El traslador llevó a Sirius al centro de Londres y ahí se desactivó. Como había llegado dos días antes de la fecha prevista y no tenía fuerzas para enfrentarse al mundo, se apareció en su apartamento de las afueras. Se metió en la cama sin ni siquiera quitarse la ropa. Solo intentó moverse para retirar la foto de Bellatrix con Saiph que seguía sobre la cómoda, pero fue incapaz. Se le hacía raro: desde la noche en que fue a buscarla, como mucho habían pasado tres horas separados. Su cerebro ni siquiera procesaba la idea de no volver a abrazarla. Pasó las horas con la vista fija en el techo, preguntándose si ella le echaría de menos o si estaría demasiado ocupada con sus planes para dominar el mundo.
Al segundo día no le quedó otra que salir de la cama e ir a un bar a comer algo. No fue consciente del camarero que le atendió ni de las chicas que le guiñaron el ojo. Todo era como un decorado de cartón-piedra en su película post-apocalíptica. Lo único que no se permitió fue el alcohol. Igual era capaz de beber una copa y parar, pero después de aquellos meses, no iba a arriesgarse. Además, tenía la vanidad suficiente para no querer reconocer ante sus amigos que estaban en lo cierto con sus negras predicciones sobre su prima. En cuanto puso un pie en Londres, debería haber corrido al Ministerio a contarles los planes de la mortífaga más temida. No obstante, no era su guerra. No se había puesto de su parte pero tampoco iba a ponerse en su contra. Solo deseaba olvidarse de todo... Y morirse de una puñetera vez.
-Joder, James, ¡cuánto te echo de menos! -murmuró para sí mismo.
En sus cartas no se había apartado de la idea de que había ido a visitar su prima para asegurarse de que estaba bien. Por tanto, no necesitaba confesar nada. Les diría que había pasado el mes con ella para que no estuviera sola en sus primeras Navidades fuera de casa y que lo habían pasado bien. Sin más. Las semanas más pletóricas de su vida iban a quedar resumidas en un: "No estuvo mal". Sus conocidos más íntimos sospecharían que había habido algo más, pero como con todo lo referente a la bruja oscura, ni ellos preguntarían, ni él lo contaría. Y así sucedió.
La tarde siguiente se apareció a las puertas de Grimmauld Place donde su ahijado y sus amigos habían preparado una cena para celebrar su vuelta. Todos contuvieron un suspiro de alivio al ver que regresaba solo. De haber comentado si quiera que iba a volver con Bellatrix, la cena se hubiese suspendido. Harry, Lupin y Tonks le hicieron sutiles reproches sobre su ausencia en Navidad, pero lo olvidaron pronto. Él resumió su viaje en un par de frases y el tema se dio por zanjado. Por un lado dio gracias de no tener que explicar nada más. Por otro, le disgustó que nadie se preocupase por Bellatrix, que les diera igual todo lo referente a ella e incluso prefirieran no saberlo. Ella tenía razón: no hubiesen aceptado su relación. Intentó participar en la conversaciones y les pidió que le pusieran al día de sus vidas para no tener que hablar y poder evadirse a su mundo.
Por mucho que insistió en quedarse en su piso, Harry se negó. Ginny estaba estudiando su último año en Hogwarts, así que él vivía solo y se moría de ganas de tener a su padrino. Así que no le quedó otra que aceptar. Pero su cabeza le repetía en bucle: "¿A la habitación de quién vas a subir cuando tengas pesadillas?". Por mucho que quería a Hermione, no se vio capaz de abordar el tema ni siquiera con ella. Tras intercambiar regalos de Navidad, se disculpó aduciendo que estaba cansado del viaje, subió a su habitación e intentó dormir. Desde la destrucción de Azkaban ya no tenía pesadillas con la cárcel y esa noche tampoco las tuvo. En su lugar soñó con Bellatrix muriendo de una decena de formas diferentes mientras él lo presenciaba. Cuando se despertó gritando, llamó a Kreacher para que le subiera una poción para no soñar. Se la tomó y por fin pudo dormir.
Por la mañana se reencontró con el conflicto que había evitado los meses previos: qué hacer con su vida. La respuesta inmediata fue no salir de su cuarto. Y se agarró a ella hasta la noche, cuando Harry llamó a su puerta. Él volvió a achacar su inactividad al viaje y bajó a cenar con su ahijado. El chico le puso al día de sus progresos como auror y del estado del Ministerio (el mismo de siempre). No supo si le tranquilizó o preocupó enterarse de que habían declarado la explosión de Azkaban "caso sin resolver" y ya apenas había media docena de aurores investigándolo. No habían encontrado ninguna pista y habían recuperado tan solo una decena de cuerpos. Era un bochorno que el Departamento de Aurores pretendía olvidar. Ya contaban con una cárcel definitiva en un edificio al este de la ciudad pero de momento solo había ladrones y delincuentes de poca monta. Hacía meses que no tenían noticias de ningún mortífago. El animago asentía de vez en cuando con la mirada perdida sin reaccionar a ningún tema más que al resto.
