Cronopios del autor: Gracias por leerme.
ADVERTENCIA: Yaoi.
Descarga de responsabilidad: Ya lo saben, esto no es mío, ojalá lo fuera.
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Hyakkoryōran
Por St. Yukiona.
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Primavera: Tsubaki
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—Tsubaki
Tsubaki, conocida en occidente como camelia, es también conocida como "La rosa del Japón", aunque la Sakura es la flor emblemática del país, la tsunami es por excelencia la flor que representa el amor romántico y carnal de los amantes. Quien recibe una Tsubaki, recibe el corazón de su pareja.
Un arma como el silencio era algo muy práctico para ella. Los enigmáticos orbes rojos que su madre le había regalado desde el vientre siempre causaban revuelo suficiente alrededor como para que también hubiera murmullos en su cabeza. Todo por ser concebida en ese mes, en el mes donde la sangre tiño de rojo y terror a la ciudad. Había sido destinada desde su nacimiento para ser la abominación de ojos sangre que todos señalaban, todos excepto él. Fue sólo un breve momento en el que sus miradas se encontraron en el paso del mercado, pero fue suficiente para que ambos detuvieran su andar. Ella era una niña, una niña de ojos rojos, y él era un Mercenario, un mercenario asesino. Temidos por diferentes motivos, pero temidos y exiliados al fin.
El hombre permanecía inmutable frente a ella, con la vestimenta propia de un Mercenario. Mientras que la niña con ese ramo de siete gardenias extranjeras pegadas a su ropa de seda azul parecía una estatua congelada en el infierno. Él gruñó, puesto que no se explicaba qué pasaba, pero la pequeña niña, que reconocía hija de un reconocido ninja, sólo le observaba.
Sin duda la menor daba la impresión de no tener miedo como otros niños con los que antes había interactuado, el sujeto hasta sospechaba que la pequeña hija del ninja poseía una ignorancia acerca de quién era él y cuan malvado podía ser, pero aun así, ni por su apariencia temible, ni por su arma en su cintura o la bandana en su frente tachada como la de traidor, ni por los seis hombres armados que le rodeaban, la niña parecía no retroceder, no temerle. Sostuvieron miradas varios segundos más, y él fue el que retrocedió, le sobrepasaba más que cualquier otra cosa, más que las armas manchadas del liquido carmesí, más que los gritos ahogados de la vida que se extinguía en sus adversarios derrotados, más que el reflejo que mostraba el espejo cada mañana... conocer a alguien sin miedo, le apabullaba. Le hacía darse cuenta que esa persona no temía a morir, y una persona sin miedo, aunque fuese una niña, era peligrosa.
Fue único y preciso el momento en el tiempo en que todo a su alrededor se fragmentaba en una suave melodía para dos, las miradas entorno a ellos se escurrían y el suave viento de abril parecía entretener los cabellos azabaches de la niña que brincaban a su carita de porcelana. El Mercenario, se hincó, sosteniendo su arma -bitácora de sangre- con la mano derecha, posando sus comunes ojos en los de la niña, quien estremecida por la cercanía -jamás nadie se había acercado tanto- esperaba una agresión a las que ya estaba acostumbrada. La ruda expresión del hombre y la cicatriz que le atravesaba todo el rostro maduro, no ayudaban mucho para infundir serenidad a un infante, sin embargo, el hombre sólo se dedicó a acariciar la melena negra.
Los ojos rojos de esa niña eran una letanía inescrutable, compuesta especialmente para que él la disfrutara, y claro que lo hacía, casi como un orgasmo casto, pero sin que el morbo fuera el sentimiento que guiara a acariciar esos mechones azabache, sino todo lo contrario, era ternura y admiración. Pero de un momento a otro, se reflejo por completo en ellos, en los orbes color borgoña. Y tuvo miedo. Eran como un espejo, como el que tenía cerca de su cama, ése que le mostraban al imponente Mercenario, pero que discrepaba con los dos espejos que, teñidos de sangre, mostraban al asesino que realmente era. Tuvo pánico, y lloró de alegría, puesto que se descubría. Se incorporó lentamente y extendió la mano a la menor. Ésta quedó observando la gran palma que era dedicada a ella, y sin pensarlo la tomó.
