Superada por un erizo

Nota de autor: Todavía no han cambiado los papeles: Moonsign escribió el fanfic, Joanne inventó a Harry Potter y yo traduzco. Ahora ¡Disfruten!

"Cada logro que vale la pena, grande o pequeño,

tiene sus etapas y el triunfo;

un principio, una lucha y una victoria"

Gandi.

SIRIUS:

— ¡JAMES! —Sirius gritó con todas sus fuerzas cuando ingresó por el retrato de la dama gorda— ¡JAMES POTTER, TE ESTOY BUSCANDO!

— ¿Sirius? ¿Qué sucede?

Se giró para ver a Rebecca. La boca de la chica estaba abierta en sorpresa cuando se estiró para alcanzarlo. Él inmediatamente se la quitó de encima: — Desaparece, no tengo tiempo para ti ahora. Estoy buscando a ¡JAMES!

Ella saltó cuando Sirius gritó la última palabra: — Ya lo sé. Todos lo sabemos ahora. ¿Qué demonios está mal contigo?

— Es Remus. Se ha enfermado.

La chica rodó sus ojos: — Siempre está enfermo. Venga, yo te haré sentir mejor —Pasó una mano por su cintura.

Sirius la empujó con demasiada fuerza: — ¡No la captas, tú estúpida perra! ¡Se ha enfermado!

Ella se congeló: — ¿Cómo me has llamado?

Sirius cerró sus ojos. No tenía tiempo para esto ahora: — Lo siento, ¿Bien? No quería decirte eso. Solo estoy preocupado. Remus está enfermo y debó encontrar a James y Peter.

Ella se tensionó aún más y su ira afloró: — ¿Por qué siempre debe ser sobre ellos? —Demandó— Son de lo único que hablas. Remus esto, James aquello, Peter lo otro... ¿Qué nunca piensas en cosas diferentes? —Asumió una postura digna del teatro— "¡Lo siento, Rebecca. Debo ir a una práctica de Quidditch con James!" "Lo siento, Rebecca. Debo ayudar a Pete con su tarea de Pociones" "Lo siento, Rebecca. No he visto a Remus por una horas, debo ir a ver que no esté esforzándose demasiado al estudiar" —Sus imitaciones eran cruelmente acertadas.

Sirius se le quedó mirando con palidez. Había pensado que pasaba tiempo suficiente con ella. Se había obligado a no irse tan rápido para ir en la búsqueda de sus amigos. ¿Esperaba más de él?

— ¡Rebecca, por favor! Remus está...

— ¡Argh! —Ella movió su cabello de su rostro para mirarlo mejor— ¡Ya lo sé! Él es el peor de todos. "¿Dónde está Remus, Rebecca?" "¿Lo has visto?" "Remus ha enfermado, Rebecca, debo ir a cuidar de él. Ahora estoy cuidando a Hamish por Remus, se lo debo regresar. ¿Crees que a Remus le guste esto, Rebecca?"

Sirius había retrocedido tanto que su espalda tocaba la pared. Pensaba rápidamente en una excusa para apoyarse: — Son mis amigos —Murmuró— Debes cuidar de tus amigos.

— ¿Y qué soy yo? O ¿Acaso para ti "Novia" figura tan abajo en la lista que hasta me veo superada por un erizo? —Señaló furiosamente a Hamish, a quien Sirius abrazaba contra su pecho.

Sirius estaba al borde de las lágrimas. Su miedo por Remus, combinado con el ataque público de Rebecca en la sala común, había derribado sus paredes.

— Sirius, amigo, ¿Qué sucede?

Levantó la mirada para ver a James y Peter bajando del dormitorio. Hicieron su camino a través de la ahora callada sala común a dónde Sirius y Rebecca estaban parados.

— Pudimos oírte desde arriba —Agregó Peter.

— Lunático —Fue todo lo que pudo decirles, pero con eso bastó. James y Peter lo agarraron por los brazos. Lo arrastraron lejos de Rebecca, quien seguía murmurando indignada, y hasta arriba al dormitorio.