-La echas de menos, ¿verdad? -preguntó Harry rompiendo un silencio del que Sirius ni siquiera era consciente.
-¿Eh? -preguntó él volviendo al presente.
-A Bellatrix. La echas de menos.
La pregunta se había convertido en afirmación. Él no supo qué contestar, notaba que el chico estaba incómodo y tampoco quería oír la verdad. Así que simplemente asintió. Su ahijado le aseguró que tenía que ser así, encontraría a alguien mejor. El asintió de nuevo. Se repitieron escenas similares durante toda la semana, como cuando fue a casa de Tonks y Lupin y también estaba Andrómeda. A la hermana intermedia no se le pasó la forma distraída pero continua en la que Sirius hacía girar un anillo en su dedo índice.
-Qué bonito que te hayas reconciliado con nuestra familia -comentó Andrómeda sarcásticamente.
Él frunció el ceño y siguió su mirada que terminaba en el anillo con el emblema de los Black. Claro que seguía odiando a su familia y los ideales de sangre que defendían, pero Bellatrix se lo había regalado para hacerle sentir que seguía perteneciendo a una familia, a ella. Le gustaba mucho más el apellido Black ahora que solo él y su prima lo llevaban (bueno, y el célebre Saiph Black). Además, releía la inscripción unas veinte veces al día y se deprimía otras tantas pensado que su loca favorita ya nunca sería suya. No respondió a Andrómeda, simplemente se encogió de hombros. Sus conocidos ya se iban adaptando a su carácter huraño y huidizo y no le presionaban.
Cuando finalmente Hermione y Remus le suplicaron que les contara qué había pasado, optó por omitir varios capítulos. Se negó a darles cualquier información que pudiera desembocar en un "ya te advertimos que es una loca enferma". Así que les contó simplemente que su prima y él buscaban cosas diferentes. Le dio la sensación de que se lo creían y se hacían una idea sencilla del significado de la frase. Probablemente le hubiese costado más convencerlos de la verdad: que habían sido cuatro semanas maravillosas porque Bellatrix había aceptado ser su adorable novia, habían hecho planes para pasar el resto de su vida juntos pero lo habían tenido que cancelar porque ella estaba entrenando a un ejercito de dragones para convertirse en emperatriz del mundo. Sonaba descabellado hasta para los Black.
Su entretenimiento principal -y más bien el único- durante las siguientes semanas fue hacer de canguro del pequeño Ted. Tanto a Andrómeda como a su mejor amigo les pareció una locura, aunque utilizaron palabras más suaves para expresarlo sin herir sus sentimientos. Si ya de normal Sirius era descuidado, alocado y preocupantemente salvaje, en su estado actual de desidia y desprecio hacia la humanidad no resultaba la mejor opción. Aún así, Tonks y él se adoraban, así que el criterio de la madre se impuso y le pidió que cuidara al pequeño para distraerse. No quiso defraudar a su sobrina y cuido bien de su hijo... y cuando por culpa de sus juegos algo bruscos le causó una herida, se aseguró de sanarla para que no le pillaran (y porque se preocupaba por él, claro).
-Menos mal que no he tenido hijos... -se repetía con alivio- Sin duda he nacido para ser el tito guay.
Al pequeño metamorfomago le encantaba demostrar que había heredado el gen materno y podía cambiar de aspecto; sin embargo, le frustraba no poder transformarse en un perro como su cuidador. Así que se hacían rabiar mutuamente con sus mutaciones. El niño apenas tenía dos años, pero aún así, su edad mental iba bastante igualada... Cuando Tonks volvió esa noche, su marido estaba haciendo la cena mientras en el salón, Sirius mantenía una conversación de hombre a hombre con su sobrino-nieto:
-Y nunca te enamores. Mejor hazte gay, a la larga sale mejor -aleccionaba el animago al niño-. Y a ser posible con alguien que no tenga ambición alguna porque...
-¡Sirius! ¡¿Qué le estás contando a mi hijo?! -le reprendió Tonks.
-Eh... - balbuceó al darse cuenta de que le habían pillado- Es mi deber enseñarle las cosas que su padre no tendrá el valor de contarle. ¿Qué tal ha ido el día?
