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-Para mí solo es una casa vieja- se quejó el mago mientras veía con aburrimiento la fachada.

-Debo admitir que estoy un poco decepcionada- lo apoyó la bruja.

-No esperaban que estuviese en verdad encantada ¿O sí? - se burló el detective.

Después de unos minutos de silencio en donde todos analizaban la estructura con diferentes ojos, la castaña suspiró suavemente rompiendo la paz- Eso no lo sabremos hasta entrar – susurró pensativamente sin dejar de observar la puerta.

-Solo perderíamos nuestro tiempo, Nakamori – le reclamó Akako- Tu mejor que nadie debería saberlo- le reclamó con la boca fruncida.

Aoko la observó con una ceja alzada medianamente divertida por su actitud- ¿Ella no siente que nos observan? – analizó la postura de su compañera con curiosidad tratando de inferir que era lo que realmente pasaba por su cabeza– ¿Te asusta el polvo Akako-chan? – se medio burló haciendo sonrojar a la bruja- Te recuerdo que tu querías venir en primer lugar – trató de provocarla, pero antes de que la joven se defendiera, Aoko volvió su mirada hacia la casa con ojos curiosos- Además, algo me dice que no nos decepcionaremos- sonrió enigmáticamente mientras se acercaba a la puerta.

Akako, dirigió sus ojos rápidamente a las ventanas, tratando de encontrar alguna pista que le ayudara a entender que quería decir la castaña - ¿Ella ve algo que yo no? – se cuestionó con preocupación.

-¿Qué quieres decir con eso? Aoko-chan – la interrogó el joven inglés adelantándose al mago.

-Solo digo que es imposible verificar si los rumores son ciertos desde afuera- le sonrió con gentileza.

- Bien, en ese caso- el mago se paró junto a Aoko con determinación – Entremos, demos una vuelta y después vayamos por algo de comer – La joven miró con sospecha el repentino entusiasmo de Kaito.

- La puerta está cerrada – comentó sin dejar de analizar la sonrisa divertida que se formaba en los labios del mago.

-Eso no es problema- con unos rápidos movimientos de manos hizo aparecer serpentinas al mismo tiempo que la puerta se abría de par en par. Akako y Saguru sonrieron divertidos por el pequeño espectáculo, mientras que Aoko solo se limitó a poner los ojos en blanco.

-Impresionante Kuroba- lo alabó la pelirroja con una sonrisa seductora que solo consiguió alterar aún más los nervios de Aoko.

-Estoy de acuerdo- le palmeó el hombro el detective- Tus habilidades son comparables a las de Kaitou Kid- satirizó al pasar junto a él.

- Hakuba, no te burles de mí – se carcajeó- yo soy mil veces mejor mago que Kid – alzó el pecho con altanería.

-De eso no hay dudas- lo apoyó nuevamente Akako analizándolo de pies a cabeza sin pudor.

-La voy a matar- Aoko se mordió la lengua para evitar decir un improperio. Evidentemente molesta con la situación, giró su cabeza para evitar seguir viendo la escena y lograr calmar sus alteradas emociones. – Necesito un poco de espacio- reconoció frustrada- Creo que deberíamos separarnos- todos la miraron de inmediato, extrañados por su sugerencia- Este lugar es más grande los que se ve por fuera, si nos separamos, lo recorreremos más rápido- fingió una suave sonrisa que solo el mago pudo reconocer como falsa.

Kaito quiso de inmediato ofrecerse para ir con Aoko, pero su orgullo fue más poderoso que su preocupación, y lo obligó a mantener un tortuoso silencio.

- ¡Excelente idea! Yo voy con Kuroba- se adelantó la bruja tomándolo por el brazo. La castaña miró con frustración a su amigo de la infancia, esperando que de alguna manera se opusiera, pero para sorpresa de todos, el joven solo se limitó a asentir desinteresadamente.

- No me vas a decir que te da miedo ir sola ¿Verdad? – escupió en un tono más alto de lo normal dejándolos perplejos.

