Los personajes de Kingdom Hearts y Fire Emblem: Three Houses no me pertenecen, sus dueños son Disney, Square Enix y Nintendo.
CAPITULO 27 – REUNION DE CAMARADAS
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Ha pasado un día desde la muerte del capitán Jeralt, el padre de Beres.
De no haber sido por Sora, Beres no se habría recuperado del shock a los pocos minutos como lo hizo, su sola presencia era su único rayo de esperanza y la razón para seguir adelante con su propósito.
Estaba determinada a vengar la muerte de su padre tarde o temprano, no esperaba el dia que llegara para enfrentar a Monica y a Vanitas junto con Sora, pero estaba consciente de ello.
Mientras tanto, Sora salía de su habitación cuando se le encontró a Annette y Mercedes jadeando de tanto correr seguramente.
— ¡Chicas! ¿Qué sucede? —les preguntó el pelicafé.
— ¡Sora, te estábamos buscando! ¡Tienes que venir! —respondió Annette el motivo entre jadeos. — ¡Hay un nuevo estudiante que está causando euforia en el patio!
— ¿Quién? —inquirió Sora expectante.
— Se llama Riku, dice que te ha estado buscando. —respondió Mercedes ganándose la atención del chico.
¿Acaso escuchó bien? ¿Riku entró al monasterio como estudiante? No estaba alucinando, ¿cierto?
— ¡¿Riku está aquí?! —exclamó Sora esbozando una sonrisa animado.
— Si, allá está, solo ten mucho cuidado con las chicas, se me hace que se le fueron encima. —afirmó Annette además de aconsejarle que se cuidara de las fangirls.
Sora corrió como el alma que lo llevaba el diablo hacia donde estaba toda esta multitud que estaba bien loca generando euforia.
— Con permiso… Con permiso. —decía Sora mientras caminaba entre la multitud. — ¡Riku!
El pelicafé buscaba a su amigo entre la multitud hasta que llegó a reconocer el color de su cabello y así fue capaz de encontrarlo llevando el mismo uniforme que los demas.
Entre tantos empujones y jaloneos, el peliblanco logró separar a las fans alocadas y fue así como encontró a su amigo perdido.
— ¡Sora!
— ¡Riku!
Los dos chicos se dieron un tremendo abrazo como camaradas reuniéndose después de mucho tiempo.
— ¡Cuánto tiempo sin vernos! —dijo Sora alegre mientras seguían abrazados.
— Igualmente. ¿Cómo estás? ¿No te sentiste solo? —preguntó Riku luego de responderle de igual manera.
— Nop. De hecho, he hecho nuevos amigos aquí en la academia de oficiales. — respondió el portador de la llave espada
— ¿En serio? Que bueno ver que todavía sigues siendo el mismo.
— Bueno, lo mejor sería alejarnos de esa multitud, Riku.
Después de huir de las chicas locas, Sora y Riku llegaron a la azotea del monasterio para poder conversar tranquilos sin que nadie los molestara, al menos por un buen rato.
— ¿Cómo está todo por allá? —comenzó Sora preguntando por los demás.
— Bien, todos están construyendo una nave que es capaz de viajar a un mundo en segundos, aunque tengo que confesar que eso tomará años antes de que vengan y nos saquen a los dos de aquí. —argumentó Riku las acciones que tomaban sus amigos.
— ¿Y Kairi? ¿Cómo ha estado? — preguntó el pelicafé por su amiga.
— Está entrenando con los demás, Sora. Quiere expiar sus culpas por lo que te pasó y volverse muy fuerte, tanto como nosotros. Después de todo es una princesa del corazón y es por ese motivo por la cual está decidida a no cometer el mismo error dos veces. —declaró el peliblanco el motivo por la cual llevó a Kairi a aprender a pelear.
— Ya veo… Quiere volverse más fuerte. —comentó Sora conmovido por las palabras de su camarada. — Me gustaría verla así.
