Yuuri se sentía un poco desplazado, además que el corazón se le oprimía, pero debía ser fuerte para su novio, dejar esas cosas de lado y apoyarlo en todo lo que necesitara aunque el rubio no quisiera refugiarse en él— todo estará bien, Yuri —le dijo acariciándole la espalda, se sentía como el tercero en una relación, pero no lo era así que se quedaría y se metería a la fuerza si era necesario. Con paciencia y constancia había logrado que su novio se diera con él, esto solo era una prueba más en su relación y la superarían juntos.
El doctor dijo que había tratamientos o podían optar por una cirugía la cual por la edad de Nikolai era el procedimiento más riesgoso, aunque la decisión recaía únicamente en el alfa mayor puesto que no tenía ninguna enfermedad mental que le impidiera tomar decisiones propias.
Esperaron bastante tiempo en un incomodo silencio, sentados los tres en fila con Yuri en medio de los dos azabaches. Otabek sabía que, el rubio en casos donde se ponía nervioso o inestable, tendía a ser agresivo; no siempre físicamente, pero si podía herir profundamente con palabras y no quería que pasara con Yuuri. Habían progresado tanto en su relación, incluso habían superado a un destinado, esto no podía echarlos para abajo.
Les avisaron que podía entrar una persona como visita y el rubio fue de inmediato, al ver a su abuelo con tantas cosas sobre él quería llorar, pero no podía, debía ser fuerte frente al hombre que lo crió.
—Yuratchka —su voz sonaba débil y eso solo aumentaba la sensación de inseguridad en Yuri— ven aquí, no estés triste.
El rubio mantuvo su mirada fría y su rostro serio, aunque sabía que su máscara no podía ocultar sus feromonas que al emanarlas, involuntariamente demostraban lo que él no quería decir— creen que tienes…
—Lo sé —le dijo de inmediato— el doctor ya habló conmigo, me dijo mis opciones y yo tomé una decisión —habló con voz calmada, ahora que lo notaba, estaba semi-sentado por lo que debía estar despierto desde hace algún rato. Quizás el doctor quiso hablar con él primero y después dejarlo entrar para que pudiera tomar su decisión con tranquilidad— creo que me hare la cirugía.
— ¡¿Qué?! No, es lo que más riesgo tiene. No puedes hacer eso, no voy a dejarte —expresó exaltado, no podía creer lo que escuchaba.
— ¡Yuratchka! —Le habló con voz firme— es mi decisión, los tratamientos son caros y pueden durar mucho tiempo, yo no quiero pasar mucho en un hospital. Quiero la cirugía y que sea lo que tenga que ser.
El rubio no pudo contradecir aquello, ni siquiera sabía bien como pagaría todos los gastos de ahora. Otabek le había servido de aval al tener unos ahorros, pero no podía depender siempre de él. Hablaron un poco más, Nikolai le habló de una cuenta que tenía ahorrada para cuando ya no pudiera hacer nada para mantenerse, firmarían un poder notarial que le permitiera a Yuri tomar ese dinero para poder pagar los gastos médicos. Con eso se quitaba un peso de encima el omega, aunque era el menor de todos.
Salió para hablar con su novio y su amigo, de nuevo las lágrimas fluyeron solas, pero esta vez no se abrazó de ninguno de los dos. Intentó aguantar las ganas de seguir llorando para poder hablarles con tranquilidad— todo estará bien Yuri —volvió a repetir Yuuri y se acercó a abrazarlo, sabía que necesitaba apoyo y consuelo.
— ¿De verdad crees que todo estará bien? ¡Nada de esto está bien! —le dijo molesto y separándose del omega— si hubiese estado más atento de mi abuelo que de otras cosas menos importantes, esto no habría pasado.
Las palabras del rubio lo hirieron en cierto modo "cosas menos importantes", una de las razones por las que no había estado tanto en su casa era por Yuuri, lo que hacía que el japonés se sintiera culpable también, además de triste por ser "menos importante". Agachó la mirada, pero no se fue ni se apartó.