"Es agradable que alguien me lo pregunte..." masculló la metamorfomaga entre dientes. El animago frunció el ceño pero no comentó nada. La mujer le narró los acontecimientos más relevantes de su jornada en el Ministerio y después se reunieron con Lupin en el comedor para cenar. El matrimonio le preguntó a Sirius si iba a ir a la cena de cumpleaños de Arthur Weasley. Resultó que no era una pregunta sino una imposición. Por mucho que buscó una excusa porque le apetecía lo mismo que ir a Gringotts y lamer a un duende, no coló. Se habían propuesto animarle (o joderle más la vida, depende a quién preguntaran) y no le dieron opción a negarse. Tonks incluso había comprado un artilugio muggle para que se lo regalara al cumpleañero, así que hubo de aceptar. Lo hizo solo por complacer a su sobrina y sin entender qué demonios era un coche tele-dirigido.
Al día siguiente fue el último en aparecerse en la Madriguera. O eso pensaba cuando vio a Tonks llegar corriendo con su cabello rosa medio despeinado. Entraron juntos y se reunieron con el resto en el salón donde el señor Weasley aguardaba impaciente para abrir los regalos. Sirius se ahorró el mal rato porque al parecer Arthur era muy fan de los coches muggles y no precisó explicación. El resto de presentes que recibió fueron muy similares y el hombre quedó realmente contento. Concluido el ritual, se sentaron a la mesa. Mientras los Weasley, Harry, Hermione, Lupin y Tonks tomaban asiento, el animago recorría el lugar con la vista. Recordó con tristeza que en su visita anterior Bellatrix había hecho arder aquel lugar. El animago sentía como Molly le lanzaba miradas de odio de vez en cuando... Le daba igual, volvió a su preocupación principal. ¿Estaría bien Bellatrix? Cada día comprobaba el tapiz de los Black para asegurarse de que su prima favorita seguía sin fecha de defunción.
La comida le hizo olvidar su obsesión, se centró en el asado como si la vida le fuese en ello. Intentó integrarse en la conversación grupal, a ver si así sus amigos creían que se encontraba bien y dejaban de obligarlo a hacer planes estúpidos... Harry estaba contando que los aurores habían tenido la tarde libre porque había mantenimiento de las instalaciones y la última vez que lo hicieron con gente dentro, varios terminaron intoxicados. No le resultó un tema particularmente interesante hasta que escuchó a Lupin preguntarle a su mujer que dónde había pasado la tarde entonces. Vio que Tonks se ponía nerviosa y las raíces de su pelo se empezaban a oscurecer.
-Conmigo -respondió Sirius-. Me la he encontrado al salir cuando yo iba a Gringgots y ya nos hemos entretenido en un bar.
La aludida asintió con la cabeza. Lupin se lo creyó y la metamorfomaga miró al moreno agradecida. Sirius le dirigió una mirada de "Luego hablamos". No le gustaba mentir a su mejor amigo, pero sentía debilidad por su sobrina y hacía unos meses que por mucho que lo intentara ocultar, le parecía que Nymphadora se comportaba de manera extraña. Tonks, intentando cambiar de tema, decidió sacar a la palestra otro asunto polémico para que se olvidara el anterior:
-Oye ¿y qué os parece la locura esa de libro que ha publicado mi...?
A mitad de frase ya había recibido una patada de Hermione, una mirada asesina de su marido y varios carraspeos de Harry. Cuando se dio cuenta de que había nombrado delante de Sirius el tema prohibido, era tarde. Se maldijo una vez más por ser tan metepatas. Además le dolió especialmente hacerle pasar un mal rato a quien acababa de echarle un cable muy serio. Más que la pregunta en sí -porque el animago apenas escuchaba- lo que le alertó fueron las miradas nerviosas que le dirigió toda la mesa. Ató cabos sin problemas y supuso que el libro de Bellatrix debía haberse publicado. Antes de que pudiera comentar que ya lo sabía y le daba igual, Molly olió la sangre y se agarró a ella:
-Una majadería absoluta. Me da igual lo que opine el resto del mundo, esa mujer está...
No estuvo claro quién le lanzó el hechizo silenciador, ya que tanto Harry como los gemelos sujetaban las varitas discretamente bajo el mantel. Pero el resultado fue que por mucho que la matriarca abrió la boca, no profirió ningún sonido. Sirius intentó quitarle hierro al asunto, no tenía ganas ni de sus habituales trifulcas:
-Ya lo sé, me lo contó. Podéis dejar de tratarme como si fuese un crío de tres años.
-Claro que lo sabe -comentó Ron-, si ha estado en el Callejón Diagón es imposible que no lo haya visto, está por todas partes. No lleva ni tres días y ya es el libro más vendido del país...
