Percy Jackson y Naruto no me pertenecen, Percy Jackson pertenece a Rick Riordan y Naruto a Masashi Kishimoto.

Capítulo treinta y cuatro: Mi hermano Triton.

—¿A dónde iremos ahora? —preguntó Grover.

Abrí los ojos en ese momento, parpadeé un par de veces.

—Mi ojo ya no arde —murmuré, miré a Thalia—, no volamos a gran altura.

—Aún así...

—Bueno, respecto a la pregunta de Grover... —giré a ver a Zoe—, ¿a dónde vamos a ir?

Zoe frunció el ceño como concentrándose.

—Pues mientras, yo creo que debemos buscar a Nereo —les dije mientras suspiraba.

Les recordé sobre mi plática con Apolo. Tanto Thalia como Zoe estuvieron de acuerdo tras charlar un poco.

—Por favor, refresquen mi memoria sobre Nereo —pedí mientras trataba de volver a la normalidad.

—Nereo era hijo de Ponto y Gea —Thalia me hizo el favor—, es una deidad del mar, se dice que quien logre capturarlo, puede hacerle una pregunta.

La miré esperando que continuara, pero ella ya no dijo nada más.

—¿Entonces debo capturarlo y preguntarle algo?

—Lo capturas y le preguntas sobre la amenaza del olimpo, chico —me dijo Zoe—, eso nos dará más pistas.

—Bien, ahora, ¿por qué debo ir yo?

Miré a mis tres acompañantes, todos parecieron elevar una ceja hacia mí.

—Sería lo mejor, chico —respondió Zoe—, ambos tienen la misma naturaleza.

—Oh, claaaaaro —dije—, ¿dónde lo encontraremos?

—En algún lugar cerca del mar —respondió Grover.

Tras acordar el lugar de búsqueda, nos dirigimos hacia los muelles de San Francisco, nuestros amigos ángeles, se fueron elevándose de nuevo en cuando nos dejaron. Mis buenos amigos me vistieron como todo un vagabundo, Thalia tuvo que reprimir una risa tras ver mi apariencia.

—Y..., ¿cómo sabré quién es él?

—Lo sabrás en cuando lo encuentres —respondió Zoe—, posee un olor... diferente.

Con esa información, me encaminé hacia las orillas del muelle. Procuré poner mi mejor cara de muerto de hambre, veía con atención a cada vagabundo, no era nada agradable tener que prestar atención al olor de cada uno de ellos. Por un momento se me ocurrió usar el sharingan, pero no estaba seguro que fuera lo más conveniente por lo último que había ocurrido, sentía que mi energía se había drenado de alguna forma u otra, además despertaría más dudas de Zoe, no sabía si mis amigos me veían desde alguna parte. Seguí recorriendo el lugar con la esperanza de encontrarlo pronto, me acerqué entonces a un vagabundo que se mantenía acostado a las orillas del mar. Al estar cerca, supe a lo que Zoe se refería, sí, era apestoso, pero tenía un olor peculiar del mar, como si fueran algas marinas marchitas.

Me dejé caer pesadamente al lado de él quién solo me miró de reojo, simulé estar cansado y aproveché para despotricar contra unos padres desocupados. ¿Qué debía hacer ahora?, era evidente que debía capturarlo, él cambiaba de forma, yo podía tener ventaja en el mar, pero quizás él también la tuviera, aún así... era lo mejor. Aprovechando esos momentos de calma, me lancé sin más hacia él, ¿que si fue estúpido?, pues sí, fue muy estúpido. Al parecer, Nereo ya esperaba algo así, porque con rapidez se incorporó mientras me sostenía de ambas manos.

—¡Auxilio! —gritó Nereo—, ¡ayuda!, ¡socorro!

Lo miré confundido, solo para caer en cuenta de que él simulaba que yo lo tenía apresado por los hombros, él impedía que yo me alejara.

—Maldición —dije al caer en la trampa.

Ya era tarde para arrepentirme, así que tan solo forcejeé más con él. Ambos caímos de bruces en la arena, rodamos sobre ella sin que el otro cediera. Nereo cada vez se acercaba más al agua. Sonreí.

—¡No! —grité tratando de no morderme la lengua—, ¡al agua no!

Surgió el efecto deseado. Neron se lanzó al agua con una sonrisa triunfante. Yo, no opuse resistencia.

Al tocar el agua, pude sentir toda mi fuerza recuperarse, incluso, aumentar. Nereo me miró sorprendido porque también había reforzado mi agarre.

—¿Hijo de Poseidon? —preguntó.

Yo asentí divertido.

—Eso no se vale —gimoteó—, yo llegué primero.

Forcejeamos unas cuantas veces más. Nereo se transformaba en muchas cosas, por un momento era un pez espada, luego una nutria, una foca, pero el error la cometió al transformarse en una serpiente, viendo esto, yo lo ataqué e hice que su cabeza me siguiera dando cuantas vueltas pudo. Cuando se dio cuenta de lo que pasaba, ya era demasiado tarde. El caballero del mar se había enrollado solo. Me dispuse a llevarnos a la superficie, pero entonces, una caracola sonó a lo lejos, sentí el cambio en las aguas quienes nos arrojaron a Nereo y a mí más al fondo, yo aún así, no solté a Nereo al ser quien tenía la respuesta de nuestra misión. Las corrientes nos dieron varias vueltas por algunos momentos que casi pierdo el sentido de la orientación.

