Señorita Morrison II
Jenn aceleraba el coche rumbo a las afuera del estado del California, donde residía la hermana de Lana por su trabajo. Había hecho un trato con Lana vía mensajitos, ella buscaría a la preciosa Lola para que las acompañara junto con Ava hasta el aeropuerto. Esperarían a Lana en el estacionamiento. La morena estaba encantada con la idea de ver a Ava en su casa y le había confiado el ir a buscar a Lola. Le avisaría a su hermana Deena que pasaría por ella el lunes por la tarde por su casa.
Eso también la tenía un poco nerviosa durante el domingo, pero era una amiga haciendo un favor. No tenía por qué sentirse así. Lana hablaba de ella con su familia y mentiría si dijera que ella no había mencionado a Lana durante esta semana a Julia y a su madre. Ambas se habían alegrado de que hubiera retomado el contacto con otra de sus ex colegas. Ahora mirándose en el retrovisor del coche pensaba que igual se había vestido demasiado casual teniendo en cuenta que vería a parte de la familia de su amiga, a una parte importante de hecho. Su hermana. Pero había pensado que mejor estar cómoda para el ir y venir, y así cuando saliera del coche para ayudar a Lana con las maletas pasaría más desapercibida. La gorra de Chicago Cubs la pilló de salida, sin pensárselo mucho.
Se detuvo frente a la casa que le indicaba el GPS y la observó un momento. Era una casa estándar en tamaño, pero muy bonita. Bajó del coche y empujó a Ava a seguirla, sería la primera vez que vería a Lola y quería que se conocieran de manera natural. Su pequeña solía ser muy tranquila y mona, aunque como buen perro pequeño era un pelín escandalosa ante la novedad. Al parecer, no le gustaban los cambios, al menos no momentáneamente.
La puerta de la casa se abrió y Jennifer observó como la hermana de Lana salía con Lola a su lado, mientras le ponía la correa de paseo. Levantó la mano en señal de saludo antes de hablar de verdad.
-Hola Jennifer – fue lo primero que dijo la joven que se parecía a Lana, al menos un poco.
-Hola Deena, ¿cómo estás? – Lola al oír su voz comenzó a ladrar para acercarse provocando que Ava ladrará también.
-Oh, pero si es Ava, Lana me dijo que tal vez vendrías con ella – la instó con la mano – pasa dentro de la verja así tienen espacio para conocerse.
Jenn lo hizo y Ava avanzó cautelosamente hasta la otra mujer, la cual soltó la correa. Lola dio un par de pasos y ambas perras se olfatearon la naríz con cierta tensión, luego giraron una alrededor de la otra. Olerse era una forma de descubrir al otro perro y Jenn sabía que había que mostrarse relajado para no causarles nervios. Contuvo la respiración un segundo y soltó todo el aire al ver que, como si hubieran escuchado una alarma invisible, Lola y Ava se pusieron a corretear por el patio jugando un poco.
-Menos mal que se llevan bien – dijo finalmente.
-Por supuesto – Deena no parecía preocupada para nada – Lolita es muy dulce y estoy segura que entiende la importancia que Ava tiene para ti, está tratando de llevarse bien con la compañera de su amiga.
-Su amiga – susurró Jenn sonriente – me gusta ser su amiga, ven aquí Lola – la llamó y la perra acudió a su atención, mientras Deena aprovechaba para darle unos mimos a Ava y la atención que le solicitaba - ¿qué sucede, preciosa? ¿Nos vamos a buscar a Lana al aeropuerto?
Al oír el nombre de Lana, Lola gimió entusiasmada. Jennifer río encantada, estaba claro que la devoción de Lana y su mascota era mutua.
-Gracias por cuidar de ella – le agradeció la hermana de la morena – estoy segura que Lana estará más que feliz de ver a Lola hoy mismo, no se la habría podido llevar hasta mañana.
