Descargo de responsabilidad: Monster Musume no es de mi propiedad y este escrito solo está hecho para fines de entretenimiento y sin fines lucrativos
-Nuestro castillo
Tarde cálida y tranquila de primavera, en la cual el bosque por el que pasaban en coche rezumaba del aroma a flores y tierra húmeda. Aunque el sol pegaba fuerte en lo alto, la densa corona de hojas y rama protegía a los viajeros de su fuerza, dejándolos tranquilos, y al son de la música.
-¡Yo nací para amarte a ti! ¡Y tu naciste para amarme a mí!- No era difícil escucharlos, al geólogo y la wyvern cantando a coro, a medida que avanzaban con lentitud por los pedregosos caminos, con la música lo bastante alta como para expresar su alegría por seguir vivos.
-No soy muy fan de este tipo de música. Di…¿Dijeron a qué distancia estaba el este para pasar el día?- Pregunto Draco, apretujada en uno de los asientos traseros, dejando todo el espacio posible para su pareja, para la cual habían tenido que retirar algunos asientos y conectar con el maletero en una pequeña obra de ingeniería que les había llevado todo el día de ayer.
-No debe de ser mucho… ¡Pero déjales cantar que no lo hacen tan mal!- Exclamo Ari removiéndose como podía, aunque no fuera mucho para darle un golpecito con su cola en el hombro. -¿Sabes? ¡Deberíamos cantar también! ¡Vamos Draco! ¡Yo nací para amarte a ti! ¡Y tu…!-
-…-
-¡No me fastidies Draco! Con lo lanzada que has sido de siempre y ahora no cantas conmigo… ¿A que tengo razón Charnela?- La mascota desvió su atención unos segundos de la ventana a la que se asomaba tímidamente para volver la cabeza a las habitantes de los asientos traseros, y, un par de ladridos más tarde, volvió a contemplar el pacifico bosque frente a ella. -¿Ves? ¡Hasta Charnela opina que deberías relajarte más! Llevas intranquila desde que salimos…
-Ya sabes que no soy mucho de cantar…Ni de salir al bosque. La última vez fue cuando estaba de…Bueno, de castigo por como era antes, y no eran paseos muy agradables-.
-Ay, tontorrona. ¡Que ahora estas en familia, no te preocupes por esos recuerdos!...Te preocupas demasiado, incluso a estas alturas-.
-No es fácil dejar de lado tus pensamientos y manías…- En ese punto bajo la mirada, desviándola hacia la ventana.- Pero tienes razón…-Susurro, todo lo alto que su orgullosa naturaleza dracónida y los adorables y brillantes ojos de Ari le permitían.
Ari le saco la lengua de forma inocente, guiñándole un ojo. –Tenemos aún mucho tiempo por delante para que te cures en salud, ¡y un día precioso como este ayudara sin duda! ¡Ni aunque apareciera Godzilla en medio del bosque nos fastidiaría el día de hoy!
-Godzilla no, pero hace tiempo circularon rumores de enormes monstruos de plantas o desechos tóxicos por la zona-.
-Oh, ¡entonces serian Biollante y Hedorah!-
-Querida, sé que te gusta mucho esa saga de películas, y que tras el anuncio de la última hicimos un maratón y todo eso…Pero no me voy a acordar de los nombres de todas las criaturas tan fácilmente-.
-Bueno…Supongo que son muchos. ¡Pero aun así! Geber es geólogo es de tipo tierra o roca asique tendría ventaja contra el veneno, ¡y Erin y yo somos de tipo veneno asique nos merendamos a un tipo planta!-
Draco la miro fijamente en ese momento, por unos cuantos segundos, antes de estallar en carcajadas, tan grandes, sinceras y contagiosas, que Ari e incluso Charnela no tardaron en sumarme a la risa, aunque lo de la mascota más bien fueron aullidos. Geber y Erin se habrían unido también, si no estuvieran tan enfrascados en su propio pozo de felicidad, música y atención constante a la carretera.
-Casi prefiero la versión con monstruos gigantes antes que con monstruos pequeños-. Había reído tanto que se le habían empezado a escapar lágrimas, que comenzaba a limpiarse ahora que se estaba calmando.
-Bueno, han sacado una versión en la que se pueden hacer gigantes, aunque sea de forma temporal-.
-Sinceramente no sé qué contestar a eso-. Respondió en un largo y denso suspiro, mientras estiraba sus ya cansadas extremidades todo lo que le permitía el angosto espacio del coche. Al terminar, se dejó caer hacia el lado, justo al hombro de Ari.
-Umh…Hueles como un duraznin…- Sonrió, acariciándole lentamente el pelo con sus quitinosos dedos y le cogía la manos a la dragona con su pinza.
-Champú de la abuela Sya, el que me recomendaste. Aunque los bichos se me van a comer viva…Y si se te ocurra decir que Geber es de tipo roca-.
-Ahora mismo es en lo último que pienso-. Le dio un leve beso en la cabeza con eso. –Más bien pienso que podríamos aprovechar…Un poco para dormir antes de llegar, últimamente no hemos dormido tan bien como deberíamos…- Sus palabras se volvieron más débiles y cansadas tras el bostezo final.
-Puede, la cama se nos está quedando pequeña, pero por suerte tengo un colchón quitinoso muy suave y cómodo…Cuando no sueña algo raro y me pincha con las patitas media noche-.
