Disclaimer: No me pertenece ningún elemento de FFVII. Esta historia es escrita por placer y sin ánimo de lucro.


El porqué de las cosas

Capítulo 32

"Fantasmas del pasado"

Por Lady Yomi


—¿Cómo está tu brazo? —le preguntó Tifa a Sadie mientras subían las escaleras que llevaban a la planta superior—. El estúpido de Rufus no debió jalarlo de esa manera. Prometo que le daré un puñetazo cuando tenga la oportunidad.

Sadie se limitó a sonreír con desgano:

—¿Tiene sentido preocuparse por eso cuando vamos camino a la horca?

—Apuesto que es una guillotina. El viejo Shinra era fanático de las torturas medievales. —Le devolvió una sonrisa cargada de optimismo al añadir—: ¿Qué pasó con tus esperanzas de que Zack viniera a rescatarnos? No desistas todavía, los de Avalancha no nos rendimos tan fácil.

—No lo sé... —Sadie bajó la mirada, fijándola en la forma en la que sus piernas subían cada uno de los escalones que yacían debajo del lujoso tapete de piel carmesí—. Cuando dije eso no imaginé que nuestros captores tuvieran una tecnología tan avanzada entre las manos.

—Hemos estado en peores aprietos.

—Pensé que yo era despreocupada pero tú lo llevas a un nuevo nivel.

—No soy despreocupada, simplemente trato de-

La respuesta de Tifa fue interrumpida cuando uno de los Soldados que los escoltaba le dio un fuerte empujón con la culata de su rifle:

—¡Silencio, perra de Avalancha! ¡Ya le podrás explicar tu filosofía a la parca!

—¡EH, DONDE TE ATREVAS A TOCARLA OTRA VEZ TE PARTIRÉ LA CARA! —rugió Barret desde un poco más atrás, provocando que los tres militares se dispersaran por un instante. No tardaron en recordar que la única libertad de su prisionero consistía en vociferar, pero aún así se abstuvieron de acercarse para obligarlo a callar. Perro atado no muerde, pero mejor guardar distancia en caso de que se rompa la cadena.

—No te preocupes por mí, Barret —le dijo por sobre el hombro con tono tranquilizador—. Sabes que ni siquiera sentí el golpe.

—¡Me importa tres pepinos si no lo sentiste! ¡Van a caer veinte meteoritos el día que me quede callado cuando alguien se meta contigo!

Tifa sonrió débilmente, haciendo un intento por no dejar traslucir lo preocupada que estaba en verdad. Era del tipo de persona que sufría en privado. Mientras sus seres queridos estuvieran alrededor... ella trataría de dar lo mejor de sí para animarlos.

Esta compasión natural no siempre obró a su favor, ya que su demora en aceptar que algo no estaba del todo bien con Cloud fue lo que lo llevó a empeorar hasta el punto de creer que no era una persona real. ¡Si no le hubiera dicho que fuera tras Aerith; que tuviera valentía y se disculpara por sus acciones en el templo de los ancianos! De ser más precavida, más desconfiada... quizá ella estaría viva.

Su mente no dejaba de acosarla con el error que concluyó en semejante tragedia; un nuevo pecado que jamás podría perdonarse.

—¡No dejaré que le hagan daño a ninguna de las dos! —siguió proclamando Barret cuando llegaron a la planta alta—. ¡Iré primero... y quebraré la maldita guillotina con la fuerza de mi pescuezo!

Los condujeron al interior de un enorme salón con ventanales que se extendían hasta casi tocar el techo. Brillantes cortinas de seda color marfil pendían a los lados de cada apertura, dejando ver el resplandor de las aguas doradas que bañaban la magnífica costa de Junon. Se habían colocado varias filas de sillas para que los miembros de la prensa disfrutaran del siniestro espectáculo, y los rostros ansiosos de los convidados se fundían bajo el abrazo de la luz azulada que escapaba de los focos que iluminaban el recinto.