-No te preocupes, igualmente quería buscarla al aeropuerto y tenía el día libre – le explicó la rubia – así que ¿por qué no acaparar a Lola para mi sola por un rato? – le hizo unas caricias y dejo que volviera a sus asuntos con Ava.
-Es muy amable de tu parte – volvió a repetir Deena.
-Nada, nada, siento haberte molestado a ti, Lana me dijo que te quedarías esperándome.
-No te preocupes, por favor, no todos los días una ex colega de mi hermana pasa por mi casa – comentó la mujer – bueno, jamás ha sucedido algo como eso, para que mentirte.
Ambas mujeres se rieron – tenía que haber una primera vez – objetó Jenn.
-Me han contado que hoy te harás cargo de la cena – Deena le guiñó el ojo – te han tocado las ocupaciones de la casa, ¿eh? – haciendo una clara y divertida alusión a Jenn y Lana como una pareja.
-Como venganza le haré sacar la basura esta noche – bromeó la rubia sintiéndose muy cómoda con esta casi desconocida mujer – bah, no voy a mentirte, sólo compraré sushi para dos.
-Es más de lo que han hecho otros por Lana, créeme – Deena meneó la cabeza positivamente. Jenn no pudo evitar pensar en Fred. ¿A eso se referiría la hermana de Lana? – además, a mi hermana le encanta el sushi.
-Lo sé, solíamos compartir durante la serie algún almuerzo – Jenn observó su reloj – es tarde, si no quiero pillar el atasco de las 5 será mejor que me apresuré.
-Es cierto, pues la próxima le pides a mi hermana que te traiga con ella y te vienes a pasar un domingo con nosotras – Deena lo dijo tan tranquilamente y Jenn pensó que tenía que ser la sangre latina o italiana, porque no era tan común para ella o su familia invitar a alguien a casa para una reunión más íntima.
-Se lo haré saber, no te preocupes – le aseguró – gracias por esperarme.
-De nada, por cierto, indícale cuál es su sitio – dijo señalando a Lola – ella se quedará muy quieta durante el viaje, mi hermana la adiestrado muy bien – le aseguró.
-Gracias, ahora mismo – Jenn se iba a marchar y, de repente, la asaltó una duda – oye, Deena, ¿a tu hermana siguen gustándole las mismas cosas que durante la serie?
La hermana de la morena sonrió de medio lado en un gesto que a Jenn le pareció querer decir algo que no entendió – yo creo que si – la mujer río audiblemente -, pero si me preguntas por el sushi, también.
Sin darle mucho más margen que para despedirse, volvió dentro de la casa y Jenn se mantuvo con su cara de no entiendo nada por unos segundos, mientras le indicaba a Lola quedarse en el asiento trasero. Ava se acomodó a un lado de su nueva amiga y ambas perras bostezaron a la vez.
-Algunas que yo me sé se van a dormir una buena siesta y, vaya, no soy yo – dijo poniendo en marcha el auto y llamando a su restaurante de sushi favorito por el manos libres. ¿Qué habrá querido decir Deena con ese "yo creo que si"? se preguntó, pero no tuvo tiempo para responderse nada porque del otro lado de la llamaba le dijeron 'Buenas tardes'.
Ya en el estacionamiento del aeropuerto miró su reloj, dándose cuenta que Lana no tardaría en encontrarlas. Cómo conocían muy bien el aeropuerto quedaron en verse en una zona de carga y descarga rápida que solía estar más despejada. Jenn veía como las personas iban y venían a su alrededor sin percatarse del coche aparcado. Solo era un vehículo más. El ascensor que llevaba a la zona pitó y Lana con su maleta apareció a la vista de la rubia que sonrió. Salió del coche de inmediato, justo cuando Lana repasaba la zona con su mirada y al verse ambas sonrieron más si podía ser posible.
-Señorita Parrilla – dijo Jenn – su carruaje la aguarda y sus princesas también.