Al fin las aguas dejaron de moverse y se aclaró todo. Alcé la mirada para ver a un tipo corpulento de color verde, llevaba conchas marinas para protegerse, sus dos colas se movían con gracia, en una mano sostenía un tridente parecido al de Poseidon, y por el otro, sostenía una caracola, aquella que momentos antes acababa de tocar. Era mi hermano Triton, quien no me veía con buena cara precisamente, de hecho, me enseñaba sus colmillos afilados.

—Hola, hermano Triton —saludé.

Él gruñó con molestia enseñando aún más sus dientes puntiagudos.

—¡Nieto mío! —exclamó Nereo—, ¡me vienes a ayudar!

Claro, Nereo era padre de Anfitrite quien era madre se Triton.

—Esperen, ¡eso no es válido! —exclamé yo—, no pueden intervenir.

—El chico tiene razón —dijo Triton.

Se acercó a mí y me examinó.

—Pequeño bastardo —me dijo—, pero no creas que todo estará a tu favor.

—Eso ya lo tengo muy claro —bufé.

—Le preguntarás a Nereo sobre la bestia, ¿cierto?

Miré a Nereo, asentí con la cabeza, no debía soltar ninguna pregunta por ahora.

—¿Y qué harás cuando descubras qué es?

—Pues... —fruncí el ceño—, asegurarme de que los titanes no lo tengan en su poder.

—La hija de Zeus —continuó Triton—, ella cumplirá los dieciséis pronto, ¿qué harás si su deseo es usarlo?

—¡No! —exclamé—, ella no lo hará, yo me aseguraré de eso.

—¿Matarás a la criatura?

—Si es necesario... sí —respondí—, aún no sé qué clase de monstruo sea.

Tritón me vio divertido al escuchar aquello, era claro que él sabía algo.

—Muy bien, Percy Jackson —me dijo—, pronto nos veremos después, dicen que es tu defecto fatídico el querer ayudar a todos, sin embargo..., me pregunto si podrás tomar la decisión correcta para esta criatura.

—¡Ya! —gritó Nereo antes de que dijera algo—, dime cual es tu dichosa pregunta que yo me estoy cansando.

Lo miré molesto, después, vi a Tritón asentir hacia mí.

—¿Dónde está aquella criatura que le puede dar el poder de destruir a los olímpicos si lo sacrifica? —solté.

—Ah, eso es bien fácil —dijo Nereo—, está aquí.

Liberó una de sus mano para señalar justo frente a nosotros.

—¿A qué te refieres?

—Una pregunta por captura —dijo él—, suéltame ahora.

—Pero...

—Suéltalo, Perseus.

Lo solté a regañadientes y Nereo se alejó con rapidez. Miré a Tritón, él dirigió la mirada hacia donde Nereo había señalado, lo imité. No tardamos en oír lo que parecía ser el mugido de una vaca, y para mi sorpresa, Bessie llegó a nosotros.

—¡Bessie! —exclamé.

—¿Llamaste Bessie a este taurofidio? —preguntó Tritón con los ojos entrecerrados.

—¿Qué tiene de malo? —pregunté—, es un buen nombre para ella.

Tritón pareció bufar de diversión.

—Es macho.

—¿Qué?

—Que es un macho.

—Oh

—Un taurofidio, un ser que le da el poder de derrotar a los olímpicos quien sacrifique sus entrañas —explicó Tritón—, el taurofidio te seguirá por todas partes, cree que eres su protector.

—¿Yo?

—Sí, tú —confirmó Tritón con molestia—, si el taurofidio cae en manos de los titanes, será el caos.

—Pero si Bessie es tan...

—No importa lo que el taurofidio piense—explicó Tritón de nuevo—, dudo mucho que a él le guste la idea de que sacrifiquen sus entrañas.

Bessie mugió lastimeramente.

—Evitemos decir esa palabra —sugerí.

—Bien, ¿qué harás Perseus? —preguntó—, espero que tus decisiones sean correctas. Por el otro lado..., sabes bien que los mundos no deben mezclarse. Mantén-ese-sharingan-oculto.

—Es lo que es estado asiendo —refunfuñé—, y no permitiría que le hicieran daño a Bessie.

—No pudiste evitar decirles a tus amigos, ¿cierto? —señaló—, que solo lo sepan ellos, y nada más, que esa chica, Hinata, no diga quién es o a donde pertenece, ¿entendiste, hermanito?

Él me apuntó con su tridente demasiado cerca de la garganta que no pude hacer más que asentir.

—Nos veremos después, Perseus —dijo para alejarse—, no sé si te unirás a la batalla, pero, te estaré observando, Poseidon tiene varias esperanzas en tí.


Hola a todos y a todas, al fin he subido otro capítulo, quería subir otra sí o sí antes de terminar el año. Muchas gracias a los que siguen la historia. Les deseo unas alegres fiestas. Bendiciones a todos y a todas :-)