Milady,
Hoy Marinette y yo hemos estado hablando. No en el colegio, claro, porque le prometí que mantendría el secreto y, por supuesto, no debo darle pistas sobre mi identidad. Así que estoy haciendo un esfuerzo para que no se me note lo que siento por ella. De todos modos hoy parecía distraída en clase, así que probablemente no se hubiese dado cuenta ni aunque me hubiese hincado de rodillas ante ella para suplicarle un poco de atención. A veces Marinette parece vivir en su propio mundo. O quizá se ha llevado su burbuja con ella al colegio.
(Me gustaría creer que es así, porque significa que una parte de mí la acompaña a donde quiera que vaya).
Así que he tenido que esperar a que se hiciera de noche y todo estuviese a oscuras y en silencio para ir a visitarla. No tenía muy claro cómo empezar la conversación. Tampoco estaba seguro de que ella quisiera hablar de nada en particular. Quizá se había arrepentido ya de los besos que habíamos compartido y no volvía a mencionarlo.
En todo caso, yo sí tenía una idea aproximada de lo que quería decirle, si me daba la oportunidad. De hecho, anoche pasé un buen rato en vela pensando en ello. En ella, en lo que sentía, en cómo confesárselo, en qué podía ofrecerle en el caso de que me correspondiese.
Pero cuando la vi esperándome en el balcón me quedé con la mente en blanco. De repente tuve miedo de que lo que había pasado la noche anterior hubiese sido solo un bonito sueño. De que no existiese fuera de la burbuja.
Me saludó con un "Buenas noches" y una sonrisa, y nos sentamos juntos en la tumbona, como siempre. Charlamos de cosas sin importancia. Parecía que ninguno de los dos nos íbamos a atrever a mencionar el asunto de los besos, hasta que, de pronto, empezó a llover.
–Vaya –comenté–, la velada ha terminado bastante antes de lo que imaginaba.
La ayudé a levantarse y la conduje hasta la trampilla.
–Entra antes de que te mojes –le dije–. Volveré mañana, si quieres.
Pero ella no me soltó la mano.
–Espera –dijo. Dudó un momento antes de preguntar, con timidez–: ¿Quieres entrar conmigo?
La miré con sorpresa. Hasta aquel momento no me había permitido entrar en su habitación, imagino que porque quería evitar que su padre nos sorprendiera juntos y volviera a hacerse una idea equivocada.
–¿Estás segura?
Marinette asintió, de modo que la acompañé hasta el interior.
Nos sentamos sobre su cama y se acomodó entre mis brazos, envuelta en una manta, mientras la lluvia golpeaba el cristal de la ventana sobre nuestras cabezas.
–Hay algo que me gustaría preguntarte –dijo Marinette entonces.
–Adelante, pregunta –la animé.
Pero dudó un poco antes de volver a hablar:
–¿Tienes... tienes muchas amigas? –preguntó de golpe.
La miré sin comprender.
–¿Amigas? ¿Te refieres a... en el colegio, en mi vida diaria?
–No, no, me refiero a... personas a las que vas a visitar cuando eres Cat Noir. O sea, chicas. –Tragó saliva–. Como yo, quiero decir.
Me quedé perplejo unos instantes hasta que lo entendí por fin.
–¿Crees que... cuando salgo de patrulla hago una ronda por los balcones para saludar a mis admiradoras, o algo parecido?
La idea me parecía tan divertida que me eché a reír. Ella enrojeció un poco y bajó la cabeza, un poco enfurruñada.
–No tiene gracia –gruñó.
La contemplé con cariño y le alcé la barbilla para mirarla a los ojos.
–Marinette –le dije–, cuando salgo de casa como Cat Noir solo lo hago para reunirme contigo o con Ladybug. Algunas veces ella se presenta acompañada de otras heroínas... Rena Rouge, Ryuko o Multimouse –añadí, guiñándole un ojo–, pero solo cuando hay que pelear contra algún villano. Créeme, no tengo por costumbre visitar los balcones de mis admiradoras.
