Motocicletas y chicas desnudas

Nota de autor: El fanfic le pertenece a la creativa y bella Moonsing, mientras que el mundo es de J.K Rowling. Yo solo traduzco y ustedes disfrutan.

"No tenemos tanta necesidad de ayuda de parte de los amigos,

más sí de la certeza de que van a ayudarnos"

Epicuro

SIRIUS:

Navidades con los Potter eran unas de las experiencias más extraordinarias en la vida de Sirius. Posiblemente lo que se sentía tan especial era el hecho de que los Potter nunca lo trataban como a un marginado o como un invitado. Lo trataban cual otro hijo, abrazándolo, regañándolo, dándole consejos, dejando regalos para él, jugando Quidditch con él... era algo que Sirius nunca en su vida había experimentado y el resultado lo dejaba como un perro sediento.

Una de las primeras cosas que él y James hicieron cuando llegaron a la Mansión fue robar el libro de transformaciones de la biblioteca de los Potter, remplazándole con uno al que le pusieron la sobre cubierta original para que no se diferenciara de los demás. James no había estado jugando cuando describió lo complicado y arcaico que era. Juntos, habían pasado casi todo su tiempo en silencio mientras trataban de descifrar el libro para generar instrucciones lógicas sobre cómo proseguir con la transformación en Animago.

— Una vez lo hayamos transcrito y probado —Anunció James, recostado sobre su estómago en su cuarto obteniendo unas últimas horas de estudio antes de la llegada de Remus y Peter ese día— Debemos crear una versión Merodeadora que pueda ser leída por personas normales. Y definitivamente introduciremos una nueva y mejorada carta que dirija a los procedimientos. Me refiero a que ¡Mira esto!

Levantó una página y pusó su dedo bajo una línea que decía: "Cuando halláis acabdado el efecto diferido por adobar el alterado encantamiento cave canus bajo la recomendación apropiada, vosotros deberéis encontrar la aborresencia canina de ser suficientemente alterada al carácter satisfactorio..."

— Necesitamos a Remus —Sirius se quejó, girando su cabeza al otro lado para ver si con otro ángulo el pasaje tenía más sentido— Lee este tipo de cosas por diversión. ¿Qué significa "La aborresencia canina de ser suficientemente alterada al carácter satisfactorio" de todas formas?

— "Suficientemente alterada para la comodidad del mago", supongo —James respondió— Solo piénsalo, de haber nacido en esa era te llamarías "Firius" —Frunció el ceño ante el cuaderno en las manos de Sirius— ¿Qué tenemos hasta ahora de los animagos? Y en una nota aparte, ¿Te has dado cuenta de que tienes la misma letra curva y enredada que la autora?

— No es mi culpa —Sirius reclamó— Mi mamá contrató a los mejores tutores en Europa para que nos enseñaran a mi hermano y a mí. Si no escribíamos a la perfección entonces nos obligaba a usar esas plumas que escriben las palabras con tu propia sangre como tinta. Nos poníamos resecos después de un tiempo. La broma viene a propósito.

— Esas plumas son ilegales —James le recordó, trastornado— La podrían enviar a Azkaban por eso.

Sirius levantó una ceja elegantemente a su amigo: — ¿A la más antigua y noble casa de los Black? La gente se sorprendería más si nosotros no hiciéramos esas cosas.

— Malvados idiotas —James murmuró— Sin ofender.

Sirius se encogió de hombros: — Nos enorgullecemos de eso.

— Entonces ¿Qué tenemos?

— Bueno, ya sabemos que definitivamente no podemos escoger nuestra forma animal —Sirius pasó las páginas de su cuaderno— Eso es parte de quién eres. Y que debemos tomar una poción para descubrir qué seremos antes de tratar de cambiar. Hemos descubierto la mayoría de los ingredientes, pero algunos han cambiado sus nombres y tendremos que buscar en libros de hierbas para saber cómo se llaman actualmente. Luego hay varios hechizos y más pociones y demasiada práctica antes de que podamos realmente ser el animal. Detesto ser quien te diga esto, amigo, pero reconozco que nos llevará demasiado tiempo el ser animagos oficiales. Especialmente si debemos hacerlo a las espaldas de Lunático todo el tiempo.

James suspiró y trazó el título platinado que decía "La guía avanzada para transformación animal y cómo lograrla por Gertie Trebbletome": — Bueno, es el único plan que tenemos.

— Lo sé.

El sonido de una aldaba resonó por toda la casa y ambos chicos se animaron.

— Debe ser uno de los chicos —James anunció— Deprisa, esconde esto en mí lugar secreto —Se levantó y golpeó una fotografía de su cuarto con la varita. Se abrió para revelar un pequeño escondrijo con las cosas más preciadas para James, muchas de las cuales eran objetos que nadie más que un adolescente bromista querría robar.

Sirius tiró el cuaderno y el libro adentro, para después cerrarlo de un golpe y bajar por las escaleras a saludar a su amigo.

Iiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii

Resultó ser Peter en la puerta. Remus llegó después, luciendo muy pálido y enfermo debido a la Luna Llena del día anterior. Sirius se sintió relajar por primera vez en semanas mientras ayudaba a su amigo a subir las escaleras directo al cuarto. No se había dado cuenta de lo estresado que se ponía cuando no podía revisar a Remus hasta que la tensión lo dejó. Miró y sonrió cuando vio a Remus mirando toda la Mansión Potter con ojos y boca abiertos.

— Si no tienes cuidado, los Nargles vendrán a descansar en tu boca —Sirius le molestó— ¿Qué sucede? ¿Nunca habías visto una casa antes?