¿Por qué él no había huido de ella como lo hacían las personas, familiares y hasta sus padres?
Ella quería estar con él, y él la llevaría porque ella sería su fiel espejo, que le acompañaría siempre, que a diferencia de los demás artefactos reflectores, ese par de perfectos ojos carmín, le mostrarían tal cual era... bañado de rojo, bañado en vida, bañado en sangre.
—¿Cuál es tu nombre pequeña?
—Morooka Haru —respondió en un hilo de voz y Can Bin sonrió mientras la cargaba.
—Bien, Haru, es hora de irnos.
...
—Es fuerte...—reza Minako maravillada con sus ojos fijos en la arena.
—Más que fuerte... diría que sigue siendo muy fuerte —dice Lilia que se acaricia el mentón con interés.
—Sara, Chris —ordena el hokage mientras que los aludidos aparecían en una nube de humo en medio de aquel ring de tierra, Yuuri tiene que saltar pues han lanzado kunais con cadenas y éstas le siguen como miel a la abeja y se mueve por todos lados, esquiva los golpes de los otros dos shinobis que hay en el mismo lugar. La arena de entrenamiento número tres. La más grande y resguardada de toda la aldea.
Le han prohibido utilizar ninjutsu o genjutsu, sólo puede esquivar, usar taijutsu y armas, no se ve cansado, por el contrario, se nota bastante motivado. Sobre todo ahora que Sara está al sacando estrellas ninjas, por detrás de él se encuentra Chris, a un costado el chico que según se enteró se llama Minami y del otro extremo tiene la pared de piedra sólida. Alza la mirada y desde arriba hay un cuarto ataque.
Error.
Chris y Sara van sincronizados, pero los otros dos se han retrasados dos segundos. Le basta coger impulso para correr hacia Sara al tiempo que saca su arma para lanzar apresurando el ataque de la chica para defenderse. Las estrellas salen disparadas hacia donde se encuentra Chris que ha tenido que saltar hacia el otro lado para no salir dañado. Minami no tiene tiempo de frenar por la velocidad que lleva y choca con su compañero que ha intentado un ataque aéreo. Sara y Yuuri se enzarzan en una pelea cuerpo a cuerpo. Es delgada y de estatura mediana pero aún así sabe utilizar esas desventajas a su favor. Ha mejorado de forma considerable y es algo que no puede negar el moreno, puede sentir la fuerza del peso de la chica y la velocidad de sus patadas y sus puños. Utiliza los codos, las rodillas, hace flexiones increíbles. Entiende perfectamente como es que debe de ser un combate y a Yuuri no le sorprende que haya sido asendido como capitán en la escuadra taichou. Sin contar que no permite que sus sentimientos le nublen su visión a su objetivo. Yuuri no se distrae, pero siente a Chris detrás de él, permite que la chica le alcance un golpe en las costillas, las siente crujir, pero ha sido necesario para bajar el brazo atrapándolo y empujarla para usarla como escudo ante la fuerte patada que Chris propinaba.
La deja caer para encargarse ahora de Chris, Sara queda en el suelo retorciéndose sosteniéndose el costado, tratando de implementarse ninjutsu médico porque le ha fracturado algo, está segura. Chris maldice en voz baja mientras que sigue peleando contra Yuuri. Los golpes son más fuertes, más precisos y con preciosas florituras. A Yuuri siempre le gustó ver a Giacometti pelear porque guardaba cierta gracia y sensualidad, hacía de las peleas todo un deleite, como un ritual de apariamento, podía ser tremenda mente seductor o tremendamente masculino y varonil, dominante, o sencillamente podía pisar fuerte y amedrentar.
Ahora Chris era tan alto como Viktor y cualquiera pensaría que estaban abusando del pequeño moreno pero la realidad es que van mano con mano, ninguno de los dos retrocede y se mantienen Minami aparece por la espalda con tres kunais que lanza y Yuuri salta pero Chris también. Yuuri frunce levemente el ceño y Chris sonríe.
—Yo no seré presa fácil como Sara —advierte Chris y Yuuri sonríe.
