Las siguientes semanas fueron complicadas. Tonks y Lupin se separaron. Estuvieron de acuerdo en que aunque se querían, no habían logrado funcionar como pareja. Y no iban a seguir juntos solo por su hijo, resultaría cruel para todos. Remus ni siquiera intentó reconquistarla a pesar de ser consciente de que la mayoría de fallos habían sido suyos: juzgó que estaría mejor sin él. Ella prefirió irse a casa de su madre para que Andrómeda cuidara a su nieto. Sirius visitaba al hombre-lobo a diario para intentar animarlo. Los dos merodeadores tuvieron varios desencuentros cuando el moreno intentó explicarle que entendía su situación porque él también había tenido que separarse de Bellatrix. En cuanto Lupin le espetó que no era lo mismo porque lo de los Black no era una relación de verdad y la mortífaga no estaba bien, Sirius perdió la paciencia. Gritó que al menos él había cuidado a su novia y ella jamás se había deprimido por su culpa. Al día siguiente ambos se disculparon. Dos jornadas después, volvieron a discutir. Y así todo el mes. Ninguno de los dos se hallaba en el estado anímico propicio para consolar al otro.
Pronto, como siempre, los más responsables tuvieron que hacerse cargo de la situación. Aprovechando que seguía estudiando su último curso a distancia, Hermione se acercó a Lupin bajo el pretexto de que le ayudara con la asignatura de Defensa. Obviamente el profesor sospechó que no necesitaba ayuda, pero aún así, se entendieron bien y fue mucho mejor que con su irascible compañero. Por su parte, Harry, obligó a su padrino a salir de casa y hacer vida social. No funcionó tan bien como el plan de su amiga...
Prácticamente en todos los sitios a los que iban veían carteles publicitando el libro de Bellatrix, gente hablando de ella o noticias sobre su gira mundial. Entonces, Sirius suspiraba con aspecto de poeta maldito: "Odio cómo el pelo le brilla más que una docena de snitchs" o "Nunca más volveré a querer a nadie, era casi tan perfecta como yo". Su ahijado se daba cabezazos contra el muro más cercano. Llegó a obligarle a beber un antídoto para filtros amorosos que el animago tomó solo porque era su querido Harry. No pasó nada, salvo que Sirius estuvo una semana enfurruñado porque hubiera dudado de su único y gran amor.
El libro de la mortífaga no solo era un éxito en Gran Bretaña: se sitúo el número uno en las listas de venta de todo el mundo. La autora se prodigó dando entrevistas, asistiendo a firmas de libros y viajando para conocer a sus fans. La gente la adoraba, incluso los que deseaban odiarla. La repercusión fue tal que se organizaron protestas para forzar la dimisión de Shacklebolt por incumplir su promesa. En pocas semanas, al Ministro de Magia no le quedó otra que renunciar a su cargo. Nombraron en su lugar a una bruja de historial impecable y sangre pura. Su primera acción fue indultar a Bellatrix de todos los cargos de forma oficial. Por supuesto hubo también protestas en contra, pero eran minoría y no contaban con el apoyo de la prensa y altos estamentos, así que fue sencillo silenciarlas.
Mientras en Grimmauld Place se hallaban sumidos en el drama del animago, Tonks hizo oficial su relación con Fred Weasley. Esperaron varias semanas para no hacer daño a su ex marido, aunque a él poco le interesó: había preferido centrarse en su trabajo. Y por supuesto en su relación de amor-odio con el animago. Sirius empezaba a pensar que la bruja oscura tenía razón en lo de que Lupin sentía cierto amor platónico hacia él. "Oye, si ya nunca voy a tener a Trixie, al menos Remus es de confianza..." empezó a meditar. Luego pensó en cómo funcionaba la intimidad física entre hombres y rechazó la idea, no tenía tanto valor. "Morir solo y dejar un bello cadáver, céntrate en eso, Sirius, es tu destino" le recordó su poeta maldito interior. Asintió y se dio la razón. Harry, que lo contemplaba desde el salón, pensó que lo estaba perdiendo del todo. Intentó buscarle una ocupación:
-¿Qué querías hacer de joven, qué planes tenías? -preguntó el chico.