Ari se limitó a sacarle de nuevo la lengua, aunque la idea de la siestecita había calado muy bien en ellas. Al final, para cuando Geber y Erin se percataron y bajaron la música, la pareja ya se encontraba en un leve sueño, con Charnela a su lado, guardándoselo, para el resto del viaje.
-Un poco más tarde…-
-¿Estás seguro de que quieres hacer esto Geber?-
-Sí. Son nuestras mejores amigas aquí, y creo que puedo decir que en todo el mundo salvo por Ziina, Valak y Cedrid, no pasa nada…Y con todo lo que tenemos por delante a saber cuándo volvemos a poder pasar la tarde en la caverna. Vamos a despertar a ese par de dos…-
Acababan de aparcar al lado de la entrada a la cueva, bajo la sombra perpetua de los árboles. Al ver a su pareja de amigas tan agradablemente dormidas, se habían dicho de dejarles unos minutos más mientras descargaban todo lo necesario para pasar el caluroso día descansando. Charnela ya se había hecho con su cojín un hueco cerca de la abertura al exterior, y dado que habían ido por simple entretenimiento y no para extraer material, se asentaron relativamente cerca la entrada, donde el suelo era más llano y seco.
Ya habían estirado la enorme manta de color pardo, y habían puesto las mochilas y neveras portátiles cuando empezaron en pensar en sacarlas del coche, aunque la idea aún se les resistía, en especial al geólogo. Ari estaba cerca de los exámenes finales y sabía lo duro que podía ser eso.
-Vamos Ari, Draco, ya hemos llegado. Despertaros-. La wyvern zarandeo gentilmente a la escórpida, que se resistía a levantarse, remoloneando en su asiento y apretándose contra Draco, la cual ya comenzaba a despertar de mano de Geber. –Vamos amiga, ¡ya llegamos, y esta todo lleno de geología!-
-Umh…Cinco minutos más mama…-
-…Muy bien, pues si no te levantas conmigo. ¡Vamos Charnela, Ari Quiere jugar!- Algo avergonzada de aquellas palabras que le había dirigido su amiga, decidió dejar a la mascota, que no tardo nada en abalanzarse sobre la escórpida a través de la puerta abierta, se encargase de todo. Al igual que les hacía a ellos por las mañanas cuando se levantaban tarde y era hora de desayunar, Charnela salto encima de ella, produciendo un torbellino de pelo y lamidas que despertó sin piedad alguna a la artrópoda.
Para cuando la mascota paro, acurrucándose en el regazo de Ari para recibir caricias, la susodicha ya estaba plagada de pelo de perro por todo el cuerpo. –B-Buenos días… ¿Cuándo hemos dormido?-
-Una hora o así, lo que quedaba de camino. Si tienes más sueño, dentro de esta muy fresquito, y tenemos mantas de tamaño de sobra para que te tumbes-.
-No te puedo decir que no a esa sugerencia-. Comentó Ari saliendo como pudo del coche y estirando por primera vez en largo rato todas sus extremidades todo lo que la biología le permitía. –Wow… ¿Karst, paleokarts o pseudokarst?- Pregunto mientras se acercaba a la caverna, con sus patas dando golpecitos rítmicos sobre el suelo pedregoso.
-Paleo-, inquirió el geólogo, acercándose al coche a rebuscar en el maletero. –De caliza ricas en foraminíferos del mesozoico…Aquí esta-. Con un leve gemido de cansancio se retiró del coche, cerrándolo definitivamente. –Toma, hice en su día un informe sobre la zona y el sistema de cavernas. Parte está hecho con metodología y términos que no darás hasta dentro de un par de años, pero deberías entenderlo de sobra, por si te interesa-.
Ari se acercó, brillando sus ojos para recoger el enorme dosier que le brindaba su amigo y profesor, tomándolo con delicadeza como si fuera un tesoro. –Si…Me interesa bastante, aunque no creo que me lo lea justo ahora-.
-Eso esperaba-. Geber empezó a caminar de nuevo hacia la caverna, donde les esperaban las dos dragonas y la perreta terminando de disponerlo todo. –Después de todo hay cosas mucho mejores que hacer en este precioso día, ¿no te parece?-. No hizo falta sino una simple sonrisa como contestación para que ambos caminasen juntos hasta donde les estaban esperando.
-Bueno, por fin os dignáis en acercaros. ¡Ya pensábamos que nos habíais dejado para montarlo todo nosotras solas!- Les recrimino la wyvern, lanzándole a su pareja una de las mantas que tenían que disponer sobre el suelo rocoso. –Espero que disfrutaseis de ese último momento. Hoy la geología está prohibida hasta que volvamos a casa, ¡nada de hablar de trabajo!-
-Día de nieve
-Pues…Se nos fastidiaron los planes-. Erin y Geber observaban la estampa desde la ventana de su cuarto, la vieja habitación de ella algo cambiada para hacer de dormitorio para los dos, mientras que la de él se resignaba a cuarto de juegos. Más allá del umbral el paisaje se tornaba completamente blanco de la nieve caída. No hacía falta ni tocar la ventana para sentir el frio que hacia fuera, en lo que en teoría iba a ser un cálido día de primavera.
-Parece que el invierno se resiste a irse, al menos por ahora-, comento Geber abrazado de lado a su wyvern.
-Bueno, tampoco podemos hacer mucho. Llamare a Draco y le diré que no podemos salir hoy. También es de sangre fría, asique debería de entenderlo, aunque es una pena, le hacía mucha ilusión que fuéramos todos juntos al acuario, pero una cosa es un poco de aire frío y otra es…Esto-. Para enfatizar sus palabras coloco el ala sobre el cristal, no duro mucho, pues la temperatura era demasiado baja para que una criatura de sangre fría quisiera mantener el contacto más de unos segundos.
