Navidad. Una época que contagia los corazones de los humanos llenándolos de un espíritu efervescente, aquél que la vive con sus seres amados lo disfruta, siente dentro de él, el sentimiento de compartir el calor de un buen deseo y el sabor de un dulce sueño.
En esta época son muchas las historias que son contadas, avivando aún más el espíritu. Muchas de ellas son para dejar un mensaje de amor y fraternidad, otras envuelven una moraleja sobre el verdadero espíritu que debemos sentir.
Son muchas y variadas, algunas con finales felices y otras…
Esta es una historia es de un futuro que podría ocurrir o no, sucesos de que ciertamente conoceremos en su momento ya han ocurrido para los protagonistas de Crónicas.
Pero hoy no desentrañaremos lo que sucederá con Naruto, Tenten y compañía.
Porque esta historia tiene otro protagonista.
Esta es la historia navideña sobre una pequeña niña, de un callejón.
•••
Northernlights91 & Yue Izaya
Presentan
• TEATRO UZUMAKI DE OMAKES •
ESPECIAL DE NAVIDAD
LEAH
•••
Frío, ligero y frío.
Es lo que la helada mejilla de una pequeña niña podía percibir en los copos de nieve que descendían del nublado el cielo sobre ella. La temperatura comenzó a mermar, anunciando que una helada noche se avecina.
—Solo un poco más… —pensó frotando sus manos para intentar generar calor, sobre todos la parte de piel que salía de sus guantes desgastados—. Un poco más y podré tener lo suficiente para una buena cena —dijo esperanzada mientras miraba detenidamente el contenido de la caja de cartón frente a ella.
Como ya era costumbre para ella, desde el incendio que devastó Kidoshukuchō, había colocado un pequeño puesto de venta de flores de papel en la larga calle principal del barrio, en una de las esquinas más cercanas al resto de la aldea. Y para ella a veces era una tortura ver el ansiado paraíso tan cerca de ella e imposible de alcanzarlo, sus deseos infantiles la llamaban a cruzar con ansias y correr en búsqueda de su héroe.
Algo bastante tonto cuando sus pies volvían a tierra y dejaba de imaginar imposibles, y es que para los niños de Kidoshukuchō, ir hacia el otro lado era una sentencia directa de sufrir algo malo, las aterradoras historias de cómo muchos niños intentaron ir hacía el paraíso solo para nunca más volver a ser vistos hacía que sus piernas no respondieran, sus deseos de libertad no eran más grandes que su instinto de autoconservación.
Solo los más osados se atrevían a ir por su cuenta, y eso era algo que ella no era, más cuando casi pierde la vida en la única vez que lo intento. Aunque últimamente hubo algunos que se aventuraron a ir con la ayuda de la mujer misteriosa del local bonito.
Además, que ella tenía motivos para quedarse aquí, una lástima, pero ella no podía dejar Kidoshukuchō. Aun así, sus ojos no se apartaban de ese trozo de luz esperando que algún día pudiera ver cruzar a …
—¿Tú las hiciste? —llamó una voz que la sacó de sus pensamientos—. ¡Son muy lindas!
Al voltear su rostro, vio a una mujer de rostro amable tomar un par de sus flores, observando muy atenta cada detalle en ellas.
La pequeña estaba orgullosa ante el elogio, había pasado semanas perfeccionando su técnica para llegar a poder obtener un poco más de dinero.
—Gracias —sonrió radiante la niña—. Me llamo Leah y este es mi arte, espero sea de su agrado, me esforcé mucho en aprenderlo.
—Que linda niña —chilló conmovida la mujer mientras sacaba un bolso dentro de sus ropas—. Entonces Leah, veamos que tenemos aquí para darte —dijo sacando un par de monedas de su bolso.
La sonrisa de Leah mermó cuando vio las monedas, y la esperanza que había nacido en sus ojos ante la perspectiva de poder comprar algo más que una simple pieza de pan desapareció.
—Sé que tu arte vale más, pero es lo único que te puedo dar —suspiró la señora al gesto abatido de la niña.
Y la pequeña lo entendía, la señora no le daba más porque no tenía más que ofrecer, era tan típico, nada ajeno a lo que estaba acostumbrada a esperar de los pobres residentes del devastado Kidoshukuchō.
Pero era mejor recibir algo a nada.
—Gracias —murmuro bajo tomando las monedas con una de sus manos cubierta por un guante bastante deshilado—. Enserio gracias —dijo nuevamente, con más fuerza y un semblante recompuesto que adorno con una cálida sonrisa, algo que tomó desprevenida a la señora compradora.
La mujer observó enternecida como la pequeña frente a ella quiso dar su mejor cara ante la decepción.
Le partía el corazón ver lo bajita y delgada que era, se veía tan pequeñita con su con una ropa descuidada y andrajosa que era el doble de su tamaño. Una camisa rosada deslavada que en algún momento fue color rojo y un saco café con bastantes agujeros en él.
Tenía un gorro de punto bastante maltrecho, sobre un cabello negro rizado opacado por la suciedad a pesar de dar señas de intentar estar cuidado.
—En verdad lo siento, ojalá pudiera darte más —susurro en disculpa mientras se alejaba aun mirando la sonrisa de la niña.
Leah borró su sonrisa y guardó las monedas en un bolsillo de su saco. Con un gruñido de su estómago anunciando que había pasado más de medio día sin probar bocado espero que la venta mejorará un poco antes de que en la noche descendiera sobre ella. Mirando hacia el cielo vio un par de tonos rojo en el horizonte anunciando que la tarde comenzaba a caer.
—Mañana estará cubierto de nieve, tal vez podría jugar con ella un poco —murmuró con una sonrisa que se extendió por su rostro enrojecido por el frío—. Le diré a los chicos.
—¡Hey Leah-neechan!
La mencionada giro su rostro para ver dos figuras familiares correr hacia ella.
—¡Taiki-kun! ¡May-chan!
Un niño pelirrojo y una niña de cabello azul claro se acercaron corriendo a ella con rostros emocionados. Al verlos Leah no puedo evitar sentirse feliz, desde el incendio ambos habían estado muy apagados y ahora volverlos a ver sonriendo le habían dado una gran alegría. Para ella estos dos eran como sus hermanitos.
—No creí que estuvieras todavía aquí —murmuro en tono de burla el pelirrojo, realmente encontraba increíble la terquedad de Leah de no querer dejar su pequeño negocio o al menos moverse de este lugar.
—¡Te lo dije! —dijo triunfal la niña levantando los brazos en señal de victoria—. Me quedaré con tu ración de comida de esta noche.
—Tramposa—se quejó el chico con un puchero.
—¿De qué hablan? —dijo mirando de un chico a otro sin entender.
—Que aposté a qué estarías aquí vendiendo tus florecitas como lo has estado toda la semana —explico May agarrando una de las flores y poniendo tensa a Leah. May no era muy delicada con las cosas, pero era entendible para una niña de 5 años—. Le dije que estarías aquí esperando a que llegara el "héroe de papel".
—¡No lo llames así! —se quejó Leah con un puchero. A diferencia de lo que ella sentía, sus hermanos no sentían ningún amor por el héroe de Konoha.
Y es que Leah admiraba a Naruto Uzumaki. Para ella era un héroe como el que existía en lo cuentos. Soñaba con poder conocerlo algún día y poder ser grandes amigos, conocer a su novia Tenten, conocer a los legendarios miembros del equipo 7.
Ella quería ser parte de su vida, como su más grande admiradora.
—Olvidemos eso —interrumpió Taiki sacándola de sus sueños—. ¡Tenemos grandes noticias!
—¡No es justo Taiki-niichan! —hizo un mohín May dejando las flores en la caja y cruzando los brazos—. ¡Ya les dijiste a los demás, deja que yo le diga Leah-neechan!
—Está bien, dile tú y hazlo bien —murmuró con un gesto de frustración por la actitud infantil de su hermana menor.
—¡Leah-neechan! —chillo emocionada empujando a un lado al chico y tomando las manos de Leah—. ¡Nezumi-sama regreso!
—¿Que? —dijo Leah sin entender.
—¡Nezumi-sama! —repitió haciendo que Leah abriera los ojos comprendiendo. Sabía quién era Nezumi, todos en Kidoshukuchō sabían quién era él y a que se dedicaba—. ¡El regreso! ¡Y adivina! ¡Y adivina! —moviendo sus manos junto a las de Leah arriba y abajo con más emoción.
—¿No sé?
—¡Ha comenzado a aceptar a todo aquel que quiera unirse, sin importar la edad! —contestó Taiki.
—¡Taiki-baka! —gruño May golpeado el pecho de su hermano mayor con sus puños—. ¡Era mi sorpresa!
—Te tardaste tonta —sonrió divertido apartando a la pequeña de él con una mano y reteniéndola de que se lanzará encima de él nuevamente—. Y no solo él… Satoshi-san 'el grande' también está buscando gente—anuncio feliz.
—¿Sa-Satoshi…? ¿El segundo al mando del castillo Kikyō? —jadeo Leah, si era verdad entonces esto era algo sorprendente. Al parecer el gran casino volvería a abrir sus puertas nuevamente.
—¡Si! —chilló nuevamente May, olvidando su intento de atacar a Taiki y mirando a la otra chica—. Pero no olvides a Nezumi-sama. Él es el mejor de los tres, ¡Debieron haberlo visto! ¡Junto a su banda golpeó a los ninjas muy duro! ¡Fue así como… fua y bam! ¡Es asombroso!
Leah suspiro incómoda y apartó suavemente sus manos de las de May y se regresó a su lugar detrás de su pequeño puesto.
—¿Qué pasa, no ves que es una gran oportunidad?— la sonrisa en el rostro de May se marchitó rápidamente y su ceño se frunció en confusión.
—Yo… no sé — susurro.
—¿Que pasa Leah? —se acercó Taiki serio poniendo su mano en su hombro. Y entonces, cuando entendió el porqué de la reacción de su hermana apretó el agarre sin saber que había comenzado a lastimar a Leah—. Es por el ¿verdad?
—Taiki-kun.
—Sigues en espera de ese —gruño soltando a la chica fuertemente que la hizo tambalear.
—¡Entiende de una vez que no vendrá, es un falso héroe…! ¡Un falso héroe que se olvidó de nosotros! —grito May, alzando sus manos en puño en una rabieta infantil.
—Yo… yo no quiero hacer nada malo… yo quiero ser como él— respondió Leah con temblor en su voz, pero decidida.
—Leah… May tiene razón, tu supuesto héroe se olvidó del barrio, tienes que aceptarlo —susurro Taiki—. Nunca apareció durante el incendio, y sabes porque, porque probablemente él dio la orden de quemarnos.
—¡Es mentira! —respondió la chica fuertemente apretando los puños—. ¡Estás mintiendo!
—¡No miento! —replicó Taiki, que antes de continuar le dio una mirada de soslayo a May—. No quería decirte nada, porque sé que lo admiras mucho—suspiro—. Pero, el día que nos tocó la recolección de sobras vimos como él estaba en el refugio y se fue hablar con Yūgiri-sama... y ella regreso con el cabello suelto y sobando su cuello, de seguro ese le hizo algo.
—¡Claro que no! ¡El sería incapaz!
—¡Yo también lo vi Leah-neechan! —dijo May elevando la voz.
—Pero… —Leah trata de intervenir.
—Dime porque no vino… porque no vino ese día que todo estaba en llamas… porque… ¡Porque dejo que Kari muriera quemada viva! —lloro May con voz quebrada, mientras las frías lágrimas se deslizaban por sus coloradas mejillas.
—¡Ya estarás contenta Leah! —gruño Taiki mientras abraza a May para tratar de calmarla.
—No… yo no quise —Leah trata de acercarse a ellos, pero Taiki la aparta de un manotazo.