Scarlet, la presidenta del Departamento Armamentístico de Shinra, les salió al encuentro en medio del relampaguear de decenas de flashes fotográficos que se desataron con la llegada de los prisioneros:

—¡Ya llegaron los invitados de honor! —Les sonrió con entusiasmo, sus labios rojísimos extendiéndose prácticamente de un lado a otro de su rostro—. Pasen al frente. Todos están deseosos de conocerlos.

Barret chirrió los dientes hasta que su mandíbula respondió con un chasquido. La mujer que los recibió era la misma que dirigió a las tropas de Shinra durante la noche en la que Corel fue borrado del mapa; un demonio dueño de una risa tan horrible como su alma.

—¡Apuesto a que lo están! —respondió el ex minero—. ¡Debe ser la primera vez que se topan con un par de personas decentes!

—Señores, tienen ante ustedes a dos de los elementos más poderosos de Avalancha —declaró Scarlet sin detenerse a escuchar las quejas de Barret.

La directora avanzó con seguridad hasta el moderno panel de control situado junto a la compuerta de metal que los separaba del siniestro sillón de ejecución:

—Barret Wallace y Tifa Lockhart. Dos reos sin moral que han atentado contra decenas de lugares de trabajo para probar una ideología retrógrada; enemiga del progreso de la humanidad. El número de muertos no logró que abandonáramos nuestra política de no negociar con terroristas, y es por eso que han puesto al mundo entero de rehén bajo la amenaza de meteorito.

—¡Señorita Scarlet! —la interrumpió un periodista que alzó la mano desde la primera fila—: ¿Quién es la mujer con el brazo roto?

—Ah. B, bueno, ella es... —La organizadora del evento se giró hacia Sadie, bajando la voz para evitar ser oída por el resto de los presentes—: ¡¿Se puede saber quién narices eres tú?!

—Me llamo Sadie, también soy parte de Avalancha.

—Bah. —Scarlet dio un respingo antes de volver a enfrentar a los periodistas que esperaban por su respuesta—. Se llama Sally... o algo así. Es sólo otro ejemplo de los muchos jóvenes confundidos que fueron seducidos por los ideales retorcidos del señor Wallace.

—¿Jóvenes confundidos? —Sadie torció la nariz cuando las miradas de los invitados se clavaron en su rostro. Ninguno de ellos parecía sentir ni un poco de compasión por su persona. Estaban desesperados por encontrar un culpable al que condenar, y se conformarían con lo que fuera que Shinra señalara como tal.

—Todo va a salir bien —murmuró su jefe—. Esta vieja del demonio va a tener que dar muchas explicaciones más cuando logremos salir de esta. No dejes que te afecte nada de lo que diga.

Sadie se lo quedó viendo con creciente curiosidad. ¿No dijo antes que iban en un tren sin paradas rumbo la muerte? ¿De dónde nacía este optimismo inesperado que lo obligaba a tratar de consolar a su subalterna?

—Tifa y tú son cien veces más valientes que yo... —susurró cuando sus ojos se posaron en el cuarto de ejecuciones—. Me siento una idiota por estar temblando.

—¡Pues claro que lo eres! —Barret dio un respingo—. ¡Demonios, Darcy, ¿crees qué Avalancha caerá así como así ante Shinra?! ¡Ni en un millón de años!

—Ah, creo que ahora lo entiendo... —Sus labios se arquearon en un gesto agridulce al recordar la charla que compartió con Zack en el tren que los llevó a Gongaga—. Negación. Eso es lo que te impulsa a hablar así.

—¿Qué?

—Es una de las etapas del proceso de asumir una situación imprevista y dolorosa. Negación, aislamiento, ira, negociación, depresión y aceptación. No se suceden en el mismo orden y pueden experimentarse en un nivel de frecuencia completamente aleatorio. —Se encogió de hombros—. En el calabozo parecías experimentar una suerte de aceptación.

—¡Al diablo con esas porquerías psicológicas! —Se enfurruñó en un intento por ocultar la incomodidad que le produjo que los motivos detrás de sus reacciones fueran así de transparentes. Era consciente de que se preocupaba mucho por Darcy y por Tifa. Tanto... como lo hizo por Biggs, Wedge y Jessie (Gaia los tuviera en la gloria) en su momento.

