Es luna llena, mejor déjame ir

Nota de autor: Ya ustedes se saben el cuento: Moosing escribió el fanfic, el mundo de Harry le pertenece a Joanne y yo traduzco para que ustedes se diviertan.

"Si la música es el alimento del amor, sigue jugando, dame un exceso de eso; ese sobreentrenamiento, el apetito puede enfermar, y así morir."

William Shakespeare.

REMUS:

Firme a su palabra, Sirius se le declaró a Rebecca tan pronto como el festín hubo terminado. Remus se había ido a la sala común, así que no vio a Sirius realmente hacerlo, pero era demasiado obvio cuando llegó con Rebecca pegada al brazo y se fueron a acurrucar al sofá más cercano del fuego, aquel que estaba reservado únicamente para Los Merodeadores.

Mientras Remus miraba desde el suelo con Hamish en su regazo, Rebecca reía, tirando su cabeza hacía atrás de forma que sus ondas negras se balanceaban de una forma totalmente seductora. A él le daba la impresión de que tenía espasmos en el cuello.

Luego ella procedió a implantarse directamente sobre el regazo de Sirius para acurrucársele cual gato posesivo, lanzándoles miradas amenazadoras a las demás chicas en la sala común, muchas de las cuales la veían con envidia.

Remus sintió a Lunático despertarse en su interior y su respiración se atoró con sorpresa. ¿Qué demonios estaba mal con él? ¿Podía verdaderamente estar tan furioso de que Sirius usara a una chica? Y entonces ¿Por qué no se había sentido igual de molesto con James, quien hacía lo mismo o casi peor con Bronwyn?

— ¡Es vomitivo!

Remus saltó con la distinguida voz femenina que decía lo que él pensaba en voz alta. Levantó la mirada para ver a Lily, quien sentada a su lado, veía en una dirección diferente a la suya, así que siguió su mirada. Viéndose muy fuera de lugar por sus colores Ravenclaw, Bronwyn se acurrucaba con James en otro sofá, susurrando algo en su oído. Remus se preguntó como James la habría metido. No podía recordar el haber visto a alguien de otra casa adentro. Era sorprendente lo que James era capaz de hacer por poner celosa a Lily.

Bronwyn se burló ante algo que dijo James y se acercó aún más a él mientras que el chico de desordenado cabello oscuro le ponía un brazo en la cintura. Remus se preguntó el por qué los adolescentes hormonados se convertían en clichés de libros románticos una vez tenían una relación que deseaban mostrar al ojo público.

— Ojalá que esto no sea otro de sus intentos por hacerse los graciosos —Lily declaró salvajemente, mirando mal a Remus— Ellas son chicas reales con sentimientos. ¡No pueden hacerle eso a las personas!

— No me mires a mí —Le gritó con cólera, mucho más fuerte de lo que pretendía ahora que Lunático estaba tan cerca a revelarse— ¿Te parece que yo tengo a una chica linda en mi regazo que se me inclina con cada palabra? Tengo un erizo en mi regazo y una insoportable muchacha sentada a mí lado, quien cruelmente me acusa de hacer algo con lo que yo ni siquiera estaba de acuerdo. ¡Somos Los Merodeadores! ¡Ellos no deberían...no deberían...argh! —No puedo pensar en otra forma de terminar su oración, así que le lanzó una mirada ponzoñosa a Lily antes de volver a mirar a Sirius.

— Santo cielo, Remus —Lily parecía sorprendida— Solo preguntaba.

— ¡No, estabas acusando! ¡Ahora lárgate!

Se quedó viéndolo: — ¿Qué te ha hecho levantarte con el pie izquierdo?

— ¡Te he dicho que te largues!

Lily siguió su mirada hasta Sirius, luego de regreso a Remus. Miró a Sirius una última vez. Su boca se abrió, volvió a cerrarla.

— ¿Qué? —Explotó Remus.

Su boca se abrió de nuevo y se quedó así mientras le dedicaba una mirada al grupo de chicas que veían a Rebecca y Sirius con envidia, luego de regreso a Remus.

— Oh Dios mío —Ella murmuró, y se dejó caer en su espalda de modo que rebotó el suelo al lado de Remus— Oh Dios mío, Remus.

— ¿Qué? —Le dedicó toda su atención a la vez que bufaba— Pensé que te había dicho que te fueras.

— Pobrecito. Pobre, pobre cosita. Con todo lo que pasaste con tu padre y el estar enfermo, ahora esto.