— No —Remus murmuró— No así de grande, me refiero. Nunca había visto algo así de enorme hasta Hogwarts. ¿En serio creciste aquí, James?

James lo miró con sorpresa: — Sí. Pensé que lo sabías.

— No sabía lo masiva que era. ¿Cuánto tarda en limpiarse?

James se encogió de hombros: — ¿Quién sabe? Los elfos domésticos lo hacen.

— Elfos domésticos. Cierto —Remus sonaba casi lejano.

— No veo cuál es la gran maravilla —Sirius mencionó, sacudiendo la cabeza sin sorprenderse— La Mansión Black es dos veces este tamaño y Grimmauld Place no es tan pequeña. Pensé que la mayoría de casas serían así de grandes en el interior.

Remus y Peter le dedicaron miradas escépticas y James le dijo: — ¿Sabes lo mucho que cuesta el que el Ministerio te dé permiso para hacer tu casa más grande adentro? Millones de galeones por metro. Papá me lo dijo cuando yo quería instalar un campo de Quidditch dentro de casa.

— ¿En serio? —Sirius preguntó— Mis padres deben haberse gastado toda mi herencia agrandando Grimmauld Place, entonces. Mi madre ya lo tomó como diversión.

— No puedo creer que no supieras eso —Remus mencionó— ¿No recuerdas dónde vivía yo la vez que fueron a rescatarme?

— No lo había pensado realmente —Sirius admitió, pensando en la pequeña y apretada sala de estar junto con una cocina diminuta que él había caminado— Supongo que creía que era la entrada para los elfos domésticos o algo así —Fue consciente de las miradas de los demás y se sonrojó— Bueno, yo solamente había ido a las casas de otros magos sangre pura cuando era niño y Hogwarts es muy grande también.

— Deberías haber tomado Estudios Muggle este año —Remus le riñó— Tú y James. ¡Honestamente! Y yo pensaba ser el único que tuvo una infancia aislada.

— ¡Espera! —Sirius lo detuvo, deteniéndose de repente para ver a Remus quien observaba el barandal con alivio— ¿Viviste en esa casita toda tu vida hasta Hogwarts?

Remus se sentía avergonzado: — Bien, mi papá me llevó al Callejón Diagon algunas veces.

— ¿Algunas veces? —Repitió Peter débilmente— ¿A dónde más fuiste?

— Ningún lado —Remus respondió. Ahora esa su turno el no estar sorprendido— Les dije que él me mantenía encerrado.

— Pero ¿No estabas asustado de ir al colegio entonces? —James indagó— ¿Al no haber estado en otro lado antes?

— Sí —Admitió Remus— Estaba aterrorizado. Esa era la razón por la cual me petrifique en la estación ese día. Y porque no sé...sabía hacer amigos.

— Oh, Lunático —James estaba destrozado por la culpa— Lo siento.

— ¿Por? No fue tu culpa.

— Pero yo fui grosero contigo.

— Bueno... —Remus miró a Sirius por ayuda— Ya no lo eres. No me importa. Ahora somos amigos.

— Vámonos —Interrumpió Sirius, determinado a cambiar el tema antes de que se volviera demasiado dramático— Está será tu habitación —Terminó de subir las escaleras y abrió la puerta con suavidad.

— ¿Está es mi habitación? —Dijo Remus, inclinándose sobre el marco de la puerta y viendo todo con impresión en su rostro— Toda mi casa podría entrar aquí. ¿Dónde duermen ustedes?

— Las demás puertas en el pasillo —Respondió James— La cena estará lista en un rato, así que deja tu baúl y podremos ir a la cocina.

— ¿Otra vez abajo? —Remus preguntó, viendo las escaleras con resignación al saber que tendría que volver a usarlas.

— Solo toma unos segundos si usas el barandal —Sirius le aconsejó.

— Pensé que eso estaba prohibido.

— Si ella no deseará que lo hiciéramos pondría un hechizo anti deslizante en él —James le avisó divertido— Nosotros iremos primero y te atraparemos para que no te lastimes. ¿Mala luna?

Remus se encogió de hombres: — Ustedes no estaban ahí. Está bien. He tenido peores.

— Siempre tienes peores, Lunático.

Iiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii

Gran parte de la Mansión no entraba al uso diario de la familia, y la pequeña sección en la que los Potter en verdad vivían era mucho más acogedora y familiar de lo que dejaba saber su exterior. Pese a su fortuna, el señor y la señora Potter creían que todo debía hacerse por sí mismos. Los elfos domésticos solo se encargaban de cuidar la parte principal de la casa y la señora Potter cocinaba casi todo por su cuenta. Ella también se encargaba de dejar tareas como lavar los platos, pintar los cuartos o arreglar el jardín a James, y Sirius cuando estaba ahí, para enseñarles que "Nada en la vida es sencillo".

Sirius prácticamente ya no se sentía emocionado por esta lección unos cuantos días después cuando se encontró a sí mismo limpiando la cocina mientras el resto de Merodeadores jugaban a los Gobstones con el señor Potter.

— Los Black no estamos hechos para este tipo de tareas mientras sus amigos juegan Gobstones sin ellos —Anunció a la larga habitación, mirando cada pedazo de pasta flotante con disgusto— Especialmente sin magia. Estamos diseñados para humillar a la gente y ser maniáticos...um...tortura personas...

— Suenan como una familia encantadora —Señaló la señora Potter con voz seca, y Sirius giró para verla de pie en la puerta viéndolo con sorpresa.

