Cronopios del autor: Gracias por leerme.

ADVERTENCIA: Yaoi.

Descarga de responsabilidad: Ya lo saben, esto no es mío, ojalá lo fuera.

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Hyakkoryōran

Por St. Yukiona.

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Primavera: Momo

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—Momo

En occidente conocida como la flor que el árbol de melocotón da a inicios de primavera. En Japón se le tiene especial cariño por la épica sobre "Momotaro" o el niño que nació del melocotón, se le atribuye la fortuna, pero también la duda y la adversidad como la vida que enfrentó el héroe Momotaro a lo largo de su vida.

Los ojos de Yuuri se cierran y se abren de a poco mientras que aspirapor la nariz y exhala por la boca. La espalda recta y las yemas de sus dedos apenas tocándose entre sí unas con otras de sus manos, hace varios jutsus de manos y Ren junto a Umi están callados y asombrados. El ruido del aire cortar ante el movimiento de manos que no es visible para sus ojos ante la rapidez los sorprende. El día anterior cenaron juntos y ese día desayunaron juntos antes de que Viktor se retirara prometiendo regresar temprano, ahora Yuuri está en el jardín de su casa y ellos lo espían.

—Arte ninja: Lenguaje de la tierra... —piensa el moreno dejando caer su mano contra la tierra y enterrando los dedos de su mano derecha mientras que con la izquierda concentra su chakra. Se queda callado.

La tierra le habla, la tierra se alegra de que un usuario del Arte Floral esté vivo, sobre todo, que sea ese usuario, que sea Katsuki Yuuri, y empieza a hablar sobre como se le ha mojado con sangre, y los cuerpos que han quedado olvidados. La tierra le habla sobre la destrucción, sobre enfermedad y penuria, le dice sobre el veneno que ha estado matando todos los cultivos y como un 70% de ella no podrá ser madre porque los seres humanos la han echado a perder a propósito. Aprieta los labios Yuuri aún escuchando, avisándole como los pasos de los hombres se han vuelto desconfiado y la devastación que se avecina, sobre más muerte, menos vida y un profundo dolor que hasta ella misma la siente.

La tierra le habla, la tierra llora y Yuuri promete que hará lo posible por sanarla.

"Necesito saber sobre Cao Bin", e introduce un poco del chakra que antes le ha robado al hombre y la tierra promete que le informará, porque reconoce ese chakra y tiembla, es el chakra que le ha envenenado hasta volverla inútil.

—¿Umi? —masculla sin abrir los ojos y el niño se incorpora de golpe.

—Sí.

—Ve por un pergamino y tinta —pide Yuuri. El niño afirma mientras que corre ante el pedido de Yuuri. Ren lo observa irse y vuelve su atención a Yuuri. No hay duda que es su padre. Quiere repetir los sellos para hacer la misma técnica pero él sabe que le hace falta poder—. Ren —lo interrumpe la voz del moreno y el albino alza la mirada—. Acércate.

El que usa el cabello largo de los dos gemelos traga saliva y se acerca, sentándose frente a él. La mano que ha estado reuniendo chakra coge una de las de Ren sin mirar y hace que ponga la mano sobre la tierra, transmitiendo su chakra por medio de ese toque. Ren gime porque es capaz de escuchar todo lo que la tierra le dice. La tierra le dice instrucciones, datos, coordenadas, señas particulares, relatos de batallas y peleas. Jadea porque jamás había experimentado algo como eso, y tiene que concentrarse y calmarse para poder entender todo lo que se dice, empieza a mediar su chakra aunque es difícil, pero imita a Yuuri de a poco. Los ojos claros de Ren se fijan en el joven rostro que tiene al frente, lo relajada de la expresión y cierra los ojos pero se sobresalta por toda la corriente de la información.

"Es mi hijo, es usuario del kekkei genkai floral" —presenta Yuuri y Ren abre de golpe los ojos mientras entreabre los labios, se restriega el rostro para no llorar y volver a concentrarse.

