Ben la hizo pasar, le pidió el bol y el bolso para dejarlos en la mesa y ayudarla con la chaqueta. Le ofreció el sofá para que se sentara y le pidió un momento para ir por algo.

-Tenía un regalo para ti, pero no quería que lo abrieras en público.

Le entregó una caja, no más grande que un estuche de anteojos. Por la mente de Rey pasaron desde una pluma fina a una pulsera cara, pero sabía que Ben era austero a pesar de tenerlo todo.

La abrió con cuidado y se encontró con una llave. Lo miró con algo de miedo, no estaba lista para dar un paso de ese tipo, a pesar de que si estaba dispuesta a muchos pequeños, pero no todos a la vez.

-No es un regalo para que te sientas obligada a nada, simplemente te doy la opción para que vengas aquí cuando quieras sin ninguna restricción –Le quitó un mechón de la cara, sintiéndola temblar bajo sus dedos- Si decides algún día quedarte por siempre, quiero que sea tu decisión, por ahora me basta que estés aquí y lo consideres.

-Muchas gracias y sí, quiero pensarlo.

Se acercó a Ben y lo abrazó tiernamente, él besó su cabello, separándose con cuidado le besó la frente, luego cada una de sus mejillas, hasta bajar a sus labios donde se quedó besándolos con calma hasta que ella decidió recibir la calidez de su lengua.

Fue tierno en un principio, intensificándose en instantes, haciendo que sus pulsos se aceleraran y que comenzaran a acalorarse al punto de sentir que lo que llevaban encima estaba sobrando.

-¿Quieres quedarte aquí o…? –Ben logró preguntar entre jadeos mientras ella besaba su cuello sin compasión.

-Cuarto –Murmuró.

Ben la levantó en sus brazos, la cargó en su hombro y la llevó al dormitorio. La recostó con cuidado, ella todavía se reía de la forma en que la acarreó allí. Él solo estaba en su camisa blanca y su pantalón de vestir. Ella todavía tenía su vestido y los tacones que se fue quitando sin dejar de mirarlo.

Antes de siquiera pensar en desabotonar su camisa, se interrumpió para hablar con ella.

-¿Estás segura de esto? –Ella asintió- Porque temo desilusionarte, no tengo la experiencia que me gustaría tener y no quisiera que quedaras disconforme.

-Sí, estoy segura –Se levantó y se puso frente a él- No tengo mucho con que comparar en todo caso.

-Entonces soy libre de hacer un pésimo trabajo –Bromeó.

Rey se acercó sonriendo, con las manos atrás, esperando por aquel primer paso que ninguno se atrevía a dar. Ben le acarició el cabello y la miró con ternura.

-Recuerda que puedes decirme que no en el momento que gustes si no te sientes bien o cómoda.

Rey lo besó en respuesta, en furiosa necesidad de contacto con él. Ben respondió intentando ser suave, tomarlo con calma, esforzándose en ser suave, después de todo, sus manos eran tan grandes y ella le parecía tan delicada que temía dañarla si aplicaba mucha fuerza.

Ben desabrochó su vestido con suavidad, dejándolo caer sobre sus hombros, mientras las manos presurosas de Rey, intentaban trabajar en los interminables botones de su camisa, con los nervios jugándole en contra. Él se alejó y terminó de bajarle el vestido, sin dejar de mirarla a los ojos. Cuando finalmente cayó a sus pies, dio dos pasos atrás para contemplarla, para ver su precioso cuerpo cubierto por un bonito sostén de encaje de color negro bastante transparente, que dejaba ver sus pequeños pezones. Abajo llevaba una pantaleta a juego, que cubría una parte muy baja de su anatomía.

-¿Te gusta? –Preguntó girándose con vergüenza, mostrando la tanga que dejaba sus blancas nalgas al aire, haciendo que Ben se sintiera arder sin siquiera tocarla.

-Me encanta –Respondió desabrochando los botones de su camisa con torpeza, quitándosela de una vez para quedarse únicamente con el pantalón de vestir.

-Pido igualdad de condiciones –Pidió Rey intentando cubrirse con las manos, mientras apuntaba con un gesto el pantalón de Ben.

Sonrió avergonzado, estaba con el bóxer a punto de estallar solo por verla. Hizo el esfuerzo y se fue desabrochando el cinturón con calma. Rey se mordió el labio, no sería la primera vez que lo veía en bóxer, pero si la primera en que vería su masculinidad en todo su esplendor. Lo había sentido durmiendo en Naboo, pero verlo era completamente diferente.