-Nakamori- siseó divertida su rival- Hay solo tres pisos. Inevitablemente tendría que existir una pareja- Arrastró la última palabra con deleite.

-Como quieras- refunfuñó antes de comenzar a subir los escalones con apremio- Iré al último piso – gruñó sin molestarse en preguntar a cuáles irían los demás.

- No sé qué fue lo que hiciste ahora, pero de una u otra forma, soluciónalo – Hakuba miró al mago con un evidente tono de advertencia.


Centró todas sus energías en el alcanzar el último nivel de la residencia que le permitiría tomar distancia de sus compañeros de viaje. Sin preocuparse de su alrededor se dirigió a cualquier cuarto que le permitiese aislarse del sonido externo y llorar sin ser molestada. Con los ojos nublados en lágrimas, apoyó su espalda contra la puerta y se deslizó hasta quedar sentada en el sucio suelo.

-¿Por qué me siento tan triste? – se preguntó escondiendo su cabeza entre sus rodillas – Solo es una tonta pelea…mañana estaremos como siempre- trató de animarse a sí misma, pero sus recuerdos la traicionaron – Si es tan simple ¿Por qué se fue con Akako? – trató de ahogar un llanto contra su mano, pero fracasó penosamente- ella es más bonita que yo y seguramente no tiene tantas complicaciones- comenzó mentalmente a enumerar todas las ventajas de la bruja sobre las de ella, hundiéndose cada vez más en su miseria.

- Oneesan ¿Por qué lloras? – Una voz infantil la llamó con suavidad. Aoko al alzar la mirada, se encontró con unos enormes ojos verdes mirándola con preocupación.

Un poco avergonzada, se limpió con la manga de su chaqueta las marcas que dejaron las lágrimas en su rostro y trato de sonreír, pero lamentablemente inicialmente no tuvo éxito – Por nada- respondió con voz estrangulada.

Los ojos del pequeño se abrieron brillando de alegría- ¿Tu puedes verme Oneesan? – dio un pequeño salto que enterneció el corazón de la castaña. Un poco más enfocada, se dedicó a analizar al infante frente a ella. Era muy pequeño, de tes morena, cabellos oscuros y llevaba un kimono tan verde como sus ojos.

-Así es, puedo verte – le sonrió maternalmente – Me llamo Aoko ¿Cuál es tu nombre? – el pequeño se sentó frente a ella con la torpeza propia de la edad y sonrió.

- Me llamo Tai y tengo cuatro años – Alzó con orgullo su mano mostrando cuatro dedos.

-Mucho gusto Tai- kun – sonrió encantada – ¿Te puedo hacer una pregunta? – el pequeño asintió- ¿Tú eras quien nos observaba desde la ventana hace un rato?

-No era yo, oneesan – ladeó su cabeza – seguramente fue alguno de mis hermanos- la castaña abrió sus ojos por la sorpresa.

- ¿No estas solo? – preguntó notoriamente curiosa mientras buscaba por la estancia más niños como él.

- Vivo con todas mis hermanas y hermanos- cantó con entusiasmo levantando los brazos.

-Eso suena muy divertido- logró sonreír contagiada con su felicidad- Yo siempre quise un hermano, pero lamentablemente soy hija única – confesó.

-Yo tampoco tuve hermanos hasta que llegué a este lugar – admitió risueño- pero desde que llegué he sido muy feliz- aplaudió.

-¿Y cuándo llegaste exactamente? – lo miró con atención tratando de adivinar.

- Cuando mi mami murió, me trajeron a esta casa- recordó con cierta tristeza- Aquí había muchos niños de mi edad que tampoco tenían mamá o papá.

- ¿Este lugar fue un orfanato? – miró a su alrededor incrédula.

- Cuando llegué aquí, estaba muy enfermo, me dolía mucho mi pancita y no podía jugar con mis amigos – Aoko ladeó su cabeza con un aire de pesar- un día me dejó de doler…y al despertar conocí a mis hermanos- volvió a sonreír con inocencia- Ellos llegaron mucho antes que yo- la joven asintió al entender.