-Iremos otro día. Además, un día como hoy es perfecto para otra cosa…- El tono de Geber denotaba que estaba feliz, y no solo la alegría que tenía en el día a día desde hace semanas gracias a Erin, sino por los pensamientos que le recorrían la cabeza.
-Sí, sé que un día con nieve es la perfecta excusa para todos los amantes de liminales reptiles para acurrucarse y abrazarse fuerte, o para hacer el amor si te pones-. Erin se sonrojo ligeramente al decir esas palabras, mientras apretaba la cintura de Geber con su cola-… ¿Pero no podemos al menos desayunar primero? Tengo hambre-.
-No me estaba refiriendo a ello. Aunque ya daba por hecho que al acabar la rutina mañanera de todos los días nos acurrucaríamos y haríamos un maratón de series o pelis bajo mantas gruesas, me refería a jugar con la nieve-.
Un momento de silencio siguió a esas palabras. Erin desvió la mirada a pesar de continuar el abrazo y Geber no pudo evitar reírse por lo bajo. -Como sea…S-Si quieres ir a jugar a la nieve tienes que ir tu solo, yo no voy a salir hasta que no pase este frío-.
-No iré solo, sino con Charnela… ¿Tu nunca la has visto cuando nieva verdad?- Con ello, de forma lenta y reticente, rompió el abrazo en el que estaban sumidos para ir al armario a sacar ropa de abrigo, mientras la wyvern seguía mirando por la ventana. -Se anima mucho al ver la nieve, ya veras, es adorable-.
-Unos minutos más tarde en la puerta delantera-
-¿Preparada?- Geber se había adelantado, esperando con un grueso abrigo al lado de la puerta, listo para abrirla. Sus ojos brillantes alternaban entre la wyvern que esperaba pacientemente a su lado con sonrisa leve y bata gruesa, y la mascota que a su lado impaciente meneaba la cola de un lado a otro.
-No sé quién quiere más irse a jugar en la nieve, si ella o tu…Venga, abre la puerta. ¡Pero rápido que no entre frío!-
Ampliando su sonrisa al escuchar su tono imperativo pero suave y amable, el joven abrió la puerta. Tal y como habían visto por la ventana, la nevada de aquella noche había sido copiosa. Aún caían cristales de nieve del cielo, aunque fuera a bajo ritmo. La nevada acumulada tenía más de un metro de altura y apenas aguantaba para no desmoronarse puertas adentro. Sin duda habría ocasionado muchos problemas en carreteras y colegios, pero para ellos, solo representaba una mañana de diversión.
Al ver la nieve, que se alzaba como un pequeño muro justo tras la puerta, Charnela no pudo contener su emoción y, gimiendo con entusiasmo, se lanzó de cabeza a la nieve, como una niña pequeña se lanza al regazo de su madre tras una pesadilla. En menos de un segundo todo lo que se podía ver de la perreta era su cola, sobresaliendo de la pared de nieve y moviéndose a velocidades que parecían imposibles de lograr para una mascota.
-Vale, te lo admito. Es adorable-. Erin no pudo contener la sonrisa al ver el movimiento de la canida.
Geber le devolvió la sonrisa, y se acercó para darle un beso antes de lanzarse el mismo también por la ventana. -Cuando canse a Charnela nos damos un baño juntos si te parece, pero por ahora…No he hecho esto en más de un año…- Y dejando claro que amos y mascotas se parecen, el geólogo se lanzó casi en plancha sobre la nieve, hundiéndose sin problemas, e iniciando una larga mañana de juegos con su mascota mientras la wyvern los grababa en secreto desde la ventana, esperando al baño conjunto, que no tardaría demasiado en llegar.
-¡Sera perreta!
El problema, es que estaba demasiado cómoda.
Era noche cerrada, con la luna en lo alto del nublado cielo y el viento frío recorriendo las calles, chocando contra las ventanas como si buscase entrar en la casa. A pesar de que los termómetros afuera marcaban temperaturas que casi todos considerarían frías, la wyvern no sentía nada más que calidez. Bajo gruesas mantas y edredones, colocados para retener cada pizca de calor en el lecho, estaba acurrucada como todas las noches junto a su pareja, abrazándose mutuamente con fuerza incluso en sueño, bueno, en el sueño de él.
Llevaba casi una hora debatiéndose. Demasiada agua poco antes de dormir, la presión en su vientre iba creciendo, molesta y constante…Pero estar ahí, bajo las sabanas con su pareja era tan cálido y cómodo que le costaba salir, más cuando cada vez que sacaba la cola de bajo las mantas sentían el aire relativamente fresco de alrededor. Toda una hora esperando a que se pasase y pudiera volver a dormir, dejarlo para el amanecer…Pero no pudo al final.
-Voy al baño, vuelvo en dos minutos-. Geber abrió los ojos nada más sentir como Erin se alejaba de su vera, pero aquel leve susurro fue suficiente para hacerle cerrar los ojos otra vez. Pasó sobre Charnela, que dormía plácidamente a su lado en el suelo sobre un colchón más pequeño y fue poco menos que corriendo al lavabo.
Cumpliendo su palabra, tardó menos de dos minutos en volver al cuarto, claro que le esperaba una pequeña sorpresa.