El horario de visitas había terminado por lo que debían volver a casa. Los azabaches se fueron a quedar con Yuri sin dudarlo, intentaron que comiera algo, pero no quiso, solo necesitaba descansar según él, por lo que subió a su habitación y se encerró para poder llorar hasta dormirse.
Otabek y Yuuri conversaron bastante. El alfa le dijo al omega que ese comportamiento era normal en el rubio y que por favor le tuviera paciencia. Yuuri sonrió con tristeza, pero le dijo que estaría ahí para él siempre que lo necesitara, que no se iría hasta que el mismo Yuri lo echara ya que en este momento debía ser su soporte.
Se quedaron dormidos en el sofá, habían sido varias horas de espera y nerviosismo y por lo menos ahora podrían relajarse por unos minutos.
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El día en que se realizaría la cirugía, Yuuri tenía una importante presentación en la universidad, esta valía un gran porcentaje de su calificación final la cual decidiría si aprobaba o reprobaba la materia. En pocas palabras no podía faltar y esto lo hacía sentirse frustrado, si Yuri hubiese sido un alfa, él su omega y estuvieran enlazados, podría tener un permiso especial para faltar y acompañar a su pareja, pero no era así, eran dos omegas y su relación no era bien vista por lo tanto tampoco la aceptarían como excusa para faltar a algo tan importante.
—Lo siento, de verdad quería acompañarte —le dijo con tristeza mientras estaban en la sala de espera— pero…
—Está bien, no se puede y no hay nada que hacer —respondió con el mismo mal humor que llevaba trayendo desde que Nikolai decidió hacerse a cirugía en vez de tratamientos.
El azabache solo agachó la mirada, no había nada más que hacer, por lo menos Otabek lo estaría acompañando y eso lo hacía sentir levemente más tranquilo con respecto al tema. Suspiró en un intento de calmarse, debía ser compresivo con su novio, estaba pasando por un mal momento y también se sentía frustrado al no poder hacer nada más.
Yuri sabía que con su actitud hacía sentir mal al japonés, pero no podía evitarlo, tenía derecho a esta vez ser egoísta y enfrascarse en sus propios sentimientos. Entendía bien que Yuuri no pudiera dejar sus responsabilidades de lado para poder acompañarlo en un momento tan importante, en el momento donde más necesitaría de él para no desesperarse. Lo entendía, pero no lo aceptaba.
Otabek llegó justo en ese momento con algo de café para ambos, se sentía incomodo al estar entre los dos, sabía que Yura debería estarse aferrando a Yuuri y no a él, pero lastimosamente para el omega azabache, él había estado en sus peores momentos lo cual provocaba que el rubio lo buscara inconscientemente como punto de apoyo.
Los días siguientes fueron de mal en peor, Yuuri tenía que prepararse y aún así acompañaba al rubio a sus visitas a la clínica para luego llegar a casa y avanzar lo que más pudiera hasta la madrugada, dormir un par de horas y levantarse para ir a clases, repitiendo la misma rutina del día anterior. Al cabo de una semana sentía que moriría, pero seguiría así ya que debía apoyar a Yuri.
El día de la cirugía llegó y para empeorar todo, al estar nervioso olvido cargar su teléfono por lo que no sabría nada de Yuri hasta el momento en que llegara a verlo, eso significaba que tampoco sabría el resultado de la cirugía. Llegó tarde a su clase y la presentación le salió medianamente bien por la falta de sueño. Estaba desesperado, quería saber de Yuri, pero aún le quedaba una clase más, miró la hora deduciendo que ya debería haber terminado la operación. Rogaba porque todo hubiese salido bien.
En el segundo receso salió de la universidad para ir a una cafetería cercana que le encantaba, el café de ahí lo relajaba y esperaba que esta vez pudiera calmarlo. Al entrar se encontró con Víctor, no era anormal después de todo el platinado fue quien lo hizo entrar a ese lugar la primera vez.
