A los días Ciel un poco menos adolorido atendía a sus hijos porque de alguna forma sentía que ellos le reconfortaban en su melancólico vivir, pensaba lo realmente hermosos que eran mientras embelesado los miraba en su cuna después de darles el biberón, con un brebaje que les daba los suplementos necesarios para saciar su hambre a la vez los ayudaba a dormir.
—Eres muy parecido a tu padre... —Susurraba al pequeño cuyos rasgos eran parecidos a Sebastian, rasgos que se iban acentuando con el pasar de los días. No pudo evitar que la nostalgia embargara su ser al pensar en su amado demonio, como moría de ansias por contarle que tenían un hijo juntos, que su anhelo se había cumplido que todas esas sesiones de amor y placer habían dado su fruto en ese pequeño que lo hacía recordarlo cada vez que lo tenía cerca— Espero que el te conozca pronto... Tu padre es el mejor demonio que hay en el infierno; atractivo, amoroso, galante y... Sin contar las muchas veces que me ha salvado...
Sin darse cuenta comenzó a llorar al pensarlo, cuanto agradecía haber cruzado su destino con el de Sebastian, su ser y su corazón estaban vivos gracias a él. El bebé le miraba parecía sonreirle al escucharle hablar así y tratara de animarlo.
—Como mi alma no tenía validez al llegar aquí al infierno le entregué mi corazón a cambio, tenía tanto miedo de amar, él me ayudó a vencer ese miedo, acepté que lo amaba y aún antes de caer en el infierno ya lo amaba, omitiendo los detalles pervertidos de ese amor tú fuiste concebido...
Hablaba con el pequeño en susurros para que Claude que le gustaba espiarlo no escuchara, acariciando su cabello de color negro azabache lo hacia dormir, minutos después dándole un beso a ambos se despedía para ir a su habitación a descansar también.
—¿Se durmieron?
Claude le cuestionaba recostado en su cama al parecer estaba esperando al joven, un susurrado "Si" fue su respuesta para ir a ponerse su pijama, como habían quedado de acuerdo al nacer los bebés tenían que figurar ser una pareja normal de casados. Esa era la actuación de su vida, complacer a su esposo era el precio a pagar por la vida del pequeño hijo junto a Sebastian.
—¿Todavía te duele? —Le cuestionaba Claude cuando veía a Ciel recostarse a su lado.
—Si, me duele... Siento que me dan punzadas por momentos. Lamento todavía no poder complacerte como quieres.
—Llegará el momento, tenemos suficiente tiempo todavía.
Ciel le sonreía falsamente era como una extraña manía que había aprendido de Sebastian que ahora bien le servía. A pesar de no todavía intimar sexualmente, el joven demonio dejaba su cuerpo a su merced para saciar las ansias de su esposo, que aprovechaba para besarlo, acariciarlo y hacer otro tipo de contacto físico que le regalara placer.
A los pocos minutos Claude gruñía de placer cuando la boca del joven devoraba su miembro sentía como llegaba hasta su garganta en cada estocada, se estremecía al exquisito roce de sus dientes y al ser envuelto en su húmeda lengua, no dejando de gemir tiritaba en cada estimulo que le daba esa pequeña y sensual boca. Cuando estaba a punto de eyacular obligaba que el otro abriera los ojos para que lo mirara fijamente al llenar su boca con su esencia, era aún más erótico.
Mientras el demonio mayor sonreía al quedar satisfecho en la cama, Ciel con lágrimas en los ojos dentro del baño enjuagaba su boca para eliminar cualquier resto de semen que hubiera quedado después de esa felación que fue obligado a hacer, se sentía tan asqueado. Sentía que era una forma sutil de prostituirse pero por su hijo haría lo necesario, al menos estaba a salvo por unos días más de que tomara su cuerpo por completo.
