_ Vas a poder conseguirlo, Aquiles, aquello que tanto soñaste. Falta poco para que puedas vengarte de todo el perjuicio que ella ha causado.

_ Falta poco, sí. – decía avanzando por las escaleras a la cámara del patriarca. – "¿Él me perdonará?"


_ No debes estar aquí, el santuario es peligroso en estos momentos.

_ Es que debía hablar con Seiya, yo debo obtener su perdón.

_ Ahora no es momento para esto, señorita Seika, debes esconderte en algún lugar y no hagas el más mínimo ruido hasta que algún aliado te encuentre.

_ Pero…

_ Ve ahora. – dijo imponente y molesta la Diosa.

_ Vaya, vaya… ¿Qué tenemos aquí?

Aquella voz atestó de miedo a la joven de ojos azules. Podía percibir un espíritu completo de odio, una mente cegada por pasiones.

_ Parece que en esta historia alcancé el nivel final, la batalla con el jefe. Pero en este caso, en vez de rescatar a la princesa, deseo acabar con ella. – sonrió.

_ ¿Quién… eres? – preguntó asustada la hermana de Sagitario. - ¿Por qué acabar con ella?

_ Vengo a poner en su sitio a esta mujerzuela. – gritó enfadado para después lanzarse a atacarla con su sarisa.

La Diosa lo esquivó con su escudo.

_ ¡Corre, Seika!, ¡yo me quedaré a luchar!

La joven la miró, asintió y se fue apresurada.

_ De nada sirve, después de matarte lenta y dolorosamente, disfrutaré de torturar a la hermana de Pegaso.

_ No, no vas a lograr nada aquí.

Ella lo empujó con su cetro y después le propinó una patada en la cara. Él lamió la sangre que salió de su boca.

_ Sigue luchando, lo hace más divertido.

Una ardua batalla se desempeñó entre Diosa y Herrero, Saori era ágil ahora que había entrenado tanto sus movimientos, podía pelear. Sin embargo, su oponente llevaba años de adiestramiento, sus habilidades eran superiores. En los golpes de sus armas, las patadas, las esquivadas y la destreza de ambos; Aquiles clavó su sarisa, atravesando el estómago de ella, quien gimió de dolor pero se mantuvo de pie.

_ Ahora eres una humana, un pedazo de carne que se va a pudrir debajo de la tierra. No hay quien pueda ayudarte. – la empujó, causando que caiga al suelo. – Ni tu querido escudero Pegaso… - la pateó sin piedad. – Ni tu esposo que te amaba tanto. Sin tu inmortalidad y tu cosmos no eres nada.

_ No creas que… temo a la muerte… así… - la joven jadeaba. – Aún en este cuerpo mortal, no sucumbiré ante ti.

_ Adiós Atenea. – levantó su sarisa para clavarla en su corazón, ella trató de agarrar el escudo para defenderse.

Pero en ese momento, un martillo voló como frisbee, tirando lejos el arma del herrero.

_ ¡No te atrevas a tocarla! – gritó Helén que llegaba corriendo.

_ ¡Vaya, el perro faldero de la señorita!

_ ¿Cómo te atreves a lastimar a la esposa de nuestro señor?

_ Como si fuera esa la razón por la que la defiendes. Sabemos muy bien que siempre has sido un niño inocente, manipulable; tú al igual que todos se dejaron convencer por la apariencia hermosa de esta mujer.

_ ¡No hables así! No puedes matarla, no tienes el derecho.

_ ¿Y tú Helén?, ¿tienes el derecho de defenderla? ¿Esto es por Hefesto? ¡BÓLIDO DE FUEGO!

La sarisa voló directamente hacia Helén quien lo esquivó con facilidad.

_ ¿Quién pensó que llegaría el día en que los más fuertes de la armada de Hefesto pelearían? – cerró los ojos para después abrirlos y mirar hacia el cielo. – Tú, su gran amigo y yo, su amado vasallo.