— ¿De qué demonios hablas?

— ¿Ellos lo saben? —Lily susurró— Me refiero a tus amigos.

— ¿Qué? —De repente Remus olvidó todo lo demás cuando vio su expresión de sorpresa y lástima. Ya había visto esa expresión antes, cada vez que alguien se enteraba de su licantropía. Todos los músculos en su cuerpo se tensaron. Hamish cambió de posición en su regazo y le lanzó una mirada de preocupación a Remus— Oh no...p-p-por favor... ¿Cómo lo a-a-adivinaste? ¡Por favor no le digas a nadie!

— ¿Así que es verdad? —Ella volvió a susurrar— Pensé, pero entonces, Remus, eso está mal visto en la sociedad mágica. Me refiero a que ya es malo con los Muggles, pero en la sociedad mágica es mucho peor y las cosas se podrían poner verdaderamente feas si alguien lo supiera.

— ¿T-t-tú no se lo dirás a nadie?

Lily le puso una mano delicadamente en su brazo: — Por supuesto que no lo haría. No puedes evitar ser así.

— ¡Gr-gracias! —Remus sintió que todos sus músculos se relajaban y se arrinconó a la pared con ojos cerrados de alivio— No podrías saber... ¡Espera un momento! —Volvió a sentarse y se le quedó mirando— ¿Los Muggles saben de nuestra existencia?

— ¡Claro que sí! —Ella se veía extrañada— Los Muggles también son humanos, para que sepas. Reconozco que tienen tantos homosexuales como los magos.

Remus se paralizó, su boca abierta de par en par. Su mente se quedó en blanco por unos instantes antes de que pudiera decir: — ¿Qué acabas de decir?

— He dicho —Repitió Lily, un poco impaciente— Que hay tantos h...

— ¡No, detente, detente! ¡Te escuché la primera vez! ¡Merlín, mujer, no lo repitas!

— ¡Tú me lo pediste!

Remus metió su cara entre sus manos. No sabía si ponerse a reír histéricamente o llorar: — Santo Dios, Lily, estás mal. Pensé que hablabas de otra cosa. ¿Qué en el nombre de Merlín te ha hecho creer...oh —Miró a Sirius, luego de regreso a Lily— No se trata de eso. No estoy molesto por ser...porque soy...por eso. ¡No es así entre los dos! —Su corazón martilleaba en su pecho mientras trataba de hacerla entenderlo— ¡No es así!

— ¿En verdad? —Le replicó escéptica— Nunca había visto una mirada de rechazo tan grande en toda mi vida. Si no estás enamorado de él, entonces te gusta Rebecca y jamás te había visto mirarla más de dos veces antes.

— ¡No lo hago! —Remus insistió con desesperación— ¡Estás equivocada!

— No, eso no es cierto. Solo estás en negación. Ya todo tiene sentido ahora, la manera en la lo miras y hablas de él. Recuerdo el día en que lo sujetaste con brazos dislocados para impedir que se cayera, todo sin quejarte una sola vez.

— N...no...

— ¡Sí! ¿El partido de Quidditch? Estabas tan enfocado en Black que ni siquiera viste anotar a Potter. Estaba sentada justo detrás de ti y pensé que Pettigrew me tiraría de la silla por la fuerza con la que te daba codazos.

— ¡Evans, para!

— ¿Con que ahora soy "Evans"? —Lo miró triunfante— Toqué un nervio, ¿Cierto?

— ¡P-para! —Remus tenía lágrimas por la desesperación agolpándose en sus ojos. Sentía como si ella lo estuviera despedazando en vida y le hizo creer que todo lo especial entre ellos estaba sucio y mal.

Los verdosos ojos de Lily encontraron a los suyos y ella se llenó de remordimiento: — ¡Oh Remus! Remus, perdóname. No debí...Lo lamento. Por favor, en serio me arrepiento. No debí haberte dicho todo eso. Lo siento.

— Solo d-déjame en paz —Susurró Remus.

— Lo siento, perdón —Continuó ella, tratando de poner una mano sobre su brazo que él inmediatamente se quitó de encima— Yo solo... —Se detuvo con su cuerpo tensionado— Pensabas que hablaba de otra cosa —Ella murmuró— Antes, cuando te prometí que nunca lo diría. Pensabas que hablaba de algo diferente —Ella estudió su rostro bañado en miedo— ¿Qué otros secretos tienes, Remus Lupin? ¿Cuántos más guardas? ¿Es otro muy grande, hm? Uno que podría hacerte un paria o provocarte la muerte en la sociedad mágica. Y también es sobre quién eres, ¿No es así? Algo que tú eres. ¿De qué se trata?