El orgulloso jefe de Avalancha trató de hacer las paces con la idea de morir durante la semana que pasaron presos en la fortaleza, sí, pero la posibilidad de que ejecutaran a sus compañeras frente a sus ojos era una que jamás aceptaría. El Barret que dejaba morir a sus seres queridos para complacer los deseos egoístas de Shinra estaba enterrado debajo de las cenizas del viejo Corel, pudriéndose con toda la corrección política que siempre lo caracterizó.

—Basta de charlas. —Scarlet los interrumpió justo en el momento en el que las esposas SNES obligaban a Tifa a separarse del resto del grupo—. No gasten saliva si no es para rogar por sus patéticas vidas.

—¡¿A dónde la llevan?! —Barret hizo el amague de moverse hacia adelante, cosa que no estuvo ni cerca de lograr—. ¡Dónde te atrevas a hacerle daño-

—¿Y para qué cree que los trajimos aquí, señor Wallace? —La directora se encogió de hombros, compartiendo una sonrisa socarrona con la multitud—: ¿Para oír su versión de los hechos, quizá? No... hoy pagarán por lo que le han hecho al planeta con sus acciones imprudentes.

—¡No resolverán nada si nos matan, Scarlet! —le advirtió—: ¡Lo único que conseguirán será que no los linchen antes de que caiga el meteorito! ¡Pero cuando finalmente lo haga... morirán junto con todos los demás!

—Barret... —Tifa tomó la palabra mientras sus piernas la llevaban al interior de la temible cámara de gas—. Aerith dijo que volvería cuando todo terminara, ¿verdad? Pase lo que pase... ella nos recibirá en la Tierra prometida, y su abrazo aliviará la angustia de habernos separado antes de tiempo.

—¡¿Qué?! ¡Maldición, Tifa! ¡No dejes que te dobleguen así como así! ¡Tienes que pelear! ¡Pelear hasta el final!

Los ojos de la artista marcial se abrieron de par en par al reconocer las palabras de Cloud en los labios de su colega rebelde. Oyó la misma súplica cinco años atrás; momentos después de que su viejo amigo acabara con la vida de Sephiroth:

«—¡Tifa! ¡Tifa! ¡No te rindas! ¡No cierres los ojos! —le había dicho mientras la acunaba entre sus brazos temblorosos, demasiado perturbado por la herida lacerante que abrió el pecho de la joven en dos—. ¡Tienes que pelear! ¡Pelear hasta el final!»

—Pelear hasta el final... —repitió con tono ausente cuando Scarlet la hizo caer de espaldas sobre la silla de ejecución—. ¿Por qué no lo hiciste tú también?

—¿Qué estupideces estás murmurando? —La directora aseguró las correas que evitarían que la prisionera se liberara del sillón luego de quitarle las esposas SNES—. Me gusta cuando mueren peleando, desesperados e ilusionados por una solución imposible de alcanzar. Con esa actitud distante le quitas toda la diversión al asunto. —No se dejó intimidad por los alaridos que proferían los camaradas de la condenada y se inclinó para depositar una llave en el suelo—: Quizá la posibilidad de liberarte te inspire a hacer más que quedarte esperando a la parca con cara de sonsa.

—¡Señorita Scarlet! —la llamó uno de los periodistas desde el exterior—. ¡¿Por qué no se ejecutará al líder de Avalancha primero?!

—Porque parte de su castigo será ver caer a cada uno de sus seguidores primero. Tal y como vimos morir a los inocentes que perecieron durante los atentados de Midgar. —Scarlet cerró la puerta tras abandonar la cámara, dirigiéndose al panel de control con la intención de activar el mortífero gas que truncaría la vida de Tifa.