Sirius no había estado en el Callejón Diagón ni en ninguna otra parte. Su único desplazamiento consistía en aparecerse en casa de Tonks y Lupin para cuidar a Ted y luego de vuelta a Grimmauld. Los días que no le tocaba cuidarlo ni siquiera salía de casa. No recibía el Profeta ni le interesaba la actualidad. Pero eso no necesitaban saberlo, no quería que se preocuparan (más) por él. Lo único que sabía era lo que le contaba Harry durante las cenas y cualquier noticia referente a su prima le era censurada. Por supuesto en cuanto escuchó el comentario de Ron sintió una curiosidad insana, pero no quiso preguntar. No iba a demostrar que seguía obsesionado. Además, prefería mantenerse apartado del asunto, la recaída resultaría preocupantemente fácil. Eso no fue óbice para que se enterara de todo.
Como parecía que a Sirius no le importaba y al parecer esos días no se hablaba de otra cosa, se lanzaron al tema. El libro de Bellatrix se había publicado esa semana y se había agotado a los pocos minutos en todas las librerías. Mucha gente lo había encargado antes y las lechuzas no daban abasto. El mundo mágico se dividía entre los que reconocían estar enganchados a su lectura y los que no lo reconocían. Por lo que contó Hermione, las ventas a nivel mundial tampoco iban nada mal... Gente que no había conocido ni a Voldemort estaba totalmente enganchada a "Bellatrix Black, la última y mejor lugarteniente". Al parecer su forma directa y un tanto escabrosa de narrar sus vivencias resultaba adictiva. Además, revelaba secretos de Azkaban, el Ministerio y varios organismos más con todo tipo de pruebas. El público estaba encantado. Había logrado hacer cambiar de opinión a muchos de sus detractores y quienes ya la adoraban antes prácticamente pedían que la nombran Ministra. Sirius no supo si sentirse orgulloso u odiarla: su prima no había fallado en las predicciones.
-¿En algún momento explica el título? -preguntó Ron mientras atacaba el postre- No entiendo que pretenda desligarse de Voldemort y haga esa referencia desde el principio...
-Sí -aseguró Hermione-. Es la idea de todo el libro, no se arrepiente de lo que es, ni de quien ha sido. Y al final explica que lo importante es ser tu propio lugarteniente, tu segundo de abordo, porque si tú no crees en ti, nadie lo hará.
Guardaron unos segundos de silencio mientras decidían si era una estupidez o una genialidad. Al poco los gemelos comentaron alegremente que los ejemplares firmados se vendían literalmente por miles de galeones y la bruja había tenido el detalle de enviarles cinco a su tienda. Estaban preparando una subasta y la gente se mataba por conseguir una invitación. Hubo más anécdotas de ese tipo. Harry comentó que mucha gente lo usaba como libro de autoayuda: consideraban que si Bellatrix había superado las torturas de Voldemort, de los aurores y Azkaban, ellos podían tirar adelante con sus dramas cotidianos. Así que ya había titulares de "Cómo el libro de Bellatrix me salvó la vida". Ni siquiera Rita Skeeter había publicado nada negativo; se había centrado en criticar a la Orden por la hipocresía y a Shacklebolt por incumplir sus promesas. Sirius sabía que esa arpía había ido a clase con Bellatrix, no dudó que habría habido amenazas o chantaje de por medio; la mortífaga no dejaba cabos sueltos.
-A mí me da rabia que no nos nombre... -comentó Ron- ¡Seríamos famosos a nivel mundial, no solo en Inglaterra!
-Lo ha hecho así para protegernos, Ron. Aunque muchos apoyen o respeten su visión, siempre habrá un porcentaje que siga odiándola por sus crímenes. Y la gente está muy perturbada, podrían tomarla con nosotros por haber hecho el juramento y haberla acogido en Grimmauld- explicó Hermione.
Todos estuvieron de acuerdo, pero el pelirrojo murmuró: "La defiendes porque eres la única a la que nombra".
-¡No me nombra! -protestó Hermione- Habla de "una maldita sangre sucia", dudo que sea un cumplido...
-Después dice que le salvaste la vida al conseguirle a Saiph y que deberían nombrarte Ministra en lugar de al memo de Shacklebolt -recitó Fred de memoria-. Es un cumplido, a su manera, claro...
Hubo varios minutos más de charla sobre la famosa biografía hasta que cambiaron de tema y Sirius dejó de prestar atención. Creyó que se había librado hasta que surgió un tema aún más peliagudo. Estaban hablando de cómo el Ministerio había apartado la investigación sobre la destrucción de Azkaban cuando Nymphadora comentó:
-Bah, así mejor, todos dados por muertos o desaparecidos. Borrón y cuenta nueva.