Remus se sintió enfermo hasta lo más profundo de sus huesos. Se puso en pie torpemente, abrazando a Hamish contra su pecho. Lily lo siguió tratando de retenerlo por el brazo: — Soy gay —Remus le susurró desesperado. Era lo menos terrible que podía afirmar. Por lo menos no lo matarían por ello— Estabas en lo cierto. Soy g-gay, y no quería que lo supieras. No hay nada más. No más secretos. Me gustan los hombres. Eso es todo.

— ¡Mentiroso! —Le acusó ella, sosteniendo su brazo— ¿Es peor que ser homosexual? Tienes tanto miedo de que me entere, ¿En verdad estarías dispuesto a fingir eso para despistarme? —Un sollozo cargado de temor escapó de sus pulmones y Lily inmediatamente lo soltó— Puedes decirme. Soy tu amiga.

Remus se giró y huyó en dirección a los dormitorios de los chicos, justo al cuarto de Los Merodeadores. Dejó a Hamish en su almohada y se tiró al lado del erizo, escondiendo su rostro.

Habían pasado pocos minutos cuando sus sensibles oídos escucharon el ruido de pisadas acercándose. Su nariz estaba presionada contra la almohada y no pudo olfatear para saber quién era hasta que una mano se presionó dulcemente contra su espalda: — ¿Lunático?

Sirius. Todo lo que Lily le había dicho regresó cual torrente de emociones: — ¡Aléjate de mí! —Gritó, su voz un poco lejana. "Abominación" pensó "Abominación. Por favor, Merlín y todos los dioses, no dejen que sea una abominación más grande".

Sirius apartó su mano: — Remus, lo siento. ¡Lamento que estés enojado! ¿Qué te hice?

"¡Nada! Eres maravilloso, perfecto y, MALDITA SEA, ella tiene razón. Haría todo en este mundo por ti. Soy una aberración retorcida". En voz alta solo gritó: — ¡Aléjate de mí! —Otra vez.

Después de un largo tiempo, escuchó que Sirius se levantaba y se iba. Giró hasta recostarse en su espalda y cerró los ojos. Justo ahí, no quiso hacer nada más que rendirse. Tirar la toalla y poder gritarle a quien fuera que controlará su destino "¡Me rindo! ¡Me rindo, maldita sea! Solo déjame en paz y acaba con esto"

Hamish se le acercó y acarició su mejilla con aquella nariz negra. Una lágrima escapó sus ojos cerrados y se deslizó por su mejilla.

— ¿Remus?

Giró su rostro a la puerta sin abrir los ojos: — Solo déjame tranquilo, J-James.

— Paso por el tremendo sacrificio de salir con otra chica para obtener la atención de Evans y eres tú quien debe quitársela de encima —Bromeó James, obviamente tratando de aligerar el ambiente.

Remus le dio la espalda a la puerta. Se limitó a acariciar la cabeza de Hamish.

— Sirius está molesto. No sabe que hizo para que no quieras hablarle.

— No estoy enojado con él —Remus respondió con furia.

— ¿No? —James se acercó y Remus sintió que su cama se doblaba por el nuevo peso— Parece que sí.

— Lunático está irritado. Estoy enojado con todo el mundo.

— ¿Por qué está irritado Lunático? Faltan años para la luna llena.

— Púdrete y vete a besuquearte con tu novia, James. Déjame solo.

— ¿Es por las chicas? ¿Lunático cree que son una amenaza para la manada? No debe hacerlo. Siempre seremos Los Merodeadores. Ninguna chica podrá cambiar eso. Maldición, Lunático. Jamás te había visto así de molesto. ¿Fue por algo que dijo Evans?

Remus dejó salir un gruñido de frustración que definitivamente pertenecía más a Lunático y miró a James por encima de su hombro: — Creo que averiguó mi secreto. Es eso. ¿Feliz?

— ¿Qué? —James preguntó con voz queda— ¿Cuál de todos?

— ¿Cuál crees tú? ¿Cuántos malditos secretos crees que guardo?

— Contigo, Lunático, solamente tú lo sabes. Eres un profesional en tener secretos.

