Luego de un par de años por fin he podido subir este capítulo. Me costó avanzar de la mitad mucho tiempo, y es que creo haber desarmado lo que viene en adelante unas 5 veces que ya ni sabía lo que quería escribir. Pero ahora que tengo mucho tiempo libre, por fin pude darle un poco de forma a todo esto. Perdonen si la forma de escribir cambia en el paso del capitulo, pero ya había reescrito el inicio tantas veces que sentia que, si volvía a hacerlo, la historia seguiría estancada.
En fin. No prometo que pueda actualizar pronto, pero haré todo lo posible para hacerlo antes de que se me acabe la inspiración. Además, hasta marzo en verdad tengo mucho tiempo libre.
Dedico este capítulo a todos mis fans que, al día de hoy, vuelven a leerlo, y a los que recién acaban de encontrarlo. De corazón, muchas gracias
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Capítulo 28: Cuando sabes que no la contarás dos veces
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La llegada a la casa de Urahara había sido tanto o incluso más tensa de lo que esperaba, aun cuando el viaje había solo durado un par de minutos y en ningún momento le dirigieron la mirada. El shinigami lo llevaba atado de brazos tras la espalda con unas esposas que anulaban cualquier tipo de ataque que implicara el uso de su riatsu y que eran inmunes a ataques físicos de cualquier tipo. O sea, casi indestructibles.
Aun así, Ulquiorra se encontraba tranquilo, con un horrible dolor de cabeza que le taladraba de lado a lado, pero tranquilo. Sabía que si hacía algún movimiento imprudente el shinigami que lo acompañaba más los dos que los seguían a la distancia no dudarían un segundo en mandarlo por toda la eternidad a Hueco Mundo y en verdad no podía darse el lujo de irse en este momento. No con una madre que lo esperaba fielmente al otro lado del mundo, con una carrera que terminar, con un trabajo que le "agradaba" y una mujer con quien seguir disculpándose por ser el tipo de hombre que más odiaba, que no pudo controlar y que siempre le perseguirá de cerca por ser tan débil.
Tronó sus dientes con ira.
Si algo extrañaba de Las Noches y de ser un Espada era el total control sobre sí mismo y sus "emociones". Siempre calmado, analítico, impenetrable. Ahora como humano las cosas habían cambiado radicalmente. Seguía calmado, su naturaleza era esa, pero se había vuelto débil, frágil de pensamiento y algo idiota a la hora de tomar decisiones.
Era un humano cualquiera.
Y al final la mujer debía cargar con todo. Como hoy y como siempre lo había hecho desde el día en que sus miradas se cruzaron.
-Ya llegamos.
Las frías palabras del shinigami lo devolvieron a la realidad. A solo dos pasos de distancia la casa de Kisuke Urahara le daba la bienvenida más fría que de costumbre.
-¿Por qué estamos aquí? ¿No que los shinigami pueden abrir el Senkaimon en cualquier parte?
El shinigami lo miró con el ceño fruncido.
-No creo que estés en posición de andar pidiendo respuestas, hollow – Ulquiorra rodó la vista con fastidio pero su expresión cambió drásticamente al ver sobre el tejado algo que llamó su atención-.
-Creo… que no entienden que los que no están en posición son ustedes -agregó con confianza sin cambiar de expresión en el rostro-.
-¿Disculpa?
-Entraron a mi casa sin permiso a mitad de la noche, me maniataron y me llevan al Seiretei como un delincuente sin siquiera decirme los cargos- rebatió tranquilo Ulqiorra mirándolo directamente a los ojos - Creo que saber el porqué de la casa de Urahara Kisuke es lo mínimo que podría pedir a los supuestos "dioses de la muerte", shinigami. Además, los habitantes de esta casa, que por si no te das cuenta están de nuestro lado, pueden pedir respuestas por los métodos que ellos quieran sin tener que rendirles cuentas al Seiretei.
De repente un gato negro saltó del tejado y se colocó sobre el hombro del joven, donde se dedicó a mirar fijo al shinigami tan profundamente que logró ponerlo nervioso.
El silencio inundó el ambiente por unos instantes hasta que uno de los shinigamis que los seguían se colocó al lado del pelinegro. Ni siquiera le dirigió la mirada.
-Es un pedido que hizo Urahara-san al capitán Yamamoto -le respondió - Él quiere que al volver a sus cuerpos estén todos reunidos en su casa. Aunque dudo mucho que eso pase.
El gato volteó su vista al nuevo shinigami y de vuelta al pelinegro de forma curiosa. ¿Tan seguro estaba Urahara de que saldrían ilesos que hizo tamaña petición al Seiretei? ¿Qué diablos pasaba por su cabeza al estar pidiendo favores cuando sus cabezas pendían de un hilo? Y peor aún, ¿por qué diablos le concedían tan fácilmente sus peticiones?
Obvio, si los mataban era más fácil si estaban todos juntos.
A los pocos segundos Ururu les abrió la puerta y aquel gato saltó dentro de la casa. Los cuatro entraron a paso calmo, Ulquiorra fue sacado de su cuerpo a la fuerza y cruzaron el Senkaimon hacia la Sociedad de almas para encontrarse al instante en medio del Seiretei.
Era una pena que por la compañía de los shinigamis y su actual forma de espíritu no fuese necesario pasar por el Dangai. Eso si le traía muchos recuerdos de la mujer, no de los mejores, pero recuerdos al fin y al cabo. Quizás esa fue su primera conversación o, mejor dicho, su primera interacción civilizada con ella.
Y había sido para secuestrarla.
"Bravo Ulquiorra, bravo".
Un suspiro escapó de sus labios antes de detenerse por un momento.