Sirius sabía que la metamorfomaga no lo pensaba de verdad, no le daba igual que hubiese muerto gente ahí, pero estaba agotada tras meses trabajando en lo mismo sin resultados. Por otro lado, le hizo gracia darse cuenta de que la auror tenía bastante en común con su tía. Pero en cuanto Hermione intervino con vehemencia, el animago sintió un sudor frío. No sabía cuánto le había contado Bellatrix por carta sobre sus planes.
-¡Qué dices, Tonks, qué barbaridad! Es horrible que haya muerto gente, criminales o no, me da igual. Nadie debería tener el poder de decidir sobre la vida de los demás y menos de destruir una prisión. Eso es exactamente lo que hizo Voldemort, ¿¡que queremos, otra guerra, otra dictadura!? -preguntó estremeciéndose ante la idea- A los responsables sí que tendrían que encerrarlos para siempre...
-Vaalee... ¡Tranquila, adalid del bien y de la justicia! -contestó Tonks con sorna ante su arrebato.
El resto rieron pero estuvieron de acuerdo con la sabelotodo. Cualquier cosa antes que otra guerra. Sirius aunó toda su fuerza mental y física para aparentar normalidad. Ya sabía que le había contado Bellatrix a Hermione: absolutamente nada. La castaña siempre pensaba lo mejor de las personas, pero si intuía que Sirius sabía algo, ataría cabos. Daría igual su amor por la mortífaga, la denunciaría sin dudar. Y no era su prima quien le preocupaba... Si la duelista se enteraba de que Hermione sospechaba, se aseguraría de detenerla. Para Bellatrix solo Saiph resultaba vital, el resto del mundo era prescindible y se desharía de ellos si amagaban con intervenir en sus planes. Por suerte achacaron la repentina palidez de Sirius a sus recuerdos en prisión y no hubo conflicto. Cuando él y Harry volvieron a Grimmauld Place, el animago se acostó y volvió a soñar con su ex novia. No fueron pesadillas, ni siquiera fantasías elaboradas. Eran más bien recuerdos fragmentados de sus Navidades juntos.
Sirius estaba sentado en el asiento de la ventana de su dormitorio viendo la nieve caer sobre Estocolmo. Bellatrix, que aún dormitaba en la cama, comenzaba a desperezarse y le miraba con ojos brillantes. Llevaba una camisa suya que le quedaba ancha y larga. Estaba preciosa. Se acercaba a él y se sentaba entre sus piernas con la cabeza apoyada en su hombro. Él la abrazaba y le susurraba que nunca había sido tan feliz. Ella sonreía y le repetía que no entendía cómo era posible sin whisky. Los dos se reían.
El dormitorio se transformó en los bosques exteriores de la mansión. La mortífaga se entretenía correteando con Saiph mientras Sirius los perseguía en su forma canina. Cuando se cansaban, Bellatrix le acariciaba la cabeza al enorme perro mientras le preguntaba con voz infantil que "¿Quién es mi perrito guapo? ¿Quién es mi perrito guapo?". Al animago le daba igual que fuese una burla: le encantaba que le acariciaran y más aún que constataran su belleza.
Ya en su forma humana se encontró tumbado junto a su prima en la azotea, bajo una gruesa manta contemplando el cielo nocturno. En lugar de con sus rizos, en esa ocasión se entretenía cambiándole de dedos los múltiples anillos que la bruja siempre llevaba.
-Siri -llamó su atención ella sin apartar la vista de las estrellas.
-¿Mm?
-¿Tú crees que la gente tiene razón y estamos trastornados? ¿Que es verdad que nunca nos recuperaremos de Azkaban y somos los únicos que no nos damos cuenta?
Sirius la contempló pensativo sin dejar de jugar con sus manos.
-En primer lugar, me parece muy arriesgado aventurar que no estábamos zumbados antes de la cárcel; yo no recuerdo mucha diferencia. Y bueno, somos felices así, ¿no? Yo te quiero así y tampoco sé ser de otra forma. Pero si te preocupa, podríamos ver a un sanador de almas...
Él se había negado rotundamente a ir a ningún tipo de medimago para asentar su cabeza por mucho que se lo hubiesen sugerido todos sus amigos. Pero si a Bellatrix la hacía sentir mejor, la acompañaría sin dudar. Aunque veía bastante improbable que nadie pudiese ayudarlos a esas alturas... No pudo terminar el ofrecimiento porque su prima le interrumpió.