La delgada uña de acrílico que coronaba su dedo índice se detuvo a escasos centímetros del teclado cuando notó que la multitud a su alrededor se abría de par en par; dejando ver la figura inesperada de Reeve Tuesti, el director de planeamiento urbano:

—No te atrevas a oprimir ese botón, Scarlet —le dijo con una voz completamente opuesta a la que había programado en Cait Sith. El tono que empleaba era suave y carecía del acento irlandés característico de su contraparte felina—. Los dos sabemos que Avalancha no fue el causante de la tragedia que se cierne sobre nosotros.

Los miembros de la prensa volvieron a cerrarse en torno a Reeve, acosándolo con decenas de preguntas relacionadas con sus sorprendentes declaraciones, pero Scarlet se interpuso entre el recién llegado y los periodistas en cuestión de un parpadear:

—¿Decidiste salir del sótano para jugar al héroe, Tuesti? Nunca pensé que fueras del tipo que arroja su carrera a la basura por cinco miserables minutos de fama.

—Sabes que esto no se trata de fama, Scarlet. Tifa Lockhart está lejos de ser una santa, sí, pero esa jovencita hizo mucho más que tú y yo para impedir la llegada de meteorito. No podemos castigarla a ella y a sus compañeros por defender el planeta mientras nosotros veíamos series de Makoflix en el Home Theater de Palmer.

—No seas condescendiente, haces demasiadas suposiciones para ser un hombre acostumbrado a diseñar edificios. Si hay algo que sé es que montar una farsa cursi como esta no te llevará a ningún lado. —Se giró hacia las cámaras, esbozando una sonrisa encantadora para ganarse a los televidentes—: Bien, señores... ¿proseguimos?

—¡Claro que no! —Reeve la apartó de un empujón—: ¡¿No les parece extraño que la directora del Departamento Armamentístico esté llevando a cabo una ejecución pública?! ¡Rufus Shinra está desesperado por ocultar la verdad detrás de esta catástrofe, y en su nerviosismo comete una equivocación tras otra!

—¡¿Cómo te atreves a empujarme, arquitecto pelele de segunda?! —Scarlet intentó arrojarlo al suelo con ella, pero Reeve esquivó sus manotazos torpes con sobrada agilidad.

—Escuchen —declaró con la mirada fija en los lentes fotográficos que reflejaban su rostro determinado—. Quien les habla es un hombre cargado de pecados imperdonables. Fui el responsable de diseñar los reactores de mako de Midgar, y la red eléctrica que abasteció la ciudad en los últimos quince años. Gracias a mis conocimientos Shinra pudo demostrar que se interesaba por el progreso de la humanidad. Con la tecnología necesaria, todos podrían tener acceso al bienestar que les correspondía por derecho.

»Pero en la práctica estuvimos lejos de ofrecerles algo que se pareciese a esa utopía de prosperidad venidera. La mayoría de la electricidad se destinó a los que poseían supremacía adquisitiva, y las migajas se desperdigaron entre la gente de los suburbios. Los reactores de mako crearon una situación lamentable, que exacerbó la brecha social entre ricos y pobres; lo que llevó a tensiones irremediables que culminaron en la formación del grupo rebelde conocido como "Avalancha".

»Si bien es cierto que dicha agrupación nació con el motivo de equilibrar la balanza en favor de los desprotegidos, con el pasar del tiempo terminaron por descubrir un secreto que nos habíamos empecinado en esconder: El Planeta que habitamos es un organismo vivo, y todas las criaturas son parte de él. Nuestra supervivencia está ligada al flujo de la corriente vital; un recurso no renovable que atraviesa el interior de la tierra y que elegimos bautizar como "energía mako".