— Tarde o temprano llegará el dia que volvamos a verlos, Sora. —afirmó Riku con una sonrisa.
— Ansío verlo llegar, a propósito, ¿Cómo llegaste hasta aquí? —coincidió el portador de la llave espada además de hacerle esa pregunta.
— Oh, claro, de la misma manera como lo hiciste para rescatar a Kairi. —respondió el peliblanco dándole a entender aquello lo que hizo para salvar a la chica.
— El poder del despertar… Riku, no me digas que…
— Sip, no podía esperar más para buscarte y sobre todo ayudarte a lidiar con Xehanort y sus compinches. —declaró Riku determinado, sorprendiendo a su amigo.
— ¡Vaya! Nunca pensé que te arriesgaras a perderte en algún mundo, imagínate que no hubieras tenido suerte en caer en Fódlan. —comentó Sora en ese estado.
— Si, tienes razón, tuve suerte en haber llegado hasta aquí de panzazo, el maestro Yen Sid nos había formado de tu paradero y nos planteábamos la posibilidad de traerte a casa, pero como este mundo está demasiado lejos del nuestro, era muy complicado que la nave o algún medio de transporte llegara hasta aquí sin quedarse sin combustible. — le platicó Riku lo difícil que era la situación en ese momento.
— Ándale, la verdad esto está muy difícil, ojala terminen de construir la dichosa nave que dices, no puedo esperar a ver a Kairi patear traseros. —dijo Sora mostrando optimismo. — A propósito, ya que tú y yo llevamos el mismo uniforme, ¿A qué casa te uniste?
— Pues, estuve preguntando en donde estabas, y pues Hanneman y Manuela me dijeron a cual casa te uniste, y fue así como escogí unirme a la misma en la que estás. — le explicó Riku llegando a asombrarle.
— ¿Te uniste a las Águilas Negras? ¡Entonces somos del mismo equipo! — expresó el pelicafé alegre estrechando las manos como hermanos. — Vamos, te llevaré a nuestra aula.
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AULA DE LAS ÁGUILAS NEGRAS
Sora entró al aula con su recién ingresado amigo llegando a sorprender a algunos de sus compañeros.
— ¡¿Eh?! ¡¿Es este nuestro nuevo compañero?! —se exaltó Caspar sorprendido por la presencia del recién ingresado.
— Si, acaba de ingresar a la academia. —Sora les afirmaba las palabras de su compañero.
— No cabe duda que tienes un amigo guapo, Sora. —comentó Dorothea coqueta.
— ¿Cómo te llamas? —preguntó Ferdinand inspeccionando su aspecto.
— Riku.
— ¿Riku? Jamás habia escuchado un nombre así, ¿de dónde vienes por cierto? —comentó Edelgard curiosa.
— Bueno, ambos venimos de muy pero muy lejos, ¿verdad, Riku? —lo cubrió Sora dándoles una media mentira blanca, ya llegaría el momento de decirles la verdad.
— Si, somos del lejano continente oriental. —secundó el mencionado siguiéndole la corriente.
— Ya veo, con razón ustedes dos reciben la atención de las mujeres, ¡Ouch! ¡Ingrid! — Sylvain les hacia un comentario indecente por lo que recibió un codazo de parte de la rubia.
Entre pláticas y risas, Riku empezó a relacionarse con los chicos de la casa roja y conocer a sus compañeros.
Después de mucho tiempo, Beres entró al aula para impartir su clase aunque no sin antes de presentarles a su nuevo compañero.
— Supongo que ya conocen a su nuevo alumno, ¿no es así? —empezó la profesora. — Bien, se llama Riku, viene del lejano oriente y a partir de este momento estudiará con nosotros.
