EN BUSCA DE LA FELICIDAD
CAPITULO XXVII
Dorothy ya había salido del hospital y se acostumbraba al nuevo horario que demandaba el pequeño Alexander, era un bebé muy bueno pero siempre por las noches le entraba el ánimo de estar atento a sus padres y por consiguiente terminaba desvelándolos al ser ambos incapaces de dejar de atenderlo.
Candy seguía en su departamento, pero aunque no quisiera tenía que quedarse todo el día ahí, únicamente podía salir con su príncipe, quien le hablaba dos o tres veces al día para saber cómo estaba, aún le faltaban como tres semanas para dar a luz pero Anthony sabía bien que al ser primeriza podía darles una sorpresa a varios.
Archie y Annie seguían de luna de miel, así que le tocaba a Stear y a Patty estar al pendiente de la rubia por si se le ofrecía algo o por si tenían que salir corriendo con ella para llevarla al hospital, todos estaban muy al pendiente de ella, hasta el señor Clark, y desde que Anthony había instalado una línea telefónica en el pequeño departamento todo era mucho más fácil, no estaba incomunicada, aunque el rubio se desesperaba si no era atendido de inmediato, le llamaba cuando llegaba al hospital, cuando salía a almorzar y antes de regresar a casa, eran los momentos en los que tenía libre y aprovechaba para hacerlo.
Era una noche de jueves y la pareja de rubios estaba cenando muy tranquilamente, hablaban de todo y de nada, el bebé se movía muy tranquilo contrario a los demás días que siempre se estiraba implorando más espacio del que tenía, Candy se quejaba de los estiramientos que más de una vez le habían ocasionado un calambre en las costillas a causa de tal vez alguna patada a la que era expuesta por parte de su pequeño.
-¿Cómo te sientes mi amor? – Preguntaba Anthony al ver a Candy muy tranquila reposar en su hombro.
-Muy bien amor, me siento tranquila y muy relajada, parece que hasta el bebé está tranquilo. – Y así era el bebé estaba en un estado de relajación que la tenía cómoda al no sentir la demanda de espacio que tenía sobre todo esas últimas semanas, era como si hubiera una lucha dentro de su estómago por ganar un pedazo de él.
Se retiraron a dormir, pasando una noche muy tierna, tenían unas semanas que ya habían suspendido su actividad sexual por recomendaciones del ginecólogo y a pesar de lo difícil que había sido principalmente para el rubio habían seguido las indicaciones al pie de la letra. Esa noche Anthony se había desvelado cantando una canción de cuna a su pequeño, hablándole cosas tiernas y diciéndole que tenía muchas ganas de conocerlo por fin, Candy lo escuchaba enamorada, dándole tiernos besos en los labios mientras él le correspondía a ese amor, deseaba tanto a su esposa pero sabía bien que tenía que esperar un tiempo más antes de volver a sentir su cuerpo, por último besó su vientre con todo el amor que le era posible y la rodeo para que le diera la espalda y cubrir con sus brazos su cuerpo amoldándose ella a su silueta para dormir profundamente.
-Buenas noches princesa. – Le decía mientras le regalaba un tierno beso en su oído.
-Buenas noches mi príncipe. – Le respondía ella ya cansada pero con el mismo amor del que le era profesado.
La mañana llegó muy rápido y con ello las carreras a las que ya estaban acostumbrados, Candy seguía ocupándose de las labores de la cocina preparándole a su amado Anthony el desayuno al igual que el almuerzo, él muchas veces le había dicho que no importaba si no se levantaba a hacerlo, pero ella insistentemente lo hacía diciendo que para ella no era ningún trabajo hacerlo.
-Amor, hoy no tengo ganas de ir al hospital. – Le decía sinceramente ya que había amanecido ansioso, no sabía por qué tenía ganas de quedarse todo el día con ella.
-¿Por qué, te sientes mal? – Preguntaba Candy preocupada, tocando su frente para ver si localizaba indicios de fiebre.
-No amor, no te preocupes, pero estoy preocupado por ti, ya falta poco para que nazca nuestro hijo. – Le decía acariciando el prominente vientre que sobresalía de ese pequeño y frágil cuerpo.