-Mi sueño de toda la vida fue vivir sin trabajar y dedicarme a viajar y a hacer el idiota. Pero luego resultó que mis padres me odiaban y no iba a heredar. Así que James y yo pensamos en ser aurores para sacarle provecho a nuestra tendencia al caos... Resultó que los aurores no le protegieron cuando los asesinaron y a mí me encerraron en Azkaban sin juicio. Así que que se jodan ellos solos (no te ofendas). Seguidamente retomé mi plan inicial de vivir la dolce vita con la herencia de mi tío y el amor de mi vida, peeero también falló.
"¡Vale, vale!" le cortó Harry frustrado. Mucho rechazar los ideales de sangre de su familia pero los planes del animago eran acordes a su apellido. Lo dejó por imposible. Sin embargo, logró recuperarse. A ojos de todos, el prisionero de Azkaban logró recuperarse. No bromeaba ni reía como antes, pero dejó de suspirar y de lamentarse y como vio que eso era eficaz para que le dejaran en paz, se centró en ello. Contaba con décadas de experiencia así que cuando se puso en serio, convenció hasta a los más cercanos. Eso le obligó a ser participe de actividades de grupo cuando él hubiese preferido quedarse en su cuarto lamiéndose las heridas (a veces se transformaba en perro y lo hacía de forma literal). El primer fin de semana de abril se inauguraba en Londres el Mundial de Quidditch y ahí tuvo que ir con Harry, los Weasley, Hermione, Tonks y más gente a la que ni se molestó en saludar; seguía siendo un rebelde.
Ocuparon sus asientos y comenzó el juego. Harry y Ron comentaban las jugadas mientras Sirius y Hermione asentían fingiendo interés. Tonks y Fred hacían comentarios jocosos para intentar hacerse reír mutuamente. Por suerte, el partido duró poco, ganaron los suyos y pudieron empezar a desalojar el estadio. Mientras salían, se escuchó por megafonía que el partido que debía jugarse la semana próxima había sido aplazado. Al animago le dio exactamente igual. Hasta que escuchó a unos chicos comentar que la organización se había visto obligada a suspenderlo porque coincidía con la presentación del libro de Bellatrix y nadie iba a cambiar ese plan por el quidditch. Hermione que caminaba junto a Sirius y también lo había escuchado, recibió una mirada interrogativa. La chica suspiró. Lo había hablando con Harry y sabía que era mala idea ocultárselo...
-Cuéntamelo. No voy a ir ni nada, pero sigo preocupándome de que mi prima esté bien.
La castaña le creyó. O quiso creerle. Además, publicaban la noticia en la prensa todos los días: de una forma u otra se enteraría. Le explicó que Bellatrix estaba haciendo una gira de presentación por todo el mundo y el viernes siguiente tenía la última parada en Londres. La organización se había vuelto loca para decidir dónde emplazarlo: la bruja quería un lugar elegante, nada de estadios ni explanadas, pero la demanda era tal que los recintos habituales se quedaban pequeños. La solución había sido adaptar el Gran Teatro Mágico del centro de la ciudad para multiplicar su capacidad temporalmente. Habían hecho falta muchos hechizos pero lo habían logrado. Las tres mil invitaciones habían durado un minuto y la gente había hecho noche en la calle durante días para conseguirlas. Nadie se lo quería perder.
-¿Y vais a ir? -preguntó Sirius con indiferencia.
-Sí... -murmuró la chica casi avergonzada- Vamos a ir todos. Ya sabes, por curiosidad... Me sobra una por si quieres venir.
-No, no me interesa- respondió el animago de inmediato.
Hermione suspiró aliviada, se hubiese llevado un bronca de Harry de haber involucrado a su recién rehabilitado padrino. Él le preguntó cómo habían conseguido entradas, no se los imaginaba haciendo fila en la calle y reconociendo así públicamente que eran fans de alguien a quien detestaban. Con cierto nerviosismo, la estudiante confesó que la duelista le había mandado invitaciones. Sirius no pudo evitar una risa burlona.
-Hombre, ¡claro que sí! Para algo eres su sangre sucia favorita y la única persona a la que nombra en su bestseller. Es increíble... -masculló sacudiendo la cabeza.