A la mañana siguiente se veía a Noah junto a Ciel dando el desayuno a sus bebés. Aunque eran unos jóvenes padres primerizos se esmeraban en su nuevo rol con mucho cariño.
—¿Estás seguro que no quieres decirle? Tienes tiempo de escribir ese pequeño detalle en la carta que le llevaré más tarde a mi padre.
—Siento que es algo que no puedo decirle en una carta, debo decírselo yo mismo.
—Pero Claude te prohibió ir a verlo.
—Él no puede vigilarme siempre, en algún momento podré escaparme y verlo... Necesito verlo, tocarlo... Sentirlo... —Con un sonrojo hablaba mientras su voz se cortaba un poco.
—Y añadir a eso debes decirle que tienen un lindo hijo juntos. —Noah le decía tratando de animarlo— Solo me imagino su emoción cuando se entere.
Ciel sonreía al ver a sus bebés aunque tenía su preferido, hacia sentir amado a los dos por igual después de todo el otro niño no tenía la culpa de haber sido concebido sin amor alguno.
—Claude anda muy cariñoso contigo estos días ¿No? —Noah curioso le cuestionaba.
—Ni me hables de eso... —Susurraba Ciel con molestia recordando ese detalle— Creo que quiere enamorarme pero ¿Cómo quiere que lo ame si me obliga a succionarle el pene cada noche?
—Ehh Ciel... No digas eso frente a los niños.
Los dos sonrieron entre si, Ciel sonrojado desviaba la mirada al parecer cuando estaba enojado era demasiado sincero así que prefirió callar.
Al mediodía Noah después de varios días llegaba a esa parte del infierno donde su padre era recluido, este con mejor animo lo saludaba.
—Ciel tuvo a su bebé por eso no pude venir antes...
Sebastian se quedaba callado ante la noticia, esbozando una sonrisa se alegraba al oír que su amado estaba adolorido pero bien al igual que su hijo, se sentía aliviado porque su mayor miedo de perderlo en ese parto. Noah mordía su lengua para no contarle la verdad a su padre pero hasta el último momento antes de salir de casa prometió a Ciel no decírselo, cumpliría su promesa y respetaría su decisión de que él se lo contaría.
—¿Su bebé es lindo? Si se parece a Ciel seguro lo es si es igual al idiota de Claude, pobrecito niño.
—Ah papá... Se parezca a quien se parezca es lindo porque es hijo de Ciel. —Con una sonrisa le aclaraba— Pero la verdad es lindo porque se parece mucho a nuestro Ciel.
—Me gustaría verlo debe ser adorable.
—Pronto quizás podrás verlo solo sigue portándote bien —Noah notaba como unas oscuras presencias se iban acercando—Debo irme... Te dejo esta carta.
Sebastian emocionado tomaba sigiloso ese trozo de papel era uno de los detalles que más ansiaba de esas cortas visitas, a la vez también le daba una nota a su hijo al despedirse, al verlo alejarse junto a esas sombras se iba a su rincón a leer esa ansiada carta casi de inmediato.
Mi amadisimo Sebastian...
No tienes idea de cuánto te extraño, cada día, cada noche, cada minuto... Siempre, aún cuando duermo en mis sueños estás presente esa es una de las formas que me ayudan a superar esta distancia fisica entre nosotros. Como te habrá contado Noah, tuve a mi hijo... Es muy lindo todos dicen que se parece a mi, espero pronto puedas conocerlo y me digas si es así. Cuando haya mejorado estoy planeando ir a visitarte, así que espérame en cualquier momento podré verte al menos unos minutos, necesito hablar contigo de un asunto muy importante. Te amo tanto mi dulce demonio anhelo más que nada el momento en que podamos estar juntos de nuevo. Mi corazón es tuyo por siempre.
Ciel P.