-…Solo desaparezco dos minutos, y a la vuelta ya está en la cama con una perra…Lo que hay que ver-. Charnela al parecer había corrido a apropiarse del sitio que había dejado la wyvern. Estaba sobre la cama, encima de las sabanas con Geber sacando un brazo de las sabanas para abrazarla. Con cuidado de no despertarles, tras sacarles un par de fotos con el móvil, se volvió a meter en la cama, cubriéndose con las mantas y abrazando por detrás al geólogo que abrazaba a la perreta con un brazo, y se removía para abrazar como podía a su wyvern con el otro.
-Crescendo
-Y…Un poco más a la izquierda…Perfecto-. Al oír esas palabras, Geber dejó caer el pesado objeto sobre el suelo los pocos centímetros que le faltaban para tocar el suelo, suspirando al sentirse liberado de la pesada carga y buscando inmediato asiento en el pequeño banco que tenía al lado. -Umh…No me termina de convencer aquí. Movámoslo un poco más-. Erin no pudo contener la risa al ver la expresión de Geber, casi suplicando no volverlo a levantar. -Está bien, era solo una broma. Pero sí que es tu última oportunidad para que no le hagamos esto a tu viejo cuarto…-
El aludido miro a su alrededor. Ya eran pareja, no hacía falta que durmieran separados nunca más. Dos cuartos eran demasiado y decidieron quedarse a dormir en el que perteneció en inicio a la wyvern por su mayor tamaño, que permitirá sobre todo a ella extender sin problemas sus alas. Y con el espacio libre habían decidido hacer algo que, desde su última visita al Gobi, sentían que faltaba.
-Los ordenadores siguen aquí para cuando nuestros amigos nos inviten a jugar. Por lo demás estoy encantado de este cambio, aunque ha sido complicado meterlo en el cuarto-. Con un último suspiro, se estiro sin levantarse del banco para alcanzar su recién adquirida guitarra, que descansaba cerca de la pared. -Y ya iba siendo hora de que cumplamos lo que hablamos antes de venir aquí. No hay nada que hacer esta mañana, ¿me acompañas mi Fresita?-
La wyvern respondió sentándose a su lado en la banqueta, y acariciando por primera vez las teclas de aquel piano recién adquirido empezó a tocar, sin partitura ni guion previo, una suave melodía a la que su pareja no se tardó en sumar, embobándolos a ambos durante largas horas, al menos hasta que Charnela llego sacándoles del trance para recordarles que aún tenían que darle su paseo diario.
-Fiesta de Disfraces
La wyvern se encontraba aquel cálido día tirada de andar por casa en el sofá, con Charnela a su lado, demostrando que sus mejillas eran extremadamente flexibles y achuchables, especialmente bajo sus alas, cuando escucho el grito que su novio soltó desde el sótano -¡Erin! ¿Te acuerdas de la fiesta de disfraces que Karu iba a celebrar este octubre? A la que nos invitó junto a todos los demás-.
Sin dejar de mimar a la perreta, se tomó un segundo para recordar. Esa fiesta estaba bastante cercana, cierto. -Sí, la recuerdo. Sera una interesante, no nos hemos juntado todos desde hace bastante y creo que Aria sigue creyendo que sigo siendo tan impulsiva como hace unos meses…Se llevara una agradable sorpresa-. Grito desde el sofá para que su pareja la escuchase. -¿Me lo recuerdas porque ya encontraste unos buenos disfraces? Se nos acaba el tiempo y dijiste que te ocupabas tú…-
-¡Sí! Precisamente es por eso que quería hablarte… ¿Te acuerdas del "proyecto" que he estado haciendo en el sótano ult…?-
-Sí, supuse que tenía que ver con los disfraces-. Le interrumpió la wyvern con una leve sonrisa, no podía ocultarle secretos a estas alturas. -¿De qué iremos al final?-
-De wyverns-. Admitió con felicidad mientras abría la puerta del sótano e ingresaba en la planta baja.
-¿Wyverns? Pero Geber, yo ya soy….Una wyvern-.
Erin se quedó con la boca abierta al girar y ver a Geber de pie, allí tan cerca. Estaba, en efecto, disfrazado de wyvern, pero era un traje de tanta calidad, que casi parecía que había nacido con escamas en los brazos.
Su pareja le pudo ver bien, apenas llevaba unos pantalones cortos, seguramente por comodidad para ponerse todo. De rodillas para abajo tenía gruesas escamas rojizas carmesíes, de un color opuesto y complementario al de las escamas de Erin. Recorrían desde la rodilla de Geber hasta sus pies, que se extendían con dos espolones laterales y tres dedos largos con garras hacia delante. A juzgar por cómo se movían, debían de estar atados o conectados de alguna forma a su pie normal.
Al igual que a ella, una línea de escamas subía por la parte exterior de su muslo, perdiéndose en la poca ropa que llevaba, aunque la wyvern podía suponer que si se había basado en su propia distribución de escamas, como suponía que lo había hecho, sabía a donde llevaba ese camino escamoso. Desde la parte de atrás, subiendo por el centro de su espalda, un río de escamas subía hasta su nuca, extendiéndose hasta sus hombros, incluso tenía una escama invertida en el mismo lugar que Erin.
Las escamas se perdían por su pelo, del cual salían dos cuernos similares a los de su novia, así como esas membranas laterales que sustituían a las orejas en su caso, y que en ella cubrían.