—En verdad agradezco que no dejarás que mi padre me vendiera por unos centavos… agradezco que nos acogieras después de… de ese día, pero… sigues con tu necedad de alabar a ese… a ese maldito —y apretando los puños dijo unas serías palabras que cambiarían la vida de los tres para siempre—. Así que escoge. ¿El o nosotros?
La pequeña Leah se tapó la boca ahogando un jadeo doloroso.
—Taiki-kun… por favor no —rogo mientras sus ojos comenzaban a llenar de lágrimas.
—¿¡EL O NOSOTROS, LEAH!? —grito Taiki—. ¡DECIDE!
—Leah-neechan —susurro May alargando su mano para que la otra la tomara, para que ella demostrará que escogería a sus hermanos sobre cualquiera, que estarían siempre juntos.
Pero Leah no se atrevió a tomar su mano.
Las lágrimas volvieron al rostro de la más pequeña, solo que esta vez eran de un sentimiento muy distinto. Apartándose de Taiki, se arrodillo al suelo y tomó un puñado de nieve con sus manos, le dio forma y la arrojó con fuerza a Leah.
—¡Te odio! ¡No quiero volver a verte! —gritó entre lágrimas, mientras arrojaba más bolas de nieve a la chica que trató de protegerse de la agresión con sus manos.
En algún momento bajo el incesante ataque de nieve, uno de los tiros dio de lleno a la caja, derribándola y esparciendo las flores por el suelo que comenzaron a humedecerse.
—¡No! ¡Mis flores! —chillo Leah arrodillándose y tratando de volverlas a poner en su sitio bajo la lluvia de nieve de May.
Taiki que la miro hacer esto, gruñó con enojo y comenzó a pisarlas ante los horrorizados ojos de Leah.
—¡Basta! —rogo agarrándolo del frente de sus ropas—. ¡Por favor!
—Leah —Taiki agarró las manos de Llega y las apartó de él. La voz fría del chico hizo que May cesará su ataque y lo mirara aún con lágrimas en los ojos—. Desde hoy May y yo nos encargaremos de sobrevivir por nuestra cuenta.
—May-chan, Taiki-kun —sollozo tomando la mano de ambos—. Se que no nos unen lazos de sangre, pero de verdad los veo y quiero como si fueran mis hermanitos, así que por favor... –Leah es interrumpida por May que se soltó del agarre y le dio una mirada llena de odio.
—Si nos quieres tanto, no debiste cambiarnos por ese "héroe de papel".
—Adiós Leah — y sin más Taiki se separa, tomando la mano de May y se alejan de ahí sin voltear atrás.
—No… espere...
—Déjalos —interrumpió una suave pero autoritaria voz—. Ellos ya decidieron.
Leah se dio la vuelta y ahogo un jadeo ante estar ante la presencia de una de las personas más importantes de Kidoshukuchō.
—Yū-Yūgiri… sa-sama...
—Si en verdad te crees su hermana tienes que respetar sus decisiones y dejarlos ir —murmuró mientras tomaba una bocanada de su cigarrillo y le daba una mirada rápida a las dos pequeñas figuras que se perdían en la oscuridad—. Muy pronto se darán cuenta lo difícil que es sobrevivir uniéndose a esos dos idiotas.
—Pero…
—Escucha bien mocosa —exhalando humo y dándole una mirada sucia a Leah—. Eres parte de los pocos sobrevivientes del barrio. Eso debería bastarte y… —pero un gruñido proveniente del estómago vacío de Leah interrumpió su alegata haciéndola reír—. En verdad que eres igual de tonta que él.
Leah bajo la mirada sonrojada, apretando su estómago con sus manos.
—Prefieres morirte de hambre antes que ir a la aldea a robar una sola pieza de pan, aún si lo poco que ganaste hoy ya no está contigo —la voz burlona de Yūgiri hace sonrojar más a Leah—. ¿Crees que no me di cuenta?, dejaste que esos dos pequeños bribones te robaran esas monedas.
—Tal vez… tal vez si ellos puedan encontrar algo de comer con eso… algún día me perdonen—murmuró apenada la pequeña mirando al blanco suelo.
Yūgiri miró en silencio a la niña por un rato poniéndola sumamente nerviosa, pero sin previo aviso una pequeña bolsa de papel cayó a los pies de Leah.
—Come.
—¿Que?
—¿Estás sorda niña? —gruño volviendo a poner su cigarrillo en la boca— Levántalo y come.
Temblando de nervios, la chica levantó la bolsa mirando su interior con mucho cuidado, dentro había un pedazo de pan duro y algo de queso algo rancio, pero todavía comestible.
—Gracias señorita —agradece Leah y sin pensarlo dos veces parte el pan a la mitad al igual que el queso para comer, pensando en guardar el resto para May y Taiki, quería creer que aún había oportunidad de estar juntos.
—No me des las gracias, solo míralo como una inversión a futuro —dijo con un oscuro tono dulce—. No podemos permitir que tus inusuales y lindo ojos color miel se apaguen.
Con lo dicho por Yūgiri, Leah casi se ahoga con el poco pan que comió. Aun si no entendía del todo lo que la mujer trataba de decir, en la forma en que sus palabras salieron de su boca la puso con la piel de gallina.
—Lo siento señorita, pero yo no...
—Si, es claro que no eres del tipo salvaje como para trabajar con esa pequeña rata —murmuró tomando a Leah de la barbilla y revisándole el rostro—. Y sería un desperdicio dejarte con ese cerdo egoísta. Así que el único lugar que te queda es estar a mi lado, satisfaciendo a los curiosos clientes que...
—Se… se equivoca señorita —interrumpió separándose de ella, con una voz de valentía que realmente no estaba sintiendo. Había escuchado rumores de que las niñas que terminaban en Shirukusukin nunca volvían a ser las mismas. No sabía porque o a que se debía, pero ella no quería cambiar nunca—. Yo quiero ir a la aldea, quiero ser como…-
—¿Naruto Uzumaki? ¿El gran héroe de toda Konoha? —dijo con burla—. Por favor niña no me hagas reír. Tus supuestos hermanitos tienen razón, ese se olvidó de esta parte, no le interesan mocosos como tú —soltó con veneno—. No olvides que eres una Hotaru-shū [Luciérnaga cautiva] de Kidoshukuchō, y que el destino de ustedes es terminar sirviendo a uno de los tres reyes si quieren sobrevivir.
Leah trago con miedo dando un paso atrás.
—En el casino, con los Yakuza o mi palacio —sonriendo con maldad—. Y tú pequeña luciérnaga… —Yūgiri mira de arriba abajo a Leah—, encajaras perfectamente en mi palacio, muñequita de porcelana.
—Yo… no… no quiero… —tembló de miedo.
—Tranquila niña, por ahora eres tan útil como una simple almohada —se burló—. Pero esperemos un par de años, el tiempo se irá muy rápido y cuando cumplas catorce y el hambre sea insoportable… créeme entraras a mi servicio por tu propio pie —declaró, riendo divertida de la cara de espanto en el rostro de Leah—. ¿Quieres escuchar una historia? Como sabes estas cerca del límite del barrio rojo con la aldea, pero a unos cuantos pasos…
Yūgiri mira unos escombros en específico, el edificio donde solía vivir una molestia rubia ruidosa.
—Ese mocoso solía vivir allí —señalando. Yūgiri se tomó el tiempo para hacer una pausa con el propósito de ver la reacción de la niña, esperando encontrar sorpresa e incredulidad. Pero para su enojo lo que vio fue algo sumamente desagradable y enfermizo: esperanza, una chispa de esperanza en los ojos de la pelinegra.
—Oh, voy a aplastar esa mirada mocosa —pensó la mujer con un placer vicioso naciendo en su interior—. Voy a romper tus esperanzas y sueños como el de muchas antes que tú.
—¿Yūgiri-sama?
La nerviosa voz de Leah sacó a la dueña de Shirukusukin de sus oscuros pensamientos y la obligó a volver a su relato.
—Como te decía —murmuró—. Ese mocoso llegó de un día para otro a vivir en ese vulgar edificio y para mi mala suerte llego a mi palacio en su primera noche, contándome una empleada, aunque pensándolo bien, esa vieja víbora tenía los días contados —dijo con una mueca—. Ese tonto iba siempre a gritar que algún día sería el gran líder de la maldita aldea, y para colmo una de mis mejores chicas lo acogió como si fuera su hermanito, grave error.
Leah estaba al pendiente de cada palabra que salía de la boca Yūgiri. La mujer sonrió sabiendo que sería fácil manipular a la niña si usaba su admiración por el mocoso Uzumaki para su beneficio.
—Niña tu héroe es de papel, es de mentira, propaganda barata para una sucia y podrida aldea —dijo con malicia—. Si, llego aquí por error y vivió un par de palizas. Pero eso no lo hace uno de los nuestros. Y ahora que el patito feo se ha transformado en cisne ha olvidado sus orígenes y renunciado a su pasado —inhalando de su cigarrillo y exhalando frente a la niña que comenzó a toser, Yūgiri finalizó su discurso diciendo—. En pocas palabras, aunque vivió por un tiempo en la basura, ese idiota estaba destinado a nacer y vivir en un palacio de marfil, así que no te sorprenda que ahora él se olvide de los más necesitados.
Leah escucho todo lo dicho por la mujer adulta frente a ella, pero como suele suceder en un niño, solo escucho lo que más valor y esperanza le dio: su héroe fue un niño en iguales condiciones que ella. Y para desagrado de Yūgiri, después de una reverencia a su persona, la niña se agacha para recoger los restos de sus flores y marcharse con una gran sonrisa de ahí, dándole entender a la mujer que su historia no hizo más que acrecentar las esperanzas de la pequeña.
—Disfruta tus patéticos sueños mocosa —dijo con malicia la mujer viendo a Leah desaparecer entre los callejones—. Algún día te haré mía, y para ello aplastare tu admiración por Naruto hasta que solo me veneres a mí.
—Siempre he pensado que eres una mujer retorcida, pero veo que realmente no tienes ningún reparo en superar mis expectativas de cuán ruin puedes ser.
—Créeme no lo hago pensando en sorprendente —siseo Yūgiri sin dejar de ver por dónde se fue Leah—. ¿Qué no sabes que es de mala educación escuchar conversaciones ajenas?
—Es una calle libre —dijo la voz con ironía—. Además, me agrada ver tus ridículos intentos de intentar apagar la dichosa voluntad de fuego del viejo. Ni muerto dejas que su memoria descanse en paz, al parecer tenías un flechazo por él.
—¿Apagarlas? —rio la mujer con ironía—. Como apagar algo que no arde más, algo no ha ardido en años. No, no… yo solo quiero guiar a nuestras bellas hotaru-shū por un buen camino —dijo con una voz sedosa—. ¿Algo más que quieras decirme, sucia rata?
—Solo que no te confíes —habló la voz divertida—. La sutileza de Sui es más ambiciosa de lo aparenta, así que lo que sea que estés planeando con el mocoso del Yondaime, espero que valga la pena… claro si es que logras hacer algo.
—¿Te preocupas de mí? Qué enternecedor, porque no te conviertes en mi subordinado y aceptas tu destino, te aseguro que te haré pasar un buen rato —la sonrisa de Yūgiri se vuelve más grande y maliciosa.
—Lo siento, tengo estándares para mí putas.
—¿Un mocoso como tú ni siquiera ha de saber cómo usar su pene? —espeto— Pero volviendo a los negocios y a lo que el cerdo planea, o lo que yo estoy preparando, ¿Harás algo para nivelar la balanza de tu lado? Porque con solo reclutar mocosos te quedaras muy atrás y no quiero que mi victoria sea fácil, quiero destruirte a ti y al cerdo hasta que laman la punta de mi sandalia.