-Camina - fue la orden del shinigami al ver al pelinegro de pie, absorto viendo el paisaje nocturno de ese espacio adimensional. La sociedad de Almas estaba totalmente a oscuras y una gran luna llena color sangre le daba un aspecto casi mágico al ambiente-.
Uno de los shinigamis comenzó a caminar frente al chico y este lo siguió de cerca mientras sus dos acompañantes lo seguían flanqueando sus costados. Las calles se encontraban abarrotadas de más shinigamis que lo veían entre curiosos, asustados y con desprecio.
Nada nuevo.
Aun así algo le llamó la atención. Los ojos de Kushiki Rukia destellaban como pocos en medio de la muchedumbre. Quizás era efecto de la luz de la luna, pero juró ver preocupación en aquellos orbes purpura. No por él, claro, sino por la mujer. Por Orihime.
Siguió caminando y diez minutos después se encontró frente a la gran puerta del cuartel número uno para conducirlo a su interior. Nuevamente era el último en llegar.
"Deja vú".
Los shinigamis que lo acompañaban se retiraron en silencio luego de una corta reverencia hacia el capitán Yamamoto y cerraron las grandes puertas tras de sí. Miró a su derecha y se encontró con sus compañeros Espada en las mismas condiciones que él, a excepción Grimmjow quien se encontraba con los brazos atados a su torso, su mejilla izquierda hinchada y un pequeño rastro de sangre en su labio inferior.
Nell lo buscó con la mirada elevando un poco su riatsu para llamar su atención. Sus ojos estaban hinchados de la misma forma que los de Orihime cuando lloraba. ¿Qué mierda le había pasado? Quería respuestas y ella lo notó de inmediato, pero no dijo nada. Simplemente se limitó a bajar la mirada y poso su rostro sobre el hombro de Harribel para que él no pudiese verla.
Siguió observando a su alrededor y se encontró con la mirada de Coyote. Con disimulo le indicó que mirara hacia el otro lado y pudo ver a un Nnoitra totalmente ido. No sabía si en sus ojos había tristeza, ira o quizás solo decepción. Tal vez eran las tres a la vez.
Y ahí simplemente lo entendió.
-Viendo que estamos todos reunidos... - la voz de Yamamoto retumbó con fuerza en el salón sacándolo de sus cavilaciones- ...demos comienzo con el juicio.
- ¿Juicio? – Preguntó en voz baja solo para sí, luego miró con disgusto a su grupo de "amigos" - ¿Quién fue?
- ¿Dijiste algo hollow? – nuevamente se alzó la voz del capitán Yamamoto pero Ulquiorra lo ignoró olímpicamente -.
- ¿Quién fue qué? – le respondió Szayel mirándolo con desagrado -.
-El idiota que logró que todos estemos en esta situación.
"Que no sea quién creo que fue", pensó.
- ¿A caso no es obvio? -.
"Sí fue él"
-Te creía más rápido de pensamiento, cuarta.
-No estoy de humor para tus provocaciones ahora, octava – respondió con ira – Ahora explica qué fue lo que pasó.
- ¿No es lógico? El idiota de tu "amigo" rompió las reglas y luego lo golpearon por ponerse a discutir con los shinigamis que lo fueron a apresar.
-Grimmjow… - su ceño se frunció nuevamente y volteó la mirada hacia su amigo-.
Grimmjow simplemente bufó con rabia y corrió la mirada.
-Oigan… - se escuchó el murmullo de Coyote – Será mejor que se calmen.
El riatsu del capitán general se alzó de tal forma que los tres jóvenes lo miraron con precaución. Estaba enojado.
-Volviendo al tema… creo que ya saben su sentencia, ¿no es así?
El ambiente se volvió pesado. Nadie se atrevía a decir nada, mucho menos a refutar aquellas palabras, pero Ulquiorra nuevamente contestó.
- ¿Puedo pedirle que me diga exactamente en qué mi compañero rompió las reglas?
- ¿Eso importa a estas alturas?
-Claro que sí – respondió sin quitarle la vista de los ojos – Quizás Grimmjow sea un idiota pero nunca haría algo para dañarnos, mucho menos a él mismo. Por eso le pido que me diga donde se rompieron las reglas… por favor.
Eso último simplemente lo susurró.
-El hollow fue sorprendido utilizando una técnica llamada Pesquisa – contestó de la nada el capitán del sexto escuadrón. Claro, solamente él se atrevería a responder pasando de largo al Capitán Yamamoto sin tener que insultarlo de forma directa –.
Ulquiorra desvió la mirada hacia el pelinegro y luego nuevamente hacia su amigo. ¿Por qué habría tenido que usar aquella técnica? Otra vez la respuesta era obvia.
Lo había estado buscando.
-¿Entonces simplemente los matamos? – Esta vez fue Hirako quién alzó la voz -.
-Eso es lógico. Rompieron las reglas – esta vez respondió la Capitana del segundo escuadrón con el ceño fruncido -.
-Es una lástima…. Orihime-chan se pondrá muy triste e Ichigo vendrá nuevamente armando un lío de los grandes.
-¿A qué te refieres con todo eso, Hirako? ¿Cómo que Ichigo vendrá? – Preguntó exaltado Kenpachi - ¿No que no le gustan los hollows?
-Si, bueno… ¿Y a quién no?
-¿¡Entonces!? ¡Por un demonio, responde de una maldita vez!
-Es que Ichigo es amigo de una de los Hollows además le tiene demasiada estima a Orihime-chan y si la ve sufrir por la trágica pérdida de su noviecito, bueno… ya saben lo impulsivo que puede llegar a ser con la motivación necesaria.