—No pensé que lo fueras —comenta con amabilidad antes de girarse y de patear la tierra que alza una nube de tierra que hacen a Chris avanzar para atrapar a Yuuri pero Yuuri no ha intentado huir, por el contrario se ha agachado para propinar un puñetazo a la altura de la entrepierna de Chris, el rubio gime pero aprieta los dientes y junta sus manos para golpear con fuerza la espalda de Yuuri, sin embargo éste queda de pecho al suelo entre las piernas de Chris, sacándole una kunai de la sandalia ninja de Chris y hacer un pequeño corte en la cara interna del muslo y luego en el pie. Chris grita y Yuuri se arrastra tan rápido como puede para ponerse de pie y empujar de una patada por la espalda a Chris, gira su mirada hacia Minami que se ha mantenido al margen, sus labios están entreabiertos.
—Yo... —mira para un lado, para el otro—. Me rindo... —sonríe casi enamorado.
Yuuri se gira hacia el hokage que afirma aceptando la rendición de Minami.
—Un buen shiboni sabe reconocer donde no habrá una victoria, bien hecho Minami —felicita el anciano al tanto las otras tres personas miran a éste.
Yuuri se acerca hasta Chris para hincarse a su altura, la kunai sigue enterrada en su pie, Yuuri le sonríe al rubio como si pidiera permiso y éste asiente con las mejillas ruborizadas por el esfuerzo que ha implicado esa prueba, ha sido más complicada de lo que había esperado, y es que cuando dijeron que iban a necesitar a miembros del ANBU para una misión que tenía que ver con Yuuri Katsuki a Chris le sonó a una pésima idea pero ordenes, eran ordenes y ahora estaba hecho polvo. Ni siquiera pestañea cuando Yuuri arranca la kunai para enseguida empezar a sanar la herida.
—¿Estás bien? —pregunta con sencillez Yuuri.
—Sí, señor —la voz de Chris suena madura, varonil y seductora, le va perfectamente.
—Debes cuidar más tu defensa baja —masculla Yuuri.
—Sí, señor —aún hay ese respeto profundo y arraigado en su pensamiento. Yuuri siempre fue el más joven del grupo ANBU sin embargo era alguien con mucho talento que estaba dispuesto a compartir su conocimiento y señalar tus errores, quizás de un modo no tan suave pero sincero con las intenciones de mejorar, sólo con esas intenciones, jamás había burla, o altivez en esa persona. Por el contrario, en más de una ocasión Yuuri había confesado personalmente con él tener miedo, o haber tenido miedo. "El miedo no es una debilidad, Giacometti, el miedo te mantiene vivo", le dijo en alguna ocasión y esas palabras se volvieron en la motivación de Chris, pues entendió que las personas que sentían miedo, eran las que vivían más.
Vivir más, con miedo de morir.
El equipo médico llega pero Yuuri ha terminado con la herida de Chris. Hace una pequeña reverencia a las enfermeras ninjas, y Giacometti no puede dejar de ver la desconfianza de las chicas y las miradas que entre ellas se lanzan cuando Yuuri se pone de pie para cuadrarse y recibir las apreciaciones del concejo del Hokage.
—Tus habilidades no parecen desmejoradas a pesar del tiempo que ha pasado, Katsuki —dice Celestino, no suena como un cumplido sino como una queja pero Yuuri igual inclina la cabeza como si agradeciera.
—¿Cuál es el recuento de los daños fatales? —ordena Lilia. Los cuatro shinobi que han participado en la prueba se acercan y quedan formados a un costado de Yuuri. Min Soo se acerca con una tabla donde ha hecho sus anotaciones durante el combate.
—Sara Crispino, golpe directo a la altura de los riñones y un corte que pudo ser profundo a la altura del pulmón izquierdo, además del bloqueo del centro de redistribución de chakra en la pierna derecha —señala una shuriken que la chica tenía clavada un poco más arriba de la rodilla. La castaña no siente vergüenza, ha peleado como sabe hacerlo: Con fuerza y a matar. No es nada personal contra Yuuri, sólo era trabajo y defender su aldea tal como le ordenaron.