Y fue así como le dieron una calurosa bienvenida y tomaron clases como siempre, Riku no tuvo casi dificultades para comprender el estudio que la peliazul marino impartía, de hecho, al contrario, y a diferencia de Sora, no tuvo problemas para lidiar con la parte teórica del arte del combate, para la sorpresa de todos los demás estudiantes.
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Luego de que terminase las clases, Riku salió del salón siendo acompañado por Sora y los demás a caminar por el monasterio, en eso se encontraron con Hilda y Marianne yendo por el mismo rumbo.
— ¡Oh! ¿Tú eres el estudiante nuevo? —lo saludó la pelirroja alegre.
— Eh… Si. —respondió Riku mostrándose algo tímido.
— No por nada hay muchas chicas pisándote los talones, muchachito. —comentó Hilda recalcándole lo que sucedía esta mañana. — Ahora tenemos dos orientales en el monasterio.
— A mí me pasa lo mismo, ya te acostumbrarás. —lo tranquilizó Sora dándole a entender que tarde o temprano ya no los mirarían a ambos de esa forma.
— Vamos, Marianne, saluda. —la animaba Hilda.
— Ho-Hola. —dijo la peliazul claro en tono apagado.
Marianne se sentía incomoda por tener que interactuar y en parte era introvertida, juzgando por su forma de ser una persona callada y de expresión triste y depresiva. Hilda quería de alguna forma, cambiar a su amiga y que mejor que presentarle a Riku y a sus amigos.
— ¿Cómo se llaman? —preguntó el peliblanco curioso.
— Me llamo Hilda, ella es Marianne. —se presentó la chica alegremente.
— Mu-Mucho gusto. —secundó la otra en tono tímido.
Marianne no se percataba de esto pero muy en el fondo le gustaba, le gustaba el dulce voz del muchacho, igual a Hilda también sentía el mismo gusto.
Después de todo, Riku capaz y podría hacerle el juego a Sora, a su manera claro.
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Por otra parte en el pasillo, Dimitri poco a poco mostraba indicios del descenso a la locura mientras luchaba para no caer en la oscuridad como Xehanort le advertía.
— No… ¡No puedo caer en la oscuridad! ¡No! —siseó el rubio luchando para mantener la cordura.
Durante este tiempo, el futuro rey de Faerghus empezaba a volverse algo paranoico debido a que no dejaba de experimentar esos dolorosos y atroces recuerdos de la tragedia de Duscur, y eso hacía que involuntariamente se le subiera las tendencias perturbadoras a la cabeza llegando a amenazar con tomar el control de no solo su corazón, sino su mente.
— Dimitri, ¿Qué tienes? —expresó Felix a secas, aunque en el fondo se miraba desconcertado por el comportamiento.
— ¡No me toques! Solo aléjate… por favor. —le ordenó Dimitri tratando de no perder la cordura. — No sé qué me pasa… pero últimamente siento que puedo descender a la locura en cualquier momento…
— ¿De qué rayos estás hablando? — le inquirió el peliazul preocupado. — ¿Acaso no tuviste suficiente con lo que te sucedió hace tiempo?
— Te diré la verdad… Xehanort… intentó derrotarme y apoderarse de mi corazón… Y no hablo de enamorarnos ni nada, hablo de que quiere que ceda a la oscuridad… —aclaró el delegado entre sollozos. — Felix, si algo me pasa y cedo a la locura, dile a Sora y a todos que lo siento… Por favor…
— No puede ser Dimitri… ¿Es esa la razón por la que has estado actuando raro en estos días? —Felix le pidió confirmar si todo lo que dijo era verdad, a lo que el rubio le afirmó con la cabeza.
El peliazul se miraba muy desconcertado ante la faceta de su amigo, si bien recordaba el momento cuando Dimitri hizo aquello hace tiempo atrás, no dejaba de reconocer que algo estaba muy mal con él.
— Vete, por favor. —Dimitri le pidió que se retirase en un intento de contener sus problemas de arranque.