Sus brazos, presentaban las mismas filas de escamas hasta el codo, desde allí para abajo eran una casi perfecta réplica de las alas de Erin, salvo que Geber las tenía en color rojo. Incluso presentaba las membranas uniéndolas a su torso. También se movían, tenían que tener dentro algún pequeño sistema para traspasar movimiento desde su mano a las alas.
El remate a todo ello, era la cola. Una larga extremidad de metro setenta, como la suya, del mismo grosor e incluso con un aguijón al final. Todo ello con bastante calidad para hacerle pensar que había cambiado de raza de alguna forma…Y sin embargo era su Geber, lo sentía con tanta claridad al mirarle a los ojos como la que se puede tener al ver el sol en el cielo y decir que es de día.
-¿Te gusta Erin? Me ha costado dios y ayuda montarlo todo, con el realismo en mente-. La wyvern no dijo nada, solo se levantó del asiento, lentamente avanzando hasta su novio, mirándole fijamente por todo su cuerpo. Charnela tras olerle para asegurarse de que era su amo, y un par de caricias, se retiró a su cama, donde se acurrucó, pero el geólogo seguía explicando, orgulloso, su creación. -Karu me ayudó con los mecanismos del disfraz, puedo controlar las alas y las garras como si fueran mi carne, y el material de las palmas es lo bastante fino para sentir bien el tacto en las manos…Pero mi favorita es la cola-. Con cuidado, la movió para cerrar la puerta frente a la que estaba, sus movimientos fueron algo torpes y bruscos, necesitando moverse a un lado y apartarse de ella un poco para poder cerrarla, pero al final fueron movimientos efectivos. -¿Te acuerdas del informe ese de las limos, donde explicaban que en sus tentáculos craneales tenían células nerviosas hiperespecializadas y sensibles, que les permitían sentir los pulsos eléctricos de otros seres vivos a través de carne y hueso y hasta "interpretarlos" como si les leyesen la mente? Un grupo de trabajo donde tengo algunos amigos en el viejo mundo está experimentando con ello, quieren revolucionar el mundo de los implantes y las prótesis y me han dejado un prototipo para que lo pruebe…Capta mis impulsos en la médula, sin necesidad de clavarme nada, solo teniendo los sensores en contacto con la piel y puedo controlar y sentir como si fuera mi propia cola. Supongo que lo sabes, uno de sus principales inversores es uno de los clanes wyverns de Europa…El aguijón esta romo por supuesto, y he limitado su fuerza mecánica por si las moscas, pero no me ha dado problemas nunca…Aunque luego tendré que escribirles un informe sobre su uso…Fresita… ¿Estas bien?-
-Si…-Se detuvo cuando estuvo junto a él, recorriéndole completamente con la vista una vez más. Lentamente con las alas, empezó a acariciar las hileras de escamas de Geber, así como sus cuernos y sus garras. -Las escamas son muy suaves…Y en general todo tu traje es muy realista, ¿cómo las mantienes pegadas?-
-Karu me dejo un bote grande de pegamento corporal. Suave para que no irrite la piel y resistente al agua y tal. Cuando me lo quiera quitar tendré que bañarme con un gel que me han dado, pero hasta entonces no se debería soltar. Luego tendría que hacer unas máscaras. Se supone que seriamos un rathalos y una rathian del Monster Hunter, que son wyverns puros y pareja…Pero esa es la parte más sencilla, no quería hacer más sin saber si estaba bien-. Geber estaba nervioso al explicarlo todo, como si estuviera siendo sometido a examen después de largos días de trabajo y montaje. Sabía además que su wyvern no era muy fan de ese juego, pese a que a él le encantaba, y le estaba mirando con una expresión completamente neutral y seria, ni el sabía lo que estaba pensando en ese momento. -¿Y bien…Estas bien con esto?-
-Geber…- El ala derecha de la wyvern golpeó con fuerza la pared, sobre el hombro del geólogo, al lado de su cabeza. Ella se acercó de golpe, quedando apenas unos centímetros de distancia entre sus rostros. Se podía ver con facilidad que el joven estaba nervioso, sin saber muy bien que esperar, pero aun así la miraba directa a los ojos. -Geber…- Segunda vez que susurro su nombre. Tras un solo segundo después de pronunciarlo, le cogió la barbilla con su otra ala, y le beso.
Durante los minutos siguientes Geber no se pudo mover de su sitio, mientras Erin apasionaba el beso a cada segundo. -Geber…Te considero muy atractivo, mucho, y eso que los humanos no me lo suelen parecer. Pero como humano…Eres lo mejor que he visto nunca-. Dijo con total sinceridad, sonrojada casi tanto como su novio y entre leves jadeos en busca de aire. -No creo que pudieras parecerme más guapo aun si hubieras sido un liminal, como un hombre lagarto o un neko…Pero como un wyvern, de mi misma especie y siendo aún tu…Antes ya eras un sueño hecho realidad, con esto eres como un sueño muy sexy. Supongo que te estoy mirando igual a como me miraste tu cuando probé aquel corpiño, ¿no?-
-Ahora, sí. Pero antes casi pensaba que no te gustaba-. Confeso con una ligera risa, acariciándole las mejillas. -Me alegro que te guste el disfraz-.
-No te equivoques, me gustas tú. Eres como un bollo enorme, esto es un baño de chocolate. Te hace ver más bueno, pero el baño de por si no es nada sin ti…- A este punto, Geber estaba completamente rojo. Incluso tras confesarse y empezar la relación, no era frecuente que acabase tan colorado, ni con una sonrisita tan tonta en sus labios.