Reeve tuvo que hacer una pausa obligada cuando los periodistas estallaron en preguntas y exclamaciones que nacían de la más pura confusión. ¡¿Qué el planeta estaba vivo?! ¡¿Qué sus vidas dependían de un torrente misterioso que semejaba la sangre en las venas de un animal?! ¡¿Qué ocurriría cuando se acabara el mako?! Las reacciones fueron de lo más variopintas, pero Reeve no se dejó amedrentar por los cínicos ni inquietar por los aterrados. Sino que continuó su discurso con sencillez y honestidad:

—El mako es energía extraída de la recién mencionada corriente vital. Todos sabíamos que la cosecha destruiría el mundo, pero nos negamos a renunciar a ella; convenciéndonos de que encontraríamos una solución antes de que se llegara a tal extremo. Los miembros de Avalancha intentaron negociar de todas las formas posibles, pero nadie los escuchó. —Sus ojos se posaron en Barret, quien lo observaba con una mezcla de orgullo y perplejidad en los suyos—. No puedo justificar las vidas que se perdieron durante las muchas revueltas que ocasionaron los rebeldes, pero no sé de que otra manera habrían conseguido frenar esta desgracia por tanto tiempo como lo hicieron.

—¿Dice que Avalancha retrasó el incidente de meteorito? —preguntó una reconocida corresponsal de Kalm—. ¿Qué tiene que ver su llegada con la absorción de la corriente vital?

—Sí. La continua lucha de Avalancha no sólo truncó muchos de los planes que Shinra dispuso durante su mandato, sino que también demoró el cataclismo al que nos sometió el desaparecido General Sephiroth. —Reeve fue nuevamente interrumpido por el griterío que se suscitó ante la mención del famoso Soldado de primera clase, pero se empeñó en seguir hablando a pesar de las preguntas que rompían como olas a sus pies—. Sephiroth formó parte de un experimento que salió terriblemente mal; una criatura inocente... que fue infectada por un cultivo de células ancestrales que le inyectaron con el propósito de hacerlo más fuerte. La combinación lo hizo perfecto por fuera, pero pudrió su mente y su corazón hasta el punto de hacerlo odiar todo a su alrededor.

»El desprecio por la raza humana lo consumió, y por eso decidió hacer uso de una magia antigua para invocar al meteorito que nos borraría del mapa. El desertor se escondió durante cinco años, y su reciente reaparición concluyó en la calamidad a la que nos enfrentamos. El paradero actual de Sephiroth nos es desconocido —mintió—, pero tanto la gente de Avalancha como la de Shinra está trabajando para localizarlo y aniquilarlo antes de que él lo haga con nosotros.

—Señor Tuesti —volvió a increpar la reportera de Kalm—. ¿Si están trabajando juntos cómo es que nos invitaron a presenciar la ejecución de sus principales representantes? Rufus Shinra y la señorita Scarlet declararon que Avalancha era directamente responsable por la tragedia de meteorito, pero se negaron a brindar una explicación tan profunda como la suya. ¿Significa eso que la empresa se ha dividido en dos facciones opuestas?

—No. —Reeve esbozó una sonrisa cargada de un entusiasmo que le iluminó la mirada—. Shinra siempre será Shinra, y yo siempre seré de Avalancha.

Barret y Sadie vitorearon a sus espaldas, pero el rostro del primero se torció al vislumbrar la amenaza que se cernía sobre el autoproclamado miembro de su organización. Scarlet se abrió paso a empujones entre la multitud y la palma abierta de su mano se estrelló contra el rostro de Reeve, produciendo un chasquido que sumió a la sala entera en un silencio atronador:

—¡Bastardo traidor! —chilló—. ¡Sabía que no podíamos confiar en un mequetrefe chiquilicuatro como tú! ¡¿Por qué no vuelves a ocuparte de esos feos monigotes tuyos que nadie quiere comprar?!

—Vaya... —Reeve se pasó una mano por la mejilla, sonriendo con una chispa de malicia en el fondo de sus ojos café—. Eso no le gustará a mis pequeños.

—¿De qué rayos estás hablando? Tú no tienes-

Scarlet fue interrumpida por la llegada de una enorme shuriken que la golpeó de lado, mandándola a volar al otro extremo de la habitación. Las cámaras de los reporteros se movieron frenéticamente de la directora caída a la entrada de la sala de ejecuciones; donde filmaron la heroica entrada de Yuffie, Zack y Cait Sith. El ex Soldado noqueó a los guardias que trataron de frenarlos instantes antes de que Cait Sith se arrojara de un salto a los brazos de Reeve:

—¡Apuesto a que la gente querrá comprar cientos de seres como yo luego de oír el magnífico discurso de nuestro creador!