-Recuerda que puedes pedir que me detenga en cualquier momento.

-Ben, puedo bajar un formulario de consenso, firmarlo y refregártelo en la cara si quieres –Respondió rodando los ojos- Estoy aquí porque quiero y sé que si te digo que no, retrocederás, si no estuviera segura, simplemente no habría venido.

Él sonrió y se acercó, tenía el cinturón desabrochado, pero el resto todavía en su lugar "Quítamelo" susurró en su oído, haciendo que Rey temblara inconscientemente. Sin embargo, ella lo miró a la cara, sobreponiéndose a sus nervios y ansiedad desabrochó el botón y bajó el cierre sin dejar de mirarlo, nadie la desafiaba sin obtener algo de batalla. Sus pantalones cayeron, terminando de quitárselos con el pie.

Ella puso sus manos en sus pectorales y él una mano en su cintura y la otra en el broche del sostén. Lo quitó con calma, sin dejar de mirarla a los ojos. Cuando quitó toda la prenda, acercó su enorme mano a su pecho desnudo, esperando alguna señal antes de hacer nada. Rey asintió y él comenzó a tocar con su mano y a jugar con su pezón, haciendo que ella cerrara los ojos ante el contacto.

La hizo sentarse en la cama y se arrodilló frente a ella, la besó en los labios sin dejar de acariciar, ahora con ambas manos cada uno de sus pechos. Estos eran pequeños en comparación, pero calzaban perfectamente en el ahuecamiento de sus manos.

Ben comenzó a bajar besando su mentón, su cuello, clavícula, hasta llegar a sus pechos. Tomó uno con cuidado, primero besó, luego sacó su lengua bordeando el pezón. Rey lo sentía como una lenta tortura que la hacía humedecerse más a cada instante. Ella tomó algo de valor y bajó su mano a la entrepierna de él, rozando su miembro sobre el bóxer, quedando impactada con el grosor. Era algo que esperaba debido la corpulencia en general de Ben, especialmente su espalda y sus manos.

Él tembló, había pasado tiempo desde que otra mano que no fuera la suya lo tocara. Gruñó debido al shock cuando ella metió su mano dentro del bóxer, haciéndolo despegar su boca del pezón.

-Ben… -Lo miró asustada, había metido la mano para convencerse de aquello- Es grande… ¿Puedo verlo?

Asintió y se levantó, bajó el bóxer, haciendo que los ojos de ella se abrieran como plato. Su miembro era pálido como él, con la punta rosada y un tamaño considerable, por el lado que se viera, ya fuese el ancho, como el largo.

-Yo creo que no va a caber –Habló ella mirando de un lado a otro, en este caso de abajo hacia arriba.

Ben volvió a agacharse frente a ella. Acarició su rostro, mostrándose comprensivo.

-Pecosa, por eso trato de relajarte, de excitarte –Besó sus labios- Quiero que estés muy húmeda, para que no sea tan doloroso y termine siendo placentero para ti… Te repito pue…

-Puedes decirme basta cuando quieras –Le imitó interrumpiéndole- Lo sé, confío en ti.

Ella se lanzó a sus labios y lo besó con pasión, demostrando sus ganas y que confiaba en él para esto. Él la fue recostando y volviendo a bajar por sus mentón, cuello y clavícula, llegó otra vez a sus senos. Esta vez les dio un par de lamidas y siguió bajando por sus costillas y estómago donde provocó un cosquilleo. Al llegar a su vientre bajo, comenzó a bajar la tanga. Rey se levantó avergonzada, él solo sonrió malévolamente.

Bajó lentamente la prenda, haciendo que ella se echara para atrás en anticipación, mientras él iba besando desde sus rodillas que caían de la cama, al interior de sus muslos. Cada toque de sus labios en su cuerpo la electrificaba, haciéndola arquearse. Finalmente acercó su boca a su zona especial. Ella solo tenía un pequeño triangulo arriba, producto de una depilación asumió. Sonrió al saber que ella se había preocupado de aquel detalle, aunque definitivamente no era algo que le molestase en absoluto, Rey podría haber tenido un arbusto completo y lo hubiese encendido igual. Lo bueno de la cantidad, era que le permitía ver sus labios y que su centro estuviese bastante accesible.