Yakov asiente al igual que Lilia y Celestino que se ha acercado interesado en la estrella para sacarla de un solo golpe haciendo gemir a la chica que baja la cabeza tragando saliva.
—Qué descuido —murmura el de cabello largo mientras el equipo médico socorren a la chica que siente sus rodillas flaquear. La verdad es que dicha estrella se le ha clavado apenas entró a la arena, no obstante soportó el dolor.
—Christophe Giacometti, corte que pudo ser profundo cerca de la vena safena interna del muslo derecho, corte en el pie que pudo ser en el tobillo dado la posición del oponente —explica Min Soo.
—Me ruborizas que juegues entre mis piernas, capitán Katsuki —dice con encanto y Yuuri acaba por desviar la mirada sonrojado, Yakov aclara la garganta.
—Continúa —ordena Yakov.
—Toono Kukagawa ha quedado fuera de la pelea al estrellarse contra su compañero Minami Kenjiro quien ha pedido la rendición voluntaria tras quedar sin refuerzos —Park deja de leer entregando sus anotaciones a Lilia que se las ha pedido, Minako se acerca a leerlas.
—Minami, Chris, Sara, pueden retirarse, pueden tomarse el resto del día, bien hecho.
—Gracias, señor —dicen los tres al mismo tiempo haciendo una leve reverencia.
Celestino sigue a Lilia y Minako que han empezado a caminar hacia la puerta de salida que lleva a una pequeña sala que usualmente es usada como cuarto de instrucciones, pero que en ese momento ha sido condicionado para la junta extraordinaria.
—Vamos, Yuuri —Yakov está parado esperando a Yuuri que hace una rápida reverencia a sus contrincantes para caminar a Yakov.
—Capitán Katsuki —llama Chris y Yuuri se gira.
Chris le ofrece sus dos dedos, el índice y el medio, Yuuri entreabre los labios, sonríe suavemente regresando para entrelazar sus dedos índice y medio de la misma mano con los de Chris. El sello de la reconciliación.
—Bien hecho —comenta sincero Chris y Yuuri sonríe un poco más tranquilo. Minami queda maravillado y quiere intentarlo, pero Sara niega, es algo entre Chris y Yuuri—. Bienvenido de regreso —agrega y Yuuri asiente antes de correr detrás de Yakov que se ha alejado. Chris lo ve partir y deja su mano sobre su cadera que ladea—. Antes me parecía adorable, ahora me parece el doble de adorable sin contar que le tengo tanta envidia... luce tan joven —canturrea Chris tocándose el rostro—. Ah... se me ven las arrugas.
Sara bufa.
—Bueno, no tanto como a ti, querida Sara —resopla ganándose una mirada envenenada de la chica. No es que le caiga mal, pero odia, como el resto del círculo de amistades, lo insistente que ha sido con Viktor. Como si de un tiempo a la fecha se hubiese obsesionado con la idea de estar siempre ahí para él, como una especie de novia o esposa. Ahora que ha regresado Yuuri, Chris ve con ojos entretenida la situación y el extraño triángulo amoroso, aunque si lo piensa un poco más, Viktor nunca tuvo interés en corresponder los sentimientos de nadie porque jamás había tenido sentimientos para nadie más que para Yuuri—. Ah... juventud —canturrea saliendo de la arena con paso lento porque aún duele, iría a tomarse una cerveza. A su lado camina Minami y apenas se da cuenta lo emocionado que luce el niño y lo mucho que está parloteando sobre lo increíble que era Yuuri Katsuki.
...
—¿Qué planeas hacer ahora que has regresado, Yuuri? Has tenido algunos días para pensarlo —dice Yakov.
Yuuri mira con firmeza al consejo que le regresa la mirada. Minako no puede dejar de observare, de haber estado viva Hiroko probablemente Yuuri no estaría ahí en primer lugar, en esa posición, siendo juzgado por un concejo de guerra, pero dejando de lado la situación obvia, una genio en la medicina como Hiroko probablemente le hubiese fascinado el fenómeno, sobre todo, el kekkei touta que ella veía trabajar en ese momento.
—Quiero volver a ser reasignado como ninja de Konoha, señor —responde Yuuri.