Frunció el ceño, confusa.
–¿Entonces, por qué... por qué vienes a verme a mí? ¿Precisamente a mí, y no a otras?
Suspiré y la envolví entre mis brazos.
–Hay algo que tengo que decirte –empecé–. Lo diré solo en el interior de la burbuja y no volveré a repetirlo después si tú no quieres. Pero necesito que lo sepas.
Ella lo pensó un momento y después asintió.
–Vale, habla –susurró–. Pero dentro de la burbuja. En voz muy bajita, para que nadie más te oiga.
–¿Sigue tu padre enfadado conmigo? –le pregunté, y se rió.
Cada vez que se ríe, siento el estómago repleto de burbujas de felicidad. No creo que ella sea consciente de hasta qué punto me afecta su alegría.
–Creo que no. Pero tus visitas tienen que seguir siendo un secreto. Es importante.
–Entendido. Seré súperdiscreto, entonces.
–¿Discreto, tú? –se burló–. Eso tengo que verlo.
Sonreí. Creo que es bueno que pueda volver a bromear sobre mis visitas a su balcón. Hasta hace poco la idea de que alguien pudiese descubrirnos juntos todavía la aterrorizaba.
–Los gatos podemos ser muy silenciosos si nos lo proponemos –le aseguré. Le aparté el pelo de la oreja y le susurré al oído–: Lo que quería decirte es que eres muy especial para mí, Marinette. Siempre lo has sido, probablemente desde el día en que nos enfrentamos juntos a Evillustrator. Ya te lo dije hace tiempo: para mí, protegerte a ti en concreto se ha convertido en un asunto personal. No te veo como una civil más, ni siquiera como mi admiradora favorita. Hace mucho que te considero una de mis mejores amigas.
Ella desvió la mirada, pero no dijo nada. Sonreí y continué:
–Últimamente te he visto triste y por eso empecé a visitarte más a menudo, porque quería ayudarte de alguna manera y me dolía no poder hacer nada por ti. Pero además me di cuenta de que disfruto mucho con tu compañía. Y poco a poco, el cariño que siento por ti se ha ido haciendo más profundo, y ayer, cuando nos besamos... descubrí que era algo más que amistad, al menos por mi parte.
Marinette se quedó muy callada y muy quieta. Tragué saliva y continué:
–Me gustas mucho, Marinette. Sé que probablemente no tengo derecho a decírtelo porque hace tiempo me dijiste que estabas enamorada de mí y yo te rechacé, y sé que te hice sufrir. –Suspiré–. Si pudiese viajar atrás en el tiempo le daría una buena colleja a mi yo del pasado –comenté con resignación.
Ella sonrió un poco.
–No voy a pedirte nada, sin embargo –proseguí–, por muchas razones. Porque sé que estás pasando una mala época, que acabas de romper con tu novio y probablemente no quieres tener a otra persona en tu vida ahora mismo. Pero es que, aunque quisieras y me correspondieras... soy consciente de que sería peligroso para ti mantener una relación con un superhéroe. Además, ni siquiera sabes quién soy debajo de la máscara, y yo no te lo puedo decir. Y me duele no poder compartirlo contigo, porque siento que es como si te estuviera mintiendo.
–Pero es necesario, y lo sabes –interrumpió ella–. A mí no me molesta que ocultes tu verdadera identidad, Cat Noir. Lo que me preocupa precisamente es que llegues a darme demasiadas pistas, incluso sin darte cuenta.
–A mí no me importaría que tú lo supieses...
–Cat Noir, no.
–...pero sé que no debo hacerlo, y mantendré el secreto. De todos modos... –Inspiré hondo antes de continuar–, si ya no quieres tenerme en tu burbuja después de lo que te he dicho, lo entenderé. Porque tú habías dejado entrar a un amigo, pero para mí eres algo más, y comprendo que quizá ya no te sientas cómoda a mi lado. Aún así, me parecía justo que lo supieras.