— ¡Profesional! —Remus repitió agriamente— Cada vez que volteó hay una nueva persona con esa expresión. "¡Oh, pobre Remus! Tu padre te golpea" "¡Oh, pobre Remus! Tu madre fue despedaza viva frente a tus ojos" "Oh, pobre Remus, pobre Remus, pobrecito el jodido Remus. ¿Por qué tienes tantos secretos, Remus? ¿Qué no quieres nuestra lástima?" "Te tenemos lástima por ser un monstruo" —Se acurrucó contra su almohada, odio, dolor, rencor y furia arremolinándose dentro de él— ¿Sabes qué es lo peor? —Le gritó, empuñando sus manos y presionándolas contra la almohada en su pecho— El que la quiero. El que deseo su lástima porque es mucho mejor que el odio, o su miedo, o sus p-p-puños golpeando y golpeando, y sus l-l-látigos de plata, y cucharas y atizadores... —Se acurrucó mucho más, completamente ignorante de la escandalizada presencia de James— Y quiero su lástima porque es parecida al cariño, pero algunas veces no es suficiente. Algunas veces solo quiero que alguien alce su voz por mí y diga "Ya es suficiente para Remus. Ya es lo suficientemente extraño. Déjenlo en paz. No quiere odio, o dolor, o ser golpeado, o incluso más lástima, dado que ya se ha cansado. Y ahora solo q-q-quiere d-d-dormir" —Remus terminó con su voz temblorosa y se quedó en silencio.

— Si pudiera hacerlo, créeme que lo haría —James le susurró— Si pudiera levantarme y decir eso por ti, lo haría. A mí me importas. Lo haces. Y también a Sirius y a Peter. Y todos los demás se pueden ir al infierno con su lástima. Porque tú no mereces lástima. Mereces admiración, risas, amistad y...y...y amor, y sé que soy la persona más equivocada para decirte esto y en verdad desearía que Sirius dejará de escuchar por la puerta y viniera a ayudarme, pero todo es cierto Lunático.

Remus levantó un poco la cabeza y miró a la puerta. Efectivamente, Sirius estaba ahí, escondido contra la sombra del marco con las rodillas cerca de su barbilla y sus manos enterradas en su cabello. La expresión de desesperación que tenía le causó un dolor tan grande a Remus que fue violentamente físico.

Cerrando de nuevo sus ojos, Remus trató de expulsar todo ese odio por sí mismo que le estaba causando daño a Sirius y se obligó a poner una mejor cara: — Tienes razón —Dijo al final, luchando por manejar el tono de su voz— Por supuesto que tienes r-razón. Lo lamento. No debí decir todas esas cosas. Lily me hirió tanto que debía explotar con la primera persona que viera. No quería decir todas esas cosas. No se preocupen —Se sorprendió al ver lo calmada y placentera que salió su voz, pero al mirar las expresiones de James y Sirius se dio cuenta de que ellos no se lo habían creído.

— No puedes seguir haciendo eso, ¿Lo sabías? —Dijo Sirius desde la puerta.

— ¿Hacer qué?

— Guardarte todo eso. Querías dejar salir todo lo que dijiste. Y en verdad quieres rendirte ahora, ¿No es así? No sé qué te dijo Evans, pero te tiró por el borde —Sirius ni siquiera levantó la mirada al hablar.

— No tengo la menor idea de lo que hablas. Ya estoy bien. Y en verdad me siento afortunado de tenerlos a los tres. Sé que ustedes se preocupan por mí. Somos Los Merodeadores.

Sin decir palabra alguna James se acercó y agarró una de las manos de Remus. Remus vio con todo el detalle y resignación como su amigo usaba toda la fuerza que tenía por abrirle las manos, las cuales seguían apretadas en puños. Cuando logró abrirlas, las pequeñas heridas causadas por sus uñas eran tan profundas que la sangre caía de ellas. Hubo un silencio incómodo mientras los tres chicos miraban las heridas.

Entonces Sirius se encaminó al baúl de Remus. Lo abrió y sacó la poción curativa. Ni él o James hablaron cuando agarró la mano de Remus y empezó a aplicarle la poción en la palma de la mano. Remus sintió sus latidos ir más rápido cuando la mano áspera de Sirius sostuvo la suya con tanto cuidado. Se preguntó cómo había podido ser tan ciego para darse cuenta de que estaba enamorado. El aroma de Sirius era tan caliente y cercano que podría embriagarse en él. Sabía que debía retroceder. Se aprovechaba de Sirius de la misma manera en que él lo hacía con Rebecca, pero ahora parecía haber perdido cualquier voluntad de hacerlo.