-No. Lo que me preocupa es recuperar la cordura algún día, no merecería la pena vivir. Imagínate que solo nos pasara a uno de los dos, el otro se quedaría solo en su mundo.
Sirius se echó a reír. "No te preocupes, Trixie, acabamos de hacer estallar un restaurante porque han creído que éramos hermanos y les daba asco que nos besáramos... Creo que estamos a salvo de la cordura" comentó con seriedad. Ella asintió y sonrió satisfecha al recordar el caos.
Se despertó maldiciendo. Odiaba los sueños felices, casi más que las pesadillas. Miró el reloj: era tarde para desayunar con Harry, que ya se habría ido al trabajo, y pronto para ir a cuidar a Ted. Dio un par de vueltas en la cama mientras debatía consigo mismo a quién echaba más de menos: a Bellatrix o al whisky. Lo dejó en empate y se levantó a por café. Después se adecentó y se presentó en casa de sus amigos donde el niño ya le esperaba para jugar. A Lupin no le había quedado otra que reconocer que su hijo adoraba al animago, por muy díscolo que fuese su carácter. Así que se despidió de ambos y usó la chimenea para aparecerse en Hogwarts.
El día transcurrió sin grandes incidentes, salvo cuando Sirius probó la papilla de Ted para comprobar la temperatura y como le gustó, se la comió entera sin darse cuenta. Tuvo que darle al niño galletas trituradas y se sintió mal. Hasta que vio que le encantaban. Entonces se otorgó el título de "Mejor canguro del año", pero decidió ocultarlo a los padres por si no veían la realidad como era. Cuando su compañero de juegos se cansó, el animago lo acostó en su cuna y decidió leer mientras. Normalmente no le interesaba demasiado la lectura, cierto que pasó muchas horas en la biblioteca de Grimmauld Place, pero era porque ahí guardaba el alcohol. Aún así optó por buscar algún libro. Por casualidad, encontró el de Bellatrix. Entendió por "casualidad" revolver toda la casa, usar varios hechizos localizadores y violar la privacidad de las mesillas de sus amigos.
A pesar de constar casi de quinientas páginas, se lo leyó de un tirón, prácticamente sin parar a respirar. Aunque no hubiese sido la biografía del amor de su vida, le hubiera resultado casi igual de adictivo. La forma en que estaba escrito era igual de magnética que su autora. Las vivencias que narraba -a pesar de que Sirius conocía la mayoría- eran sorprendentes y provocaban todo tipo de emociones. Hasta en las situaciones más duras el humor negro de la mortífaga seguía presente. El animago rió, lloró, se cabreó, deseó torturar gente, abrazar a Bellatrix, luego matarla... La bruja no ocultaba sus crímenes, pero por un motivo u otro (coacciones, enfermedades mentales, chantajes) conseguía en cierta manera justificarlos. Por supuesto había maquillado mucho sus acciones, pero se trataba de su libro, era de esperar.
Para sorpresa de su primo, incluso reconocía que no había sido su mejor idea torturar a los Longbottom, aunque únicamente por hacerlo en nombre de un cobarde mestizo. Pero ya era mucho para Bellatrix. Contaba también que había hecho un pacto con la Orden para ayudarlos a cambio de su libertad y lograba que sonara natural. No daba nombres de sus aliados, no nombraba Grimmauld Place y no podía deducirse quiénes habían sido. Sirius lo agradeció. Pero aún así, en el fondo, experimentó un ligero dolor al ver que Bellatrix no había escrito una palabra sobre él.
El último capítulo terminaba con la muerte de Voldemort, cuando la duelista había sentido que por fin era libre y se pertenecía a ella misma y a nadie más. El animago pasó varios minutos temblando, abrazando el libro con una profunda sensación de pérdida: la que te queda cuando terminas una novela que te ha conmovido y también la que experimentas cuando deseas abrazar a alguien que ya no está a tu lado. Además, la espectacular foto entre oscura y seductora de la mortífaga que sonreía en la portada no ayudaba en absoluto... Sirius tenía que reconocer que ese libro la representaba de principio a fin. Era salvaje y descarnado, pero también inteligente y reflexivo; había algo de catártico y de humanizar al enemigo. Entendía que hubiese ayudado y conquistado al público. Suspiró, acarició una vez más el retrato de su prima y dejó el libro donde lo había encontrado.
Volvió con Ted casi cuando anochecía y lo despertó para distraerse con él. Se hallaba inmerso en su hora diaria de adoctrinamiento infantil -consistente ese día en la importancia de ignorar a tu prima si estaba buena- cuando escuchó la puerta. Se calló de inmediato. A la auror empezaban a preocuparle las ideas raras que Sirius le introducía a su hijo en la cabeza, así que procuraba ocultárselas.