— Entonces no nos describí bien —Levantó un plato y lo dejó en el lavavajillas.

— Yo secaré y te mantendré compañía —Le avisó— Hay algo que quiero hablar contigo, igualmente.

Sirius inmediatamente se tensó. Bonitas conversaciones nunca seguían aquellas palabras: — ¿Sobre?

— Remus.

Sirius observó por la puerta la sala en dónde James perseguía a Peter para tratar de meterle un gobstone por la camisa, mientras Remus estaba sentado al lado del señor Potter en el sofá, su rostro brillante por la risa. Sirius sintió una nueva ola de protección bañarlo.

Se dirigió a la puerta y la cerró suavemente antes de volver al lavabo, su corazón martilleando. ¿Qué sabía ella?

— No nos hubiera escuchado —Le aseguró la señora Potter.

— Remus tiene muy buen oído —Sirius retomó el lavar los platos.

— Solo quería saber que está mal con él —Empezó la señora Potter— Es una falta de respeto el preguntar, pero se ve demasiado cansado y débil. Me refiero a que ya está mejor, pero me preocupa que empeoré de nuevo. Cuando ustedes dijeron que se enfermaba demasiado, pensé que se referían a que le daba gripe seguido o algo. Solo quiero saber a qué me enfrento, Sirius. Pensé en preguntarte dado que eres quien más se preocupa por él.

— ¿Lo hago? —Sirius lo pensó por algunos segundos— Supongo que sí. Me preocupo demasiado por él.

— Lo sé —Respondió gentilmente ella— ¿Me lo dirás?

La mente de Sirius estaba acelerada. Odiaba el tener que mentirle, y quería que entendiera lo mucho que Remus sufría, pero sabía que no podía contar el secreto de su amigo.

— Nos pide que no le digamos nada a nadie —Sirius le dijo, tan cierto como podía— No vamos a contraerlo. Es algo que obtuvo cuando era muy joven.

La señora Potter estaba frustrada: — ¿No puedes decirme otra cosa?

— Me pone en una posición bastante difícil —Admitió Sirius— No quiero traicionar su confianza.

— Lo sé, lo sé. Perdón. ¿Puedes decirme algo más? ¿Es fatal?

Sirius pensó en las heridas de Remus aquellos días malos, Madame Pomfrey diciendo "Estuvo cerca está mañana". Pensó en el Ministerio y el castigo que recibiría Remus si se enteraran, o Lunático accidentalmente asesinará a alguien.

— Podría serlo —Le dijo al final— Hay una alta probabilidad de que muera por ello. Su madre lo hizo. Y algunas veces pienso que quiere rendirse. Si él deja de luchar contra eso cada día, no creo que sobreviva mucho.

Ni él ni la señora Potter hablaron un largo tiempo, el único sonido en la cocina era el swish del agua y el click de los platos. Finalmente ella se aclaró la garganta: — Gracias, Sirius. No preguntaré de nuevo. Solo...solo desearía poder hacer algo por él. Cualquier cosa, en verdad.

— Todos lo quisiéramos —Sirius le mencionó— James, Pete y yo estamos determinados a ayudarlo algún día.

— Todos son muy buenos amigos con él.

Sirius frunció el ceño ante su tono: — No es una obligación, señora Potter. No somos sus amigos por tenerle pena. Queremos a Remus. En muchas formas es el más fuerte de nosotros. Él nos mantiene juntos. Si algo le pasará no sé qué haría... —Sirius divagó, su rostro calentándose a un ritmo alarmante. No había querido manifestar sus sentimientos en voz alta, y de repente se dio cuenta de que probablemente no era algo que un chico de quince años debería decir si deseaba mantener estatus en las calles.

— No pretendía que sonará así —Aclaró gentilmente la señora Potter— Es simplemente que los adolescentes no suelen ver más allá de las debilidades físicas para comprender las fortalezas de una persona.

— ¿Podemos dejar de hablar ahora? —Sirius empezaba a sentirse atrapado, y no sabía cuánto tiempo más podría contestar a sus preguntas sin mentir o dar a conocer la condición de Remus. Para su fortuna, la expresión de la señora Potter se suavizó y dio un breve asentimiento.

— Por supuesto. Perdóname. Gracias por hablar conmigo.

Ella suspiró y secó sus manos en una toalla. Luego despeinó cariñosamente a Sirius antes de abrir la puerta e irse. Sirius se concentró en terminar su lavado, su corazón todavía latiendo violentamente mientras repasaba la conversación para ver si había dejado salir alguna pista sobre la condición de Remus.

— Yo tampoco sé qué haría sin ti —Una voz suave dijo detrás de él, causándole que saltará con susto.

— Lunático —Sirius se quedó mirándole. Remus estaba inclinado sobre la mesa de la cocina con sus brazos sobre el pecho— Debí saber que serías capaz de oír eso, pero creía que la puerta era lo suficientemente gruesa. De cualquier forma ¿Qué tan buena es tu escucha?

Remus sonrió: — No tan buena. Debo confesar que soy un chismoso. Oí que ella quería hablar sobre mí, así que me escabullí, abrí un poco la puerta y me senté cerca.

— Huh. Merodeador.

— Tomaré eso como un cumplido —Remus se empujó lejos de la mesa y se acercó a dónde estaba Sirius. Habiéndose recuperado mucho esa semana desde que llegó, sus movimientos carecían de dolor y su cabello arenoso brillaba con ciertos reflejos rojizos en la tenue luz de la cocina. A la vez que Sirius lo veía, no dejo de pensar que debería ser Remus y no él quien fuera calificado como el chico más guapo del curso.