-Pero yo me siento muy bien, además el señor Clark, Stear, Patty, la tía abuela y hasta Albert han estado al pendiente todos estos días, si algo sucediera yo te avisaría inmediatamente. – Le dijo segura, ella se sentía bien y había pasado una noche tranquila y maravillosa a su lado. Anthony se fue al hospital no muy convencido, pero sabía que tenía que ir, no podía faltar ya que como podría llegar antes el bebé, podría tardar hasta dos semanas después de la fecha estimada del parto. Tenía aproximadamente 37 semanas de gestación, semanas más, semanas menos, pero era bien sabido que para las 40 o las 42 faltaba todavía tiempo. Aún con la preocupación de la cual era preso salió rumbo al hospital y llamando inmediatamente al haber arribado al lugar.
-Hola mi vida. – Le decía con su voz ronca y melosa. - ¿Cómo estás? ¿Ya me extrañas? – Trataba de aparentar que todo estaba bien, pero la sensación que lo embargaba parecía no querer abandonarlo.
-Hola amor. – Le decía riendo por sus preguntas y sobre todo por la manera en la que demostraba que estaba pendiente de ella. – Si amor ya te extraño mucho, y estoy muy bien, no te preocupes nuestro bebé aún no tiene pensado nacer. – Le dijo segura. Anthony colgó no muy convencido, pero un poco más tranquilo de lo que había escuchado decir a su esposa, se sentía bien y al parecer solo esa sensación que tenía en su corazón era ansiedad por el próximo nacimiento. Anthony ya tenía a un equipo médico armado, gracias a que era uno de los alumnos destacados los maestros y el personal del hospital le tenían un especial aprecio, había sabido ganarse a la gente como siempre y los mejores médicos que laboraban ahí se habían ofrecido para atender a su esposa en cuanto llegara el momento indicado. Se retiró a la revisión de rutina que tenía con sus pacientes, entrando como siempre al pabellón de los enfermos con su acostumbrada sonrisa.
Mientras en Lakewood un contento Charles observaba que uno de los botones de la tan esperada nueva estirpe de rosas de Anthony comenzaba a reventar, ya estaba listo para avisar a su patrón si por fin florecía o no tan rara especie de rosas, ya que bien sabía que sería única igual que la Dulce Candy.
-Buenos días señora Candy. – Decía el señor Clark al tocar la puerta del departamento de Candy.
-Muy buenos días señor Clark.
-¿Cómo amaneció el día de hoy? Me dirijo al mercado ¿Se le ofrece algo? – Decía el señor muy amable, él se había ofrecido a comprar las cosas que necesitaba Candy para preparar la comida.
-Me siento muy bien señor Clark, no se preocupe puede ir tranquilo, no deben de tardar Patty y Stear. – El señor Clark se retiraba tranquilo después de ver a la rubia de lo más normal.
Un poco más tarde, Stear y Patty se comunicaron Candy para avisarle que llegarían un poco después ya que Patty tenía cita con el médico para su revisión de rutina, estaba en el inicio de su segundo trimestre y debía ir para que todo siguiera bien.
-Sí Stear, no te preocupes ya te he dicho que me siento muy bien. – Decía Candy ante la notable preocupación que reflejaba en su voz.
-¿Todo bien Stear? – Preguntó Patty al ver que su esposo colgaba el teléfono algo ansioso.
-Si querida, todo bien, pero aun así no dejo de sentirme inquieto por Candy, vamos a apresurarnos para ir junto a ella lo más pronto posible. No sintiéndose del todo a gusto, habló con Albert para que se diera una vuelta hacia el departamento de los rubios para que estuviera al pendiente de Candy.
-No te preocupes Stear, en cuanto termine la junta en el consorcio me voy para allá. – Stear asintió sintiéndose más tranquilo.
Candy comenzaba a recoger poco a poco el departamento, no era que estuviera muy desordenado pero los platos que había en la cocina, así como los sartenes era algo que no la dejaban estar, se decidió a lavarlos para después ponerse a leer un cuento a su pequeño y tranquilizarlo un poco porque sentía que se estaba inquietando mucho esa mañana.