-¿Noviecito? ¿Quién?
-¿Es que no lo sabes? Vaya, vaya Kenpachi-san. En verdad pensé que estaría mucho más enterado en este tema tan delicado.
-Shinji – susurró con precaución Kensei pero Hirako parecía hacer oídos sordos. Pocos momentos como estos se le presentaban para hacer rabiar a Kenpachi sin poner en riesgo su integridad física, es por ello que lo aprovecharía sin duda alguna -.
-¡Responde Carajo! ¿O quieres que te rebane en dos? – Esta vez Kenpachi apretó con fuerza el mango de su Zampakuto mientras los demás capitanes lo veían de reojo. Ninguno era tan idiota como para interponerse entre Kenpachi y sus locos ataques de ira.
-Ya, ya, tranquilo. ¿Ves al pelinegro con cara de fastidio? Pues es él – respondió con simpleza mientras señalaba a Ulquiorra -.
Los ojos de Kenpachi y los de algunos otros capitanes viajaron rápidamente hasta Ulquiorra sin poder creérselo del todo. ¿En serio Orihime se había enamorado de tal personaje? ¿Era una broma?
"Curioso, estando fuera de mi cuerpo ya no me duele la cabeza" fue el único pensamiento de Ulquiorra al sentir las miradas de los shinigamis sobre él. El chico del fastidio simplemente se había apoyado en un muro entre sus amigos mientras miraba hacia algún punto fijo cualquiera.
En verdad tenía cosas mucho más importantes que pensar que estar escuchando las banas discusiones de simples shinigamis como el qué haría con su vida cuando volviese al departamento de la mujer. Claro, siempre y cuando se salvara de esta.
-Esto debe ser una broma – se escuchó nuevamente a Kenpachi -.
-Pues más vale que lo creas. Además, no soy el único que lo sabe, ¿O me equivoco, capitán Hitsugaya?
El aludido simplemente se cruzó de brazos y desvió la mirada. Claro que lo sabía. Matsumoto se lo había comentado – más bien gritado – el día que había vuelto de su misión en la Tierra de niñera de los Hollows.
-¡Silencio! – nuevamente la voz del capitán Yamamoto resonó por toda la sala, logrando que algunos pegaran un salto de la impresión -. La sentencia se llevará a cabo, de eso no hay duda por mucho que lo discutan.
-¿Entonces que estamos esperando?. El tiempo apremia – esta vez fue el capitán Kurotsuchi quien alzó la voz. Este era el momento oportuno para poder quedarse con algún Espada para ciertos experimentos sin dar mayores explicaciones. Ahora sí que sí -.
-A Urahara Kisuke.
"¿Urahara?" pensó el pelinegro mirando hacia los capitanes y luego hacia la salida. "Es verdad, aún no lo hemos visto, y tampoco sentí su Riatsu en su casa".
-¿Urahara-san? ¿Por qué debemos esperarlo? - preguntó despacio Nell mientras se colocaba al lado del pelinegro - Por lo que yo se él no ha hecho nada malo… o muy malo, la verdad.
-Él fue quien comenzó todo esto, así que… quizás… - y algo hizo 'click' en su cabeza -.
-Así que… ¿Ulquiorra?
"Claro. ¿Cómo pude ser tan iluso?"
Era lógico. Esa era la razón por la que ellos no habían sido asesinados la primera vez. ¿Cómo pudo haberlo pasado por alto tanto tiempo? El Gotei 13, o mejor dicho, el capitán Yamamoto había sido tan generosos con ellos simplemente porque sabía lo que provocaba la presencia de Urahara Kisuke en toda la Sociedad de Almas. Si sabía cómo y dónde presionar quizás podría…
-Hey, Tierra llamando a Ulquiorra – La mano de Nell pasando frente a su rostro lo trajo nuevamente a la realidad - ¿Ocurre algo?
-Nada.
-¿Estás seguro?
-Completamente.
Tomó aire profundamente y volvió su mirada hacia el capitán Yamamoto el cual, para su sorpresa, lo observaba con el ceño fruncido. ¿A caso lo estaba analizando? Quizás se había dado cuenta de sus pensamientos hacia el ex shinigami. ¿Entonces por qué no le decía o reclamaba nada?
-¿Algo que confesar, hollow? – bien, ahí estaba su reclamo -.
-Nada que le importe – Las miradas de todos se posaron en Uquiorra -.
-¿Estás seguro? Después de todo, el más allegado a Kisuke Urahara eres tú, ¿o me equivoco? Por lo tanto si alguien sabe dónde él se encuentra, ese debe ser tú.
-Pues se equivoca. Lo que haga él con su vida en sus tiempos libres me tiene sin cuidado.
-¿Y todas esas visitas a escondidas que tienes con él, se deben a algo en particular?
"¿Cómo sabe…? Claro, los shinigamis chaperones que nos siguen"
La mirada inquisitiva de Nell y Grimmjow lo taladraban pero él trató de seguir igual de sereno que siempre. No podía mostrar la debilidad que había surgido en él al volver a ser humano, no ahora entre tantos shinigamis.
-No tengo por qué responderle a eso. Yo no hablo de mi vida privada con nadie que no sea de mi total confianza, mucho menos con shinigamis
Volvió su mirada a su pareja de amigos y con un gesto del dijo que hablarían más tarde. Nell asintió tranquila y Grimmjow volteó la mirada.
-Insolente. ¿A caso no sabes con quién estás tratando? -La voz del Capitán Yamamoto resonó con fuerza en la estancia. El aire se volvió tenso y nuevamente todas las miradas se volteaban a verlo -.