_ ¡No tenemos que llegar a esto, Aquiles! No le diré nada a nuestro Dios, sólo resígnate por favor.

_ Es muy tarde… - dijo apenado. -¡BÓLIDO DE FUEGO!

_ ¡PÚLSAR GALÁCTICO!

El martillo cayó desde el cielo pero el rubio con una voltereta lo esquivó, después formó una sarisa con su cosmos y apuntó al joven.

_ ¡RAYOS GAMMA! – la energía de su arma se movió a la velocidad de la luz golpeando infinidad de veces todo al frente.

Pero los pasos de Aquiles uno por uno adelante eran feroces, Helén retrocedía esquivando como podía, algunos golpeándolos con su martillo.

_ ¡PÚLSAR GALÁCTICO! – aquel ataque cayó directamente donde Aquiles, quien trató de detener la feroz fuerza con la altura de su lanza.

Pero aquello lo aplastó. El rubio platinado se acercó a estirarle la mano a la Diosa.

_ ¿Lo venciste? – la miró apenado.

_ No. – él se volteó hacia donde había atacado.

_ ¡BÓLIDO DE FUEGO! – fue de sorpresa.

Helén colocó su martillo en su pecho para tratar de amortiguar el golpe, sin embargo fue con tal agresividad que lo tiró lejos hasta destruir la pared.

_ ¡Helén! – gritó Saori, quien corrió a socorrerlo.


_ ¡METEOROS DE PEGASO! – Seiya lanzó su ataque y dio una voltereta para atrás por la fuerza de su poder.

Moviendo su martillo a la velocidad de la luz, Hefesto esquivó todos sus ataques. Después tiró éste con fuerza. El arma le cayó al estómago al castaño, haciéndolo sangrar por la boca y por el impacto, atravesó varias columnas de la casa. El trigueño se acercó a darle el golpe final, pero el caballero dorado abrió los ojos y lo sorprendió.

_ ¡PUÑO RODANTE DE PEGASO!

La primera herida que le habían causado en su vida, bueno, en esta humana.

_ Muy listo…

_ ¡No puedo perder!

_ ¡Yo tampoco! – gritó furioso. – ¡No después de todas las vidas que se han perdido, gente que me amaba, que confiaba en mí!

_ ¡METEOROS DE PEGASO!

_ ¡No vas a vencerme con esas técnicas, deberías ser capaz de superarte a ti mismo con la armadura divina de sagitario! – el Dios avanzó fuertemente y pateó el pecho de Seiya. - ¡Tiré mi sagrada sangre encima de ti, demuéstrame que no fue un desperdicio!

Se aventó con fuerza, ambos se atestaban golpes, patadas, todo a la velocidad de la luz. En el esquivo a veces tiraban la pared, o rompían el mismo suelo. Era un poder divino imparable.

En una de esas Seiya alcanzó el arco de Sagitario, y tiró un flechazo que cayó en el pecho del Dios. Hefesto se miró la herida totalmente confundido.

_ ¿Es este ataque el que mató a mis hermanos?

Pero debajo de su armadura poseía algo, un objeto, era un pequeño escucho con el logo de un martillo. Éste había recibido el impacto.

_ Pero realmente, Pegaso, has perdido esta batalla.

Se arrancó la flecha y la tiró, después golpeó a Seiya con su martillo una y otra vez. Hasta que el castaño estaba demasiado herido.

_ Lamento haberte arruinado la vida. – dijo Seiya. – Pero debes entender cómo funciona el amor… nos estabas quitando nuestra esperanza.

_ ¿Su esperanza? – preguntó.

_ Si mi castigo por todo esto es la muerte, la recibiré con honor. Pero déjala a ella ser libre.

_ ¿Libre?

_ Ella ama a su gente, desea un mundo mejor, tenerla como esposa de otro ejército sólo la encadena. Nos ata a todos a tu voluntad, y a ella a una vida vacía.

_ ¡No!