Cuando iba con los cubiertos para el lavavajillas, vio con pesar que una cuchara había ido a dar hasta el suelo, haciendo una mueca para tratar de levantarla, sabía que era muy difícil hacerlo con sus manos, así que optó por quitarse un zapato y con los dedos de los pies se ayudó a lograr su cometido, sonriendo victoriosa por lograrlo y pensando que eso sería algo que no debería hacer en presencia de alguien más, más sin embargo había resultado un truco demasiado útil para su estado, debía reconocer que le costaba mucho hasta caminar esa última semana, pero con el ánimo que siempre la caracterizaba se animaba ella misma a seguir adelante. Al terminar de lavar la loza, sintió un leve piquete debajo de su vientre, haciendo que sudara un poco y se agarrara del lavavajillas para tolerar un poco el dolor, pronto se recompuso y se dirigía a la sala para sentarse y reposar un poco, cuando un nuevo dolor se hizo presente en ella obligándola a tomarse del marco de la puerta para no caer de rodillas. Tomó aire para controlar su respiración la cual se comenzaba a hacer más agitada y su pulso comenzaba a acelerarse.
Un nuevo dolor le indicó que algo no estaba bien, obligándola a tratar de llegar al teléfono para llamar a su esposo al hospital. En el hospital Anthony seguía ansioso y su ansiedad no sabía por qué iba en aumento, el trabajo había aumentado con los pacientes que ingresaban y las visitas de rutina se hacían más largas de lo normal, lo que lo mantenía un poco sereno era que la recepcionista del hospital tenía la orden de que en cuanto recibiera una llamada para él se le avisara inmediatamente. La recepcionista había aceptado gustosa a ayudar al guapo rubio que era muy amable con todo el personal, teniendo que dejar un rato el puesto de su puesto para ir al baño, dejando encargada a otra de sus compañeras que recién comenzaba a laborar ahí.
Candy llegó al teléfono que se encontraba cerca de la cocina, pero para su mala suerte se le cayó al momento de descolgarlo, obligándose a sentarse por completo en el piso para poder levantarlo, esta vez el truco del pie no había servido de mucho, se levantó como pudo y mientras sentía que los dolores de parto aumentaban marcaba el teléfono que Anthony le había dejado para localizarlo.
Una vez que la operadora enlazó las llamadas se comunicó con el hospital Santa Juana.
-Buenos días señorita. – Saludó con una mueca de dolor a la recepcionista quien le contestaba de una manera indiferente.
-Buen día, ¿Qué se le ofrece? – Preguntó con calma.
-Me podría comunicar con el doctor Anthony Brower. – Dijo la rubia cada vez más agitada, no reconociendo la voz que usualmente solía contestarle.
-El doctor Brower está ocupado, si gusta dejarle un recado. – Decía la muchacha en tono despreocupado.
-Habla su esposa, y es muy urgente. – Dijo con pesar y apenas articulando palabra.
En eso Candy sintió un dolor muy agudo en su vientre obligándola a sacar un grito agudo que alarmó por fin a la desganada muchacha, asustándola en el momento y haciéndole sentir nerviosa.
-¿Señora? ¿Qué le sucede?- Candy ya no le respondió centrándose en mantenerse tranquila para no agravar las cosas, según lo que le habían explicado en el hospital.
En ese momento llegaba la recepcionista que había sido advertida por Anthony y vio a su reemplazo con el rostro pálido y muy nerviosa.
-¿Qué sucede? - Preguntó apurada.
-El doctor Anthony Brower, llama su esposa. – Dijo tartamudeando, mientras la otra mujer tomó el megáfono para localizar al joven rubio.
-¡Doctor Anthony Brower se le solicita en recepción! – Dijo con ansiedad, después de dar un tercer llamado el ansioso médico llegaba lo más rápido que le daban las piernas, al sentir que el aire le faltaba al escuchar que lo necesitaban en recepción.
-¡Candy! – Fue lo que su corazón alcanzó a decir después de que el aire había vuelto a sus pulmones, sabía bien que la ansiedad que tenía no era normal. Iba entre los corredores sintiendo que se alejaba del lugar en vez de acercarse. Llegó a los pocos minutos, encontrándose con la mirada de preocupación de la pobre muchacha, obligándose a tomar el teléfono de entre sus manos, al no obtener ninguna respuesta de sus labios.
-¿Qué sucede? – Preguntó angustiado. – Candy, amor, ¿Estás ahí? – Mas sin embargo la respuesta no llegaba la línea se había cortado y al momento de llamar a la operadora para que lo enlazara de nueva cuenta, solo escuchaba un "lo siento el número no responde". Anthony sintió que el aire le faltaba, pero decidido a eso salió del hospital a toda prisa, sin esperar a que un coche se detuviera, a esa hora era muy difícil encontrar un coche, el camino a su departamento aunque corto para él fue eterno, quería llegar lo antes posible al lado de su princesa, maldiciéndose por no haber hecho caso a su presentimiento.