—¿Te preocupas de mí? Qué enternecedor —se mofo la voz usando las mismas palabras de la mujer—. Pero tranquilízate, todo va de acuerdo al plan, al final nosotros ¿cómo nos llamaste? —preguntó con ironía—. ¡A sí!, ratas. Verás nosotras las ratas podemos estar donde sea y comenzar una plaga en cualquier momento. Así que ten cuidado, dicen que podemos ser muy infecciosas.
Y sin decir más, el compañero de conversación de Yūgiri dejo su escondite y desaparece en la oscuridad.
—Rata astuta… ya nos veremos la cara, tú y ese maldito gordo, ambos estarán a mis pies muy pronto. Solo puede haber un verdadero rey en Kidoshukuchō— sentenció la bella mujer dando una bocanada a su cigarrillo e irse a sus dominios en Shirukusukin.
La guerra estaba anunciada y ahora era momento de comenzar los preparativos.
•••
Ya ha pasado bastante tiempo desde que llegó a su pequeña cama improvisada hecha con cajas de cartón y uno que otro pedazo de tela. Algo muy común en el segundo campamento de sobrevivientes del incendio.
Moviendo una tabla oculta guardo ahí el resto de pan y queso que sobró de su pequeña merienda, esperando poder compartirlos con sus hermanitos cuando regresarán a casa.
—Tal vez si hablaron en serio y nunca más los volveré a ver —murmuró con tristeza intentando ahogar sus sollozos.
Nuevamente estaba sola, como cuando ella se fue.
—Shiori-bāchan —susurro Leah calmando un poco su silencioso llanto.
La imagen de la amable anciana que la acogió desde que era una bebé, la cuido y educo con gran amor le devolvió a su rostro una pequeña sonrisa.
Y es que la amaba con todo su ser aún si ya no estaba con ella, como no podía hacerlo si la mujer la acogió de una muerte segura aquella fría noche bajo las luces de neón del barrio rojo siendo una recién nacida.
No sabía nada de sus padres, nunca hubo una nota un indicio que dijera sus identidades, pero para la pequeña vendedora de flores el deseo de que sus padres hayan sido buenas personas y que si la abandonaron fue por causas fuera de su control y no porque eran igual al resto de mala gente que vivía aquí.
Pero para su buena suerte, la anciana Shiori era dueña de un pequeño y deteriorado edificio donde rentaba habitaciones a los pobres por bajo costo, algo que la hacía ganarse el cariño de cada persona necesitada en el sector oeste del barrio, territorio de Sui, uno del Sanyoruō conocido como Fuku no shukenja [Soberano de la fortuna].
Las lágrimas fluyeron de los ojos de Leah al recordar a ese hombre, el principal artífice de que su vida diera un giro sombrío.
Cuando su amada Shiori-bāchan recibió la terrible visita de la muerte, los hombres de Sui aparecieron reclamando el edificio completo sin dar tiempo siquiera de tomar las pocas pertenencias de valor de sus habitantes. Aun si apenas había cumplido los cuatro años recordaba perfectamente los empujones y amenazas que recibieron para ser echados a la calle como perros. Aún sentía el espasmo imaginario del dolor que sintió cuando sus rodillas fueron cortadas al caer violentamente al pavimento por una patada de un hombre que no le permitió ni siquiera despedirse del cuerpo muerto de su amada abuelita.
—Nunca he tenido un verdadero lugar para ir a llorarte —se lamentó Leah limpiándose las lágrimas. Nunca supo qué pasó con su cuerpo, pero dedujo que terminó en una de las fosas comunes al sur del barrio, donde paraban todos los cadáveres de la gente que no podía recibir una decente sepultura, y es que una niña de cuatro años jamás sería capaz de adquirir un pedazo de tierra para enterrar a su abuela o conseguir una urna donde guardar sus cenizas.
Ahora su antiguo hogar se convirtió en un bar más de Kidoshukuchō, como si no fueran ya suficientes. Recordaba la última vez que lo vio, risas escandalosas resonaban desde el interior, hombres y mujeres borrachos en la puerta mirándola de forma maliciosa, no lo soporto más y salió corriendo.
La amargura de la castaña aumento al recordar como su primera noche sin techo fue cubierta por una gran lluvia que empeoro y se convirtió en granizada, típico de la temporada de lluvias que recién iniciaba en ese momento; después de ese día tuvo que sobrevivir del agua que podía recoger de unas destartaladas tinajas que encontró en su nuevo hogar: Nansō, un callejón de la zona sur, donde los niños abandonados se escondían para vivir entre sí y juntos evitar ser tomados por alguien con dudosas intenciones.
Muchas veces observo como algunos de sus viejos compañeros eran arrastrados fuera de los callejones por hombres y mujeres con sonrisas perversas que no daban nada de confianza, uno que otro de los pequeños lograba regresar llorando, algunos llenos de golpes y otros… nunca volvían a ser los mismos.
—Taiki-kun, May-chan, espero no les pase nada malo —sollozo Leah abrazando sus piernas y escondiendo su rostro entre las rodillas.
•••
Años atrás.
Un año después de perder su hogar y aprender a valerse por sí misma, Leah logró hacerse de una pieza de pan sin señales de moho, un verdadero tesoro encontrado en el contenedor de basura de una casa de apuestas. Ella lo guardó con recelo entre la sucia tela de su ropa mientras corría de regreso sin detenerse.
Ya en su refugio, entre jadeos y con sus piernas temblando por el esfuerzo, Leah se sienta en el suelo para disfrutar de su festín, pero un llanto la distrajo, saliendo a ver qué sucedía encontró a una niña desconocida de pelo azul en la entrada de su callejón. Al parecer Nansō tenía una nueva habitante, bueno lo mejor era darle la bienvenida y tratar de consolarla.
Entonces sintió como alguien se abalanzó contra ella derribándola y provocando que su pan caiga al suelo. Aturdida parpadeo un par de segundos para ver a un niño pelirrojo más chico que ella incorporarse y ver con hambre su pieza de pan.
—¡Oh no! —gimió dándose cuenta que el objetivo del niño y con gran destreza se lanzó hacia el pan, tomándolo primero y poniéndose de pie.
—No está permitido robar en él Nansō —acusó Leah sosteniendo su comida contra su pecho.
—Yo no te lo iba a robar, me lo iba a comer —dice el niño mirando fijamente el pan entre las manos de Leah—. ¡May!
El grito del niño confundió a Leah hasta que sintió un fuerte dolor en una de sus piernas. La pequeña niña que antes estaba llorando se había aferrado a su pierna y la estaba mordiendo. Viendo su oportunidad, el niño logró meter sus manos entre las de Leah y comenzó a forcejear con ella por la pieza del pan.
Y así duraron un rato, la niña aún aferrada a Leah que ya no mordía y el niño tratando de sacarle el pan. Una típica pelea por alimento entre los niños del barrio rojo.
—¡Basta! —gritó Leah cansada—. Prometo compartir este pan con ustedes, pero ya dejen de pelear.
—¿Crees que soy tonto? —escupió el niño—. Te irás corriendo si te suelto.
—Digo la verdad… —contestó.
El niño dejó de forcejear con Leah e hizo una señal con la cabeza a su compañera para que pare de agarra la pierna de la otra chica.
—¿Ves? —murmura Leah sacudiéndose el polvo de sus ropas—. No tengo motivo para huir, este es mi hogar.
—Bueno dije que compartiré esto con ustedes y lo voy a cumplir —declara mientras parte el pan en casi tres partes iguales, repartiendo las de mayor tamaño con ellos y quedándose ella con la menor.
Leah mira atenta como la pequeña frente a ella mira al pelirrojo hasta que esté asienta con la cabeza, señal que esperaba la pequeña para sentarse a comer.
—¿Por qué compartes tu comida con un par de extraños que intentaron robarte? —preguntó el niño con desconfianza levantando una ceja.
—Por qué quise hacerlo —responde simple, encogiéndose los hombros y sentándose frente a la peliazul—. ¿Ya sabes hablar? ¿Cómo te llamas? —pregunta sin obtener respuesta de la pequeña.
—Ella no habla… y no es por la edad, no preguntes no es tu asunto —responde el pelirrojo con un gruñido mientras le daba una mordida a su pan.
—¿Puedo preguntar de dónde vienen? —cuestiona Leah tratando de tantear el terreno con el chico.
—Somos del Kitasu… —dijo secamente con comida en la boca—. Ella se me pego camino acá así que la utilizó como distracción para robar comida, como no dice nada yo le puse May, supongo le paso algo feo como para dejar de hablar —explica el pelirrojo a Leah.
—Al final terminó contándome lo que sabe de ella —pensó Leah con una sonrisa sudando. Luego cuando las palabras del niño cayeron en cuenta abrió los ojos enormemente—. ¿Del Kitasu?¿Que hacen aquí?¿Se perdieron?
Era una ley no escrita pero respetada que nadie del Kitasu podía ir al Nansō y viceversa. Estaba prohibido.
—Odio a las personas que preguntan tanto… —se quejó el chico dándole una mirada sucia a Leah—. Escapamos de allá, a los del otro lado les dio por ir por niños y como Nansō este retirado se fueron sobre nosotros.
Leah se queda en silencio pensando en lo que el pelirrojo acaba de decir, sonaba aterrador.
—Bueno. Ya están a salvo aquí, me llamo Leah —sonrió amablemente—. Si quieren pueden quedarse conmigo, así los demás no los molestaran por ser los nuevos.
—Ja!, ¿Quién quiere quedarse con una…?
El pelirrojo guardó silencio al ver como May se levanta y abraza a Leah.
—Parece que a May le gusta la idea —rio Leah.
—Bien… nos quedaremos, pero te advierto que no recibo órdenes de nadie. Soy Taiki y tengo seis años.
—¿Seis años? —Leah se tapó la boca con una mano para no reír—. Pero si eres más bajito que yo y yo tengo cinco años.
—¿Cinco años? —repitió Taiki abriendo los ojos enormemente para luego sonreír arrogante—. Entonces eres menor que yo, así que yo estoy al mando.
—Ya quisieras… chibi-chan —se burla Leah riendo un poco, contagiando a May.
—¡No me digas así! —grito avergonzado Taiki, con las mejillas coloreadas.
—Lo siento… lo siento —se disculpa Leah sonriendo feliz–. Prometo que los protegeré ¡Es un juramento! —dice emocionada. Después de un año por fin tenía amigos.
—¡No digas tonterías! —murmura Taiki más rojo que su cabello.
Leah se suelta a reír de nuevo acompañada de May y finalmente Taiki se les une, haciendo que en el callejón resuene las risas de los niños, algo que nunca antes había ocurrido.
•••
Tiempo presente.
—Hice… hice lo que puede —sollozo Leah con voz quebrada por el dolor.
Ella se sentía terrible, sus amados hermanos la dejaron por no poder soltar su admiración por su héroe, aquel que la había inspirado y le había dado un propósito, el ser la mejor persona posible y algún día poder estar del otro lado del barrio.
Su héroe que había aparecido aquel día fatídico y junto a su bella novia habían salvado su vida.
•••
El día de la invasión.
Una semana y media sin comida fue el límite para la pequeña que yacía escondida en un montón de cajas de cartón, asomando un poco más la cabeza le pareció extraño no ver a nadie en las calles, todo tranquilo, muy muy tranquilo, hasta que el gruñido de su estómago rompió con aquel silencio.
—Tranquila Leah, solo tienes que ir al puesto de esa esquina, buscar sobras en la basura y volver… tres simples pasos —se dijo para sí la pequeña—. Hazlo por tus hermanos, no pueden pasar otro día sin comer —y sin más la niña volteo a ambos lados asegurándose de que no había nadie observándola y se aventuró.
Con el corazón latiendo a mil por hora, Leah cruzó el umbral de la entrada a Kidoshukuchō y por primera vez pisó el piso del otro lado de Konoha.