—Pero eres peligroso —determina con frialdad Celestino.
—¿Qué nos asegura que no intentarás hacer algo contra la aldea nuevamente? —cuestiona Minako.
—Ustedes conocen la verdad, a estas alturas no tienen que seguir fingiendo —azuza Lilia mirando a los otros dos consejeros que parecen de pronto relajados. Pues ciertamente la información sobre la verdadera misión de Yuuri había sido secreta incluso para el concejo mismo pues Yakov siempre sospechó de Cao Bin, no fue sino hasta probar lealtades de cada uno de los miembros que pudo contarles absolutamente toda la verdad, mostrando archivos y evidencia contundente de que la caída del gobierno de terror de Chihoko fue gracias a Yuuri y su sacrificio.
—Aunque nosotros conozcamos la verdad es imposible que regrese a las filas de la aldea sólo por buena voluntad —infiere Minako. Parece ser la más dura en cuanto a su postura, sin embargo lo que dice es para proteger a Yuuri porque lo quiere tanto como si fuera su hijo.
—Entiendo perfectamente —dice Celestino girándose a ver a la mujer—. Pero estamos hablando de Cao Bin con el que en un futuro tendremos que eliminar —declara dejando una mano sobre la mesa larga que cubre a los cuatro presentes. Min Soo también está ahí, en silencio tomando notas. Hay otros cuatro ANBU en la sala solo por protocolo. Yuuri los mira de reojo, uno es sin lugar a duda JJ, podría reconocer esa postura en cualquier lugar, vuelve su mirada hacia el concejo.
—Explícale eso a la gente —señala Minako fríamente cruzándose de brazos.
—Puede vivir entre las sombras, fingimos su muerte...
—Me niego —responde casi de inmediato Morooka Hisashi que camina con paso lento entrando a la discusión. Es el quinto miembro del concejo.
—Bienvenido, Hisashi —dice Yakov con respeto y Yuuri hace una profunda reverencia hacia el hombre que debe de reconocer casi olvidaba de su existencia. Aunque no es alguien ajeno a él.
—Hisashi —canturrea Minako incorporándose para señalarlo—. Llegas tarde, maldita sea.
—Lo lamento, tuve que atender un problema —responde el hombre tomando lugar a lado de Lilia. Es el más joven de los cuatro concejeros. Hisashi, Minako y Hiroko formaron en algún momento el equipo tres cuando Hiroko había vivido en la aldea hasta que la kunoichi tuvo que regresar al país de los Vegetales donde se comprometió con Toshio y posteriormente hizo su familia para luego volver a Konoha en aquel acto de buena fe. Un ir y venir que no debilitó en lo más mínimo el cariño entre los que una vez fueron compañeros y casi hermanos.
Al retorno de Hiroko con su familia a Konoha, tanto Minako como Hisashi fueron de las personas que Yuuri más veía en casa como invitados muy frecuentes, siempre tomando té, platicando o ayudando a su madre en esto y aquello, incluso Hisashi tuvo una relación muy estrecha con Toshio al punto que compartían gustos en común como ir a beber y hacer el ridículo en bares de la localidad. Lo recordaba en el funeral de sus padres con una expresión seria pero sumamente sentida. Sorbiendo su nariz y limpiando silenciosas lágrimas mientras acariciaba la espalda de Minako. Ahora formaba parte del concejo y Yuuri se sentía feliz por él.
—Me niego a que hagan eso otra vez con Yuuri —señala apasionado.
—Pero no podemos simplemente permitir que viva como si nada, Yakov quedaría como un Hokage incompetente al liberar a un aparente peligroso criminal y ahora dejándolo libre, movilizó a dos escuadrones ANBU para capturarlo y eso provocó toda una guerra —defiende Minako.
—La guerra inició por la incapacidad de las otras naciones de respetar la individualidad ajena —revuelve Lilia en un tono suave de voz.
—Pero-
—Este viejo hokage puede asumir con valentía las consecuencias de sus actos —defiende Yakov con seriedad antes de dar una calada a su cigarrillo—. ¿Cierto, Min Soo? —la secretaria guarda silencio—. Konoha le debe mucho a Yuuri como para obligarlo a volver a sacrificar el resto de su vida... un nuevo hokage entrará en función, podré lidiar con las consecuencias desde mi retiro.