Subía las escaleras de dos en dos llegando al departamento agitado y sudoroso.
-¡Candy! ¡Amor! – decía mientras trataba de abrir la puerta del lugar.
-¡Anthony! – Dijo Candy en un susurro al escuchar la voz de su amado que llegaba a salvarla como siempre, sintiéndose más segura de tenerlo a su lado. – Aquí estoy amor. – Le decía con dificultad. Anthony volteó su vista hacia donde había escuchado la débil voz de su esposa y la encontró sentada en el piso en un charco que evidenciaba había roto la fuente.
-¡Hermosa! – Le dijo conmovido por el estado en el que la había encontrado, acercándose a ella de inmediato para tomarla entre sus brazos y buscar un coche para llevarla de inmediato al hospital.
Cuando Anthony iba entrado corriendo al departamento, Albert iba dando la vuelta en la esquina de la calle viendo este como su sobrino entraba veloz al edificio, apurándose él también imaginando el apuro que llevaba Anthony. Cuando Anthony salía del departamento Albert iba llegando a la puerta.
-¡Tío! ¡Qué bueno que llegaste! – Le dijo agradecido por ver a su tío.
-¿Cómo estás Candy? –Candy solo sonrió con una mueca mientras Albert ayudaba a dirigir a Anthony por las escaleras para llevarlos hacia el automóvil. El señor Clark iba llegando del mercado con las bolsas del mandado cuando advirtió la salida de los tres Andrew rumbo al hospital.
-¡Señora Candy! – Dijo preocupado al ver como ella era trasladada en los brazos de su marido y el semblante acongojado. -¿Se encuentra bien? – Preguntándose el pobre hombre qué era lo que había pasado, si la había dejado en perfectas condiciones.
-No se preocupes señor Clark, ya llegó el momento. – Dijo Anthony tratando de mantener la calma, pero la verdad era que los nervios y el miedo se iban apoderando de él. El señor Clark se mantuvo a un lado para no impedir la ida al hospital, pidiendo a Dios que todo estuviera bien, se dirigió hacia el departamento de los rubios dándose cuenta de que habían dejado la puerta abierta.
Albert manejaba lo más rápido que podía, escuchaba a Candy cada que sentía una contracción y recordaba cómo iba con Dorothy solo unas semanas atrás.
-Tranquila amor, ya casi llegamos. – Decía Anthony besando su húmeda frente. – Tío por favor más rápido. – Decía intranquilo.
Llegaron al hospital, el cual ya tenía una camilla en la recepción para espera de la esposa del doctor Brower, la recepcionista se había sentido muy mal por qué en el preciso momento que ella había ido al baño había entrado la llamada, así que había alertado al equipo médico que Anthony tenía designado para atender a su esposa. Una vez que Anthony la colocó en la camilla salió apurado junto a los camilleros, dirigiendo a su esposa a la sala designada para partos. Una vez que llegaron ahí, el médico que se encargaría de todo lo detuvo.
-Un momento doctor Brower. – Dijo ante la mirada de asombro del rubio, quien no permitiría que su esposa entrara sola a la sala. – Tiene que entrar con el equipo necesario, vaya por favor con la enfermera, ella le tiene listo todo lo necesario. – Anthony lo veía absorto en sus pensamientos, pero asintió mecánicamente siguiendo a la enfermera quien le decía dónde podía cambiarse. Anthony tardó más en llegar al lugar que en cambiarse y regresar de nuevo hacia donde estaba su esposa, quien ya preguntaba por él.
-Aquí estoy amor. – Le dijo tomando su mano y besándola en señal de solidaridad con ella. El ser parte de ese hospital tenía sus ventajas y por eso le habían permitido entrar al parto de su esposa, más por las condiciones en las que estaba no se le permitía participar en su atención.
-Te amo. – Le dijo Candy con esfuerzo, al sentir de nuevo otra contracción que se avecinaba mucho más dolorosa que las anteriores.
-Veo que este pequeño está ansioso. – Comentó el doctor, quien al haber revisado a Candy se había dado cuenta que ya estaba lista para tener al bebé, al estar completamente dilatada. Anthony veía el rostro del médico mientras este tocaba el vientre de Candy y lo veía que su semblante cambiaba a uno más serio.
-¿Qué sucede doctor? –Preguntó ansioso.