— ¿Qué sucede? ¿Lo encontraste? ¿Qué sucede? —Peter tomó a Hamish en sus brazos para evitar que Sirius lo aplastará con su fuerte abrazo.

— ¡Yo fui quien prometió cuidar de él! —Sirius protestó.

— Lo estabas aplastando, amigo.

— Creo que Lunático asesinará a Remus hoy —Sirius se tiró a su cama y presionó sus palmas contra los ojos— Deberían haberlo visto. Estaba muy, muy mal. Me dijo que tenía un nuevo secreto y era eso lo que le tenía molesto. No quiso decirme qué era.

— Remus nunca revela sus secretos —James añadió con cansancio.

— También él me dijo eso —Sirius sentía que le habían drenado toda la energía— Iré a verlo apenas se esconda la luna. Si sangra terriblemente lo detendré y llevaré inmediatamente a la enfermería.

— Nosotros vamos contigo —James anunció— Tan pronto como la luna se esconda —Se detuvo, una expresión de concentración en su rostro— Me preguntaba cuál sería su secreto. Si lo supiéramos, podríamos ayudarle. ¡Oigan, Evans debe saberlo! Ha estado deprimido desde que habló con ella. Y la evita más que a nosotros.

— Ve a preguntarle —Le rogó Sirius.

— Sabes que solo me habla para maldecirme —Protestó James.

— Solo inténtalo. No habla conmigo en lo absoluto, especialmente desde que salgo con Rebecca. Como si valiera la pena de igual forma.

James arqueó las cejas: — ¿No valió la pena el besuqueo? —Sirius gruñó y James suspiró— Bien —Se subió las gafas y levantó— Iré a hablar con ella —Luego salió del cuarto.

Sirius se quedó en la cama mirando el dosel de su cama. El besuqueo no había valido la pena. Tras todas las expectativas, emoción y relatos la experiencia en sí había sido decepcionante. Pese a que le presumía a sus amigos sobre ello, todavía no podía entender la importancia del hecho.

James se había inmiscuido en los besos como un pez en el agua, pero Sirius los encontraba mojados, resbalosos y muy incómodos. Nunca estaba seguro de que debía hacer con sus manos, o si lastimaba alguna parte de la delicada anatomía de Rebecca cuando estaba encima de ella. La chica también comía cosas picantes muy seguido así que cuando metía su lengua a la boca de Sirius el muchacho se sentía nauseabundo al probar comida de segunda mano.

No se atrevía a contarle a Rebecca, o a cualquiera de sus amigos, cómo se sentía. Estaba seguro de ser una aberración que no tenía los sentidos de la boca activados. ¿Qué pensarían si les dijera? El grandioso, apuesto, más atractivo chico de la escuela detestaba besar...temblaba ante la idea de que ese pensamiento llegará a sus primos en Slytherin o a sus padres.

Esa era en parte una de las razones por la cual siempre buscaba excusas para escapar de Rebecca. Ella siempre quería que se acurrucaran y besaran. ¿Por qué no le podían gustar el Quidditch y las bromas? Al menos así tendrían algo de qué hablar. Para ser sincero, estaba casi deseando que Remus le pidiera que la botará. Así, por lo menos, tendría un motivo válido para hacerlo.

El pensar en su amigo le trajo mayores preocupaciones. Se sentía enfermo al pensar en lo que podrían encontrar al día siguiente. Decidió que iría a la enfermería antes de ir a la cabaña. Madame Pomfrey necesitaría ver a Remus tan pronto como le fuera posible.

— Odio pensar que está solo ahí afuera —Se lamentó Peter, desde dónde estaba sentado alimentando a Hamish.

— Yo igual —Sirius aceptó— Terminemos la traducción del procedimiento para ser animago hoy. No voy a dormir y tenemos un largo camino que recorrer. Entonces seremos capaces de preparar la poción para empezar a meditar y descubrir nuestra forma animal. Si lo logramos, pronto estaremos afuera con él.