"Nuestro hijo tiene oscuridad en su corazón, todos los humanos tienen oscuridad en su corazón" —responde la tierra—. "Pero hay luz, hay luz y esperanza... hijo nuestro, debes de aprender a dejar ir ese rencor" —Ren abre otra vez los ojos y mira a su padre, Yuuri le regresa la mirada, su sonrisa lo tranquiliza.

—Quiero que observes los puntos donde están los cuerpos, y se los vayas indicando a tu hermano cuando regrese —dice en voz alta, Ren afirma—. Será duro, pero sé que puedes con eso —el calor en su pecho se vuelve a expandir por la declaración del mayor y contiene el aliento listo para enfrentarse a lo que sus ojos van a ver.

La visión que la tierra le entrega es bastante precisa. Puede ver como ven los árboles, como ven las flores, como siente la tierra suelta. La maleza ha empezado a cubrir algunos cuerpos que se encuentran en estado de descomposición, sin embargo es fuerte. Cuando llega Umi le empieza a dar indicaciones precisas. Yuuri supervisa, él se encarga únicamente de seguir siendo la conexión entre la tierra y Ren. Aunque conoce los alrededores de Konoha y los campos de batallas, confía en las ubicaciones más actualizadas que su hijo puede dar.

Después de un rato de encontrarse en aquella posición Yuuri jadea pues Ren instintivamente ha introducido un poco de su propio chakra a la técnica, y ha incluenciado en Yuuri volviendo la carga un poco más pesada. Yuuri es capaz de acceder al pensamiento de su hijo por medio de un lazo que no entiende del todo.

De pronto ya no está en el cómodo patio de la casa de Viktor sino en un lugar que Yuuri no conoce, está nevando pero no tiene frío a pesar de que el vaho escapa de sus labios. El paisaje es gris y un estallido que hace explotar una edificación provoca que Yuuri se agazape confundido preparando la seda que lleva amarrada en su cadera sosteniendo la yukata de descanso que aún tiene puesta. Extrañamente su cuerpo no se siente pesado ni letárgico, sólo un poco diferente pero se siente bien.

Otra explosión más y corre a ocultarse detrás de un muro, escucha muchas voces y algunos gritos, gira la mirada porque siente la presencia de más persona, está listo para luchar aunque sea un genjutsu.

—Umi... Ren —masculla al darse cuenta que las otras personas ahí son los niños. Lucen más pequeños que en la actualidad y su postura en lugar de relajarse se tensa, no sabe que ha ocurrido pero debe cuidar de los niños—. Vengan acá —ordena pero los dos menores no se mueven, mantienen sus manos aferradas una contra la otra y siguen hechos un ovillo contra una pared que se ha caído y sirve como un escondite perfecto—. ¡Ren! ¡Umi! —los llama pero ninguno de los dos sigue sin mirarlo siquiera.

Detonación más cercana y más gritos se escuchan. Gime Umi aterrado.

—Tengo miedo.

—No temas —consuela Ren a su hermano acariciándole la cabeza.

—Pero si morimos.

—No vamos a morir... papá dijo que vendría por nosotros —masculla Ren abrazando a su igual que se deja dar cariño—. Somos ninjas, Umi-chan, debemos de ser fuertes porque somos ninjas —insiste.

—Aún no somos gennin, tengo mucho miedo —insiste Umi.

Ren y Yuuri giran su mirada hacia la calle, los dos han presentido movimiento. Yuuri vuelve su irada hacia los niños preocupados, tiene la intensión de tomarlos y huir de ahí, pero su mano los traspasa y entiende que solo puede ver pero no interactuar con ellos, el estrés, la ansiedad y desesperación aumenta, jalándose los cabellos tiene el grito en la boca, pero éste no escapa, Ren es el que se mueve tirando de la mano de Umi para correr hacia otro punto.

Es ahí que Yuuri reconoce el lugar donde están.

Es Konoha, lo sabe porque los niños corren hacia una construcción caída, esa construcción era la biblioteca, la misma donde Mila y él pasaban las tardes antes de su misión en Vegetales, un nudo se le forma en el estómago.