Le estaba costando mucho fingir desinterés como para encima ser amable. Si Hermione supiera lo que planeaba la bruja, no solo le retiraría la palabra sino que la denunciaría. La castaña, algo dolida, comentó: "También les mandó entradas a los gemelos. Y además no soy la única a la que nombra...". No pudo terminar la frase porque Harry se acercó y callaron de inmediato. Bellatrix era un tema prohibido y les agotaban las broncas del chico. Durante toda la semana la frase inconclusa persiguió al animago. No quiso volver a sacar el tema para no evidenciar su interés, pero en absoluto lo olvidó. La explicación evidente era que la slytherin también había nombrado a Voldemort, a Dumbledore, a medio Ministerio, a un montón de aurores, a integrantes de la Orden... Pero algo en la forma en que Hermione pronunció aquellas palabras, como con cierto retintín, le hizo sentirse aludido.
Pasó la semana intentando olvidarlo. Agradeció que Andrómeda cuidara a Ted, no se sentía con ánimo para soportar a nadie. Les visitaba algunas mañanas pero ya no era lo mismo: no podía adoctrinar a su sobrino-nieto ni jugar a perseguirlo en forma de perro, a su prima le parecía demasiado brusco. Así que al final, el miércoles compró el maldito libro. Se encerró en su habitación, se tumbó en la cama y tras contemplar durante media hora la foto de la portada, comenzó la lectura. Cuando lo leyó en casa de sus amigos lo hizo rápido, mientras le echaba un ojo a Ted e intentando que no le afectara. Pero esta vez lo hizo despacio, con detenimiento. Con placer, porque Bellatrix estaba en cada página, en cada línea. Aunque Hermione lo hubiese corregido, el aura oscura de la autora estaba por todas partes. A Sirius le atrapaba incluso desde el papel. Realmente era una obra fascinante de una persona que había llevado una vida muy fuera de lo común. Tenía calidad literaria pero también humana, era la historia de una superviviente nata. Y sobre todo era un manual extraordinario sobre cómo manipular a las masas, pero Sirius dudaba que alguien se hubiese dado cuenta. Absorto en esas ideas se le pasó la tarde.
Cuando Harry volvió del trabajo, cenó con él y después se sentaron en la biblioteca para pasar un rato juntos. El joven auror solía llevarle informes de casos en los que estaba trabajando en su entrenamiento para consultar su punto de vista y en muchos le había ayudado. Sirius no solo era muy inteligente sino que sabía perfectamente cómo pensaban los criminales, deformación profesional... Tras varias horas de charla, el animago adujo que tenía sueño y le dio las buenas noches. Ya en su cuarto, recuperó el libro. Su mente obsesiva le hizo repetir el ritual de acariciar la portada durante media hora y después retomó la lectura. Pasó la noche leyendo y releyendo sus partes favoritas. Volvió a experimentar un amplio abanico de emociones. Pero ni su nombre ni una sola insinuación del mismo aparecían en ningún capítulo, ahora estaba seguro.
El jueves lo dedicó principalmente a dormir: leer era agotador, no entendía cómo la gente lo recomendaba tanto. Además, el desgaste emocional que le suponía cualquier pensamiento dedicado a su prima mayor era superlativo. Le costaba mucho reponerse después. Durante el desayuno del viernes se dio cuenta de que Harry estaba extremadamente nervioso. Cuando empezó a ponerle excusas de por qué esa noche iba a llegar más tarde, cayó en la cuenta de lo que sucedía.
-Tranquilo, sé lo del evento de Bellatrix. No voy a ir, pero entiendo que tú sí y no me molesta.
-Ah... -murmuró el chico azorado- Gracias por entenderlo, tengo curiosidad y necesitaban aurores por seguridad... Ya te contaré.