-G….Gracias Erin. Tú también eres muy hermosa, incluso sin chocolate por encima-. Aunque fuera torpemente y de forma subconsciente, su falta cola empezó a moverse de un lado a otro. Intento hablar algo más, pero no le salieron apenas más palabras, estaba demasiado feliz para ello. -Te amo-.
No hicieron falta mucho más que esas palabras para terminar de sacarle los colores a la wyvern. Geber se lo decía a menudo, porque le hacía feliz poder soltar esas palabras, y porque a ella le encantaba escucharlo de sus labios. -Y yo también te amo-, soltó con una sonrisa, perdiéndose en los ojos marrones de su novio por largos segundos, mirando de reojo aquellas brillantes escamas y alas, sintiendo florecer una chispa de deseo ya presente en ella. -Y ahora aprovechemos ese baño de chocolate…- Un beso más y le cogió la "mano" con las suyas, guiándole junto a ella hacia su cuarto, para disfrutar el uno del otro.
-Medalla de plata
Sus garras resonaban rítmicamente sobre la botella de vidrio, denotando su nerviosismo.
Había pensado en ese momento durante días, y ahora que tenía el teléfono en sus manos y el número marcado, se sentía intranquila con su propia decisión.
Pego otro trago de la botella, casi sentía que necesitaba más para poder seguir adelante, a pesar de que las noches pasadas no le faltaron tragos que dar. Finalmente, con un largo suspiro, pulso con fuerza el botón para iniciar la llamada.
Muy lejos de allí, disfrutando de la preciosa tarde primaveral que tenían por delante, una joven pareja de humano y wyvern se encontraban en la cocina, pringados de harina y azúcar, reviviendo dos viejas recetas de galletas, de cada una de sus progenitoras, y mezclándolas para dar lugar a una propia. Cuando el móvil del geólogo comenzó a sonar, este se limpió como pudo las manos en el delantal y fue a cogerlo, mientras su wyvern volvía a comprobar el estado de la tanda que estaba ya en el horno.
-¿Si?-
-¡Geber, amigo mío! ¿Cómo va todo?-
-¡Rowana!- En el mismo momento en que pronuncio aquel nombre, se giró hacia Erin, que levanto la mirada, con sorpresa en el rostro. -Pues bien, bastante bien… ¿y tú?-
-Pensando en que hace mucho que no nos vemos…- Sus palabras sonaban alegres, o al menos lo intentaban, pero había un tono menos relajado detrás de aquella aparente alegría. -¿Recuerdas que hubo un tiempo antes de lo del Drak y tal que te veía casi a diario? Y ahora no he sabido nada de ti desde que la wyvern te trajo de vuelta de entre los muertos. Estaba pensando en que podríamos volver a salir, como antes. Cuando quedábamos tu yo y Daiging y hablábamos de tu investigación u otras cosas importantes… ¿Estas muy ocupado hoy?-
-¿Para poder salir contigo hoy afuera dices?- Aunque la wyvern no escuchaba las palabras de Rowana, las de su novio eran todo lo que necesitaban para entender que estaba pasando. Y el no necesito mucho más que su expresión asqueada para darse cuenta de que le seguía sin caer bien la hellhound, y que la idea de salir no le entusiasmaba. -No se Rowana, para salir hoy…-
Erin en ese momento se percató de que sin palabras le había influenciado a decir aquello. Intento acercarse a él para decirle que aunque no confiaba en la ladrona, en el sí, no necesitaba su permiso o que le gustase a ella para salir a tomar algo con una amiga. Claro que la susodicha fue más rápida con las palabras. -¿Esta Erin ahí verdad? Dile que se ponga, tengo que hablar con ella-.
-Quiere hablar contigo-, fue la respuesta de Geber, tendiendo sin pensarlo el móvil a su dragona.
-No hablamos desde la noche del "incidente", supongo que habéis consumado ya todo y sois pareja a mas no poder… ¿verdad?- Las palabras de Rowana no se hicieron esperar, tomando por sorpresa con su bronquedad a la wyvern, que tardo unos segundos en recomponerse y responder.
-Sí, llegamos hasta el final… ¿Querías hablarme solo para que te lo confirmase?...Escucha, no me opongo a la idea de que salg-
-Tenías razón para desconfiar, sentía algo por tu novio-. El silencio se hizo por unos segundos en la línea, hasta que retomo la palabra. -No me cuelgues aun, tengo que sacármelo ya. Si no estuvieras en su vida, yo estaría ocupando tu lugar. Pensaba hacerlo al volver con las hojas, a modo de disculpa por haber sido mala amiga un tiempo antes de tu entrada en su vida, pero te adelantaste…Ya sabes que no soy muy empática, que no tengo muchos amigos y que por norma no me importa casi nadie…Pero Geber me importa. No olvido lo bueno que ha sido conmigo a pesar de las circunstancias donde nos conocimos y que al final me salvo la vida en África. No quiero romperle la felicidad que habéis construido juntos. Muchos me han calificado como zorra sin corazón, y puede que lo sea hasta cierto punto…Pero no tanto. Si quiero salir con él es porque echo de menos hablar con alguien que aprecie, Daiging y Aurora están que no dan abasto y hace siglos que no hablo con él. Sé que no confías en mí, y con razón, pero con el tiempo veras que te digo la verdad. Si él es feliz contigo…No seré yo la que lo arruine. Puedes estar tranquila, no voy a intentar robártelo de alguna forma-.