— Lo siento —Le dijo, girando la cabeza y pretendiendo estar concentrado en lavar los platos— Pero ella preguntó. No sabía que decirle.

— Lo hiciste muy bien. Yo hubiera tartamudeado y esquivado preguntas poniéndola aún más sospechosa. Ni siquiera creo que le hayas mentido directamente.

— No quería hacerlo. En verdad me agrada la señora Potter. Ella es exactamente la imagen que tengo sobre cómo debería ser una madre.

— Sí —Remus concordó sabiamente— Yo igual —Miró a Sirius por el borde del ojo y un ligero sonrojo dominando sus mejillas antes de que se quedará viendo al suelo— Significó mucho para mí, lo que le dijiste al final. Acerca de que ustedes no son mis amigos solo por pena. En verdad no sé qué haría sin ustedes. Definitivamente no hubiera sobrevivido tanto, de eso estoy seguro.

Sirius deseaba que Remus hablará figurativamente: — Dije la verdad en cada palabra, Lunático —Contestó, también sonrojándose— No pretendía que sonará así, no fue precisamente varonil, pero en verdad todo era sincero.

— Lo sé. Y solo quería decirte lo mucho que significó para mí.

Remus levantó la mirada para encontrarse con los ojos de Sirius y los latidos del otro chico aumentaron, aunque no sabría decir por qué. Era el mismo sentimiento eléctrico y emocionado que lo había recorrido cuando Remus y él estaban colgando las telarañas en sus escobas. Algo que no era Lunático pero se veía igual de salvaje y enigmático floreció en los ojos de Remus. Se sentía como si ambos estuvieran al borde de algo importante, con un paso más caerían en algo nuevo, aterrador y maravilloso.

Entonces hubo un fuerte ruido y James y Peter entraron a la habitación, tratando de quitarse un gobstone. Ninguno pareció notar cuando una silla de la cocina se tambaleó y les cayó sobre la cabeza. El señor Potter los apoyaba desde el sillón, mientras la señora Potter se ponía una mano sobre el rostro.

— ¡Yo la gané! —Peter gritaba— ¡Es mía por derecho!

— ¡No es verdad! ¡Yo vi que la ganaste con trampa!

El momento entre ambos había desaparecido y Sirius no comprendía si se sentía decepcionado o aliviado. Se preguntó si era otra "Cosa de manada", y el sí le sucedía también a James y Peter. Extrañamente deseo que no. Se sentía tan personal, algo especial entre Remus y él.

— ¿Te das cuenta que deberíamos ayudarles? —Remus preguntó, todavía inclinado sobre el lavaplatos.

— Nah, no te molestes —Sirius respondió. Sacó el último plato y suspiró con alivio— Voto por un viaje al Londres Muggle. Tú y Pete si nos prometieron eso este año.

Hubo otro fuerte ruido cuando James y Peter golpearon un costoso guarda ropas y crearon una avalancha que llovió sobre sus cabezas: — Lo secundo —Remus dijo— Un día más con ustedes con está fiebre de cabaña y hasta yo me pondré feroz.

Iiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii

— ¿Qué en la tierra nos poseyó para hacer esto? —Remus preguntó a Peter, a la vez que James y Sirius coqueteaban descaradamente con la chica de los refrescos con tal de que les dejara mirar más de cerca a la máquina de chocolate caliente.

— No puedo creer que funcione sin magia —Pronunció James, sentándose en su silla con los brazos cruzados.

La chica de los refrescos lo miró con duda, mirando alrededor confusa: — ¿Qué?

— Esa cosa que hace bebidas calientes. ¿Cómo funciona si no tienen magia?

— Er… —Se le quedó viendo, obviamente tratando de averiguar era un mal chiste o una forma para dejar salir una línea de cortejo.

— Tiene que ser magia —Corroboró Sirius— Las cosas no funcionan sin ella. La debieron haber robado de nosotros.

— Lo lamento, pero no entiendo.

Remus suspiró: — Ignóralos. No los dejan salir mucho. Es electricidad —Agregó a James y Sirius.

— ¿Esa cosa que hacen atrapando rayos y poniéndolos en una caja? —Sirius revisó la máquina con cuidado— Suena como el estilo de cosas locas que los Muggles hacen.

— Suena como una cosa peligrosa para mí —James agregó— ¿Hará explotar algo, Pete? ¿Puedo tomar algo? —Rebulló sus bolsillos y sacó una buena cantidad de galeones, sickles y monedas Muggle— ¿Cuál quieres? —Le preguntó a la chica a quien tendió la mano.

Ella miró a Remus con incertidumbre: — Dales chocolate caliente —Suspiró, acercándose para agarrar el dinero necesario de las manos de James.

— No pueden decir ese tipo de cosas frente a Muggles inocentes —Remus regañó a los chicos de cabello negro mientras ella se iba.

— Bueno, sí es una locura —Anunció Sirius, sin remordimientos— Y esto sabe vil.

— Es el tipo de chocolate caliente que sirven en los trenes —Avisó Peter— Se supone que sepa vil.

— Bien, ¿Entonces por qué lo pediste?

— Debido a que ustedes querían ver si la máquina explotaba.

Las cosas no mejoraron drásticamente una vez que se bajaron del tren. Sirius no podía creer que había vivido tan cerca de un mundo alienígeno sin prestarle la debida atención. Él y James se quedaron con la boca abierta ante las luces de tráfico, y las fuertes exclamaciones que salían de aparatos raros y televisores que vieron en la ventana de una tienda y en dónde una película a blanco y negro proyectaba dos personas bailando. Sirius se preguntó si sería capaz de tomar Estudios Muggles con Remus antes de los TIMOS para descubrir más sobre el mundo Muggle. ¿Cómo en esta tierra podían vivir sin magia?