Sebastian no podía evitar emocionarse con las palabras leídas del joven demonio que amaba, le animaba tanto el leerlas dándole las esperanzas que por momentos sentía perder, su mente enamorada hasta imaginaba su voz y sus gestos al hablar de todo aquello que leyó. Ahora más que nunca estaría atento a sus visitas sabiendo que él podría aparecerse en cualquier momento. Lo que le inquietaba un poco era ese "asunto muy importante" dudaría de sus afectos sino fuera porque esa carta emanaba tanto amor de su parte. ¿Qué querría decirle? La incertidumbre lo mantendría ansioso hasta verlo.
Por su parte Ciel en su habitación leía la pequeña carta de Sebastian que le llegó a través de Noah después de su visita, con una sonrisa entre lágrimas apretaba a su pecho ese trozo de papel que le reconfortaba en gran manera.
Mi amado Ciel... Mi dulce joven amo...
No puedo describir la sensación de vacío que me atormenta al estar lejos de ti, sé que fui un idiota al dejarme llevar de esa manera arruinando todos nuestros planes. Sé también que cuando nos veamos el castigo de ahora no se comparará en nada al regaño que me darás... ¿Debo preocuparme cariño?
Te extraño tanto, lo único que me mantiene vivo es el ferviente amor que te tengo. Que irónica la vida ¿No? Tú te enamoraste de un demonio casado y yo estoy enamorado de uno casado también pero no importa si nuestro amor esta destinado a ser clandestino porque eso es más divertido. Te amo tanto Ciel... Nada en esta eternidad cambiará este sentimiento.
Siempre tuyo y de esta jaula.
Sebastian Michaelis.
—Idiota... —Susurraba Ciel al releerla no entendía como unas palabras podrían llenarlo de esa manera, Sebastian seguía siendo Sebastian, ese tonto demonio con extraño sentido del humor que lo enamoró, sus labios esbozaban una sonrisa mientras secaba sus lágrimas.
Ahora más que nunca estaba convencido de que quería verlo, tocarlo, regañarlo y después besarlo apasionadamente, solo tenía que planear su pequeña escapada para los próximos días.
—¿Estás seguro? Si Claude te descubre podría desquitarse con el bebé. —Noah un poco dudoso quería hacer reaccionar a su terco amigo cuando este le contó que iría esa tarde a visitar a Sebastian.
—Lo vengo planeando hace días, Claude hoy no vendrá hasta muy tarde porque tiene un contrato que cumplir. —Le decía en un susurro mientras estaban con los bebés— Necesito ver a Sebastian... ¿No quieres que lo vea?
—Si... Claro que si... Pero...
—No te preocupes si algo llega a salir mal tengo un as bajo la manga que hará mitigar el enojo de mi esposo...
—¿Qué harás?
Acercándose a su oído le susurraba algo en respuesta, Noah solo suspiró resignado.
—Él no me dejará así nomas no sin probarme por completo, si me descubre aunque lo dudo le haré el amor hasta dejarlo sin aliento.
—¿Tan confiado estás de tus habilidades como amante? —Un poco burlón le insinuaba Noah.
—Tuve al mejor maestro...
—No te confíes de Claude quizás aunque se lo hagas bien eso no impida que te lastime a ti o a los bebés.
—Lo sé... Pero debo arriesgarme sino lo hago no veré a Sebastian, se qué los comprometo mucho a ti y a Mathew pero debes entender esta desesperación.
—Solo no hagan una locura los dos al verse de nuevo, promete que regresarás pronto.
—¿Qué locura haríamos?
—No lo sé... ¿Escaparse juntos?
—¿Y dejar a mis bebés a merced de Claude? Yo no soy idiota como tu padre, amo mucho a Sebastian, estoy harto de esta vida junto a Claude pero no me precipitaré a nada sin pensarlo.
Emocionado Ciel en la tarde junto a Mathew se dirigían al lugar donde estaba Sebastian, a cada paso que daba sentía que su corazón latía con fuerza, estaba arriesgando todo por un solo instante para verlo pero estaba tan empecinado en hacerlo que ahora no pensaba en las consecuencias.