Esto. Esto era perfecto. Ese momento robado en dónde podía ver con una luz diferente a Sirius. Mientras Sirius levantaba su mano y acariciaba delicadamente sus dedos, Remus gritó internamente, su corazón cantó y su alma se hundió. Su rostro, por otra parte, era tan plácido como la luna llena.

Iiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii

Remus era bueno actuando. Algunas veces tenía tantas falsas personalidades, para tantas personas distintas, que olvidaba quién era realmente. En tiempos así se preguntaba si quién era estaba fabricado de todas esas personalidades, y el si alguien alguna vez podría pasar por todas ellas, para entonces encontrar una concha vacía y sofocada de la persona que habría podido ser.

Aunque esa habilidad le fue de mucho uso en las semanas posteriores cuando fue forzado a ver a Sirius y Rebecca robándose besos, sosteniendo sus manos y abrazándose a cada oportunidad. Algunas veces, Sirius entraría al dormitorio con los labios hinchados y rosas, su voz llena de orgullo al contarles a todos sus amigos sobre su última sesión de besuqueo.

De alguna forma, Sirius había convencido a la profesora McGonagall de que le dejará tomar Estudios Muggle tan entrado el semestre, pero en lugar de mejorar la lección para Remus la convirtió en una tortura semanal de dos horas. Como la silla a su lado ya había sido tomada, Sirius se sentaba al frente con Rebecca. Remus ya había perdido la cuenta de cuantas plumas había accidentalmente destrozado al cruzarse sus ojos con el juego de pies que ellos tenían bajo la mesa, o al ver la mano de Rebecca en el muslo de Sirius.

Muchas veces Sirius se voltearía para dedicarle una sonrisa y guiño: — ¿Todo bien, Lunático?

Por supuesto, Remus siempre pondría una sonrisa plácida, dependiente y digna de un cerebrito que venía seguida de un: — Concéntrate, idiota. Tienes seis meses de los cuales adelantarte —Pero su mente guardaba aquel guiño para uso personal mientras su estómago se llenaba de culpa.

Sabía que su fachada de felicidad estaba bastante quebrantada y no era completamente creída por James, Sirius y Peter quienes le lanzaban miradas de preocupación muy seguido, además de que varias veces Remus los había atrapado susurrando sobre él, deteniéndose abruptamente cuando lo veían venir.

También sabía que pagaría por su torrente de malas emociones una vez que Lunático tomará posesión del cuerpo. No creía el haberse sentido tan desorientado o herido antes. Después de la muerte de su madre, era muy joven, y cuando su padre fue enviado a Azkaban las emociones positivas y esperanza superaron su culpa y estrés.

No, esta era su peor experiencia emocional, y el hecho de que no pudiera compartirla con nadie más solo lograba que sus sentimientos de desesperanza, pánico, odio a sí mismo y deseo se embotellaran peor. Detestaba esconder esto de sus amigos, pero no sobreviviría si ellos le daban la espalda apenas descubrieran su nuevo secreto. Su nueva anormalidad.

En la tarde antes de la Luna Llena, sentado debajo de una mesa haciendo su tarea, Remus se preguntó, con toda seriedad, si sobreviviría a la transformación. Lo que más miedo le daba era que una parte muy profunda dentro de sí, posiblemente aquella que sí le pertenecía a él, esperaba que no. Ya estaba tan cansado de sobrevivir. Parecía una opción tan sencilla el solo...dejarse ir.

Se tensionó al olfatear a Sirius. Podía sentir el fuerte aroma de Rebecca mezclado con su amigo por lo que supo que Sirius apenas la había dejado. Se acurrucó aún más en las sombras cuando Sirius se detuvo al lado de la mesa. Estaba tan cansado y débil para enfrentar a su amigo.

Sirius al parecer no lo notó dado que sacó la silla que Remus había posicionado para esconderse y se sentó sin ni siquiera mirar debajo de la mesa. Sus largas piernas se extendieron frente a Remus y lo vio cruzar sus dos tobillos. Sirius se inclinó entonces, bloqueando toda la luz que le entraba a Remus, y aparentemente descansando su cabeza en la mesa.

Remus se quedó en silencio, arrastrándose hacía el otro extremo tratando de no ver los tonificados muslos de Sirius. Casi se ahoga en sorpresa cuando lo escuchó hablar.