Sirius casi salta dentro de su piel cuando una máquina Muggle de feroz aspecto rugió y se detuvo justo a su lado del pavimento. Un hombre vestido en cuero desmontó, se quitó el casco, miró a los chicos boqui abiertos y entró a una tienda.

— ¿Qué demonios es esa cosa? —Demandó James.

— Es una motocicleta —Le contestó Peter rodando los ojos.

— ¿Qué tan rápido va? —Sirius miraba la motocicleta con ojos hambrientos. Era la más bella y misteriosa máquina Muggle que había visto. Se veía veloz incluso estando quieta.

— No lo sé —Peter dijo sin ponerle mucha atención— Tan rápida como un auto, supongo. ¿Quieren ir de compras ahora?

El hombre volvió de la tienda con un paquete de cigarros que metió en su bolsillo. Le dedicó a los chicos otra mirada sospechosa, luego se puso el casco y poniendo una pierna por encima, se subió a la moto y se fue rugiendo de nuevo.

— Me he enamorado —Sirius anunció adormecido.

— ¡Eew! —James bramó— Él es viejo y peludo y sucio, y además en caso de que no lo hayas notado, hombre.

— No del tipo —Sirius le reclamó, haciendo una mueca— De la motocicleta. Quiero una.

— ¿Para qué demonios? —Peter indagó— En unos cuantos años podrás aparecerte. También tienes una escoba.

— ¿No la viste? —Demandó Sirius— ¡Es fabulosa! Rápida, cómoda y reluciente. Y por sobre todo lo demás mi madre la odiaría.

— Y en la vida de Sirius Black, eso siempre será bueno —James declaró, rodando los ojos.

— No puedes tener una motocicleta —Remus le recordó— ¿Dónde la pondrías?

— No lo sé, no me importa. ¿Puedo al menos tener una foto? Una muy grande. Para colgarla de mi pared con un hechizo de pegado permanente. Y otra para nuestro dormitorio. Posiblemente dos para mi habitación —Sirius suspiró felizmente cuando pensó en Kreacher rasguñando ferozmente la inmóvil fotografía de una motocicleta mientras su madre se paraba en el marco de la puerta chillando.

— Podríamos buscar algunos posters —Peter le dijo, mirando la calle mientras los otros venían detrás de él— Pero ¿No te meterías en problemas?

— Valdrá la pena al verla ponerse púrpura y arrancándose el cabello. También me recordará mi nueva ambición en esta vida.

— ¿La cuál es? —Preguntó Remus con resignación.

— El ser dueño de una horda de motocicletas —Sirius avisó— Y para cuando herede Grimmauld Place, tendré una en cada habitación y las montaré arriba y debajo de las escaleras todo el día.

— No funcionarán en un ambiente mágico —Remus anunció— La tecnología Muggle no combina bien con la magia.

— Entonces las alteraré con magia —Sirius reclamó, sin desanimarse— Podrías ayudarme, Lunático.

— Bravo por mí —Dijo secamente Remus.

— Y podríamos hacer que fueran mucho más rápido. Y que volaran. ¿No sería eso genial?

— Aquí hay un lugar que vende fotografías —Interrumpió Peter, entrando a una pequeña y oscura tienda que vendía discos, vídeos y fotos.

— ¡Peter, amigo mío! —Sirius lo felicitó, saltando en la tienda— ¡Eres un verdadero Merodeador!

Los demás los siguieron con un paso más lento, y para cuando los alcanzaron, se dieron cuenta de que Sirius miraba boqui abierto a un poster.

— ¿Qué? ¿Qué? —Demandó James.

— Chicas desnudas —Sirius susurró sorprendido, señalando. La fotografía en frente de ellos mostraba a tres chicas desnudas, recostadas sobre una playa.

— Bueno, maldición —Murmuró James— ¿Qué clase de tienda es está, Pete?

Sirius giró para ver a James y Remus mirando con igual asombro y expresiones de fascinación. Peter estaba, extrañamente, mirándolos con incredulidad: — No están desnudas —Les dijo, negando— Honestamente, ¡Magos! Tienen puestos bikinis.

— ¿Bee-qué-sis? —Intentó James, quien aparentemente no podía alejar sus ojos.

— Bikinis. Trajes de baño. ¿Nunca han ido a una playa Muggle en el verano? Todos se los ponen. Bueno, no los chicos. Nosotros solo usamos la parte de abajo.

— ¿Me estás diciendo que los Muggles se la pasan así todo el tiempo? —Remus indagó con incredulidad— Nunca los he visto así y vivo en un vecindario Muggle desde que me mudé con los Anders. Y también veo Estudios Muggles.

— No todo el tiempo —Peter les explicó con paciencia. Sirius tenía la impresión de que le agradaba ser quien supiera más por una vez— Solo en verano. Y usualmente en la playa.

— Los Muggles son raros —Remus declaró, acercándose al poster— ¿Dónde creen que la tomaron? ¿El Caribe?

— ¿A quién le importa? —James lo riñó— Prácticamente hay nenas desnudas aquí.

— Cuidado, amigo —Sirius se mofó, sonriendo— Ya estás babeando. Oye, Pete, ¿Por qué no se mueven?

Peter le dedicó otra mirada atónita: — Mira para ser dos personas realmente inteligentes, James y tú son verdaderamente lentos —Le avisó— Es una foto Muggle. Son chicas Muggles. Entonces, no hay magia. Se quedan en la posición que tenían cuando fue tomada la foto.