-Doctor Brower ¿Ya alguna vez le habían palpado el vientre a su esposa? – Candy no atendía de lo que hablaban muy bien, ella estaba concentrada en controlar su respiración para así soportar el dolor que le causaban las contracciones, que cada vez eran más seguidas.
-Hace unos tres meses. – Dijo impaciente. - ¿Sucede algo malo? – Pregunto intranquilo. – Dígame por favor. – Le decía tratando de que Candy no se diera cuenta de su preocupación.
-Tranquilo doctor, lo que sucede es que tal vez, no es un bebé únicamente el que esperamos. – Le dijo cambiando su semblante a uno más jocoso.
-¿Es más de uno? – Preguntó sorprendido, mientras volteaba a ver a Candy, quien ya había escuchado lo que decían.
-¿Son dos bebés? – Preguntó Candy sorprendida.
-Eso parece señora Brower, en un momento lo confirmaremos. – Dijo el médico, mientras Anthony se perdía en sus recuerdos cuando el médico que lo había examinado decía que era un bebé bastante grande para el tiempo que tenía de embarazo, más nunca nombró la posibilidad de que fuera un embarazo gemelar.
Los médicos fueron alertados de un posible parto doble así que el doble de personal esperaba el nacimiento, para atender a cada uno de los pequeños. El trabajo de parto comenzó y Candy sentía que se partía en dos al momento de que uno de los pequeños comenzaba a salir de su cálido lugar, un grito se dejó escuchar mientras el alma de Anthony se estrujaba al escuchar ese grito de dolor de su esposa, la cubría de besos y palabras tiernas de aliento, Candy sentía que el dolor era mucho, pero de pronto todo pasó, el dolor se había ido y un silencio se escuchó en la sala de parto, de pronto un llanto inundó el lugar, siendo un bálsamo para el corazón de la rubia cuando ese maravilloso llanto le llegó a sus oídos.
-¡Es un varoncito! – Dijo el médico, ante la enorme sonrisa que aparecía en el rostro de los orgullosos padres quienes lo veían enamorados de ese pequeño rubio que depositaban en brazos de su padre. Anthony estaba fascinado con el bebé y su esposa, pero no pudo disfrutar mucho de su felicidad cuando otra contracción se apoderó del cuerpo de su esposa, tensándose nuevamente.
-Doctor, efectivamente viene otro bebé. – Dijo la enfermera que estaba al pendiente de la rubia. Anthony entregó el bebé a uno de los pediatras para que lo revisaran y lo valoraran mientras el llanto del pequeño se había detenido al sentir los brazos de su padre.
Candy nuevamente sentía como se dividía su cuerpo una vez más, aferrando su mano a la de su esposo quien volvía a sentir esa sensación de culpabilidad que no lo dejaba, su esposa sentía ese dolor gracias a él, ella no le reprochaba al contrario lo veía de una forma tan especial que nunca olvidaría. Candy sentía orgullo de ser ella la afortunada de convertir a ese maravilloso hombre en padre, el dolor que le estaba provocando el parto no era nada comparado con la alegría que le producía ser la encargada de dar vida a dos nuevos seres fruto de su amor con su príncipe.
De nueva cuenta los ruidos en la sala se detuvieron mientras un nuevo llanto cubría el silencio que se había generado, emocionando una vez más a sus orgullosos padres.
-¡Es una niña! – Dijo el médico igual de emocionado que los demás médicos.
-¡Es una niña mi amor! – Le dijo Anthony feliz y profundamente enamorado, depositando un suave beso en sus labios en señal de felicidad. – Te amo mi princesa, te amo, muchas gracias por hacerme el hombre más feliz del mundo. – Le susurraba al oído mientras Candy derramaba unas lágrimas de felicidad, todo el dolor que había sentido al momento del parto doble había pasado a segundo plano y más cuando el médico le mostraba a su otra hija.
-¡Es hermosa! – Dijo Anthony al tenerla en sus brazos y ver a una pequeña rubia de pequeños rizos que lloraba sin cesar, la cual poco a poco fue aplacando su llanto al escuchar la voz de su padre. – Se parece a ti amor. – Le dijo gustoso, poniéndola cerca de su rostro para que la admirara de cerca, proporcionándole un tierno beso en su cabeza antes de que el otro pediatra se la llevara para valorarla.