— ¿Me estás ignorando, Lunático?

Remus no podía responder. Acercó sus rodillas al pecho y descansó la frente sobre ellas. Su cuerpo se preparaba para la transformación y sabía que la temperatura se le estaba subiendo cuando su cabeza no dejaba de palpitar en dolor y sus músculos se retorcían.

— Sé que estás ahí. Vi las sombras moverse apenas llegué.

— Sí te hablo —Remus murmuró contra sus rodillas.

— Solo cuando debes hacerlo. De lo contrario me evitas por completo. Especialmente cuando estoy con Rebecca. James tiene razón, ¿No es cierto? Las chicas molestan a Lunático. Siente que son una amenaza para la manada. Es por eso que no estás siendo tú mismo —Era una muy buena razón, pero Remus no sentía deseos de seguir alimentando esa mentira, así que se volvió a quedar callado— ¿Estoy en lo cierto? —Remus suspiró y giró, deseando no sentirse tan mareado y caliente. Sirius se quedó en silencio por un buen tiempo, esperando la respuesta. Finalmente, dejó salir todo el aire que almacenaban sus pulmones y se escuchó el ruido de su cabeza impactando con la mesa— ¿Quieres que le termine? Lo haré si me lo pides.

Remus sintió la respiración atorada en su garganta. Sería tan fácil decir sí. ¿Pero entonces qué? Sirius conseguiría otra chica. ¿Volvería a botarla solo para apaciguar al lobo que tenía por amigo? E incluso si lo hiciera, ¿Podría Remus verse capaz de pedirle al chico, quien lo era todo para él, que se privará del placer de ser alguien especial para otro solo por un amor imposible que jamás sería regresado?

— No —Susurró— No hagas eso. Ella te gusta.

Sirius dejó salir un dudoso hum y golpeteó sus dedos contra la mesa: — Ella no es una Merodeadora —Repuso— Los Merodeadores siempre vienen primero. Hay muchas otras chicas que son igual de bonitas. Aunque supongo que eso no haría mayor diferencia para Lunático.

"No" pensó Remus "No lo haría. Mientras que estén contigo, no importa quiénes sean".

— Ella está bien —Mintió Remus— Me agrada. Y ella te hace feliz. Quiero que seas feliz. Quiero que toda mi manada sea feliz.

— Fue un discurso muy bonito, Lunático —Sirius le dijo molesto— No me he creído una sola palabra.

Remus recogió todas sus cosas, metiéndolas en su maleta, preguntándose como siempre el por qué se había molestado tanto en completar su tarea. Se congeló cuando Sirius descruzó sus tobillos y le acarició con la punta de su bota: — ¿Sigues despierto ahí abajo?

— ¿Cuidarías a Hamish por mí? —Remus preguntó, recogiendo al profundo erizo de su improvisada canasta elaborada con pergamino y acariciando su cabecita.

— Sabes que siempre lo hacemos durante las noches de luna llena —Sirius le recordó.

Remus se acercó y dejó a Hamish en el regazo de Sirius, su corazón martilleando cuando sus dedos rozaron las piernas de Sirius.

— No —Empezó suavemente— Me refería a por si algo me pasará —Miró a Hamish quien tenía sus púas rojas con dorado y brillaba en la tenue luz de la biblioteca— Solo quiero saber que no lo regalarían o algo.

— Remus ¿Qué pasa? —La voz de Sirius destilaba pánico— ¿Va a suceder algo hoy?

— Solo mi transformación. Ya lo sabes. Solo quería revisar —Deseaba el no haber dicho nada, pero tenía que hacerlo por Hamish.

De repente, las manos de Sirius aparecieron y levantaron a Hamish para ponerlo sobre la mesa. Reaparecieron entonces, y antes de que Remus pudiera reaccionar, lo atraparon y sacaron de debajo de la mesa. Remus se removió violentamente. Había una razón por la cual se había ocultado en la biblioteca esa tarde, y Sirius no podía ver su cara.

Estaba débil, sin embargo, y no pudo impedir el que Sirius sacará la mitad de su cuerpo de aquel escondite, obligándolo a levantar la cara hacía la luz. Aunque su situación era desesperada, Remus no le pudo evitar a su cuerpo el reaccionar a su posición. Era como si desde que había aceptado sus sentimientos por Sirius, estos se hubieran hecho más potentes. Se preguntaba si el sonrojo en sus mejillas se mostraría sobre el que le provocaba la fiebre.