Sirius miró otra vez el poster y sintió cómo una idea le caía encima acompañada por una sonrisa: — ¿Saben quién realmente odiaría este poster?

— No lo harías —James le advirtió, alejando su vista de las chicas desnudas para ponerla en Sirius con sorpresa— ¡Sería un suicidio!

— Oh, Sirius, no —Remus lo regañó— Ella podría llegar a asesinarte.

— Con un hechizo de pegado permanente —Continuó sin ponerles atención— ¡Es brillante! Ahora búscame uno de una motocicleta.

— ¿También quieres la moto? —James preguntó, mirando el resto de fotografías— ¿Por qué? Hay toneladas de chicas desnudas aquí.

— Te lo dije, me enamoré de las motocicletas.

James continuó pasando las manos por el resto de las fotos antes de sacar triunfantemente una de una rubia con piernas eternas quién estaba sobre una moto: — Aquí tienes. Dos en una. Chica y moto.

— Quiero otra diferente —Sirius le dijo, mirando el poster con desaprobación— Ella tapa las mejores partes de la moto con sus piernas.

James le dedicó una mirada de sorpresa, antes de obedientemente buscar hasta encontrar algunos posters que solo tenían motocicletas.

— Genial —Sirius lucía satisfecho— Me llevaré todas las que tengan motocicletas y dos con chicas desnudas.

— ¿En verdad comprarás las que tienen chicas desnudas? —Remus ansió saber, mirando a Sirius con vergüenza.

— Mi madre las odiará —Respondió Sirius, como si eso contestará cualquier pregunta.

Remus negó: — Te vas a meter en problemas.

Sirius se encogió de hombros y llevó los posters al mostrador: — ¿Quieres uno? —Preguntó a James.

James miró con deseó a las chicas con bikinis: — Lo quiero, pero si piensas que la reacción de tu madre será mala, deberías ver a la mía.

Iiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii

— Oye, Lunático, ¿Qué es esto? —Sirius preguntó al chico de cabello arenoso quien tenía una discusión acalorada con Peter acerca de las máquinas para lavar a la vez que Sirius y James exploraban el resto de la tienda de electrodomésticos con miradas desaprobatorias del vendedor.

Remus se acercó y miró sobre el hombro de Sirius. Su sonrisa se ensanchó al darse cuenta de lo que era.

— Es un reproductor de música —Remus le explicó— Los Muggles meten la música en cintas como estas —Señaló algunas que estaban en los estantes— para después meterlas por esta pequeña raja y dejar que la música salga por los parlantes. Cómo hacen los magos pero sin magia.

— ¿Lo logran con electricidad? —Sirius indagó, arrastrando la última palabra para decirla bien— Los Muggles son brillantes.

— Mi madre tenía una —Remus recordó, viendo la máquina— Era mucho más vieja que esta, por supuesto. Amaba la música Muggle. Al ser una bruja nacida de Muggles también adoraba todo lo del mundo mágico, pero siempre le gustó más la música Muggle debido a que le recordaba su infancia —Estiró la mano y paso sus dedos sobre los botones del reproductor. Le sonrió a Sirius— A mí me gusta por la misma razón.

— Te compraré una —Sirius declaró impulsivamente— Escoge algunas de esas cintas.

Remus retrocedió: — No, Sirius. No puedes simplemente comprarme cosas. No soy una obra de caridad. Además, no funcionarían en ambientes mágicos. Igual que tus motocicletas.

Sirius frunció el ceño: — No pienso que seas una obra de caridad. Pero tengo demasiado dinero para saber qué hacer con él. Quiero gastarlo todo antes de que mi madre me desherede. Ya la hechizaremos para que funcioné.

— Si no hicieras cosas deliberadamente y solo para molestarla, no querría desheredarte —Remus le dedicó una mirada frustrada y señaló los posters de Sirius.

— ¡Tú entre todos los demás deberías saber lo que se siente! —Sirius le gritó, sin darse cuenta de su arranque de furia— ¡Tú entre todos los demás deberías saber que aunque yo no hiciera cosas malas ella encontraría la forma de culparme de algo! ¡El simple hecho de ser Gryffindor es motivo suficiente para que me encierre en la bodega por una semana! —Giró su rostro para mirar el reporductor, de forma que Remus no pudiera ver su expresión— Al menos de esta forma recupero mi orgullo —Continuó— Así tengo el control. Deberías saberlo, Lunático. Entre todos los demás deberías saberlo.

Hubo un silencio eterno en la tienda. Finalmente Sirius oyó a Remus moverse detrás de él y un brazo envolvió su cintura, pero Remus nunca intentó que le diera la cara sintiendo que Sirius quería privacidad.

— Tienes razón —El hombre lobo le aseguró, suavemente— Si lo sé. Pero jamás fui como tú. Yo no tomé control. Deje que todo pasará para tratar de complacerlo siempre. Tienes razón. No hizo ninguna diferencia. Puede ser que incluso fuera peor.

Sirius sintió que la culpa que tenía dentro desaparecía un poco con aquellas palabras. Era como si oír a Remus confirmarle sus decisiones reforzará sus creencias. La tensión abandonó su cuerpo y giró para darle a Remus una sonrisa que debería haber sido coqueta, pero probablemente rayaba en lo nerviosa: — ¿Significa que apruebas mis nenas desnudas?

Remus hizo una mueca y se separó: — Nunca aprobaré a las señoritas desnudas.