Peter negó: — Es físicamente imposible el hacerlo tan pronto, Sirius. Lo sabes. McGonagall dijo que le tomaba a un muy entrenado mago años en lograrlo. Tendremos que ajustarnos a nuestro propio ritmo.

Ambos subieron la mirada al abrirse la puerta. James ingresó tapándose las orejas. Sirius suspiró: — Déjanos ver el daño, entonces.

James retiró sus manos para revelar que sus orejas no solo triplicaban su tamaño original, también eran de un bonito tono naranja. Lo único que impidió el que Sirius riera fue su preocupación por Remus.

— Caramba, James. ¿Qué le dijiste? —Preguntó, sacando su libro de Encantamientos para buscar el contra maleficio— Honestamente, si esa chica fuera una Merodeadora, estaríamos resueltos. Su creatividad nunca deja de sorprenderme. ¿Alguna vez te ha lanzado la misma maldición dos veces?

James hizo una mueca: — Solo arréglalo, imbécil. Esto ha sido tu culpa.

— ¿Entonces? —Sirius movió la varita y dijo el contra maleficio. Las orejas de James se encogieron, pero aún eran naranjas— ¿Qué te dijo?

— Ni siquiera habló conmigo apropiadamente —James empezó, sobando sus orejas cuando Sirius intentó otro hechizo para disminuir el color, aunque no lo eliminó— Le dije que Remus otra vez estaba demasiado enfermo, y el que si ella me decía su secreto podríamos ayudarlo. Y entonces ella me preguntó "¿Cuál secreto?" y yo le contesté "El que tú descubriste esa vez que él se enojó contigo" y ella me dijo "¿Cómo demonios va a ayudarles eso?" y yo le respondí "Porque eso es lo que está enfermándolo" y entonces ella se empezó a reír y dijo "Bueno, eso sí es cliché. ¿Dónde está?" así que yo le contesté "No es tú problema, solo dime su secreto" y entonces ella se puso a reñirme diciendo que no tenía derecho de contar las cosas de las personas, en especial de Remus, y que de igual forma le había prometido que nunca lo revelaría así que mejor me iba o ella iba a maldecirme, pero yo repuse "No hasta que me digas el secreto de Remus" y ella me maldijo —El rostro de James tenía una expresión soñadora— En verdad es linda cuando está enojada.

— Oh, bueno, bravo por haber usado el arte de la disimulación Merodeadora —Sirius se burló— En verdad endulzaste su oído —Realizó el siguiente hechizo con mucha más violencia de la necesaria, provocando que el muchacho pelinegro gritara y se tapara las orejas— ¿Te dormiste durante todas las lecciones de Lunático sobre cómo ser sutil? —Negó— Idiotizado. Estás completamente idiotizado.

James seguía acariciando sus adoloridas orejas: — ¿Cómo puedes ser sutil cuando hablas con alguien? La sutileza es para las bromas.

— ¿Cómo es que tienes novia?

— Te lo dije —James sonrió orgulloso— Kemp prácticamente se me tiraba encima. Una buena cosa, dado que ella besa como el demonio.

Sirius hizo una mueca: — Han estado saliendo por dos semanas, ¿No crees que ya deberías llamarla por su nombre?

— ¿Por? —Preguntó James— Ella responde a su apellido.

— Sería más romántico.

— No estoy enamorado de ella —James dijo sin ponerle importancia— Estoy enamorado de Evans. Kemp es tan solo una forma de cumplir mi plan para hacerla celosa. Los besos son una ventaja.

— Bueno, entonces deberías empezar a llamar a Evans por su primer nombre.

— ¿Qué tienes tú con los primeros nombres?

— Chicos —Interrumpió Peter— Pensé que terminaríamos la traducción acerca de la meditación animaga está noche. ¿No deberíamos empezar? Ya se está haciendo tarde.

Sirius inmediatamente fue hasta su baúl para sacar tanto el libro de "La guía avanzada para transformación animal y cómo lograrla por Gertie Trebbletome", junto con su propio cuaderno que contenía la "Traducción Merodeadora": — Empecemos —Les dijo— Quiero acabarla cuando la luna se ponga.

Iiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii

Madame Pomfrey no estaba sorprendida de ser sacada de su cama antes de que el sol si quiera se hubiese levantado. Abrió la puerta de su dormitorio, la cual flanqueaba la mayor parte de la enfermería, y regañó a los tres muchachos que parecían haberse desvelado.

— ¿Qué desean a esta hora de la noche? —Demandó saber.

— Es la madrugada —Corrigió Sirius— La luna ya se escondió. Tiene que venir con nosotros para recoger a Remus.

Parpadeó con confusión: — ¿Por qué? Siempre voy por él apenas sale el sol. Estará bien. Usualmente se queda dormido.

Sirius negó con impaciencia: — Ha estado verdaderamente molesto por algo —Informó— Y me refiero a muy molesto. No quiso decirnos que era, pero tememos que no haya sobrevivido a esta luna.

Madame Pomfrey se congeló algunos instantes: — Pequeño rufián —Susurró— Debí adivinar que algo malo sucedía cuando solo tocó mi puerta y dijo que deseaba irse solo y que no debería pasar por él. ¿Se veía mal?

Empezó a moverse, agarrando cosas de una maleta que tenía en el perchero y abriendo un gabinete lleno de pociones y vendajes: — Ustedes chicos se quedan aquí. No los quiero ver interfiriendo ninguno de los posibles procedimientos que deba realizar.

— ¡No lo haremos! —Protestó Sirius, siguiéndola a la puerta.

— Podría estar muerto, señor Black —Ella enfureció— ¿Se cree capaz de ver eso? Si lograron hacer algo para molestarlo, le pudo haber costado su vida.

Sirius dio un paso atrás, la visión del cuerpo sin vida de Remus yaciendo en un mar de sangre y destrucción llegando a su mente.

— Esperaremos —Peter susurró por todos ellos.

Madame Pomfrey no respondió. Se colgó la maleta y salió al corredor.

Lo siguiente fue la hora más larga en la vida de Sirius. Cuando finalmente escucharon pasos viniendo desde el corredor, se puso en pie de un salto y corrió para ver a Madame Pomfrey caminar cuidadosamente hacía él, varita en mano, con el cuerpo de Remus colgando enfrente.

— ¿Lo está? —Sirius susurró.

— Está con vida —Respondió distante— Por favor muévase, Señor Black.

Se quedó al lado de Peter y James mientras veían flotar el cuerpo de Remus hasta su propia habitación en la enfermería. Ella no salió en un largo tiempo, pero Sirius supo que había contactado a los Anders, porque Los Merodeadores restantes saltaron con sorpresa al ver como Neil y Angela emergían de la chimenea vía red flu.

— ¿Se encuentra bien? —Angela demandó saber, tan pronto como los vio— ¡Respondan!

— No lo sabemos —James contestó— Ella ha estado con él por años.

— Se ven terrible, chicos —Neil les dijo. Sirius dejó de mirar la puerta de Remus para darse cuenta de que era estudiado por los dos adultos— ¿Desde hace cuánto están aquí?

— Desde que se escondió la luna —Volvió a decir James. Sirius no se veía capaz de abrir la boca.

Finalmente, la puerta se abrió y Madame Pomfrey habló a Neil y Angela: — Ya pueden verlo. Lo estabilicé por ahora.

— ¿Qué hay de nosotros? —Peter indagó.

— Posiblemente después —Cerró la puerta frente a ellos y Sirius se arrojó en una cama con frustración.

— ¡Él es líder de nuestra manada, no de la suya!

— Es su hijo —James le recordó.

— No lo ha sido por mucho tiempo. ¡Nosotros somos más su familia que ellos!

Parecieron pasar horas antes de que la puerta se abriese de nuevo y Madame Pomfrey les echará un vistazo: — Pregunta por ustedes —Les informó de mala gana— Sean callados y buenos. Si alguno simplemente habla más allá de susurrar, juro a Merlín que los sacaré a patadas.