Emocionada y asustada corrió a toda velocidad al puesto de comida con la esperanza de encontrar sobras, sin embargo, con tristeza ve que no había nada. No queriendo regresar con las manos vacías, la pequeña tuvo el valor de ir un poco más adentro de la aldea, buscando, aunque sea alguna migaja de pan.
Y por fin pudo encontrar algunas verduras rancias, pero aun comestibles en un local que al igual que los otros permanecía cerrado, tan concentrada estaba en sacar las verduras de la basura que no se dio cuenta del pequeño temblor bajo sus pies, mucho menos cuando una sombra se acerca peligrosamente a ella, hasta que…
—Vaya, vaya qué tenemos aquí —la voz áspera la tomó por sorpresa, y la sorpresa paso a un terror atroz al ver quién estaba detrás de ella: un shinobi.
—Yo… ¿Es basura no?... no estoy robando —tartamudea Leah con miedo, este era un ninja, de esos que matan gente por dinero, pero lucía distinto, su ropa era diferente a los que veía en los bares del barrio y el símbolo en la cosa que usaban en la frente era distinto, parecía una nota musical.
—Mmm… sabes pequeña… mi espada tiene sed —sonríe maliciosamente el hombre mientras desenfunda lentamente su arma—. Nunca antes ha probado el sabor de una niña pequeña, veamos si le gusta.
La sangre desapareció del rostro de la niña, iba a morir y jamás volvería a ver sus adorados hermanos. Cuando el ninja alza su espada, Leah cerró los ojos aceptando su destino, tal vez volvería a ver a su abuelita pronto, esperaba que sus hermanos pudieran sobrevivir ahora que ella ya no estaría. Pero nunca llegó el dolor que se sentía morir, no ella sintió algo distinto, un par de brazos cubriéndola y el viento corriendo por su rostro y cabello.
—Enserio debes ser todo un hijo de perra para tratar de lastimar a una niña pequeña —una nueva voz se escuchó cercana a ella haciendo que la niña abriera sus ojos encontrándose con una mirada azul que la ve amablemente, nunca antes nadie la había visto así, solo su abuelita.
—Oh vaya tenemos una linda princesita aquí —dijo el chico de los bellos ojos azules, estaba con el torso desnudo y su cabello era amarillo y brillante, como el sol.
—¿Ella está bien? —dijo otra nueva voz que apareció a su costado, Leah giró la cabeza para a una chica de pelo café recogido en dos curiosos moños.
—Si, la alcance a salvar a tiempo.
—Que bien —suspiró aliviada para luego mirar amenazadoramente al shinobi enemigo, que se retorcía con dolor en el suelo con muchos kunai clavados en su cuerpo—. Bien sabandija, no tenemos tiempo para lidiar contigo, tenemos un psicópata pelirrojo que detener y una nakama que rescatar. Pero te atreviste a meterte con una inocente así que no puedo dejarte ir, así como si nada.
—Panda-chan no es necesario y mucho menos frente a la niña —susurró el niño que abraza más protectoramente a la pequeña.
—¡Bien! —resoplo la joven castaña y tomando de un pie al ninja se lo llevó arrastrando detrás de una de las casas cercanas.
—¡Espera, yo me refería a…!
—AHHHHH NOOOO POR FAVOR YA NO MAAAAS AHHHHHH
El chico palideció mortalmente y puso sus manos en los oídos de la niña rápidamente.
Después de un par de segundos más de gritos agonizantes llegó un silencio sepulcral y la chica salió de la parte trasera con manchas de sangre en sus ropas.
— ¡Listo! —dice orgullosa, volviendo con ellos—. Rápido, limpio e indoloro, un trabajo eficiente para nuestra primera misión clasificada A, andamos rockeando capitán —finaliza sonriendo y sacudiéndose las manos.
—Eso no fue limpio ni indoloro —pensó Leah sabiendo muy bien lo que había pasado allá atrás, ya lo había visto antes.
—¿Qué? —pregunta la joven ante la mirada llena de horror del rubio y la curiosa de la pequeña niña.
El mencionado suspira y dejando a la niña en el suelo se inclina para revisarla.
—Descuida pequeña, ya nadie te hará daño —le dice con una sonrisa—. Será mejor que vuelvas a casa hasta que todo pase —señalando con su pulgar al caos detrás de ellos, el cual se propagó como si fuera fuego.
Leah mira al rubio y a su compañera la cual se levanta el pulgar con una sonrisa.
—Una linda y pequeña princesa como tú no debe estar afuera ahora, regresa a casa —sonríe Naruto a la pequeña y le entrega una bolsa que Tenten le acercó.
Sus ojos miel se hacen más grandes y miran con admiración a Naruto, Leah sonríe al ver que el contenido de la bolsa son un par de manzanas en buen estado y muy apetitosas, por fin podrán comer sus hermanitos y ella.
Algunas explosiones cercanas ponen en alerta a los jóvenes ninja tratando de identificar la procedencia y al volver fijar la vista donde se encontraba la niña ven que ya no está.
—Creo que regreso a su casa.
—Si —susurro Tenten mirando a la dirección donde está un peculiar callejón. Esa niña, era una hotaru-shū, lo supo en cuanto vio su mano ¿Que hacía aquí?
Suspirando presta atención a la invasión frente a ellos, pensado que su rubio compañero es más despistado de lo que ella creía.
—Un acto sincero de bondad, siempre trae otro. Espero que llegues con bien a casa pequeña luciérnaga —murmuró Tenten antes de emprender su camino al bosque junto a su compañero.
—¿Enserio tenías que matarlo?
—¿Que tiene?
—¡Pues que no es normal que mates a cualquiera que no te guste!
—Tú lo hiciste hace rato.
—¡Pero fue para salvarte!
—Mmm... ¿Y qué tiene de malo?
—No es sano el que te guste matar.
—No es que me guste, solo no se me hace difícil hacerlo —encogiéndose de hombros—. Simplemente digo: 'voy matar a ese tipo', y pues lo hago.
—¡Das miedo!
—Gracias… supongo.
—¡No era un cumplido!
•••
Tiempo presente.
Limpiando sus lágrimas, Leah se puso de pie acercándose a la pared de su hogar, moviendo una tabla sacó un par de papeles, en uno de ellos había un dibujo, uno que hizo la misma noche del día que conoció al héroe de Konoha y su novia. Un dibujo de ella, una pequeña princesa pobre tomando la mano de los héroes, aquellos que le salvaron la vida.
Sonriendo con alegría la chica comenzó a sentirse sumamente exhausta, quizás el frío de la tarde la había hecho enfermarse.
—Espero que no —susurro sintiendo que sus mejillas comenzaban a calentarse rápidamente—. Mañana debo trabajar, debo intentar conseguir un poco más para tener una buena cena de Rinne con mis hermanitos —susurro caminando pesadamente y dejándose caer en su triste cama improvisada—. Estoy segura que ellos regresarán y tendremos un buen tiempo.
Lo último que ella pudo ver antes de que sus ojos se cerrarán sin poder evitarlo, fue su dibujo de ella y sus héroes tomados de la mano
—Deseo al menos verlos… a mi héroe… a mis héroes —murmura Leah quedándose dormida poco a poco, mientras una presión comenzaba a llenar su pecho, tal vez era la esperanza de que su deseo llegará a cumplirse en algún momento… o tal vez era algo distinto, algo muy alejado de ese sentimiento.
•••
LEAH
•••
Los sueños de una niña pueden ser distintos, pero siempre son con cosas que anhelan en sus corazones.
Algunas se ven siendo princesas y teniendo montañas de juguetes y ropa. Otras sueñan con cumplir sus metas, siendo mujeres exitosas.
Leah soñaba con pasar el día con sus más grandes héroes, sobre todo con aquel que le brindó su primera sonrisa amable después de años de no verla, después de que Shiori-bāchan la dejo.
Ella soñaba que ellos vendrían por ella y la llevarían con ellos, tendrían buenos momentos y le pedirán que se quede para siempre a su lado, ella a veces creía que solo era una crédula, Taichi-kun siempre se reía de ella y la regañaba por no dejar atrás sus sueños. A los hotaru-shū les tenían prohibido soñar, les impedía ver su presente oscuro.
Pero ella tenía la mínima esperanza de que su sueño se cumpliera, y cada vez que iba a dormir esperaba volver a soñar con su mayor anheló, el que sus héroes la rescatarán de su prisión en Kidoshukuchō como la princesa que alguna vez la llamaron.
Quizás esté sueño era el que soñaría está vez… una vez más...
—¿Cómo está la pequeña Ie-sensei?
—Pues pude bajarle la fiebre, aun así, no está para nada bien. Aun si su condición es mejor a la de hace unos días, las cosas no están resultando como desearías, el riñón comenzó a fallar —una voz cansada anunció con un gran suspiro, sonaba como si fuera una persona ya anciana—. El panorama no luce bien para la mocosa, realmente dudo que pueda librarse de esta.
—Pero ¿qué es lo que tiene? —dijo con un tono desesperado la voz de un joven, pidiendo que hubiera algo, lo que sea que pudiera ofrecer una esperanza—. De seguro se puede hacer algo.
—No es algo sencillo chico, la niña está padeciendo de septicemia.
—Entiendo, septicemia —repitió con voz seria—. Y entonces… ¿Qué es eso? ¿Es grave?—dijo confundido—. ¿No puede darle alguna medicina que la cure y listo?
—¿Eres idiota? ¿Qué parte de no creo que la niña salga bien librada no entendiste? —un gruñido molesto se escuchó saliendo de aquel que se llamaba Ie, pero antes de que alguna otra queja o comentario surgiera de las dos voces conocidas, una nueva voz se hizo escuchar, esta vez siendo la de una chica.
—La sepsis es una infección grave y potencialmente mortal que puede empeorar de forma bastante rápida, Naruto —explico seriamente—. En pocas palabras, la niña tiene bacterias en la sangre por infecciones graves, es muy probable que pueda morir de un choque séptico en cualquier momento.
—No… no puede ser.
—La chica dice la verdad —confirmo la voz anciana con un gruñido—. Eres talentosa con la parte teórica, recuerdo muy bien el par de meses que estuviste en el hospital ayudando y aprendiendo para ser una iryō-nin —reconoció—. Como dije buena para lo teórico, lástima que esa brillante mente estuviera atrapada en el cuerpo de una inútil para el control de chakra, tanto talento desperdiciado —ladro fuertemente.
—¡Quieres comerte mi puño, anciano! —gruño molesta la chica.
—Calma, Panda-chan —intentó tranquilizar Naruto—. ¿Qué podemos hacer por ella? ¡Debe haber algo que podamos hacer para ayudarla!
—¿Quieres hacer algo por la niña? —gruño Ie—. Déjala irse en paz, créeme la muerte es mejor a tener que regresar a ese tugurio de dónde la rescataste.
—¿Como puedes decir eso? —escupió molesto Naruto dando un paso al frente y mirando a la niña dormir con un rostro de agobio—. Se supone que eres un doctor, ¡debes hacer algo!
—Soy médico, no Kami —espeto—. La sepsis es una enfermedad descubierta hace un par de años. No sabemos cómo se comportará o la manera de cómo tratarla, además que la mocosa es la primera paciente pediátrico que hemos visto, y si incluimos su ya deteriorado cuadro clínico y el hecho que no será atendida en el hospital por más que hagas berrinche, bueno, no sabemos cuántas posibilidades de sobrevivir tiene. El único pronóstico que puedo anticipar es el mismo que el de los otros que la han padecido, morirá.
