¡Yura! —la voz de Otabek lo hizo volver en sí, lo miró con el teléfono aún en la oreja. No sabía que expresión tenía, pero el rostro de su amigo era muy preocupado— ¿Quién es?

Al otro lado del auricular se podía escuchar la voz del japonés llamando una y otra vez su nombre— lo siento, no tengo tiempo para hablar contigo ahora —habló con frialdad y cortó. No tenía tiempo para tonterías, su abuelo había muerto recién y tenía un vacío enorme en su pecho. Quería llorar, gritar y patear todo lo que estuviera a su paso, pero no podía hacerlo en ese lugar, en ese momento— Beka, por favor… llévame a casa —su voz era suave y denotaba todos sus sentimientos. El alfa no sabía que había pasado ni con quien hablaba por el teléfono, pero lo mejor en ese instante era cumplir con su petición, él se encargaría del papeleo hasta donde pudiera.

El celular del rubio volvió a sonar y este lo apagó sin querer escuchar nada ni a nadie, solo quería tranquilidad, ni siquiera quería pensar en algo realmente. Otabek habló en el mesón, avisó que llevaría al omega a casa porque lo necesitaba y que después volvería a ordenar todo lo necesario.

No tardaron mucho en llegar a la casa del rubio, el omega la sentía tan vacía ahora que comenzaba a asimilar que no vería mas a Nikolai ahí viendo la televisión, cocinando piroshkis o retándolos por jugar brusco con Otabek… recibiendo a Yuuri con los brazos abiertos y alegrándose de que la relación de ambos omegas fuera bien. Necesitaba a su novio, pero este lo había traicionado yéndose con otro, mientras más tiempo pasaba, más real se le hacían todas las cosas.

Otabek lo acompañó hasta su habitación, quería preguntar que había pasado en aquella llamada, pero Yuri se veía tan destruido que prefirió esperar a otro momento. Iba a retirarse cuando el omega llamó su nombre, suplicándole que no lo dejara solo, que lo acompañara y se quedara a su lado y por supuesto que el alfa no se negó, Yuri era como su hermano menor y lo cuidaría siempre, más ahora que su única familia consanguínea ya no se encontraba junto a él.

Se acostó a su lado, sintiendo su aroma más dulce de lo normal, no era su celo tal vez era una manera de atraerlo al sentirse tan triste. No importaba ya que las feromonas del omega no surtían efecto en él desde hace mucho, desde que comenzó a verlo como familia. Lo abrazó y entonces Yuri comenzó a hablar entre sollozos.

Estaba con él —las palabras fuera de contexto eran incomprensibles para el moreno, pero solo se limitó a acariciarle el cabello esperando que hablara más y así poder entender a que se refería con esa frase— Yuuri se fue con el anciano y yo no pude hacer nada —su voz cada vez salía mas rota y eso rompía poco a poco el corazón del alfa.

¿Cómo lo sabes? ¿Estás seguro de que no fue un malentendido? —le preguntó con voz tranquila, no quería discutir con el omega en ese estado. Era obvio que así Yuri solo se cegaría ante sus propias ideas.

Me llamó desde su teléfono, estaba con él en vez de acompañarme a mí. No importa la razón, no estaba conmigo —Otabek lo meditó un momento, Yuuri no sería tan tonto como para engañar al rubio y delatarse llamando del celular de Víctor, pero por otro lado estos días habían sido difíciles para todos, la presión pudo hacer que el omega azabache corriera a los brazos del más cercano y ese era el platinado ya que tenía conciencia de que Phichit no estaba mucho en contacto con él, además de que tenían esa conexión y Yuri lo había estado tratando indiferente o mal esos días.

Habían demasiadas cosas, lo único cierto era que él debía enfocarse en el rubio y nadie más ahora, por lo que no podría seguir insistiendo con el beta y mucho menos darse el tiempo de averiguar que había pasado realmente con Yuuri. Su lealtad siempre estaría con su familia y eso no cambiaría por nada.