-Oh, ¿se señala a usted misma, Señorita Morrison?, que narcisista ha resultado ser – le replicó la morena y Jenn no dudó un segundo en estrecharla en sus brazos.
Se quedaron así un momento. Jennifer notando como Lana se relajó mientras la abrazaba. Se separaron, entonces la morena le quitó la gorra que llevaba y se la puso ella.
-Bienvenida – le dijo la rubia – guardo la maleta y nos marchamos –y agregó rápidamente – por cierto, no me refería a mi cuando hablaba de princesas, sino a ese par que esperan en el coche.
Lana abrió la puerta de atrás haciendo un sonido encantador al ver a Lola completamente entusiasmada acompañada de Ava – mi amor – le dijo a Lola - ¿tienes una nueva amiga? – su perra gimió casi desesperadamente – claro que si, cariño, yo también te he echado de menos.
Jennifer entró al coche luego de dejar la maleta. Observó cómo Lana se dividía entre acariciar a Lola y a Ava – no te preocupes por la pequeña, creo que tu chica te necesita más que ella.
-Lo sé – dijo Lana acariciando las orejas de Lola con las dos manos -, pero no está de más darle mimos a esta cosita preciosa – y le hizo una carantoña a Ava - ¿verdad, bonita?
La pequeña perra gruñó positivamente y finalmente Lana dejó a ambas, entrando al coche y sentándose en el asiento del acompañante.
Jenn le señaló las bolsas con la cena que reposaban entre ambos asientos – la cena está lista, cariño – su tono emulaba a alguna publicidad familiar de televisión.
-Lo fácil que te ha resultado – Lana la observó sospechosamente – no creo que te hayas levantado a las 4 de la mañana para prepararla.
-Después del esfuerzo que he hecho llamando por teléfono y así me pagas – la rubia meneó la cabeza - ¿vamos a casa?
-Será a MI casa – replicó Lana – le das la mano y te toma del brazo – se quejó divertida.
-Por hoy y mañana, será mi casa también – contestó Jenn – luego veremos – Lana rodó los ojos al escucharla – no te quejes, que al menos te he preparado la cena.
Lana meneó la cabeza afirmativamente – es cierto, me has venido a buscar al aeropuerto, me has traído a mi Lola y me has preparado un seguramente que riquísimo sushi - sopesó un segundo – es más de lo que muchos han hecho por mí antes, Jenn.
La otra actriz se quedó pensando en eso. Otra vez aquel comentario, pero no quería tocar el tema si Lana no estaba preparada para decírselo por sí sola. Además, acababa de llegar de un vuelo de 14 horas, mejor era darle un respiro. Condujo el coche fuera del aparcamiento y puso rumbo a casa de Lana.
-¿Qué tal estuvo Ghent?
-Ghent en sí mismo es hermoso aunque lo demás aburrido, ya sabes que disfruto con la gente, pero a veces es repetitivo.
-Lo sé – comentó Jenn – las mismas preguntas – vio como Lana asentía – las mismas respuestas.
-El público se renueva y siempre hay alguien que quiere preguntarte algo que ya te preguntaron mil veces – Lana hizo una mueca de cansancio – a veces me conformaría con que alguien me preguntará algo sobre mi carrera hoy, ¿sabes?
Jenn se río – ¿y no preguntar sobre Regina? O mejor, sobre Bex, Sean, Jared...
-Y sobre ti – añadió la morena haciendo que Jennifer sonriera.
-Y sobre mí, eso es inevitable – suspiró – al menos en tu próxima convención estarás con los chicos.
-Cierto, tú no – respondió Lana – te aburrirás.
-Por suerte, te tendré a ti para entretenerme.
-Vaya, tendré un fin de semana de muchos mensajes, ¿no?
La rubia río audiblemente – créeme que tendrás que vaciar la memoria.
-Espero recibir muchas exclusivas – aseveró Lana.
-¿Ahora si quieres mis exclusivas? – Jenn vio como la morena asentía divertida y agregó - ¿quién entiende a las mujeres?