-¿Cómo ha ido el día? Por aquí todo bien, normal, sin incidencias, los dos estamos genial.
La metamorfomaga frunció el ceño, tanta justificación no solicitada resultaba sospechosa. Pero optó por creérselo y se dejó caer agotada en el sofá. Su hijo gateó hasta ella y lo cogió en su regazo. Le resumió en un par de frases su jornada laboral y se dedicó a jugar con Ted. Sirius los contempló durante unos instantes y luego tuvo que abordar el tema que flotaba en el ambiente cual dementor.
-Dora, no te voy a pedir que me lo cuentes a mí, pero se lo tienes que contar a Remus...
"¿El qué?" preguntó la metamorfomaga sin atreverse a mirarle mientras su pelo rosa empezaba a oscurecerse. Sirius le dedicó una mirada de "Lo que sea en lo que estés metida". El mago no sabía qué le pasaba pero no dudaba que algo sucedía. Ella se mordió el labio inferior con cierta angustia. Quería mucho a Sirius, siempre la apoyaba y había mentido por ella la tarde anterior. Pensó que contárselo sería el primer paso para atreverse luego con su marido.
-Hacer un tiempo que Remus y yo no estamos bien... Yo siempre le he querido, todos sabéis la de tiempo que pasé intentando convencerle de que no me importa la diferencia de edad ni su condición de hombre-lobo. Fue agotador y mis padres dejaron de hablarme una temporada por casarme con él. Cuando se ofreció para irse con Harry a cazar horrocruxes estando yo embarazada...
-Fue una guarrada, nunca le perdonaré que te hiciera eso -resumió Sirius.
Tonks asintió agradecida por la comprensión y continuó su relato:
-Se preocupó más por si el niño salía hombre-lobo que por mí... Luego nació Ted y fue todo súper bien y fuimos realmente felices. Yo quise creer que nos mantendríamos, pero no ha sido así. Parece que siempre tiene que buscar un tema para estar triste u obsesionarse... Primero fue nuestra relación, luego la posible licantropía del bebé, después la guerra y cuando por fin se termina va y se...
Se frenó de repente y se sonrojó ligeramente. Intentó desviar el tema pero no engañó al gryffindor que le expuso la situación con claridad:
-Puedes contarme lo que sea, sabes que quieras o no, se te va a escapar porque eres así desde que tenías la edad de Teddy... Así que suéltalo.
Comprendiendo que tenía razón, Tonks le contó la verdad. Desde que terminó la guerra Lupin se había obsesionado con la vida amorosa de su mejor amigo. Remus siempre se sintió culpable por no haber podido salvar a los Potter de Voldemort, así que se había obsesionado con proteger a su amigo de la lugarteniente del susodicho. Cuando Bellatrix llegó a Grimmauld Place se preocupó de que Sirius sintiera algo por ella, pero como también le preocupaban Harry y su mujer, aquello pasó a un segundo plano. Sin embargo, en cuanto terminó la batalla, el animago se deprimió por la desaparición de su prima y luego se fue a buscarla. Lupin se angustió. No es que no se fiara de la bruja oscura -que tampoco- pero sabía que relacionarse con ella no podía acarrear nada bueno. Pasó la Navidad enfurruñado y arrepintiéndose de haberle permitido marcharse a Suecia. Temía profundamente que volviera con Bellatrix o que no volviera.
-Y cuando apareciste solo y contaste que no había pasado nada -continuó la mujer-, Remus se alegró un montón, a pesar de que todos notamos que estás triste y no pareces tú. Se lo eché en cara y me dijo que mejor que te hubieses llevado la decepción y pasases unos meses deprimido a que fastidiaras el resto de tu vida. Y me enfadé con él, así que no estamos muy bien...
Sirius intentó replicar que él no estaba deprimido pero se dio cuenta de que era evidente hasta para la lechuza que traía el correo. Así que no se molestó. En su lugar, se sintió fatal por ser el culpable:
-O sea, que os habéis peleado por mi culpa -resumió él.
-¡No, en absoluto, Sirius! -exclamó ella con firmeza- El problema no eres tú, es él. Cuando no está chungo con un tema, encuentra otro. Y de fondo siempre está lo de ser un hombre-lobo, que al único que le importa es a él; sus amigos y familia le hemos apoyado siempre. Le quiero mucho, pero me consume más energía de la que tengo, llego al trabajo agotada y cuando vuelvo a casa, aquí está él para hacerme partícipe de su último mal augurio. No puedo más...