Los chicos la siguieron de puntitas. El aire en la habitación estaba caliente, pesado y olía a demasiadas pociones. Neil y Angela los vieron cuando entraron, y sin decir palabra alguna se pusieron en pie para ofrecerles las sillas.

Sirius se acercó con temor, esperando que vería. Cuando vio el rostro de Remus casi grita. El chico parecía un cadáver con la poca luz que entraba por la ventana. Sus ojos y mejillas se veían pequeños y su piel estaba tan blanca como la cera. Sus ojos estaban cerrados y la respiración salía por su boca despaciosamente y con pesadez, justo como un animal herido.

— Perforó un pulmón —Madame Pomfrey les avisó en voz baja— Y se arañó hasta casi convertirse en pedazos. La única vez que lo había visto tan mal fue cuando lo rescatamos de casa de su padre en Navidad durante el segundo año. El profesor Slughorn y yo hemos estado trabajando en una poción que reduce las cicatrices. Dolerá demasiado, pero se la daré de todas formas dado que no consideró justo el que deba adquirir más cicatrices. Funcionará mejor en heridas nuevas.

— ¿Le ayudará con las viejas? —James preguntó— Las detesta. Nunca lo hemos visto sin camisa y hemos vivido con él por cuatro años.

— Le llevará bastante tiempo, pero esperamos que curé la que fueron provocadas por quemaduras y reduzca en parte las del lobo —Comentó Madame Pomfrey— Las heridas causadas por un hombre lobo son bastante complicadas de curar.

Remus se removió en la cama. Sirius vio como luchaba para abrir los ojos: — ¿Manada? —Cuestionó en una lejana, lejana voz.

— Estamos aquí, Lunático —Susurró Sirius.

— ¿S'rius? —Los ojos de Remus se abrieron un poco más y escanearon el rostro de Sirius. Remus intentó sonreír y todo su cuerpo apuntaba a Sirius, lo cual le generó demasiados chillidos de dolor.

— No te muevas, Lunático —Le riñó Sirius, apurándose para sentarse a su lado y tomando una de las manos de Remus entre las suyas— Estoy aquí. ¿Ves? Y James y Peter también.

— Manada —Murmuró Remus, y su voz podía ser lejana, pero estaba feliz. Sus dedos apretaron suavemente la mano de Sirius— Manada de Lunático.

— Sí —James respondió a la vez que se sentaba junto a Sirius y Peter tomaba la otra silla.

Los ojos de Remus vieron las caras de James y Peter, pero luego regresaron a Sirius: — Doler —Les dijo, cada respiración costándole mucho.

— Lo sentimos —Peter le aseguró— No hables. Solo lo hará peor.

— Doler 'entro.

— Lo sabemos, Lunático —Sirius sobó con su pulgar la mano de Remus y los dedos del hombre lobo apretaban cada vez más— Rompiste una costilla hasta que perforó un pulmón. Por eso te duele respirar.

— Mh-mm —Remus sacudió su cabeza en negación— Doler, doler 'entro. Triste. Lunático triste.

Hubo un largo silencio mientras todos los del cuarto intercambiaban miradas. Entonces Sirius preguntó suavemente: — ¿Por qué estás triste, Lunático?

Remus negó otra vez con dolor, sus ojos cerrándose: — Secretos y 'as secretos y 'as secretos. Lunático guardar. Lunático s'empre guardar.

Iiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii

— ¡Lo hicimos! —Sirius exclamó triunfantemente, dejando caer su pluma y tintero para balancearse en las patas traseras de su silla— ¡Métete tus palabras raras por dónde te quepan, Gertie Trebbletome! De ahora en adelante, todo el mundo leerá la versión Merodeadora dado que se encuentra escrita en un español decente. Y usamos todas las letras del alfabeto.

— No lo harán —Peter le recordó, agarrando el cuaderno de Sirius para ver todas las páginas— La razón siendo que la versión Merodeadora es ilegal y si alguien la encontrará, seríamos expulsados o llevados a la cárcel.