Contuve el aliento, esperando su respuesta. Pero ella se quedó callada, pensativa. Como temblaba un poco, pensé que tenía frío, así que la envolví todavía más en la manta y la abracé con cuidado.
–Tengo miedo, Cat Noir –dijo ella por fin.
Hablaba en voz muy bajita, así que bajé más la cabeza, hasta que nuestras mejillas casi se rozaban.
–¿De qué tienes miedo? –le pregunté en el mismo tono.
–Todo esto es muy peligroso –me respondió–. Es peligroso que estemos juntos, porque yo podría descubrir tu identidad, porque podría descubrirlo Lepidóptero y utilizarlo contra nosotros...
–No tiene por qué pasar así.
–Pero es un riesgo que no deberíamos correr.
Me detuve un momento a reflexionar. Había dos cosas que me llamaban la atención de todo lo que Marinette decía. La primera, que no parecía tan asustada cuando se me echó al cuello y me dijo que estaba enamorada de mí, hace varios meses. Y la segunda, que aún no había hablado de sus propios sentimientos.
Decidí aclarar este punto primero.
–¿Puedo preguntarte una cosa?
–Adelante, pregunta –susurró ella.
–¿Todavía te gusto? Como algo más que como amigo, quiero decir. A pesar del tiempo que ha pasado desde que te rechacé, y de que has estado saliendo con otro chico...
Ella no dijo nada, así que añadí:
–No tienes que responder si no quieres, pero a mí... me gustaría que lo hicieras. Puede ser otro de esos secretos que no tienen por qué salir de la burbuja, si lo prefieres.
Permanecimos en silencio unos instantes, hasta que por fin Marinette confesó en voz baja:
–Sí que me gustas... un poco. O a lo mejor mucho. No lo sé, estoy hecha un lío. Tengo la impresión de que mis sentimientos por ti podrían ser incluso más fuertes de lo que creo, si me dejara llevar. Pero sé que no debo, así que... no sé muy bien hasta dónde llegan en realidad. O hasta donde llegarían si no los reprimiese. No sé si tiene mucho sentido, la verdad.
Asentí despacio, pensando.
–Pero hace unos meses, cuando me dijiste que estabas enamorada de mí... –le recordé–, no parecías dispuesta a contenerte, precisamente.
Se puso muy colorada.
–Bueno, lo cierto es que... mira, lo que te dije entonces... y la forma en que reaccioné después, durante el almuerzo... en fin, hace tiempo que debía haberte pedido disculpas por todo en general. Sé que fue una situación muy incómoda para todos, y pase lo que pase entre nosotros, me gustaría pedirte... que no lo tengas muy en cuenta, ¿de acuerdo? No debí actuar de esa manera, y ahora me arrepiento.
Fruncí el ceño, sin comprenderlo muy bien.
–¿Quieres decir...?
–Bueno, mira, han pasado muchas cosas desde entonces. Las cosas han cambiado, y yo también he cambiado y...
–Entiendo –murmuré–. Has pasado página, has estado saliendo con otro chico...
–No solo eso. Ahora soy mucho más consciente de lo peligroso que sería mantener una relación contigo.
No supe muy bien cómo tomarme eso.
–Vaya... gracias. Sé que tiene sus riesgos, pero por la forma en que lo dices, cualquiera pensaría que no soy un superhéroe, sino otro supervillano que se ha enamorado de ti.
–¡No he querido decir eso! –exclamó ella, alarmada. Se volvió hacia mí y sacó las manos de debajo de la manta para sostenerme la cara con delicadeza y mirarme a los ojos–. Tú no eres un supervillano. Sé que eres un verdadero héroe, por dentro y por fuera. Y pase lo que pase, para mí siempre serás Cat Noir.