El animago asintió con aire despreocupado y no le cupo duda de que había convencido a su ahijado. Evidentemente no iba a ir, pero hubiese dado la mitad de su sangre por verla, por escucharla... No obstante sabía que si la veía todo se iría al traste y vuelta a empezar con la rehabilitación post-mortífaga. Así que se quedaría en casa auto compadeciéndose, un buen plan. Fue a comer con Andrómeda y Ted dando un paseo para relajarse. No pudo relajarse: en cada calle había carteles anunciado el gran evento de esa tarde. Sirius no recordaba un despliegue similar con ninguna obra cultural. Pero claro, su prima era así: o lo hacía a lo grande o no lo hacía. El mundo mágico también lo movía el dinero. Tras la comida volvió a casa y se echó una siesta. Se despertó pronto, pero no vio motivos para salir de la cama. Metió la mano bajo uno de los cojines y extrajo el libro.
-Yo solo quería que me quisieras, Trixie... -murmuró acariciando la portada- Sé que a ti no te vale con eso, que necesitas más, necesitas de hecho el mundo entero, pero yo te habría cuidado... Habríamos sido felices.
Cerró los ojos abrazando el libro mientras pensaba en toda la gente que la estaría viendo en su misma ciudad en ese momento. Y así era. En ese momento sus amigos entraban charlando alegremente al Gran Teatro Mágico por la puerta reservada a las personalidades destacadas.
-¿Creéis que estará Saiph? -preguntó Harry- A él sí le echo en falta.
-Seguro. Ha ido a todas las entrevistas con él -murmuró Fred.
Hermione estaba revisando las entradas para buscar su zona cuando notó que alguien tiraba de su manga. Se giró y vio con sorpresa que se trataba de Pansy. Le espetó que la dejara en paz, pero la slytherin no hizo ademán de soltarla. Sus amigos se adelantaron sin darse cuenta de que la perdían y empezó a ponerse nerviosa. Estaba dispuesta a amenazar a su ex compañera con su varita cuando alguien se le adelantó.
-¡Eh, tú, niñata! Suelta a mi amiga o te saco de aquí detenida y montando un escándalo para que lo vea toda esta gente estirada cuya opinión seguro que te importa.
Tonks era la única a quien Hermione había confesado los detalles de su relación con Pansy. Eran muy amigas y la auror procuraba protegerla. Y desde luego a aquella cría no le tenía ningún miedo. La morena liberó a Hermione y miró a la metamorfomaga con una mezcla de desprecio y cierto temor. Aún así no se rindió.
-Solo dame un minuto para...
-¿Para disculparte por ser una borde de mierda? -espetó Hermione con un lenguaje del que Tonks se sintió orgullosa.
-¡No! -exclamó la slytherin como si disculparse fuese una locura más grande que un coito con Snape- Para explicártelo. De verdad que hay un motivo...
"Me importa muy poco" murmuró Hermione alejándose. La morena chasqueó la lengua. Cómo les gustaba los gryffindor montar escenas y hacerse los difíciles para darse importancia... Pero aún así era una cuestión de orgullo. Se había propuesto hablar con su compañera y lo iba a conseguir por el honor de su estirpe. Así que haciendo de tripas corazón y dando gracias de haberle dado un trago al whisky añejo de su padre antes de salir de casa, se acercó a Hermione. La agarró de nuevo por el brazo, bajó la mirada para ahogar la vergüenza y susurró:
-"En vano he luchado. No quiero hacerlo más. Mis sentimientos no pueden contenerse. Permítame usted que le manifieste cuan..."
No se vio capaz de terminar la cita. Tonks asió su varita preguntándose si la morena estaba bajo la maldición imperius o simplemente era lela. Hermione, que reconoció la declaración del señor Darcy a Elizabeth, la miró sorprendida. Se quedó sin palabras al comprender que Pansy había leído el libro muggle que le regaló. La slytherin aprovechó y habló rápido para intentar olvidar lo anterior:
-Este no es el momento, les he dicho a mis padres que iba al baño. Podemos quedar mañana en las Tres Escobas y te lo explico, ¿vale?
No fue capaz de pedirlo por favor, pero aún así, fue como enfrentarse a su boggart. Hermione lo pensó durante unos segundos y le respondió que al día siguiente estaba ocupada. Era mentira, pero quería hacerse la interesante. Además no entendía por qué la citaba en ese bar y no en su cafetería habitual. Cuando vio que la morena se entristecía añadió: "Igual podría hacerte un hueco el martes". Pansy asintió ocultando la emoción tras su mirada ligeramente despectiva. Iba a despedirse pero el gesto se cortó en seco cuando Hermione añadió:
-Pero solo si terminas la cita.