"Lo comprendo" murmuró el animago con tristeza pasándole un brazo por la espalda. Le dio rabia que su amigo tuviese tal interés en meterse en su vida amorosa. Pero también le hizo gracia que su amigo y su prima tenían algo en común: ambos llevaban toda la vida en guerra consigo mismos. Aunque por lo menos Bellatrix no deprimía al resto... Tonks apoyó la cabeza en su hombro y añadió avergonzada que había algo más. Sirius, que ya lo sospechaba, le preguntó quién era.
-Fred Weasley -confesó ella-. Hace unas semanas fui con Ted a su tienda porque le encanta ver los juguetes y me atendió él. Se dio cuenta de que estaba bastante agobiada, me invitó a un café, hablamos, bromeamos y... Nos hemos visto bastante desde entonces. Lo paso genial con él, me hace sentir bien, me río y es como que todo es más sencillo...
-¡Pegáis un montón! -exclamó el animago- Bueno... Si no estuvieras casada con mi mejor amigo, claro...
Tonks rió con amargura. Se quedaron en silencio durante unos minutos hasta que Sirius murmuró que se lo tenía que contar a Remus. Ella asintió y prometió hacerlo esa noche. La metamorfomaga decidió que ya que habían abierto el consultorio sentimental, podían hacer una doble consulta:
-¿Y tú estás bien, Sirius? No quiero saber nada de tu relación con mi tía porque tendré pesadillas, pero me preocupa verte así...
-No, no lo estoy -respondió el simplemente, no vio la necesidad de mentir.
-¿Y lo estarás? -preguntó la joven con suavidad.
Él se encogió de hombros, realmente desconocía la respuesta. Quería responder que sí, pero no tenía sentido mentirle a su sobrina o a sí mismo. La chica aceptó el gesto viendo que era sincero. Deseaba poder ayudarle pero tampoco sabía cómo, odiaba las frases hechas de "Ya encontrarás a alguien" o "El tiempo todo lo cura". Sabía que en muchos casos no eran verdad; el tiempo no cura, simplemente anestesia, pero el dolor sigue ahí, agazapado. Cuando abrió la boca para añadir algo, se oyó la puerta. El hombre-lobo estaba en casa. Entró al salón para saludar a Teddy.
-¿Qué tal está mi niño? -preguntó Lupin.
-Estoy bien, gracias, corazón -contestó Sirius de inmediato.
Su amigo puso los ojos en blanco y cogió a su hijo en brazos. Al instante el animago les informó de que había quedado con Harry para cenar juntos y tenía que marcharse. Se despidió del matrimonio y se fue, no quería estar presente cuando tuviesen la amarga conversación.
Otra que se había hecho experta en gestionar rupturas era Hermione. Tras el rechazo de Pansy, pasó dos días triste. Y luego simplemente pasó de Pansy. No volvió a la cafetería donde quedaban y no se encontró con ella ni recibió noticias suyas. Se alegró de que así fuera. Había pasado por mucho como para tener que aguantar a una niñata caprichosa y cobarde que no se atrevía a aceptar sus sentimientos. Convencida de ello, pasó una Navidad maravillosa junto a su recuperada familia. También tuvo tiempo para quedar con sus amigos, estudiar y cartearse con Bellatrix. Cumplió la orden de enviarle una foto con su vestido de fiesta; a la mortífaga le gustó tanto que le hizo prometer que lo llevaría en su próximo polvo esporádico juntas. Además, satisfizo su petición de enviarle una suya a cambio. Estaba tomada en un espectacular bosque nevado, se veía a la bruja con los brazos cruzados con su mueca de enfado -porque Sirius la había obligado a celebrar la Navidad- y a Saiph sobre su hombro con un gorrito de Santa Claus. En cuanto la sacó del sobre se convirtió en la foto favorita de la gryffindor.
Le resultó un poco extraño que escribiese un libro: ¿para qué quería que él mundo la conociera o justificar nada? Pero Bellatrix le explicó que necesitaba pasar página, cerrar ese episodio para llevar la vida tranquila que ahora necesitaba. Y a Hermione le pareció bien. Entendió que en cierta forma representaba también un acto de redención, de pedir perdón por su pasado y explicar por qué era así. Por eso le corrigió los textos con interés y pasó por alto algunas "ligeras alteraciones de la verdad". Era evidente que la estancia en Grimmauld Place había hecho ver a la slytherin que no necesitaba locura y destrucción para ser feliz. Se sentía inmensamente aliviada, tras la guerra había temido que Bellatrix no pudiese salir de su espiral de violencia y volviera a las andadas. Por mucho que la quisiera, no lo hubiese permitido. Pero no. La bruja era feliz con su dragón y sus viajes. El mundo estaba a salvo.