¿Qué rayos está pasando? Sigue tirando de su cabello con sus dos manos viendo a sus hijos alejarse. Reacciona cuando un ninja de una aldea que el moreno enseguida reconoce como de la Aldea de la Roca aparece frente a ellos.

—¡Ren! —grita Umi cuando el ninja patea al mayor haciéndolo rebotar en el piso. Umi junta sus manos y el ataque es tan sorpresivo que el ninja no lo previene, al menos no que fuera tan poderoso de parte de un niño tan pequeño, y es que de las manos de Umi agujas de hielo se forman atravesando el pecho del hombre que los intentó atacar. Umi ahora es el que se seca las lagrimas corriendo para levantar a su hermano y tirar de su mano. Yuuri los sigue de cerca.

—Tienes el kekkei genkai de Viktor —dice entre emocionado y asustado el moreno corriendo detrás de ellos hasta que se detienen los tres de golpe, pegándose contra una pared. Agazapándose pues hay un enfrentamiento entre ninjas de dos bandos en la explanada que ha dejado algún ataque masivo. Los ojos caoba de Katsuki notan que la frente de Ren sangra pero Umi lo está curando colocándole una venda provisional con un lazo que llevaba en su muñeca que está lastimada, se ha quitado la venda de su mano para ponérsela a su hermano y Yuuri siente ganas de llorar, esos dos niños han crecido con amor y valentía y se siente tan orgullosos de ellos, agradece a los dioses que no han heredado eso podrido y malvado que caracterizaba a Chihoko Kin.

—Gran muralla de fuego —anuncia una potente voz y enseguida el calor aumenta, y los niños a pesar de que están ocultos pueden sentir la presión de las llamaradas que hacen chillar y gemir de dolor a los adversarios.

—¡Otabek! —dicen los tres, y el aludido aparece en el campo de batalla que se ha convertido la placita del centro norte de Konoha. El ninja acaba con seis adversarios tras una dura confrontación de pelea mano a mano, y corre para perseguir a otro más que ha huido, cuatro ninjas de Konoha siguen a los pocos segundos a Otabek como refuerzo.

Tristemente los niños se arrastraron entre los cuerpos de los caídos de esa batalla que pareció más una carnicería, algunos aún se retorcían en el fuego bravo que Otabek invocó. Y a Ren le cimbra el odio, la rabia y la cólera, cuando ve a su hermano acariciar la cabeza de la mujer que vende flores, cierra con sus pequeñas manos los ojos del cadáver que está endurecido, debe de tener varios días ahí pues la piel no luce igual que el de los cadáveres que recién fueron deceso. Yuuri también tiene ganas de llorar pues conoce a esa chica, ya no es la misma niña a la que dejó de ver pero aún así la reconoce y ahora sabe que jamás la podrá ver arreglar las margaritas y echar agua a las azucenas, traga saliva y mira a Ren apretar los puños con frustración y a Umi derramar las lagrimas que mojan el rostro de esa adorable mujer. Ren siente como todo se multiplica en su interior y golpea con furia la tierra, de ésta, brotan flores, que enseguida oculta con su mano para que su hermano no lo note pero Yuuri si lo hace.

El mayor entreabre sus ojos y entiende perfectamente que Umi y Ren han heredado más que solo la apariencia genética de los que fueron donantes para ser creados. Se preguntan su ambos también han heredado algo del kekkei genkai de Chihoko.

Ren mira bajo su mano, y más flores han nacido, alza los ojos y mira asustado a Umi y Umi le devuelve la mirada sorprendido. Limpia su rostro de las lagrimas, restriega sus ojos para volver a ver hacia donde su hermano ha golpeado, se acerca para tocar las flores y darse cuenta que en efecto, esas flores.

Los niños terminan por esconderse en una tienda abandonada, y comen las partes de las frutas que no están podridas. Se sientan uno a lado del otro en el rincón más oscuros y se cubren el cuerpo para no pasar frío con un pedazo de cortina o mantel polvoriento que también hallaron de casualidad.

—No le digas a papá —suplica Ren en voz baja y Umi niega.

—Yuuri también podía hacer eso... me lo ha dicho Mila-sensei —masculla comiendo y pasándole a su hermano la manzana.