Se quedaron dormidos y abrazados hasta que la puerta sonó, el alfa se levantó para ir abrir corroborando que el rubio seguía dormido. Bajó la escalera y al abrir se encontró con Yuuri— Yuuri ¿Qué necesitas? —preguntó con su tono habitual.

Yuri… ¿Está aquí? Fui a la clínica, pero me dijeron que se habían ido a casa y que el señor Plisetsky… —los ojos se le humedecieron y se abrazó a sí mismo, Otabek iba a consolarlo cuando por sobre el hombro del azabache pudo ver el auto de Víctor y a este dentro. Entonces tal vez todo era cierto.

Lo siento, pero no creo que sea bueno que te vea en este momento —le habló con seriedad— menos con él.

Yuuri lo miró extrañado, se suponía que todo lo que tenía que ver con Víctor ya estaba aclarado, el alfa le prestó su teléfono y además se ofreció a llevarlo donde necesitara ¿Cuál era el problema contra el platinado? El japonés sabía que Víctor no era una mala persona.

¿Por qué dices eso? ¿Desconfías de mí? —le preguntó aún con lágrimas en los ojos, pero ya comenzando a molestarse, si sus sentidos no le fallaban Otabek estaba impregnado por el aroma de Yuri— yo podría pensar de la misma manera —había acumulado el enojo, la frustración, la tristeza y el estrés por tantos días que ahora estaba explotando y diciendo cosas que no debería— podría pensar que tú y Yuri tienen algo.

Puedes pensar lo que quieras —no estaba para juegos de celos. Soportaría los de Yura, pero no tenía porque hacerlo con los del otro omega— pero aún así no te dejaré entrar, no creo que quiera verte.

Víctor bajó del vehículo seguramente sintiendo a su destinado alterado, lo que lo ponía en alerta instintivamente, más aun con otro alfa ante él — ¿Qué ocurre? —preguntó acercándose de una manera que emanaba respeto, el problema era que Otabek también era un alfa y esa casa era su territorio ya que pasaba más tiempo ahí que en la suya.

Nada que te importe —respondió de manera seca, él no solía ser irrespetuoso, pero esto ya se estaba saliendo de control. Otabek también quería demasiado a Nikolai y se había estado aguantando por Yuri, no reaccionaria mal con el novio de su amigo, pero el platinado era un tema distinto, mas si venía emanando feromonas como si estuviera marcando algo que no era suyo.

La conversación no duró mucho más, Víctor abrazó a Yuuri por los hombros y le dijo que era mejor retirarse, instintivamente el omega sucumbió ante su instinto y se abrazó de Víctor para sentirse protegido y consolado.

Se fueron sin mas y el platinado dejó a Yuuri en su casa, se tomó el atrevimiento de acariciarle el cabello y dejar un beso en su mejilla como siempre. Víctor no veía esto como una oportunidad, de hecho ni siquiera había pensado que el omega podría aferrarse a él, solo se sentía triste por su omega y por todo lo que estaba pasando. El japonés había intentado ser fuerte, apoyar todo lo que podía y por un pequeño error todo se derrumbaba y nadie veía sus buenas intenciones. Eso lo molestaba, pero lo único que podía hacer era estar ahí para Yuuri cuando este lo necesitara. No forzaría nada entre ellos, porque no era correcto y a él no le gustaba jugar sucio.

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Otabek se preocupó de todo el papeleo y Yuri se sumió en la soledad de su habitación hasta el día del funeral. No quería ir, pero era el único familiar vivo en ese lugar. Asistieron muchas personas que conocían a su abuelo y Yuuri estuvo ahí, intentó acercarse al rubio pero este no lo dejó, se alejó en todas las ocasiones que pudo evadiéndolo en todo momento. Con cada momento que pasaba más traicionado se sentía.

No pudo decir ninguna palabra antes del entierro por lo que los desconocidos lo hicieron, él solo quería volver a encerrarse en su casa y no salir, se sentía débil y con la necesidad de abrazar a Yuuri, pero la rabia dentro de él y el orgullo le impedían acercarse a su omega y escucharlo, dejarlo hablar. Creía que si conversaban con él estando tan vulnerable, solo se dejaría llevar por sus palabras cuando en realidad Yuuri lo engañaba con Víctor.