— ¿Por? —Quiso saber Sirius.

— Solo se ve…débil. Ya sabes: colgar fotos de chicas desnudas en tu pared. Debería significar más que eso.

— ¿Qué debería significar más que eso? —Sirius preguntó, amando cómo sus preguntas traían un tinte rojizo a las mejillas de Remus— ¿Sexo?

— No hay posibilidad alguna de razonar contigo cuando te pones así —Remus reclamó, sus mejillas rojas.

— Hazlo, Lunático. Dilo. Sexo. Sexosexosexo.

— ¡Basta Sirius!

— No puedes hacerlo a menos que lo digas. Venga, Lunático. Sé que quieres. Sexo, sexo, se-xo.

— ¿Te parece que quiero hacerlo en algún momento? —Remus discutió— ¡Hazlo parar, James!

Sirius miró sus hombros a James y Peter quienes los miraban con expresiones de sorpresa y alivio.

— Ya lo dijiste, Lunático —Contestó James, mofándose de la vergüenza de Remus— No hay posibilidad alguna de razonar con él cuando se pone así.

— ¡Argh! —Remus gritó, subiendo las manos en acto de derrota— Sexo. Ya, ¿Feliz? Sexosexosexo. ¡Honestamente!

Sirius sonrió y acarició la cabeza de Remus. Se preguntó el por qué su cabello siempre era suave cuando Sirius sabía que nunca le aplicaba acondicionador: — Buen chico. Ahora ve y escoge algunas cintas.

— No lo haré —Remus repuso, cruzándose de brazos con impaciencia— Si te desheredan, necesitaras todo el dinero que puedas conservar.

— Está bien, no lo hagas —Empezó Sirius con fingida indiferencia— Me compraré un reproductor y escogeré toda la música por mí mismo. James me ayudará y dejaré que compré todas las que tengan portadas con chicas desnudas. Puedo ver algunas desde aquí.

— ¡Yay! —James exclamó, empezando a mirar y dedicándole un guiño a Sirius por encima del hombro.

— No me vas a chantajear con eso —Remus avisó, dándoles la espalda y sonriendo a modo de disculpa al vendedor quien ya se veía demasiado molesto.

— Aquí hay una que tiene a esta chica con serpientes a su alrededor —James mencionó, levantándola.

— Y otra de dos chicas que tienen pintura en lugar de ropa —Sirius añadió— Incluso se les pueden ver los…

— ¡Está bien! —Remus bramó, volteándose y quitándole la cinta de la mano a Sirius— ¡Escogeré algunas!

Sirius sonrió con triunfo: —…pezones —Terminó, retrocediendo para ceder paso a las cintas— Adelante, Lunático. Sabes que si te sigues sonrojando así frente a las nenas ellas van a empezar a tirarse encima de ti. Es perturbadoramente adorable. ¿Qué, Potter? ¡Lo es! Niégalo todo lo que quieras.

— Eres un chico. No se supone que digas cosas así —James dijo, sacudiendo la cabeza y evitando un golpe de parte de Sirius.

— Soy un Black —Sirius le recordó serenamente— Puedo decir lo que me venga en gana.

Iiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii

Pareció que pasó un tiempo muy corto cuando el señor y la señora Potter cargaban los baúles de los chicos en el expreso de Hogwarts con expresiones de alivio.

— El mismísimo Merlín sabe que no les pagan lo suficiente a sus profesores por tener que soportarlos —Empezó a decir la señora Potter, inclinándose por la ventana para entregarle a Sirius el zapato que había hechizado para que fueran un montón de abejas que persiguieron a Snape por la estación apenas llegaron.

— Diviértanse, chicos —Agregó el señor Potter— Háganles la vida imposible. ¿Dónde está James?

— Fue a buscar a la bruja del carrito —Peter aventuró.

El tren dejó salir una gran voluta de humo a medida que empezaba a andar.

— ¡Díganle adiós de nuestra parte! —La señora Potter gritó, trotando para mantenerse al pie con ellos— ¡No le hagan bromas a sus profesores! ¡Y no obtengan detención! ¡Y… —El resto de sus palabras fueron devoradas por el ruido del tren y se alejaron de la estación.

— ¿Dónde está James? —Preguntó Sirius, poniéndose el zapato.

— Fue a encontrar a Evans —Peter aventuró de nuevo, un poco más sincero.

— Ah —Sirius suspiró, sentándose— Debí adivinarlo.

James no volvió en un largo tiempo, y justo cuando Sirius iba a proponer el que fueran a buscarlo, realizó su aparición, acompañado de unas risas femeninas. Sirius abrió la boca atónito cuando la puerta se abrió para revelar a James con una chica rubia de Ravenclaw llamada Bronwyn Kemp, quien se ponía tanto labial rosa que Sirius estaba sorprendido de que sus labios no se cayeran por el peso. Ella abrazaba el brazo de James posesivamente.

— ¿Qué hace ella aquí? —Demandó Sirius.

— Es mi novia —James les avisó, sonrojándose.

— ¿Tú qué? —Peter también demando, atónito.

— Mi novia. Pon atención, Pete.

— Um… —Remus habló desde su lugar al lado de la ventana— Hola Bronwyn. ¿Te importaría darnos un minuto?

— ¿Por? —Ella se rehusó a irse— Él puede salir con quien quiera.

— No es por eso —Remus le explicó, poniendo su mejor cara de pesar— Perdí a mi araña por alguna parte y no quiero que accidentalmente lo pises. ¿Lo has visto? Es bastante grande, pero su pelaje negro lo ayuda a esconderse debajo de las sillas.

