puedo comenzar el trabajo y cuando regreses haces las conclusiones.

—¿Es un trabajo en equipo?— Preguntó señalando a ambos chicos.

Tanto su madre como Han, sabían que Rey compartía salón con Ben. Por lo que no fue raro saber que ambos trabajarían juntos alguna vez.

Ambos chicos asintieron. Cómplices en el crimen perfecto.

—Está bien...— Reflexionó Han. —...tratándose de tarea.

Ben terminó su desayuno y tomó su plato para dejarlo en el fregadero. Rey imitó al chico apenas este llegó al umbral de la puerta.

—Ben...— Lo llamó Han antes de que subiera las escaleras. —...Regresando quiero hablar contigo.

Rey titubeo durante los segundos que permaneció en la cocina. Era acaso que Han se habría dado cuenta. Estaban perdidos, de seguro lo sabe, de alguna forma se dio cuanta, quizás notó cuando los dos salieron por la noche a escondidas. La película mental de Rey de nuevo estaba haciendo de las suyas, nerviosa ante la situación subió a tropezones hasta su cuarto, cerrando la puerta a sus espaldas y recargándose en ella.

Reflexionaba sobre la situación. Todo eso estaba mal, y lo sabía por la forma en que la hacía sentir. El nudo en su estómago no era una buena señal. Y de seguro Ben también lo estaba sintiendo.

El sonido de su celular, recibiendo un mensaje la hizo girar para observar su cama, el lugar donde dejó su teléfono.

El nombre de Ben fue lo primero que notó, antes incluso de ver el solitario mensaje "Te veo en el baño".

Rey suspiró cansada pensando que se les acababa el tiempo, esto no podía continuar. Era evidente.

La puerta se abrió lentamente y Rey asomó su rostro. Ben estaba recargado en su propia puerta con los ojos decaídos. Esta no era una buena señal, temió Rey. Se sentía casi como el día en Naboo cuando fue rechazada por Poe.

Rey no iba a ser la primera en hablar eso lo dejó en claro cuando cerró la puerta y se recargó, al igual que Ben, pero cruzando sus manos en su pecho.

—¿Qué vamos a hacer ahora?— Preguntó el chico buscando la mirada de Rey.

—No sé..— Respondió ella en voz baja.

La mirada de ambos estaba perdida, divagando entre los objetos que rodeaban el baño, aún temerosos de confrontarse.

Pero el miedo y la vergüenza eran fácilmente disipables. Ben había pasado noches enteras, en vela, pensando en Rey, deseando poder tener una oportunidad como esta en sus manos.

—Era verdad lo que te dije hace un momento...— Articuló el chico, intentando buscar las palabras adecuadas, la manera correcta. Para así evitar que ella decidiera alejarse. —Si me gustas, de verdad.

Pero aún con las palabras indicadas, Rey parecía no reaccionar. Ella estaba sumida en sus pensamientos fatalistas, si aceptaba que correspondía a sus sentimientos todo iba a complicarse más. Pero si lo negaba pasaría cada día sumida en la miseria de ver al chico de quien se enamoró y sabiendo que jamás podría estar con él. Ella lo quería todo y a la vez no quería nada. Pues le gustaba lo que sentía, le gustaba como Ben la hacía sentir. Y después del beso que compartieron en su habitación, aún si declinara los sentimientos de Ben, sabe que sucumbiría, tarde o temprano volvería a buscarlo.

—Dime algo, Rey. Por favor.— Ben sacó a la chica de sus pensamientos. Después de unos casi eternos minutos en silencio.

—Intento no... lastimarnos. Esto es complicado.— Rey estaba genuinamente preocupada. No quería romper el corazón de Ben.

—No será fácil. De ninguna forma.— El joven dio dos pasos en dirección a Rey, tratando de cerrar la brecha entre ellos. —Pero te mentiría si te dijera que no es lo que quiero.

Él sonaba tan sincero con sus afirmaciones. Y así como el miedo y las dudas la consumían cuando estaba sola, al lado de Ben estás desaparecían y no deseaba más que quedarse a su lado y no volver a temer nunca más.

—¿Que va a pasar si nuestros padres se enteran?— Rey preguntó preocupada.

—Hasta donde sé. No pueden leernos la mente.— Afirmó sonriendo. Entendiendo que comenzaba a traspasar la barrera en ella. Que lentamente comenzaba a aceptarlo.

—Nos van a descubrir, Ben...— Alegó negando con su cabeza.

—No, si sabemos ser cuidadosos.— Ben cerró la distancia entre ellos, tomando sus manos. —Será como irnos de pinta. Confía en mí.— Murmuró buscando su mirada.

—Lo hago.— Respondió en silencio.

Ben estiró ligeramente sus labios, dibujando la más dulce sonrisa que Rey jamás había visto. Sus ojos se derretían en dulzura. Recargó su frente en la frente de la chica, ella casi por instinto cerro los ojos perdiéndose en la sensación de estar juntos.

—Ok... entonces, esto está sucediendo, de verdad está sucediendo.— Afirmó Ben haciendo que Rey abriera de nuevo sus ojos.

—Supongo que si...— Respondió comprendiendo lo que estaba pasando ahora entre ellos.

Y, por tercera vez en el día, los labios de Ben buscaron de inmediato a Rey. Perdiéndose de nuevo en la sensación que les brindaba estar juntos. Pero los nervios en ella aún eran palpables. Con el menor sonido la chica se sobresaltó y se separó, temiendo haber sido atrapada por su madre.

—Creo que no podremos besarnos en otro lugar de la casa.— Concluyó Ben aún sujetando las manos de Rey. —Mi habitación está fuera de alcance, considerando a Kylo. Y tú no puedes pasar tu vida con el seguro puesto.

—El baño no es precisamente el lugar más romántico del mundo.

—Pero es el único que compartimos los dos.

—Entonces el baño es como... una zona neutra o algo así.

—Si...— Respondió Ben con una sonrisa. —...eso debe ser.

Rey negó, pero ahora un sonrisa se dibujaba en sus labios. Mientras daba media vuelta y se dirigía a su habitación.

—Vamos...— Lo llamó desde la puerta. —...Tenemos una tarea ficticia que comenzar.