Intuía algo importante detrás de esas palabras, algo que estaba pasando por alto. Pero no sabía qué era, y lo cierto es que sigo sin saberlo.
Me soltó y suspiró antes de volver a cubrirse con la manta.
–El verdadero villano es Lepidóptero –concluyó–. Él es quien nos amenaza a todos, y mientras no sea derrotado...
Comprendí entonces cuál era el problema.
–Es verdad que han pasado muchas cosas estos meses –le dije–. Lepidóptero lleva ya mucho tiempo amenazando París, pero hasta hace poco aún no había intentando akumatizarte. Y lleva ya varios intentos, ¿verdad?
Marinette se estremeció. La abracé con fuerza.
–No tengas miedo –le susurré–. Yo te protegeré.
Pero ella negó con la cabeza.
–Ni siquiera tú estás a salvo del todo. Los héroes podéis ser akumatizados también.
No puedo negarlo. Hasta ahora, milady, tú y yo nos hemos librado, pero hasta donde yo sé todos los demás héroes han sido akumatizados alguna vez, con poderes o sin ellos.
–Aunque así fuera, yo nunca te haría daño –le susurré al oído.
Pero ella sonrió un poco, como si no me creyese del todo. Respiré hondo, intentando poner en orden mis pensamientos.
–Entiendo que tienes dudas y miedos –le dije–, y que es demasiado pronto para plantear... cualquier cosa. Te he dicho que no voy a pedirte nada, y lo mantengo. Si prefieres que no venga a verte más...
–¡No! –exclamó ella. Me abrazó con fuerza–. Aún no sé lo que quiero, pero sí sé que te necesito a mi lado.
–Hummm... vale –murmuré, inseguro.
Marinette se volvió para mirarme y sonrió. Después, muy lentamente, se acercó más a mí y me besó.
Y fue un beso largo y mucho más intenso que los que habíamos compartido el día anterior. Y, en fin, si me quedaba alguna duda, ese beso terminó de despejarlas todas.
Estoy perdidamente enamorado de ella.
Nos quedamos un rato en silencio, abrazados, mientras la lluvia golpeaba el cristal de la ventana sobre nuestras cabezas. Entonces, Marinette dijo en voz muy baja:
–Sé que lo más sensato sería dejar de verte, cortar esto de raíz, pero... no soy lo bastante fuerte. No puedo seguir yo sola, Cat Noir. Pensaba que sería capaz, pero estaba equivocada.
Tenía mil preguntas que hacerle al respecto, pero noté que no había terminado de hablar, así que me quedé callado y esperé a que continuara.
–Podemos estar juntos –dijo al fin–, pero solo dentro de la burbuja. En el mundo que hay fuera de la burbuja no debemos mantener el contacto, y ni siquiera debemos ser amigos, ¿entiendes?
–Pero...
–Por favor –suplicó ella–. Prométemelo. Es muy importante.
–De acuerdo –accedí por fin–. Te lo prometo.
–Prométeme también que harás todo lo posible por impedir que descubra tu verdadera identidad. Y no me refiero solo a no darme pistas, sino... si debes mentirme para proteger tu secreto, hazlo. Sin dudas ni remordimientos. ¿Me lo prometes?
–Marinette... –protesté.
–¿Me lo prometes? –insistió ella.
Suspiré y cerré los ojos con cansancio.
–Pero yo confío en ti. No me gusta mentirte ni engañarte.
–Es por un bien mayor, gatito –dijo ella, sonriéndome con dulzura–. Lo sabes, ¿verdad?
A veces, la vida de un superhéroe es un verdadero asco.
–Lo sé –respondí por fin–. Te lo prometo.
Sin embargo, las condiciones de Marinette no terminaban aquí. También me hizo prometer que no la visitaría todas las noches, sino como mucho dos o tres veces por semana, y nunca los mismos días ni a la misma hora. Y, por descontado, tengo que ser muy muy cauteloso y no acercarme por su casa si tengo la mínima sospecha de que alguien me sigue o me vigila.