—Bueno... al menos pude actuar como una distracción medianamente eficiente mientras ustedes no estaban.

—¡Lo has hecho requetebién, sí que sí! ¡Pronto podremos cumplir nuestro sueño de fundar un parque de diversiones en las ruinas de-

—Ya, ya. —Reeve lo apagó en un intento por evitar que los periodistas se enteraran de los planes que le había confesado a su gato robot durante sus horas de soledad—. ¡Gracias por tus servicios, hora de descansar!

—¿Se puede saber por qué no dijiste que tendríamos que subir veinte pisos para llegar a la sala de ejecuciones? —se quejó Yuffie sin lograr recuperar el aire—. Tu apestosa marioneta salió con el cuento de que era información confidencial.

—Esto no es una sala de ejecuciones, mi querida Yuffie —la corrigió—. Nos encontramos en el salón de fiestas de la fortaleza.

Yuffie posó la mirada sobre la siniestra habitación en la que habían encerrado a Tifa:

—¿Qué clase de enfermo tendría una cámara de gas en un salón de...? Ya. Olvídalo. Es Shinra; no tiene sentido preguntar.

Zack se movió como una flecha hacia los prisioneros y los liberó del dominio de las esposas SNES con el anulador de señal que les había proporcionado Cait Sith:

—¡Listo! ¡Esos aparatejos no causarán más problemas! —Se le congeló la sonrisa en los labios cuando Sadie volteó a verlo. Su compañera lucía terrible, pero sonreía como si acabara de ganar la lotería. La joven intentó estrecharlo entre sus brazos, pero Zack retrocedió para evitar el contacto—: No tendrías que estar aquí, Sad. Te dije que te quedaras atrás.

—No me sermonees ahora. —Sadie desvió la mirada bruscamente, sintiéndose ridículamente avergonzada por el rechazo—. Te dejaré saber sobre mis propios reproches luego de liberar a Tifa.

La risa aguda de Scarlet los tomó por sorpresa; forzándolos a voltear en la dirección opuesta. La directora del Departamento Armamentístico se puso de pie de un salto, contemplándolos con fiereza por debajo de su enmarañada cabellera dorada:

—¡No les conviene tenerme de enemiga, espantajos! —Extrajo un control remoto del escote de su vestido y oprimió el botón encargado de activar los rociadores de gas, para inmediatamente arrojarlo al suelo y partirlo en dos con un pisotón de sus tacones de estilete—. ¡Esto recién ha empezado!

La mujer fugó junto con el resto de los miembros de la conferencia y Zack no lo pensó dos veces antes de darle caza, pero Sadie lo detuvo al sujetarlo por el antebrazo:

—¡No vayas tras ella! —le gritó—: ¡Ayúdanos con la puerta! ¡Tenemos que sacar a Tifa de ahí!

Zack asintió y se sumó a Barret en su desesperado intento por arrancar la pesada puerta de acero de las bisagras que la fijaban a la pared, pero todo esfuerzo resultó inútil. El portón no se movió ni siquiera cuando Reeve y Yuffie se acercaron para dar una mano.

Sadie (al verse imposibilitada de ayudar a causa de su brazo herido) se propuso activar el micrófono que reposaba sobre el panel de control, manipulándolo con más torpeza de la deseada a causa de los nervios. Casi pegó el rostro a la imagen que le devolvía el monitor cuando advirtió que la prisionera empezaba a toser violentamente:

—¡Tifa! ¡¿Me escuchas?! —le gritó a través del dispositivo—. ¡Tienes que encontrar la manera de alcanzar esa llave!

—¡N, no puedo! —La voz de Tifa reflejaba el cansancio que la invadía conforme luchaba por escapar de la silla de ejecuciones—: ¡Está demasiado lejos!