-Estoy tratando con un shinigami que lo único que busca es una excusa para asesinarnos. Pero para su desgracia está discutiendo conmigo así que no espere compasión en mis palabras solo por su rango. Tampoco caeré en sus juegos así que deje de atacarme que para la próxima ya no tendré tanto autocontrol como ahora lo hago.
Ahí estaba, lo había dicho. No solo le había respondido al Capitán Yamamoto sino que hasta se había dado de lujo de desafiarlo aun teniendo las manos atadas con nula posibilidad de atacar. Ya tanto fue la sorpresa de todos que pocos se atrevieron a mirar al shinigami para ver su reacción. Una mirada tranquila donde sus ojos brillaban con rabia pura.
Aun así Ulquiorra no apartó su mirada. Algo le decía que si llegaba a hacerlo estaría firmando su sentencia de muerte. Y también estaba su orgullo, uno que nunca dejaría que fuese pisoteado, mucho menos por un simple shinigami.
El riatsu del Capitán Yamamoto se incrementó de golpe, logrando que todos los hollows se pusiesen en guardia. La situación se estaba saliendo de control y sus manos seguían atadas por las esposas represoras de riatsu. Tenían que pensar en algo pero solo una idea pasaba por la cabeza de todos: hacerle frente.
-¡Vaya! Al parecer llegué a tiempo – la voz de Urahara hizo que todos los presentes voltearan su mirada hacia la entrada. Ahí estaba el rubio, apoyado en la puerta de entrada con los brazos cruzados y una sonrisa socarrona en el rostro.
-Kisuke Urahara – la voz del capitán Yamamoto nuevamente resonó en aquella habitación con fuerza sin bajar el nivel de su Riatsu – Hasta que al fin te dignas a aparecer.
-Mis más sinceras disculpas, Capitán comandante. En verdad intenté llegar antes pero ya sabe, siempre surge algún contratiempo inesperado y...
-Suficiente. ¡Arréstenlo!
-No es necesario que se moleste, ya me entrego yo – Dijo llevando sus manos hacia adelante esperando que lo esposaran -.
El capitán Kyōraku se acercó al rubio despacio y ató las manos de su ex compañero.
-Espero que sepas lo que haces llegando así de improviso – le susurró mientras terminaba su labor -.
-Bueno, más o menos. Quizás tengo la idea de un plan.
-¿Uno que valga la pena?
-Pues eso espero.
El capitán Kyōraku volvió a su sitio y esbozó una pequeña sonrisa.
-Entonces, siguiendo donde nos quedamos… - comenzó el capitán Yamamoto mirando con el ceño fruncido a los Espada – Ya saben la sentencia.
Los Espada tragaron duro mientras instintivamente se acercaban unos a otros.
Este era el fin. En verdad lo era.
-Disculpe, capitán Yamamoto. ¿Puedo pedirle cinco minutos de su tiempo para comentarle algo? – volvió a comentar Urahara levantando un poco una de sus manos -.
-¿Crees que eso ayudará a evitar que los mate?
-No, por supuesto que no. Si quiere los mata – Los Espada fruncieron el ceño pero no se atrevieron a decir nada, menos cuando volvió a hablar – Solo… me gustaría comentarle algo en privado que puede le interese y hasta nos termine beneficiando a todos.
El silencio calló de golpe en la sala.
-¿Por qué crees que debería confiar en tus palabras?
-Bueno, por nada en especial. Después de todo soy casi como un criminal – comentó levantando sus hombros - Pero créame que lo que menos quiero es alterar por completo el curso natural de estos tres mundos.
Nuevamente el silencio reinó en la sala por varios minutos, unos que se hicieron eternos hasta que el capitán nuevamente habló.
-Kisuke Urahara, ex capitán en el Gotei 13 y creador de la sección científica de la Sociedad de Almas. Esta vez no habrá espacio para alguno de tus trucos.
Ahí estaba su sentencia.
-Entonces que así sea.
La angustia se instaló en los Espada con un gran apretón en el pecho. Uno que hasta les llegaba a doler. Bueno, si debían morir al menos lo harían todos juntos, como el gran equipo que eran.
Sí, como no.
-Pero me temo que cuando hicimos nuestro trato la vez pasada fue por el mal uso de los poderes de los medio humanos y usted más que nadie sabe que la utilización de Pesquisas no es exactamente un riesgo para la sociedad en general.
-Fue un incumplimiento de las reglas pactadas.
-No. Las reglas decían "El uso indiscriminado de técnicas que implicaran transformación y expulsión de Riatsu". Las Pesquisas son todo menos eso. Por eso le pido que sea claro y le aplique a los presentes el porqué de esta detención.
-¿Qué… otro motivo? – preguntó Nell con la misma confusión de los presentes - ¿Acaso alguien más rompió las reglas?
-No, mi querida Nell. Fue mucho peor.
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Cuatro de la madrugada y Orihime se encontraba recostada sobre el sillón de la sala abrazando con fuerza una de sus almohadas. Su mirada viajaba desde el ventanal hasta la puerta de entrada y en más de una ocasión hacia su celular. Claro, como si Ulquiorra fuese a mensajearla por ese medio tan ordinario.
Tomó aire.
La espera la estaba matando. Apenas hacía un par de horas se encontraba conversando con Ulquirra, sanando un par de heridas luego de todo el revuelo causado por un par de botellas de alcohol en el organismo de su novio y ahora, en total oscuridad, esperaba en silencio la llegada de su novio o las noticias de su muerte.
"¿Cómo llegamos a este punto? ¡Y todo en menos de 24 horas!"
Estaba agotada en todos los sentidos de la palabra. Y cuando por fin pensó que los problemas de esa noche habían terminado con la llegada de su novio, otro aún más grande apareció de la nada.