-No sé cómo termina, tampoco lo leí con tanta atención -replicó altiva.
-Claro que lo sabes. ¿Qué eres, una cobarde hufflepuff? -se burló Hermione.
-¡OYE! -protestó Tonks a su espalda- ¡Que he follado a saco con un hombre-lobo, las cobardes seréis vosotras!
Ambas chicas sintieron un escalofrío ante la imagen. Pero reaccionando a la provocación y demostrando que no era tan cobarde, Pansy volvió a murmurar en voz baja: "Permítame usted que le manifieste cuan ardientemente la admiro y la...".
-¿La qué? -preguntó Hermione mirándola a los ojos.
-¡Lo sabrás el martes! -exclamó alegremente- Y ahora me voy, no quiero perderme el principio. Madame Black es un gran ejemplo para la comunidad mágica, ¡cómo se nota que es de slytherin!
Se despidió de las dos con una sonrisa burlona y desapareció entre la multitud. La gryffindor la maldijo de nuevo. De una forma u otra Pansy siempre se las ingeniaba para salir victoriosa. Aunque sospechó que tenían algo en común: por la veneración con la que había pronunciado la última frase, era probable ambas hubiesen satisfecho sus anhelos pensando en la misma mujer. Sonrió para sí misma y sacudió la cabeza. La auror, que lo había observado todo, murmuró: "Adolescentes...". Cogió del brazo a Hermione y le dijo que se diera prisa, ella también tenia curiosidad por ver el paripé que había organizado su tía. Inevitablemente su pensamiento se desvió a Sirius y deseó que estuviera bien.
El animago estaba bien... bien hundido en su cama sin soltar el libro de Bellatrix. Volvió a releer sus capítulos favoritos, había partes que se sabía ya de memoria. Luego simplemente pasó páginas al azar mientras meditaba cuánto tardaría el recuerdo de dejar de doler. En ese oscilar aleatorio, se dio cuenta de que entre las hojas de cortesía del principio, además de los datos de la obra y la editorial, había impresa una dedicatoria:
A mi idiota favorito, porque tu nombre debería estar por todas partes.
Se quedó contemplando esa simple frase mientras las lágrimas acudían raudas a sus ojos. No le había nombrado, pero le había dedicado el libro. Le había dedicado el que ya era el libro más vendido de la historia del mundo mágico. A eso se refería Hermione, ¡por eso tanto interés en ocultárselo! Sabían que así la recaída sería casi segura. Después de llorar, temblar y abrazar el ejemplar de forma absurda reconoció que ese gesto no cambiaba nada. Por la fecha de impresión, Bellatrix lo había terminado mientras aún estaban juntos. Y por supuesto sus planes de controlar el mundo seguían en pie, de hecho, gracias a esa obra, iban viento en popa. Pero necesitaba verla, ¿qué daño podía hacer eso?
Se vistió con lo primero que encontró y bajó las escaleras a toda prisa. Salió de casa y se apareció en el teatro. A pesar de que el acto debía haber comenzado hacía quince minutos, los alrededores seguían abarrotados. Gente que llegaba tarde, otros intentando entrar sin invitación, algunos que simplemente querían estar cerca del gran evento... Habían puesto una suerte de reflectores mágicos para retransmitirlo en el exterior. Sirius, en su impulsividad habitual, no había contado con el problema del acceso. Llegó ante los dos hombres que custodiaban la entrada y les explicó amablemente que necesitaba entrar. Obviamente no funcionó. Empezaron a discutir, Sirius se planteó sacar su varita pero los vigilantes ya la tenían desenfundada. Así que optó por calmarse y recurrir al argumento lógico:
-Soy Sirius Black, Bellatrix es mi prima, no necesito invitación.
-Ya, y yo soy su marido y te repito que no entras -se burló el mago.
-Si fueras su marido te partía los dientes... -masculló el moreno.
-¿Perdón? ¿Qué acabas de decir?
-Que soy su primo. ¡Mira! -exclamó tendiendo la mano.