Barret abandonó toda intención de derribar la puerta al oírla, arrojándose sobre el tablero para sujetar el micrófono entre sus manos temblorosas. Esta horrible situación le traía el aroma de la carne quemada de su esposa a la memoria, una pesadilla que amenazaba con hacerlo perder la razón al entremezclarse con el amable recuerdo del día donde conoció a Tifa por primera vez:

«—¡Disculpa! ¿Eres el padre de esa niña? —le había preguntado desde el portal de entrada al Séptimo cielo.

¿Y a ti qué diablos te importa? —Barret se detuvo a media calle, fastidiado por la mirada inquisitiva de la dueña del bar. Supuso que la joven notaba el poco parecido que compartía con su hija adoptiva, y que (al igual que tantos otros ) pretendía acusarlo de querer vender a la chiquilla al mercado Muro. ¡Pues al demonio con eso, él no era ningún traficante de personas y no se cansaría de corregir a cuánto citadino idiota se propusiera insinuarlo!

Parece estar un poco cansada... —murmuró Tifa sin despegar los ojos de la niñita que dormía sobre la espalda de Barret—. Administro una posada en el segundo piso del bar, ¿no quieren quedarse a pasar la noche? Hace mucho frío como para dormir a descubierto.

¿Ya anocheció? —Barret olvidó su desprecio ante la sorpresa que lo invadió—. Demonios, es difícil distinguir el día de la noche debajo de este macabro techo de acero.

Sí. —Tifa elevó la vista—. Es una de las desventajas de vivir en la pobreza. Apuesto a que la gente de la placa superior no tiene el mismo problema que nosotros. —Barret no dijo nada, así que retomó la palabra—: Ya veo que no son de por aquí, ¿eh? A mí también me costó acostumbrarme a los suburbios.

¿Eres forastera?

Sí. Vine desde... —Se abstuvo de mencionar su verdadero pueblo natal. No confiaba en nadie luego de la masacre de Shinra— ...desde Ciudad Cohete. El sitio se convirtió en un pueblo fantasma cuando se canceló el programa espacial.

Los fantasmas no pagan la cuenta ni cierran la puerta al salir —bromeó Barret, sintiéndose más a gusto en compañía de una extranjera como él—. Por suerte estamos sólo de paso; quiero que Marlene se críe sin echar de menos el buen calor del sol.

Es lo que todo padre querría. —Tifa sonrió y sus ojos se humedecieron levemente al contemplar a los viajeros. Ambos le recordaban a tiempos más felices que ya nunca podría recuperar—. Y por eso no les conviene salir a semejantes horas; Midgar es un sitio peligroso.

Barret puso los ojos en blanco. ¿Es qué pretendía ignorar la metralleta que tenía enterrada en el brazo? Nadie amenazaría la integridad de su hija mientras él estuviera cerca. Se dispuso a mandarla al diablo, pero algo en la mirada detrás de los ojos carmesí que lo observaban lo obligó a callar. Existía... una cantidad infinita de emoción en ellos que le erizaba la piel.»

Los espasmos que sacudían el pecho de la prisionera lo trajeron de vuelta al presente:

—¡NO TE ATREVAS A DESISTIR, MUJER! —gritó—. ¡¿No decías que los de Avalancha no se rendían fácilmente?!

—Estoy haciendo... lo mejor que puedo —se excusó con una apatía que aterró a quienes la observaban a través de la pantalla. Su cuerpo carecía de la fuerza que lo caracterizaba a causa del veneno pernicioso que se colaba por su garganta.

—¡Esa perra oxigenada las dejó a medio metro de ti, trata de estirar las piernas para alcanzarlas! —rogó Barret al mismo tiempo que apoyaba la palma de la mano libre sobre el monitor—. ¡Vamos! ¡Sé que puedes hacerlo, Tiff...! ¡SÉ QUE PUEDES!

La fe que su jefe ponía en ella la halagaba, pero Tifa sabía que ni todo el coraje del mundo podría salvarle la vida. Ni siquiera tras lograr zafar ambas piernas de las cinchas pudo hacerse con el llavero que reposaba sobre las baldosas heladas de la habitación. El mundo a su alrededor se redujo hasta convertirse en un túnel cerrado y asfixiante que se tragó cada una de sus ilusiones.

