Pan's labyrinth lullaby (Juan Navarrete, versión de A. Krishna)


Mis jefes dijeron que no había nada de qué preocuparse, que las protestas harían ruido durante un tiempo y luego ellas solas desaparecerían. Pero yo oía los rumores, veía las protestas, escuchaba los insultos, me sentía cada vez peor. El dolor de espalda se intensificó tanto que no fui capaz de moverme. Me veía ojerosa en el espejo, demacrada.

Después vino la fiebre. Y con la fiebre, los delirios.

Dije muchas tonterías mientras estaba así. Veía cosas que no estaban realmente allí. Campesinos de tiempos remotos...

(«este año habrá buena cosecha», «esos salvajes han venido y lo han destrozado todo, todo...», «debería empezar a llover pronto»)

...diplomáticos y jefes del gobierno...

(«un matrimonio concertado realmente salvaría la situación, pero mi hermanita es mucha mujer», «por supuesto, coronel, este baile es para usted»)

...mi propio hermano...

Sestra...

— Mi chiquitín...¿Qué ha ocurrido? ¿Han vuelto a hacerte daño?

— Sí...Duele mucho...Pero no dejaré que lo sepan.

— A mí puedes contármelo, ya lo sabes. No tienes que hacerte el fuerte todo el tiempo. No es bueno para el alma.

— Ahora es cuando más tengo que ser fuerte...Y a ti...A ti también te han hecho daño...

— Cualquier cosa por mis chiquitines...

— ¿Por qué nadie me dijo nada? ¿Es que creían que ya no me importabas, maldita sea?

— Sssssh. Tranquilo, pequeño...No pasa nada...

— Estás muy mal...

— Solo quiero que tú estés bien...Aunque tú ya no me quieras...

— Yo te quiero, sestra...

— Debí haber sido una mejor nación.

— Has sido muy buena. Fue tu gobierno el que se equivocó. Pero ahora yo estoy al mando. Voy a hacer lo que no se han atrevido a hacer, voy a aplastar a los que te han hecho daño.

— Debí haber sido una mejor hermana.

— No pudiste haber sido mejor.

— No debí haber dejado que América se metiera en nuestra pelea...

— Duerme, sestra...Cuando despiertes, todo esto habrá terminado.

— En un mundo con un sol radiante y cálido, plagado de girasoles, como tú siempre soñaste...

Las alucinaciones eran tan vívidas que sentí cómo una mano fría tocaba la mía y cómo unos labios cálidos por contra besaban mi frente llena de sudor.

El sueño me acogió en sus brazos y cuando me desperté me encontré, claro está, sola en mi habitación.