¿¡Es que acaso el destino se había ensañado con ella!?
"Tranquila Orihime. Cálmate antes de se te ocurra hacer algo tonto".
De un salto de levantó y caminó hacia la cocina. Necesitaba un vaso de agua fría. Esto estaba mal, todo lo estaba. Mientras más pensaba en Ulquiorra, más se preocupaba. Ý mientras más se preocupaba, más deseaba algo de paz.
Paz, una palabra que no utilizaba hace tiempo pero que, si lo pensaba de otra forma, no la extrañaba. Claro, antes de la llegada de Ulquiorra todo era monótono. Los días pasaban y pasaban sin penas ni gloria. Hoy las cosas eran distintas, y aunque no siempre eran color de rosas, sentía que no podía pedir una mejor vida. Bueno, si Ulquiorra mejorara sus problemas familiares sería mucho mejor pero, por otro lado, sin Ulquiorra al lado ella… ella…
Y la puerta sonó.
Orihime pegó un salto de la impresión para luego salir corriendo a la entrada. Quizás era su novio o sus amigos espada. Quizás Ulquiorra había olvidado la llave de la puerta. Quizás… quizás… De un solo golpe abrió la puerta sin siquiera cerciorarse de su visitante, pero no era Grimmjow, ni Nell ni mucho menos Ulquiorra quien la miraba con vergüenza.
Era Kuchiki Rukia.
-Kuchiki-san…
-Hola Inoue…. ¿Puedo pasar? – su voz era casi como un susurro, por lo que debía poner atención a sus palabras-.
-C-claro, pasa.
Rukia entró despacio, sin mirar atrás pero tampoco al frente. Por otro lado, Orihime la seguía de cerca. De todas las personas en el universo, Rukia era la que menos esperaba.
La que no esperaba.
Pero ahí estaba, parada en medio de la sala mirando por el ventanal hacia la nada.
-¿Y… qué te trae por aquí? – trató de romper el hielo Orihime, pero solo obtuvo un pequeño salto por parte de la shinigami -.
-Yo… bueno… solo venía a ver como estabas luego de… la aprensión de los espadas.
-Pues aquí me vez, esperando por alguna noticia
-Ya veo…
-¿Acaso sabes salgo de ellos? ¿Pudiste verlos antes de venir? ¿A Ulquiorra?
Esta vez las palabras se amontonaban en sus labios. No importaba si aún se encontraba molesta con Rukia por lo anteriormente ocurrido, ella solo quería saber como se encontraba su novio y sus amigos. Nada más. Y Rukia pareció darse cuenta de ello.
-Pues… pude verlos a todos de lejos entrar a una reunión en el escuadrón número uno pero… nada más. Lo siento.
-Ya veo… gracias de todas formas.
El silencio y la decepción cayeron sobre Orihime. So Rukia no sabía nada tendría que seguir esperando. Y eso no le gustaba para nada, pero tampoco podía arriesgarse a poner a los chicos en peligro irrumpiendo en la casa de Urahara de la nada, mucho menos en el Seiretei. Aunque si fuese Kurosaki-kun quizás las cosas serían mucho más complicadas al ser él tan impulsivo. Ysi llegaba a mencionarle estos que ocurría quizás…
-Lo siento
Los pensamientos se vieron detenidos ante las palabras de Rukia.
-Yo… solo venía a disculparme por mi comportamiento la vez pasada cuando llegaron los espadas a la ciudad. Fue impulsivo, irresponsable y… y… por celos.
-¿Por… celos? – Orihime no podía caer de la impresión. No solo por el hecho de la disculpa de Rukia, sino por sus razones. ¿A caso a ella le gustaba Ulquiorra? Era poco probable, pero si hablaba de celos… – Disculpa pero no te entiendo. ¿Celos de qué?
-¿Acaso no es obvio, Inoue? – La mirada de Rukia por fin abandonó el paisaje de la ciudad para posarse sobre Orihime. Las lágrimas agolpadas en sus ojos le daban la impresión de ver a un fantasma. Cosa curiosa porque Rukia podía catalogarse como uno, como un fenómeno sobrenatural - A diferencia de ti, yo no puedo estar con la persona que amo, no solo por las leyes de la naturaleza y del Seiretei, sino que por mi hermano y toda nuestra familia detrás. Pero tú… por alguna razón el destino decidió hacer caso omiso a la naturaleza y trajo de vuelta a tu amado. Para mí… es la manifestación mas hermosa e injusta de la vida. Y tu puedes disfrutarla, pero yo no.
-Kuchiki-san, yo…
Era como si su lengua hubiese desaparecido. No esperaba que esa fuese la razón de aquella pelea, mucho menos que Rukia estuviese enamorada de Ichigo.
Eso era. Kuchiki Rukia estaba enamorada de Kurosaki Ichigo y apenas ahora se daba cuenta. Ahora todo tenía sentido.
-Supongo que esto me hace una mala persona. Y está bien, lo acepto – nuevamente su mirada bajó hasta el suelo – Solo quería que supieras que estoy muy arrepentida de mis actos y… si no quieres que vuelva a aparecer en tu vida yo podría…
-Por favor detente – Con determinación caminó por la sala hasta poder tomar a Rukia de las manos. Estaban heladas – Acepto tus disculpas y te pido, por favor, que no vuelvas a desaparecer. No soportaría perder nuevamente a alguien tan cercano. Menos hoy.
Los ojos de Orihime comenzaron a llenarse de lágrimas. Tantas emociones en un solo día que estas disculpas solo lograron que parte del peso que sentía se desvaneciera por fin.
-Gracias Inoue. En verdad muchas gracias.