Lana soltó una carcajada que hizo que las dos perras se pusieran alerta en el asiento trasero – tranquilas – dijo luego y levantó el dedo para que Lola no se entusiasmará demasiado intentando llegar a ella.
-Parece que se emociona al oírte reír – comentó Jenn.
-Seguro lo hace, pero debe comportarse como niña buena – Lana volvió a advertirle cuando su mascota trató de acercarse y Lola obedeció sentándose donde estaba de inmediato – anda, conduce a casa que muero de hambre.
Jenn hundió el shashimi de salmón en la salsa de soja y le dio un bocado, mientras Lana le contaba anécdotas graciosas de su paso por Ghent y los fans. Habían hablado de muchas cosas sobre el fin de semana y ambas estaban muy relajadas. Lana no había querido darse una ducha la llegar, a pesar de asegurar que le vendría muy bien. Prefirió pasar directo a la cena.
-En fin, que al final me pase toda la tarde del domingo con fotos y autógrafos, quedé cansadísima – dijo la morena y se dedicó a dar cuenta de una nigiri de tamago que se veía delicioso según ella. Y que lo estaba de acuerdo a Jenn.
-¿Qué tal el panel del sábado? – preguntó Jennifer.
Lana saboreó su cena – que sabroso – admitió – ya lo has visto, es lo que has seguido por las redes sociales.
-Sólo he visto no sé, medio hora.
-¿Cuánto crees que duró en primer lugar? – la morena se cuadró de hombros y bebió un poco de vino – quizás un poco más de una hora y ya te dije que lo que preguntaron es más o menos lo mismo de siempre.
Jenn hizo una mueca de indiferencia – no me culparás por no interesarme – dijo haciendo que Lana sonriera y negará con la cabeza.
La rubia se quedó un segundo en silencio recordando que en los videos había notado a Lana algo triste y que está le había dicho que era algo que hablarían en otro momento. Su compañera levantó la mirada y se quedó atrapada por sus ojos que la observaban intensamente.
-¿Qué? – preguntó.
-¿Estás bien?
Lana abrió los ojos algo sorprendida y bufó como si no entendiera - ¿te parece que no? Ahora mismo, me siento estupenda.
-No digo ahora, digo en general – le aclaró la rubia – ya sabes que hay momentos en que no te he visto bien en los videos.
Lana suspiró haciendo una mueca de cierto desasosiego. En silencio pareció plantearse alguna cosa – no es nada, en verdad, un momento bajo como lo puede tener cualquiera, ¿sabes?
-Yo sé – Jenn no se sintió del todo convencida, tenía la sensación de que la respuesta no era totalmente sincera, pero no se sentía en condiciones de insistir – yo no te voy a insistir con el tema porque creo que tú sabes que estoy aquí.
Lana le acarició la mano con la suya y ella se perdió en el gesto – lo sé, Jenn, y créeme cuando te digo que aquí contigo estoy fenomenal – la morena desvió su mirada y de paso la caricia observando a Ava y Lola – y con ellas también.
-Míralas que cómodas que se quedan las dos juntas, ¿no? – comentó Jenn viendo como Lola y Ava habían hecho suyo el sofá de Lana – se toman muchas atribuciones yo creo.
-Se crecen porque confabulan contra nosotras con sus monerías – Lana sonrió – que hermosas y lo bien que se han llevado de inmediato.
-¿Será porque se parecen a sus dueñas? – preguntó la rubia.
-Si se parecieran a sus dueñas, Ava se marcharía en mitad de la noche al otro sofá sin decir una palabra – picó Lana riéndose en voz alta.
-¡OYE! Pero volvería para desayunar – replicó entonces Jenn.
-Sí, la comida siempre atrae como moscas a las Morrison – Lana fingió desencanto.
-Yo diría que son las Parrillas, pero vale, la comida puede ser también.