—Debemos ir por él, debemos sacarle el sello —dice el mayor mirando la fruta—. Él acabaría con todo esto.

—Somos niños, no podemos hacer eso —murmura Umi sentándose frente a su hermano mientras abraza sus rodillas, el estómago se le estruja.

—Si podemos, Otabek-sensei te ha enseñado a hacer sellos.

—Pero necesitamos la llave.

—La llave la tiene el hokage.

Ren muerde su labio y toma aire para recoger un poco de sangre de su rodilla raspada, toma suficiente aire para hacer algunos sellos y coloca la mano sobre el suelo pero no ocurre nada.

—¿Qué haces?

—Mila-chan también me ha dicho que Yuuri podía hacer invocaciones... y Cao Bin-sensei dijo que me enseñaría... estos son los sellos.

—Pero necesitas firmar un contrato, Ren-chan.

—Hmp... —el niño muerde sus labios—. Entonces vayamos por la llave y después busquemos a Cao Bin-sensei y que él nos ayude a sacar a Yuuri.

—Ren-chan —gime Umi mientras le sostiene fuertemente la mano evitando que se mueva porque el mayor parece querer ir en ese mismo momento—. No sabemos dónde esté esa llave.

—Yo sí, está resguardada en la casa del abuelo.

—Pero todo está en ruinas.

—Pero la bóveda sigue intacta, nadie la debe de estar cuidando —insiste Ren.

—Ren-chan... —murmura asustado el menor.

—¿De verdad vas a esperar a que papá muera? —dice Ren alterado mirando fijamente a su gemelo quien aprieta los ojos con el pulso trémulo ante la pregunta del otro.

—No pero... pero ¿y si nos metemos en problemas?

—Estamos en problemas, Umi —responde el mayor con el ceño fruncido—. ¿No has escuchado lo que ha dicho el abuelo? ¿Lo que dice papá? ¿lo que dicen todos? ¿No has visto lo que están haciendo esos monstruos? El único que puede detenerlas es él...

—Pero si de verdad es un... —Ren empuja fuerte a su hermano al punto que éste cae de espaldas, los dos se habían puesto de pie.

—Katsuki Yuuri no es un criminal —resuelve el niño con total seriedad—. También es nuestro padre, y lo debemos amar y respetar tanto como amamos y respetamos a Viktor —Ren se restriega el rostro.

Yuuri está sentado frente a ellos sin palabras, con un sentimiento profundo y desconocido.

—¿Niños?

Los tres alzan la mirada. Yuuri no sintió el momento en que alguien se acercó tanto.

—¡Papá! —grita Umi, pero Ren lo detiene sacando una kunai y colocando a su hermano detrás de él.

Viktor observa a sus hijos y entiende la desconfianza de Ren. Por lo cual hace varios sellos manuales hasta que une sus palmas y al separar las manos forma una telaraña de hielo entre ellas, en el centro de la telaraña hay un copo de nieve perfectamente formada. Ren con desconfianza inspecciona la obra de arte y tras comprobar con la punta de la kunai que es realmente hielo, se acerca hasta su padre para abrazarse a su cintura, Umi lo imita, Viktor acaricia la cabeza de ambos, y los carga entre sus brazos, uno en cada uno, antes de presionarlos más contra su cuerpo.

El shinobi no luce mejor que sus hijos, los estragos de los enfrentamientos se leen en su apariencia, debe tener lastimada algunas costillas y quizás aún sangra su brazo pero no importa, sus hijos están ahí.

—Los llevaré al refugio —inquiere mientras que salta hacia unas ruinas y de ahí al techo de uno de los edificios.

Yuuri quiere seguirlos pero se da cuenta que su cuerpo ya no se mueve, los pies se le están desvaneciendo, mira sus manos y nota como éstas también se desvanecen. Cierra sus ojos dejando que la frialdad de su cuerpo se desvanezca por completo.

...