Felix hizo lo que le dijo retirándose dejando solo a su amigo, en el fondo no le gustaba ver a su amigo así, temiendo la consciencia si el delegado de la marca azul podría ceder a la locura debido a la influencia maligna de Xehanort y perder la cabeza por completo.
— ¡Felix! —lo llamó Ashe aproximándosele.
— Ashe, ¿Qué te trae por aquí? —preguntó el mencionado fingiendo su frialdad pero el peliblanco lo notaba.
— Es sobre Dimitri, últimamente no se mira bien en estos días, ¿Qué le habrá pasado? —comentó el chico igual de intrigado.
— Lo que pasa es que… —Felix apretaba los puños mostrando consternación por su bienestar. —Dimitri poco a poco está cediendo a la locura, igual como aquella vez que puso muy violento y cosas así…
— No puede ser… —articuló Ashe asustado.
— Pero no solamente eso, me dijo que poco a poco su corazón se está llenando de oscuridad y si algo le sucede… me pidió que no nos preocupáramos por él. —comentó el pelimorado siendo directo.
— ¿Hay alguna forma de revertir el problema y hacer que Dimitri vuelva en sí? —cuestionó Ashe afligido por la noticia.
— No estoy seguro la verdad, pero lo que si te digo es que tengamos con él y no debemos hacerlo enojar. Me preocupa su actitud. —Felix le pedía ser cauteloso con el rubio reconociendo la peligrosidad que él representaba.
— ¿Qué sugieres? —Ashe le preguntaba por las medidas a tomar.
— ¿Qué tal si, nos unimos a la clase de Sora? — declaró Felix su iniciativa.
— ¡¿Unirnos a Sora?! —exclamó el peliblanco sorprendido por las palabras de su amigo.
— Si, no vaya ser que suceda lo que tememos, si no aprende a controlar su ira, tal vez cuando sea rey, puede mandar a matar a diestra y siniestra a todo aquel que se meta en su camino, y la verdad no podemos formar parte de un ejército sediento de sangre. —argumentó Felix las razones para formar parte de la casa roja.
— Ya veo, ¿Y Dedue vendrá con nosotros?
— No lo creo, Ashe, él es la mano derecha de Dimitri, no va venir.
— Me asusta la idea de tener que enfrentarlos en una guerra, Felix.
— A mi igual, pero hay que estar preparados, Ashe.
El peliblanco asintió y se plantearon en pedirle a Beres que se unieran a su clase para formar parte de las Águilas Negras.
En eso se toparon con Mercedes y Anette caminando por el mismo rumbo.
— Hola chicos, ¿Cómo han estado? —preguntó la pelinaranja oscura.
— Bien, acabamos de hablar con Dimitri, ¿ya han visto como se encuentra? —respondió Felix preocupado por su integridad.
— Ah sí, últimamente está muy alejado de nosotros. —respondió la rubia de igual manera.
— Y no solo eso, está haciendo su lucha para no dejar que la oscuridad se apodere de su corazón. — secundó Ashe.
— ¿Oscuridad en su corazón? —les preguntó Annette.
— Si, Xehanort intentó apoderarse de su corazón y volverlo su marioneta, lo que conlleva la posibilidad de que si cede a la locura, y no solo eso, sino tambien a la oscuridad… No quiero imaginarme las posibilidades que Dimitri tenga como rey de Faerghus. —Felix expuso la alta probabilidad del problema.
— Eso es terrible… —Mercedes estaba asustada por la sola posibilidad. — Mucha gente puede morir…
— Es lo más seguro, no quiero tener quitarle la vida a alguien de ese modo, y menos si me manda alguien sediento de sangre. — expresó Ashe de igual manera.
— ¿Y qué piensan hacer? — les inquirió Annette por las acciones a tomar.
— Estamos pensando en unirnos a las Águilas Negras. —declaró Felix su iniciativa.