Confirmó sus sospechas cuando vio que el omega al irse se dirigió al auto del platinado y Yuri solo pudo apretar los dientes, entonces si estaban juntos. No tenía cabeza para pensar en ello, no ahora.

Otabek y Yuri fueron los últimos en irse después del entierro. El rubio se sentó en la tierra apoyando su espalda en la lápida mientras el alfa lo observaba en la distancia, pues sabía que el omega necesitaba ese momento a solas.

Abuelo, lamento no haber estado ahí para ti cuando me necesitaste… si tan solo hubiera visto los síntomas antes, si hubiese estado ahí en vez de cegarme por algo que no tenía futuro, tal vez aún estarías aquí —miraba al cielo mientras las lágrimas corrían por sus mejillas, el clima no lo acompañaba puesto que era un hermoso día de primavera, le hubiese encantado que estuviera lloviendo— te necesito tanto, se siente tan vacío sin ti que es extraño... recuerdo cuando mi mayor problema era el herirme por jugar afuera y como curabas todo dolor con un beso y una bandita —sonrió levemente— ¿Quién puede besar mi corazón? ¿Existe algún tipo de venda que pueda ayudarlo a sentirse aliviado?... ¿Qué debería hacer? —había logrado salir de cualquier cosa antes solo porque Nikolai estaba ahí apoyándolo y ahora no tenía a nadie.

Miró hacia al frente y vio a Otabek en la distancia. Si tenía a alguien, sabía que el moreno lo acompañaría nuevamente hasta que se recuperara si es que lo hacía. Se levantó y sacudió su pantalón para luego dirigirse hacia el alfa y así caminar juntos hasta la motocicleta de este para poder refugiarse en su casa nuevamente.

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Los días pasaron y el omega no salía a ninguna parte, si comía era simplemente porque Otabek lo obligaba, pero este también tenía responsabilidades por lo que había momentos donde debía dejarlo solo y se iba preocupado de que Yuri cometiera alguna locura al sentirse solo. Aunque no lo había visto con indicios de querer hacerse daño, se denotaba que algo en él aún quería vivir y no dejarse caer por completo, aunque no entendía bien cual debía ser la motivación.

Yuuri iba a diario a la casa del omega, aunque también tenía responsabilidades por lo que iba todos los días por una hora, tocando constantemente o quedándose afuera de la puerta sentado cuando Otabek estaba ahí y le decía que su novio no quería verlo. También llamaba todos los días, aunque el celular del rubio permanecía apagado. ¿Qué podía hacer si Yuri no quería verlo? ¿Sería tan malo si se rindiera y se dejara caer simplemente? ¿Alguien podría culparlo?

Otabek sentía que ellos debían arreglar las cosas, pero Yuri no podía conversar en ese estado. Cuando el japonés se quedaba afuera y el alfa estaba en casa, le llevaba algo de beber, cosa que Yuuri rechazaba por sus celos infundados y su rabia contra el alfa que no lo dejaba entrar en la propiedad. Yuuri entendía la posición de Otabek, pero lamentablemente era el más cercano para canalizar su ira.

Dale un tiempo, deja de venir —dijo serio el alfa mientras se sentaba en el suelo a su lado.

No voy a rendirme —respondió molesto.

No quiere verte y le hace mal escucharte afuera. Sé que tú también lo estás pasando mal, pero no eres tú quien perdió a su única familia —su tono fue un poco molesto y Yuuri entendió que solo estaba actuando egoístamente— dale un tiempo y vuelve cuando todo esté más calmado, deja que pase su proceso de aceptación para que pueda ver una cosa a la vez.

El japonés no dijo más, se levantó y se fue a casa pensando en las palabras del alfa. Tal vez tenía razón ya que esto los estaba desgastando a los dos, si algo estaba claro es que forzando las cosas no estaba consiguiendo nada, así que dejaría que siguieran su curso.