Viktor lo vuelve a ver dormir. Los niños salieron corriendo asustados cuando Yuuri colapsó en el patio después de aquel increíble jutsu donde la tierra le habló a Ren. Lo ha llevado a descansar, llamó a Mila y tras examinarlo le ha dicho que solo está agotado, tendrá que volver a entrenar para que su cuerpo se acostumbre y pueda hacer un uso total de todas sus habilidades. Pero pasa menos tiempo del que espera cuando Yuuri empieza a moverse.

—Buenos días —sonríe Viktor y Yuuri le devuelve la sonrisa con debilidad.

—¿Los niños están bien?

—Sí, Ren me ha dicho que sin querer dejó ir chakra suyo y supongo que fue ahí cuando se sobreforzaste —acaricia su mano con lentitud y Yuuri agradece la atención.

—Sí... ¿Hizo el contrato con los cuervos? —pregunta Yuuri incorporándose para sentarse en la cama.

—Ren lo hizo, estuvo un tiempo entrenando con ellos —explica—. Y recién descubrimos que tiene tu Kekkei Genkai.

—Umi posee el tuyo.

—Pero Umi ha decidido no ser un ninja.

—¿Por qué?

Al usuario del elemento hielo le apena decirlo y desvía la mirada mientras entrelaza sus propios dedos pensativo, ahora es Yuuri el que acaricia las manos del contrario haciendo que éste lo observe nuevamente al rostro.

—Cao Bin lo sometió a entrenamiento... y Umi...

Katsuki asiente y suspira un: "Ya veo".

—Con lo que él sea feliz va a estar bien, ¿No crees?

—Lo mismo he pensado —responde Viktor—. ¿Quieres comer?

—Me gustaría comer katsudon. ¿Crees que sea posible que salgamos?

—¿Salir?

Yuuri afirma con un asentimiento de cabeza y el rostro maduro de Viktor produce cosquilleos en su joven cuerpo porque la expresión es seria, pensativa y adulta. Yuuri sigue siendo un adolescente con pensamientos astutos de un shinobi adiestrado desde una temprana infancia pero en su corazón aún existe ese puro sentimiento de entrega y lujurias jóvenes, hormonales que producen un sonrojo total cuando Viktor lo mira a los ojos y enarca la ceja confundida debido a la expresión ida del menor.

—¿Todo bien?

—Sí-í... yo... —Yuuri desvía rápidamente la mirada.

—¿Tienes fiebre? —la mano de Viktor es grande, a nada se parece a aquella mano que le sostenía con fuerza y posesividad hace más de diez años atrás—. Tienes un poco de fiebre —infiera y aparta la mano pero Yuuri la atrapa antes de que se aleje.

Los ojos de Viktor vuelven a estar sobre los de Yuuri y no lo comprende.

—Quiero que salgamos hay muchas cosas que cambiaron... supongo que la villa también cambio.

—Sí, todo cambio.

—Entonces ¿Si salimos?

Viktor sigue siendo al rostro de Yuuri, verlo provoca que los diez años que han pasado por su cuerpo desaparezcan y es nuevamente el muchacho de 18 años que quería todo o nada con el usuario de aquel adorable y letal kekkei genkai.

...

—¿Los niños?

—Ren ha sido llamado a la oficina del hokage, nosotros iremos más tarde, mi padre quiere hablar contigo y el concejo también, los cargos por los cuales te condenaron se absolvieron por tu ayuda contra Cao Bin. Pero estarás bajo supervisión.

—¿Podré volver a la base?

—A la ANBU no creo que el concejo lo permita, sobre todo porque Cao Bin fue el que te invocó.

Los dos van lado a lado caminando por las calles de Konoha. Todo es nuevo, desconoce totalmente lo que sus ojos están viendo. Cruzan la avenida comercial Norte, y se da cuenta que es la misma zona con la que soñó donde vio los niños y a Viktor heridos. Viktor se da cuenta que Yuuri está inmerso en algún pensamiento profundo, y que sus ojos se ven muy interesados en las construcciones nuevas. Lugares como la biblioteca, la escuela o el recinto Hokage sigue siendo igual, incluso algunos comercios pero otros desaparecieron para dar lugar a nuevos lugares.