Yuuri entreabre los labios y mira sus manos, ya se han sanado por completo, los moretones que tenía antes por la pelea se han esfumado y se siente bien, sin embargo algo hormiguea dentro de su pecho.
—¿O sea... qué podré vivir otra vez en mi casa... con mis hijos con...?
Yakov mira a Yuuri, y éste le regresa la mirada.
—Lo que Katsuki Yuuri haga con su vida personal no debe ser incumbencia de los demás, Yuuri. Pero por parte del concejo puedo decir... —mira a todos, Minako desvía la mirada pero parece no oponerse.
...
Camina en silencio de regreso a su hogar. No puede dejar de pensar en lo que el hokage le ha dicho, mira de lejos a un grupo de niños correr hacia donde él está, pero lo esquivan. Los niños ríen revoloteando y jugando entre ellos. El alboroto desaparece conforme se aleja, gira su mirada hacia donde han aparecido antes y se da cuenta que es la dirección donde se encuentra la escuela. Pero lo que llama su atención es una persona que está como una estatúa griega perfecta y hermosa parada a unos metros de él.
—¿Yu-uri? —pregunta quedamente.
—Phi-chit...
—¡Yuuri! —gime el moreno.
—¡Phichit! —gime también Yuuri.
—Yuuri.
—Phichit.
Y no pueden dejar de repetir sus nombres hasta que es Phichit el que reacciona a llorar porque siente la felicidad sincera, alegre, inocente y viva de Yuuri, la siente como propia porque él se siente justamente igual, y aunque antes lo ha visto dormir, ahora que lo ve ahí parado en sus piernas con las mejillas sonrojadas y el brillo en sus bonitos ojos castaños sabe que todo es real. Ambos corren al encuentro del otro. Yuuri jamás ha sido expresivo pero la vergüenza se le marcha porque tiene muchas ganas de estrechar a su amigo, apretarlo contra él, y joder que bien se siente, es como estar en casa. Phichit le devuelve el abrazo con la misma fuerza, y ambos parece que están a punto de despegar.
—...
—...
Yuuri mueve su té para después darle un largo sorbo, el líquido tibio baja por su garganta.
—Me estás inco-
—Lo siento, Yuuri... es solo que... es... increíble —sigue cubriendo con sus manos su boca.
—Lo sé... también para mí es un poco...
—¿Extraño? —la voz de Phichit suena casi dulce y Yuuri sonríe afirmando.
—Sí, es extraño —afirma y agrega un suspiro. Toma un dango para meterlo a su boca.
—¿Te han absuelto por completo?
—¿Te has enterado? —pregunta un poco sorprendido.
—Bueno, eres el tema del momento —comenta Phichit y Yuuri se siente ruborizar pero lo supone—. Aunque no te sientas mal —agrega casi de inmediato para calmar la ansiedad de su amigo—. Con esto de la guerra cualquier otro tema que no esté relacionado con ella es mejor... aunque bueno, tu aparición, la traición de Cao Bin-sensei y la boda de JJ hay mucho de qué hablar en los recesos —dice con cierta gracia. Yuuri frunce el ceño, son temas delicados pero aún así suspira. Prefiere no corregir a Phichit y permitir que se explaye. Aunque no puede evitar sonreír.
—¿Leroy se va a casar? —sonríe—. Increíble.
—Sí, de hecho, es una chica muy bonita, se llama Isabella Yang —comenta.
—Me alegro por él, sus padres deben estar muy contentos.
La sonrisa se le borra a Phichit y Yuuri entreabre los labios.
—¿No lo sabes? —el mutis le dice a Phichit que en efecto, Yuuri no sabe nada y supone que la muerte de Alain fue antes o en momentos diferentes en que Cao Bin lo había despertado, se siente un poco incómodo al hablarlo pero aún así lo hace—. Pues Cao Bin tenía un grupo de traidores dentro de la aldea, gente que estaba a favor de derrocar al Hokage para unirse a las otras naciones, al bando enemigo pues —cuenta—. Y Alain Leroy era uno de estos seguidores, no sé muy bien los detalles, pero la noche que te invocaron, Cao Bin asesinó a Alain —resume el moreno y Yuuri se queda en breve shock.