-Tonta – Lana meneó la cabeza – ahora mismo, demasiado parecida a Emma Swan y su aparente obsesión con la comida.
-Soy bastante más como Emma de lo que esperarías – aseguró Jenn – aunque no tanto como para casarme con un pirata con una sola mano.
-No olvidemos que ese pirata apesta a ron y no se baña.
-Y usa delineador – las dos se rieron con fuerza – en el fondo, eso tiene que ser un síntoma, ¿sabes?
-¿De qué? – quiso saber Lana.
-Piénsalo, de todos los hombres que pasaron por la vida de Emma, se queda con el único que usa maquillaje y con complejo de metrosexual – la rubia se encogió de hombros – yo me lo haría ver.
-Yo creo que es un síntoma de que no le importaría compartir el delineador con alguien, aunque podría buscarse alguna persona a la que le quedará mejor – respondió Lana.
-Me da a mí que a la que le queda genial el delineador es a Regina – Jenn le guiñó un ojo.
-¿Me lo dices o me lo cuentas? – Lana sonrió de medio lado – por supuesto que a Regina le queda mucho mejor el delineador que al piratilla, Señorita Morrison.
Jenn se mordió el labio y sonrió también – no tengo ninguna duda, me basta con mirarte.
-Touché – la morena no hizo otro comentario, sólo le acercó la copa y brindaron antes de beber un sorbo – veo que los fanfics te sirvieron para enterarte de un par de cosas, ¿no?
Jennifer asintió. Aún no habían sacado el tema, pero sabía que no tardarían. Después de todas las emociones que había acumulado leyendo esas historias se preguntaba cómo podría encarar el tema y hablar de ellas con Lana. ¿Por dónde podría empezar? Parece que Lana lo tenía más naturalizado porque sacó el tema ella misma. Aun así tuvo que carraspear para que no se le notará demasiado que estaba más que entusiasmada con ese tema. De hecho, había seguido leyendo fanfics después de terminar los dos que se pasaron mutuamente.
-Pues si – dijo y notó que su voz surgió un poco más aguda de lo esperado – ha sido una experiencia interesante, algo que no me esperaba.
Lana entornó los ojos - ¿sólo eso? – preguntó.
Jenn suspiró – me encantaron, ¿vale? – admitió – hacia mucho que algo no me gustaba tanto como esos estúpidos fanfics.
-¡Ey! No insultes a esas maravillas que crea la obsesión por nosotras, bastante mejor que en la serie nos han dejado– se quejó Lana.
-Los insulto sólo porque me han gustado muchísimo y me molesta tanto que se note lo débil que soy ante Regina – Jenn se corrigió rápidamente – que es Emma quiero decir.
-Claro – Lana sonrió de medio lado – solo Emma.
-Oye, no te pases, eh – Jennifer la señaló con un dedo – anda que Regina no babea ni nada por Emma en los dos fics.
-Regina, no yo – aseguró Lana y Jenn frunció el ceño, haciéndola reír – va, cuenta, ¿cuál te gusto más?
-Creo que Mensajes es mi favorito de los dos, aunque el otro es una maravilla – afirmó Jennifer.
-En esto estamos de acuerdo, aunque reconozco que me fascinó La princesa y la prisionera, creo que es una vuelta de página a la historia que ni siquiera me había planteado y que han desarrollado de forma soberbia – argumentó Lana – la historia camina lento y seguro, a pesar de que incorpora otras opciones inesperadas como la historia de Emma con Red, o de Blue y Red, incluso la evolución del Snow y David – se notaba que a la morena realmente la había atrapado la historia, Jenn sonrió con su emoción latente sintiéndose menos sola en este mundo nuevo de sensaciones – en este sentido, creo que Mensajes peca de ser más rápido y menos original.