El de seguridad se quedó observando el anillo de los Black. Esas joyas no se podían falsificar, duplicar, ni llevar si no pertenecías a la familia en cuestión. Era magia ancestral y en todas las familias de sangre pura funcionaba igual. Los vigilantes creyeron su historia al instante y se disculparon. Como cumplido le aseguraron que había mejorado mucho desde la perturbadora imagen de su cartel de Azkaban. Él les dirigió una mirada despectiva y por fin entró.
Se trataba de un teatro a la italiana, con cientos de filas de butacas de terciopelo rojo dispuestas de forma semicircular en torno al escenario. Una enorme cúpula transparente se lazaba a muchos metros de altitud y permitía ver la última luz del atardecer. Aun con todos los asientos llenos, había mucha gente de pie en los laterales. El animago se quedó en una esquina de la platea y observó la estampa. Los asistentes estaban como en trance, completamente embelesados y emocionados contemplando a la mortífaga. Bellatrix se hallaba en el centro del escenario, junto a la directora del Profeta que actuaba como entrevistadora. La bruja oscura lucía un vestido morado ajustado, con su sonrisa de superioridad y su mirada de locura. Sin embargo, había conseguido darle a su expresión un toque de falsa inocencia y casi de dulzura. Respondía a las preguntas como si realmente meditara las respuestas y no estuviese manipulando a las masas. Pero no era culpa suya, si ellos se dejaban engañar...
Había en su discurso un feminismo real, una reivindicación de la necesidad de fomentar la inteligencia en las niñas y no la belleza. Animaba a los jóvenes de sangre pura a no dar por supuesto su talento y esforzarse desde pequeños y a los de sangre muggle a demostrar que no tenían nada que envidiar. Y por supuesto todo cimentado en la idea del amor propio, de valorarse a uno mismo sin necesidad de apoyarse en nadie porque al final todo el mundo te fallaba. Sirius no tenía claro qué parte era real y cuál no, pero sin duda, el don de la oratoria no le faltaba. Todo el mundo se identificaba con un punto u otro de sus vivencias.
Observó como jugaba con sus rizos mientras con la otra mano acariciaba un bulto negro en su falda (supuso que sería Saiph). Resultaba casi irreal. Esa mujer había asesinado a docenas de personas y ahí estaban todos, adorándola. Pero también era la chica insegura que le había dicho a su hermana que Sirius la protegería porque la quería de verdad. Y él la había dejado. Había dejado a Bellatrix Black, a aquella diosa siniestra que estaba dando un discurso del que Grindelwald, Voldemort y Dumbledore hubiesen tomado apuntes.
-Hermione dijo que no venías -susurró una voz en su oído.
Sirius dio un respingo, estaba tan absorto contemplando a su prima que no había visto a su sobrina segunda acercarse a él. Se encogió de hombros y sin apartar la vista de Bellatrix murmuró que se aburría en casa. Tonks soltó un bufido irónico también con la mirada fija en su tía.
-Está profundamente loca, Sirius... -susurró la auror- Y lo peor es que va a convencer a cualquiera que no la conozca.
-Lo sé -contestó él en el mismo tono.
-¿Y qué falló? Si siempre has sabido cómo es...
El animago guardó unos segundos de silencio meditando la respuesta. No había tenido esa conversación con nadie. Adoraba a Nymphadora pero no tanto como para darle detalles de los planes de conquista de su tía... Aún así, respondió con sinceridad:
-Digamos que sus ambiciones van más allá de lo que imaginaba.
-¿Te molesta que una mujer tenga ambiciones? -preguntó la metamorfomaga medio en broma medio en serio.
-En absoluto -aseguró él-. Me encanta. A no ser que supongan riesgos como guerras, desastres naturales o locuras por el estilo.
