— ¿Me estas diciendo que lo besaste y después te fuiste ? ¡Eres una perra!— Me reclamó Miatgi.

No se para que le cuento estas cosas.

— Ya pasó, no lo volveré a ver— dije comiéndome mi arroz.

Ella y yo estábamos almorzando, Natsuya estaba en la escuela, o algo así, no entiendo mucho de esa academia por que Miatgi fue que la inscribió.

— ¿Hasta cuando te verás de 15? Debemos de buscar a alguien que te arregle ese jutsu.

— Déjalo así, ya no importa.

— ¡Mamá, llegué!—vino Natsuya corriendo , un chico vino detrás de ella— Él es Toumas, es mi amigo y vino a jugar conmigo hoy.

El chico se veía algo avergonzado, es un niño rubio y de ojos grandes y negros.

— Hola, mamá de Natsuya— el niño se me acercó a tenderme la mano.

Se la tomé.

— Hola.

— Ve a tu habitación con el niño, Natsu— le dijo Miatgi.

Natsuya jalo al niño bruscamente de su ropa, arrastrándolo a la habitación.

— Jugaremos a la mamá pegona, tú serás el niño.— escuché decir a Natsuya mientras arrastraba a el niño.

— Pero Natsi, el niño es el que recibe los golpes...

— ¡Lo se! Será divertido.

Pobre niño.

— Oye Keke... tendrás que enseñarle a tu hija a tratar mejor a los hombres.

— Tranquila, ella sabrá— dije encogiéndome de hombros.

Pasé la tarde hablando con Miatgi, ella en algunas ovaciones intentaba sacarme el tema de Sasuke pero yo lo evitaba, ya lo tengo que superar.

Por el bien de los dos tenemos que alejarnos para siempre, él es un hombre de familia, no puedo sacarlo de ahí, no sería justo para Sakura y Sarada.

Ya estoy bien con que sepa mis sentimientos, y yo me siento feliz de que me haya dicho los suyos, ahí se termina nuestra historia, no puedo volver a verlo.

La noche cayó, y me trajo problemas, escuché un gran estruendo al lado de mi casa.

— Pero que mier...— Miatgi se paró de repente.

— Vete con los niños, yo me encargo.

Ella no cuestionó nada y se fue.

Salí sigilosamente afuera, no había nada.

— Vaya vaya, ¿Ahora te mezclas con los humanos de esta dimensión?— escuché a mis espaldas.

Esta voz...

— Maldito...

— Oh no no, querida, dejemos las maldiciones para otro momento.

Sentí un cosquilleo en mi nuca, me retiré rápidamente de donde estaba parada esquivando un golpe de él.

— Al parecer alguien se la pasó entrenando— su voz era de burla.

— Te voy a matar.— entonces detuve el tiempo.

Me acerqué a él, iba a terminar con esto, con este ciclo de dolor.

— Pagarás la muerte de mis padres— susurré cuando me acerqué a él.

— No lo creo— el volteo la cabeza— aunque déjame felicitarte, alfin aprendiste algo de utilidad.

El apenas podía moverse... ¿Como es que no le afectaba?

— Yo no soy de aquí, niña tonta, también tengo mis trucos.

— No te puedes mover, te mataré— avise.

— Si me matas, entonces yo mataré a tu hija— lo escuché decir— ¿Que crees? ¿Que vine solo? Ya casi tengo la última pieza, pronto podré viajar al futuro, solo tengo que esperar 12 años, será tu fin.

— ¿De qué hablas?— dije acercándome a él.

— Oh, pequeña mocosa, ¿Crees que solo tu eres mi objetivo? Decidí cambiar mis planes, me quedaré con un poder mas feroz que el tuyo.

— Eso es imposible.

— ¿Eso crees?— se comenzó a reír— sólo vine a ver cómo estabas, ya veo que no serás una molestia.

No podía dejar el tiempo detenido, eso afectará el ciclo de este plano.

— No te saldrás con la tuya.

— Ya lo hice— dijo encogiéndose de hombros.

Entonces volví el tiempo a su estado normal, y en un abrir y cerrar de ojos, él había desaparecido.

¿No le bastó con matar a mis padre y despojarme de mi dimensión? ¿Ahora que busca?

Bueno, tengo 12 años para averiguarlo.