Jennifer meneó la cabeza -, pero tiene la virtud de ser más fiel a la serie y de que puedas imaginarte que esto pude pasar perfectamente en la historia original, bastaría con cambiar un poco el guion y ya estaríamos en el camino – la rubia tomó aire – si quisieran llevar a la serie el otro fic sería como hacer una serie totalmente diferente – expuso – de hecho, lo es, es un OUAT totalmente distinto.
Lana meditó durante unos segundos – eso es cierto, ¿te hubiera gustado que algo así sucediera en la serie? – preguntó.
Jenn tragó saliva antes de responder - ¿por qué no? Ellas se aman de una manera que vale la pena contar.
Lana la observó intensamente sin quitarle los ojos de encima. A la rubia le parecía que le absorbía la respiración solo con mirarla. La miraba de una manera que no lograba comprender, pero sentía que detrás de esos ojos había una gran curiosidad y también incertidumbre.
-A Regina nadie la ha amado así – la morena habló de repente – como Emma la ama en Mensajes Recibidos – sus ojos clavados en la copa que movía en su mano – me sentí dolida por el final que tuvo al leer esa posibilidad.
-No eres la única – Jenn atrajo la atención de Lana – me sentí dolida y al mismo tiempo encantada con esa alternativa – vio como la otra mujer sonreía – abrumada, pero muy satisfecha.
-Lo mismo, yo me sentí tan encantada que no dormí por leer entero el primer fic – confesó Lana.
Jenn desorbitó los ojos - ¿no dormiste? – Lana negó - ¿por eso te sentías tan cansada durante el domingo?
-Si – contestó simplemente la morena – no puedo evitarlo, tenía que leerlo – se notaba que estaba incomoda al contarlo.
-Yo no fui al evento – Jenn pensaba en reservarse ese detalle, pero no pudo al presenciar ese momento de sinceridad – me olvide que tenía que ir a la inauguración de un bar – se cuadró de hombro – le dije a mi agente que estaba cansada con la grabación y me creyó, pero la verdad es que me pase el sábado leyendo sin poder evitar sentirme tan, pero tan emocionada, que no podía casi ni procesarlo.
Lana sonrió de medio lado controlando visiblemente la respiración - ¿por qué nos afecta tanto? Mi cabeza no ha parado de darle vueltas.
-Porque sabemos que nos merecíamos algo mejor y verlo, leerlo, aunque pudiera frustrarnos, hace justo lo contrario – Jenn se perdió en los ojos de Lana que no parecía dispuesta a soltarla – nos da una esperanza, nos muestra esta realidad que parece tan correcta que es imposible no deleitarse, no disfrutarla.
Ambas se quedaron en silencio durante unos segundos. Lana parecía recluida en algún misterioso pensamiento que causaba muchísima curiosidad a la rubia.
-Gracias – le dijo de repente – gracias por compartir esta experiencia conmigo, por convencerme, hizo que el fin de semana fuera mucho mejor.
-A ti – Jenn sonrió -, pero no creas que he terminado de hablar esto, tengo mucho para preguntar y comentar.
-Pregunta – le respondió Lana.
-No, primero un comentario – Jennifer sonrió de medio lado – no era consciente de tu vena de asalta cunas, Señorita Parrilla.
Lana soltó una carcajada – no, por favor, casi me muero cuando Emma dice amantes, pero por suerte era sólo un error conceptual – aclaró – al menos hasta cierto capítulo del que ya hablamos.
-Oh sí, lo tengo muy presente, el capítulo 34 – la rubia hizo un gesto de entendimiento – debo reconocer que tu fanfic favorito hace un mejor trabajo con este tema.
-¿No te quejarás de que Mensajes Recibidos tiene sus momento tensos también? – Lana se sentía tan relajada que no podía evitar ser sincera – esos mensajes que intercambian fueron – hizo una pausa para buscar una palabra apropiada con el interés evidente de Jenn clavado en su rostro – sugestivos.
-¿Sugestivos? Venga ya, dilo abiertamente – replicó la rubia – vamos, te fascinaron, te hicieron cosquillas.