- Veo que quieres mucho a tu familia – le revolvió el cabello con cariño haciendo reír al pequeño.

-¡Aoko!- la voz de Kaito la llamó a la distancia. La joven suspiró pesadamente al escuchar cómo se acercaba, aún no estaba lista para verlo, pero era inevitable. Con resignación, se levantó y se sacudió el polvo.

-¿Quién es él, Aoko-oneesan? – el pequeño copió cada uno de sus gestos, haciéndola reír.

- Él es… un amigo- dudó por un segundo- es un mago, pero no puede verte como lo hago yo- le aclaró segundos antes que Kaito abriese la puerta con preocupación.

-¡Aquí estas!- la regañó - ¿Por qué no contestabas? – gruñó haciendo que todo el mal humor de la chica retornase con más fuerza.

- ¡¿Qué estás haciendo aquí?!- ladró cruzándose de brazos- Pensé que estarías con Akako – el joven frunció las cejas molesto.

-Akako desapareció- las facciones de la chica se suavizaron por la preocupación- con Hakuba la estamos buscando, pero no la encontramos por ninguna parte- reconoció con frustración.

Aunque entendía que la situación lo ameritaba, ver la preocupación del mago por la bruja, provocó un pinchazo de celos en su corazón.

-Aoko-oneesan, tal vez tu amiga está jugando con mis hermanos- la voz de Tai-kun la llamó desde el suelo. Aunque sus ojos se enfocaron en el infante, fue incapaz de responderle por vergüenza a que Kaito la tratara de loca y tuviese otro motivo para molestarla.

-Entiendo- susurró- Les ayudaré a buscarla- enfocó su mirada en su compañero al terminar de hablar, pero cuando sus ojos chocaron, no pudo evitar volver a bajar la mirada. Trató de rodear al hombre frente a ella, pero las hábiles manos del mago la atraparon primero.

- Aoko- la llamó con voz ronca, pero la joven se negó a alzar la mirada- Mírame – le exigió envolviendo sus manos en su rostro con ternura. Con lentitud, la castaña elevó su rostro, pero no pudo abrir sus ojos- ¿Yo hice esto? – preguntó mientras besaba sus parpados enrojecidos por el pasado llanto.

- Kaito…- de pronto los labios del mago besaron los suyos con premura, robándole el aire de sus pulmones.

- Perdóname- susurró contra sus labios antes de besarla nuevamente. Aoko sin entender del todo a que se refería, solo se dejó llevar por su adolorido corazón que buscaba consuelo y rodeo el cuello del mago con sus brazos, dándole la bienvenida a todas las caricias y besos ansiosos.

Finalmente, separaron sus bocas en busca de aire, pero no dejaron de abrazarse.

-¿El es tu novio, Aoko-oneesan? – Tai la llamó sonrojado desde la puerta. Aoko observó el rostro del pequeño divertida.

-¿Qué es tan gracioso? – Kaito siguió los ojos de la joven, pero solo se encontró con una simple puerta.

-Debemos encontrar a Akako-chan - recordó soltando su agarre del mago- Vamos- lo instó a seguirla.


Después de dos intentos fallidos, la joven logró evadir a su sobreprotector novio y seguir al pequeño fantasma a un enorme cuarto en el segundo piso.

-Ven, Aoko-oneesan- la llamó feliz- ¿Ves esa cortina? – la joven asintió- detrás de ella hay una puerta, ahí debe estar tu amiga.

Con cuidado y un poco insegura por no saber lo que la esperaba, abrió la pesada puerta con suavidad y solo se limitó a asomar su cabeza. Lo que sus ojos observaron la dejaron pasmada. Alrededor de la bruja había un grupo de niños de todas las edades y épocas observándola con expectación infantil.

Tímidamente, se aproximó al grupo y aclaró su garganta para anunciarse- Hola a todos- sonrió suavemente.

-¡Nakamori! – sonrió aliviada la pelirroja- Sabía que podrías encontrarme- Aoko la observó sin entender del todo sus palabras, hasta que sus ojos se enfocaron en su tobillo hinchado.