Ambos rubios estaban muy felices por el nacimiento de sus dos pequeños, y sobre todo aún no podían creer lo que les había pasado, la vida los había recompensado con dos bebés haciendo que su mundo girara otros 180 grados.
Candy se sentía muy cansada había sido un día agotador y aunque la atendieron inmediatamente a su arribo al hospital, su labor de parto había comenzado dos horas antes de que Anthony la encontrara, todo había sido muy rápido, para ella no había pasado mucho tiempo desde que comenzó a sentir las contracciones hasta ese momento, pero era como si hubiera corrido un maratón muy largo y recién se detuviera, los médicos les informaron que ambos bebés estaban bien y que Candy estaba también muy bien, lo único que le hacía falta a la rubia era descansar. Sus ojos se fueron cerrando una vez que ya la habían pasado a su cuarto, no quería que el sueño la venciera, quería ver a sus hijos y tenerlos a su lado, junto a su príncipe de las rosas el cual no se había despegado ni un solo momento de su lado.
Al mismo tiempo que los hijos de Candy y Anthony iban naciendo, un par de botones de la nueva estirpe de Anthony abrían sus pétalos para formar la hermosa rosa que él había creado, era una rosa que si bien podía pasar por amarilla, la verdad que los pétalos le tiraban un poco al color dorado, su centro era verde y se difuminaba al nacimiento de los pétalos con leves escarchas verdes como si fueran unas pecas que se esparcían en el centro de la rosa, una especie de verdad única lo mismo que la Dulce Candy.
En el hospital un rubio muy elegantemente vestido se paseaba por un corredor de un lado para otro, ya había avisado a la mansión y al consorcio que no llegaría tan rápido como lo había planeado, avisando así a la tía abuela y a su esposa Dorothy del próximo nacimiento del bebé Brower-Andrew, a Stear y Patty aún no podía avisarles. Ya tenía algunas horas esperando y su angustia se hacía más grande al no tener ninguna noticia de su sobrino y de su hija, los nervios lo consumían cuando en eso se acercó una enfermera para avisarle que ya había nacido el bebé. Anthony le había dicho a la muchacha que le avisara a su tío para que no estuviera preocupado ya que él no se sentía capaz de dejar un solo momento a su amada.
-¿Señor Andrew? – Preguntó con duda y timidez la enfermera al ver al caballero al cual tenía que dirigir sus palabras.
-Así es. – Contestó inmediatamente.
-El doctor Brower me ha enviado para que le avise que ya nació el bebé y que pronto llevarían a la Señora Brower a una habitación. – No le había dicho que eran dos bebés, era una sorpresa que Anthony se reservaba para revelarlo ellos.
-¿Todo bien señorita? – Preguntó emocionado.
-Todo ha salido muy bien señor Andrew. – Respondió sonrojada ante la mirada de Albert. Por la incomodidad que sentía la muchacha de hablar con tan guapo señor no le dio tiempo de preguntar que había sido si niño o niña, solo la vio que se retiró muy apurada por el largo corredor.
Albert respiraba mucho más tranquilo y se dirigió a la sala de espera, para ahora sí esperar a que Anthony saliera o enviara a alguien que lo llevara a ver a Candy.
-¿Tío? – Preguntó una voz a sus espaldas.
-¿Stear? ¿Ya te enteraste?
-¿Qué sucede? – Preguntó nervioso junto a Patty, quienes ya habían terminado con la revisión que Patty tenía la cual había durado más de lo esperado.
-Ya ha nacido el bebé de Anthony y Candy. - Dijo emocionado.
-¿De verdad? ¿Hoy? ¿Justo hoy? – Preguntaba Stear que se sintió ansioso porque ese día nadie había podido estar con Candy en el departamento, todos los días la acompañaban a sol y a sombra y precisamente hoy que nadie había estado con ella se le ocurría a su sobrino llegar al mundo. - ¿Cómo está ella? ¿Cómo está el bebé?
-Aún no lo sé, Anthony mando a una enfermera para avisarme que dentro de poco la pasaran a una habitación para que podamos verla, por el momento me imagino que está muy cansada. – Dijo Albert al recordar el estado en el que había encontrado a su esposa cuando dio a luz.
-¿Qué ha sido? – Preguntó Patty muy emocionada.
-¡Aún no lo sé! – Dijo Albert sintiéndose apenado por no haber preguntado el sexo del bebé. -¿Tú cómo estás Patty? Creo que duraron mucho en la visita médica. – Stear se rascó la nuca reflejando su estado nervioso, le costaba revelar lo que iba a decir.