Pasaron varios minutos antes de que el eco de un sonido familiar detuviera su estrepitosa caída en el olvido:

«—Tifa...»

¿Era esa la voz de Cloud? ¿Había vuelto para cumplir su promesa? No... él mismo admitió la imposibilidad de consumar el pacto de su infancia. ¿Quién era entonces? ¿Barret? ¿Su padre, quizá?

—¿Papá...? —musitó con los ojos abiertos de par en par, ciega ante la noche que se había cernido sobre ellos—. ¿Papá, eres tú?

«—Soy yo, Aerith.»

No hubiera sido necesario que se presentara, dado que su voz se dejó oír con total claridad en el segundo intento. Tifa jamás habría olvidado el tono amable de quien supo ser su primera amiga desde la muerte de su madre.

—¡A... Aerith! —Parpadeó fuertemente cuando finalmente consiguió divisarla a menos de un metro de distancia, flotando en medio de la oscuridad.

La figura translúcida de la Cetra sonrió al ser reconocida:

«—Tengo algo importante que decirte. —Se estrechó las manos frente al estómago del que todavía manaba un río tan negro como las penumbras del recinto que compartían—. Debes decirle la verdad a Cloud, de otra manera no podrán cargar a sagrado.»

—La verdad... —Tifa se esforzó por comprender; se sentía atrapada en medio de un sueño opresivo que le apagaba los sentidos—. ¿Hablas... del incidente de Nibelheim?

«—Toda la verdad. —Arqueó las cejas sin apartar sus enormes ojos verdes del rostro de su compañera—. De su pasado... y del tuyo también.»

—No hay nada de especial en el pasado. —Oprimió los labios en un esfuerzo por negar la importancia de los días de su niñez—. Nada... excepto un juramento inocente que hicieron dos amigos de la infancia.

«—Amigos. —Aerith le dirigió una sonrisita cargada de picardía—: Descubrí al verdadero Cloud gracias a los susurros de la corriente vital, Tifa. Sé que hubo una promesa, pero que jamás se dio entre dos amigos.»

—Ah... —Tifa empalideció, avergonzada al ver expuesto su secreto más privado—. B, bueno... fuimos vecinos y... hablábamos de vez en-

«—Poco importa que no fueran cercanos en ese entonces. —Aerith se inclinó y tomó el llavero con sus dedos transparentes—. Crees que Cloud te aprecia porque inventaste un mundo donde eran inseparables, pero lo cierto es que lo hace por una razón infinitamente mejor.»

—¿Cuál?

«—Porque son amigos en el presente.»

—Aerith... —Un par de lágrimas se derramaron por encima de sus mejillas macilentas—. Todo es mi culpa... ¡Debí... debí decírselo antes! ¡Mucho antes! Soy... una cobarde egoísta y nada más.

«—Atesora el futuro. —Depositó las llaves sobre la falda de la prisionera antes de empezar a desvanecerse lentamente en medio de las tinieblas—. No permitas que lo destruyan los fantasmas del pasado.»

—¡Aerith, no te vayas! ¡No te vayas por favor!

La aparición respondió con una súplica propia antes de dar fin a la frágil conexión que las unía:

«—Encuéntralo, Tifa. Eres la única que todavía puede alcanzar al verdadero Cloud.»


Nota de autor:

¡Me alegra seguir compartiendo esta historia en el inicio del año 2020! Recibí decenas de comentarios maravillosos desde la última actualización, y por eso quiero expresarle mi más puro agradecimiento a "Cerulean1990", "Celine0292", "Kratossoul", "Tati-san", "Mariavaldez", "Cocoshom" (y un par de anónimos más) por dejarme saber lo que opinan de "El porqué de las cosas".

Publico fanfics en esta página desde el año 2010, y no podría sentirme más dichosa de ver que los lectores de la comunidad siguen siendo tan atentos, constructivos y honestos como siempre. ¡De veras aprecio cada palabra que le han destinado a mi fic! ¡Gracias por la buena onda!