-¿Qué ha pasado?- la interrogó preocupada arrodillándose junto a ella.

- Cuando recorría el pasillo, vi a uno de los niños- narró con una mueca de dolor- lo seguí a este cuarto, pero al entrar, uno de los estantes cayó al suelo, del susto tropecé, me golpeé la cabeza y quedé inconsciente. Al despertar estaba aquí con el tobillo torcido y rodeada por los niños – sonrió con suavidad al mirar sus rostros.

- Eso fue nuestra culpa, oneesan- confesó una de las niñas- Le estábamos jugando una broma a Koizumi-oneesan y ella se lastimó- la miró con ojitos llenos de culpa- No queríamos que esto pasara- se disculpó nuevamente.

-Estoy segura que solo fue un accidente- trató de consolarla la castaña – No te preocupes, la sanaré en un momento- tanto los niños como Akako la observaron curiosos.

-¿Puedes hacer eso? – la bruja preguntó esperanzada.

- Por supuesto- le sonrió con camarería- no te preocupes- tomó su pierna lastimada y la bañó con el agua de su botella. Con tanta delicadeza como pudo, envolvió con sus manos el tobillo herido y dejó fluir la magia.

Akako impresionada con esa extraña habilidad solo se dedicó a observar- Extraordinario- la alabó al notar como su cuerpo se revitalizaba – Ya no me duele – sonrió feliz. Todos los niños saltaron de felicidad al ver que la mujer ya estaba sanada.

-Me alegro – confesó con sinceridad.

- ¿Cómo me encontraste? – la interrogó.

-Kaito me dijo que estabas perdida y Tai-kun me dijo que podrías estar aquí- frunció los hombros despreocupadamente.

-¿Quién es Kaito?- una de las niñas preguntó- ¿Él también puede vernos?- cuestionó esperanzada- Podríamos jugar todos juntos.

Antes que alguna de las chicas hablara, Tai se adelantó con alegría y contestó – Es el novio de Aoko-oneesan- Tanto la bruja como los niños observaron divertidos como el rostro de la chica se sonrojaba.

-Él es solo mi amigo, Tai-kun- se arrodillo para quedar a su nivel.

-Pero ustedes se besaron ¿No hacen eso los novios? – buscó sus ojos completamente confundido, logrando que las tonalidades rojizas del rostro de Aoko se profundizaran.

-Yo…yo- tartamudeó nerviosamente sin saber que responder hasta que de pronto la risa de la bruja resonó por todo el cuarto. La ojiazul aún alterada, observó profundamente confundida como Akako se sujetaba el estómago risueñamente.

- Vaya, hasta que por fin se besaron – la pelirroja observó el desconcierto en los ojos azules de su compañera- Tranquila Nakamori, todos saben que Kuroba está loco por ti, no hace falta ser un adivino- sonrió divertida.

- Per Akako-chan- la llamó preocupada- A ti te gusta Kaito ¿No estas molesta? – los ojos de Aoko la miraron con sincera angustia.

- Siempre supe que era una batalla perdida – confesó dejando anonada a la castaña.

- Que irónico, yo pensaba lo mismo – admitió con una sonrisa- eres una de las mujeres más hermosas que he conocido, no pensé tener una oportunidad al compararme contigo- se sonrojó con suavidad.

- Gracias- susurró levemente apenada- de todas formas, no culpo a Kuroba por elegirte. Eres una chica muy inteligente y dulce. Estoy segura de que tu inocencia lo cautivó.

- ¡Tú también lo eres! – expuso Aoko con tanto entusiasmo que la bruja no pudo evitar sonreír ante la natural gentileza de la ojiazul.

-No creo que nadie me haya dicho que soy una persona "dulce" antes- la miró con ojos risueños- Y tampoco busco serlo- una sonrisa gatuna se formó en sus labios.

- Entonces ¿no estas molesta? – preguntó con timidez.

- Claro que no – hizo con sus manos un gesto desinteresado – entonces ¿Es verdad que son novios? – Aoko asintió mientras observaba el suelo sonrojada – Ya veo – aceptó seriamente.