Por último, me pidió que no le hiciera demasiadas preguntas sobre su vida en general. Es decir, ella sabe que yo sé que hay algo que le preocupa mucho, más allá del hecho de si se ve en secreto con un superhéroe o no. Así que me ha prohibido terminantemente que intente averiguar nada al respecto.
–Pero, si no sé de qué se trata, ¿cómo puedo saber si estoy siendo indiscreto o no? –planteé, un poco preocupado.
Ella lo pensó.
–Podemos tener una señal o una especie de código para indicar cuándo una pregunta es impertinente, o cuándo estás tocando un tema del que no quiero hablar –sugirió, y asentí, aprobando la idea–. Podría ser...
–"No spoiler" –propuse.
Se rió otra vez. En voz bajita, porque todo lo que ocurre en el interior de nuestra burbuja es ultrasecreto.
Pero le pareció buena idea.
No hablamos mucho más después de eso, aunque sí compartimos algunos besos de propina. Y después ella suspiró, cerró los ojos y se quedó dormida entre mis brazos.
Me habría encantado quedarme allí con ella, dentro de nuestra burbuja, pero se estaba haciendo tarde y no podía correr el riesgo de quedarme dormido yo también. Así que la dejé bien tapada bajo su manta, salí por la ventana y me fui a casa.
De modo que Marinette y yo tenemos "algo". No me atrevo a llamarlo "relación", y probablemente ella tampoco lo haría, porque oficialmente no existe. Fuera de nuestra burbuja no hay nada entre nosotros, y dentro hay tantas normas y prohibiciones que no estoy muy seguro de cómo debo comportarme con ella, si como amigo, como pareja, como compañero, como "héroe protector" o de alguna otra manera.
De todos modos la comprendo en el fondo. Yo la conozco muy bien, hemos pasado mucho tiempo juntos y ahora me doy cuenta de que me he ido enamorando de ella poco a poco. Pero eso Marinette no lo sabe. Para ella soy un superhéroe que la ha salvado varias veces y que protagonizó un incómodo incidente en su casa cuando su padre lo invitó a almorzar creyendo que era el novio de su hija. Es posible, de hecho, que lo que sintiera por mí entonces fuese lo que llaman un "celebrity crush", y no estuviese enamorada de mí de verdad. Puede que solo ahora esté empezando a gustarle en serio, porque estamos pasando más tiempo juntos. En ese caso, evidentemente yo le llevo ventaja, porque la conozco también de mi vida diaria.
O puede que esté muy confundida después de su ruptura con Lk. y aún no tiene claro qué siente por mí. En todo caso, no doy nada por sentado con respecto a ella.
Pero no me importa. No me importa que ponga condiciones, no me importa que nuestra relación, o lo que sea, se haya convertido en algo tan secreto que ni siquiera podemos hablar de ello en voz alta.
Si algo he aprendido de ti, milady, es que siempre hay una solución para todo. Y sea cual sea el problema que preocupa a Marinette, lo arreglaremos juntos. Y encontraremos la manera de salir adelante juntos. A pesar de Lepidóptero, de las identidades secretas y de cualquier obstáculo que se interponga en nuestro camino.
Siempre tuyo y de Marinette,
Cat Noir
NOTA: ¡Por fin he vencido en mi batalla contra los virus! Decidí dejar de escribir hace unos días porque realmente me costaba mucho aguantar sentada delante del ordenador, así que opté por centrarme en recuperarme cuanto antes, y de ahí que haya tardado tanto en actualizar. De todos modos tengo mucho trabajo pendiente tras dos semanas fuera de combate, así que no podré recuperar el ritmo de antes. O sea, que no habrá actualizaciones todos los días por el momento. Pero voy a intentar subir un capítulo cada dos o tres días, a ver si lo consigo.