Con las últimas palabras, vino un gran suspiro. Había pasado muchas noches intentando aceptar que había perdido, que tendría que hacerse a la idea de buscar a otro, algo no muy fácil para alguien tan orgullosa. Pero ahora que lo había soltado todo, se sentía aliviada.
-… ¿No esperabas que llegase tan lejos?-
-Tal y como lo tratabas cuando vine, no. Supuse que te daría la patada en unos días, que no estarías a la vuelta…Oye, lo que es quedar, no tiene que ser hoy. Me gustaría verlo y poder retomar un poco de lo que era mi normalidad hace unos años, pero puedo esperar-.
-Yo…Bueno, no soy como antes, puedo dar una oportunidad, pero al final no soy yo la que decide-. Con ello, levanto la mirada a Geber, que había escuchado toda la conversación. Este sonrió levemente y asintió con la cabeza, consciente a su manera de que había sido la conversación, y pensando que ya era hora de que, de una forma u otra, era hora de que todos siguieran adelante.
-Un par de fotos
El joven se acercaba, silencioso por detrás de su wyvern, que descansaba tranquila en el sofá, mirando su celular. Tranquilo, lento, esperando su oportunidad para abalanzarse y…-¡Ñom!-
Erin suspiro. -Geber, no sé qué manía te ha dado últimamente con morderme los cuernos. Sabes perfectamente que no son una zona sensible o especialmente agradable…-
-Puede-, respondió entre mordisquitos. -Pero saben a Fresita-.
La wyvern le dio un toquecito en la frente con la cola, al tiempo que ambos esgrimían una leve sonrisa. -Mira que eres tonto…Por cierto, acabo de ponerme un nuevo fondo en el móvil, ¿te gusta?-. Dijo con una clara sonrisa, con una pizca de picardía, surgiendo en su rostro.
Llevado por la curiosidad suscitada cuando vio a su pareja sonreír, dejo de lado su cuerno y se acercó, casi cayendo hacia delante por apoyarse en el sofá de la forma que lo estaba haciendo. Al acercarse, pudo ver entre toda clase de aplicaciones, el fondo, que reconocía como una vieja fotografía, tomada meses antes. Era el, pero de rodillas en el suelo, con el viejo collar de Charnela, aquel que en lugar de correa tenía una cadena y que ahora era más bien "su" collar, enrollado en el cuello, y con el traje de sirvienta que Cedrid uso a modo de broma puesto, o más bien encajado. Por la imagen era más bien fácil adivinar que Erin estaba sosteniendo la cadena, fuera del ángulo de la cámara.
-Oh, ¿esa no me la hiciste la noche que descubriste el traje en tu armario no?-
-..Si-. Miro a Geber directamente, ligeramente extrañada, mientras este se retorcía hasta tumbarse en el sofá, apoyando la cabeza en su regazo. -¿No tienes nada que decir?-
-No salgo muy bien en la foto, pero no es el peor fondo de pantalla que he visto…- En ese momento algo le hizo contacto en su cabeza, al mirar a su wyvern, que lucía algo decepcionada ante esa reacción. -¿Espera…Estabas esperando que me avergonzase por esa foto?- Fue solo un segundo el silencio que se instaló entre ambos, suficiente para sonrojar a la wyvern, pillada infraganti en sus intenciones, y que su novio sonriese de placer. –Buen intento Fresita. Me avergonzaría si la viera Cedrid, si se la mandases a mis padre o mi hermana, a Draco o Aiur… ¿Pero contigo? Ya hemos hecho tantas cosas juntos que tendrías que hacer cosas mucho peores para avergonzarme…Fresita-.
Erin se mantuvo en silencio unos segundos, mirando de reojo a Geber sonriendo ampliamente. Al final le puso la cola encima de la cara para tapársela, mientras rápidamente revisaba algunas cosas en el móvil.
Tardo medio minuto el joven en librarse de la cola que le tapaba toda visión, tiempo que Charnela aprovechó para subirse de un salto encima de su amo, acurrucándose sobre su estómago, creyéndose aún un cachorro. Para cuando se libero estaba medio ahogado de reír y luchar.
-No es divertido si soy la única que se sonroja-, farfullo la wyvern, tendiéndole de nuevo su teléfono, que resaltaba ahora otra imagen completamente diferente. -Pensaba al final quedarme con esta, que la hizo Draco el día de la cueva-.
Geber recogió con cuidado el celular, deleitando su vista con el nuevo fondo. No recordaba haber posado para ello, debió de tomarla cuando no miraban. Era una foto de ellos dos, sentados de espaldas, mirando al paisaje de árboles y colinas a la entrada de la caverna, atrayéndose lateralmente con brazos, alas y cola y las cabezas reposando una en la otra. Se veía a Charnela de fondo, saltando para atrapar una libélula.
Geber se quedó en silencio, desapareciendo de su cara la sonrisa, pero no por dolor o pena, sino de genuina felicidad al ver aquello. -Es perfecta. Le voy a decir a Draco que me la envié, yo también la quiero de fondo de pantalla, quizás incluso impresa y en marco-.
-Sería bonito, empezar a tener recuerdos enmarcados de esta vida que estamos empezando-. Dijo recogiendo el móvil de nuevo para ella, antes de apagarlo y dejarlo de lado para acariciar con la cola a la mascota y con las alas la cabeza de su pareja.