—Pero…
—No niño, no puedes sanar a las personas con buenos deseos, no existe una medicina milagrosa que cure todas las enfermedades. Entiende Uzumaki, no puedes salvar a todos —corto sin tocarse el corazón el anciano, comenzando a caminar hacia la salida con pasos cansados, el sonido seco de su bastón chocando con el piso hacía eco en la habitación—. Lo único que puedes hacer por ella es darle alegría al tiempo que le quede, no sabemos si volverá a despertar o no así que espero entiendas que en cualquier momento podría ocurrir —escupió—. Pero bueno, mientras eso ocurre, deja que tu novia esté a cargo de los cuidados básicos de la niña mientras siga viva, sabrá que hacer, ya que no necesita chakra y no puede echarlo a perder como lo demás… a y si tienen alguna nueva solicitud, vayan con esa vaca con Genjutsu, a mí no me molesten —gruño mientras salía de la habitación—. Ahora si no es mucha molestia yo regresare a mi casa, hoy habrá cena de Rinne y no puedo esperar para ver a los desgraciados de mis descendientes, malditas víboras que esperan que muera para quedarse con mi herencia, Ja, será divertido verlos pelear entre ellos por las tierras, amo esta época del año —murmuró para sí mismo pasando a un lado de Tenten que lo miro con una mueca y una gota de sudor.
—Viejo raro.
—Panda-chan… no es justo. Es solo una niña, la misma de la invasión —se afligió Naruto dejándose caer en el pie de la cama donde descansaba la pequeña.
La chica entró a la habitación y puso su mano en el hombro de Naruto de forma fraterna.
—Lo sé, es triste que alguien tan inocente pase por esto —suspiró sentándose a su lado—. Pero como dijo el anciano, no hay nada que podamos hacer por la niña.
—Leah.
—¿Eh? —respondió confundida.
—Se llama Leah… yo lo leí, estaba escrito en sus cosas en… en donde la encontré —trago con dificultad—. Kami es lo más deprimente que he visto en mi vida, su lugar era un tugurio que hacía ver mi antiguo departamento como una residencia, su comida estaba rancia… y había un dibujo, de ella y nosotros, al parecer nos ve como héroes —suspiro apretando su puño—. Sabes es irónico como es la vida, la única persona que me apoya en ese barrio está muriendo
—Entiendo… —murmuró sin saber bien qué decir para tratar de levantarle el ánimo—. Bueno lo único que podemos hacer por nuestra fantástica fanática es tratarla lo más amable posible el tiempo que le quede y si un milagro ocurre, supongo que debemos hacerla sentir cómoda ahora que estará aquí. No podemos devolverla a Kidoshukuchō y en ningún otro lugar la aceptaran, tu viste lo que pasó en el hospital.
Un gruñido molesto salió de la boca de Naruto.
—Pero por qué negarle la atención solo por esa estúpida marca —escupió con enojo, mientras pasaba un dedo por la muñeca de la niña, específicamente en la marca de la luciérnaga.
—Sabes que, para mucha gente de la aldea, la gente que viene de Kidoshukuchō son peor que escoria, los marginados no caben en su idea de un pueblo utópico, ni siquiera las hotaru-shū.
—¿Hotaru-shū?
Tenten suspiro y miro hacia el frente, frunciendo el ceño.
—Así se les conocen a los niños de Kidoshukuchō. Como el nombre lo dice, son luciérnagas cautivas, pequeños brillos atrapados en la oscuridad de ese lugar, sin esperanzas de salir —murmuró sombríamente—. La marca en ellos es puesta por la aldea para reconocerlos y que no puedan infiltrarse en este lado, ellos lo consideran un insulto que algunos de esos niños condenados lleguen a tocar su pulcro sector.
—No puedo creer que hagan eso —masculló Naruto, sintiéndose asqueado de cómo Konoha trataba a su propia gente—. No entiendo porque no lo vi antes.
—Porque aún si viviste en los límites de Kidoshukuchō no fuiste parte de ellos, el Sandaime jamás lo hubiera permitido, por eso nunca fuiste marcado.
—Lo sé.
—Sabes, todos tenemos chakra, pero no todos pueden dominarlo —comenzó mirando aún hacia el frente—. A la edad de 3 años el Keirakukei [Sistema de Circulación de Chakra] se desarrolla en el individuo, los niños que son huérfanos son revisados para determinar si tendrán futuro como ninjas —explico—. De no ser así son enviados al barrio, es una ley emitida desde hace décadas en el primer gobierno de Hiruzen Sarutobi.
—¿Enserio hacen eso? —replicó incrédulo.
—Si —confirmo Tenten— yo pude haber terminado ahí si no hubiera sido que puedo usar chakra aun con mi problema, pero muchos otros no corrieron con la misma suerte.
—¿Pero Lee? Él es huérfano como tú ¿no? —pregunto—. ¿Porque él no fue enviado allá?
—Lee es huérfano, pero pertenece aún clan —reveló sorprendiendo a Naruto—. Sí, sé que suena increíble, pero es verdad, es de un clan menor como los Haruno, creo que tiene un primo o algo parecido llamado Pac. Pero como sea, eso le da inmunidad.
—Woo —exclamo Naruto, otra cosa que había descubierto.
—Konoha puede aparentar ser un lugar pacífico y lleno de gente amable y virtuosa, pero dentro de ella se esconde un sistema clasista que separa a la gente por su estatus. Tú sabes que gente de clan importante como Ino, Neji o la ciega monstruosa son más privilegiados y tienen más beneficios que otros clanes como Sakura y Lee. Debajo de ellos estamos Shiho o yo que no tenemos clan que nos respalde, pero aun debajo de nosotros se encuentran la gente de Kidoshukuchō.
—Lo sé, eso lo entiendo. Pero ellos podrían tal vez…
—Naruto —lo corto, dándole una mirada seria—. Hemos hablado de esto, Konoha tiene mucha oscuridad que se ha arraigado en ella, si quieres hacer algo para remediarlo no puedes ir por la vida esperando que las personas tengan buen corazón solo porque le das unas palabras redentoras —poniendo una mano en su muslo, continuo con una voz más suave, mientras el chico bajaba la mirada—. El sistema que esta aldea, que el todo el mundo maneja es que el que tiene poder y fuerza decide lo que es correcto, si quieres hacer la diferencia tienes que tener la influencia y la capacidad para respaldar los cambios que vas a implementar. No puedes cambiar las cosas con buenos deseos esperando que todos sean amigos y aunque odio decirlo, si no aceptas eso terminarás dando la razón a esa perra fría del callejón, al final tu terminarás fracasando.
—Tenten —intento hablar, sintiéndose un poco molesto de las palabras de su amiga, pero no pudo continuar porque la chica puso una mano en su mejilla y atrajo sus ojos a los de ella.
La chica le regaló una sonrisa pequeña, que lo hizo contener el aliento y enmudecer, mientras se perdía en sus brillantes ojos marrones.
—Yo creo en ti, nunca lo dudes —le susurro acariciando su rostro—. Y por eso te estoy diciendo esto, quiero que tus sueños y metas se cumplan, así que si tengo que poner un poco de sentido en esa cabeza dura para que logres tú objetivo lo haré.
Naruto poso su propia mano sobre la de Tenten que aún seguía en su rostro, experimentado las conocidas sensaciones de cosquilleo que solo el tacto sobre solo la piel de su mejor amiga podía transmitirle.
—Gracias Panda-chan —dijo con una sonrisa entrañable mirándola fijamente.
—No debes agradecer, eres mi compañero y estoy contigo por siempre —contestó con un susurro grave, mientras su cuerpo actuaba solo y acercaba su rostro lentamente al de Naruto.
Naruto también se acercó a ella por impulso, sintiendo el aliento cálido de su respiración en su propio rostro, podía distinguir un poco el olor de Tenten en el aire, ese olor a gardenia mezclada con un fuerte aroma a fósforo, una combinación tan extraña y peculiar como ella.
Sus ojos se posaron fijamente en los labios rosados de Tenten, se veían cada vez más atrayentes conforme se acercaba a ellos.
30 centímetros, 20 centímetro… trago con anticipación; 10 centímetros, 5 centímetros… ya estaban frente a él, listos para hacer contacto…
Una tos débil detrás suyo hizo separar a ambos adolescentes de un brinco, Leah había tosido en sus sueños haciendo que uno de los momentos más anhelado por ambos chicos fuera interrumpido.
—Yo lo siento creo que me estaba quedando d..dormida… jajaja —farfulló nerviosa Tenten alejándose lo más posible de Naruto sin atreverse a mirarlo—. Es verdad debo ir por los arreglos para la cena y tú debes terminar de preparar la comisa, digo comida… wow ¿hace calor aquí o que…? Deberías abrir una ventana… no, no la abras, le haría daño a Leña digo Leah, ya..ya me voy… Shizune-san quedo de verme en el centro.
—Si, yo creo que debería comenzar a preparar el banquete —murmuro Naruto rascándose la mejilla, sintiéndose ¿decepcionado?—. Recuerda ir con los chicos y recordarles que sean puntuales —y dándole una sonrisa a la dormida Leah agregó—. Que vengan con las mejores actitudes, tal vez lo necesitemos.
Tenten sonrió calurosamente, dejando ir atrás el sentimiento incómodo que tuvo hace poco.
—Lo haré —aseguró dándose la vuelta.
—Oh y no dejes que kaijū-bāchan [abuelita monstruosa] se emborrache antes de llegar a la cena, aléjala de cualquier botella de sake.
—No prometo nada —contestó levantando una mano.
Naruto sonrió mirándola partir para luego volver su mirada a Leah, acercándose a ella paso su mano por su cabello y con un susurro murmuró un par de palabras.
—Duerme bien Leah. Espero que hoy puedas ser mi invitada de honor.
Un sueño… una vez más...
•••
Un dulce y suave aroma comenzó a despertar sus sentidos, era en verdad delicioso el olor que comenzó a gruñir su estómago.
Con gran esfuerzo, Leah comenzó a abrir sus ojos poco a poco, viendo un techo blanco frente a ella. Un techo desconocido.
Sentándose en la cama, la niña comenzó a asustarse. ¿Y si había sido raptada como muchos otros niños antes que ella? ¿Y si jamás volvería a ver la luz del día y la belleza de las flores?
Leah sacudió la cabeza, alejando los pensamientos oscuros, había algo dentro de ella que le decía que estaba bien, que estaba en un lugar seguro.
Mirando alrededor se fijó que estaba en una habitación sencilla, las paredes blancas y no había más que un escritorio sencillo con la foto de dos adolescentes un chico de pelo blanco y una mujer rubia con un gran busto. También había un closet medio abierto lleno de ropa de hombre adulto y la cama bajo ella, nunca antes había estado sentada sobre algo tan cómodo, se sentía como una nube.
—¿Qué es esto? —murmuró asombrada mirando lo que tenía puesto, un traje negro, compuesto por una blusa sin mangas y pantalones. Estaba limpio y olía a flores—. Está es la ropa más bonita que he usado en su vida. ¿Estaré soñando?
—¡Deja de chupar el cucharón! ¡Es asqueroso! —una autoritaria voz fuera de la habitación la hizo dar un pequeño salto.
No estaba sola.
—Pero Panda-chan… —dijo otra voz, sonando como si estuviera haciendo un puchero—. La mezcla del pastel esta sabrosa.
—¿P-Panda-chan? —tartamudeo Leah mientras su respiración aumentaba.
Había escuchado ese nombre antes y ahora que lo pensaba reconocía esas voces. Pero era imposible.
Esto debe ser un sueño. Fue su pensamiento mientras no pudo evitar que sus ojos se llenaran de lágrimas.
Debía comprobarlo, que ella viera la realidad de que su sueño no se había cumplido. Con dificultad y a pesar de estar un poco mareada decidió bajar de la cama; con mucho cuidado de no hacer ruido, Leah abrió la puerta y de puntitas camino por un pasillo desconocido lleno de puertas. Un par de pasos y llegó a unas escaleras, comenzó a descender con cuidado mientras las voces se transformaban en estridentes risas.