— ¿Piensan unirse a la clase de Sora? —expresó Mercedes asombrada por las palabras. — ¿Por qué?
— Por lo mismo, para evitarnos problemas con Dimitri, para protegernos de cualquier locura que él pudiera cometer. —les explicó el chico sus motivos.
— Ahora que lo dicen… Mercie y yo nos planteábamos la posibilidad de unirnos también al equipo de Sora. —confesó Annette entusiasmada.
— Bueno, ¿Qué dicen? ¿Nos unimos a las águilas negras? — las invitó Ashe.
Las chicas accedieron a la proposición de unirse a la casa roja y acordaron en decirle a Beres que les dieran lugar en el equipo.
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EN LA CAFETERIA
Mientras tanto, Sora y todos los demás disfrutaban de la comida que se les daba en la gran mesa del monasterio, era la primera vez que Riku degustaba de la comida medieval, aunque viajaba a los mundos medievales como el de los tres mosqueteros o en donde vivía Quasimodo, nunca se le miro con muchísimas ganas probar cada bocado que había en el menú.
— Está riquísimo. —dijo el peliblanco mientras hablaba un poco con la boca llena comiendo el bistec.
— La comida de aquí es deliciosa. —comentó Sora haciendo lo mismo que los demás. —Te va a encantar.
Mientras comían, Felix y los demás entraron a la cafetería y se dirigieron hacia la mesa en donde el grupo de Sora se sentaba.
— Felix, chicos. —los saludó el pelicafé.
— Hola. —respondió el pelimorado casual. — Tú debes ser el amigo de Sora del que todos hablan, ¿no es así?
— Así es. Vine de muy lejos para encontrarlo. —respondió el peliblanco, poniendo más curioso al chico.
— Oh, se te nota, ¿Cuál es tu nombre?
— Riku.
— Felix. Me gustaría ver que tan capaz eres usando tu arma. —se presentó el pelimorado retándole a un 'duelo'.
— ¡Felix! ¿Quieres dejar eso por favor? —le reprochaba Ingrid molesta por su obstinada actitud.
— Lo siento, es la costumbre. —se excusaba el chico en son de paz.
— Bueno, a lo que llegamos, lo que les vamos a decir es personal, ¿Ok? Quiero que esto quede entre nosotros. —comentó Ashe al respecto.
Fue así como ellos les contaron lo que pasaba con Dimitri y algunos quedaron desconcertados ante la mala noticia.
— Que terrible… Dimitri la está pasando muy mal… —comentó Beres consternada.
— Su corazón está cediendo a la oscuridad… Tenemos que hacer algo para revertir el problema. —proponía Riku pero Felix lo detuvo.
— No creo que sea una buena idea enfrentarlo por ahora… No en la academia… —argumentó el pelimorado. — Podria cometer una locura y atacar a todo el mundo, créanme, yo lo miré hacer tiempo.
— ¿En serio lo hizo? —preguntó el peliblanco intrigado, a lo que el otro asintió con la cabeza.
— Y además, vinimos por el otro motivo. —empezó Mercedes. —Nos gustaría unirnos a su equipo.
— ¿Piensan unirse a nuestro grupo? —preguntó Edelgard sorprendida por la declaración.
— Asi es, quisiéramos unirnos a las Águilas Negras. —les confirmó Felix.
— No es por ofender a Dimitri, tememos que podría cometer una locura cuando sea rey y nos ordene a asesinar a diestra y siniestra. —les explicó Ashe el motivo por querer formar parte de las águilas.
— Ya veo… Si la probabilidad de que eso suceda es alta, entonces no queda más remedio que… hacerlos parte de nuestro ejército. —declaró Beres haciéndolos parte de su clase.
— ¡Gracias, maestra! —agradecieron los chicos por su gesto.
[Felix forma parte de tu casa]
[Annette forma parte de tu casa]
[Mercedes forma parte de tu casa]
FIN DEL CAPITULO 27