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No lo podían creer. Nuevamente los habían sacado de la sala para que Urahara conversara con los shinigamis sin interrupciones. Y peor aún, dejándolos con la duda de qué era lo que había pasado en realidad para que estuviesen detenidos.
Si es uso de pesquisas no era la razón principal de su arresto, o más bien era la pantalla de este, alguno de ellos debió de cometer algún crimen. La cosa era averiguar quién y cómo.
-Ulquiorra – la voz baja de Nell lo sacó de sus pensamientos mientras se apoyaban en el muro al lado de la entrada - ¿tienes alguna idea de lo que está pasando?
-Algo así. Alguien que no fue Grimmjow cometió algún crimen, pero no me atrevería a decir quién.
-Yo si – se acercó al chico un paso más y susurró cerca de su rostro – Szayel.
-¿Y por qué crees que es él? ¿Lo has visto haciendo algo indevido?
-En realidad no lo he visto haciendo nada. Pero Siempre es así – Nell se giró a mirar al pelirrosa, que se encontraba alejado del grupo, y luego volvió hacia Ulquiorra – Digo, nadie sabe que tanto es lo que hace en su habitación. Además de que siempre la mantiene muy bien cerrada. Y las pocas veces que sale simplemente lo hace para comer. No sé tú, pero para mi es el más sospechoso.
-Para mi también.
Y no era mentira. Si ponía en una balanza a todos sus compañeros, Szayel era la persona a quién menos conocía, mucho menos sus intenciones hacia el Seiretei, Hueco mundo y ellos.
-¿Crees que moriremos hoy?
Ulquiorra giró su rostro para ver la mirada gacha de Nell.
-Técnicamente tenemos cerca de un 80% de morir dependiendo de lo que estén discutiendo dentro – cerró los ojos mientras también bajaba la mirada -.
-Ya veo…
-Aun así, espero que podamos salvarnos. Aún tengo un par de cosas por resolver, por lo que no me puedo dar el lujo de morir tan fácilmente.
-¿Sabes? Antes de que nos fuesen a buscar los shinigamis nos encontrábamos todos en casa de Urahara. Nnoitra quería celebrar nuestro compromiso, pero ante la presión decidí terminar con él.
Ulquiorra levantó la mirada de golpe. En sus ojos solo había confusión.
-Fue horrible. Fuimos a una habitación lejana y nos gritamos de todo. Hasta nos restregamos lo que hicimos en Las noches. Tia y Coyote tuvieron que entrar para separarnos. Luego llegó Grimmjow y comenzó a usar pesquisas.
La mirada de Nell viajó hacia Grimmjow, el cuál conversaba con el matrimonio, y luego hacia Nnoitra, el cual se empeñaba en solo darle la espalda.
-Lo siento.
-No lo hagas. Es mi culpa después de todo por no dejar en claro desde un principio lo que quería o a quién quería.
-¿Significa que ahora estarás con Grimmjow?
La mirada asombrada de Nell se convirtió rápidamente en una de comprensión.
-Con que ya lo sabías…
-Más bien lo intuía
"Y esperaba, por el bien de Grimmjow que así fuese"
-Bueno, no creo que pueda estar con él por el momento. Digo… - Nell tomó aire profundamente y miro hacia el cielo nocturno – No creo que él quiera sentirse como plato de segunda mesa. Además, por respeto a Nnoitra me gustaría esperar un tiempo prudente.
-Sería lo mejor. Todo ha sido muy rápido últimamente.
-¿Lo dices por mí o por ti?
-Por todos.
Y era la verdad. Ante el desespero de todos por volver a vivir, por volver a sentir, las cosas se habían apresurado y muchos ya comenzaban a volver a sus viejos hábitos. Esos por los cuales habían terminado en Hueco Mundo. Y era peligroso.
-Si, bueno… quizás use este tiempo para volver a cantar – una sonrisa cruzó su rostro mientras volteaba a ver a su amigo – Escuché que harían audiciones para el conjunto de ópera de la ciudad.
-¿Y qué harás con el apartamento? ¿Seguirás viviendo ahí?
-Yo no lo…
El sonido de las puertas abriéndose hicieron que la chica se callara inmediatamente. Todos comenzaron a reunirse en la entrada donde solamente podían ver a Urahara, escoltado por los capitanes Hirako y Kensei salir en silencio. Algo no estaba bien.
Apenas estuvieron a un metro de distancia Kensei tomó a Szayel del brazo y lo introdujo a la sala. Las puertas nuevamente se cerraron y Urahara al fin comenzó a hablar.
-Están libres.
-¿Qué fue lo que pasó ahí dentro? – preguntó Coyote. Aunque sus palabras fuesen demandantes, su mirada y la de todos parecía mucho más tranquila.
-Estuvimos conversando sobre algo que ocurrió esta tarde
-¿Y… ?
-Llegamos a la conclusión de que era menos peligroso tener vigilado a Szayel dentro del Seiretei que afuera.
-¿Pero por qué? – preguntó Tía esta vez -.
-Creemos que la inteligencia desbordante de Szayel puede ser mejor controlada por el departamento científico. Además, sus conocimientos en ciertas áreas podrían…
-Basta – Alzó la voz Ulquiorra para callar al ex shinigami, y cual seguía con sus manos esposadas – No queremos que te sigas dando vueltas en lo mismo, queremos respuestas.
-Exacto, queremos saber que mierdas hizo el desgraciado para meternos en este hoyo – continuó Grimmjow -.
Urahara y Hirako se miraron en silencio antes de botar un suspiro cansado. No importaba si trataban de evadir el problema, igualmente lo sabrían tarde o temprano.