Desde el rellano de la escalera pudo verlo. Sus ojos comenzaron a humedecerse rápidamente mientras veía a su héroe Naruto reír divertido mientras corría alrededor de la mesa siendo perseguido por Tenten con un cucharón en la mano.
—¿Eh? —murmuró Naruto deteniéndose de repente y mirando hacia Leah, esto solo provocó que Tenten chocará con él y ambos cayeran al suelo de forma aparatosa—. Auch, auch, eso dolió —lloro con una lágrima en el ojo—. Mira Panda-chan, Leah despertó— señalando a la niña desde el suelo de la cocina.
—Ahh idiota no te detengas de esa forma —gruño Tenten golpeándolo en la cabeza con su puño y poniéndose de pie, mirando a la niña con una sonrisa de disculpa por lo que había visto.
La niña se sorprendió enormemente de que ellos supieran su nombre y al sentir la mirada de ambos posada en ella, se asustó un poco retrocediendo por las escaleras y agachándose un poco.
—Tranquila —trato de calmar Tenten—. ¿Cómo te sientes?
—Yo… yo estoy bien —murmuró Leah débilmente, casi como un susurro—. ¿Esto es un sueño?
—No es la vida real —sonrió Naruto acercándose a ella—. Pero no te quedes ahí, pasa a la cocina y…
Sus palabras murieron porque la niña se abalanzó hacia él en un fuerte abrazo, mientras sollozaba emocionada.
—Te quería conocer, eres mi más grande héroe —lloro.
Naruto se rascó la mejilla sin saber que decir, solamente posó una mano sobre la cabeza de la niña y la dejó desahogarse mientras miraba sonriendo a Tenten, está le devolvió la sonrisa , desde la cocina cerca de una gran olla sobre la estufa.
Después de minutos donde la chica se pudo componer y donde ella expresó su más grande admiración por ambos shinobi adolescentes, Naruto pudo llevarla a la mesa frente a la cocina.
—Debes estar hambrienta —dijo Naruto poniendo un plato de una humeante sopa de miso frente a ella—. El viejo dijo que debes comer ligero, además que debes guardar espacio para la noche, tendremos un gran festín.
—¿Festín? —repite confundida.
—Si —sonríe Naruto—. Has dormido bastante tiempo, hoy es la cena de Rinne. Y vamos a celebrar a lo grande, vendrán nuestros amigos y será genial —y se acercó a ella y murmuró—. Acá entre nos no sabía que Panda-chan tenía talento para la cocina, al principio pensé que su comida sabría a mier... —pero fue callado cuando una cacerola se estrelló contra su cabeza.
—¡Deja de hablar a mis espaldas, idiota! —gruño Tenten con una vena creciente sobre su cabeza.
Leah sonríe y después de agradecer por la comida, era lo más exquisito que había probado en toda su vida. Mientras ella comía escuchaba atenta las historias de Naruto y Tenten y los veía maravillada mientras ellos seguían preparando la cena.
¿Cena de Rinne? Esperen, ¿Acaso era hoy?
Sus hermanos.
—¿Pasa algo? —cuestiono Naruto al ver que había dejado de comer.
—Hīrōō… Hīrō-sama…—murmura sin atreverse a mirarlo, tenía tanto miedo de que sus palabras arruinarán el buen momento que estaban teniendo—, mis hermanos… -—trato de decir.
—¿Tienes hermanos? —pregunta sorprendido el rubio. Cuando la recogió no había indicios de que hubiera alguien más viviendo con ella.
La niña asintió lentamente.
—Se llaman Taichi-kun y May-chan —susurro aún sin levantar la vista.
—Entiendo… ¿Entonces que pasa con ello?
La niña mordió su labio inferior, le daba pavor preguntar, tal vez él se sentiría que ella se estaba aprovechando de su hospitalidad, además que no quería que él se sintiera agobiado teniendo que cargar con tres hotaru-shū.
—Quieres que tus hermanos estén aquí contigo ¿verdad? —habló Tenten quitándose los guantes de cocina y acercándose a la niña, flexionó un poco sus rodillas para ponerse al nivel de los ojos de la niña que la miro nerviosa—. No debes sentirte temerosa de hacer esas peticiones, nosotros la entendemos, quieres celebrar este día con tus hermanos también.
—Con que era eso —hablo Naruto rascándose la cabeza—. Debiste haberlo dicho.
—No te preocupes pequeña, nosotros nos encargamos —le sonrió Tenten poniendo su mano sobre la de la niña que comenzó nuevamente a llorar.
Tenten se puso de pie rascándose la cabeza y pensando un buen plan de acción, todo bajo la atenta mirada de Naruto.
—Bien, antes que nada, hay que ir a buscarlos. Bien hay trabajo que hacer —murmuró para sí misma tomando su mentón con una mano, después de unos segundos levantó la vista mirando detenidamente al rubio Uzumaki y señalar la salida— ¿Que esperas, Naruto? ¡Andando!
—¡¿YO PORQUE DEBO IR, TONTA?! —renegó elevando la voz y haciendo temblar a Leah—. ¡¿Por qué demonios tengo que salir al frío cuando pase toda la tarde cocinando?!
—¡Ahhh! ¡Eres tan idiota! —dijo Tenten sacudiendo la cabeza ante la pregunta estúpida de su enamorado—. Tienes que hacerlo porque es tu deber hacer lo que yo te digo.
—¡¿DESDE CUANDO UNA MOCOSA COMO TU SE VOLVIÓ MI JEFA!?
—¿Estás diciendo que no puedes encontrar a dos simples niños? —murmuró fingiendo decepción— ¡Que tan bajo ha caído el clan Uzumaki!
—¿¡QUÉ HAS DICHO, MALDITA!? —ladró enojado levantando un puño, con una vena sobre su cabeza—. ¡ATRÉVETE A DECIRLO DE NUEVO!
—¡Que tan bajo ha caído el clan Uzumaki!
—¡NO LO REPITAS!
—No sé porque haces tanto escándalo —dijo fastidiada Tenten cruzando los brazos—. Solo tienes que ir con Hana-senpai y pedirle ayuda, estoy segura que podría usar a sus perros para facilitarte el trabajo.
—Odio que me des órdenes, sobre todo en mi propia casa —se quejó frunciendo la boca y cruzando también los brazos—. ¿Por qué no vas tu? ¡Prácticamente no has hecho nada más que la ensalada de papa! ¡Ahorita solo estás moviendo los cucharones de la cacerola!
—Que mal —corto Tenten abriendo los ojos con una mirada de decepción fingida y puso una mano en el hombro de Leah—. Si ni siquiera puedes cumplir el deseo de una pequeña niña, así nunca podrás lograr salvar a la aldea de su oscuridad.
El rostro de Naruto se ensombreció ante las filosas palabras de su mejor amiga y amor secreto, esa maldita nuevamente había vuelto a usar su promesa para manipularlo y hacer lo que ella quería que hiciera.
—Pero si lo logras hacer, estarás más cerca de cumplir tu sueño —sonrió con descaro la chica mientras palmeaba el hombro de Leah suavemente que miraba todo nerviosa.
—¡E..espero que tengas una… muerte horrible… ! —siseo el chico, apretando los dientes, tratando de contener su enojo y sus ganas de arrancarle la cabeza a su futura novia.
—Así es, iré directo al infierno algún día.
—¡Maldición! ¡Te odio! —lloro infantilmente el chico Uzumaki corriendo hacia la puerta y tomando su abrigo.
—¡Te lo encargo! —lo despidió con una cantarina y burlesca voz Tenten. Cuando la puerta azotó fuertemente, la chica rio divertida y miró a la pequeña que aún seguía en la mesa, mirando confundida lo que acababa de pasar—. Ese idiota, debería usar la ventana, sería más rápido y más eficiente.
—¡Yo no quería molestarlo! —gimió Leah.
—Tranquila —desestimó Tenten sonriéndole con amabilidad—. Ese tonto lo hace con gusto, solo le gusta armar escándalo.
—Pero...
—No te preocupes. Puede parecer despistado, pero Naruto es el mejor chico del mundo, siempre le tenderá la mano a otro con una sonrisa, le encanta eso —y acercándose a ella hizo un gesto como si fuera a revelar un importante secreto—. Y acá entre nos también es mi propio héroe personal, y también soy una de sus más grandes fanáticas —le contó mientras le guiñaba el ojo.
Leah no supo qué decir, simplemente se ruborizó y bajó la mirada. Se sentía tan tranquila estando en compañía de la honorable novia, era casi un sueño.
—Bien termina de comer y subes nuevamente a descansar —le ordenó amablemente—. Debes dormir un poco para que estés lista para la noche. Más al rato iré para ayudarte a asearte, debes estar limpia para usar tu vestido nuevo.
—¿Vestido nuevo? —repito casi atragantándose con su comida.
—Pues claro —sonrió con burla Tenten—. No puedes usar la ropa de entrenamiento de mi kohai para una cena tan importante, para nosotros eres la invitada más importante.
Leah bajó la vista y comenzó a llorar silenciosamente, este era el mejor día de su corta vida, no quería que terminara.
—Lo siento —murmuró casi inaudible.
—¿Qué cosa dices que dijiste? —dijo confundida Tenten.
—Lo siento… no quiero ser una carga. Ustedes son maravillosos y yo…
Lo que tenía que decir fue cortado por un pequeño golpe con los nudillos de parte de Tenten, que le dio una sonrisa cálida, ella no podía dejar de sonreír ante la pequeña niña.
—Eso debiste haber pensado antes de llegar a nuestra vida e ilusionarnos con pasar una gran navidad todos juntos —la regaño en tono de broma—. Lo lamento niña, pero estas atrapada con nosotros ahora.
—Gracias —sonrió radiante Leah con sus ojos acuosos.
Tenten se apartó de ella y volvió a mantenerse ocupada atendiendo las ollas y la estufa.
—Yūgiri-sama se equivocó —pensó para sí misma—. Yo también puedo ser alguien especial, esto ya no me detendrá —mirando la marca de su muñeca—, porque ahora vivo mi sueño.
•••
—Y entonces un hombre grande y borracho se nos acercó, dijo que nos iba a vender por un par de botellas de sake. Estaba asustada, pero debía proteger a mis hermanitos, así que use todas mis fuerzas y lo golpee en sus bolas.
—¡Jajaja, bien hecho niña! —se rio Tenten mientras secaba la cabeza de la pequeña niña con una toalla. Ella misma cubría su desnudo y húmedo cuerpo con una toalla similar.
Después de que la niña descanso un buen par de horas, era tiempo para estar lista para la cena de Rinne. Siendo despertada por un sonriente Naruto que le comento que no pudo encontrar ninguna pista de sus hermanos porque el olor de los niños había desaparecido del callejón, y el resto de los hotaru-shū se negaron a cooperar.
Aun así, Naruto se comprometió con ella a que cuando se sintiera mejor ambos irían a buscarlos y traerlos consigo, mientras tanto algunos de sus clones seguirían vigilando si había una señal de ellos en esta noche.
Después de esa promesa fue echado de la habitación por Tenten que le ordenó vigilará el último platillo en la estufa y estuviera atento a la llegada de los primero invitados, mientras tanto ellas se ducharían juntas y Tenten se aseguraría de que la pequeña luciérnaga tuviera un baño como Kami manda.
—Sí, haría cualquier cosa por ellos —dijo sonriente pensando en Taichi y May. De seguros estarían incrédulos si les contaran donde estaba ella ahora.
—¿Te molesta…? —le habló Tenten sacándola de sus pensamientos—. ¿La marca?
Sin haberse dado cuenta la niña había estado acariciando la marca de luciérnaga de su mano, era una costumbre muy común cuando hablaba de las personas que le importaban.
—No, he vivido toda mi vida con ella —dijo sinceramente—. Se que a otros les enoja que fueran marcado, pero yo lo acepte desde que era niña, soy de Kidoshukuchō y aunque no debería estar orgullosa de eso, me gusta decir que soy una hotaru-shū, porque seré la primera de ellos en salir adelante, les mostraré que algo bueno puede salir de ese lugar.