-No iniciamos hace mucho- sonrió con cariño al recordar al mago.

- ¿Y por que estaban tan molestos hoy en la mañana? Es extraño que en un noviazgo que recién inicia haya una pelea- curioseó.

La castaña suspiró con pesadez meditando si era correcto o no mencionarlo- En resumen, Kaito quiere hacer público nuestra relación y yo no- frunció la boca molesta.

-¿Por qué? – de pronto las constantes preguntas de Akako la hicieron sentir incomoda.

- ¿Alguna vez le has contado a alguien de tus habilidades, Akako-chan? – apoyó su cuerpo contra una de las paredes mientras se dedicaba a observar a los niños jugar completamente ajenos a ellas.

- A nadie fuera de mi familia- aceptó ubicándose junto a ella.

- ¿Por qué? – Akako alzó una de sus cejas y sonrió

- Supongo que es porque no todo el mundo lo aceptaría. Podrían tratarme de loca, o peor aún, creerme.

-Exactamente – sonrió con cansancio- Actualmente aún no puedo controlar del todo mis habilidades y si algo llegase a salir mal, no quiero que asocien a Kaito conmigo – sus ojos se llenaron de angustia- no podría tolerar que lo lastimaran por mi culpa- bajo la mirada al suelo- Si los hombres de negro me encuentran, lo lastimaran para llegar a mí.

-Creo que es una razón estúpida- la contradijo sin tacto.

- Que lastimen a Kaito por mi irresponsabilidad no es algo estúpido- se defendió poniendo los brazos como jarras.

-Pero si lo es vivir con miedo. Si sigues así, no podrás disfrutar tu relación- debatió molesta- Además, tengo entendido que Kuroba esta acostumbrado al peligro – insinuó.

- ¿Akako-chan lo sabe? – se preguntó medianamente confundida - ¿Te refieres a su pasatiempo nocturno? – decidió arrojar el anzuelo para verificar sus sospechas.

-Exactamente – ambas se miraron satisfechas al comprender que no existían secretos entre ellas.

- ¿Y si te dijera que estar conmigo es más peligroso que vestir de blanco? – volvió a mirarla con ojos llenos de desasosiego.

-Creo que deberías confiar más en el hombre que elegiste – apoyó su mano en el hombro de su amiga para reconfortarla.

-Creo que te equivocas- le sonrió con amabilidad dejando levemente liada a la bruja- puedes llegar a ser alguien muy dulce cuando te lo propones- Akako al comprender, no pudo evitar volver a carcajearse.

-Que sea nuestro secreto- bromeó- Creo que es hora de despedirnos de nuestros nuevos amigos- la joven miró enternecida a los infantes.

-Oye Akako ¿Qué crees que estén haciendo todos estos niños en este lugar? – sus ojos se enfocaron en el pequeño Tai-kun que perseguía a sus hermanos.

-Creo que todo ellos en vida sufrieron mucho y que encontraron la paz al morir. Estoy segura que cuando estén listos pasaran al otro lado- expuso con seguridad.

Antes de volver con sus compañeros, las chicas se despidieron de sus nuevos amigos con cariño. Aoko observó con particular sorpresa la gentileza que demostraba la bruja a los pequeños, fue por ello, que no pudo evitar sonreír con admiración.


-Akako- chan, Aoko-chan- las reconoció aliviado el detective al verlas bajar las escaleras- Las estábamos buscando.

- ¡Aoko! – el mago llegó corriendo junto a la castaña - ¿Por qué desapareces así? – la regañó con suavidad. Al acercarse a ella, inconscientemente la mano del mago viajo hasta la mejilla de la castaña, pero al percatarse de su arrojo, la bajó rápidamente y desvió su mirada apenado.

- Lo siento mucho- sonrió avergonzada- me distraje- mintió retrocediendo un paso.

La bruja al ver la tensión entre los jóvenes no pudo evitar sonreír divertida- Me rompes el corazón Kuroba – siseó mientras se colgaba del brazo del chico- Solo te preocupas por Aoko-chan – hizo un puchero infantil mientras apoyaba su barbilla en el hombro del mago que la miraba desconcertado.