-Luego de que Grimmjow utilizara pesquisas, un par de shinigamis fue a buscarlo a su departamento para advertirle que dejara de hacerlo – comenzó Hirako con la explicación – Pero al llegar se dieron cuenta de un flujo extraño de riatsu que venía específicamente de la habitación de Szayel. Inmediatamente notificaros de estas anomalías al escuadrón científico y ellos mandaron refuerzos. Al abrir la puerta de la habitación no se veía nada fuera de lo común para un humano pero bueno…
-Al analizar el flujo de energías se dieron cuenta que hacía menos de dos horas se había abierto un portal a Hueco mundo no autorizado – terminó Urahara -.
-Garganta – susurró Nnoitra.
-No, no había rastros de su uso.
-¿Entonces cómo…? – la voz de Nell lo acompañó.
-Eso es lo que intentamos averiguar, pero aún no hayamos nada concreto – respondió Hirako cruzándose de brazos -.
-Eso si creemos, o al menos yo lo hago, que intenta buscar una forma de liberar a Aizen de prisión y volver a Hueco mundo – comentó Urahara con una mirada mucho más seria.
-¿Por qué estás tan seguro de ello? – volvió a intervenir Ulquiorra con el seño más fruncido que nunca -.
-Antes de que los tomaran prisioneros me dirigí rápidamente a Hueco mundo a analizar el flujo de riatsu y encontré algo así como un contenedor con riatsu de Szayel y otras almas del lugar en el palacio de La Noches.
-¿Y? Eso no significa nada – comentó Nnoitra -.
-Dice mucho – le contestó Tía mirándolo de reojo – Si él simplemente hubiese querido volver a Hueco mundo solo habría necesitado matarse, pero no lo hizo porque eso implicaría no poder volver a salir de ahí. Al menos aquí tiene la posibilidad de venir al Seiretei.
-Lo que implica que la decisión de dejarlo aquí es tremendamente arriesgada – completó Coyote -.
Urahara volvió a soltar un suspiro cansado antes de volver a hablar.
-Lo es pero, mientras no sepamos cuales son sus intenciones finales y como las llevaría a cabo, es mejor mantenerlo vigilado.
-No sabemos si está trabajando solo y si en verdad quiere liberar a Aizen – siguió Hirako – pero lo que si sabemos es que es un peligro no solo para el Seiretei, sino que para los humanos y los hollows también.
-¿Pero no sería más fácil purificarlo o algo por el estilo? Digo, como para que deje de hacer todo esto – preguntó Nell -.
-De cierta forma si pero, según Yamamoto-san lo mejor será interrogarlo y sacarle la mayor cantidad de información posible para que cosas como estas no vuelvan a ocurrir.
-¿Y qupe pasará con nosotros?
Las miradas de los chicos se posaron en Urahara de forma inquisitiva.
-Por el momento, y como les dije antes, quedan libres.
-¿Así nada más? – esta vez preguntó Ulquiorra - ¿Sin represalias ni nada?
-Tendrán acceso más restringido a la sala de entrenamientos, con el doble de seguridad.
-¿Hasta cuando?
-Espero que hasta que esto se solucione.
-¿Y qué pasará contigo?
El silencio cayó en el grupo mientras Urahara simplemente sonreía y escondía su mirada bajo su sombrero.
-Me quedaré aquí. Después de todo, en la negociación inicial les dije que, a la primera falta de las normas de ustedes, podrían apresarme y hacer conmigo lo que quisiesen. Además, estando aquí podré averiguar más fácilmente los planes de Szayel y terminar con esto de raíz asegurando la seguridad de todos.
-Pero… - Nell intentó decir algo pero Urahara la cayó con una sonrisa -.
-No te preocupes por mí, mi querida Nell. Con todo este problema dudo que el Seiretei quiera asesinarme. Además, mientras ustedes estén bien, yo podré hacer mis averiguaciones por los métodos que quiera.
Aunque Ulquiorra no estaba del todo seguro del plan, más bien nadie lo estaba, no había tiempo para analizar posibles soluciones ya que nuevamente fueron rodeados de shinigamis que venían a escoltarlos hacia sus cuerpos. Por otro lado, Hirako tomó a Urahara por el brazo y nuevamente lo llevó dentro de la sala.
Todo quedó en silencio y así siguieron hasta que nuevamente estuvieron dentro de sus cuerpos humanos, sentados en la sala de la casa de Urahara, y con un Ulquiorra con una resaca que hasta lo hizo vomitar.
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Su rostro se veía más pálido que de costumbre, pero lo que más resaltaba eran el par de ojeras alrededor de los grandes ojos verdes. La cabeza ya no le daba tantas vueltas como al principio, pero sentía que debía sostenerse aun para mantenerse de pie. Tomó uno, dos, tres tragos de agua tratando que el sabor de la bilis dejara su garganta, pero sabía que si sequía escupiendo, tal vez volvería a devolver su comida, o la poca que le quedaba en el estómago al menos.
"En serio necesito recostarme un poco"
Tomándose la cabeza salió del baño de la casa de Urahara y volvió a la sala donde lo esperaban los demás espadas. Yoruichi no se veía por ningún lado, lo que los hacía suponer que tal vez se encontraba en el Seiretei acompañando al rubio y recolectando la mayor cantidad de información posible.
El rostro cansado de todos contrastaba con la preocupación de sus ojos. Y no era para menos. Si no hubiese sido por Urahara los habrían matado a todos al suponer que ayudaban a la octava espada. Esto solo les recordaba lo frágil que era su vida en estos momentos.
-¿Y qué haremos entonces? – Comentó Harribel al verlo entrar a la sala -.