—Ciel... Tienes solo unos minutos, mi amigo aquí los dejará a solas sin que nadie los vea o los oiga así que aprovecha a decírselo. —Mathew le hablaba mientras en la entrada esperaban que la puerta se abriera. Estaba tan nervioso y ansioso que apenas entendió lo que le dijo.
La puerta se abrió lentamente dejándolo pasar, solitario empezó a recorrer un sendero oscuro apenas si podía ver por donde caminaba, temía caerse pues sus piernas tambaleaban porque hacia frío. Veía a unos metros una especie de jaula que estaba un poco iluminada, suponía que ahí debía llegar, ahí estaba su Sebastian.
—Sebastian... —Susurró conteniendo su emoción cuando se acercaba a esa jaula, nadie respondió a su llamado eso le confundió un poco. ¿Se habían equivocado al indicarle que ahí estaba su demonio? ¿Dónde estaba Sebastian?
Volvió a susurrar su nombre al estar más cerca de esa jaula que parecía vacía, de un sobresalto casi cae al suelo pero unos brazos lo sujetaron atrayéndolo de lo nuevo. Unidos y separados a la vez por esos fríos barrotes, ambos se quedaron viendo en silencio presos de la emoción.
—Maldito bastardo... Me asustaste... —Susurró Ciel todo sonrojado, estaba tan emocionado por ese agarre, de sentirlo tan cerca, de su aliento rozarlo a pesar de la casi absoluta oscuridad podía distinguirlo. Esa mirada carmesí que destellaba al parecer en lágrimas, al sentirlo tan callado que era tan extraño en él, no pudo contenerse más así que juntando sus labios a los de su demonio en un profundo y dulce beso lo saludaba.
—Te extrañé mucho... —Entre besos Sebastian le hablaba, sentía que no podía dejar de besarlo que si lo hacía su dulce demonio de mirada azulina se iría dejándolo en esa soledad que tanto odiaba.
—Yo también te extraño... Te amo... Te amo tanto Sebastian... —Dejando su timidez le confesaba mientras se dejaba consentir en besos y caricias por su demonio, que diferente se percibían sus besos a los que su "esposo" se obligaba a corresponder pero no era momento de pensar en eso.
—Lo arruiné todo... Perdóname... Se supone que debías casarte conmigo que debías ser mi esposo. —Con la voz entrecortada le hablaba un conmovido Sebastian mientras no dejaba de acariciarlo y perderse en la mirada llorosa de su pequeño demonio amante. Ciel tenía tanto que decirle y a la vez tanto que callar para no atormentarlo más.
—No fue solo tu culpa... Yo también fui muy ingenuo, tan débil... Pero no hablemos de eso, basta con atormentarnos por nuestras culpas cuando estamos separados ahora estamos juntos aprovechemos el tiempo.
—Tienes razón...
—Siempre tengo razón.
Ambos sonrieron juntando sus labios se besaban de nuevo, después de todo el sabor de estos besos debían perdurar hasta la próxima vez que se vieran. Aunque Sebastian quería saber como era su matrimonio con Claude, callaba sus dudas para no atormentarse ambos con esa triste realidad. Parecían estar condenados a ser amantes por la eternidad, perteneciéndose pero a la vez no, separandose sutil de ese beso no dejaban de verse cariñosamente entre lágrimas.
—Antes de que te vayas... Dime el asunto importante que comentaste en tu carta, eso no me ha dejado tranquilo estos días.
—En si ese motivo me dio la valentía de escaparme para venir a verte. Te lo diré pero por favor Sebastian debes prometer que lo tomarás con calma, no actúes como idiota.
Sebastian notaba su seriedad, seriedad que lo intrigaba aún más.
—¿Es algo malo? ¿No vas a decirme que te enamoraste de Claude?
—Claro que no... Odio a ese idiota... Y te odio a ti por suponerlo.