-Recuerdos en la noche
La noche estaba tranquila, como tantas otras aquella primavera, donde la mayor molestia eran los sonidos ocasionales de las cigarras y saltamontes en la distancia. En medio de aquel etéreo silencio, Erin se despertó casi de golpe, incorporándose sobre la cama. Dirigió su mirada al instante hacia su pareja, que se encontraba a su lado en el lecho, al igual que ella, sin ropa alguna, aunque si tapado por las finas sábanas que les ayudaban a contener el calor en las frescas noches primaverales. Se había removido al notar a la wyvern escapar de su abrazo, y parecía que estaba despertándose.
-Erin... ¿Pasa algo?- Atino a decir su mente medio dormida, consciente solo para asegurar que continuaba abrazando a su wyvern.
La wyvern sonrió al notar como se acercaba y la miraba. Con toda la delicadeza de la que fue capaz, como si temiera que se partiera en dos solo por mirarlo, le agarro el brazo entre las alas, acariciándolo con suavidad. -...No, no pasa nada. Solo relájate y vuelve a dormir mi ángel, quiero acariciarte un poco antes de dormir-.
Con un pequeño gemido de esfuerzo, el joven se elevó unos centímetros para besarla un instante en los labios, antes de caer boca arriba en la misma posición de antes, con una tonta sonrisa en el rostro y los ojos ya cerrados.
Tras ello, Erin miró el brazo a Geber, alzándolo y recorriendo con sus suaves escamas toda su piel, al tiempo que un ligero rubor y una tímida sonrisa se escapaban por su rostro a consecuencia del beso.
Sintió con placer el grato tacto de su piel, parcialmente bronceada por los trabajos de campo de hacía, y que pronto terminarían cuando se fuera de la universidad. Un fuerte sentimiento de felicidad la lleno al verle todas las marcas de sus colmillos que se extendían por casi cada centímetro de su cuerpo, fruto de sus noches de pasión. Incluso había una marca justo en la muñeca, por debajo, donde la piel era más fina. Recordaba ese momento, dónde le había comenzado a lamer y morder para avivar sus ya enormes ansias mientras terminaba de hablar por el móvil, en noche de luna llena. A pesar del grato recuerdo un pensamiento desagradable le recorrió la mente. Un poco más de presión en aquella mordida y habría muerto desangrado. Al contrario que sus escamas la piel de Geber no podía resistir apenas sus afilados colmillos, ni sus músculos, se decía a sí misma, a pesar del entrenamiento podían aguantar ni lo más mínimo la enorme diferencia de fuerza con los que ella poseía.
Sacudió su cabeza, intentando dejar de lado aquellas verdades, mientras empezaba a bajar su caricia por el torso de Geber, dándole algún que otro beso en el proceso, hasta que llego a una cicatriz ya casi completamente curada, a la altura del estómago. Aquello era de lo poco que quedaba del recuerdo de aquella noche, donde, aunque fuera solo por unos segundos, llego a perderle. Solo el rememorar aquella sensación basto para paralizarla en el sitio, mirando la carne ya casi restaurada, por lo que pareció una eternidad.
Finalmente logro seguir avanzando, escabulléndose como podía de esos recuerdos, hasta su entrepierna. La acarició en su totalidad con las alas y con la cola, sonriendo de medio lado por la vista. Sabía que si Geber estuviera en plena conciencia, y si no le hubiera vaciado ya antes de dormir, no tardaría mucho en lanzarse sobre ella, lo que le daba un regocijo único y una pícara sonrisa. Pero esa sonrisa se apagó un poco al percatarse de lo vulnerable que era la zona. Ella tenía un gran control sobre sus actos, pero con todas las veces que había lamido o se la había metido en la boca...era la más sensible y débil con diferencia del cuerpo de su novio, casi empezó a temblar mientras alejaba sus alas, pensando en el daño que podría hacerle al más mínimo desliz.
Le miro una última vez antes de recostarse sobre él. La piel débil, fuerza muy inferior a la suya, puntos débiles de gran tamaño, no tenía sus sentidos ni su regeneración, ella llevaba protectores de garras y aguijón para no dañarle mientras se acurrucaba juntos en la noche...era un ser muy frágil, y sin embargo también su mayor tesoro.
Sonrío mientras de agachaba para darle un débil beso. Su mejor amigo, su ángel, su novio, su media naranja, su esposo y su alma gemela...le amaba con locura...y por eso mismo empezó a sentir lágrimas bajar por su mejilla.
-Yo...lo siento Geber. Eres tan frágil y aun así yo te... todo ese maltrato, el dolor, las heridas... estaba tan ciega por el dolor, el miedo y mis cicatrices del pasado que no vi lo que eras y significabas para mí hasta que fue tarde. Sé que me perdonaste, que todo esto, estas palabras parecen sacadas para ti de un pasado ya lejano y olvidado…Pero yo nunca perdonaría a alguien que te hiciera tanto daño, que te hiciera sufrir como te hice sufrir yo. Me pasaré la vida entera dándote placer, apoyo y calma. Cuidando de ti como tú cuidas de mí, alegrándote los días y cuando estemos preparados, incluso te daré una dragona de tu sangre. Quizás si te hago feliz toda tu vida, al morir y entrar en el Resguardo de Dragones, tras pasar el juicio de mis ancestros, pueda perdonarme a mí misma...y permiten llevar a la pareja a la otra vida, así que espero que te guste el lugar... Porque te necesito siempre, en esta vida o la siguiente...- y con ello le volvió a besar, acariciándole con cuidado el pelo y acurrucándose a su lado, cubriéndolos a ambos con las mantas y envolviéndole con las alas. Por lo que quedó de noche, entre los brazos de Geber, Erin pudo dormir con absoluta calma y paz.