Furioso, brotó nuevamente fuego alrededor, y agarró a Seiya del brazo fuerte. La armadura de Sagitario empezó a derretirse encima de él, hiriéndolo.

_ Te fundiré junto a esta armadura. – estaba iracundo.

_ Tus… seguidores…

_ ¿Qué?

_ Han pagado… por tus sentimientos… ellos… dieron todo por ti… al igual que yo por ella…

Se desmayó el antiguo Pegaso al haber dicho esto, por lo que el herrero lo soltó. Después miró a su alrededor…

Unos estruendos de gran magnitud llenaban el ambiente. La tristeza del Dios formaba fuego alrededor, se oía como éste quemaba en sí. Pero ni siquiera esta existencia intangible, podía distraerlo.

_ "¿Qué hice?" Yo gané esta pelea pero… No puedo matarlo. ¿Por qué….?

¿He perdido?

…Mis herreros…

Su mente volaba en los recuerdos junto a sus subordinados

Helén *el joven abrazándose al Dios*

Aquiles *el rubio llorando abrazado del Dios*

Hari *el pequeño niño llorando, siguiendo a un pequeño Hefesto*

Bía *La doncella desmayada en sus brazos*

Paris *agarrando la mano del pequeño, saliendo del bosque*

Promet *caminando en el atardecer de la colina*

Pélope *Haciendo con mucho cuidado el hombro de marfil y éste llorando de emoción por recibirlo*

Talon *el solitario perdido, sintiéndose en familia*

Helena *la joven siempre aconsejándole y dándole flores*

Alec *recuperándose de su vicio y sonriéndole*

Cratos, Lemnos *siendo rescatados del incendio*

Cerción *Siendo entrenado para ser fuerte*

Micenas *su aprendiz muy apasionado*

Pirito *acariciando unos pequeños animales*

Eric *el pequeño diciéndole padre, agarrándolo con su pequeña manita*

_ Esta guerra…

…todo el daño que ha causado.


_ ¡No voy a dejar que la mates!

_ Pero no quieres matarme, tú nunca te has ensuciado las manos, Helén. – le dio la espalda Aquiles. – Aun así… tú siempre fuiste el favorito de nuestro señor, aunque yo le di todo de mí.

El herrero apretó su puño con mucha ira.

_ ¿¡Por qué te aprecia tanto a ti, por qué eres su mejor amigo!? Desde que lo conozco hice lo imposible por destacar, por ser el mejor. ¡Sin embargo tú apareciste después que yo y lo lograste tan fácilmente!

Helén lo miró con tristeza.

_ ¿Tienes idea de cuánto te odio? Siempre quise acabar contigo, hoy ha llegado el día.

_ Matarme a mí, matar a Atenea, incluso matar a todos nuestros compañeros, no va a cambiar nada; Aquiles.

_ Dime antes que te haga pedazos, ¿cómo lograste tocar su corazón? Al igual que esta mujer…

_ Yo… - sonrió levemente.

*flashback*

_ ¡Helén! ¿Qué te ha pasado?, ¿por qué estás todo golpeado? – preguntó la madre.

_ Unos niños estaban molestando a Helena.

_ Ay hijo… - sonrió la mujer.

_ Me alegra tanto que cuides a tu hermana. – agregó el padre.

Helena veía todo, apenada desde una esquina de la habitación.

_ La quieres mucho, ¿verdad? – él volteó a verla.

_ ¡La quiero muchísimo! – la niña se sonrojó por la expresión de amor.

_ Yo también hermanito, ve a descansar para que sanen tus heridas.

_ Sí, buenas noches papá, mamá.

"Aquella noche, me fui pensando que al día siguiente todo estaría bien, confíe en eso. Pero la dura realidad no cumple siempre la expectativa, unos ruidos me despertaron horas después, me levanté, me froté los ojos y caminé hacia la sala. Pisé algo y cuando lo vi bien, era la mano del cuerpo muerto de mi madre."