El demonio sonreía al ver ese puchero de su amado, cuánto extrañaba sus gestos berrinchudos y sus pequeñas discusiones, embelesado rozaba su nariz a la suya muy tiernamente.
—Dime qué es... Prometo que lo tomaré con calma, he aprendido a controlarme con este castigo.
—Noah te contó de mi hijo... ¿No?
—Si me lo contó, dijo que es igual a ti... Eso lo hace hermoso y muero por conocerlo.
—¿Te emociona aunque no sea tuyo?
Sebastian comenzó a llorar amargamente entre sollozos le pedía perdón por no protegerlo a pesar que habían quedado en no entristecer este breve momento juntos. Ciel conmovido secaba sus lágrimas con besos, sensación agridulce que estremecía su ser entero.
—Pero Noah no te contó todo... —En un susurro le hablaba haciendo que Sebastian lo mirara fijamente, expectante a que terminara de hablar— Tuve dos bebés... Y el otro es tuyo... Tenemos un bebé juntos.
Ciel se lo confesaba con una sonrisa nerviosa pero eran nervios de los buenos, de genuina emoción. Sebastian no sabía como reaccionar ante la noticia, lo hacia tan feliz que lo dejó sin palabras solo sonreía igual de nervioso como su amado lo hacia. Sentía que en medio de toda la desesperación vivida en estas semanas al fin un destello de felicidad los alcanzaba.
—No estaba tan equivocado al creer que mi hijo crecía dentro tuyo. —Emocionado le hablaba, al final su instinto de padre tenía razón.
—Se parece tanto a ti... Es un pequeño tú que me reconforta mucho en esta separación.
—Quiero verlo... Quiero conocerlo.
—No hagas otra estupidez ahora queriendo escaparte. —Le regañaba apretando con fuerza sus mejillas con ambas manos— Si te lo conté es para que tengas un motivo por el cual resistir este castigo, trataré de que lo conozcas pronto pero debes portarte bien.
Sebastian sentía sus mejillas arder con esos pellizcos hasta esta tosca muestra de afecto le resultaba reconfortante y dulce.
—Promete que te portarás bien... Nuestro bebé y yo estaremos esperando. —Entre besos le hablaba cuando soltó sus mejillas— Es una orden.
—Si mi señor... Mi amado señor...
Besándose con toda la intensidad que su amor les permitía se resistían a separarse a pesar que sentían como alguien se les acercaba, pero se separaron obligados cuando Mathew advertía a Ciel que debían marcharse.
—Te amo Ciel... —Susurraba Sebastian cuando se despedían.
—Te amo tanto Sebastian... —Con la voz ahogada le confesaba empezando a caminar con prisa hacia la puerta, no quería ver como lo dejaba en esa jaula.
Sebastian veía esa pequeña silueta alejarse cuando se perdió de su vista regresaba a su rincón pero ahora con una verdadera sonrisa le hacia tan feliz imaginarse a su bebé, un bebé con su amado Ciel era todo un sueño hecho realidad y un nuevo motivo para seguir resistiendo; ahora solo debía pensar racionalmente como salir de esta jaula para recuperar a su Ciel y a su pequeño hijo.
—¿Dónde estabas querido esposo? —Cuestionaba en tono sarcástico Claude en la entrada de su casa viendo como llegaba Ciel junto a Mathew— Veo que ya estás mejor hasta para salir a dar paseos.
Tomándolo toscamente del brazo lo llevaba casi arrastrando dentro de la casa, Noah iba a defenderlo pero Mathew le sugirió que no se entrometiera entonces solo escucharon como con fuerza la puerta de la habitación de ellos se cerraba y los sollozos de Ciel como ecos resonaban llenando de impotencia a sus dos amigos.
Muchas gracias por seguir atentxs esta historia 💕💕💕 espero que este capitulo haya sido de su agrado...