Tonks le miró sorprendida durante unos instantes sin saber qué parte era cierta. Mantenía una relación de amor-odio con su tía: la había detestado toda su vida pero les había salvado durante la guerra... En cualquier caso a Sirius sí que lo quería y veía que no era feliz. Ella sabía lo que era desear con todo tu corazón que alguien te quisiera y que al final no saliera bien. Además, por mucho que sintiera amor platónico hacia él, veía sus fallos: el animago tampoco estaba bien de la cabeza, demasiados trastornos y años en la cárcel... Y los genes Black, eso nunca ayudaba. Así que sin saber con qué propósito murmuró:
-No creo que sea solo eso. Tú deseas ser todo su mundo y con una mujer de verdad, nunca lo serás. Por eso tiene más mérito que quiera que formes parte de su vida, que sea capaz de darte tu lugar sin renunciar a sus ambiciones. Aunque tendrías que ayudarla a suavizar sus ansias de destrucción... No la querrías si dejara de ser ella. Dicho esto, búscate a otra más cuerda y menos peligrosa, aunque no tenga unas tetas tan exageradas.
Sirius no supo qué contestar. Tampoco le hizo falta porque segundos después, la entrevista terminó y el auditorio entero se levantó para aplaudir a la última y mejor lugarteniente del Señor Oscuro. Luego vino una ronda de preguntas del público. La duelista contestó a una docena de las cientos de manos que se levantaron. Había mucho interés en Saiph y en su relación con él. O quizá, igual que el animago, la gente disfrutaba con el brillo de sus ojos y la emoción en su voz cuando hablaba de él. También le preguntaron por sus planes futuros, a lo que la slytherin contestó que no lo sabía, simplemente se dejaba llevar. Lo comentó con despreocupación y sin titubear.
-Qué bien mentimos los Black -murmuró Sirius con amargura.
Hubo preguntas sobre cómo pensaba ella que debía gestionarse el mundo mágico y sus respuestas fueron preocupantemente lúcidas (aunque no del todo sinceras). En cuanto terminó, la bruja informó de que de ser por ella, pasaría toda la noche hablando con ellos, pero tenía una cena en París y su traslador se activaba en una hora. Ese tiempo lo dedicó a firmar el libro a unas decenas de afortunados que tenían pases vip. Sirius entendió que se trataba de gente influyente y necesaria para sus futuras tramas. Y también Hermione, los gemelos y el resto de su grupo a quienes había invitado personalmente. Al resto de asistentes los fueron desalojando con rapidez. Sirius se quedó en un lateral de la platea junto a Tonks, sin acercarse a su prima y seguro de que ahí no le vería. Cuando quedaban diez minutos, por fin les tocó el turno a sus amigos. A la mayoría Bellatrix ni los miraba, simplemente firmaba sin poner nada más que su nombre o sus iniciales. Con sus aliados temporales hizo una excepción.
En cuanto los gemelos se acercaron, la abrazaron y ella les sonrió ampliamente. A pesar de que iba justa de tiempo, charló con ellos durante unos minutos. Tonks tomó nota de hacerle repetir a su nuevo novio cada palabra: una cosa era no saludarla porque no se aguantaban y otra muy distinta no tener curiosidad. Cuando Hermione se acercó con timidez, Sirius vio que no se atrevía a emular el gesto de los gemelos. La mortífaga le comentó algo con tono burlón, Hermione se sonrojó, se rió y la abrazó. Harry también fue saludado, pero en su caso fue Saiph quien interrumpió su siesta para lanzarse sobre él. Antes de que le mordiera, el chico sacó una rana de chocolate del bolsillo y el dragoncito pareció satisfecho. Cuando le tocó el turnó a él, no hubo abrazos, pero vieron que Bellatrix le preguntaba algo en voz baja. Visiblemente nervioso, Harry asintió. Seguidamente, Saiph volvió relamiéndose y con ayuda de su dueña arañó el libro del chico para dejarle también su autógrafo: ya era costumbre. A Ron se pensó si firmarle, pero finalmente garabateó sus iniciales. Cuando se despidió de ellos aún quedaban una decena de personas esperando.
-Madame Black -la llamó uno de sus guardias personales-, se hace tarde, el traslador ya está activo y quedan tres minutos. Tiene que marcharse.
La bruja asintió. Se levantó de la mesa pero siguió firmando con rapidez, era evidente que se trataba de gente importante. Hermione y el resto se reunieron con Tonks en el lateral junto a la salida. De inmediato la metamorfomaga les hizo repetir cada conversación. Cuando se dio por satisfecha, juzgó que ya podían irse.