_ Ma… mamá…

El piso estaba bañado en sangre. Miré al fondo y el cuerpo del padre también estaba allí.

_ Padre… - el miedo inundó su ser. - ¿Helena, Helena estás ahí?

_ Hermanito. – apareció llorando.

_ ¿Qué pasó… Helena?

_ Vinieron unos hombres a robarnos y mataron a nuestros padres, yo pude esconderme pero…

_ ¿Hay alguien ahí? – se escuchó una voz.

_ Hermana, escóndete. – dijo el rubio platinado.

En acción de defensa, Helén cogió un martillo que encontró en el cajón.

_ Atrapé a unos hombres que venían con pertenencias, parece que las sacaron de esta casa.

_ ¡Atrás! – gritó Helén.

_ Pequeño, ¿estás herido?

_ ¡No creas que por ser unos años más grande vas a vencerme!

"La persona que estaba al frente de mí, tenía unos ojos llenos de bondad."

_ Es curioso que me ataques con un martillo. – sonrió.

_ ¿Quién eres?

_ Estaba en este pueblo, hasta que sentí el olor a sangre. Lo lamento mucho, pero ya atrapamos a esos hombres.

_ Pero tú eres un poco mayor que yo.

_ Es que yo no soy normal. ¿Estás solo?

La pequeña salió.

_ Me llamo Helena, él es mi hermano Helén.

_ ¿Mellizos?

_ Por favor ayúdennos, no tenemos a nadie más en este mundo.

Aunque el niño estaba sorprendido de la actitud de su hermana, de sobrevivencia antes de que llorar por la muerte de sus padres.

_ Nosotros paseamos por el mundo, eso significa que no podrán vivir en un solo lugar, ¿aun así está bien? – le estiró la mano el trigueño al pequeño niño. – Nada te hará daño, ni a ti ni a tu hermana. ¿Confías en mí?

"En ese momento me sentí aliviado por Helena, porque yo solo no podría protegerla. Pero mi mundo se había hecho pedazos. Mucho tiempo después, había entrenado gracias a Hefesto, sabría que podría ayudarla siempre que lo necesitara.

Pero el alma que me había estirado la mano, era tan oscura como yo."

_ Llevas dos semanas sin comer, Helén. – se sentó a mi costado. – Solo lloras por las noches.

_ Aún no puedo superarlo. Pero tú, ¿por qué sufres tanto?

En su mirada vi sorpresa.

_ ¿Yo? ¿De qué hablas?

_ Sé que finges la mayoría del tiempo, sé que sonríes irresponsablemente; te admiro por eso.

_ ¿Quién te crees que eres para ver a través de mí? – él se puso nervioso.

_ No soy nada, si muero, no pasaría nada, soy transitorio. Sé que tú posees dones, eres diferente pero… te pareces mucho a mí. Y aunque yo ya no quiera seguir en este mundo, me has dado tanto, te lo agradezco.

_ Tus padres te querían mucho. Yo nunca tuve eso… Podré ser superior a ti en poder, en jerarquía, pero…

Helén lo abrazó.

_ Necesitas ayuda, ¿verdad? Al igual que yo.

_ Tú… niño tonto. – el Dios se emocionó. – Eres el único que ha logrado leerme.

_ Somos amigos, ¿verdad? – él se ruborizó.

_ Sí. – fue la primera vez que lo vi sonreír de una manera tan cálida.

"Entonces me di cuenta que ambos nos rescatamos el uno al otro, con palabras de aliento, con sentimientos puros…"

*fin flashback*

_ Ustedes lo alababan, lo seguían sin pensar. Pero yo no solo lo veía como un Dios, sino a manera de alguien tan humano como nosotros. Por eso, tú no puedes comprenderlo.

_ ¡No se compara, lo que tú has pasado a todo lo que yo he sufrido!

_ Probablemente, pero no puedes compararte conmigo.

_ ¡Voy a matarte, Helén!