-Nada. Simplemente seguiremos con nuestra vida tan y como los estábamos haciendo – comentó Ulquiorra mientras se cruzaba de brazos y se apoyaba en un muro cercano-.
-¿Estás seguro de que sea lo mejor?
-Cualquier cosa que hagamos o tratemos de investigar será visto por los shinigamis como un intento de ayuda a Szayel, por lo que sí, estoy seguro.
"Además ya no está Urahara, quién siempre nos salvaba de los shinigamis nos guste o no"
-Solo nos queda esperar un poco a que las cosas se calmen para poder buscar una solución a esto. Hay mucho por que investigar y pocos recursos a nuestro favor. Y si no tenemos cuidados todos vamos a morir.
-Que mierda… - y con ese comentario de Grimmjow el silencio cayó entre los presentes. Al menos por unos cinco minutos, en los que solamente podían mirarse entre ellos y tratar de buscar algo de sentido a todo el caos recién vivido.
-¿Grimmjow, Ulquiorra, ya se irán a casa? – La voz de Coyote hizo que Ulquiorra pegara un imperceptible salto -.
-Si – respondió por inercia mirando fijamente a Grimmjow. Los dos, o más bien todos, necesitaban dormir un poco -.
-¿Seguro? – preguntó Grimmjow mientras se levantaba de su sitio -.
-Si, debemos descansar un poco.
"Mi cabeza y estómago lo piden"
-Bueno, entonces nos vemos – Grimmjow se despidió con la mano mientras salía rápidamente de la sala. No quería ver el rostro de Nell y Nnoitra por lo que vivir con Ulquiorra era un alivio mucho más ahora que antes – Te espero en la salida.
-¿Ustedes se quedaran? – Ante la pregunta de Ulquiorra Nell cerró los ojos con cansancio para luego dedicarle una sonrisa
-Yo por lo menos sí. No quiero causar más problemas esta noche, además siento que no podré dormir nada en el apartamento.
-¿Y tú? – esta vez se dirigió a Nnoitra, el cual solo pudo alejar la mirada -.
-Me iré. Alguien debe vigilar el apartamento estos días mientras los shinigamis van a hacer sus análisis y eso.
-Si quieres puedes quedarte aquí también – comentó Harribel mientras acomodaba algunos platos vacíos en la cocina -.
-Gracias, pero paso.
Una mirada rápida del pelinegro hacia Nell y ahí el asunto quedó zanjado.
-Entonces buenas noches.
-Descansa Ulquiorra – Nell se levantó del suelo y con una sonrisa se dirigió a una de las habitaciones de huéspedes – Y dale saludos a Hime de mi parte.
Ulquiorra simplemente asintió con la cabeza antes de dar media vuelta y salir del lugar. En frente de la calle se veía a Grimmjow fumando un cigarrillo mientras se recargaba bajo un farol. Sus ojeras destacaban tanto o más que las de Ulquiorra ya que, gran parte de la noche había pensado que sus acciones casi mataron a sus amigos, para luego saber que todo fue una pantalla.
Fascinante.
-¿Le avisarás a la mujer que vamos en camino?
La colilla del cigarrillo cayó al suelo, la aplastó, y se colocó al lado de Ulquiorra mientras comenzaban a caminar hacia su casa.
-No creo que sea necesario si nos vamos a demorar no más de diez minutos.
"Practicidad ante todo"
-¿No quieres molestarla o te da miedo hablarle?
-Piensa lo que quieras.
"Más bien cobardía ante todo"
O cansancio.
-Claro.
Y así siguieron caminando en silencio. Porque si algo agradecía Ulquiorra de vivir en un barrio tan residencial era la tranquilidad y silencio que se podía saborear a esa hora de la madrugada, a diferencia de la ciudad misma. Casi como cuando caminaba hacia su casa hacía unos seis años atrás, ebrio en medio de la noche, rodeado de nieve, con su madre esperándolo en la cocina.
Solo que esta vez no estaba ebrio, no se encontraba en Alemania, y la que esperaba fielmente en la cocina era su novia y no su madre.
Y así era.
Sentada en el sillón de la sala, dormida, acurrucada en una manta se encontraba Orihime, esperando.
Grimmjow colocó su mano sobre el hombro de Ulquiorra antes de entrar directamente a su habitación haciendo el menor ruido posible. Ulquiorra, por otro lado, simplemente se sentó en el suelo frente a la chica para observarla. Se veía tan hermosa durmiendo, con el cabello revuelto y las mejillas sonrojadas por el calor de la manta que tenía alrededor. Aun llevaba puesta su camiseta, y su celular colgaba de su mano inerte.
Así se quedo un par de minutos observando antes de levantarse y tomarla en brazos para llevarla a la habitación. Con cuidado cerró la puerta tras de sí con los pies y la acomodó en su lado de la cama pero, apenas la chica tocó el colchón, sus ojos se abrieron. Le costó un segundo enfocar la mirada y darse cuenta de la presencia del chico para enredar sus brazos en su cuello y así evitar que se separaran otra vez.
Sin mediar palabras ni hacer intento de alejarla, Ulquiorra se recostó a su lado.
-Volviste.
-Te dije que lo haría. Creí que confiabas en mí, mujer.
-Sabes que lo hago. Siempre.
Con el mayor cuidado posible Orihime lo tomó del rostro para mirarlo detenidamente. Había tenido tanto miedo de perderlo, aun con todo lo que había pasado en la tarde, que ni el cansancio acumulado lograban que cerrara los ojos. Solo quería mirarlo, abrazarlo hasta más no poder, y seguir así por el resto de su vida.
-Ya estoy aquí, mujer.
-Bienvenido a casa, Ulquiorra.
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Continuará…