— ¡Merlín y Modred, Remus! —Maldijo Sirius— ¿Qué demonios ha pasado contigo? Tu cara... ¿Hace cuánto estás así de enfermo?

— Es por la transformación... —Empezó a decir.

— ¡La transformación mi trasero! ¡Dime la verdad! —Sacudió a Remus para enfatizar y tuvo que cerrar sus ojos al llenarse de nauseas— Oh Dios, lo lamento —Sirius presionó su palma contra la frente de Remus— Estás caliente.

— Gracias —Remus respondió, sin poder contenerse.

Pese a su preocupación, la boca de Sirius formó una media sonrisa: — Imbécil. Se serio.

— Soy Remus —Continuó— Y Remus estaría muy agradecido si Sirius lo soltará para que pueda ir a convertirse en una bestia asesina esta noche.

— No hasta que me digas lo que sucede.

Remus se dio cuenta entonces de que si fallecía esta noche, Sirius siempre se culparía. Sabía que lo haría, dado que por alguna extraña razón se había metido en la cabeza que Remus estaba molesto con él. Con gran resignación, Remus supo que debía decir algo; explicarse, por lo menos: — Bueno—Murmuró— Okay, bueno —¿Qué podía decirle a Sirius? No quería mentirle a su amigo— No...no es tú culpa. Es por algo más. Un nuevo secreto mío —Le sonrió a Sirius y esperó que se viera mejor de lo que se sentía— Ya sabes cómo somos mis secretos y yo. Nunca lo diré. Incluso si me mata. Pero quiero que sepas que no es por nada que hayas hecho. No es tú culpa para nada. O de James, o Peter, incluso de Lily, si deseas preguntar.

— ¡Maldita sea, Remus! —Sirius le gritó— ¡Esto no es un jodido juego! Podrías morirte esta noche si sigues así de enfermo.

— Podría —Remus aceptó suavemente— Lo cual implica que no tendrás tiempo para descubrir mi secreto —Suspiró— Nunca los digo, pero alguien siempre los descubre de cualquier forma. Algunos son demasiado grandes. Se salen por las esquinas.

— ¡Dímelo!

— Ya casi es luna llena, mejor déjame ir.

— ¡Nunca! ¿No lo recuerdas Lunático? Me lo dijiste una vez. Te tengo. No te dejaré ir.

— Colgábamos de una cornisa —Repuso Remus, deseando el que Sirius dijera esas palabras con otro significado, de la forma en que Remus sentía cuando las pronunció todos esos meses atrás. Se preguntó cómo era que las canciones Muggle siempre direccionaban su vida tanto como habían hecho con su madre— No amenazabas con despedazarme hasta que no quedará nada y luego comerme. ¡Déjame ir, Sirius!

— ¡Dímelo, Lunático! ¿Por favor?

Fue la última promesa con la voz entrecortada lo que rompió todas las defensas de Remus. "Una indirecta" pensó "Nunca la entendería, y se lo diré de una forma disimulada. Le diré que lo amo. Porque lo hago. Eso ya lo sé. Lo amo."

— Sirius —Se liberó de sus problemas por un momento— No sabes lo mucho que significa para mí, todo lo que haces por mí. No importa qué, siempre estás ahí para mí. Cuando estoy triste, actúas como un payaso para animarme. Cuando tengo miedo, siempre estás alrededor para ayudarme a luchar contra mis demonios —¿Podría Sirius entenderlo algún día? Remus en verdad no lo sabía, pero ya era muy tarde para echarse atrás— Trataré de no morir hoy, lo prometo. Me refiero a que, vamos, he tenido peores.

— No antes de la luna llena —Sirius dijo, sus manos tensionadas sobre los hombros de Remus— Lunático te va a hacer trizas.

Remus levantó la mirada y se encontró con aquellos ojos grises y sintió una súbita y desesperada necesidad de presionar sus labios contra los de Sirius, besar todo su rostro para espantar el miedo. Fue solo debido al horror sobre cómo podría reaccionar Sirius lo que impidió que hiciera eso.

— Déjame ir, Sirius. En verdad debo irme ahora.

De mala gana, Sirius aflojó sus rodillas de forma que Remus ya no estuviera atrapado entre sus piernas y se liberará.

— ¿Cuidarás a Hamish?

— Sabes que lo haré.