—Después de que te sellara la guerra estalló porque las naciones más grandes querían someter a las más pequeñas —explicó Viktor con su voz ronca y varonil haciendo eco en la cabeza de Yuuri que volvió a sentir el escalofrío recorrerle el cuerpo. Los ojos caoba se fijan en el mayor, es más alto que él, una cabeza más alto que él, le llega apenas al hombro, la diferencia le molesta porque desde que se conocieron Viktor había sido más alto cuando él cumplió 17 y Viktor rondaba los 20 las cosas se habían emparejado pero ahora nuevamente había una distancia abismal—. Hubo una incursión enemiga y dejó a la aldea en ruinas, hubo muchas muertes, muchas bajas, no todos los civiles alcanzaron a llegar al refugio. Fue bastante...

—Tú fuiste por Ren y por Umi, ¿no?

Los ojos azules del mayor se fijan en el menor que pensativo sigue caminando.

—¿Cómo lo sabes?

—Cuando dos shinobis entrenan en el Yermo de los huesos con los Cuervos, hay cierto jutsu especial que te permite acceder a las memorias de amos anteriores, algo así como la experiencia de tus antecesores. Yo dejé ahí algunas memorias, y al parecer Ren accedió a esas memorias —Viktor escuchaba a Yuuri que se seguía expresando con la misma propiedad, nada en él había cambiado un solo pisco—. Sin embargo, no es algo... unilateral —Yuuri mira a Viktor—. Es bilateral y hoy que insertó un poco de su chakra en mí pude ver una de sus propias memorias.

Viktor entiende, afirma un poco fascinado.

—También vi que saliste con Sara Crispino —suelta de golpe y Viktor se gira con violencia a ver a Yuuri que con calma acomoda el cuello de su yukata.

—¿Qué-é? Yo no salí con ella y...

—La escuché llegar a casa el día que me llevaron allá.

—Se supone que estabas dormido.

—Pero podía escuchar —aclara—. ¿El sitio de los katsudon aún existe?

Viktor se debate entre llevar esa conversación hasta las últimas consecuencias pero cede y suspira. Afirmando con la cabeza.

—¿Aún sales con ella?

—No salgo con ella, no salí con ella... sólo estábamos en conversaciones.

—¿Conversaciones de qué?

—...

—¿Te pensabas casar con ella?

El mutis que le responde le propina un frío mayor al que antes sintió estando congelado y la respiración se le corta brevemente. Ha recibido ataques y heridas profundas donde su vida peligra, pero a nada se compara con ese silencio por parte de Viktor.

—¿No creíste que fueran a liberar el sello en algún momento? —Yuuri se detiene para mirar a Viktor al rostro. Éste tiene que bajar un poco la mirada para poder observarle de frente y eso enfada a Yuuri que se cruza de brazos por dentro de la yukata, su espalda es recta, su postura innegable y un poco altiva, Viktor puede ver la chispa de indignación nacer en ese par de ojos castaños.

—Sí pe-pero... —¿Cómo lo explica? —. No pensé que fuera a ser en los siguientes diez o quince años y... los niños...

—¿Necesitaban una madre?

—Sí porque yo no podía atenderlos y...

—Yakov te educó perfectamente solo —espetó el moreno.

—Aún así se casó con Lilia.

—Por amor.

—Dios, Yuuri.

—¿Amas a Sara?

—¿Qué? —Abrió los ojos el albino sorprendido por la pregunta que sonó absurdo—. Claro que no, no amo a Sara, Yuuri... ¿No te dije que te sigo amando?

—Pero me estás diciendo que te pretendías casar con ella —alza un poco la voz y se queda callado de inmediato, frunce los labios, niega y bufa suavemente—. Se me ha quitado el apetito.

—Yuuri —Viktor lo sigue cuando el aludido empieza a caminar.

—Viktor, de verdad... tú no entiendes cómo se siente todo esto.

—Tú fuiste el que decidió en un principio por su cuenta irse a sacrificar a una misión suicida sin decir nada a nadie. ¿Cómo crees que me sentí yo estos doce años?