Con dos de sus dedos separó viéndola retorcerse solo con el toque, no podía esperar a ver su reacción cuando la tomase por completo ya fuera con su boca, sus dedos o su miembro. Necesitaba verla derretirse, perderse entre sus brazos, oírla gemir, pedir más o simplemente mencionar su nombre, ni siquiera era por ego, era por complacerla en cada aspecto y en cada forma que le fuera posible.

Tomó cada muslo con su mano y se sumergió en su tarea, ella ya estaba húmeda, lo que hacía la situación menos difícil. Se había afeitado la barba y acicalado otras partes de su cuerpo, deseaba estar suave y limpio, no era un sacrificio hacer algo así por ella.

Con la primera lamida Rey sintió su cuerpo vibrar completo, como si ella fuese un instrumento y él estuviese afinándolo. La sensación era diferente, más no extraña, ella conocía su cuerpo, más de alguna vez lo exploró pensando en Ben Solo y en sus pectorales, en cómo le quedaban los pantalones ajustados, en esas enormes piernas o en esas manos formidables que soñaba la agarraran de las caderas y la tomara en la encimera de la cocina.

Que podía ser virgen, pero no significaba no tener deseos y fantasías y el hombre que tenía entre sus piernas en ese momento, provocaba cada una de ellas.

Ella no podía controlar los gemidos que comenzaban a salir de su boca, aunque él declaró no tener gran experiencia, su lengua en su hinchado punto del placer decía otra cosa. A cada embestida de esa maravillosa lengua, sentía aquella sensación acumulándose desde la punta de sus pies, subiendo por sus rodillas, sensación que fue interrumpida por la sorpresiva, pero no menos excitante, aparición de dos dedos de él comenzando a abrirse paso.

La combinación del movimiento oral y el tamaño de los dedos que la empezaban a sorprender en su interior, la hacían sentirse en las nubes, estaba tan cerca, que podía comenzar a sentir los espasmos en su cuerpo. Ben pareció darse cuenta porque la miró y detuvo su estómago con su mano libre para que no escapara, mientras continuaba moviéndose cadenciosamente con su lengua y dedos, hasta que la sintió explotar. No le fue difícil saberlo, entre los temblores de su cuerpo, los gemidos fuertes, las palabras inconexas y la sensación en sus dedos de que serían cortados por el interior de Rey.

Ella todavía temblaba, sintiendo sus piernas débiles. Se logró levantar y quedar apoyada con los codos, mientras lo miraba agitada. Él estaba sonriente, como alguien que hizo una travesura sin ser sorprendido o amonestado. Se limpió la humedad de su cara con la camisa y se tendió a su lado, buscando besar sus brazos, su pecho o lo que le quedara cerca. Pero fue ella la de la iniciativa, con esfuerzo se subió a horcajadas sobre él, quedando sus partes íntimas muy cercanas. Él seguía duro, lo supo porque quedó justo bajo ella.

Rey lo besó sin asco, moviéndose suavemente sobre él, rozando su propia zona sensible aun hinchada. Sorpresivamente, Ben la giró dejándola nuevamente de espalda, acomodándola para que quedara completamente sobre la cama. Se puso sobre ella, tomando su miembro con una mano, acariciándolo de arriba abajo. Rey asintió y el comenzó el intento de penetrarla. A pesar de la lubricación, el tamaño de Ben no cooperaba mucho. Lo movió sobre su entrada, logrando que fuese entrando un poco, pero ella sintió mucho dolor, que fue notorio para él.

-¿Estás bien? –Preguntó, aunque sabía la respuesta.

-Duele –Algo que remarcó con una mueca.

Ben la besó entonces y detuvo su carga, había hecho apenas la primera parte del trabajo, pero decidió detenerse. Ella abrió los ojos en protesta, pero se encontró con una cara de alegría y no de frustración como esperaba.

-Vamos a dormir, creo que necesitamos descansar, al menos tú más que yo…

-Pero Ben…

Protestó cuando él se levantó y abrió la ropa de cama para acostarse, pero obedeció, había sido un día largo, tal vez con algo de descanso podrían intentarlo de nuevo. Aunque no se podía negar a sí misma, que él la complació, sin esperar que ella hiciera lo mismo. Definitivamente no era alguien egoísta.

Se acurrucó a su lado, mientras él la abrazaba y le acariciaba el pelo con ternura. Ella intentó llegar a su miembro y compensarlo, pero Ben la detuvo negando con la cabeza, mientras la besaba con ternura.

-Buenas noches pecosa –Dijo apagando la lámpara.

-Buenas noches Ben –Repitió.