—Así se habla pequeña luciérnaga —aplaudió la castaña orgullosa del coraje de la Leah—. Se que le demostraras a esos tontos, que no importa de dónde seas, sino de tu capacidad para abrirte paso por el mundo.
—Gracias kanojo… Tenten-san —corrigió al escuchar el gruñido de parte de la chica mayor. Ella ya le había dejado claro que no quería ser llamada kanojo-sama, que si la escuchaba hacerlo la obligaría a hacer lagartijas con pesas de 5 kilos sobre su espalda.
—Bien vamos a ponerte ese vestido —le dijo saliendo del cuarto de baño y dirigiéndose a una de las habitaciones. No tenía ninguna preocupación de ser vistas, Tenten había amenazado a Naruto de llenarlo de kunai si se atrevía a pararse en el segundo piso de la casa o permitía que alguien más lo hiciera.
Cuando ambas entraron a la habitación fueron recibidas por una voz nueva para Leah.
—¡Así que tú eres la pequeña de Naruto y Ten-chan!
Tres chicas rubias estaban dentro de la habitación donde Leah había estado durmiendo y ahora la estaban mirando como si fuera la cosa más interesante del mundo.
La que había hablado era una chica de pelo rubio claro con un flequillo largo frente a su rostro y su pelo recogido en un moño de tela.
—Mmm… quién diría que serían padres tan jóvenes —dijo la otra chica, está tenía el pelo rubio corto y desalineado, tenía puestas un par de gafas que no permitían ver sus ojos.
Leah se asustó un poco y se escondió detrás de Tenten con nerviosismo.
—Ara, Ara… Shiho-chan, Ino-chan… están asustando a la pequeña princesa —habló la mayor de las tres dando una sonrisa amable y acercándose a la niña tendiéndole una mano.
Con algo de cautela Leah aceptó la mano, esta mujer trasmitía confianza que la hizo acercarse a ella.
—Eres tan bella mi princesa —susurro acariciando su rostro, para luego mirar a la semidesnuda Tenten—. Si algún día Naruto-kun y tú tienen una hija, estoy segura que será tan bella como ella.
—No digas ridiculeces —Tenten farfulló comenzando a ponerse roja.
—Ohh has pensado en ello —se burló Ino con una sonrisa diabólica—. Ya has pensado en el nombre para sus hijos.
—No digas tonterías Ino —dijo Tenten elevando la voz con molestia mientras seguía roja.
—Vamos dimos —ánimo Shiho.
Al ver que sería una pelea innecesaria, Tenten suspiro y les dio la espalda.
—No lo he pensado realmente —admitió sintiéndose nerviosa—. Supongo que tiene que ser un nombre que signifique algo importante para ambos, pero no tengo la menor idea que.
—Si, si te dejáramos decidir un nombre de algo que te guste ahora le pondrías a tu pobre hijo el nombre de una arma.
—¡No molestes! —gruño Tenten.
—¿Y Naruto? —pregunto Shiho interesada—. No ha mencionado nada sobre ello.
—No que yo sepa —confesó—. Aún está confuso con la idea de que sus padres tenían planeado tener otro hijo, una niña a la que pensaban llamar Kasumi.
—¿Kasumi? —suena raro murmuró Ino tomándose la barbilla con su mano ante la idea de imaginarse otra Uzumaki rubia rondando por ahí.
—Bien chicas, no perdamos el tiempo —las llamo Irēsa, llamando su atención—. Tenemos una princesa a la cual dejar lista para su gran noche.
—¡Ey! —habló Tenten—. Yo puedo arreglar a la pequeña por mi propia mano.
—Lo siento Ten-chan, pero tú eres un caso perdido de estilo —dijo Ino sin rodeos causando que la chica castaña gruñera—. La chica que cree que la ropa de entrenamiento es buena para el ligue no es la indicada para esta tarea.
—¡Eso no es verdad! ¡Bueno ya no lo es!
—Ara, Ara —dijo Irēsa silenciándola—. Tenten-chan también debe arreglarse para la velada, así que directo a la otra habitación, sin perder el tiempo —dijo sacándola a empujones mientras la castaña protestaba.
—Entonces… es hora de arreglar a la invitada de honor- —canto feliz Irēsa, mientras se acerca a la pequeña con un frasco mientras que las otras dos también se acercan a ella con algunos paquetes que sepa Kami de donde sacaron.
La niña mira a las tres con desconfianza a pesar de saber que son conocidas de su querido héroe, después de todo, con tales sonrisas de malicia, cualquiera desconfiaría.
...
—Malditas mujeres —murmuró Tenten bajando las escaleras con pasos pesados. Ya estaba vestida con un bello traje negro que se pegaba a su cuerpo de forma amigable, pero para ella, solo era un disfraz de ridícula algo incómodo que detestaba usar, prefería su traje shinobi mil veces más que este tonto vestido.
—Wow, Panda-chan —llamo Naruto su atención, que salía de la cocina y la miraba detenidamente—. Te ves muy guapa.
—Es la mejor ropa que he usado en mi vida —pensó emocionada antes de reprenderse mentalmente por ceder a su convicción por un simple cumplido del chico del que estaba enamorada.
—Tú también luces apuesto Naruto —le dice con una sonrisa. Y es que la ropa de gala le quedaba bien—. Cómo te verás sin ella… no, mala Tenten, serénate mujer, no caigas en la tentación, aún es muy pronto.
—¿Estás bien? —le pregunto chasqueando sus dedos frente a ella.
—Si, si —sacudió la cabeza la chica tratando de alejar los pensamientos prohibidos—. ¿Alguien ya llegó?
—Bueno, llegó Sasuke y está sentado ahí leyendo un libro sobre cómo recuperar tus emociones —dijo señalando a un pelinegro que estaba inmerso en su lectura—. Ero-ossan ya regreso y está platicando de cosas pervertidas con Kakashi en la cocina, y Shizune-nee está intentando evitar que Tsuna-bāba encuentre el alcohol —un estruendoso ruido, como de algo grande era derribado y un grito femenino de terror se escuchó en la parte inferior de dónde estaban parados—. Creo que no resistirá mucho —murmuró con una gota de sudor.
El timbre sonó alertando a ambos de que habían llegado nuevos invitados.
—Yo abriré, tu trata de salvar a Shizune-san y comienza a sentar a todos en la mesa —le indicó.
—Cuenta con ello —le guiño el ojo haciéndola sonrojar.
—Malditas hormonas —pensó frustrada y comenzando a respirar para controlarse y no causar vergüenzas.
Tomando la manija de la puerta la chica y dando una gran sonrisa, la chica abrió la puerta.
—Sean bienveni…
Su sonrisa cayó cuando vio quién estaba parada frente a ella, sus dos personas menos favoritas en el mundo.
—Cocinera-san, ciega monstruosa —murmuro secamente ante la vista de Ayame y Hinata Hyūga.
—Wow, te vestiste decentemente esta vez —hablo con veneno Ayame dándole una mirada sucia de arriba a abajo—. Debió ser muy difícil para ti, pero bravo, hasta una salvaje como tú pudo ponerse un simple vestido sin terminar haciendo un desastre.
—¿Que dijiste? Lo siento no pude entenderte bien, lo único que podía escuchar es: Hola soy Ayame y acabo de subir un par de libras más, en serio amiga, ese vientre te hace lucir como un balón.
—Maldita…
—Eto… ¿Podemos entrar? Hace frío aquí afuera —murmuró una voz masculina detrás de ellas.
Perdida en su odio absoluto por la cocinera, Tenten no se dio cuenta que había más gente parada detrás esperando entrar. Hay estaban: Shino Aburame, Neji y Hanabi Hyūga, Rock Lee, Konohamaru, Moegi y Udon, Anko Mitarashi, Sakura Haruno, Kiba y Hana Inuzuka con Akamaru, Shikamaru Nara, Chōji Akimichi, Teuchi, Ayame, Iruka Umino, y un par de personas más.
—Lo siento, es que el voluminoso cuerpo de la cocinera me impidió verlos —dijo causando un gruñido de molestia de la chica mayor—. Pasen, pasen sean bienvenidos, algunos de ustedes son bien recibidos, lástima que tengamos uno que otro colado al cual no podemos cerrarle la cara en la puerta —se burló, apartándose de la puerta para que todos entrarán incluyendo a la persona que venía en silla de ruedas.
—Wow, algo huele rico —dijo Sakura nada más entrando, debía admitir que el inigualable aroma de la comida de Naruto siempre le abría el apetito, amaba y odiaba esa comida por igual, la amaba por lo sabrosa y la odiaba porque no podía dejar de comerla—. Oh, Sasuke-kun, llegaste —saludo a su compañero al reconocerlo.
—Si, huele delicioso —murmuraron tontamente los hermanos Inuzuka limpiando al mismo tiempo la saliva que caía por sus bocas. Debido a que su olfato era más avanzado que el del resto, y su increíble gusto por la comida los hacía mostrar estas tendencias un poco raras.
—Bien, pasen a sentarse que la cena comenzará en cualquier momento —indicó Tenten tomando su lugar en la mesa y comenzando una plática agradable con Sakura.
—Oh, aquí está mi princesa —dijo Jiraiya poniéndose de pie y abrazando con mucho amor a su hija.
—Basta papá, me avergüenzas —dijo la joven con un rubor en sus mejillas.
—Nada de eso, cuéntale a tu viejo como has estado —le dijo acercando la silla de al lado para que se sentara junto a él.
—¡Oye Naruto! —la voz de Kiba llamó la atención de Naruto, que se encontraba bebiendo agua—. Es verdad que ya tienes una hija —dijo desde su silla con una sonrisa traviesa, haciendo que Naruto se atragantara y comenzará a toser violentamente.
—¿Como que tienes una hija,kusogaki [Niño de mierda]? —gruño Tsunade poniéndose de pie y levantando un puño—. Esto es tu culpa Jiraiya, corrompiste a esos mocosos.
—Tsunade-sama cálmese —la detuvo Shizune, evitando que se lanzará encima del Sannin de pelo blanco—. Es imposible que Naruto-kun haya concebido una hija de la noche a la mañana, Kiba-kun se refiere a la pequeña niña que Naruto rescató, usted la conoció, la reviso ¿No sé acuerda?
La mujer parpadeó un par de segundos antes de bajar el puño y sentarse educadamente en su asiento murmurando un calmado:
—Veo, te perdono por esta vez Jiraiya, pero que no se repita.
Todos comenzaron a sudar por lo extraña que fue la situación.
—Como sea, ¿dónde está la niña? —pregunto Sakura interesada. Quería conocer a la nueva integrante de la familia Uzumaki, porque parecía que Naruto se haría cargo de ella.
—Está arriba —contestó—. Sigo sin entender por qué Ino, Shiho e Irēsa se empeñaron tanto en ser ellas la que la prepararán —dice Naruto jugando con un tenedor.
—Yo que sé —se encoge de hombros Tenten—. Pero me ofende que crean que yo no tengo estilo.
—Bueno la verdad no tienes estilo —murmura el chico agitando su mano frente a él.
—¿¡Quieres morir!? —lo amenazó levantando un puño.
Después de un rato dónde por fin todos los invitados pudieron sentarse en la mesa, las dos rubias adolescentes bajaron, ya con sus vestidos de noche.
—Naruto, Ten-chan. Irēsa-neesan les ordena que cierren los ojos.
—¿Que…? ¿por qué? —comenzaron a protestar los chicos.
—Ara ¿Tienen algún problema con mi petición? —la voz mortalmente dulce de Irēsa se escuchó, ambos chicos tragaron nerviosamente mirando a la mujer adulta mirarlos con una sonrisa demasiado peligrosa. Estaba viéndolos desde el rellano de las escaleras, ocultando algo detrás de ella.