El menor no habla y Viktor asume el silencio de Yuuri como una victoria sobre esa pequeña riña, aunque le sienta fatal cuando los ojos del shinobi más joven se oscurece. Yuuri se da la vuelta para volver a caminar, no quiere ver a Viktor.

—Yo si entiendo que hombre soy un shinobi, Viktor. Y si tengo que exponer mi vida para que la vida de quienes amo esté a salvo lo volveré a hacer —empieza a caminar nuevamente reanudando su marcha.

—Yuuri —lo llama el mayor—. Yuuri —pero el moreno lo ignora y la exasperación le raya la paciencia al padre de dos niños—. ¡Te estoy hablando! —grita y varias miradas se vuelven a la escena, el moreno se gira con el gesto altivo, prepotente, arrogante, frunce el ceño retando al albino con la mirada.

—No soy tu hijo para que me grites, Viktor —sentencia fríamente antes de desaparecer en un parpadeo, se dirige hacia la torre del hokage. Aún no es hora de que se encuentren pero es el único lugar que Yuuri conoce y sabe que está en el mismo sitio donde lo dejó la última vez.

Viktor no tiene cada para seguir a Yuuri porque siente empatía con el pensamiento de Yuuri y su férrea convicción, de hecho, a pesar de la edad que dista entre ellos, Yuuri sigue siendo más maduro y centrado que él, es una patada a su orgullo. Chasquea la lengua.

...

No puede con la frustración, el enojo y los celos que Viktor le produjo. Ignora brevemente las miradas que algunos shinobi le dedican mientras camina hacia la entrada. Otros incluso se detienen para observarle. Yuuri es consciente que uno o dos ANBU le siguen los pasos desde que salieron de la casa de Viktor, y se detiene antes de subir las escaleras cuando al alzar la mirada puede ver a dos enmascarados obstruyéndole el paso. No sabe a quién pertenece cuál máscara y por las contexturas físicas es imposible adivinar, es una mujer y un hombre.

—El hokage se encuentra ocupado —dice uno de los enmascarados y su voz es amortiguada por la máscara. Yuuri no la reconoce y es un amargo descubrimiento, pero se encuentra enfadado y frunce el ceño.

—Entonces lo esperaré —anuncia subiendo un escalón más y los Anbu no se movieron.

—Vuelve, te mandará a llamar —sisea el otro ANBU, esa tersa voz es la misma que resonó en casa días antes. Era Sara. Y la sangre hierve en Yuuri que suspira.

—Lo esperaré aquí, si es necesario afuera de su oficina —comenta subiendo otro escalón.

Y ambos ANBU sacan sus armas cortas. El brillo de la kunai y su prometedor filo no inquietan a Yuuri que sigue andando hacia el segundo piso, y los ANBU se apresuran hacia él en un salto. El moreno hace un movimiento de manos pero uno de los ANBU ha aparecido detrás de él y lo ha apuñalado con la kunai pero en realidad sólo ha apuñalado a un montón de hojas y ramas, jutsu de sustitución, murmura Sara girando su mirada hacia el segundo piso. Yuuri no se ha despeinado y ya está frente a la puerta del hokage.

Minami se quita la máscara con una sonrisa en sus labios, una enorme y emocionado. Sara chasquea la lengua energúmena.

—Ese es el genio del que todos hablan —murmura extasiado Kenjiro, y Crispino ve de reojo a su compañero.

—Recuerda que sigues mis órdenes —sentencia la chica y Minami se vuelve a poner la máscara, los dos desaparecen en un guiñón dejando atrás las hojas y ramas secas. Yuuri toca la puerta con calma.

—Adelante —escucha desde el interior.

Abre la puerta y dentro se encuentran varias personas, tres shinobi delante del escritorio del hokage, el hokage en su lugar y alguien a su lado ofreciéndole unos documentos.

—Katsuki-kun —es la voz rasposa de Yakov la que hace que los presenten viren su atención al recién llegado y más de uno, como ocurrió antes con los ANBU, queden plantados en su lugar. Yuri y Mila lo han visto antes, ellos lo rescataron de alguna manera o mínimo se podría decir que estuvieron presente cuando Cao Bin atento contra la vida de Umi, contra la de un colega y contra las leyes para hacer lo que muchos consideran una abominación, un sacrificio humano sin importar el motivo es una abominación.

