Aclaración:

Los personajes de Naruto son propiedad de Masashi Kishimoto, yo solo los tomo prestados para la adaptación.

La historia es una adaptación, al final estará el nombre original y autor


«Epílogo»


Hinata reía cuando ambos se tumbaron en la cama. Los perros alzaron la vista brevemente para ver qué pasaba y después volvieron a tenderse en su lugar favorito delante de la chimenea. Los besos y el amor no eran ninguna novedad para los dos animales parecidos a zorros que solían estar presentes para atestiguarlo. En cierta ocasión Kurama soltó un aullido, quizá creía que Hinata le hacía daño a su amo al oír el gemido de Naruto, pero Kitsune le pegó un mordisco y Kurama jamás volvió a aullar.

En el resto de la casa reinaba el silencio, aunque a lo lejos ambos oían las risitas de Anna jugando con su madre. Cada vez que Hinata miraba o sostenía a la niña en brazos se emocionaba casi hasta las lágrimas. La pequeña era dichosa y querida por todo el mundo, tal como debía ser criada una niña.

Hacía dos meses que Ino y Kushina los habían acompañado a Konoha Park, después de la boda, y Mikoto también los había visitado en tres ocasiones. Hinata no quiso emprender un viaje de bodas, pero acompañó a Naruto a visitar a aquellos que él quiso visitar. Incluso fue previsora y se llevó un ungüento por si Naruto se lastimaba los nudillos, cosa que acabó por ocurrir. La única cuya expresión se entristecía al oír el nombre de Kiba era Ino: desheredado, humillado y al parecer sin amigos a quienes recurrir, había abandonado el país y nadie conocía su paradero. Nunca llegó a conocer a su hija, y quizá ya nunca lo haría. «Es lo mejor», fue el consenso general: el hombre no se merecía la preciosa hija a la que le había dado la espalda, pero a Ino no le faltaban pretendientes, Sai la había empezado a cortejar, Hinata pensaba que era cuestión de tiempo para que esa relación se afianzara.

Mikoto a veces le traía noticias de su primo, supo que por órdenes de su padre, había empezado a cortejar a la hija de la duquesa Haruno. Hinata era tan dichosa que dejo de sentir rencor por su primo, tal vez si se llegaran a ver de nuevo, podría escuchar las disculpas que aquel día no fue capaz de escuchar.

Esa noche Hinata tenía nuevas noticias para Naruto, pero la mirada feroz de sus ojos azules era tan apasionada y en ese preciso instante la contemplaban de ese modo, que no pudo pensar en otra cosa. Para ella hacer el amor con ese hombre era el punto culminante de cada día y dormir acurrucada a su lado era el segundo. Lo amaba tanto que a veces todavía lloraba de felicidad.

En ese momento le rodeó el cuello con los brazos y le besó los labios. Ambos ya estaban desnudos, dormían desnudos todas las noches y ella confió en que siguieran haciéndolo cuando llegara el invierno, aunque le parecía inimaginable sentir frío presionada contra el cuerpo de su marido.

Él se tomó su tiempo. No siempre lo hacía porque a veces la pasión se adueñaba de ellos, pero cuando él se tomaba su tiempo la trataba como a una escultura que estaba creando, moldeándola con un toque de extraordinaria suavidad que solía volverla loca.

A lo mejor lo hacía por eso, para oír sus gemidos, sus gritos y sus exigencias. En esos días lo de exigir se le daba bastante bien: quería sentirlo profundamente dentro de ella. O quizá porque la próxima vez sería ella quien se tomara la revancha y lo volvería loco con sus manos. Ambos lo sabían y ninguno de los dos jamás sufría una decepción. Pero

esa noche, riendo, lo apartó y se sentó a horcajadas sobre él para controlar el ritmo.

Quizá no siempre hacía lo que él esperaba...

Unos momentos después, sin aliento y absolutamente satisfecha, acurrucada contra él en su lugar predilecto, recordó lo que tenía que decirle.

—Vamos a tener un bebé, dicho sea de paso.

—Por supuesto que sí —dijo él y la abrazó—. Muchos bebés, si tú quieres. ¿No te lo prometí en cierta ocasión?

—No, quiero decir que ya estamos teniendo uno. Aquella noche en el campamento de los salteadores de caminos...

Él rio.

—Ustedes las vírgenes siempre tienen mala suerte... o mucha suerte, en este caso.

—Estoy de acuerdo, aunque no espero con impaciencia los próximos meses de embarazo.

—Estoy convencido de que la bruja de tu doncella tendrá algo que lo alivie.

Ella se incorporó y le sonrió.

—No me prometió nada, pero confío en que sí.

—¿Por qué no me lo dijiste antes?

Ella rio al recordar que Kurenai la había arrinconado con la misma pregunta. Kurenai quería saber por qué no se jactaba de ello cuando hacía un mes que lo sabía, así que, sorprendida, Hinata había contestado:

—Entonces ¿por qué no me lo dijiste tú antes?

La doncella resopló.

—Pero si ahora nunca puedo encontrarme contigo sin que él esté a tu lado. Hinata había soltado una carcajada.

—Eso es verdad.

—Y supuse que lo anunciarías el mes pasado. ¿De verdad no lo sabías?

Hinata le contestó a Naruto lo mismo que le había contestado a Kurenai ese día:

—Estaba demasiado dichosa como para notarlo.

Rebel también estaba preñada, y cuando se lo dijeron a Hinata se regocijó; Kitsune despareció durante varios días, Se había ido para encontrar su pareja en los brezales, durante unas semanas. Lo buscaron

por todas partes y Kurama no dejaba de aullar y gemir por su ausencia; entonces regresó a casa, desaliñado, un poco flaco y un poco dolorido. Pero en ese preciso instante, mientras los dos animales estaban tendidos en el suelo, oyeron un aullido allá fuera, en los brezales.

Hinata se incorporó al mismo tiempo que ambos perros.

—Realmente, espero que Kitsune no haya traído a toda su manada.

Naruto rio y volvió a abrazar a su esposa.

—Eso sí que sería un problema. A lo mejor solo es su compañera que se despide...hasta la próxima vez. Se rumorea que se aparean de por vida, ¿sabes? Y en ese sentido puede que yo también tenga un poco de sangre de zorro en las venas.

«Final»


Detalles

Ámame es una adaptación a los personajes de Naruto, de la novela llamada Hazme amarte, la autora es Johanna Lindsay. Gracias por los comentarios. Nos leemos saluditos :3