— Bueno, entonces cuando seamos ricos y famosos y ya todo el mundo sepa nuestras formas animagas, la gente la leerá —Sirius se corrigió.

— Eres más propenso a tener mala fama, amigo —James se burló de Sirius, saliendo de la cama para arrodillarse frente a su baúl y así sacar su set de pociones.

— Lo que sea —Sirius respondió— Fama es fama. ¿A quién le importa la razón por la cual la adquiriste?

— Me gustaría oírte decir lo mismo cuando te escondas en el sótano de alguien mientras el mundo exige tu sangre.

— ¿Exigir mi sangre? —Sirius arrugó la nariz— Has pasado mucho tiempo con Lunático. Eso sonó muy de come libros.

— Pásame el cuaderno, Pete —James le pidió, mirando sus ingredientes. Lo tomó del Merodeador gordito y frunció el ceño mientras leía los ingredientes para la poción de meditación— No hay tantos ingredientes prohibidos —Murmuró— Y solo nos tomará un día de preparación. Es tediosa, sin embargo, y la meditación nos llevará de tres a diez horas antes de que descubramos nuestro animal. Necesitaremos algo de esa piel de serpiente que guarda Slughorn en su gabinete.

— Hagámoslo está noche —Sirius propuso— Lunático todavía debe quedarse en la enfermería unos cuantos días. Podremos usar ese tiempo para preparar la poción. Y ya sabremos nuestra forma animal para cuando él salga. ¡Podremos lograrlo!

— Esta es la parte fácil —James señaló— La poción para convertirse en animago es la cosa más complicada que he podido ver. Toma cuatro meses para preparar y no tengo idea de cómo conseguiremos los ingredientes. Me refiero a que ¡Crisálida de polilla esfinge de la calavera! Las polillas esfinge son una especie protegida. Y ¿Qué me dices del cabello de Veela? Debes pagar una fortuna para obtener un poco, y solo se los venden a pocionistas. Y hay otras cosas que jamás había visto. Y por si eso no fuera lo suficientemente malo, necesitaremos cantidades extremas de concentración mágica para realizar el cambio. Una vez que ya lo hayas hecho, prácticamente ya lo tienes solucionado, pero dicen que es la muestra de magia más complicada que se ha creado. Es sin varita, sin palabras y cambiaría la composición genética de tu cuerpo para adaptarse al animal, todo mientras tu cerebro y consciencia siguen siendo humanas. Para ser honesto, no tengo la menor idea cómo vamos a lograrlo.

— Eso no importa —Sirius reclamó con testarudez— Vamos a hacerlo. Si McGonagall pudo, no veo porque nosotros no.

— McGonagall es una Maestra en Transformaciones —James protestó— Es tan buena en lo que hace que obtuvo su EXTASIS cuando tenía quince. Mi papá ha dicho que se la han querido llevar para que trabaje en el Ministerio, pero ella ha elegido quedarse aquí con Dumbledore.

— Yo nunca voy a lograrlo —Peter anunció miserablemente— Ustedes podrían dado que son los más inteligentes de nuestro año, pero yo no tengo esperanza.

— Lo harás —Sirius lo consoló— Te ayudaremos. Ahora un paso a la vez. Debemos empezar con la poción de meditación.

— Bien —James respondió— Y solo para avisarles, no se pueden echar atrás una vez empecemos. Aunque la primera poción es fácil de hacer, también es ilegal a menos que contemos con aprobación del Ministerio. Lo dice justo aquí. Una vez lo hagamos, ya nadie se puede ir.

— Yo no tengo intenciones de echarme para atrás —Sirius continuó con cabeza dura.

— Yo tampoco —James agregó.

Ambos miraron a Peter y el chico gordito levantó la barbilla, sus ojos llenos de determinación: — Ni yo —Prometió.

— Por Remus —Sirius dijo.

— Por Remus —Corearon los otros dos.

Sirius sintió la emoción saltar en su pecho y estómago. Si podían con esto, podrían hacer cualquier cosa.