Leo, que es el otro chuunin en la sala se queda horrorizado al ver a Yuuri. No existe persona en Konoha que no lo conozca y no conozca la historia detrás de su condena así como sus terroríficas habilidades en batalla. Pero lo que más hace escarmiento en Leo es la apariencia del moreno, es idéntica a la que recuerda cuando era un niño y Yuuri aún no era considerado traidor. Traga saliva tenso. Hay muchas voces que se han levantado cuestionando la decisión del hokage y más de uno ha quedado de acuerdo que es demasiado peligroso tenerlo entre las filas. Ejecutarlo de una vez, es lo mejor, ahorita que está débil. Pero Leo no tiene las agallas porque el temple de Yuuri es firme, se sabe inquebrantable y, lo más extraordinario, el único poseedor de un kekkei touta, probablemente, en toda la nación.

—Hokage-sama —hace una reverencia Yuuri.

Mila y Yuri no se mueven, por más que lo vean, siguen sin creer que ahí está, vivo. De pie. Respirando y existiendo. Pero Yakov es más flexible y esboza una sonrisa suave, una calada a su cigarrillo.

—Lamento no haber ido a verte —murmura el hombre.

—No es su obligación —infiere Yuuri con una sonrisa suave porque Yakov luce igual de cómo lo recuerda, quizás un poco más viejo y sin cabello, pero sigue siendo Yakov—. Lamento haber venido sin avisar antes.

—Estos tres ya se iban —miró a los chuunin quienes desviaron la mirada. Min-Soo Park, ella si sigue idéntica, no ha cambiado ni un poco, y aguarda con documentos contra su pecho mirando a Yuuri con tranquilidad—. Ya se iban con el entendido que deben arreglar su desastre.

—¿Ah? Fue culpa del bastardo de Minami —gruñe el rubio y ante la mirada inquisidora del hokage bufa metiendo sus manos a sus bolsillos—. Cómo sea... —vocifera caminando a la salida mirando a Yuuri de paso, dándose cuenta que ahora, es más alto que él. Se detiene a la altura de éste—. Puliré mi lanza... y no podrás detenerla —sentencia de forma fría, su camino sigue hacia el frente y Yuuri se sorprende un poco para después sonreír con debilidad, cuando recién despertó recuerda brevemente haber desviado dos lanzas. La lanza bicéfala, ahora entiende que era la de Mila y Yuuri, y es la primera con la que intercambia miradas y hay tanto oculto en los preciosos ojos claros de la chica, ella muerde sus labios, mira hacia hokage, hacia el rubio que la espera afuera y no puede soportarlo más, se abraza a él por el cuello.

Yuuri se sobresalta un poco, jadea porque es la primera muestra de cariño que recibe fuera de casa y cierra los ojos para pasar sus manos por la cintura ajena, apretándola, devolviéndole el afecto.

—Gracias —masculla la pelirroja contra el oído de su maestro para alejarse y apremiar su paso avergonzada el moreno sigue sonriendo, pero la mirada llena de intriga y desconfianza de Leo le advierte la tormenta que se avecina.

—Min-Soo, que nadie me moleste y llama a los ancianos, por favor —solicita el hokage—. Yuuri, acompañame —solicita mientras se incorpora para caminar hacia el exterior, guiando a su invitado por el pasillo, en el fondo los ANBU de antes se encuentran en evidente espera. Yakov los ignora y Yuuri decide hacer lo mismo.

Había llegado el momento de saber la certeza de ese futuro incierto. De ese niño que el río les había regresado a Konoha..

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St. Yukiona.

Quien los ama de corazón, pulmón y páncreas.

(Por cierto, ¿Ya me siguen en mis redes sociales? Facebook donde comparto cositas de anime: /tiayukiona y mi Insta donde les platico de mis viajes: Styukionna, espero me sigan y poder compartir más tiempo juntos. ¡Saludos y besotes, Mazapanes!).