Los recuerdos llegan de golpe. La noche en que había sido invocado y liberado Cao había actuado con rapidez para sellarlo y dejarlo bajo su control, de no ser por el chakra de Viktor probablemente hubiese sucumbido, aún así tuvo que permitir por breves momentos tomar en control a Cao Bin, pues tenía un plan que al final tuvo que cambiar para salvar a su hijo. Yuuri recuerda que asesinó a varios shinobis esa noche por orden de aquel que lo controlaba y siente desdicha de pensar que uno de ellos fue Alain. Él sabe lo que es perder a un padre y debe suponer que JJ se siente mal.
—Aunque algo así sospechaba desde antes JJ —resuelve de pronto Phichit—. Pues mandó a seguirlo y fue como más o menos supieron hacia donde iba Cao Bin, sin embargo es todo lo que sé —jura el moreno y Yuuri suspira.
Phichit no vuelve a tocar el tema y en cambio le cuenta a Yuuri sobre la academia y sobre lo
ermitaño que parece ser Ren, lo adorable que es Umi y lo mucho que los quiere. Yuuri lo escucha extasiado y le agradece profundamente sus atenciones. Ambos caminan otra vez de regreso a la casa de Yuuri pero prometiéndose salir al día siguiente, Phichir sugiere invitar a Otabek y antes de que Yuuri pueda negar su amigo ya desapareció. Katsuki suspira y entra a casa, el lugar está en silencio. Ren debe seguir donde la Torre del Hokage y Umi en la escuela regular, algo le había dicho Viktor antes de enojarse que debía de hacer tareas atrasadas el menor. Sin contar que probablemente se quedaría en cada de su abuela,la madre de Viktor. A Yuuri no le encanta la idea pero no quiere prohibirle a los niños su familia. La señora odia a Yuuri, y no es un misterio el porqué pero si acepta a Uní, por Yuuri está bien.
—Estoy en casa —masculla sin recibir respuesta. Entra por completo y antes de poder dar un paso más sus manos son atrapadas contra la pared. Había estado demasiado ensimismado con todo lo que le ha contado Phichit que no se percató que en realidad no estaba solo. Es la boca hambrienta de Viktor la que ocupa la suya, sus manos se sienten frías ahí donde aprietan las muñecas de Yuuri que se han aflojado sucumbiendo a un instinto violento y salvaje. Gime contra esa boca experta y el cuerpo se le derrite a pesar que el frío del invierno le envuelve. La boca de Viktor abandona su boca y ahora muerde su cuello de modo posesivo probando la sal de la transpiración seca. Sus manos se deslizan por los brazos de Yuuri pasando por los antebrazos, por sus hombros y van directo al cuello de la yukata que usa el menor para apartar la prenda de ropa a la fuerza. Yuuri vuelve a gemir enredando sus manos en el cuello de Viktor, desatando su banda shinobi que cae al suelo.
Está tomando lo que le ofrece y debe de reconocer que había esperado bastante por ese momento de intimidad. Ambos lo necesitan. Hay un delicioso aroma que se desprende de Yuuri y Viktor observa maravillado como Yuuri permite su paso. Como sus respiraciones se desordenan y se acompasan.
Viktor quiere tocar más y desata la seda del moño que sostiene la ropa de Yuuri y la placa de Konoha también cae entre ellos.
El ruido metálico y el eco le roban a Viktor una sonrisa mientras baja sus manos para cargar desde el trasero a Yuuri y éste enreda sus piernas en la cadera de su querido amor.
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St. Yukiona.
Quien los ama de corazón, pulmón y páncreas.
(Por cierto, ¿Ya me siguen en mis redes sociales? Facebook donde comparto cositas de anime: /tiayukiona y mi Insta donde les platico de mis viajes: Styukionna, espero me sigan y poder compartir más tiempo juntos. ¡Saludos y besotes, Mazapanes!).