—Hola, Yuuri ¿Cómo estás? ¿Cómo está el abuelo de tu novio? —preguntó en un tono que demostraba un mínimo de preocupación. Ellos lo habían hablado ya que el japonés no tenía mucho contacto con Phichit y no tenía con quien desahogarse. Fue Víctor quien le dijo que le tuviera paciencia ya que era un momento difícil para el otro omega.
—Hola, Víctor. No sé cómo está —dijo en tono desesperado— olvidé cargar mi teléfono y no tengo noticias de Yuri.
El alfa pensó unos segundos y sacó su celular— ¿Te sabes su número? —preguntó extendiéndole el aparato al azabache y viendo como se le iluminaba la mirada.
—Muchas gracias, Víctor —recibió el teléfono y marcó enseguida esperando que le contestara el rubio para saber cómo había ido todo.
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Yuri estaba en la sala de espera, ese lugar ya parecía su casa después de tantos días estando ahí. Se suponía que habían comenzado a preparar a su abuelo para la operación, así que se encontraba sumamente nervioso. Llamó a Yuuri notando que tenía el teléfono apagado, "debe estar en clase" pensó para poder tranquilizarse. Su mejor amigo llegó a hacerle compañía, pero no era lo mismo, por alguna razón sentía en su pecho un vacío al no tener al japonés junto a él, sabía que debía disculparse con él por ser tan frío. Después de que su abuelo saliera de la cirugía le diría lo importante que había sido para él que lo acompañara y se disculparía por el trato que le había dado.
Volvió a marcar el número cuando se suponía debería estar en el primer receso, pero aún seguía apagado y eso estaba comenzando a desesperarlo, después de todo Yuuri sabía que lo necesitaría, lo mínimo que podía hacer era tener su teléfono encendido.
Justo cuando ya se daba por vencido con las llamadas el doctor salió para llamar a los parientes de Nikolai Plisetsky, Yuri se acercó enseguida para tener noticias de su abuelo, sentía el corazón en la garganta ya que la expresión del de bata blanca no le decía mucho. Era seria, sin un atisbo de tristeza o felicidad.
Yuri se acercó en silencio esperando que el beta fuera quien hablara— Señor Plisetsky, lo lamento—"no" pensó el rubio en ese momento— hicimos todo lo que pudimos —"no puede ser cierto" sabía lo que se venía y no quería escucharlo, pero tampoco podía hablar o moverse— el paciente no soporto la operación y falleció.
Las palabras que seguían no las entendía, veía al médico mover la boca, pero no oía nada como si sus oídos estuvieran tapados. Sentía como si el aire le faltara, reacciono en el momento que Otabek lo movió un poco.
Enfocó su vista y vio al alfa frente a él— Yura —su rostro preocupado solo corroboraba que nada de esto había sido una pesadilla, que no era que se hubiese quedado dormido esperando y solo soñó algo feo. Esto era real y se había quedado solo.
Las cálidas lágrimas comenzaban a caer por sus mejillas, se abrazó al alfa frente a él, aunque en realidad necesitaba a Yuuri; necesitaba que lo abrazara y le dijera que todo estaría bien, aunque no fuera cierto. Su abuelo había muerto y la persona que más necesitaba no estaba ahí.
Su teléfono sonó mostrando el nombre de Víctor en la pantalla, no tenía ganas de hablar con él, pero el timbre fue insistente así que contestó— ¿Qué quieres? —preguntó de inmediato y con voz molesta, se descargaría con él si no cortaba pronto.
— ¿Yuri? —la voz de su novio sonó por el auricular haciendo que sintiera un remolino de sensaciones ¿Por qué llamaba del teléfono del platinado? ¿No contestaba porque andaba con él? ¿Lo había abandonado ese día por irse con aquel alfa? Las preguntas solo inundaban su cabeza. Sentía que explotaría en cualquier momento.