Bronwyn parecía aterrorizada cuando miró a sus pies. Salió con prisa, pero les dedicó una última mirada de advertencia a Sirius y Peter: — Estaré justo afuera —Anunció, antes de cerrarla con más fuerza de la necesaria.

— ¿Una araña? —Peter le preguntó escépticamente a Remus, mientras que el hombre lobo ponía un hechizo silenciador en la puerta.

— Deberías haberla visto gritar cuando apareció una en su libro en la biblioteca —Remus le dijo— Mi cabeza quedó sonando por una semana, lo juro.

— ¿Novia? —Demandó Sirius, viendo a James quien parecía una ovejita.

— Es mi nuevo plan para gustarle a Evans —Explicó.

— ¿Tú nuevo plan para gustarle a Evans es meterte con una chica completamente diferente?

— No. Es hacerla tener celos —Repuso James.

— Celosa. Correcto.

— Kemp quería salir conmigo, así que pensé "Porque no" —James le dedicó una mirada de ruego a Sirius— Debes conseguirte una también. Sabes que prácticamente cada chica en la escuela gusta de ti.

— ¿Yo? —Sirius lo miró con incertidumbre— ¿También quieres que yo le de celos a Evans?

— Por supuesto que no —James reclamó— Pero no quiero ser el único que tenga novia. Y sé que Lunático no lo hará debido a su pequeño problema peludo, y Pete se disolvería en un pudín de pánico antes de preguntarle a cualquier chica.

— No deberías salir con una chica solo para poner celosa a otra —Remus le riñó.

— Por supuesto que debería —James le respondió airado— Todo el mundo lo hace.

— No es así.

— Es así. Y no voy a terminarle, así que aguántenlo.

Remus parecía querer decir más, pero solo volteó su rostro y miró por la ventana. Sirius se preguntó por qué no continuaba con la discusión cuando se sentía obviamente molesto por lo que sucedía. Luego, cuando lo pensó más tiempo, Sirius se dio cuenta de que Remus prefería rendirse antes que discutir con sus amigos.

— No saldré con una chica solo porque tú quieras que lo haga —Sirius anunció.

— ¡Esa no es mí única razón! —Protestó James— Cumplirás dieciséis la próxima vez. ¿No piensas que ya es momento de que salgas con alguien? O ¿Tienes miedo de disfrutar de la cosa real? ¿Prefieres a las chicas de los posters?

— Los posters son solo para hacer enojar a mi madre —Sirius se molestó— Y mi cumpleaños está a años luz de ahora. Remus y Peter ni siquiera han cumplido quince.

— Bien, si tienes miedo no lo hagas. Y ellos tendrán quince en un mes o dos.

— ¡No tengo miedo!

— Huh. Me suena a que sí.

— Correcto, ¿A quién debería preguntarle?

James lo vio con sorpresa: — No lo sé. ¿Quién te gusta?

Sirius se quedó pasmado, su mente mostrándole todas las chicas tanto de su año como de superiores: — No tengo idea. Jamás había pensado en ello.

— ¿Hablas en serio? ¿En quién piensas cuando tú…ya sabes?

Sirius sintió el calor subirle a la cara: — ¡James!

— Bueno, ¿Quién? No me digas que ni siquiera te masturbas.

— Claro que lo hago —Sirius levantó la guardia— Solo que no pienso en nadie en particular, solamente impresiones. Ya todos sabemos en quién piensas tú.

— ¿Y qué? —James le respondió, también a la defensiva— Todos lo hacen. Incluso Remus.

— ¡Oye! —Remus le gritó, luciendo insultado— ¿A qué te refieres con "Incluso Remus"? Te informo que pienso en el sexo igual que los otros chicos.

— ¿Lo haces? —James le preguntó, una sonrisa ligera en su rostro— ¿En quién piensas cuando lo haces?

— En nadie —Remus contestó— Como Sirius. Solo impresiones.

— ¡Maldita sea! —James negó— Ustedes deben mejorar sus fantasías un poco. Eres tan cerebrito, Lunático. Pensé que ya tendrías una odisea épica de tres partes para ahora.

— ¿Tenemos que hablar sobre esto? —Peter cuestionó. Sirius se giró al Merodeador gordito y se asombró al darse cuenta de que su rostro estaba casi púrpura de la vergüenza.

— ¿En quién piensas tú, Pete? —Le preguntó con burla.

— ¡No es asunto tuyo! Me molestarían si se los dijera.

— Así que piensas en alguien —James añadió, mirando con agudeza a Sirius y Remus— Vean, hasta Peter tiene fantasías más interesantes que ustedes dos.

— ¡Bien! —Explotó Sirius, tirándose a la silla y cruzándose de brazos— Saldré con una chica para que te calles.

— Bien —James sonrió, luciendo satisfecho— ¿Quién?

— Rebecca. La amiga de Evans.

— ¿Por qué?

— Porque es linda y sé que le gusto.

James se encogió de hombros: — Me parecen unas muy buenas razones.

Remus dejó salir un sonido extraño. Sonaba como un gruñido restringido. Sirius lo miró, pero Remus le dio la espalda y su vista se quedó en la ventana. Incluso cuando no pronunció palabra, Sirius sintió la culpa explotando en su estómago y arrastrándose como una serpiente que fue seguida por una inexplicable cólera hacía el hombre lobo que lo hizo mucho más determinado a querer preguntarle a Rebecca si quería salir con él con tal de probarle a Remus que no era el dueño de sus sentimientos.

Ignoró profundamente aquel sentimiento de nauseabundo mareo en su vientre.