-He visto que al final ha venido Sirius, ¿ya ha salido? -preguntó Harry distraído mientras contemplaba sonriente el autógrafo de Saiph.
-No, está justo... -respondió la auror girándose sin encontrarlo.
De inmediato todos miraron con temor hacia el escenario. La bruja firmó a las cinco últimas personas a toda prisa sin ni tan siquiera mirarlos. Cuando el último le tendió el libro abierto en la página de la dedicatoria, ella garabateó su nombre y se lo alargó. Entonces vio el anillo exacto al suyo en la mano que lo recibía y levantó la vista. Sirius no sabía qué esperar: odio, rabia, dolor... Pero cuando Bellatrix fijó sus profundos ojos oscuros en los suyos, solo vio sorpresa. Pasados unos segundos, le dedicó una sonrisa triste, pero no abrió la boca; él tampoco. No estaba enfadada, entendía su decisión, solo quería saber cómo estaba. Él contestó que todo bien y la felicitó por su éxito. Ella se alegró de que estuviera bien y se despidió. Mantuvieron la conversación sin una sola palabra, únicamente con esas miradas que tan bien habían sabido interpretar siempre. Harry y los demás los observaban con atención desde la platea sin entender qué estaba pasando.
-Madame Black, el traslador solo estará activo un minuto más -informó su ayudante.
Ella asintió de nuevo. Le dirigió a Sirius una última sonrisa melancólica y se alejó hacia la mesa donde descansaba el colgante esférico que funcionaba como transporte. "Bella..." susurró él sin ser capaz de añadir nada.
-Debo irme, tengo una cena en París. Puedes venir si quieres -respondió ella con sorna acercando la mano al traslador.
"Lo haré" respondió Sirius con firmeza. La bruja detuvo su mano a escasos centímetros del objeto encantado -al que le quedaba medio minuto de funcionamiento- y se giró hacia su primo desconcertada. Esperaba una rotunda negativa. En la sala ya solo quedaban ellos dos y el resto de la comitiva, que no podían escuchar bien su conversación por la distancia y se dirigían miradas de preocupación.
-¿De verdad? -preguntó la morena con los ojos brillantes por la emoción.
No estaban hablando de la cena en París, sino de volver a lo que tenían antes, de volver a estar juntos. La mortífaga pareció ilusionarse con la idea, se acercó a él e iba a ofrecerle su otra mano para transportarlo con ella cuando él añadió: "Volveré a cambio de que me prometas algo". Al momento su prima retiró el brazo y borró la sonrisa. Los espectadores suspiraron aliviados: por mucho que apenas los escuchaban, el lenguaje corporal de la mujer evidenciaba que la negociación se había roto.
-No voy a renunciar a mis planes, Sirius, ni siquiera por ti. Lo siento -murmuró ella volviendo a la mesa donde estaba el traslador.
Un segundo antes de que su elegante mano rozara el objeto, de nuevo, Sirius exclamó:
-¡Prométeme que te casarás conmigo!
Eso sí resonó en toda la sala. Los amigos del merodeador gritaron casi con horror, ¿¡cuándo se había torcido la cosa así!? ¿Cuándo había pasado Sirius de no tener interés en el libro de su prima a declararse como si nada? La bruja lo miró ojiplática. ¿Eso era lo que quería a cambio de volver con ella? El animago observó en su mirada que no entendía qué había cambiado, por qué tanto empeño en casarse y por qué no le pedía que renunciara a sus planes. Así que le resumió lo fundamental, se acababan los segundos del traslador y Bellatrix cada vez parecía más agobiada:
-Ya negociaremos lo tuyo, pero quiero que todo el mundo sepa que somos nosotros y nadie más. Sé que tu matrimonio fue un infierno, pero no será así en absoluto. Te prometo que te cuidaré y...
-¡Vale! -le cortó ella.
-¿De verdad?- preguntó él que también esperaba un "no" rotundo.
-Sí, ¡y ahora ven aquí, idiota! -gritó ella nerviosa alargando el brazo.
Sirius recorrió los pocos metros que los separaban, la abrazó y en los últimos cinco segundos, ella agarró el colgante y desaparecieron juntos del teatro. Lo último que vio el animago fue la mirada de rabia y espanto de Harry.