-Bueno, la verdad es que teníamos la cita a las diez de la mañana, pero Patty tenía antojo de desayunar unas crepas que venden cerca del aquí del hospital y decidimos ir a desayunar. – Decía sin dejar ese movimiento de nerviosismo, mientras Patty se sonrojaba apenada por la situación.
-No te preocupes Stear, lo bueno que no pasó a mayores, el nerviosismo de Anthony hizo que se fuera de inmediato por Candy.
-¿Qué sucedió?
-Albert le contó a Stear lo que había visto desde que llegó al departamento de los Brower, pero no sabía la odisea que había pasado Candy en el departamento, ni la desesperación de Anthony al no recibir respuesta en la línea telefónica, mucho menos se enteró que Anthony recorrió el camino hasta el departamento corriendo como desesperado.
La tía abuela llegaba emocionada junto con el señor Simmons quien también quería saber cómo estaba el bebé de sus nuevos nietos, después de no haber tenido a nadie en menos de 7 meses tenía una familia muy numerosa con hijos, nietos y hasta una esposa, se sentía feliz y bendecido y lo mejor de todo se sentía ya parte verdadera de esa familia.
-William, Stear. – Dijo emocionada al verlos. - ¿Cómo está mi bisnieto? – Preguntaba impaciente de saber y conocer al bebé de su amado Anthony.
Después de que llegara la tía abuela, una enfermera se hizo presente en la sala y todos se voltearon expectantes de las noticias que ella llevaba.
-Señores Andrew, el doctor Brower les manda decir que ya pueden pasar ver a la señora Brower. – Dijo la muchacha viendo la cara de felicidad que todos reflejaban ante lo dicho. Todos se encaminaron para seguir a la enfermera rumbo a la habitación que le había sido asignada a la señora Brower.
Continuará…
¡HOLA! Hasta aquí el capítulo! Uno de los más esperados por todas ya sé! Pero por fin llegó, ya vimos que nació el de Albert un día después de la boda de Archie y los pequeños de Candy y Anthony nacieron tres semanas después, ¿Por qué gemelos de nuevo? Porque con el amor y la pasión que se tienen estos dos no creo que solo haya llegado un solo bebé a la meta jajajaja no, ya en serio, porque se me hace muy tierno que tanto Candy como Anthony tengan a su contraparte, o sea que Anthony tenga a una mini Candy y Candy a un mini Anthony, sé que es algo muy remoto que pasa en la vida real, pero sucede y quise dárselos a ellos. También vimos que la rosa floreció al mismo tiempo que el nacimiento de los gemelos, pero al parecer ni el jardinero lo ha notado. Como el nacimiento del bebé de Albert fue a inicios de la primavera digamos un 25 de marzo, los de Candy más o menos nacieron a principios de Abril, y es un muy buen clima para el florecer de las rosas.
Algo que quería agregar siguiendo con los modismos cuando puse que Candy tenía ganas de un "elote" asado, se me ocurrió porque un día fui a comer un cóctel de elote con mi familia y me toco que esa vez había como unas tres señoras embarazadas comiendo elote asado y una cosa que comentó una de ellas al señor que los vende es que tenía mucho antojo de uno y el señor le respondía que había muchas mujeres embarazadas que tenían ese antojo, por eso lo incluí en la historia, no sé si sea verdad, a mí nunca me dio por comerlo, pero en fin tal vez fue mercadotecnia del amigo jajaja para aprovechar la venta, digo se vale ¿no?
Por otro lado Mayely aquí en México también le decimos mazorca al elote, pero cuando ya está seco, esto es para cuando ya se va a usar para desgranar y venderlo ahora sí como maíz, para hacer las tortillas jejejeje y cuando ya no tiene granos le llamamos "olote".
Buenos niñas no me queda más que despedirme de ustedes y mandarles un fuerte abrazo a cada una de ustedes, espero que pasen un excelente y bendecido fin de semana, y para las nuevas lectoras le mando una cálida bienvenida, gracias por leer la historia.
Los personajes de Candy Candy no me pertenecen, yo solo los tomé un ratito prestados para echar a volar mi imaginación y perderme un momento en el Candymundo para distraer y divagar mi mente, lo hago sin fines de lucro y sobre todo con la advertencia de que no es para menores de edad.
Saludos!