Por su parte, la castaña observo la escena boquiabierta – Solo hace unos minutos le confesé que era mi novio ¿Y aún así se arroja a sus brazos? - una extraña combinación de sentimientos entre traición y rabia comenzó a crecer en el pecho de la joven.

-¡Akako! – bramó- ¡Querrías quitarle tus manos de encima a mi novio!- la amenazó echando chispas por los ojos.

Tanto la bruja como el mago no pudieron evitar sonreír de oreja a oreja, aunque fuese por diferentes razones.

-Por supuesto- alzó las manos en señal de paz sin dejar de demostrar cuanta gracia le producía la situación, mientras que la castaña al darse cuenta de su imprudencia, llevo sus manos a su boca y abrió sus ojos horrorizada.

-Lo hiciste a propósito- la acusó Aoko inflando sus mejillas sonrojadas.

-Aoko-chan – la llamó amistosamente – Necesitabas un empujón- en respuesta, la joven suspiró resignada al comprender que ya no podría retractarse.

Antes que sus ojos encontrasen los del mago, unos fuertes brazos la rodearon haciéndola sentir reconfortada.

-¿Ya puedo decirle a todo el mundo que somos novios? - sus ojos brillaron de igual forma que lo hacen los de un niño al recibir su regalo de navidad - ¿Puedo verdad? Tu ya lo hiciste, eso significa que yo también puedo – insistió infantilmente haciendo que la castaña se carcajeara por su entusiasmo.

-Sí, puedes – el mago sonrió satisfecho antes de buscar a Hakuba con la mirada y demostrar con orgullo el hecho al estrechar con más fuerza a Aoko entre sus brazos. Por su parte el detective negó con la cabeza divertido, antes de aproximarse a Akako.

-Una apuesta es una apuesta- sonrió con galantería a la mujer – Aquí tienes- le extendió el dinero – ambos castaños miraron el intercambio sin comprender.

-Por qué mejor no guardas ese dinero y lo usas para invitarme a salir- sugirió la bruja con ojos astutos.

-Me parece un excelente idea- sonrió satisfecho el detective- ¿El sábado esta bien? – la joven asintió risueña.

-Alguien que me explique que esta pasando- el mago miro medio confundido, medio avergonzado a sus compañeros.

-Con Akako-chan apostamos cuando comenzarían su noviazgo – aclaró el joven inglés.

-Y obviamente yo gané- celebró orgullosa. Aoko al comprender, solo pudo concluir que se sentía aliviada al ver que la noticia no había herido a la bruja y que su interés en Kaito solo fue una actuación. Inevitablemente suspiró aliviada.

-¡Ey! Ustedes ¿No pudieron apostar otra cosa? – reclamó avergonzado el mago - ¿No les vas a decir nada, Aoko?- buscó su apoyo sonrojado.

-Mmm, por supuesto- sonrió encantada- Saguru-kun ¿A dónde llevarás a Akako-chan en su primera cita? – tanto el detective como la bruja se sonrojaron.

-No era eso a lo que me refería- dijo el mago.

Aoko lejos de ofenderse, prefirió ignorar los comentarios de su novio – Hay un nuevo restaurante en el centro, me han dicho que es muy popular entre las parejas- comentó con entusiasmo.

-¿Te refieres al Premier Amour? – le preguntó igualmente entusiasmada la bruja. En respuesta Aoko asintió- Me encantaría ir, pero dicen que es necesario hacer reservaciones.

- No te preocupes- Aoko sonrió – Yo me encargaré de eso- ofreció.

-¿Lo dices en serio? – Saguru la miró agradecido por su ayuda.

-No es nada- Kaito contagiado con la felicidad de su novia prefirió guardar sus bromas hasta después de la cita entre sus amigos.

-¿Que les parece si seguimos hablando camino a casa?

-Buena idea, lo único que quiero es llegar a dormir – la castaña bostezó demostrando su punto.