Sabiendo que no ganaban nada con discutir, ambos adolescentes obedecieron y cerraron los ojos sin decir nada más.
Un par de segundos los murmullos y un par de chiflidos llenaron el lugar, para Naruto y Tenten la expectativa no les sentaba bien y comenzaron a moverse impacientes.
—Bien, abran los ojos .
Obedeciendo a la voz de Ino, ambos chicos abrieron sus ojos y contuvieron un jadeo simultáneo.
Frente a ellos se encontraba una niña totalmente distinta a la que recogieron semanas atrás. Estaba levemente sonrojada mientras lucía un bello vestido color verde jade, un abrigo rojo con detalles blancos de copos de nieve, sus zapatos igual eran verdes con unas flores rojas brillantes en la punta. Su cabello castaño fue recogido en dos coletas sostenidas por lazos rojos.
—Parece que los jóvenes "padres" se quedaron prendados por la belleza de su querida hija —codeo Kiba a Shino con burla señalando a ambos chicos. Pero tuvo que dejar de hacerlo cuando la penetrante mirada de Tenten lo hizo retroceder, arrastrando su silla hasta quedar refugiado detrás de su hermana mayor.
—Parece que fuimos bendecidos con la visita de un ángel, Panda-chan —dijo el chico haciendo sonrojar a la niña.
—Eres un ridículo cursi —espetó Tenten divertida para acercarse a Leah y tenerle una mano—. Pero el tonto tiene razón, pareces un ángel pequeña luciérnaga. Ahora vamos, tenemos una cena que celebrar juntos.
Leah sin dudar ni un poco aceptó la mano y se dejó guiar por sus héroes para iniciar su primera celebración de Rinne, la mejor de todas podía afirmarlo ahora.
La cena transcurrió tranquila y sin ningún incidente importante, entre platicas amenas y bromas.
—Por primera vez estoy contento de no tener que haber cocinado —dijo Teuchi degustando el sabor de los platillos.
—Tienes razón papá —estuvo de acuerdo Ayame, mientras se servía otra porción de comida—. Sobre todo, este puré de patatas, te luciste con el Naruto-kun —lo alabo degustando su sabor.
—Bueno Ayame-neechan —comenzó el chico con una gota de sudor, sabía que lo que una a decir podría causar la primera discusión de la noche—. El puré lo hizo Tenten.
El sonido de un tenedor cayendo en el palito hizo eco en la habitación mientras cualquier plática fue cortada y el silencio se adueñó del ambiente. Todos posaron su mirada en ambas chicas, una tenía una sonrisa arrogante por haber sido elogiada por su némesis sin saberlo. La otra tenía una mueca agria.
—No te vanaglories tanto niña —le dijo condescendiente limpiando las comisuras de sus labios con una servilleta—. Hasta un mono lo hubiera hecho. Además, no saben tan bien siendo sincera.
Y aquí venía, el inicio de otra de las legendarias discusiones entre la doncella de las armas y la cocinera de ramen, ya podían dar por arruinada la velada.
—Yo creo que saben deliciosas —dijo una pequeña voz que atrajo la atención de todos, incluyendo las dos chicas que estaban listas para saltar al cuello de la otra.
Leah estaba comiendo con mucha felicidad el pure mientras sonreía radiante.
—Es lo mejor que he comido en mi vida.
Todos entendieron que ella decía la verdad, para una niña que rara vez podía tener un plato decente de comida al día, el poder comer algo tan simple como un puré de patatas parecía el más exquisito manjar que pudiera haber probado.
—Ella tiene muy buen gusto —dijo orgullosa Tenten sintiendo como el calor se extendía desde su pecho al resto de su cuerpo.
—Si, ella lo tiene —estuvo de acuerdo Ayame admitiendo la derrota por ahora. No iba a arruinar la ilusión de una pequeña niña con una guerra de egos.
Ya tendría su revancha con la chica Panda en otro momento, por ahora disfrutaría en paz la velada junto a la gente que amaba.
—Bien… —murmuro Naruto aliviado, habían esquivado el kunai por ahora—. ¡Tiempo de obsequios! —dijo alegre corriendo al árbol—. ¡Leah-chan, abre tus regalos!
—Naruto, aún estamos comiendo —lo reprendió Ino desde la mesa con una venda en su frente.
—¡Regalos, dije! —volvió a decir con autoridad, sin dejarse amedrentar por las miradas de disgusto e incomodidad de todos.
—Parece niño chiquito —suspiro Shiho desde su lugar—. Enserio no sé cómo puedes soportarlo Tenten-san.
—¡Jojojo, un par de cuchillos kukris de metal negro, con empuñaduras de color rojo —dijo emocionada Tenten uniéndose a la apertura de regalos mientras blandía sus largas cuchillas curvas de un lado a otro, causando que todos suden al verla—. ¡Gracias Naruto!
—Son el uno para el otro —pensaron Shiho e Ino con una mueca.
—Aquí tienes un regalo para ti Leah-chan —dijo el chico poniendo un paquete envuelto en sus manos.
La niña miró la caja frente a ella como si estuviera viendo algo imposible de creer. Este era su primer regalo, y era de parte de su más grande héroe.
Quería volver a llorar, pero no quería que sus lágrimas arruinarán el momento, así que abrazo el regalo, apretándolo en su pecho, deseando que no desapareciera.
—¡Gracias! ¡Gracias! —dijo emocionada al borde las lágrimas—. Po..podría abrirlo después, me gustaría abrirlo cuando… bueno…
No sabía cómo decir que ella deseaba esperar a ver si sus hermanos llegaron hoy, le encantaría abrir junto a ellos los regalos y contarles lo maravilloso que era Naruto y Tenten; y que no debían desconfiar de ellos.
—Descuida —sonríe amable el chico entendiendo la decisión de la niña.
O bueno, aún había más regalos que abrir, podrían esperar.
La celebración continuó, llena de alegría y de felicidad.
Leah convivió con la mayoría de los invitados, jugó con Kiba y Akamaru; fue abrazada por Irēsa, Anko y Hana; aprendió de insectos por parte de Shino y conoció a un sapo llamado Gamakichi que convocó el padrino de su héroe.
Y lo mejor, conoció al legendario equipo 7, platico de sueños con Sakura Haruno admirada de que fuera tan bonita, casi como kanojo-sama. Kakashi Hatake le presentó a su perrito Pakkun, y le permitió ver qué ocultaba bajo su máscara si prometía jamás contarlo, y aunque admitió que el hombre era apuesto, no había nadie más guapo que su héroe.
Inclusive Sasuke Uchiha le permitió ver su Sharingan y le regaló una flor para gran consternación de todos, incluida Sakura que cayó desmayada.
Era la velada perfecta para Leah, jamás se había divertido tanto, su risa resonó en cada rincón de la casa de Naruto, y su lindo rostro se adornó de la más grande sonrisa, una sonrisa que calentó el corazón de Tenten mientras la veía cantar junto a Naruto de forma desafinada un improvisado y disparatado villancico de Rinne, que llamaron "Hacia la luna va un zorro de nueve colas".
—Tenía razón con lo que decía —sonríe Tenten mirando como Leah reía a carcajadas cuando Naruto abrazo a Sasuke e intentaba ponerle a la fuerza un gorro en forma de cuernos de reno, mientras el chico se retorcía negándose a ponerse algo tan ridículo.
—¿Quien? —pregunta curiosa Shiho.
—Ringo-san… mi madre —respondió mientras tomaba de su taza de chocolate caliente.
—¿Sobre esa cosa de la hoja cuando estás triste?
—No era otra cosa —replicó con una mueca. Aunque a decir verdad Ringo-san decía muchas cosas, era su especialidad, el no paraba de hablar—. Un acto sincero de bondad… —comenzó a decir Tenten, pero es interrumpida por una voz infantil.
—… siempre trae otro —completa la pequeña Leah sonriendo. Se había acercado a ellas cuando Naruto y Sasuke salieron a la calle y comenzaron una guerra de bolas de nieve, seguidos por una Sakura que trato de detenerlos, pero terminó enterrada bajo la nieve en el fuego cruzado—. Shiori-bāchan lo decía, una chica en Kidoshukuchō se lo dijo alguna vez.
—Enserio comienzo a creer que Ringo-san se robaba las frases de otros y las hacía parecer como suyas —murmuró con una gota de sudor Tenten.
—Te diviertes pequeña —le pregunto Ino poniendo una mano sobre su cabeza y sonriéndole.
—Si, ha sido el mejor día de mi vida —sonrió asintiendo y se volteo para abrazar fuertemente a Tenten—. ¡Gracias por todo! ¡Si alguna vez tengo una mamá, quiero que sea como tu Tenten-san! —chilló feliz Leah antes de salir corriendo de nuevo a convivir con su gran héroe.
La castaña sonrió enternecida, pero su sonrisa cayó al sentir la mirada divertida de dos rubias dirigida a ella.
—Digan algo y pueden darse por muertas —gruño cruzando los brazos y haciendo un puchero, ocasionando que sus amigas estallan a carcajadas.
—Naruto —corrió Leah llamando la atención de su héroe y con un salto terminó atrapada en sus brazos—. ¡Gracias por todo! ¡estoy en un sueño y no quiero despertar nunca!
—¡Jejeje! ¿Así que un sueño? —rio el chico abrazándola fuertemente y chocando su mejilla con la de ella—. Bueno entonces te aseguro que esté sueño durará para siempre, así que disfrútalo.
Y ella disfruto toda la noche con la gente que solo conocer, con la forma en que soñó ser tratada.
Al final ella vivió su sueño… y este no termino nunca.
•••
— FIN —
•••
Y no podíamos estar tranquilos sin hacer un especial de Navidad, era algo que debía hacerse por qué sí.
Se que algunos esperan el capítulo 28 y tengo que avisarles que este ya está en su etapa final de edición y corrección para poder publicarlo así que les pido que sean pacientes.
¡Feliz Navidad!
Yo soy Yue y quiero agradecer que sigan a N orthernlights91, es un gran chico y me encanta crear historias con él.
La verdad cuando me pidió apoyo con esta historia no tenía ni idea de que escribir, y después de una buena dotación de películas navideñas comencé con esta aventura, espero que la disfruten.
Espero contar con ustedes en este año por venir.
Para los que sepan de cómics, esta historia está basada en un cómic corto de Spiderman igualmente titulado Leah, una niña que era la mayor fanática de Spiderman, una niña que él no pudo salvar.
Leah para nosotros fue algo especial, porque encajaba mucho con la temática del Kidoshukuchō que tratamos de crear, una pequeña niña solitaria que tuvo que afrontar cosas difíciles en un lugar que no estaba hecho para ella.
Conocer a su más grande héroe, no solo porque lo admiraba, sino porque soñaba con ser rescatada por él, por ser libre de sus ataduras.
Otro detalle que probablemente los confunda es que hacen personajes ahí que no deberían estar y es que está historia está ambientada en un posible futuro, mucho después del final del arco que hay ahora en Crónicas:
"¡Pero ya nos spoileaste!"
Quizás. Pero les aseguro que lo que se viene está lejos de lo que ya han visto antes.
¿Porque hacer una historia del futuro?
Porque Crónicas sigue una línea temporal y al momento la historia estaría en los meses que hay a mitad de año. Queremos que todo lo que involucre a Crónicas tenga un orden y un sentido, que todo conecte perfectamente y que cada detalle tenga un porqué, no simplemente apareció.
Sin entrar más en detalle les agradezco su apoyo y sepan que está historia seguirá. Como mencionamos el capítulo 28 ya está en postproducción listo para ser estrenado. Además, que tenemos muchas ideas que sabemos que les gustará.
¡Feliz navidad! Y nos vemos pronto.
¡Les deseamos buenos deseos!