-¡JENN! – la morena soltó una carcajada - ¿a ti no?
-Yo no dije lo contrario – contestó la rubia – y tú tampoco.
-No me líes – respondió Lana – anda, ¿qué es eso que guardaste en la nevera la llegar?
-Sí, sí, tú cambia de tema, pero volveremos a tocarlo más adelante – la actriz sacó de dentro de la nevera lo que había traído de postre, viendo como Lana bostezaba abiertamente – ¡uy!, pero que sueño tienes.
-Estoy bien – manifestó Lana – estoy bien.
-Estás agotada, después del postre a la cama – dijo imperativamente.
-Sí, mamá – contestó Lana con tono condescendiente, al ver como Jenn rodó los ojos agregó – sí, Jenn, tienes razón, pasa que no quiero enviarte a la cama a las 10 de la noche.
-Me vendrá perfecto descansar, mañana a las 10 tengo que estar en el set y tendremos mucho por hablar en el desayuno, a las 8 te iré a golpear la puerta – le advirtió.
-Es buena hora – Lana tenía la mirada fija en el recipiente que contenía dos pequeños pastelitos verdes - ¿qué es eso?
-Mochis helados de té Matcha – explicó Jenn.
-¿Mochis?
Jennifer se sorprendió de la expresión de duda de Lana - ¿Mochis?, ¿el postre japonés? – Lana negó - ¿En serio?, pues siempre hay una primera vez, ¿no? Me juego la cabeza a que te gustarán.
La rubia tomó uno entre sus dedos y lo acercó a los labios de Lana – despacio, que está frío, es un helado – le sugirió, dándose cuenta lo íntimo de esta acción.
Lana no le dio tiempo a retroceder tomando su mano y acercándola más a sus labios. Mordió el pastelito sintiendo el impacto del frío con sus labios y dientes. El momento en que hundió los dientes en el postre a Jenn la recorrió un escalofrío de pies a cabeza, casi como si alguien pasará aquel pequeño pastelito helado por su espina dorsal. Espasmo que trató de disimular respirando profundo.
Lana cerró los ojos saboreando el sabor a té verde, azúcar y vainilla, mezclado con la pasta que envolvía el helado – sabe bien – dijo provocando la satisfacción de Jenn, que terminó por pasarle el Mochi para que se lo acabará por su cuenta. Ambas comieron su postre sin hablar y dirigiéndose alguna mirada sonriente.
La morena acompañó a Jenn a su habitación - ¿estarás bien aquí?
Jenn asintió – si, no te preocupes, ve a descansar, se te cierran los ojos – dijo acomodándole un mechón rebelde de cabello que insistía con tapar los ojos de Lana – mañana te despertaré para desayunar.
-Siento estar tan cansada – se disculpó la mujer.
-Viaje en avión de más de 13 horas, ¿qué esperabas? – le respondió simplemente Jenn – buenas noches, Lana – le deseó dándole un beso innecesario en la mejilla. Ninguna opuso queja. Cuando estaba cerrando la puerta, Lana llamó su atención por última vez.
-Jenn... si hubiera pasado en la serie lo de Emma y Regina, ¿hubieras estado de acuerdo con interpretarla?
-Ya te dije, ¿por qué no? – contestó la rubia encogiéndose de hombros.
-No, pero digo si hubiera incluido esas escenas, las que son más íntimas – la voz de Lana se volvió más bajita a medida que hablaba – va, no me hagas caso – dijo sintiéndose desatinada y girándose a su cuarto.
-¿Por qué no? – la voz de Jenn la detuvo y la hizo girar por completo - ¿por qué no? – repitió simplemente – hasta mañana, Lana.
La morena suspiró – hasta mañana, Jenn – respondió sonriendo y guardándose toda la turbación que sintió al escuchar esa pregunta como respuesta, sintiéndose muy poco profesional por tenerla.
¿Qué les ha parecido? Quiero saber cosillas!
